Open-access Cultura y estilo de vida como resiliencia en la vivienda social en la Amazonía

Resumen

El artículo parte de la constatación de deficiencias en proyectos de vivienda social en la Amazonía urbana, a menudo inadecuados a los modos de vida locales. Analiza los impactos de las intervenciones gubernamentales en zonas de ocupación informal y la resistencia de los habitantes a los cambios. El objetivo es verificar si la capacidad adaptativa de los residentes permite mantener sus valores y referencias culturales, especialmente vinculadas a la arquitectura ribereña. Para ello, se emplea el concepto de resiliencia, articulado con estabilidad y adaptación, como herramienta para comprender los ajustes espaciales y culturales realizados a lo largo del tiempo. La investigación se desarrolló en el asentamiento informal de Riacho Doce, en Belém (PA), mediante observación no participante y análisis semiológico de fotografías históricas y actuales. Se identificaron elementos resilientes - espaciales y culturales - que conectan a los habitantes con sus orígenes, aportando reflexiones sobre soluciones de vivienda más adecuadas y sensibles al contexto amazónico

Palavras clave:
Viviendas en la ribera; Casa sobre pilotes; Adaptación; Resiliencia. Amazonia

Abstract

The article highlights shortcomings in social housing projects in urban Amazonian areas, often inadequate to local ways of life. It analyzes the impacts of government interventions in informal settlements and the residents’ resistance to imposed changes. The main objective is to assess whether the adaptive capacity of inhabitants allows them to maintain their values and cultural references, especially those related to riverside architecture. To this end, the concept of resilience - articulated with stability and adaptation - is used as an analytical tool to understand the spatial and cultural adjustments made over time. The research was conducted in the informal settlement of Riacho Doce, in Belém (PA), through non-participant observation and semiological analysis of historical and current photographs. The study identified resilient spatial and cultural elements that connect residents to their origins, contributing to the development of housing solutions more attuned to the Amazonian context.

Keywords:
Riverside housing; Stilt house; Adaptation; Resilience; Amazonia

Resumo

O artigo parte da constatação de deficiências em projetos de habitação social na Amazônia urbana, frequentemente inadequados aos modos de vida locais. Analisa os impactos de intervenções governamentais em áreas de ocupação informal e a resistência dos moradores às mudanças. O objetivo é verificar se a capacidade adaptativa dos habitantes permite manter seus valores e referências culturais, especialmente as ligadas à arquitetura ribeirinha. Para isso, utiliza-se o conceito de resiliência, em articulação com estabilidade e adaptação, como ferramenta analítica para compreender os ajustes espaciais e culturais realizados ao longo do tempo. A pesquisa foi conduzida no assentamento informal do Riacho Doce, em Belém (PA), por meio de observação não participante e análise semiológica de fotografias históricas e atuais. Identificaram-se elementos resilientes - espaciais e culturais - que conectam os moradores às suas origens, contribuindo para refletir sobre soluções habitacionais mais sensíveis ao contexto amazônico.

Palavras-chave:
Habitação ribeirinha; Palafita; Adaptação; Resiliência; Amazônia

Introducción

La ciudad de Belém ha recibido, a lo largo de las últimas décadas y aún en la actualidad, un contingente significativo de migrantes provenientes de las islas situadas en su entorno. Rasgo distintivo de la región amazónica, estos territorios están intensamente entrecruzados por ríos y igarapés (arroyo), lo que favorece la formación de numerosas islas, en las cuales reside una parte importante de la población amazónica.

El modo de vida en las islas presenta rasgos culturales y ambientales específicos, aunque con variaciones a lo largo de la vasta extensión de la Amazonía. En el área que circunda la Región Metropolitana de Belém, se destaca la vida en viviendas del tipo palafito o sobre palafitos (Menezes; Perdigão, 2015; Perdigão, 2016; Menezes; Perdigão, 2021). Entre las principales características de estas viviendas sobresalen las casas con galerías o porches, la gradación espacial desde el interior hacia el exterior de la residencia y la disposición de las unidades habitacionales, generalmente de una sola planta, pero elevadas con respecto al nivel del río, con acceso directo al espacio público, representado en este contexto por los cursos de agua. Además, estas casas suelen presentar cierta separación entre sí, salvo que pertenezcan al mismo núcleo familiar, en cuyo caso pueden estar interconectadas por senderos sobre terreno firme o mediante estivas, pasarelas construidas en madera que permiten la circulación entre las unidades.

De manera semejante, este proceso migratorio también se repite en las principales ciudades de la Amazonía. Familias e individuos provenientes de las islas, al desplazarse hacia los centros urbanos, pasan a residir en viviendas autoconstruidas, frecuentemente ubicadas en áreas periféricas y, en muchos casos, inadecuadas para la habitación, como márgenes de ríos, igarapés o sus entornos. Aunque las poblaciones ribereñas hayan vivido durante décadas en entornos de naturaleza semejante, en las ciudades este tipo de ocupación se torna inadecuado debido a las particularidades de la urbanización en la Amazonía. En estas áreas urbanas, los terrenos inundables o sujetos a inundaciones generalmente carecen de infraestructura adecuada o terminan siendo rellenados para posibilitar su incorporación a las áreas consolidadas de la ciudad. Así, la densificación urbana y la expansión sobre suelos firmes han sido promovidas durante décadas, en descompás con las condiciones naturales del territorio (Trindade Júnior et al., 2011).

La ocupación de estas áreas, seguida de su densificación y posterior impermeabilización - con miras a la consolidación de suelo firme para la implantación de vías y espacios públicos - genera impactos ambientales significativos, los cuales deben evitarse. Sin embargo, ante la elevada demanda de espacio urbano, se observa la reproducción del modo de vida ribereño en contextos urbanos densificados, lo que contribuye a la emisión de contaminantes en ríos y igarapés, comprometiendo la calidad del agua y tornando el ambiente insalubre e inadecuado para la habitación.

En este escenario, las políticas públicas de vivienda desempeñan un papel central en el intento de proveer viviendas e infraestructuras adecuadas a las poblaciones residentes en las áreas periféricas. En Brasil, estas políticas, aunque formuladas en diferentes niveles de gobierno, son predominantemente financiadas con recursos federales y/o articuladas mediante programas nacionales que siguen directrices normativas de alcance nacional. La mayor parte de la producción habitacional en el país, por lo tanto, ocurre en el marco de políticas nacionales implementadas en asociación con los entes públicos locales, a través de convenios y cooperación intergubernamental (Sakatauskas; Santana, 2015).

