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Open-access Marilda Iamamoto: Algunos de sus aportes a la perspectiva crítica del trabajo social contemporáneo

Marilda Iamamoto: Some of her contributions to the critical perspective on contemporary social work

Resumen:

Este trabajo tiene como objetivo identificar algunos de los aportes de Marilda Iamamoto a la perspectiva crítica del trabajo social. Ha sido desarrollado desde una perspectiva hermenéutica crítica, basado en el análisis del libro El servicio social en la contemporaneidad, articulado con otros dos libros en español, como son Servicio Social y la división del trabajo, y Trabajo Social en tiempo de capital fetiche. Ante las contradicciones generadas por el modo de producción capitalista, el desafío es ético y político.

Palabras clave:
Marilda Iamamoto; Trabajo social crítico; Pensamiento latinoamericano; Capitalismo monopólico

Abstract:

This article seeks to explore the contributions of Marilda Iamamoto to the critical approach in social work. It is based on a critical hermeneutic perspective, focusing on the analysis of the book El Servicio Social en la contemporaneidad [Social Work in Contemporaneity], alongside two other books in Spanish: Servicio Social y la división del trabajo [Social Work and the Division of Labor] and Trabajo Social en tiempo de capital fetiche [Social Work in Times of Fetish Capital]. In the face of the contradictions generated by the capitalist mode of production, the challenge is both ethical and political.

Keywords:
Marilda Iamamoto; Critical social work; Latin American thought; Monopoly capitalism

I. Introducción

En el presente artículo se aborda un análisis muy preliminar del pensamiento y de los aportes de Marilda Iamamoto al trabajo social contemporáneo, destacando su posicionamiento teórico e ideopolítico en el campo de las perspectivas críticas, con absoluta claridad de su interpretación marxista respecto a los fundamentos históricos y la funcionalidad de la profesión. Si bien en la obra de Iamamoto y en la tradición brasileña se utiliza el concepto de servicio social, como resultado de un profundo debate histórico y teórico desarrollado en Brasil, en el caso de Chile, y principalmente desde la promulgación de la Ley 20.054 en 2005, que restableció el estatus universitario de la profesión, se emplea de manera genérica el término trabajo social, sin necesariamente mediar un análisis y debate epistémico-político. Por lo tanto, en este artículo, al hacer referencia textual o parafrasear, ya sea a la autora o a la literatura brasileña, emplearemos el término servicio social, mientras que, al referirnos al caso de Chile, utilizaremos el término trabajo social. Dado que no es materia de este artículo, no entraremos en el análisis y debate en torno a las dimensiones histórica, teórica y política que subyacen en uno u otro concepto, puesto que, a nuestro juicio, en el caso de Chile, este debate no se ha dado con la debida y necesaria profundidad que merece.

Dicho lo anterior, a partir de los elementos epistémicos y políticos que desarrolla la autora, nutridos además de aportes y lecturas de quienes tributan a esta misma línea de pensamiento, buscamos identificar y comprender las determinaciones, características y funcionalidad del Trabajo Social contemporáneo en el marco de las relaciones sociales de producción capitalista monopólica (Netto, 2002). Esto nos lleva, por lo tanto, a analizar la dimensión política e histórica del Trabajo Social, y en particular las posibilidades de posicionar la perspectiva crítica, como base de un proyecto ético-político disciplinario (Iamamoto, 1992, 2022; Guerra, 2007; Guerra, Alves, y Martins, 2022; Siqueira da Silva, 2021, 2023; Vivero Arriagada, 2022).

En términos metodológicos, este trabajo es el resultado de un proceso investigativo de carácter hermenéutico-crítico, desde el cual se entiende que ambos momentos son necesarios, pues “las condiciones históricas materiales y la hermenéutica incluyen un momento crítico al desenmascarar la pretensión de neutralidad o superioridad de la teoría con relación a su contexto y pasado históricos” (Kaulino, 2007, p. 67). En consecuencia, el análisis parte del supuesto de que las interpretaciones hermenéuticas están determinadas por condiciones históricas concretas (Iamamoto, 1992, 2003, 2022; Kaulino, 2007; Lythgoe, 2021; Marx, 2003).

