Open-access Más allá de los desechos: un ensayo fotográfico en el basural a cielo abierto de Oberá, Misiones

Além dos resíduos: um ensaio fotográfico no aterro a céu aberto de Oberá, Misiones

Beyond junk: a photographic essay in the waste landfill of Oberá, Misiones

Resumen

Este ensayo fotográfico tiene como objetivo retratar formas de vida y resiliencia en el basural a cielo abierto de la ciudad de Oberá, Misiones, en diálogo con algunas ideas de Anna Tsing, Isabelle Stengers y Donna Haraway. Presento aquí imágenes que, desde el sentido común, parece improbable encontrar en medio de la basura y de los escombros. Sin embargo, nos permiten reflexionar acerca de las colaboraciones multiespecies y las posibilidades de supervivencia en un ambiente contaminado. Se trata, pues, de cultivar una forma de observar, atenta y sensible, y de transmitirla siguiendo lo que Haraway denomina “art-science activism”.

Palabras clave:
Antropoceno; residuos; fotografía; colaboraciones multiespecie

Resumo

Este ensaio fotográfico tem como objetivo retratar formas de vida e resiliência no aterro a céu aberto da cidade de Oberá, Misiones, em diálogo com algumas ideias de Anna Tsing, Isabelle Stengers e Donna Haraway. Apresento aqui imagens que, do senso comum, parece improvável encontrar em meio ao lixo e aos escombros. No entanto, nos permitem refletir sobre as colaborações multiespécies e as possibilidades de sobrevivência em um ambiente contaminado. Trata-se, portanto, de cultivar uma forma de observar, atenta e sensível, e de transmiti-la seguindo o que Haraway denomina “art-science activism”.

Palavras-chave:
Antropoceno; resíduos; fotografia; colaborações multiespécies

Abstract

The goal of this photographic essay is to portray forms of life and resilience in the waste landfill of the city of Oberá, Misiones, in a dialogue with some of Anna Tsing’s, Isabelle Stengers’ and Donna Haraway’s ideas. I present here images that, from a certain common sense, would appear improbable to find in the midst of trash and rubble, but that nevertheless allow us to reflect about multispecies collaborations and the possibilities of survival in a contaminated environment. This essay is about cultivating a way to observe, attentive and sensitive, and to transmit it following what Haraway calls “art-science activism”.

Key words:
Anthropocene; waste; photography; multispecies collaborations

“I find myself surrounded by patchiness, that is, a mosaic of
open-ended assemblages of entangled ways of life, with each further
opening into a mosaic of temporal rhythms and spatial arcs. I argue
that only an appreciation of current precarity as an earthwide condition
allows us to notice this-the situation of our world.”
Anna Lowenhaupt Tsing
( The Mushroom at the End of the World, 2015 )

Empezó la primavera en Misiones. Con las agradables temperaturas de las últimas semanas comenzaron a sacar brotes verde claro los árboles y a cantar desde temprano las aves. Observo a mi alrededor y veo flores fuchsia que forman un colchón mullido en el piso, cubriendo de a poco unos escombros. Más lejos otras flores, esta vez de color naranja y amarillo, sobre las cuales se posan mariposas y moscas. Entre los árboles que bordean el predio, Guayubiras, Fumo Bravo, Paraísos y Pimenteros entre otros, vuela una bandada de Anó chicos, unos pájaros negros cuyo pico característico, grueso y con la parte superior curvada, permite que se lo reconozca facilmente. Un poco más lejos, unos jotes, aves carroñeras de gran porte, observan el entorno desde lo alto de otro árbol al cual no llega el humo. De repente veo pasar frente a mí una pareja de Arasarí fajados, de la familia de los tucanes, de pico largo y plumaje rojo y amarillo contrastando con el dorso negro. Me quedo observándolos un rato hasta que siguen camino. Al darme vuelta advierto, a unos 20 metros de mí, un lagarto de gran tamaño tomando sol. Quiero sacarle una foto pero en cuanto percibe mi movimiento se escabulle, probablemente entre las Ortigas bravas. Es un día precioso de primavera, y este lugar casi podría parecer un pequeño jardín de Edén, si no fuera porque me encuentro en el basural a cielo abierto de Oberá.