Investigaciones recientes han demostrado que las unidades habitacionales de interés social, entregadas por programas gubernamentales brasileños, atienden de forma inadecuada las amplias y diversas necesidades de los residentes, lo que frecuentemente resulta en iniciativas espontáneas de modificación del espacio construido por parte de los propios usuarios, con el fin de adecuar las viviendas a sus dinámicas y exigencias cotidianas (Costa et al., 2015; Trindade; Perdigão, 2016; Oliveira et al., 2016). Estos estudios, realizados en la Región Norte de Brasil, identifican la presencia de elementos característicos de las viviendas ribereñas y regionales en los procesos de adaptación habitacional, sobre todo en relación con los espacios interiores de las residencias.

Sin embargo, persisten vacíos en la comprensión sobre la apropiación y el uso de los espacios exteriores a las unidades habitacionales - sean estas de ocupación individual o colectiva (como los bloques habitacionales) -, especialmente en lo que respecta a la relación entre el edificio y el espacio público, así como a las dinámicas y características del propio espacio público.

Ante lo expuesto, resulta pertinente el desarrollo de investigaciones y propuestas habitacionales más alineadas con las diversas formas de habitar presentes en las distintas localidades del territorio nacional. Más allá de la producción de la unidad habitacional en sí, es fundamental observar y comprender las dinámicas espontáneas de la vida cotidiana en áreas de ocupación informal, especialmente en aquellos contextos en los que las intervenciones gubernamentales han promovido transformaciones significativas en el espacio urbano. En estos escenarios, se advierte que muchos residentes preservan sus prácticas y modos de vida tradicionales como forma de resistencia frente a las imposiciones externas y a la estandarización promovida por modelos habitacionales homogéneos.

El presente artículo forma parte de una investigación más amplia desarrollada en el marco del Laboratorio de Desarrollo Humano (LEDH), vinculado al Programa de Posgrado en Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Federal de Pará (PPGAU/UFPA). Dicha investigación tiene como objetivo profundizar el conocimiento sobre las relaciones entre los espacios y los modos de vida de las poblaciones amazónicas, con vistas a aportar insumos para el avance de los procesos proyectuales, tanto en la enseñanza de la arquitectura como en la práctica profesional (Menezes; Perdigão, 2015; Menezes; Perdigão, 2021; Perdigão, 2016; Nascimento; Perdigão, 2023; Perdigão; Menezes; Paixão, 2022; Paixão; Perdigão, 2021; Nascimento; Perdigão, 2021).

En este contexto, el presente trabajo busca aportar insumos para la formulación de propuestas proyectuales más adecuadas a los barrios populares de la Amazonía, con énfasis en la escala del espacio público inmediatamente exterior a las unidades habitacionales. La investigación se desarrolló teniendo como objeto empírico el área conocida como Riacho Doce, ubicada en el barrio de Guamá, en Belém (PA). Esta ocupación se consolidó a lo largo del tiempo en las márgenes del río Tucunduba, en un área contigua a la Universidad Federal de Pará, mediante la autoconstrucción de viviendas realizadas por familias provenientes de diversas islas y municipios del interior del estado. El modo de vida en estas islas está profundamente vinculado a los ríos, adaptándose de manera notable a las adversidades que, desde la perspectiva urbana, podrían considerarse obstáculos: la dinámica de las mareas, las características del suelo, las lluvias intensas y el sol ecuatorial.

Más allá de estas condiciones materiales, se destaca también la dimensión simbólica y territorial de las ocupaciones ribereñas. Muchas de estas comunidades viven en pequeñas aldeas a orillas de los ríos o en viviendas aisladas, lo que imprime una configuración específica al tejido social y espacial - marcada por grandes distancias entre las viviendas y por desplazamientos que, en general, se realizan en pequeñas y medianas embarcaciones -. Se identifica, así, un modo de vida singular, constituido a partir de la cosmología amazónica y de su relación íntima con las aguas (Paes Loureiro, 2015).

La estrategia metodológica adoptada se fundamenta en la constatación de que el área de Riacho Doce presenta dos características notables: se trata de un asentamiento informal originado en la década de 1990, por lo tanto ya consolidado; y ha pasado por diversas acciones de mejora e intervenciones públicas que, a pesar de las transformaciones promovidas, han preservado una parte significativa de la configuración original del asentamiento. Estas dos condiciones permiten el análisis de las permanencias y transformaciones espaciales y arquitectónicas a lo largo del tiempo, posibilitando la identificación de elementos relevantes para sustentar proyectos de barrios y conjuntos habitacionales en la ciudad de Belém y en otros contextos de la región amazónica.

En este sentido, a partir de la observación de las estrategias adoptadas por la propia población - ya sea relacionadas con el uso de elementos formales o con la organización del espacio-, se busca comprender cómo los residentes mantienen formas de habitar consideradas adecuadas a sus modos de vida. Para ello, se adopta el concepto de resiliencia como estructura teórica, con el objetivo de interpretar dichas estrategias de permanencia y resistencia, incluso ante las transformaciones espaciales ocurridas a lo largo del tiempo.

Para la realización de este estudio se adoptó un enfoque cualitativo, basado en dos estrategias principales: (1) observación no participante de la forma de uso del espacio público por parte de los habitantes del área de estudio - el Riacho Doce, en Belém (PA) -; y (2) análisis semiológico de fotografías, según la propuesta de Bauer y Gaskell (2002), comparando registros de momentos pasados con la situación actual del lugar. El análisis buscó identificar soluciones espaciales creadas y/o preservadas por los propios residentes a lo largo del tiempo, con especial atención a las relaciones topológicas observadas y a los elementos característicos de las viviendas sobre pilotes (palafitas).

Referencial Teórico

La tipología habitacional estandarizada, caracterizada por su rigidez y limitada flexibilidad, ha sido objeto de críticas recurrentes por reflejar la conducción centralizadora de la política habitacional en Brasil. Esta lógica se manifiesta especialmente en la producción estatal, en la que las decisiones y directrices se establecen de forma vertical - del poder público hacia la población -, desconsiderando con frecuencia las especificidades socioculturales y territoriales de las localidades atendidas. Tal enfoque puede resultar en ineficiencias, en la ausencia de soluciones creativas y en la inadecuación de las respuestas a las demandas reales de las comunidades (Costa et al., 2015).

En contrapartida, el modo de vida amazónico se ha caracterizado por la habilidad de las comunidades para adaptarse frente a los desafíos ambientales y sociales. Tanto en las viviendas informales, autoconstruidas por los propios residentes, como en las múltiples adaptaciones que forman parte del cotidiano, se observa una práctica continua de resiliencia y creatividad para enfrentar las adversidades locales (Paes Loureiro, 2015).