Dada la magnitud del trabajo de Iamamoto, para los análisis desarrollados en este artículo, se privilegió el texto El servicio social en la contemporaneidad: trabajo y formación profesional (2003), por ser uno de los más utilizados en la bibliografía del Trabajo Social crítico latinoamericano. Sin perjuicio de centrarnos particularmente en la obra mencionada más arriba, y para apoyar las reflexiones que a partir de ello se generan, también se han considerado otros textos de la autora, como son Servicio Social y división del trabajo (1992), y trabajo social en tiempo de capital fetiche: capital financiero, trabajo y cuestión social (2022). De igual forma, los análisis se complementan y articulan con aportes de autoras/es que se ubican principalmente en la perspectiva del trabajo social crítico latinoamericano.

De la revisión documental y su respectivo análisis se generan tres categorías, de las cuales se realiza un análisis de contenido, entendiendo este proceso como “la representación condensada de la información para el almacenamiento y consulta; pues el análisis de contenido es el tratamiento de mensajes (contenido y expresión de este contenido) para actualizar indicadores que permitan inferir de una realidad otra diferente al mensaje” (Bardin, 2002, p. 35). Podemos agregar, de igual manera, que “el análisis de contenido es una técnica de investigación destinada a formular, a partir de ciertos datos, inferencias reproducibles y válidas que puedan aplicarse a su contexto” (Krippendorff, 1990, p. 28).

En cuanto a la finalidad teleológica propuesta en este trabajo, resulta relevante problematizar las implicaciones teóricas y políticas de la perspectiva crítica en la formación y el ejercicio disciplinario. Eso demanda considerar las condiciones sociohistóricas, tanto materiales como subjetivas, generadas por la profundización del capitalismo monopólico, que operan de manera dialéctica en la superestructura y la estructura. Tal perspectiva se materializa en las definiciones teóricas del proceso formativo, que constituyen las bases que nutren los relatos disciplinarios y la visión de mundo que estos reproducen en su quehacer concreto, tanto en los espacios institucionales como en su relación con los sujetos que viven cotidianamente la exclusión y la desigualdad estructural (Iamamoto, 1992, 2003, 2022; Guerra, 2007; Netto 2002; Siqueira da Silva, 2021, 2023; Vivero Arriagada, 2016, 2019, 2020, 2023). Esto nos obliga a explicitar la preocupación respecto al uso instrumental-discursivo de categorías críticas en el campo del trabajo social, tanto en los espacios de formación como en la intervención.

Por último, este trabajo pretende contribuir a la instalación de una reflexión en torno a la importancia de la perspectiva crítica en el trabajo social, especialmente respecto al campo de formación e intervención, tanto en el aparato público como en el privado. Consideramos que la irrupción del neoliberalismo, en su expresión globalizadora y con el avance constante de los capitales financieros internacionales, pone al Estado y sus políticas públicas y sociales al servicio del modelo. Por ende, la esencia capitalista es subsumida por la universalidad en el proceso de formación, dominada por la racionalidad de las leyes del mercado capitalista (Guerra, 2007). En esto, los aportes de Iamamoto (1992, 2003, 2022), y en general de la perspectiva crítica, no solo contribuyen a la reflexión desnaturalizadora, sino que también evitan caer en miradas contemporáneas mesiánicas deshistorizadas, que crean la falsa ilusión de la transformación con la simple acción de profesionales prácticos.

II. El trabajo social en la sociedad actual. Un análisis a partir de la obra de Iamamoto

Tomamos como referencia lo que desarrolla la autora. En este sencillo trabajo, hacemos un esfuerzo por ofrecer un análisis y discusión, asumiendo que “la profesión [es] históricamente situada, configurada como un tipo de especialización del trabajo colectivo dentro de la división social del trabajo peculiar de la sociedad industrial” (Iamamoto, 1992, p. 85). La autora agrega, además, que, “bajo el amparo del capital financiero, el nuevo rostro de la internacionalización de la economía -la globalización- […] redimensiona la división internacional del trabajo, en un contexto de crisis de larga duración tal que, desde la década de 1970, viene golpeando la expansión capitalista” (Iamamoto, 2003, p. 21). Y, por supuesto, esta última tiene sus expresiones materiales y subjetivas en el desarrollo, avances y rupturas en el campo del trabajo social. Por lo tanto, no se puede pasar por alto al analizar las condiciones en las que se desarrolla la formación profesional y las consecuencias de la hegemonía del capitalismo en la realidad histórica latinoamericana, así como en los sujetos que la reproducen bajo tales condiciones materiales.