Llegué por primera vez al basural en agosto del 2021 para hacer mi trabajo de campo, y desde entonces siempre que fui me sorprendió el inmenso contraste de este ambiente: por un lado un suelo contaminado por residuos de todo tipo, plásticos, vidrio roto, chatarra, incluso productos químicos tóxicos (restos de combustible y agroquímicos como el glifosato, por ejemplo), sumado al humo constante emanando de los montículos de basura; y, por otro, una asombrosa diversidad de plantas y animales que, junto con los recuperadores urbanos que trabajan en el predio del basural, encuentran allí condiciones posibles de subsistencia. Por más que resulte contra-intuitivo, este lugar en el cual se amontona el descarte de la sociedad de consumo no deja de ser un espacio de vida, humana y más-que humana1.

Esta convocatoria para pensar las “Utopías del reciclaje”, en un primer momento, me resultó un verdadero desafío. Me preguntaba qué clase de optimismo podía invocar cuando observaba este espacio transformado por décadas de amontonamiento de residuos. ¿Qué esperanza escondida pretendía encontrar en las historias de contaminación y exclusión social que me cuentan los trabajadores del basural? La tarea no era fácil. Para lograrlo, quizá lo que necesitaba era un cambio de punto de vista, ampliar el horizonte para incluir en mi mirada las formas de vida que sí logran prosperar a pesar del desastre ambiental y social que representa el basural. Este trabajo pretende ilustrar, mediante fotografías2, las posibilidades de la vida multiespecie en las ruinas capitalistas. No se trata de romantizar el basural, ni de idealizar las condiciones de trabajo de los recuperadores urbanos, sino de darse la oportunidad de observar de manera más completa y compleja este paisaje en el cual la devastación cohabita con la posibilidad. Para ello elegí invocar a tres pensadoras cuyas ideas me permitieron reflexionar más allá del desastre. Se trata de la antropóloga Anna Tsing, la filósofa Isabelle Stengers y la bióloga Donna Haraway, gracias a quienes pude empezar a considerar, si no una utopía, al menos un tipo de ciencia ficción colaborativa.

No se puede proteger lo que no se advierte

Retrato 1:
una abeja buscando su camino entre los restos de basura carbonizada

Estamos en un basural a cielo abierto, un espacio al cual década tras década se han traído los desechos de actividades humanas, el descarte y las sobras del sistema capitalista. Este lugar alguna vez fue solamente monte, una selva tupida y sana. Hoy en día el predio del basural aún está rodeado de árboles y vegetación. Es una particularidad de Misiones ser una provincia en la cual el verde avanza, se impone, se infiltra en cualquier recoveco en el que pueda nacer una semilla, crecer una planta, convertirse en capuera3. Por más que se trate de un lugar contaminado, hecho de plásticos carbonizados, hierros oxidados, humo y agua putrefacta, la vida encuentra aquí la forma de hacerse lugar, prosperar a pesar de las condiciones que, a primera vista, parecen hostiles. De eso se trata, ir más allá de la primera vista, no recostarse en un sentido común que preferiría quizá que las cosas fueran más claras: selva por un lado, contaminación por otro, en otras palabras, naturaleza por un lado, cultura por otro. Nada de esto aquí, donde todo se mezcla, se asocia, se condensa en una realidad compleja, hecha de relaciones multiespecie y equilibrios precarios.

Retrato 2:
un mullido colchón de petunias silvestres cubre de a poco un montículo de resíduos

El desafío se encuentra, pues, en predisponerse a observar y a poder sorprenderse, incluso maravillarse. El Antropoceno4, este período extraño e inquietante en el cual nos encontramos, puede resultar difícil de aprehender. Para Anna Tsing, nada mejor que intentar entenderlo en inmersión dentro de los paisajes que lo conforman. Esto se logra advirtiendo [noticing] las disposiciones superpuestas de humanos y no humanos, prestándole atención a las ruinas del capitalismo. Se trata de una tarea que pide cierta humildad, que nos arrodillemos para acercarnos al suelo, que levantemos la cabeza para observar la copa de los árboles, que ejercitemos la mirada para ver más allá (o más acá) de lo obvio, de la basura y la mugre, y así advertir las distintas formas de vida que permanecen allí, retazos de Holoceno5 que nos recuerdan que, quizá, todo no está perdido. No se puede proteger lo que no se advierte. En este tiempo de catástrofe planetaria y paisajes devastados, debemos conservar nuestra curiosidad y notar lo extraño y lo maravilloso, así como lo terrible y lo aterrador (Tsing, 2017).

