Open-access Coproducción de saberes y cisexismo. Reflexiones epistemológicas sobre la construcción de indicadores y diagnósticos colaborativos en población trans y travesti de Argentina

Co-production of knowledge and cissexism. Epistemological reflections on the construction of indicators and participatory diagnostics within the trans and travesti population in Argentina

Coprodução de saberes e cissexismo. Reflexões epistemológicas sobre a construção de indicadores e diagnósticos colaborativos na população trans e travesti da Argentina

Resumen

Resumen  Las personas travestis y trans en Argentina continúan experimentando situaciones de vulnerabilidad y exclusión. La construcción de saberes sobre sus condiciones de vida tiene una larga tradición de coproducción con las organizaciones políticas que las nuclean. Este artículo presenta un análisis crítico de un proyecto en el que se construyó una encuesta sobre condiciones socio-sanitarias de personas travestis y trans. Su diseño y su aplicación se realizó a través de un trabajo colaborativo junto a dieciocho profesionales de la salud y referentes de diecinueve organizaciones. Lo problematizamos desde la noción de coproducción de conocimientos, que disuelve fronteras entre sujeto y objeto, recupera y pone en circulación y disputa saberes académicos y no académicos, y reconoce la dinámica de desplazamientos y generación constante de sentidos, fenómenos y articulaciones institucionales.

Palabras clave:
coproducción; cisexismo; travesti/trans; salud


Resumo

Abstract  Transvestite and trans people in Argentina continue to face situations of vulnerability and exclusion. The construction of knowledge about their living conditions has a long-standing tradition of co-production with the political organizations that represent them. This article presents a critical analysis of a project that developed a survey on the socio-health conditions of transvestite and trans people. The survey was designed and implemented through collaborative work with 18 healthcare professionals and representatives from 19 organizations. We aim to address this issue through the lens of knowledge co-production—as a collaborative effort that blurs the boundaries between subject and object, reclaims, circulates, and challenges academic knowledge as well as non-academic knowledge, and acknowledges the dynamics of displacement and the ongoing generation of meanings, phenomena, and institutional articulations.

Keywords:
co-production; cissexism; transvestite/trans; health


Abstract

Resumo  As pessoas travestis e trans na Argentina continuam a vivenciar situações de vulnerabilidade e exclusão. A construção de saberes sobre suas condições de vida tem uma longa tradição de coprodução com as organizações políticas que as congregam. Este artigo apresenta uma análise crítica de um projeto no qual foi construída uma pesquisa sobre condições socio-sanitárias de pessoas travestis e trans. Seu desenho e aplicação foram realizados por meio de um trabalho colaborativo com dezoito profissionais da saúde e representantes de dezenove organizações. Nós o problematizamos a partir da noção de coprodução de conhecimentos, que dissolve fronteiras entre sujeito e objeto, recupera e coloca em circulação e disputa saberes acadêmicos e não acadêmicos, e reconhece a dinâmica de deslocamentos e geração constante de sentidos, fenômenos e articulações institucionais.

Palavras-chave:
coprodução; cissexismo; travesti/trans; saúde


Introducción

En Argentina, las personas trans continúan enfrentando situaciones de violencia y vulnerabilidad. A pesar de que el país cuenta con una legislación de vanguardia respecto del reconocimiento de las identidades trans y su acceso a las tecnologías de modificación corporal, persisten barreras que los obstaculizan. La violencia y la discriminación, la exclusión del mercado laboral y del sistema educativo y la expulsión temprana del hogar suelen marcar las trayectorias de vida de las feminidades trans, especialmente entre las migrantes. El diseño de programas estatales focalizados, como los consultorios inclusivos, han incidido en una mejora considerable para las nuevas generaciones, las personas que tienen mejores niveles educativos y las que realizaron el cambio de su documento nacional de identidad (Neer et al. 2025).