En consecuencia, lo que presentamos en este trabajo es el producto de un análisis preliminar -que no se agota en este manuscrito- de tres de los principales libros de Marilda Iamamoto publicados en español. A partir de este análisis, proponemos tres macrocategorías, que son: 1) Trabajo y formación en el Servicio Social; 2) La profesión en la división social y técnica del trabajo; y 3) Definiciones teóricas e ideológicas. Estas categorías se centran mayormente en el libro El servicio social en la contemporaneidad: trabajo y formación profesional (2003), pero siempre en diálogo con los otros textos. Cabe señalar, además, que de las categorías mencionadas anteriormente se derivan otras subcategorías, de las cuales, en este artículo, abordaremos solo una de cada macrocategoría mencionada previamente. Estas subcategorías se desarrollarán en las siguientes líneas, siguiendo el mismo orden desde el cual se desprenden.

2.1. Trabajo y formación en el Servicio Social: formación teórico-metodológica

De la lectura del texto de Iamamoto, hemos generado una categoría que hace un aporte importante en relación con la discusión sobre el concepto mismo de trabajo y su vinculación a la formación en trabajo social. De esta primera categoría se desprende la subcategoría que hemos conceptualizado como formación teórico-metodológica. Consideramos que, como disciplina, con un siglo de trayectoria en América Latina, es fundamental retomar la discusión que surgió en el contexto de la reconceptualización realizada en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado (Vivero Arriagada, 2016, 2019, 2020). En esta misma línea, es crucial reforzar la discusión y reflexión a la luz de los aportes de Iamamoto (1992, 2003, 2022).

Articulando lo anterior con lo desarrollado por Guerra, puede sostenerse que,

para los profesionales que entienden la práctica como el fundamento de determinación de sus acciones, las teorías no son más que construcciones abstractas, ya que se sitúan secundariamente frente a la práctica, cabiendo a ésta, en última instancia, ofrecer indicativos sobre los instrumentos operativos capaces de posibilitar una acción efectiva en las situaciones concretas (Guerra, 2007, p. 26).

Consideramos, además, que

La profesión tiene mucho que aportar a este respecto en los espacios sociales en que la clase trabajadora está presente: en las diferentes instituciones que se ocupan de la gestión de la pobreza, en el ámbito de la asistencia social (a nivel federal, estatal y municipal) y en el sistema público de atención a los derechos, incluso considerando la brutal fragmentación del mercado laboral actual y la precariedad en contratación de la fuerza laboral de trabajadores sociales. Los segmentos organizados y progresistas de los Servicios Sociales no pueden ignorar esta imposición de la realidad en el proceso de análisis de la realidad y en la formulación de alternativas profesionales (Siqueira da Silva, 2021, p. 17).

Entonces, en función de lo anterior, reducir o condicionar la formación al ejercicio de la profesión estrictamente al ámbito institucional, especialmente en su sentido técnico-instrumental y pragmático, nos parece una cuestión que debe considerarse y problematizarse de manera crítica. De ahí la importancia de la formación teórico-metodológica en el Servicio Social, basada en un análisis histórico-crítico de la realidad, que permita reforzar y orientar las habilidades prácticas, capacitando a los profesionales para abordar los problemas sociales concretos, así como sus determinaciones y mediaciones históricas. Por lo tanto, la formación y el arsenal teórico no son simplemente una acumulación de saberes tecnocientíficos, explicativos de la realidad histórica, o formas procedimentales para un determinado quehacer, sino que “las explicaciones obtenidas también influencian los movimientos de la sociedad, en la medida que la teoría se transforme en fuerza real al ser incorporada por los sujetos en sus acciones, en especial aquellos que protagonizan la historia de los(as) trabajadores(as)” (Iamamoto, 2022, p. 522).