Retrato 3:
unas diminutas hormigas llevan a cabo la tarea colectiva de recomponer un suelo contaminado

Sympoiesis: el arte de hacer-con

Una vez que nos ponemos a observar los mundos humanos y no-humanos que nos rodean, detectamos ensambles, temporalidades múltiples, un verdadero mosaico hecho de supervivencias colaborativas. De a poco nos vamos dando cuenta que los seres vivos no están simplemente en el entorno, sino que componen el entorno, transforman el paisaje y son transformados por él. Isabelle Stengers et al. (2019) proponen una reflexión ecológica en la cual se deja atrás el organismo individual para enfocarse en las interdependencias que fabrican tanto los cuerpos como los entornos. A esto lo llama, siguiendo a Donna Haraway (2016), “sympoiesis”, que significa hacer-con, y también hacer-gracias a, hacer-a pesar de. “Los vivos están todos activos, hacen; pero lo que hacen implica, presupone o crea relaciones unos con otros. Están implicados unos con otros. Y juntos, hacen mundos” (Stengers et al. 2019: 25).

Retrato 4:
unos jotes cobran vuelo desde lo alto de su árbol, por encima de residuos humeantes

En el basural observo formas de vida entrelazadas, posibilitadas unas por otras. Entre los árboles del predio reconozco Pimenteros y Fumo Bravo, dos especies que se denominan “pioneras”: crecen rápidamente, van mejorando la composición del suelo y aguantan tanto la exposición a un sol fuerte en verano como a las heladas en invierno. Ellas permiten que otras especies menos resistentes vayan repoblando el lugar progresivamente, generando condiciones más propicias. Estos árboles asimismo proyectan la sombra bajo la cual se cobijan los recuperadores urbanos en las horas de calor, creando un espacio donde encontrarse a charlar y organizarse. También sus copas sirven de refugio, pasajero o permanente, para una gran cantidad aves que, a su vez, colaboran con la diversidad de especies vegetales esparciendo desde los aires semillas traídas desde lejos. Las abejas, atraídas por los restos de alimentos, fruta y verdura que cada semana descartan los supermercados locales en el basural, participan de la reproducción de la vida polinizando las flores de los alrededores. No son las únicas. Se ven y oyen cantidades de insectos, muchas moscas como es de esperar entre medio de la basura, pero también mariposas coloridas y libélulas. Humanos y no-humanos están en constante interacción, recuperando y procesando lo que aún puede serlo, aprovechando el entorno de la mejor manera para lograr sobrevivir.

Retrato 5:
un gato se cobija a la sombra de unos palets, entre medio de vidrios rotos y desechos diversos

Como investigadoras, explorar estos paisajes no nos puede dejar indiferentes. Si sostenemos que existe una correspondencia entre los seres vivos y sus entornos, entonces estar presentes allí, observar atentamente y con todos nuestros sentidos, implica también dejarse afectar por lo que percibimos. Según Stengers et al., “los investigadores no traen simplemente resultados, hacen intervenir la manera en que lo que estudian los afecta, se comprometen en relaciones que no están solamente al servicio de un conocimiento a adquirir sino también de una sensibilidad a desarrollar o recuperar” (2019: 31). En este sentido, podemos formular preguntas e hipótesis, esbozar definiciones, reflexionar acerca de lo que nos rodea, pero es imprescindible aprender a conectar con el entorno y los seres que lo habitan, entrar en una relación, ya no de sujeción, sino de verdadera colaboración. No estamos “por fuera” de lo que observamos, una naturaleza abstracta que se trataría de descifrar. Al contrario, nos encontramos inmersas en esas relaciones, historias entrelazadas en distintas escalas, composiciones que se necesitan mutuamente en la red sympoiética de la vida. Y si queremos producir conocimiento que sirva, que sea verdaderamente útil para afrontar los desafíos actuales, es imprescindible empezar a hacer-con, a pensar-con.

