Open-access La Copa América va al interior: la cobertura mediática de las reformas en el estadio “Parque Artigas” - Paysandú - Uruguay (1994-1995)

The America Cup goes to the countryside: the media coverage of the reforms of the “Parque Artigas” stadium in Paysandú - Uruguay (1994-1995)

A Copa América vai para o interior: a cobertura midiática das reformas do estádio “Parque Artigas” - Paysandú - Uruguai (1994-1995)

RESUMEN

Este artículo aborda la cobertura que los medios de prensa realizaron sobre las reformas del estadio “Parque Artigas” de la ciudad de Paysandú para la Copa América 1995 desarrollada en Uruguay. Su objetivo es analizar cómo fue retratada la realización de estas reformas, en las páginas de un diario local y otro nacional. A través del estudio documental de distintas noticias se destaca la importancia de la prensa periódica como formadora de opinión a través de la construcción de diversos discursos en torno al proceso de reforma; la tensión entre los medios de prensa y el vínculo con los procesos identitarios locales y nacionales.

Palabras-clave:
Estadio; Copa América; Prensa; Identidad local

ABSTRACT

This article addresses the media coverage of the renovations made to the 'Parque Artigas' stadium in the city of Paysandú for the 1995 Copa América held in Uruguay. Its aim is to analyze how the event was portrayed through the pages of a local newspaper and a national one. Through the documentary study of different news, the article highlights the importance of the press as a shaper of public opinion through the construction of various narratives surrounding the renovation process, as well as the tension between media outlets and their connection to local and national identity-building processes.

Keywords:
Stadium; America’s Cup; Press; Local identity

RESUMO

Este artigo examina a cobertura midiática da reforma do estádio “Parque Artigas", em Paysandú, para a Copa América de 1995, realizada no Uruguai. Seu objetivo é analisar como essas reformas foram retratadas nas páginas de um jornal local e de um jornal nacional. Por meio de uma análise documental de diversas notícias, o artigo destaca a importância da imprensa periódica como formadora de opinião por meio da construção de discursos diversos em torno do processo de reforma; a tensão entre a mídia e a conexão com os processos identitários locais e nacionais.

Palavras-chave:
Estádio; Copa América; Imprensa; Identidade local

INTRODUCCIÓN

Los espacios futbolísticos fueron importantes elementos que forjaron el vínculo entre este deporte y la identidad uruguaya a lo largo del siglo XX. Una de sus primeras manifestaciones fue en 1930 con la construcción del Estadio Centenario, el primer estadio del mundo diseñado exclusivamente para la práctica del fútbol. Según Bueno y Laborido (2023), este nuevo edificio público, ubicado en una zona céntrica de Montevideo, representó un motivo de orgullo nacional y simbolizó una apuesta del país hacia un futuro modernizador.

Este estadio tuvo una importancia crucial en un momento especial para la sociedad uruguaya. En 1930, el país celebraba el centenario de su independencia, ocasión marcada por la reafirmación de las identidades nacionales y la conmemoración de sus triunfos históricos. Esta celebración incluyó diversas festividades, entre las cuales el fútbol ocupó un lugar central (Rodríguez Ayçaguer, 2010). Este deporte, que venía representando las glorias nacionales en el exterior desde los triunfos olímpicos en París (1924) y Ámsterdam (1928), se consolido con la victoria de Uruguay sobre Argentina en la final del primer campeonato mundial. Esto selló el vínculo del fútbol con la identidad nacional, dando origen a la garra charrúa como expresión de la relación entre identidad, nación y fútbol (Bayce, 2003; Sanz, 2024).

En la formación de ese vínculo, la prensa desempeñó un papel relevante, ya que desde comienzos del siglo contribuyó a lo que Archetti (1997) denomina “hibridación” del fútbol: el paso de una práctica extranjera a una práctica criolla, mediante la conjugación de imágenes, símbolos y objetos de diferentes tiempos y espacios. Se trató de la invención de una nueva tradición uruguaya, en el sentido propuesto por Hobsbawm y Ranger (2008), entendida como una práctica regulada por normas aceptadas colectivamente y vinculada a ciertos valores y códigos que se desea promover, generando una continuidad simbólica con el pasado.

El Estadio Centenario fue escenario de múltiples gestas deportivas —como los triunfos de Uruguay en las Copas América de 1942, 1956 y 1967—, y volvió a albergar este torneo en julio de 1995, en su XXXVII edición. Pero, en esta ocasión, el símbolo arquitectónico del fútbol nacional compartió el protagonismo con otros estadios, extendiendo la competición a distintas ciudades y paisajes deportivos del país, demarcados en la figura 1. Estos fueron el Campus Municipal de Maldonado, el Estadio Atilio Paiva Olivera de Rivera y, objeto de este trabajo, el Estadio “Parque Artigas” de Paysandú.