La construcción colaborativa de datos junto con las organizaciones travestis y trans sobre sus condiciones sociosanitarias cuestiona las rígidas jerarquías entre quienes investigamos y les sujetos a estudiar, procurando diálogos con nuestres interlocutores. En este sentido, la medicina hegemónica - permeada por el cisexismo, el clasismo, el racismo y el capacitismo - construye representaciones sobre sus experiencias y sus corporalidades que tienden a patologizar, excluir y, en ocasiones, a prácticas paternalistas. La coproducción de saberes en torno de las prácticas de cuidado, sus percepciones sobre la accesibilidad y sus itinerarios en el sistema de salud abre posibilidades para problematizar las “barreras” o condiciones particulares de esta población.

Los primeros datos cuantitativos sobre esta situación han sido construidos por activistas y organizaciones sociales de personas trans. El primer relevamiento, “La gesta del nombre propio”, se realizó en 2005 y fue organizado por la militante Lohana Berkins, estuvo focalizado en travestis y se situó en la capital federal y en la provincia de Buenos Aires. Se coordinó desde la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT) y participaron Futuro Transgenérico, el Movimiento Antidiscriminación de Liberación (MAL) y la Asociación por la Igualdad de los Derechos (APID). El segundo, publicado como “Cumbia, copeteo y lágrimas” en 2007, también fue dirigido por Berkins desde ALITT, adoptó una metodología cuantitativa y fue respondido por unas 300 travestis de Córdoba, Salta, Mendoza, Tucumán y Neuquén. Posteriormente a la sanción de la Ley Nacional de Identidad de Género Nº26743, desde organismos estatales provinciales se llevaron a cabo encuestas locales que han permitido construir argumentos para la aplicación de políticas públicas focalizadas.

En 2023, realizamos un relevamiento nacional sobre las condiciones sociosanitarias de personas travestis y trans que resultó inédito por su magnitud1. En el diseño de la encuesta participaron diecinueve organizaciones sociales con trabajo territorial en todas las regiones del país y 18 profesionales de la salud. La posterior implementación fue realizada por las propias organizaciones. A través de encuentros cara a cara, se logró construir una base de datos con 1196 casos. Actualmente, estamos en la etapa de análisis y construyendo estrategias para realizar encuentros donde podamos continuar con esta tarea junto a las organizaciones, a partir de talleres de interpretación de datos y selección consensuada de los principales resultados para su difusión.

En este artículo, nos interesa problematizar la primera etapa de articulación desde la noción de coproducción de conocimientos, como un trabajo colaborativo que disuelve fronteras entre sujeto y objeto, recupera, pone en circulación y disputa saberes académicos tanto de distintas disciplinas como los no académicos, y reconoce la dinámica de desplazamientos y generación constante de sentidos, fenómenos y articulaciones institucionales.

Los aportes de los estudios trans para problematizar el cisexismo en la producción del conocimiento

El cisexismo es entendido por algunes autores como el sistema de opresión que supone que el género de las personas cis es natural, real y auténtico, y el de las personas trans es construido, artefactual y voluntario. Así, expone a éstas a una permanente evaluación por ajustarse, o no, a los estereotipos (Massacese 2018). Desde ese punto de partida, se imprime una desvalorización de sus experiencias y sus percepciones que se trama en una serie de producciones simbólicas y materiales basadas en la idea de que las personas cis son más valiosas que las trans (Millet 2020). En el sistema de salud, y en otras instituciones, se traduce en prácticas de discriminación y exclusión. Esto cobra relevancia y genera resistencias en tanto que las identidades no se forjan en base a esencialismos o cualidades "naturales", sino que se despliegan y conforman dentro de un campo de disputa política, es decir que se desarrollan en una dinámica situada en un contexto específico configurado por las trayectorias particulares y los procesos políticos más amplios.