La resiliencia se ha mostrado como una lente analítica valiosa para la interpretación de las dinámicas que ocurren en los asentamientos informales, con especial énfasis en aquellos ubicados en regiones como la Amazonía. En estas áreas, la ausencia de una planificación urbana adecuada y la limitada actuación del Estado contribuyen al agravamiento de vulnerabilidades sociales y ambientales. No obstante, la capacidad adaptativa de estas comunidades a menudo les permite enfrentar dichos desafíos mediante la creación de soluciones innovadoras y acordes a sus realidades locales (Araújo; Villa, 2020).

El concepto de resiliencia tiene su origen en el campo de la ecología, donde designa la capacidad de un ecosistema para recuperarse tras sufrir perturbaciones (Holling, 1973). A lo largo de las últimas décadas, este concepto ha sido progresivamente incorporado a los estudios urbanos y tecnológicos, especialmente en el contexto de la gestión de riesgos y la reducción de desastres. En este marco, la resiliencia pasó a entenderse como la capacidad de un sistema o comunidad para adaptarse, resistir, recuperarse y, eventualmente, transformarse frente a situaciones adversas (Metzger; Robert, 2013).

Aunque el término resiliencia se ha utilizado ampliamente en las últimas décadas en diversos campos del conocimiento - incluidos los estudios sobre desarrollo urbano (Meerow; Newell; Stults, 2016) -, su origen está vinculado, sobre todo, al ámbito ambiental. Sin embargo, actualmente es cada vez más frecuente su aplicación en contextos sociales y culturales, lo que ha demostrado ser particularmente relevante para el avance de las investigaciones en estas áreas (Tavares; Alves; Vásquez, 2021; Araújo; Villa, 2020; Zeng et al., 2022).

La resiliencia también ha ganado relevancia por su atractivo simbólico y su carácter esperanzador, especialmente frente a los desafíos del cambio climático. La capacidad de comunidades y sistemas para adaptarse y superar adversidades ha pasado a considerarse una perspectiva prometedora frente a los impactos ambientales contemporáneos. En este sentido, el énfasis en la resiliencia ofrece un enfoque más positivo y proactivo para abordar los desafíos climáticos, resaltando la importancia de la acción colectiva y de la capacidad humana de superación.

El concepto ha emergido como un eje catalizador de la producción científica multidisciplinaria. Investigadores de áreas como ecología, urbanismo, sociología, cultura, climatología y tecnología se han articulado en torno a la noción de resiliencia, aplicándola a diferentes contextos y escalas. Este enfoque interdisciplinario permite una comprensión más amplia de los desafíos que enfrentan las comunidades, al mismo tiempo que ofrece insumos para el desarrollo de estrategias eficaces de mitigación y adaptación (Metzger; Robert, 2013; Tavares; Alves; Vásquez, 2021).

Para comprender el origen del concepto de resiliencia, es fundamental retomar el artículo seminal de Holling (1973), que introdujo esta noción en el campo de la ecología, posteriormente ampliada a diversas otras áreas del conocimiento. En ese trabajo, el autor sostiene que, tradicionalmente, la estabilidad se ha utilizado como parámetro para describir el comportamiento de los sistemas, lo que generó confusiones en el ámbito ecológico, especialmente porque sus definiciones matemáticas tienden a presuponer la existencia de estados de equilibrio.

En contraposición, Holling (1973) propone la resiliencia como una medida de la capacidad de los sistemas para absorber perturbaciones en sus variables de estado y, aun así, mantenerse en funcionamiento. Así, la resiliencia sería una propiedad intrínseca del sistema, mientras que la persistencia - o, inversamente, la extinción - constituiría el resultado observable. El autor destaca que la homogeneidad espacial y temporal del ambiente reduce tanto las fluctuaciones como la resiliencia del sistema, volviéndolo más vulnerable a colapsos.

De esta forma, la estructura de la resiliencia permitiría a los sistemas absorber y acomodar eventos futuros imprevisibles, sin necesidad de anticiparlos con exactitud y sin la exigencia de permanecer inalterados. La resiliencia, por lo tanto, introduce una perspectiva dinámica y adaptativa a la comprensión de la estabilidad de los sistemas complejos.

Cabe destacar que, según Holling (1973), la resiliencia consiste esencialmente en la capacidad de un sistema para preservar determinadas relaciones internas, con el fin de mantener una estabilidad relativa. Esto significa la habilidad del sistema para regresar a un estado de equilibrio después de una perturbación temporal. Así, la resiliencia está vinculada a un proceso dinámico de recuperación, en el cual la estabilidad se entiende como el mantenimiento de las relaciones que caracterizan al sistema.

Metzger y Robert (2013) señalan que el concepto de resiliencia ha demostrado ser prometedor para el abordaje de problemas sociales, ambientales y climáticos, especialmente en el contexto urbano. El término “ciudades resilientes” ha ganado popularidad, en muchos casos sustituyendo o complementando la noción de “ciudades sostenibles”. Originado en distintos campos, como la psicología y la ecología, el concepto de resiliencia también se ha aplicado en el ámbito económico y financiero. En líneas generales, representa la capacidad de un sistema complejo de adaptarse, absorber choques y perturbaciones, y mantener su estructura esencial, configurándose como una estrategia de gestión que fortalece el sistema y evita colapsos.

En el campo científico, al igual que el concepto de desarrollo sostenible, la resiliencia se ha utilizado para abordar cuestiones sociales y ambientales, sobre todo en el contexto urbano frente a los desafíos impuestos por el cambio climático. No obstante, el término no es universalmente aceptado y ha sido objeto de críticas que apuntan a la necesidad de distinguir su uso como retórica política, instrumento operativo o concepto científico.

Las ciudades son reconocidas tanto como focos de riesgos como fuentes potenciales de soluciones para estos desafíos. La resiliencia, en este sentido, busca asegurar la continuidad y permanencia de los sistemas urbanos sin alterar su estructura fundamental, con el propósito de enfrentar perturbaciones e incertidumbres. A pesar de su carácter optimista y propositivo, el enfoque de la resiliencia tiende a debilitar el debate político acerca de las causas estructurales de los riesgos, concentrándose predominantemente en la adaptación y en la ampliación de las capacidades de respuesta (Metzger; Robert, 2013).