Figura 1
Mapa político de Uruguay. En detalle los departamentos de Paysandú, Rivera y Maldonado. Fuente: Saberia (2025).

La selección de estas ciudades en el interior fue dada por diferentes cuestiones, por un lado, se vinculó a un intento de descentralización del futbol uruguayo, pero además se tuvieron en cuenta estructuras deportivas ya existentes en las ciudades y su carácter fronterizo, así Brasil disputaría sus encuentros en Rivera, Argentina en Paysandú y Uruguay en Maldonado. ¿Qué significaba, en este torneo, compartir el protagonismo con los estadios del interior? ¿Estaban estos escenarios a la altura del ícono arquitectónico de la pasión nacional? ¿Cómo fue recibida, por parte de la población uruguaya, esta descentralización geográfica en la organización del fútbol?

Una de las formas de comprender la expresión de los sentimientos ambivalentes de la sociedad uruguaya frente a este cambio en el escenario deportivo es analizar cómo la prensa retrató dicha disputa. En las sociedades modernas, la prensa es un actor social y político clave para el estudio de los procesos históricos, como mediadora entre la sociedad civil y diversas instituciones y organizaciones. Además, actúa como generadora de representaciones e imágenes que se reproducen y difunden en el imaginario colectivo (Kircher, 2014; Hernández Ramos, 2016). A lo largo de la historia, la relación entre la prensa y el deporte ha sido significativa, generando beneficios mutuos para ambas esferas. Desde comienzos del siglo XX, la prensa escrita desarrolló un nuevo arte de narrar el deporte, al relatar lo que los espectadores no podían ver directamente (Vigarello, 2006). Gracias a su patrocinio, el deporte experimentó una difusión sin precedentes; por su parte, la prensa descubrió una conexión íntima entre las actividades deportivas, la publicidad y la circulación de periódicos, lo que convirtió este vínculo en una relación económicamente exitosa (Weber, 1988).

La prensa también representa los deseos y necesidades vinculados a los intereses de sus financiadores. En el caso uruguayo, es evidente que la prensa de la capital expresaba opiniones distintas a la local con respecto a la ampliación geográfica de la Copa América. En este artículo, ponemos en debate dos puntos de vista diferentes sobre la recepción de la Copa América en Paysandú. Por un lado, analizamos las crónicas del diario El Telégrafo, el periódico con mayor cobertura a nivel local, y destacado por narrar los principales acontecimientos de la ciudad, como lo fueron las reformas en el estadio y la Copa América. Por otro, examinamos cómo reaccionó ante los mismos sucesos la prensa capitalina, representada por el diario El País, debido a que era el medio gráfico de mayor circulación en la época con una destacada cobertura deportiva en todo el territorio nacional.

De este modo, el objetivo de este artículo es analizar, a través de las páginas de los diarios El Telégrafo y El País, cómo fue retratada la realización de las reformas en el Estadio “Parque Artigas”, comprendiendo las diferentes interpretaciones que surgieron en torno a este evento. Al elegir un periódico de la capital y otro del interior, buscamos comprender las diferencias regionales en las formas de entender las prácticas deportivas uruguayas, un tema ya abordado por Quitzau (2019), Quitzau y Silva (2022), y Medeiros y Silva (2024). Estos autores destacan cómo las miradas desde el interior del país tienden a atribuir significados distintos a las prácticas deportivas, en comparación con la visión capitalina. En este estudio, tomamos el fútbol —símbolo de la identidad nacional— y los espacios arquitectónicos que lo representan, para problematizar las diferencias locales, regionales y nacionales que emergen de su apropiación. Esta perspectiva se alinea con las reflexiones de Krüger (2015), quien sostiene que el deporte, aunque es un fenómeno global, solo alcanzó tal dimensión al enraizarse en culturas físicas locales. Así, al observar cómo la capital y el interior del país interpretan y se apropian del fútbol, evidenciamos que la construcción de su significado nacional no es homogénea, sino resultado de tensiones, disputas y resignificaciones que se manifiestan en lo simbólico, lo territorial y lo mediático.

REFORMAS EN EL PARQUE “ARTIGAS”: CRECE UN “GIGANTE” EN LA CIUDAD DE PAYSANDÚ

Paysandú, ciudad ubicada a unos 370 km al noroeste de la capital Montevideo, en la frontera con Argentina, fue un centro urbano de referencia regional desde la segunda mitad del siglo XIX, fuertemente vinculada al desarrollo del modelo agroexportador (Barrios Pintos, 1989; Jacob, 1996). Este proceso tuvo su impacto en los deportes, en particular el fútbol. Fue a inicios del novecientos cuando surgieron los primeros clubes como el Libertad Foot–ball Club y el Midland Foot–ball Club, dando paso, en 1911, a la creación de la Liga Departamental de Foot-Ball con la presencia de cinco clubes.