En consonancia con los cuestionamientos surgidos desde movimientos descolonizadores, ambientalistas, estudiantiles y feministas, entre otros, asistimos y trabajamos en la emergencia de sujetos que intentan definir por sí mismos sus problemas y plantean, reclaman o rediseñan soluciones e intervenciones en los términos que consideran más adecuados: “los colectivos resisten y producen categorías desde sus propios puntos de vista; en el proceso de constitución de estos colectivos cognoscentes la potestad absoluta e inapelable de la autoridad científica para auspiciar nuevos objetos y asignar nuevos lotes de trabajo académico comienza a quebrarse, exhibiendo sus maniobras arbitrarias y fugaces” (Roca 2011a, 5).

Sin embargo, parte de la producción de conocimiento científico respecto de estos colectivos introduce los mismos sesgos que arbitran en el sistema científico hegemónico: la reducción de sujetos en objetos de estudio, la adjudicación de la cualidad subalterna de sus saberes y experiencias, y el extractivismo cognitivo. Desde los activismos, se ha advertido cómo desde los ámbitos académicos se configuran estrategias que implican la utilización de sus experiencias y saberes con fines estrictamente académicos que no redundan en una problematización colectiva de las estrategias, en el mejoramiento de sus condiciones de vida, ni en una relación horizontal que les permita discutir los enfoques y las interpretaciones (Cutuli 2013; Radi 2019).

La antropología contiene en su trayectoria disciplinar un temprano debate respecto de los cánones que sustentaron la relación sujeto-objeto; sus “objetos” demostraban con contundencia su cualidad de sujetos – especialmente a partir del inicio de las luchas descolonizadoras en África - y las dimensiones políticas de la producción disciplinar pronto quedaron expuestas y recuperadas en visiones críticas. La existencia de sesgos etnocéntricos y androcéntricos en los corpus teóricos, constituye una evidencia del ‘saber-poder’ en el que las definiciones y prácticas de conocimiento se sustentan en relaciones de dominación, resistencia o subversión asociados a la disputa por el control del canon cognitivo (Roca 2011a).

La articulación de los movimientos sociales LGBTIQ+ con saberes académicos adquirió relevancia para construir estrategias frente a la represión policial y los códigos contravencionales (Pechin 2017; Sabsay 2018). En ese marco no solo se construyeron proyectos de leyes – como las de matrimonio igualitario, la de identidad de género o la de cupo laboral trans – sino también datos que sirvieron de fundamentos para el debate legislativo y la estructuración de programas y estrategias de la política pública en diferentes áreas estatales.

En Argentina, esta articulación entre saberes académicos, activismos, normativas y políticas logró expresarse de manera evidente en la última década. Respecto de estas coyunturas en las que emergen estas articulaciones, Nancy Fraser considera que “el discurso de las necesidades se presenta como un espacio en contienda, donde los grupos con recursos discursivos - y no discursivos - desiguales compiten por establecer como hegemónicas sus interpretaciones respectivas sobre lo que son las legítimas necesidades sociales.” (Fraser y Lamas 1991, 11). Fraser identifica tres instancias necesarias y complementarias: la lucha por legitimar la necesidad dada, la lucha por la interpretación y la lucha por su satisfacción. Es en esta “arena de disputas” donde participa de manera diversa y conflictiva la producción de conocimiento científico.

De la misma forma que en la antropología se desarrollaron los debates sobre las formas paternalistas en que se recrean las “voces” en términos de subalternidad cognitiva de los nativos en tanto “objetos” de conocimiento, desde el campo de los estudios trans se ha advertido al ámbito científico sobre ciertas prácticas que tienden a objetivar a las personas transgénero y no se las lee como “sujetos de enunciación”. Es decir, se ha planteado la urgencia de producir “conocimiento con” y no “conocimiento de”, que surja del diálogo entre el conocimiento experiencial y corporizado y el de la ciencia (Stryker y Currah 2018). Este posicionamiento se aleja del paternalismo que supone el “dar voz” y que convoca a un “otro” a que se “represente” como el que investiga espera que lo haga, de las perspectivas “emic” que traducen o transcriben textualmente a los actores, o que “extrae” información y no invita a producirla (Figari 2010) y de las trampas de esas distinciones sobre las que advierte Marlene Wayar (2018).