La crítica a la estandarización de las políticas públicas y a la rigidez de la producción estatal evidencia la importancia de considerar la diversidad sociocultural y la resiliencia de las comunidades. El modo de vida amazónico constituye un ejemplo elocuente de la capacidad de adaptación e innovación de las poblaciones frente a desafíos ambientales y sociales. En este contexto, la resiliencia, cuya origen e incorporación tienen carácter multidisciplinario, ofrece una perspectiva analítica valiosa para interpretar los fenómenos observados en las ocupaciones informales, así como para enfrentar cuestiones relacionadas con el cambio climático a escala global. Al fomentar el diálogo entre distintos campos del conocimiento, el concepto de resiliencia se configura como una herramienta teórica y práctica prometedora en la construcción de futuros más sostenibles.

Se destaca, asimismo, la interrelación entre los conceptos de resiliencia y vulnerabilidad en el contexto social analizado, especialmente en comunidades de origen ribereño que ocupan, de manera análoga, áreas urbanas situadas cerca de cuerpos de agua. Esta configuración remite no solo a la vulnerabilidad física de dichas viviendas, sino también a las relaciones simbólicas y materiales establecidas entre las comunidades y el medio ambiente. La observación de las formas de ocupación y de la capacidad adaptativa de estas poblaciones permite desplazar el foco de los riesgos como consecuencias y dirigirlo hacia sus causas estructurales, como, en el caso amazónico, las recurrentes inundaciones. Tal inversión de lógica puede ser fundamental para el avance de los estudios sobre resiliencia urbana en la región.

Para Meerow et al. (2016), en su estudio de revisión sobre la resiliencia en sistemas urbanos, en el marco de la estructura de los sistemas socioecológicos (SES), la resiliencia se define comúnmente como la capacidad de un sistema para absorber perturbaciones y reorganizarse en medio de transformaciones, manteniendo, de manera esencial, sus funciones, estructura, identidad y mecanismos de retroalimentación. No obstante, esta concepción ha sido recientemente desafiada por enfoques que abogan por una perspectiva de no-equilibrio dinámico. Estos planteamientos sugieren que los sistemas están en un estado constante de transformación, sin un punto de estabilidad definido, lo que implica una redefinición de la resiliencia, ya no solo como “recuperación”, sino como una capacidad adaptativa continua frente a cambios complejos e imprevisibles.

Algunas definiciones de resiliencia evitan asumir una postura explícita respecto a la existencia de un estado de equilibrio, pero reconocen que las ciudades están en constante transformación y pueden no retornar a una configuración previa. La concepción de la resiliencia como una característica inherentemente positiva ha sido ampliamente difundida (Leichenko, 2011, p. 166 apud Meerow et al., 2016). Sin embargo, teóricos sociales han problematizado a quién sirve esa resiliencia y con qué fines se moviliza. Existe un riesgo real de que el concepto sea instrumentalizado de forma funcional al capital, legitimando lógicas de adaptación sin transformación estructural. Para Metzger y Robert (2013), las perturbaciones y crisis generadas por el desarrollo neoliberal tienden a naturalizarse bajo el discurso de la resiliencia, concebidas como propiedades inevitables de los sistemas complejos. Esta perspectiva desplaza el foco de la crítica social hacia un enfoque técnico y adaptativo, priorizando la capacidad de las sociedades para mitigar daños futuros en detrimento del análisis de las causas estructurales de los riesgos y de los procesos sociales que conducen a los desastres. En este sentido, la resiliencia puede distanciarse de las contribuciones críticas formuladas desde los estudios sobre vulnerabilidad.

Diversos estudiosos tratan la adaptabilidad como sinónimo de capacidad adaptativa o como la flexibilidad necesaria para afrontar riesgos inesperados. Aunque no se establece una distinción clara entre estos términos, se resalta la importancia de mantener tanto la resiliencia específica frente a amenazas conocidas como la resiliencia general ante incertidumbres. Con base en esta perspectiva, Meerow, Newell y Stults (2016) proponen una definición de resiliencia urbana que busca superar seis tensiones conceptuales: (1) resiliencia como resultado o proceso; (2) como recuperación o transformación; (3) tensiones de escala espacial y temporal; (4) resiliencia para quién; (5) cuestiones de agencia y gobernanza; y (6) desafíos de medición. A partir de estas dimensiones, los autores presentan un enfoque más amplio, que reconoce la resiliencia urbana como dinámica y multiforme, pudiendo manifestarse a través de la persistencia, la transición o la transformación, según las circunstancias y las respuestas del sistema urbano ante las perturbaciones.

Se establece, en este punto, un puente conceptual entre sostenibilidad, resiliencia y adaptación - o adaptabilidad -, articulado con el campo de los estudios sobre proyectos de vivienda social adecuada. Esta articulación busca promover el mantenimiento o la construcción de condiciones que garanticen una calidad de vida que vaya más allá del cumplimiento de requisitos mínimos, como el acceso a la vivienda y a los servicios básicos de saneamiento. Se trata de valorar aspectos relacionados con el modo de vida, el sentido de pertenencia y la dignidad en los procesos habitacionales. Investigadores provenientes de la región amazónica han contribuido de manera significativa al avance de este conocimiento (Guimarães; Perdigão, 2024; Sakatauskas; Feitosa, 2022). En este contexto, la oferta de vivienda adecuada en la Amazonía se presenta como esencial para consolidar un enfoque más sostenible, que priorice la dimensión humana de los asentamientos y de la arquitectura por encima de las lógicas de mercado y de la valorización del lucro (Perdigão, 2020).

La articulación entre sostenibilidad, resiliencia y adaptabilidad constituye una base conceptual esencial para repensar los modelos de producción habitacional en la Amazonía. La sostenibilidad, entendida no solo como equilibrio ambiental, sino también como equidad social y viabilidad económica a largo plazo, exige una visión integrada que contemple el territorio, la cultura local y las formas de vida tradicionales. En este contexto, la resiliencia surge como una dimensión complementaria y estratégica, al permitir comprender cómo comunidades históricamente vulnerables, como las ribereñas, responden y se reorganizan frente a adversidades recurrentes - sean ambientales, económicas o institucionales -. La adaptabilidad, por su parte, es la capacidad inherente de estos grupos para modificar prácticas, técnicas constructivas y formas de ocupación, de manera creativa y funcional, preservando su identidad sociocultural.