Desde los primeros procesos de institucionalización del fútbol en Paysandú, el parque “Artigas” fue el escenario privilegiado para su práctica, cuando en 1914 fue creado para ser el espacio oficial de la Liga Departamental de Foot-Ball. Este, que originalmente contaba con un palco de madera, en la década del 1930 incorporó una tribuna de hormigón al estilo inglés que se mantuvo hasta los sesenta, cuando la estructura fue sometida a nuevos procesos de reformas y ampliación (Damico da Silva, 2017).

Fue la Copa América de 1995 el evento que trajo nuevos desafíos a la ciudad y sus estructuras deportivas. Albergar un evento tan amplio hacía necesario contar con un espacio deportivo acorde a las exigencias de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), aspecto en el que Paysandú estaba en debe. A raíz de esto, el parque “Artigas” fue sometido a una reforma estructural, con transformaciones que lo adecuaron a las exigencias establecidas por la CSF. El Telégrafo sintetizó así el impacto de las obras: “[…] el Parque dejó de ser Parque para transformarse en Estadio, en un lugar más amplio y con mayor aforo – se construyeron las tribunas cabeceras y se mejoró la principal” (El Telégrafo, 2019)1.

El reportaje pone en evidencia el cambio de enfoque que experimentaron estos espacios, destacando como el espectador comenzó a ocupar un lugar central dentro del universo deportivo. Esta transformación en los sentidos atribuidos a los espacios fue acompañada por cambios en sus denominaciones, tal como lo señala el artículo del periódico.

Según Prats (2018) en el transcurrir de la historia los escenarios deportivos fueron mutando. En principio, nos referimos a estos como “canchas” – de origen Quechua – haciendo referencia a “recinto cercado”. Después aparecen los Parques, designación proveniente de los Parks ingleses, que incorporaban elementos vinculados al desarrollo del espectáculo deportivo y al confort del público. Finalmente llegaron los stadium, aporte de la cultura griega al deporte, los cuales eran utilizados para distintos tipos de carreras y ejercicios físicos.

Este recorrido etimológico e histórico pone de manifiesto que los cambios en las denominaciones no son meramente lingüísticos, sino que reflejan transformaciones más profundas en la manera en que el deporte es vivido, organizado y apropiado socialmente. En el caso sanducero, estas variaciones se tornaron especialmente visibles durante la realización de la Copa América de 1995, cuando la reforma del parque “Artigas” y su reconversión simbólica en “estadio” ilustraron un giro en la funcionalidad y en la experiencia del espacio deportivo.

Tales transformaciones coinciden con las afirmaciones de Vigarello (2006) respecto al contexto europeo. En un primer momento, los estadios tenían un carácter indeterminado; sin embargo, a principios del siglo XX pasaron por un proceso de estandarización, estableciéndose un espacio geometrizado, tribunas calibradas y materiales sólidos. Eso significa que los primeros espacios en que tuvieron lugar los deportes no estaban pensados para grandes concurrencias de espectadores, concepciones que cambiarían años después, procedente de cuestiones económicas, políticas y sociales.

En el caso de Paysandú, esa transformación de “parque” a “estadio” — y todas sus implicancias— tuvo lugar en el sitio original del parque “Artigas”, precisamente en la zona céntrica de la ciudad (El Telégrafo, 1995o). Esta reforma no estuvo exenta de polémicas acerca de los impactos sociales y urbanos de su realización. El periódico El Telégrafo reflejaba en sus páginas las distintas opiniones de los vecinos de la zona: “Para algunas personas, es cierto, que la ubicación de este monumental estadio que hoy se inaugura es el punto más polémico «podría haber sido construido fuera de los límites urbanos», es lo que suele escucharse” (El Telégrafo, 1995o, p. 9).

Sin embargo, los argumentos a favor del mantener del lugar eran consistentes: “[...] de todas formas, en el tiempo y con las condicionantes señaladas, especialmente las económicas, la obra se logró y eso ya es una respuesta más que atendible” (El Telégrafo, 1995o, p. 9). Quedaba de manifiesto en la prensa como el proceso de transformación conllevó cambios que no solo variaron la estructura, sino también la perspectiva de quienes se hacían presentes en él cada fin de semana.

El vínculo afectivo manifestado por algunos vecinos puede interpretarse a partir del concepto de sentido de lugar2 de Vertinsky (2004), que destaca cómo los espacios deportivos no se limitan a una ubicación física, sino que producen sentidos de identidad, pertenencia y valor social. Son, así, resultado de prácticas y relaciones que se despliegan en el tiempo y en distintas escalas. Así, el antiguo parque “Artigas” funcionaba como un lugar cargado de significados, definido por formas de comportamiento localizadas y por relaciones de poder que determinaban quiénes pertenecían o no a ese espacio. La transformación en estadio, con sus nuevas reglas de uso y su apertura a otros públicos y funciones, implicó una reconfiguración de esas experiencias previas, alterando ese tejido de relaciones sociales y espaciales que lo definía.