En sintonía con la antropología crítica, que se interrogaba sobre la forma en que su producción “clásica” había omitido la cualidad política de los mismos sujetos que describía como realidades embalsamadas en el exotismo de la “otredad”; la construcción epistémica de las personas trans como un “otro” frente a un “nosotros” que involucra al que escribe y sus lectores/as ha sido conceptualizada como injusticia epistémica (Fricker 2017) o violencia epistémica (Radi 2019).

Ante esto, se han construido recomendaciones que advierten sobre la importancia de no reproducir una fascinación por lo exótico y de no negar la subjetividad y experiencias concretas de las personas trans seguidamente de su rehabilitación ante el sufrimiento y el dolor (Stone 1992). Una de las más conocidas son las reglas de Jacob Hale (1997) que pedía que se entienda que las expertas son las personas transexuales, que no se borren sus voces y que se entienda que ellas son parte de conversaciones que están teniendo en sus comunidades, que no las totalicen, que no escriban sin tener en cuenta las experiencias, las subjetividades, las vidas y las corporalidades trans, y que no citen acríticamente a “expertos” no-transexuales.

En 2009, Viviane Namaste agregó que es crucial que las investigaciones en las que se les involucre resulten útiles para ellas, y que esa utilidad debe ser definida por las personas trans. También interpelaba a que su voz sea equivalente a la académica durante todo el proceso: en la definición de las preguntas, en la recolección de los datos empíricos, en el análisis de los resultados y en la presentación de las conclusiones. Es decir, que no estén presentes solo en el momento del acceso al campo.

En los procesos de construcción de biosocialidades, los colectivos disputan la legitimidad de estos espacios imaginarios en donde otrora les tocaba fungir como objetos de estudio. Estos sujetos-colectivos tensionan el punto de vista de los expertos, reclaman una voz propia para denominar, categorizar, establecer o negociar nomenclaturas, intervenir y tomar decisiones; sin la tutela de la ciencia. La “colonialidad” del saber no se disputa solo desde las categorías filosóficas o sociológicas; los colectivos cognoscentes se organizan sin permiso, resisten, proponen desplazamientos y nuevos sentidos” (Roca 2011a, 5) en contextos dinámicos, cambiantes y estratégicos. En cada caso impugnan la denominación o el diagnóstico que los situaba como objetos, se sacuden alguna opresión o escapan de alguna clasificación que resultaba agobiante y que habilitaba intervenciones específicas (Roca 2011b).

La co-producción de saberes en el marco del relevamiento nacional de indicadores sociosanitarios de las personas travestis y trans en Argentina

El proyecto titulado “Hacia el diseño de políticas públicas de salud integral e inclusiva: relevamiento de indicadores sociosanitarios de la población travesti y trans de Argentina” surgió como respuesta a demandas concretas de estos colectivos respecto de importantes vacíos en la información estadística vinculada con los principales parámetros epidemiológicos de las personas trans, las diferencias regionales y generacionales, las experiencias y las condiciones generales sociosanitarias2. En ese marco, se aplicó una encuesta presencial a 1196 personas travestis y trans en nueve regiones de Argentina. En ella se relevaron indicadores de salud general3 y en particular respecto de las intervenciones corporales específicas, las condiciones socioeconómicas y las principales modalidades de uso, calidad de atención y acceso al sistema de salud por parte de dichas personas.

Más allá de los principales resultados de este estudio que ha logrado construir una primera línea de base robusta y rigurosa para futuras indagaciones, profundizaremos aquí en ciertas reflexiones en torno a las modalidades de trabajo que implementamos en esta experiencia.