Esta tríada conceptual ofrece, por lo tanto, una lente potente para guiar proyectos de vivienda social que se alejen de la lógica universalizante y estandarizada, frecuentemente ajena a las particularidades del modo de habitar amazónico. La sostenibilidad establece los principios, la resiliencia revela las estrategias de permanencia frente a choques y tensiones, y la adaptabilidad señala los mecanismos cotidianos de transformación, acomodación e innovación. Así, al reconocer el valor de estas dinámicas e incorporarlas en la planificación urbana y arquitectónica, es posible construir soluciones que no solo mejoren las condiciones materiales de vida, sino que también fortalezcan los lazos simbólicos e identitarios entre las personas y sus territorios.

En el ámbito del urbanismo, la sostenibilidad se comprende como una vía prometedora para la formulación de enfoques más densos y contextualizados en el tratamiento de las edificaciones y de las comunidades tradicionales, especialmente en las regiones ribereñas de la Amazonía. Tales enfoques deben necesariamente considerar las necesidades, expectativas y modos de vida locales, exigiendo la construcción de un marco teórico-metodológico que incorpore variables físicas, espaciales, culturales y ambientales. En este sentido, bajo la matriz discursiva de la sostenibilidad, sobresale la concepción de la arquitectura como espacio productor de calidad de vida, en el que los aspectos simbólicos y de formación social del entorno construido asumen un papel central. Promover el sentimiento de identificación y pertenencia entre los residentes y sus espacios habitacionales se convierte, así, en un objetivo fundamental. La arquitectura vernácula es valorada como expresión cultural que contribuye no solo a la preservación de las tradiciones locales, sino también a la vitalidad espacial y al bienestar colectivo de las comunidades (Perdigão, 2020).

Para Araújo y Villa (2020, p. 143), la resiliencia en el entorno urbano se comprende como “[...] una cualidad del ambiente construido que amplía significativamente su capacidad de adaptarse y transformarse frente a los desafíos impuestos, ayudándole a ser más potente y a prueba de futuro [...]”. En este sentido, las autoras señalan que los conjuntos habitacionales, en general, presentan baja resiliencia, dado que sus entornos construidos poseen una capacidad limitada para absorber y responder a los impactos que enfrentan. También destacan la relación intrínseca entre los conceptos de resiliencia y adaptación, esta última vinculada a la noción de capacidad adaptativa, definida por Brooks (2003, p. 8) como “[...] la capacidad de un sistema para modificar o alterar sus características o comportamientos con el fin de afrontar tensiones reales o previstas [...]”. Así, según Araújo y Villa (2020), la adaptación se refiere a las acciones efectivamente implementadas para reducir la vulnerabilidad y ampliar la resiliencia, mientras que la capacidad adaptativa alude a la aptitud del sistema - o de la comunidad - para concebir y poner en práctica dichas acciones.

De esta manera, comprender la resiliencia en entornos urbanos implica reconocer que no se limita a la resistencia física de las edificaciones o a la capacidad técnica de respuesta ante eventos adversos; involucra, sobre todo, la habilidad de los sistemas sociales, espaciales y culturales para reorganizarse y transformarse frente a las incertidumbres. En el contexto de los conjuntos habitacionales, especialmente aquellos destinados a la población de bajos ingresos en la Amazonía, resulta evidente que la baja resiliencia no solo deriva de las fragilidades estructurales de las viviendas, sino también de la desconsideración de las prácticas culturales locales y de la ausencia de flexibilidad en los proyectos arquitectónicos para permitir transformaciones a lo largo del tiempo.

La capacidad adaptativa, en este sentido, adquiere relevancia como una dimensión estratégica que antecede y sustenta la resiliencia. Se manifiesta en la posibilidad de que los residentes ajusten sus espacios a sus necesidades cotidianas, en la incorporación de soluciones constructivas basadas en el conocimiento tradicional - como ocurre con las palafitas en zonas de várzea - y en la apropiación colectiva del espacio público como extensión de la vivienda. Así, la adaptación no es solo un mecanismo reactivo, sino un proceso creativo y continuo, que revela las formas en que las comunidades configuran su entorno en respuesta a presiones ambientales, económicas y sociales.

En el caso amazónico, el reconocimiento de las capacidades adaptativas locales puede contribuir de manera significativa al diseño de políticas públicas de vivienda más eficaces, que no solo reduzcan la vulnerabilidad, sino que también valoren y fortalezcan las estrategias ya existentes en las comunidades. Proyectos que integran la lógica de la resiliencia - no como sinónimo de retorno al estado anterior, sino como transición y transformación - ofrecen un mayor potencial para afrontar las dinámicas urbanas y los riesgos crecientes, como las inundaciones, el calor extremo y la precarización de los servicios urbanos.

Por lo tanto, la articulación entre resiliencia, adaptación y capacidad adaptativa debe incorporarse al campo del proyecto urbano y arquitectónico como un marco analítico y proyectual. Esto implica transitar de modelos estandarizados y rígidos hacia enfoques flexibles, sensibles al territorio y a la cultura, que permitan que el entorno construido funcione como soporte dinámico de la vida social, y no como un obstáculo para su reproducción y evolución.

El presente trabajo se propone utilizar la base conceptual articulada de la tríada resiliencia-estabilidad-adaptación como instrumento para estructurar un análisis de las relaciones espaciales y culturales que persisten a lo largo del tiempo y del espacio. Este enfoque busca aportar insumos teóricos y metodológicos para el desarrollo de proyectos de vivienda social más adecuados a las especificidades de la región amazónica.

Resultados y Análisis

En el contexto de esta investigación, y considerando las discusiones originales que se remontan a la década de 1970, el concepto de resiliencia se emplea como herramienta para comprender el fenómeno de resistencia de los elementos de las formas tradicionales de habitar amazónicas, que abarcan tanto el interior de las viviendas como sus relaciones exteriores, especialmente en lo que se refiere a las configuraciones topológicas ya ampliamente discutidas en diversas investigaciones realizadas en la región (Menezes; Perdigão, 2015; Menezes; Perdigão, 2021; Nascimento; Perdigão, 2021; Nascimento; Perdigão, 2023; Perdigão, Menezes; Paixão, 2022). En este sentido, se trata del análisis de un sistema habitacional profundamente impactado por intervenciones estatales en su entorno, pero que mantiene vínculos significativos con las formas originales de vida. Así, se torna fundamental investigar qué elementos permanecen y evaluar si estos forman parte, de hecho, del conjunto formativo de las relaciones espaciales características de la vivienda ribereña amazónica, particularmente en lo que respecta al tipo palafito.