Pero, además, reconocer constantemente la relación entre el contexto y sus condiciones sociohistóricas, para Iamamoto resulta fundamental que:

La articulación entre conocimiento e historia es indisociable en su perspectiva teórico-metodológica, presidida por el punto de vista de la totalidad: no de la totalidad de la razón autonomizada, sino de las clases sociales, de la producción social en sus múltiples relaciones y determinaciones (Iamamoto, 2003, p. 204).

Esto, por supuesto, no puede ser mirado por fuera del movimiento de la historia, considerando que estas nuevas condiciones “metamorfosean la cuestión social inherente al proceso de acumulación capitalista, cargándola de nuevas determinaciones y relaciones históricamente producidas, e imponen el desafío de dilucidar su significado social presente” (Iamamoto, 2022, p. 126).

Asimismo, cabe señalar que Iamamoto considera necesario tener en cuenta que

La reflexión teórica sobre el Servicio Social en el movimiento de reproducción de la sociedad no se identifica con la defensa de la tesis unilateral que tiende a acentuar, apriorísticamente, el carácter “conservador” de la profesión como esfuerzo y apoyo al poder vigente. No significa tampoco asumir la tesis opuesta, ampliamente divulgada en el Movimiento de Reconceptualización, que sostiene, a nivel de principio, la dimensión necesariamente “transformadora o revolucionaria” de la actividad profesional. Ambas posiciones acentúan, apenas y de modo exclusivo, un polo del movimiento contradictorio de lo concreto, siendo en ese sentido unilaterales (Iamamoto, 1992, p. 88).

De ahí que lo referido a lo teórico-metodológico, implementado en los procesos de formación profesional, se base en la ilusión de que, con tales herramientas, basta para llevar adelante procesos transformadores. Esto oculta o minimiza en este relato la reflexión teórica sobre las condiciones estructurales que permiten explicar las expresiones concretas de desigualdad, ya no como casos aislados, sino como consecuencia de las condiciones derivadas de las dinámicas propias de las relaciones sociales de producción capitalista vigentes en la sociedad, en condiciones históricas determinadas.

De este modo, en la misma línea que plantea la autora, entendemos que el proceso formativo en trabajo social está determinado por las condiciones estructurales del capitalismo monopólico (Netto, 2002). Por lo tanto, es necesario provocar una ruptura, o al menos un desplazamiento teórico-político, que apunte a responder a “un proyecto de formación profesional que apueste en las luchas sociales, en las capacidades de los agentes históricos de construir nuevos patrones de sociabilidad para la vida social” (Iamamoto, 2003, p. 213). Esto significa dos consideraciones: en primer lugar, la relevancia de contraponer el trabajo social a los intereses del modelo capitalista, lo que Iamamoto define como la capacidad de “dirigir la formación profesional hacia la creación de un perfil profesional dotado de una capacidad teórico-crítica” (Iamamoto, 2003, p. 201). En segundo lugar, impulsar procesos de reconocimiento de estos mismos sectores, es decir, “formar profesionales que, no apenas confirmen su necesidad, sino que sean capaces de responder crítica y creativamente a los desafíos puestos por la realidad” (Iamamoto, 2003, p. 187). De este modo, “el dominio teórico-metodológico sólo se completa y se actualiza cuando se encuentra alimentado por la historia, por la investigación rigurosa de las condiciones y relaciones sociales particulares en que se vive” (Iamamoto, 2003, p. 71).

La autora destaca, dentro del proceso de formación teórico-metodológico, tres “núcleos temáticos: 1) el núcleo de los fundamentos teórico-metodológicos de la vida social, 2) el núcleo de los fundamentos de la particularidad de la formación sociohistórica de nuestra sociedad y, 3) el núcleo de fundamentos del trabajo social” (Iamamoto, 2003, p. 91; cursiva de la autora). Se trata, entonces, de evidenciar la relevancia del contenido curricular, vinculando el plan de estudios con la realidad social y los desafíos actuales del trabajo social, para anticipar problemáticas y propuestas sobre la cuestión social (Iamamoto, 2003).