El diseño y desarrollo de la investigación estuvo a cargo de un equipo interdisciplinario compuesto por investigadores/as de cuatro Universidades Nacionales: Universidad Nacional de José C. Paz, Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Mar del Plata y Universidad Nacional del Centro. Estas instituciones constituyen, por su trayectoria y emplazamiento, espacios heterogéneos que cuentan con recursos y estructuras disímiles que se organizaron para la ejecución del proyecto. El primer desafío se planteó ante el hecho de articular disciplinas y recorridos teórico-metodológicos diversos, lo cual implicaba construir una estrategia metodológica que lograra confluir en el objetivo de lograr una magnitud significativa, que pueda otorgar densidad a distinciones generacionales y regionales y, a su vez, no resignar los núcleos de indagación seleccionados, menos explorados en estos tipo de estudios.

Esta primera etapa implicó una serie de negociaciones y acuerdos entre les investigadores que provenían de diferentes intereses teóricos, trayectorias y que aportaban saberes metodológicos diversos. El balance entre recuperar experiencias y construir una herramienta cuantitativa que pueda materializarse en un formulario concreto y “viable” resultó un intenso ejercicio de aprendizaje colectivo para el equipo.

Se adoptó una estrategia metodológica cuantitativa utilizando un muestreo no probabilístico e intencional con establecimiento de cuotas por identidad de género y grupos de edad en nueve conglomerados/regiones del país: Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA); Conurbano de la provincia de Buenos Aires (PBA); Interior de la provincia de Buenos Aires; Córdoba; Santa Fe; Noroeste (NOA); Cuyo; Noreste (NEA) y Patagonia. La elaboración del instrumento y su aplicación se realizó de manera articulada con profesionales de la salud y con organizaciones políticas y sociales que nuclean a personas travestis y trans distribuidas en estas distintas regiones. Esta estrategia no solo permitió ampliar el alcance territorial del relevamiento y darle robustez a la muestra de casos, sino también generar prácticas de investigación colaborativas que se alejen del extractivismo y el cisexismo.

La ejecución del proyecto fue posible a través de un complejo proceso de construcción y consolidación de vínculos con las organizaciones de personas travestis y trans y los equipos de salud que se desempeñan en consultorios “inclusivos” con el objetivo de discutir colaborativamente las dimensiones centrales a indagar, las denominaciones o categorías presentes en el instrumento, la estrategia de contactos para el relevamiento de campo, la construcción y ajustes al instrumento de producción de datos y los desafíos de la implementación del trabajo de campo.

Con una primera versión de un instrumento de ejes de relevamiento de datos sobre el cual trabajar, convocamos a organizaciones de personas travestis y trans - con las que integrantes del proyecto habían tenido experiencias de investigación y trabajo conjunto - y equipos de salud de consultorios “inclusivos”. Trabajamos con Casa Trans-ATTTA (CABA), Bachillerato Popular Mocha Celis (CABA), Casa Roja - AMMAR (CABA), el Teje (Conurbano de PBA), Mundillo Trans (Conurbano de PBA), La Nelly Omar (Conurbano de PBA), Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual (Córdoba y Mar del Plata), Diversidad Pergaminense (interior de PBA), ATTTA (Interior de PBA, Misiones, San Juan y Patagonia), Transgresorxs (San Luis), Biblioteca Popular LGBT (Tucumán), Compañeras de Sandra (Jujuy), Varones trans (Santa Fe), Fuerza Transfeminista (Corrientes) y Observatorio UNSAL (Salta). Los equipos de salud convocados eran de ciudades diversas y ubicadas en diferentes regiones: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, San Martín, Olavarría, Pergamino, Chivilcoy, Santiago del Estero, Mar del Plata, Comodoro Rivadavia, Misiones, Chubut, José C. Paz, Córdoba, Cipolletti, y Ushuaia.