El presente estudio se desarrolló mediante técnicas cualitativas, que incluyeron el análisis de la literatura disponible sobre la ocupación de la Amazonía, la política habitacional brasileña y los procesos adaptativos en la vivienda. Además, se realizó un análisis de la arquitectura del área de Riacho Doce a partir de la interpretación semiológica de fotografías (Bauer; Gaskell, 2002) correspondientes a dos momentos históricos de la ocupación, en comparación con la estructura de la vivienda típica ribereña. Complementariamente, el análisis del comportamiento y del uso del espacio se efectuó a partir de observaciones no participantes, en el marco de estudios preliminares vinculados a la investigación doctoral.

Perdigão (2016) destaca que la cultura amazónica enfrenta cambios derivados de fuerzas que desafían sus tradiciones y su modo de vida singular en la región. El modo de habitar en palafitos -tipología frecuentemente asociada a construcciones precarias- desempeña, sin embargo, un papel fundamental y se reproduce culturalmente en las zonas de várzea e igapó del norte de Brasil. En el contexto amazónico, esta asociación del palafito con la precariedad ha debilitado la región, influyendo negativamente en las políticas habitacionales, que a menudo resultan inadecuadas a la realidad local y desconsideran el contexto específico de estas construcciones. No obstante, aún hay mucho que comprender y aprender de esta práctica que persiste y resiste.

De manera general, en los conjuntos habitacionales ubicados en el norte del país, especialmente entre Pará y Amapá (Guimarães; Perdigão, 2022), se observa que los residentes muestran un interés constante en garantizar vistas hacia el exterior de las unidades habitacionales, particularmente en entornos colectivos. Sin embargo, también es frecuente el abandono de estas nuevas viviendas, con algunas personas optando por residir a lo largo de los cauces de los ríos o sobre los denominados “canales” urbanos (Costa; Perdigão; Cavalcante, 2015). En las áreas de vivienda informal, generalmente situadas en zonas inundables y sobre estos cursos de agua, los habitantes tienden a utilizar los espacios públicos como extensión de los espacios interiores de sus viviendas. Estas características son particularmente evidentes en las viviendas ribereñas y urbano-ribereñas, que reflejan el lenguaje, el simbolismo y los valores de las viviendas típicas de las ciudades ribereñas de la región. Las fotografías presentadas a continuación ilustran estas particularidades, sirviendo como referencia visual para el estudio.

En la Figura 01, se observan, de forma denotativa, algunos elementos característicos, tales como: casas elevadas sobre palafitos; presencia de balcones o verandas; cubierta a dos aguas; relación espacial con el entorno establecida “de arriba hacia abajo”, en función de la proximidad al río; uso del balcón frontal como área para el secado de ropa; viviendas con puerta y una o dos ventanas; elementos decorativos geométricos en las barandas; y acceso directo al espacio público representado por el río.

Se realizaron incursiones en el área de estudio en dos momentos distintos, en los años 2000 y 2023. Además, existe un registro histórico aéreo correspondiente al inicio de la ocupación, en 1990, que contribuye a la interpretación de las transformaciones espaciales ocurridas a lo largo del tiempo.

Figura 01
Viviendas ribereñas en zona rural y urbana de Belém y su entorno

En las imágenes que se presentan a continuación (Figura 02 ), se observa, de izquierda a derecha: una fotografía de la calle principal de Riacho Doce al inicio de la ocupación; una fotografía tomada a la altura del ojo humano de la misma calle, registrada en el año 2000; y, finalmente, una imagen capturada en el primer semestre de 2023 (abajo y a la derecha). La Figura 06 presenta una foto aérea del área estudiada, en la cual la extensión total de Riacho Doce está demarcada en gris, mientras que la Rua da Olaria, visible en algunas de las demás imágenes, se destaca con una línea naranja.

En la Figura 02, se observa, inicialmente, en la fotografía de la Rua Olaria fechada en 1990, la presencia de viviendas elevadas sobre pilotes, siendo aún perceptible el avance del río en la zona durante los periodos de crecida. Las cubiertas presentaban estructura de una sola vertiente, debido a la imposibilidad de direccionar las aguas hacia los laterales, y la densidad habitacional era elevada, especialmente en comparación con comunidades o viviendas ribereñas aisladas. En las imágenes de 2000, se aprecia el acceso directo de las casas a la calle, la presencia de balcones, puertas y ventanas, así como calles rellenadas con tierra.

Las imágenes permiten observar la configuración del trazado de la calle, la delimitación de las viviendas y la forma en que las construcciones “dialogan” con el espacio público. A lo largo de los años, esta área fue objeto de diversas intervenciones de políticas públicas, que inicialmente preveían la eliminación de la calle principal, lo que, afortunadamente, no ocurrió. En el entorno, se construyeron bloques de vivienda social producidos por el Estado (ubicados en el lado izquierdo, después de la franja de casas), mientras que, en el lado derecho, muchas viviendas fueron removidas, incluidas aquellas que avanzaban sobre el río Tucunduba, con el fin de viabilizar la urbanización de la vía marginal al río.

Figura 02
Imágenes históricas de la ocupación de Riacho Doce y vista aérea del lugar

En la Figura 03, con fotografías correspondientes al período entre los años 2000 y 2001, se observa la presencia constante y bien definida de formas de acceso directo a la calle, ya sea físico o visual, por medio de escaleras, portones, cercas bajas, balcones y ventanas. La mayoría de las casas, al igual que en las viviendas ribereñas originales, no posee muros ni barreras que impidan los accesos espaciales y visuales. Sin embargo, es recurrente la presencia de delimitaciones sutiles que estructuran la espacialidad en gradaciones que van de lo privado a lo público, definiendo usos, límites y relaciones espaciales. De forma connotativa, también están presentes elementos simbólicos y estéticos que identifican el origen y la identidad de los residentes; por ejemplo, los diseños de los balcones son característicos de las barandillas de las verandas de las casas ribereñas amazónicas. Asimismo, se observa el uso de este espacio de transición - que no es totalmente calle ni enteramente casa - para actividades domésticas, como el secado de ropa. Esta apropiación del espacio evidencia que no es completamente público, sino que cumple una función social común en las áreas de transición de las viviendas ribereñas a lo largo de los ríos.

Figura 03
Viviendas en la calle Olaria o en las calles transversales. Formas de acceso y visualización de la calle. Elementos intermedios entre la vivienda y la calle. Año 2000.

Destacan los elementos externos de las viviendas, como balcones, umbrales y accesos, así como las relaciones espaciales topológicas que articulan el interior y el exterior de las moradas. Se considera como “exterior” el espacio inmediatamente adyacente a la vivienda, que incluye la calle, las aceras y las áreas cercanas. En 2023 se observa la presencia de asfalto y la plantación de un ipé; el espacio disponible para la calle - o la distancia entre la fachada de la casa y el área de circulación peatonal - parece haberse reducido ligeramente. Sin embargo, las relaciones topológicas entre el interior y el exterior del habitar permanecen inalteradas.