Aunque los descontentos de los vecinos fueron presentados en el diario local, en general las crónicas publicadas expresaban entusiasmo con la nueva construcción, especialmente por las perspectivas futuras que se vislumbraban en relación al fútbol:

La remodelación del estadio «Artigas» marca la posibilidad de futuro, de explotar como corresponde el mismo, dándole una actividad a tono con su confort y comodidad, que no debe quedar reducida a una competencia de entre casa, una vez se dilucide la fase del Sudamericano de selecciones (El Telégrafo, 1995c, p. 3).

Para los responsables del fútbol en el país, la reforma del estadio era vista como un gran logro en el interior, convirtiendo a Paysandú en un nuevo polo capaz de albergar grandes eventos futbolísticos. Raul Inzaurralde, neutral de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) consideró que “[la reforma] viene muy bien a Paysandú. Tendrá un estadio nuevo, moderno, para múltiples actividades. Hay, según me dijeron, un gran reciclaje de hoteles y algunos construidos nuevos” (El Telégrafo, 1995f, p. 9). De esa forma, Inzaurralde destacaba la importancia de la obra para la atracción del evento y las comodidades de sus espectadores, así como las posibilidades para el desarrollo económico de la ciudad.

Otra de las autoridades, Julio Cesar Maglione, presidente de la Comisión Nacional de Educación Física (CNEF) reafirmaba la idea: “[...] en el futuro teniendo en cuenta la infraestructura que tiene Paysandú, se sacará provecho de todo ello al máximo y seguramente posibilitará la realización de justas deportivas y culturales” (El Telégrafo, 1995b, p. 10). Al decir de Roldan (2020) los megaeventos cobraron gran relevancia en la forja del mundo moderno, manteniendo un vínculo estrecho con las transformaciones sociales, políticas y culturales de las ciudades. En el plano local y urbano, estos eventos se convierten en una oportunidad privilegiada para impulsar modificaciones en el espacio físico de la ciudad.

Así, el estadio deja de ser únicamente un espacio destinado a la práctica local del fútbol y se torna una arena de alcance nacional e internacional, gracias a las alteraciones geográficas y al aumento de su importancia simbólica y funcional (Bale, 2001). Aunque esa reconfiguración amplía las posibilidades de realización de eventos deportivos y culturales de mayor escala, también genera tensiones entre los distintos públicos. Bale (2001, 2003) señala que, para muchos espectadores locales, las innovaciones arquitectónicas y estructurales de los estadios contribuyen a convertir el deporte en un espectáculo teatral, más distante y menos arraigado en las experiencias comunitarias cotidianas.

Corroborando dicha positividad, lo que predominaba en las páginas del diario El Telégrafo era una narrativa centrada en los aspectos positivos vinculados a la internacionalización del evento, destacando sus beneficios simbólicos, deportivos y económicos para la ciudad. La expectativa era que no solo promoviera el desarrollo deportivo, sino que también impulsara actividades culturales y musicales (El Telégrafo, 1995g, p. 9). Incluso el presidente de la República, Julio Sanguinetti, afirmaba que un evento de este tipo traía diversos beneficios deportivos y culturales para una ciudad como Paysandú (El Telégrafo, 1995n).

Es notable, a partir de las crónicas en El Telégrafo, que existían distintas percepciones sobre la preparación de Paysandú y de su población para el evento. Por un lado, los medios locales y los organizadores resaltaban los aspectos positivos de la realización de la Copa América en la ciudad. Por otro, parte de los vecinos manifestaba cierta desconfianza, especialmente frente a las transformaciones urbanas requeridas. Estas diferencias de enfoque no se limitaban al ámbito local. La forma en que la prensa de Paysandú retrató los preparativos fue significativamente distinta de la visión de la prensa nacional, que no siempre consideró suficientes las modificaciones propuestas para albergar un evento de tal magnitud.

DISTINTAS MIRADAS SOBRE LAS OBRAS EN EL “COLOSO SANDUCERO”

Las polémicas en torno a los eventos deportivos formaron parte de la historia del Uruguay. En 1980 durante la dictadura civil militar (Nahum, 2012), en el marco de la realización del “Mundialito” fueron variadas las miradas y disputas que se generaron en la prensa en torno a la financiación, las obras y el logro deportivo (Marchesi, 2001; Maneiro, 2014). Quince años después, parte de estas polémicas resurgieron con la Copa América de 1995, donde la prensa fue uno de los ámbitos privilegiados para su entendimiento.