En la etapa de diseño y elaboración del instrumento, sucesivas versiones preliminares fueron discutidas entre el equipo de investigación, les referentes de las organizaciones y los equipos de salud, a fin de garantizar la construcción colectiva del instrumento. Con les profesionales se analizó la adecuación de las dimensiones a indagar, la relevancia médica y sanitaria de ciertas preguntas y los datos que consideraban importantes para potenciar estrategias de salud integral. Con activistas y referentes travestis y trans realizamos encuentros donde se debatió la pertinencia del uso de categorías biomédicas, la incomodidad que podían generar algunas temáticas, las dimensiones y las preguntas que se debían priorizar, las dificultades que podría presentar la extensión de la encuesta, los indicadores socioeconómicos que debían incluirse, los problemas que podrían ocasionar las respuestas abiertas, entre otras cuestiones. En esos espacios, les referentes de las organizaciones trans defendieron la incorporación de denominaciones médicas de algunos procedimientos quirúrgicos porque están familiarizadas con ellas, también solicitaron que se pregunte por la violencia policial y las migraciones, así fuimos resolviendo en conjunto cómo recuperar las experiencias somáticas de las hormonas y las siliconas industriales. Otro debate suscitado entre las propias organizaciones tuvieron que ver con la expresión “trabajo sexual” frente a otras formas ambiguas o de no reconocimiento de la prostitución como trabajo, tales como “persona en situación de prostitución”, las discusiones exhibieron también posicionamientos y reflexiones que pudieron tramitarse en preguntas que atendieron a estas observaciones, finalmente se decidió mantener las dos formas de enunciación para que el cuestionario fluya con mayor comodidad entre les interlocutores. También consensuamos la incorporación de preguntas sobre la calidad de atención y el acceso a los medicamentos para enfermedades crónicas que nos permitan comparar con otros relevamientos que resultaban relevantes para los equipos de salud. Este proceso implicó la construcción de consensos a partir de la escucha atenta y la puesta en práctica de la colaboración de saberes. En este sentido, resultó fundamental la participación de activistas travestis y trans con experiencia territorial en la implementación de encuestas y de promoción de la salud.

Luego de este proceso, se llegó a una versión definitiva de la encuesta que fue aplicada en el trabajo de campo. Para esta nueva etapa, se convocó a organizaciones de personas travestis y trans y de trabajadoras sexuales de las distintas regiones del país. En esta instancia, realizamos encuentros virtuales y presenciales para realizar pruebas piloto y volver a discutir el instrumento con quienes iban a implementarlo. Previo a cada cita se envió la propuesta de la encuesta, junto con las modificaciones que se fueron realizando durante el proceso de trabajo y entrenamiento.

Estos espacios nos permitieron: ajustar las terminologías empleadas y seleccionar aquellas que lograban condensar los aspectos coloquiales, la perspectiva de derechos sexuales y la terminología médica; identificar diferencias regionales que incidían en los procesos de salud, enfermedad, atención y cuidados que las preguntas originales no contemplaban; examinar las redes de contactos para la construcción de una muestra vía el método de bola de nieve que permita captar la diversidad regional y de situaciones de salud y condiciones de vida a relevar; comprometer a las organizaciones en el trabajo de campo en vistas de cuidar la información relevada teniendo en cuenta su potencial utilidad como insumo para mostrar acciones en las que participan en tanto facilitadoras de acceso a la salud; brindar a las organizaciones la posibilidad de participar en roles de coordinación de campo y encuestadores generando recursos propios y apropiación de capacidades de trabajo.

En las reuniones con los equipos de salud participaron profesionales de diferentes disciplinas y especialidades (medicina, psicología y trabajo social) que se desempeñan en consultorios a los que asisten personas trans. Estos encuentros nos permitieron: ajustar la relevancia de la información requerida, las definiciones clínicas y los parámetros más usuales en el seguimiento de pacientes, de tal forma es que procuramos incorporar campos específicos y relevantes para los procesos de salud de las personas trans y que no habían sido contemplados por la propuesta original. También estos intercambios y colaboraciones nos permitieron generar alianzas para potenciar luego la divulgación de los resultados desde el propio sistema de salud, con un horizonte de equidad en el acceso a la información relevante y la atención.