En las imágenes siguientes (Figura 04) se verifica la persistencia de estos valores. Destaca una casa de madera de una sola planta, pintada de azul, acompañada de una pequeña acera y macetas que delimitan el espacio de transición. En la casa de mampostería, aparentemente existe una ruptura con la conexión tradicional de la vivienda ribereña, aunque todavía se observa una escalera exterior y una ventana que permite la vista hacia la calle. Finalmente, la casa de dos plantas de madera presenta un balcón con motivos ribereños y, nuevamente, la práctica de tender ropa como uso de este espacio de transición.

Figura 04
Casas en la calle de la Olaria o en calles transversales. Forma de accesos y visualización de la calle. Elementos intermedios entre la casa y la calle. Año 2000

En 2023, en la Rua da Olaria (Figura 05), se observa que el asfalto fue implementado en todas las vías, con la construcción de nuevas viviendas, mientras que algunas casas de madera desaparecieron, dando lugar a edificaciones de albañilería. Sin embargo, persisten los mismos conjuntos de ventanas y puertas, así como escaleras exteriores que permiten el acceso al piso superior - elementos antes característicos de las casas de madera, ahora sustituidos por estructuras de hormigón y ladrillo. También se registra el avance de balcones o terrazas que facilitan el contacto visual con el exterior. Muchas viviendas no presentan modificaciones significativas y aún conservan elementos geométricos típicos de los balcones ribereños. En general, las mismas relaciones espaciales parecen mantenerse a lo largo del tiempo.

Existe una aproximación entre los espacios de las viviendas ribereñas y de las ocupaciones informales urbanas en la región amazónica. En las viviendas situadas cerca de cursos de agua, se identifica un área intermedia denominada “franja espacial de la vivienda”, que representa un espacio de uso y cuidado compartido tanto en conjuntos habitacionales como en áreas de vivienda social informal. Esta franja constituye un lugar donde se desarrollan diversas actividades domésticas, insertas en un espacio de dominio público. Aunque próxima al ámbito doméstico, la franja espacial de la vivienda presenta dificultades de articulación proyectual, ya que se vincula más al espacio público urbano, pero con apropiación doméstica en contextos habitacionales, posibilitando múltiples usos en distintos momentos. Esta zona intermedia de la vivienda es característica de la arquitectura vernácula tanto del interior como de las ciudades amazónicas (Guimarães; Perdigão, 2022).

Figura 05
Casas en la Rua da Olaria o en las calles transversales. Formas de acceso y visualización de la calle. Elementos intermedios entre la vivienda y la calle.

A partir de los análisis realizados, se puede afirmar que, a lo largo de décadas, las características relacionales entre los espacios arquitectónicos y urbanos originales del asentamiento informal, originado en 1990, se mantienen y, además, se multiplican en nuevas construcciones. A pesar de la construcción de conjuntos habitacionales en el entorno, de la pavimentación de las calles y del surgimiento de nuevas edificaciones, persisten las mismas relaciones espaciales y formas constructivas. Esta constatación sugiere, aunque de manera preliminar, la existencia de una resistencia de estos elementos y una búsqueda de estabilidad en los modos de vida, lo que puede interpretarse como una manifestación de resiliencia espacial y cultural.

Los estudios realizados por el Laboratorio Espacio y Desarrollo Humano de la Universidad Federal de Pará (LEDH/UFPA) han promovido la identificación de elementos y relaciones espaciales fundamentales para sustentar proyectos que consideren la forma de vida de los ribereños amazónicos. Se identificó el tipo palafito (Menezes; Perdigão, 2015; Menezes; Perdigão, 2021), que reúne diversos elementos tipológicos útiles para comprender esta forma de habitar, los hábitos y, especialmente, las relaciones espaciales establecidas (Perdigão, 2016). Las relaciones identificadas en las imágenes analizadas son algunas de las que vienen siendo objeto de investigación. La principal contribución de estos estudios radica en la posibilidad de reducir la necesidad de adaptaciones espaciales por parte de los residentes que pasan a habitar lugares proyectados por arquitectos y producidos por el Estado, los cuales, en general, no revelan ni consideran los modos de vida locales en su concepción. En esta breve investigación, se observó cómo estos aspectos se han preservado a pesar de las transformaciones espaciales, configurándose, de hecho, como el principal factor de resiliencia urbana.

Desde el punto de vista constructivo, Montes (2018) destaca la importancia de la evaluación de proyectos en el sector de la vivienda de interés social, resaltando la necesidad de considerar no solo el contexto climático actual y los costos iniciales, sino también los impactos y beneficios a lo largo del ciclo de vida de las edificaciones. Este enfoque busca promover la reflexión sobre la integración de los conceptos de ciclo de vida, con especial atención a la cuestión energética y a los cambios climáticos en los proyectos de vivienda social. Además del aumento de la temperatura, los cambios climáticos se analizan desde la perspectiva de la resiliencia de las edificaciones de interés social. En este sentido, el modo de vida ribereño en la ciudad expresa esta forma de resiliencia en diversos aspectos, incluidos los materiales utilizados y la perspectiva del ciclo de vida de las construcciones.

King et al. (2017) proponen un enfoque para el análisis de opciones habitacionales que trasciende las divisiones tradicionales entre formal/informal y público/privado, contemplando una variedad de combinaciones de elementos relativos a la propiedad, el espacio, los servicios y la financiación. Los autores destacan la importancia fundamental de la vivienda para la seguridad, la productividad económica, la salud comunitaria y el bienestar humano. Entre las recomendaciones, subrayan la necesidad de comprender la modernización - entendida como la actualización de usos, tecnologías, reformas y mejoras proyectuales - de los asentamientos informales como una oportunidad, y no como un problema, enfatizando la búsqueda de soluciones cocreadas que incorporen el conocimiento y la visión de la comunidad local. Según King et al. (2017), las evidencias indican que la modernización in situ es preferible a la reubicación, salvo en casos de riesgos significativos o cuando exista un objetivo público que justifique y compense la transferencia. Tal perspectiva reconoce el valor especial de la urbanización de áreas ya ocupadas y consolidadas, basada en el conocimiento local existente, mediante la provisión de soporte técnico calificado, tanto en las unidades habitacionales como en los espacios colectivos y libres de edificaciones.