Cabe considerar que una tensión latente en el campo disciplinario, aunque no siempre visibilizada ni abordada en los espacios académicos y de ejercicio profesional, son “los intereses del capital y la educación, como estrategia en la construcción de los sujetos que van a disputar un mercado laboral escaso, precario, e inestable, adaptándose a él con resiliencia y complacencia” (Guerra, Alves y Martins, 2022, p. 150). En consecuencia, se abre otro aspecto de análisis, o de contradicción, que sería la relación formación-mercado, una relación que tiene como último fin “formar individuos aptos para la competencia del mercado” (Ponce, 1972, p. 140). Ello tiene un fundamento político e ideológico, que, parafraseando a Ponce (1972), evidencia una educación cuyo objetivo es influenciar directamente el pensamiento y la conducta de la profesión.

2.2. La profesión en la división social y técnica del trabajo: la función técnico-operativa

De la segunda categoría, que hemos denominado “la profesión en la división social y técnica del trabajo”, se ha considerado presentar en este artículo la subcategoría “función técnico-operativa”. En esta descripción nos referimos a la aplicación de los conocimientos teóricos y metodológicos del trabajo social en la intervención directa con las personas, familias, grupos y comunidades. Esta función implica el diseño, implementación y evaluación de planes, programas y proyectos sociales que buscan mejorar las condiciones de vida de los sectores subalternos.

Esta función técnico-operativa que cumple la profesión no es algo que se dé en el vacío, sino que debe ser entendida como una práctica institucionalizada y legitimada en la sociedad (Iamamoto, 1992, 2003, 2022). En este espacio de actuación, busca dar respuesta a “las necesidades sociales derivadas de la práctica histórica de las clases sociales en la producción y reproducción de los medios de vida y de trabajo de forma socialmente determinada” (Iamamoto, 1992, p. 48-49). En este mismo sentido, no se puede ignorar el hecho de que el trabajo social “es una profesión cuya génesis está ligada al orden monopólico del capital y está formada por una gama extremadamente heterogénea de orientaciones teórico-prácticas dentro de ella, no todas vinculadas a la defensa efectiva de la vida de las diversas fracciones de la clase obrera actual” (Siqueira da Silva, 2021, p. 16).

La función técnico-operativa se enfoca en la aplicación práctica de los conocimientos teóricos y metodológicos para intervenir directamente en las problemáticas sociales. Iamamoto enfatiza la importancia de reconocer la relevancia de la práctica en el trabajo social, ya que es a través de ella que se desarrollan los conocimientos teóricos adquiridos en la formación. Sin embargo, sucede que:

Cuando se piensa la práctica profesional, existe una tendencia a conectarla directamente a la práctica de la sociedad. Algunos califican la práctica del servicio social como “praxis social”, a pesar de que esta se refiera a la práctica social, o sea, al conjunto de la sociedad en su movimiento y contradicciones (Iamamoto, 2003, p. 78).

Acá encontramos un elemento trascendental en el análisis sobre el ejercicio profesional y su práctica, pues Iamamoto identifica la acción del trabajo social en una praxis crítica. Esto significa que trabajadoras y trabajadores sociales no deben limitarse a aplicar técnicas y métodos, sino que también deben reflexionar sobre las estructuras sociales, las relaciones de poder y las injusticias que subyacen en las problemáticas sociales. La praxis implica una comprensión profunda de la realidad social y un compromiso activo para transformarla. Para tanto, podríamos entender la praxis como una “[...] crítica radical que, respondiendo a necesidades radicales, humanas, pasa del plano teórico al práctico” (Sánchez Vázquez, 2003, p. 137). En el mismo sentido, como lo plantea Gramsci:

De hecho, por este su carácter tendencial de filosofía de masas, la filosofía de la praxis no puede concebirse más que de forma polémica, como lucha perpetua. Sin embargo, el punto de partida debe seguir siendo el sentido común, que espontáneamente es la filosofía de las multitudes a las que se trata de homogeneizar ideológicamente (Gramsci, 2023 [Tomo II, Q 11, § 13], p. 648).