Retrato 6:
una mariposa se posa sobre una flor de lantana, un especie muy adaptable y que produce una gran cantidad de néctar

Contar historias de ciencia ficción

¿Cómo dar cuenta de estos paisajes en ruinas en los cuales, a pesar de las condiciones hostiles, la vida encuentra intersticios en donde florecer? Vivimos una época de noticieros catastróficos y titulares aterradores. Sin embargo, a pesar del desastre, aún quedan historias que vale la pena contar. En estos parches del Antropoceno6, encuentros inesperados son dignos de ser retratados, en un intento de hacer lo que Donna Haraway (2017) llama “art-science activism”: un compromiso con una recuperación parcial, una rehabilitación modesta, una práctica sympoiética para (sobre)vivir en este planeta dañado. En este ensayo elegí la fotografía como forma de visibilizar lo que, a primera vista y desde el sentido común, no se espera encontrar en un basural a cielo abierto, una fuerza natural improbable, resiliencia a pesar de la destrucción capitalista. Entiendo el art-science activism como una forma de militancia en la cual procuro transmitir aquello que observo y con lo que me relaciono en el basural, generando así un conocimiento sensible que pueda nutrir una reflexión-acción.

Tríptico 1:
“Milpa”7 del Antropoceno. Unas plantas de maíz, de poroto y de zapallo crecen a pocos metros unas de otras.

Sin duda estas imágenes no son un material suficiente para pretender contar “utopías del reciclaje”. Por más sorprendentes y maravillosas que sean las manifestaciones de vida en este lugar contaminado, cuesta pensar que estos escenarios sean deseables. Por eso prefiero la idea, compartida por Stengers et al. (2019) y Haraway (2016), de ciencia ficción. La ciencia ficción ejercita nuestra capacidad de imaginar otros posibles, en los cuales lo que nos parece evidente podría llegar a ser distinto. La ciencia ficción es especulativa, precaria, es un camino en donde se entrelazan pasados, presentes y futuros por venir. La ciencia ficción nos permite pensar historias de cooperaciones multiespecie, supervivencias colaborativas, mundos más-que-humanos. Como en un compost, en donde se deshacen las identidades individuales para dar lugar a nuevas composiciones, metamorfosis mutuas que se vuelven tierra fértil, un sustrato rico para la reflexión.

Retrato 7:
un perro olfatea entre la basura carbonizada en busca de comida

Del otro lado del caos

Este ensayo nació como respuesta a la propuesta de pensar “utopías del reciclaje”. Las fotografías que presenté aquí se combinan con reflexiones de Tsing, Stengers y Haraway para crear un ritmo, que se quiere un ida y vuelta entre el paisaje del basural y la discusión académica. He decidido nombrar mis fotografías “retratos”, adrede. En las bellas artes, el retrato es una representación plástica de una persona. Por lo tanto según esta definición mis fotografías serían consideradas como paisajes, animalística o quizá naturaleza muerta. Llamarlas “retrato” es una forma de darles un estatuto ontológico equivalente, como parte de una reflexión militante acerca de nuestra forma de representar la vida que nos rodea. Usé las imágenes para presentar la esencia de mi argumentación, no como piezas para analizar.

Retrato 8:
un grupo de recuperadores urbanos carga un pesado fardo de papeles y cartones sobre la camioneta

El texto tiene tres tiempos. En primer lugar, se trata de advertir: queda vida en los escombros, a pesar de la contaminación existen formas de supervivencia en equilibrio precario. Si queremos preservarlas es imprescindible darnos cuenta que están allí. En segundo lugar, notar que estas supervivencias son colaborativas, hechas de relaciones multiespecie, sympoiéticas, de las cuales también somos parte. Los vivos hacen mundos, unos con otros. Esto me lleva al tercer punto, el de encontrar la forma de dar cuenta de todo aquello, ya que mientras haya vida habrá historias que contar. Allí es donde interviene la ciencia ficción, una herramienta para pensar otros posibles.