Conclusiones

La forma de resiliencia identificada en este estudio contrasta con la experiencia descrita por diversos autores en relación con los conjuntos habitacionales, los cuales, en general, se muestran poco resilientes frente a eventos externos y a la acción humana. Dichos conjuntos presentan rigidez espacial y baja capacidad de adaptación de manera adecuada y saludable. Por otro lado, aunque el área de vivienda informal analizada haya pasado por intervenciones formales a lo largo del tiempo, se observa un proceso de consolidación que preserva las relaciones espaciales originales, tanto en su dimensión directa (denotativa) como en su dimensión simbólica y relacional (connotativa o topológica). Estas relaciones espaciales culturales están profundamente ligadas a la cosmología amazónica, que orienta modos de vivir y habitar.

En la propuesta conceptual de Holling (1973), la estabilidad alcanzada por medio de la resiliencia requiere una investigación cuidadosa, especialmente en áreas habitacionales. Esto se debe a que determinadas configuraciones espaciales, aunque repetidas durante décadas o siglos, pueden representar tanto una condición indeseable para el bienestar humano - y, por ello, ser naturalizadas - como constituir elementos esenciales para la preservación de la unidad familiar, el bienestar colectivo y la relación con el territorio. La segunda hipótesis ha sido frecuentemente señalada por investigadores de la vivienda social en la Amazonía. Sin embargo, en el marco de este trabajo, no se contó con contacto directo con los residentes que permitiera validar las interpretaciones espaciales aquí presentadas, ni acceder a sus percepciones y significados atribuidos a dichas relaciones.

El objetivo de investigaciones de esta naturaleza, desarrolladas en el ámbito del Laboratorio Espacio y Desarrollo Humano (LEDH), es conocer y reconocer patrones de ocupación y relaciones espaciales con miras a su aplicación en proyectos arquitectónicos y urbanos. Se busca, así, garantizar que las poblaciones que habitan áreas marcadas por inconformidades ambientales, arquitectónicas o urbanas puedan recibir inversiones públicas que sean no solo necesarias, sino, sobre todo, adecuadas a sus modos de vida.

El conjunto de conceptos y técnicas de investigación adoptados en este estudio permitió identificar elementos significativos que persisten a lo largo del tiempo: aspectos resilientes del modo de vida de estas comunidades. Tales elementos están profundamente conectados con la identidad de los residentes, sus orígenes y la continuidad de sus prácticas cotidianas, incluso frente a las transformaciones en el espacio habitado.

Lejos de buscar respuestas definitivas, este texto tuvo como propósito observar las dinámicas adaptativas de los habitantes de ciudades amazónicas en relación con sus viviendas - muchas veces autoconstruidas y sin apoyo técnico - como una forma de mantener vínculos con sus modos de vida originales. A partir de estas observaciones, se pretende contribuir con una orientación teórica y práctica para la formulación de soluciones de vivienda social más adecuadas. Aunque estas reflexiones pueden dialogar con otros contextos geográficos, este estudio se concentra en la realidad amazónica, donde la adecuación habitacional exige considerar los modos de vida tradicionales y la compleja relación entre cultura, territorio y espacio construido.

En este sentido, se busca ofrecer insumos tanto para profesionales que actúan en la planificación y el diseño urbano como para el poder público, a través de la propuesta de directrices proyectuales sensibles a las prácticas culturales y espaciales locales. Estas directrices se basan en la observación de la resiliencia cultural y espacial de los habitantes, evidenciando cómo las formas de habitar se mantienen incluso ante adversidades e interferencias estatales. El potencial contenido en los modos de vida amazónicos señala caminos hacia una vivienda más sostenible y financieramente viable a largo plazo, menos dependiente de transformaciones estructurales y más eficiente en la resolución de problemas cotidianos, precisamente por estar alineada con la organización espacial y las capacidades adaptativas ya presentes en las comunidades.

Se destaca, por tanto, la importancia de la resiliencia de los modos de vida y de las formas de relación con el espacio como estrategias adaptativas frente a las interferencias externas. Aunque económicamente vulnerables y sometidos a frecuentes intervenciones estatales, los residentes continúan construyendo y reconstruyendo sus vidas basándose en valores que, aunque no siempre explícitos, estructuran sus prácticas cotidianas y su organización espacial.

El área de Riacho Doce ofrece una diversidad de elementos culturales, arquitectónicos y relacionales entre personas, espacio y naturaleza que son altamente relevantes para orientar a investigadores y proyectistas en la prevención de riesgos urbanos. A lo largo del tiempo -incluso con sucesivas transformaciones - las casas de Riacho Doce preservan vínculos estructurales y simbólicos con las viviendas ribereñas tradicionales. Lo que comúnmente se interpreta como vulnerabilidad puede, en realidad, entenderse como potencial. Las prácticas espaciales vernáculas revelan códigos de habitar transmitidos por generaciones, que enseñan cómo vivir en armonía con el territorio. Esta perspectiva exige un cambio de paradigma: la resiliencia, aquí, es también una forma activa de vulnerabilidad que permite la continuidad de la vida y apunta hacia una sostenibilidad verdaderamente enraizada en el contexto amazónico.

La arquitectura vernácula, en este contexto, expresa la capacidad de adaptación espacial basada en saberes locales. A diferencia de los discursos sobre resiliencia centrados en el control de riesgos y la normalización de los espacios, aquí la vulnerabilidad se convierte en una fuerza que sostiene la adaptación y la permanencia. Los valores esenciales de estas prácticas no se modifican sustancialmente con el tiempo; cambian las apariencias, los materiales, pero permanece la lógica relacional entre cuerpo, casa, calle y naturaleza.

La brecha se vuelve evidente: si los arquitectos son capaces de captar esta esencia y traducirla en operaciones proyectuales - incorporando las relaciones espaciales, topológicas y ambientales que estructuran el habitar amazónico -, las intervenciones públicas podrán ser más eficaces y sostenibles. Esto contribuirá a reducir transformaciones indeseadas en las edificaciones, fortalecer la calidad de vida de las comunidades y valorar los modos de vida locales. El verdadero camino hacia un urbanismo justo, sensible y duradero está en la fluidez de la vida vernácula de los amazónicos, que persiste, se adapta y ofrece lecciones fundamentales para pensar el futuro de las ciudades.

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Editado por

  • Editor Responsable
    Pedro Roberto Jacobi
  • Editor Asociado
    Luciana Ferrara

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    19 Dic 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    12 Set 2023
  • Acepto
    09 Jun 2025
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