De esta manera, la filosofía de la praxis está pensada en un sentido radical, que, a través de la acción humana, busca generar cambios en la vida social, lo cual, desde una perspectiva marxista, significa poder liberar o emancipar a las sociedades de la explotación y opresión capitalista. En el caso de la práctica, se refleja la acción cotidiana del hombre, lo que, en palabras de Sánchez Vázquez, sería la “actividad del hombre dirigida a un fin” (2003, p. 251). Marx y Engels (2014) lo desarrollan ampliamente en su obra La ideología alemana y, en particular, en las Tesis sobre Feuerbach, donde afirman que “toda la vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica” (Marx y Engels, 2014, p. 501). Por lo tanto, no podemos entender el trabajo social como disciplina históricamente determinada, incluso en su función más operativa, sin una teoría que ilumine esa dimensión concreta que es la práctica desarrollada en los contextos institucionales y de la vida social en general.

En relación a esto, encontramos la categoría de trabajo, un elemento clave en el pensamiento de Iamamoto, que se refiere a la conexión entre Trabajo Social y su expresión técnico-operativa, a partir de un análisis sobre la “práctica del Asistente Social como trabajo”, que “permite mediatizar la interconexión entre el ejercicio del Servicio Social y la práctica de la sociedad” (Iamamoto, 2003, p. 78). En tal sentido, dice Netto que “es con este giro que el servicio social se constituye como profesión, insertándose en el mercado del trabajo, con todas las consecuencias de ahí derivadas” (Netto, 2002, p. 67). En esta función de carácter técnico-operativo, entendemos que las y los profesionales cumplen un rol intelectual (Vivero Arriagada, 2013), pero que

ha sido básicamente instrumental, de difusión de teorías e ideologías, de articulación de las clases trabajadoras en la órbita de las industrias del poder de las clases dominantes. O sea, ejercer sus funciones intelectuales principalmente como educador, organizador de la hegemonía y de la coerción de las clases a las cuales objetivamente se vincula (Iamamoto, 1992, p. 158).

Además del conocimiento teórico-científico de lo que disponen las/os profesionales, entendido como un elemento constitutivo de la superestructura (Gramsci, 2023), se podría afirmar que la función técnico-operativa es un instrumento más para el ejercicio del rol de intelectual orgánico del trabajo social. Sin embargo, esto es lo que es necesario desnaturalizar, ya que la cuestión no radica únicamente en ser un intelectual orgánico, sino en los intereses a los que se responde. Dicho de otro modo, si se es un intelectual al servicio incuestionado de los intereses de las élites, o si se asume, como tal, un compromiso ético-político con las clases subalternas oprimidas.

2.3. Definiciones teóricas e ideológicas: perspectiva crítica como propuesta ético-política

Nos parece que la cuestión teórico-ideológica es un aspecto de primer orden para analizar la realidad social contemporánea y el trabajo social, pues es la forma de tener conciencia de la condición contradictoria de profesión asalariada, y de la participación en las relaciones de producción capitalista (Iamamoto, 1992, 2022). Esto debe ser igualmente entendido en su dimensión histórico-política, que da cuenta de contradicciones y conflictos epistémicos y políticos (Vivero Arriagada, 2010, 2013, 2016, 2019, 2022).

Iamamoto busca situar la disciplina en su contexto social e histórico, y promover una reflexión crítica sobre su práctica y su relación con las luchas sociales y la defensa de los derechos humanos. Por otra parte, esta perspectiva crítica se relaciona con la cuestión social, que considera una perspectiva menos conservadora de lo que algunos sectores más moderados de las ciencias sociales quieren establecer, según lo sostienen Borgianni, Guerra y Montaño, en su referencia a Netto (2003):

El cuidado con las manifestaciones de la “cuestión social” es expresamente desvinculado de cualquier medida tendiente a problematizar el orden económico-social establecido; se trata de combatir las manifestaciones de la “cuestión social” sin tocar los fundamentos de la sociedad burguesa (como se cita a Netto, 2023, en Borgianni, Guerra y Montaño, 2003, p. 47).