El diario capitalino El País expresaba una perspectiva diferente a la de El Telégrafo, mostrando desconfianza y poniendo en duda tanto la preparación de la ciudad como el avance de las obras en el estadio. En un reportaje titulado "Esperamos llegar el 15 para recibir las obras terminadas", el periódico exponía las dificultades que Paysandú enfrentaba en la reforma del estadio hasta ese momento. El artículo, publicado el día 18 de mayo, señalaba que el proceso había transcurrido entre “luces y sombras” (El País, 1995a, p. 30), aunque se esperaba que para el 15 de junio — 20 días antes del inicio del torneo — las obras estuvieran finalizadas. Eugenio Figueredo, presidente del Comité Organizador de la Copa América y vicepresidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, expresó su preocupación en una entrevista al diario. Según El País, el mandatario “[...] sacudiendo la cabeza respondió: ′¿Ustedes se dan cuenta que faltan solamente 30 días para esa fecha?′” (El País, 1995a, p. 30).

Además de las preocupaciones, también comenzaron a surgir amenazas de sanciones por parte de los organismos internacionales, según lo informado en el propio diario. En el mismo reportaje, Romer Osuna, inspector de estadios de la CSF, afirmó: “Si para el 15 de junio no está pronto, no podremos seguir esperando, el riesgo es de ustedes, [...] si la Copa se juega aquí, depende del Estadio Artigas” (El País, 1995a, p. 30). Según El País, entre las objeciones que se le hicieron a la obra y generaron preocupación, estaban el techado del lugar para la prensa, además de cuestiones de medida y distancia en el espacio de la cancha. Por lo tanto, la advertencia era clara: “Es como si a Paysandú le sacaran la tarjeta amarilla, esperemos que no se le saque la roja [...] Ahora el almanaque será testigo [...]” (El País, 1995a, p. 30).

De este modo, el diario destacaba la incertidumbre en torno al avance de la reestructura, dando protagonismo a las voces de figuras clave en la organización del evento y, a partir de ellas, formulaba afirmaciones contundentes que contrastaban con la perspectiva difundida por El Telégrafo. Esta discusión se enmarca en lo que Kircher (2014) denomina como vidriera pública al considerar la particularidad [en este caso el las obras del Estadio] en una red de relaciones con la participación de diversos poderes, actores y fuerzas que inciden en la generación y desarrollo de temas y argumentos destinados al debate público.

Como reacción al tono adoptado por El País, El Telégrafo expresó en aquellos meses su descontento con la postura de la prensa montevideana: “Muchas veces dirigentes deportivos, los mismos periodistas capitalinos (ni que decir los políticos), cuando llegan al interior tienen un discurso y cuando están en la «muy coqueta y centralizadora» tienen otro” (El Telégrafo, 1995i, p. 10). Las afirmaciones denunciaban el doble discurso que se generaba al visitar el interior y englobaba a las dirigencias deportivas, los actores políticos y la propia prensa.

En particular, al referirse a la prensa capitalina, El Telégrafo ya manifestaba meses antes su incomodidad, señalando “¡Por favor colegas montevideanos!, tiren buenas ondas para el interior de SU país, que aquí somos tan uruguayos que ustedes. Más uruguayos no, pero menos jamás” (El Telégrafo, 1995h, p. 10). El uso de las mayúsculas en “SU país” subraya a propósito la idea de que el Uruguay debería ser entendido como un todo, integrando Montevideo y el interior. En la misma línea, el diario comentaba con ironía:

Muchas veces el lector, el aficionado, puede creer que «la tenemos» con los montevideanos. Es que son «increíbles» [...] generalmente parece que no fueran compatriotas. Que Montevideo es un país llamado Uruguay y el interior es de «afuera», «la campaña» [...] En fin… «ellos» son así. No cambian más (El Telégrafo, 1995h, p. 10).

Este reclamo se dirigía también a otros medios de comunicación de Montevideo. Es notable que periódico local no solo informaba, sino que formaba opinión al pronunciarse acerca de la cobertura mediática de los otros medios. Se destaca el uso del argumento que presenta la división entre capital e interior como si fueran dos países distintos y desiguales —una crítica a la centralización y a la mirada hegemónica de Montevideo que no era nueva en la historia del país. Autores como Barrán y Nahum (1967, 1971) y Barrán (1989) problematizaron la división entre capital e interior como un rasgo inherente a la constitución del Uruguay del siglo XIX. Esa separación continuó expresándose a lo largo del siglo XX, como se evidencia en la tensión entre los medios de prensa que relataron la preparación para la Copa América.