Retrato 9:
un recuperador urbano cocinando para un almuerzo grupal en el basural

El basural a cielo abierto es un lugar desde el cual ejercitar la imaginación. En los márgenes, en este espacio donde mi sentido común esperaba hallar puro caos, encontré semillas creciendo, aves cantando, mariposas volando. En los escombros capitalistas encontré organización social, solidaridad, ayuda mutua. A veces, los recuperadores urbanos del basural recogen un zapallo maduro para añadir a su almuerzo. Llevan a sus gallinas a picotear por ahí en los restos de alimentos que descartan los supermercados. Se juntan a la sombra de un árbol a descansar un rato y compartir un mate. Estamos lejos de la utopía, pero tenemos materiales con los que trabajar.

“Naturaleza viva”
1: el almuerzo compartido se sirve sobre una tabla de madera encontrada en el basural, con mantel de cartón y ruedas en desuso como asiento

Bibliografía

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  • CINTO, Juan Pablo; MARINO, Gustavo Daniel. 2021. Guía para restaurar a pequeña escala la selva misionera: una contribución a los Objetivos de la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030 Restauración y desarrollo sostenible Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Aves Argentinas Aop.
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  • MOORE, Jason W. 2017. “The Capitalocene, Part I: On the nature and origins of our ecological crisis”. The Journal of Peasant Studies, 44(3): 594-630.https://doi.org/10.1080/03066150.2016.1235036
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  • STENGERS, Isabelle, SCHAFFNER, Martin; HACHE, Émilie. 2019. Résister au désastre: Dialogue avec Marin Schaffner Petite bibliothèque d’écologie populaire 2. Marseille: Wildproject.
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    » https://doi.org/10.1086/703391

Notas

  • 1
    El filósofo ecologista David Abram (1996) fue quién acuñó el término “más-que-humano” [more-than-human], que hace referencia a los mundos de los distintos seres que habitan la Tierra, incluyendo y traspasando las sociedades humanas.
  • 2
    Esta idea fue inspirada por el ensayo visual de Lucas Rodrigues, que se puede encontrar bajo el siguiente link: https://www.residualab.uerj.br/favela-mais-que-humana-animais-favelados-e-as-paisagens-multiespecies-ensaio-visual/ . Todas las fotografías que aparecen en el presente ensayo son propias.
  • 3
    En las zonas rurales de Misiones se denomina capuera a las malezas, especialmente las que crecen en espacios abandonados pero que anteriormente fueron productivos. La capuera, por lo general, se compone de especies cicatrizantes y pioneras, como la chirca, la cola de zorro, el fumo bravo, el pimentero o la ortiga brava (Cinto y Marino, 2021). Sobre la percepción de la capuera en la ruralidad misionera, ver Ferrero (2009).
  • 4
    El Antropoceno es una propuesta para delimitar un nuevo período geológico basándose en los cambios estratigráficos producidos por la acción humana. El incremento en la atmósfera de los gases de efecto invernadero, el uso del nitrógeno sintético en la agricultura convencional, la pérdida de biodiversidad y la omnipresencia de residuos son algunos ejemplos de estos cambios. Sobre el concepto de Antropoceno y algunas de sus variaciones, ver Crutzen y Stroemer (2013); Moore (2017), Moore y Molinero Gerbeau (2021); y Haraway (2015, 2016).
  • 5
    Se denomina “Holoceno” la época geológica de aumento de las temperaturas a nivel global que empezó luego de la última glaciación, hace aproximadamente unos 11000 años.
  • 6
    Tsing, Mathews y Bubandt proponen el término “Antropoceno parchado” como herramienta de análisis para dar cuenta de “las condiciones desiguales de habitabilidad más-que-humana en paisajes cada vez más dominados por formas industriales” (Tsing et al. 2019: 186).
  • 7
    La milpa es un agro-ecosistema tradicional de varios pueblos indígenas de América, en el cual se asocia el cultivo de maíz, del zapallo y de poroto (aunque pueden agregársele otros). El zapallo es una planta rastrera, cubre rápidamente el suelo, formando un acolchado que ayuda a mantener la humedad. El poroto aprovecha el estrato alto del maíz para treparse. A su vez, al ser una leguminosa, fija nitrógeno en el suelo y nutre a las otras dos plantas. Este consorcio es un ejemplo perfecto de colaboración entre especies, que sorprendentemente también se encuentran creciendo en el basural.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    20 Ene 2025
  • Fecha del número
    2024

Histórico

  • Recibido
    28 Nov 2022
  • Acepto
    14 Jun 2023
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