Sin perjuicio de reconocer el potencial transformador que podría desempeñar la profesión, en la medida en que se pueda vincular activamente a las luchas sociales, en su condición de intelectual orgánico (Vivero Arriagada, 2013, 2023), en Iamamoto podemos conocer con claridad la crítica a la naturaleza conservadora de la profesión, que se sostiene en su tradición sociohistórica, un pensamiento conservador que “lleva al Servicio Social a basarse en una crítica romántica a la sociedad capitalista” (Iamamoto, 2003, p. 241; cursiva de la autora). Por consiguiente, la corriente positivista forma parte fundamental de esta tradición conservadora, ya que, “por su propia naturaleza, el positivismo tiende a consolidar el orden público, por el desarrollo de una sabia resignación frente a las consecuencias de las desigualdades sociales aprehendidas como fenómenos inevitables” (Iamamoto, 2003, p. 243). Es decir, una manera de entender y comprender la realidad social, desde una perspectiva racional en la intervención, una comprensión individualista respecto del origen y solución de problemas sociales, hoy acentuada por los relatos neoconservadores y deshistorizados que se reproducen en el campo disciplinario (Vivero Arriagada, 2016, 2019, 2020).

Entonces, según Iamamoto, comprender el trabajo social contemporáneo desafía “un perfil profesional propositivo, es decir, un profesional de un nuevo tipo, comprometido con su actualización permanente, capaz de sintonizarse con el ritmo de los cambios que enmarcan el escenario social contemporáneo donde ‘todo lo que es sólido se desvanece en el aire’” (Iamamoto, 2003, p. 175). En este mismo sentido,

Se puede afirmar que el trabajo social ha tenido una relación histórica con las clases populares, ha sido testigo “privilegiado” de las precariedades cotidianas que deben enfrentar hombres y mujeres de todas las edades, y las complejidades que ello tiene según el grupo etario al que pertenezcan, la raza o el género (Vivero Arriagada, 2023, p. 27).

Ese profesional debe ser capaz de cuestionar al trabajo social conservador, proveniente de “una matriz positivista y sus derivaciones -estructuralismo, estructural-funcionalismo, teoría sistémica y otras-, a las que subyace el pensamiento formal y abstracto” (Guerra, 2007, p. 52), que, por lo demás, permite vincular la categoría de trabajo y trabajo asalariado mencionada al comienzo del artículo. Entonces, el aspecto crítico, que reivindica Iamamoto, responde, por un lado, a la capacidad de analizar de manera radical los efectos del modelo capitalista sea en su práctica y/o formación, mientras que, por otro lado, a la relevancia de avanzar en las transformaciones profundas que debe incluir el trabajo social para despojarse de la corriente conservadora que le arraiga. En esta perspectiva, se instala como un “profesional que también sea un investigador, que invierta en su formación intelectual y cultural y busque acompañar los procesos sociales para poder realizar potenciales propuestas de trabajo -presentes ahí como potencialidades- transformándolas en alternativas profesionales” (Iamamoto, 2003, p. 175). Es decir, situar su acción en el centro de los procesos sociales de manera que permita relacionar directamente el ejercicio teórico, metodológico y práctico, sin perder de vista esta correlación fundamental en la profesión, según Iamamoto.

III. Algunas consideraciones finales

Distinguir los aportes al Trabajo Social crítico a partir de la obra de Marilda Iamamoto en términos de formación y práctica disciplinaria en la sociedad neoliberal nos parece fundamental para repensar el ejercicio de la profesión, en el contexto de crisis de legitimidad de la hegemonía capitalista en su fase neoliberal. En este contexto, es significativa la contribución de Iamamoto, en términos de relevancia de la corriente de Trabajo Social histórico-crítico y de la dimensión político-ideológica, con la cual se puede analizar y problematizar la realidad social actual y, en el mismo sentido, la funcionalidad instrumentalizada de la profesión.

En términos de la dimensión política e ideológica de Iamamoto, se reconoce en su obra la vigencia y revitalización del pensamiento marxista, a través del uso de sus categorías para interpretar el Trabajo Social en el movimiento histórico del proceso de producción capitalista. Principalmente en el desarrollo de la categoría trabajo asalariado en relación con el Trabajo Social en el plano de las relaciones sociales de producción y la concepción materialista de la historia. En función a lo anterior, esta relación se expresa desde

Una manera históricamente determinada de los hombres de producir y reproducir las condiciones materiales de la existencia humana y las relaciones sociales a través de las cuales realizan la producción. En este proceso se producen, concomitantemente, las ideas y representaciones que expresan estas relaciones y las condiciones materiales en las cuales se producen, encubriendo el antagonismo que las permea (Iamamoto, 1992, p. 4).