Otro aspecto que generaba malestar eran las opiniones acerca de las obras, luego de visitas a la ciudad de agentes externos involucrados en el evento. Una de las primeras situaciones de molestia surgió con las declaraciones del entrenador de la selección chilena y de un representante de la federación de ese país, quienes visitaron Paysandú en diciembre de 1994. Allí cuestionaron la capacidad de la ciudad para albergar un evento de tal magnitud, señalando que no había un hotel en condiciones para recibir a una delegación de fútbol ni un estadio adecuado para un partido internacional. Meses después, el representante de la federación fue consultado por El Telégrafo acerca de sus afirmaciones, y moderó su postura. En la nueva entrevista, dijo no recordar haber realizado tales declaraciones. El agente agregó además que “[...] no somos quienes elegimos donde jugamos, por eso estamos encantados de venir a jugar aquí, donde se nos designó” (El Telégrafo, 1995j, p. 5). Se visualizaba así un cambio de discurso del visitante que, presionado, optó por un tono conciliador, reconociendo el avance de la ciudad en la preparación de sus infraestructuras como sede del evento.

También se cuestionaba la mirada de la empresa brasileña “Traffic”, que obtuvo los derechos de transmisión del evento en su país. En una nota publicada el 10 de mayo de 1995, titulada “¿Qué tiene contra Paysandú?, El Telégrafo respondió de forma enfática a una serie de críticas realizadas por el corresponsal de la empresa, José Lázaro. Entre sus cuestionamientos, figuraron el atraso en las obras, la supuesta ausencia de una sala de prensa en el estadio, que las medidas del campo no eran las correctas y que la división de la obra entre sectores públicos y privados generó desorden en la construcción. Frente a las diversas críticas, el medio de prensa local respondía a cada una con datos concretos. Por ejemplo, en cuanto a las dimensiones de la cancha, el periódico afirmó que “ [...] falta a la verdad. Creemos que con mala intención, porque siempre se dijo que medirá 105 x68, la medida universal dispuesta por FIFA”. El periódico remataba la noticia con una afirmación contundente “[...] a este Lázaro habría que decirle ¡siéntate y calla!” (El Telégrafo, 1995l, p. 10).

Para reforzar su postura como defensor de la organización de los trabajos, el periódico también publicó una declaración del director de obras de la Intendencia, David Doti, quien afirmó de forma categórica: “Al día 6 de mayo estamos conformes, en cuanto a que tenemos casi un noventa por ciento de la obra realizada” (El Telégrafo, 1995e, p. 3).

Mientras tanto, en la capital del país, conforme transcurrían los días, los discursos sobre las obras y el crecimiento del estadio sanducero dieron un giro. A inicios de junio, El País publicó una serie de afirmaciones que acercaba su discurso al de las autoridades locales, exaltando las reformas y el trabajo de los sanduceros en ella. Así, sostenía:

[...] todo el pueblo sanducero se hizo presente en el Estadio Artigas para testimoniar su apoyo a todos aquellos que lucharon para dejar bien altos los prestigios de sus hombres y mujeres y como se escuchó decir en algún momento del emotivo acto “este partido lo ganamos por goleada (El País, 1995c, p. 28).

La crónica refería a la inauguración de las luminarias del estadio y comparaba a la ciudad de Paysandú con París, la “ciudad luz” europea, al indicar: “París tiene su “Navidad blanca” y Paysandú, desde el pasado sábado, transformó sus noches en día desde una altura de 37 metros y a través de la increíble potencia de los ciento noventa y dos focos de iluminación [...]” (El País, 1995c, p. 28). Además, enfatizaba la lucha de los sanduceros y su respaldo a la obra, aspecto que tiempo atrás venía siendo cuestionado. Esto era visible en una entrevista que el citado medio realizó al intendente de Paysandú y tituló “¡Paysandú puede! Con imaginación y a puro coraje”. En la nota, el Dr. Larrañaga expresó acerca del coraje y corazón del pueblo de Paysandú para la realización de la obra (El País, 1995b). Pero quizás el aspecto más relevante para visibilizar el cambio en la postura del diario son los párrafos de cierre:

Nosotros los uruguayos, tenemos ciertos modismos para aprobar, desaprobar o mantener nuestras reservas -cosa muy común en estos pagos- sobre algo que debemos considerar, que debemos juzgar, que se tiene que vertir una opinión [...] El “Ta viejo”, encierra todo espíritu corporativo de aceptación, de salutación por un trabajo serio, liso, sin complejos, sin fisuras y que tendrá una indudable aceptación en las autoridades, en la gente y en todo el elemento participante del fútbol local e internacional. Por ello, nuestra gratificación por un hecho que enorgullece a la colectividad sanducera y nacional (El País, 1995b, p. 56).

De esta forma, atribuía la crítica a una costumbre típicamente uruguaya, finalizando su “descargo” con una salutación al plantear: “Ahora les tocará vivir los grandes momentos de los abrazos, de las alegrías, de los reconocimientos. Y lo tienen merecido. EL PAÍS, ya fue testigo” (El País, 1995b, p. 56).

LLEGÓ EL DÍA ESPERADO: SE INAUGURA “EL GIGANTE DE LA HEROICA”

Tras numerosas críticas recibidas a lo largo del proceso, la Intendencia logró finalmente entregar el estadio dentro del plazo previsto. Al momento de la inauguración, el diario El Telégrafo celebró la conquista con entusiasmo, otorgando al nuevo espacio el apodo de “El gigante de la Heroica”, definido como “insuperable en su magnitud”. La crónica transmitía un tono de alivio y orgullo, destacando a la ciudad de Paysandú —“la heroica”— por este nuevo logro. El uso de ese apodo evocaba directamente el pasado histórico de la ciudad en el siglo XIX, marcado por actos de resistencia durante el proceso de consolidación nacional (Barrios Pintos, 1989). Al asociar el estadio a ese imaginario, el diario resignificaba su lugar en el paisaje urbano, anclándolo simbólicamente en la memoria colectiva de la ciudad.

Según Archetti (1984), el fútbol ofrece un conjunto de símbolos que permite pensar, categorizar y reproducir las relaciones sociales y culturales, además de influir en cómo los actores sienten, ven y perciben el mundo que les rodea. En este contexto, el espacio deportivo asume el papel de una idiosincrasia identitaria (Bale, 2003), funcionando como un elemento de expresión y reafirmación de pertenencias colectivas. En el caso de Paysandú, el estadio pasa a actualizar y reforzar su identidad heroica, ahora resignificada a través del fútbol.

La identidad idealizada por el diario en relación con el estadio se construía a partir del doble sentido atribuido a la obra. Por un lado, era presentado como resultado del “esfuerzo de muchos, desde el intendente Jorge Larrañaga hasta el más modesto de los obreros” (El Telégrafo, 1995a, p. 5), reafirmando la propuesta de contar con un espacio deportivo que representara a la heroica y su población.

Por otro lado, el estadio simbolizaba el “espíritu de Paysandú” (El Telégrafo, 1995a, p. 5) y su deseo de ampliar la visibilidad de la ciudad a través de un nuevo hito arquitectónico. Así, no se trataba solamente de la construcción de un nuevo espacio deportivo, sino de un “desafío y una participación de toda la región” (El Telégrafo, 1995k, p. 6). De este modo, el renovado estadio “Parque Artigas” comenzaba a alimentar el imaginario de la ciudad y de sus habitantes con la posibilidad de albergar eventos deportivos internacionales, configurándose como un espacio de intercambios sociales y culturales.

El juego de sentidos entre “nosotros” y “los otros”, construido por el diario local, también se utilizó para criticar a quienes habían cuestionado el desarrollo del proyecto, como el Comité Organizador Nacional y los medios de comunicación de la capital. En tono irónico, el periódico escribió:

El esfuerzo de unos pocos en distintas tareas de la organización para que «los muchos» (que lo único que saben hacer es criticar pero no disponen un minuto de su vida para poner el hombro) puedan ver en «vivo y en directo» a lo mejor que puede poner en un campo de juego el fútbol sudamericano (El Telégrafo, 1995d, p. 7).

Este fragmento evidencia que, en un evento orientado a celebrar una identidad nacional, también emergieron afirmaciones potentes de pertenencias locales. Como señala Krüger (2015), el deporte, antes de constituirse como fenómeno nacional, se arraiga en dinámicas locales y regionales. En el caso de Paysandú, los debates en torno al estadio pusieron de manifiesto el conflicto entre diferentes escalas de representación. Las críticas provenientes del exterior fueron percibidas no solo como preocupaciones sobre la viabilidad de la obra, sino como un gesto de desconfianza hacia la capacidad de la ciudad, intensificando la oposición simbólica entre capital e interior.

Más allá de los significados atribuidos al estadio “Parque Artigas” las tensiones entre los medios de prensa continuaron con la obra terminada. El 21 de junio El País se hacía eco de una oratoria del intendente de Paysandú en reconocimiento a la prensa local: “Compañeros de todos los medios de prensa, que han [...] aportado su entusiasmo, su capacidad, su lucha para hacer que […] Paysandú y la Copa América, pueda llegar a buen puerto como todos deseamos (El País, 1995d, p. 25). En tal sentido, cabe preguntarse, al publicar esta nota: ¿se sentían parte del discurso de la autoridad sanducera? ¿Era una forma de acercamiento de El País a los medios locales? De ser así, el periódico sanducero no aceptó este discurso conciliador y días después realizó una serie de afirmaciones categóricas al decir:

En esto somos y seremos inflexibles. EL TELÉGRAFO, por ejemplo, ha sido un incondicional apoyo para que hoy tengamos «El gigante de la heroica» y no aceptaremos que se nos mida con la misma vara con los medios montevideanos que, en su mayoría, solamente lo que han hecho es tirar basura en cada visita a Paysandú (El Telégrafo, 1995m, p. 5).