Así, interpretar el trabajo social en el campo del trabajo asalariado “supone, como directriz de trabajo, considerar la profesión bajo dos ángulos, no disociables entre sí, como dos expresiones del mismo fenómeno: como realidad vivida y realidad presentada en y por la conciencia” (Iamamoto, 1992 p. 87). Se trata, entonces, de reconocer la contradicción entre el discurso del quehacer del trabajo social y su ejercicio, lo que plantea un desafío, según Iamamoto, orientado a enfatizar el “proceso social”, atravesado por las relaciones sociales de producción, condicionadas por la historia y la conciencia objetiva, materializada en una realidad concreta. Por otro lado, está la subjetividad, expresada en la interpretación.

Eso significa que “las prácticas cotidianas concretas en las que se mueve el profesional no determinan ni la realidad ni la profesión, ni están separadas de la realidad histórica material, como se ha ido plasmando en ciertos discursos, que ponen la centralidad de la disciplina en los casos particulares” (Vivero Arriagada, 2019, p. 16). Cabe considerar que Iamamoto establece el desafío de reivindicar la emancipación humana, colocando al trabajo social volcado a una expresión radical, en clave marxista, tomando las cosas por la raíz.

Otro aspecto que destacamos en Iamamoto está relacionado con el debate sobre la funcionalidad de la profesión. En este sentido, se presentan al menos dos consideraciones relevantes. Por un lado, la contradicción entre un trabajo social precarizado y una posición ético-política orientada a la promoción y defensa de los derechos sociales, lo cual requiere un “compromiso con valores y principios éticos que nortean la acción profesional” (Iamamoto, 2003, p. 118). Por otro lado, “se sostiene socialmente como un trabajador asalariado” (Iamamoto, 2003, p. 118), transitando en una relación de venta de su fuerza de trabajo en el mercado. Dentro de este orden, la funcionalidad es la contradicción que termina ejerciendo el trabajo social, en la administración de conflictos a los que se presenta, entre la profesión y el Estado, esto considerando que su trabajo puede inscribirse

En el campo de la defensa y/o realización de los derechos sociales de ciudadanía, en la gestión de la cosa pública [...]. También puede, sin embargo, imprimir otra dirección social a su trabajo, dirigido a reforzar las estructuras y las relaciones de poder preexistentes en los marcos de la cotidianeidad (Iamamoto, 2003, p. 38).

Por último, en la realidad actual, se presenta claramente un débil o casi inexistente debate entre las diferentes corrientes del trabajo social respecto a sus fundamentos teóricos e ideopolíticos. Incluso, hasta se busca invisibilizar la existencia de corrientes, para evitar el debate o la instalación de la discusión política en el campo disciplinario. Lo que se observa, más allá de los desafíos que nos aporta la lectura crítica de la obra de Iamamoto, así como de otras/os referentes de la perspectiva crítica, es que estos aportes no se han traducido en una ruptura con la hegemonía de una concepción conservadora y una funcionalidad muchas veces acrítica de la disciplina, tanto en sus procesos formativos, como en el campo de acción institucionalizada. De hecho, desde el movimiento de reconceptualización, el trabajo social latinoamericano no ha experimentado un proceso reflexivo y propositivo tan relevante y profundo como este. A pesar de las durísimas experiencias en el contexto de las dictaduras latinoamericana, y la imposición de un retroceso ultraconservador en la disciplina, ello, a nuestro juicio, no se ha traducido en una ruptura con la herencia ideopolítica y tecno-instrumental, impuesta durante las dictaduras cívico-militares, y heredadas casi como si fuera un demiurgo platónico.

Referencias

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    08 Ago 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    14 Mayo 2025
  • Acepto
    02 Jun 2025
  • Corregido
    19 Ago 2025
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