De esta forma, consolidaba uno de los aspectos claves de su cobertura desde que se comenzó a cubrir la noticia de la obra, un carácter localista de defensa y de reacción ante las críticas externas incluyendo en el “afuera” a la prensa montevideana, las autoridades o los invitados extranjeros.

CONSIDERACIONES FINALES

Investigaciones como las de Quitzau (2019), Quitzau y Silva (2022) y Medeiros y Silva (2024) propusieron un cambio de perspectiva sobre la constitución de las prácticas deportivas en Uruguay, al demostrar que el sentido de nacionalidad no fue homogéneo. Por el contrario, tensiones significativas marcaron la relación entre la capital y el interior en la construcción simbólica del deporte en el país. En este artículo, buscamos evidenciar cómo un evento de carácter nacionalista y proyección internacional, como la Copa América, estuvo atravesado por diferentes visiones y percepciones en distintas regiones del territorio uruguayo. De forma específica, tomamos el estadio —que, como espacio deportivo, porta y produce significados propios— como eje de análisis para comprender cómo su construcción dio origen a un debate, ampliamente difundido por la prensa, que expresó los sentidos locales y nacionales atribuidos al fútbol.

Un primer aspecto manifestado en este trabajo es la importancia de la prensa como formadora de opinión a través de la construcción de discursos. El análisis de las noticias de El Telégrafo y El País permiten afirmar inicialmente la construcción de dos imaginarios muy distintos acerca de las obras del estadio “Parque Artigas”. Mientras el diario local destacaba el esfuerzo en el cumplimiento de las metas y buscaba transmitir un clima de calma y mayor seguridad, el medio de prensa capitalino cuestionaba las posibilidades del interior para realizar la Copa, generando incertidumbre acerca de los plazos establecidos.

Otro aspecto a resaltar es cómo los medios de prensa pueden tomar posturas localistas focalizadas en destacar los esfuerzos locales contrapuestos a las miradas foráneas como críticas y obstáculos. Para este caso, El Telégrafo usaba expresiones de agradecimiento y elogios para los sanduceros mientras que cuestionaba toda mirada externa acerca de la ciudad y sus obras.

Finalmente, el análisis deja de manifiesto el vínculo entre los sucesos deportivos y los procesos identitarios locales y nacionales. El diario local reafirmaba su sentido de pertenencia asociando las obras a un carácter “heroico”, término que caracterizaba a la ciudad por gestas históricas. Mientras que, para el diario capitalino, la culminación del proceso de trabajo implicaba una alegría y posibilidades de disfrute para los sanduceros, pero sobre todo era un orgullo nacional.

Para Bale (2003), el deporte es un mundo marcado por territorialidades y jerarquías. Comprender los significados construidos en los espacios deportivos es, por lo tanto, fundamental para entender cómo el deporte es apropiado, simbolizado y resignificado en distintos contextos. En el caso de Paysandú, la construcción del “gigante heroico” no solo reafirmó un sentimiento de pertenencia local, sino que también generó contrastes simbólicos respecto a la identidad nacional. En ese proceso, la prensa desempeñó un papel decisivo al tensionar las interpretaciones sobre el estadio, evidenciando que, más que un escenario de competencia, el espacio deportivo es también un lugar de disputa narrativa, memoria e identidad.

  • 1
    El cambio en la denominación de parque “Artigas” a Estadio “Parque Artigas” surge de las fuentes según el período de tiempo al que se haga referencia.
  • 2
    El concepto original de la autora es “sense of place”
  • FINANCIAMIENTO
    “El presente trabajo no conto con apoyo financiero de ningún tipo para su realización”.
  • DISPONIBILIDAD DE LOS DATOS
    Los datos que respaldan los hallazgos de este estudio están disponibles con previa solicitud en el archivo del diario El Telégrafo. Correo electrónico: eltelegrafo.adm@gmail.com
    Los datos que respaldan los hallazgos de este estudio están disponibles con previa solicitud en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Uruguay. Correo electrónico: bibliotecanacional@bibna.gub.uy

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Editado por

  • Editores:
    Christiane Macedo.

Disponibilidad de datos

Los datos que respaldan los hallazgos de este estudio están disponibles con previa solicitud en el archivo del diario El Telégrafo. Correo electrónico: eltelegrafo.adm@gmail.com

Los datos que respaldan los hallazgos de este estudio están disponibles con previa solicitud en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Uruguay. Correo electrónico: bibliotecanacional@bibna.gub.uy

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    26 Ene 2026
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    29 Jul 2025
  • Acepto
    24 Oct 2025
Creative Common - by 4.0
Este es un artículo publicado en acceso abierto (Open Access) bajo la licencia Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/), que permite su uso, distribución y reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que el trabajo original sea debidamente citado.
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