El proceso de trabajo no estuvo exento de discusiones y desacuerdos, en ocasiones el equipo debió mediar y decidir algunos aspectos que incluían definiciones, categorías y modalidades de enunciación, pero en todos ellos estas decisiones fueron compartidas con quienes participaron en estas instancias. Este proceso culminó con dos instrumentos de relevamiento de datos, uno ampliado (de 124 preguntas) y uno más acotado (de 86 preguntas). Por cuestiones de factibilidad y en sintonía con la disponibilidad y capacidad de las organizaciones optamos por tomar la versión abreviada, manteniendo lo que fue considerado como núcleos básicos de cada una de las grandes dimensiones de análisis: enfermedades crónicas y acceso a medicamentos; procesos de modificación corporal; acceso al sistema de salud y calidad de atención; condiciones socioeconómicas. El trabajo de campo efectivamente implicaba una serie de potenciales dificultades que requerían priorizar una buena toma de información relevante y prescindir de información complementaria.

Finalmente, el diseño del instrumento de la encuesta se realizó en un software online (Survey Monkey), que permitió la generación de filtros y pases entre preguntas para facilitar la aplicación en terreno. También hizo posible garantizar el anonimato y la confidencialidad de las personas que respondieron. El instrumento completo incluyó 87 preguntas, incluyendo una de consentimiento informado aprobado por el comité de bioética de una de las universidades participantes. La encuesta empleó casi en su totalidad preguntas cerradas, de respuesta simple, múltiple y numéricas.

La implementación fue realizada por personas trans y travestis de las organizaciones con las que trabajamos en la etapa previa y otras que se incorporaron en esta etapa, y luego de participar de encuentros de entrenamiento brindado por el equipo, llevaron adelante la toma de encuestas cara a cara empleando un dispositivo móvil (generalmente un teléfono celular). La búsqueda de casos fue referida, contemplando cuotas de edad y región que se iban ajustando a medida que avanzaba el trabajo de campo, buscando contemplar diversidad de información relativa a trayectorias de vida y procesos vinculados a la salud.

En las primeras pruebas del instrumento con referentes de las organizaciones, iniciamos finalmente el relevamiento. Hicimos reuniones personalizadas - virtuales y presenciales - con les coordinadores de la recolección de datos en las distintas localidades para pensar juntes sobre el uso de los dispositivos móviles, sobre los objetivos de las preguntas, sobre la manera en que tenían que completar las preguntas abiertas para que las transcripciones dieran cuenta de las palabras exactas que usaban quienes respondían y sobre la muestra que tendrían que procurar conseguir.

La realización de las encuestas dependía de la disponibilidad horaria de lxs referentes de las organizaciones y de sus contactos, la consabida precariedad laboral y de formación de gran parte de lxs participantes, y las grandes distancias que caracterizan algunos territorios más aislados, configuraron los contextos particulares que condicionaron tanto las limitaciones como las potencialidades de este estudio. Se realizaron en casas particulares, en la calle, en salas de espera, en las aulas de un bachillerato popular trans, en centros comunitarios, en reuniones sociales organizadas para este fin y algunas pocas, y debido a las grandes distancias, por videollamada.

A medida que transcurría el trabajo territorial, se hizo un seguimiento por whatsapp y a través de la lectura de la base de datos (ya que el software habilitaba un seguimiento continuo) que permitió ir ajustando las cuotas por identidad de género, edad y regiones. En esta etapa resultó crucial atender a las dificultades y las características propias de cada zona y a las posibilidades que podía ofrecer cada organización, especialmente, a sus experiencias previas en este tipo de relevamientos.

Una de las principales dificultades que implicó la ejecución del proyecto se refiere a los tiempos de ejecución y los términos de las rendiciones financieras del mismo. El financiamiento del proyecto provino exclusivamente de un fondo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), que impuso ciertas obligaciones sobre la rendición de los gastos de ejecución. Estas dificultades se presentan en las investigaciones que procuran establecer colaboraciones concretas y simétricas en los procesos de investigación con poblaciones vulnerables, en este proyecto la mayor parte del presupuesto había sido destinado centralmente, desde su formulación, a reconocer esta participación, no en términos de “compensación” sino de trabajo: los rubros originales de la postulación incluían a las organizaciones en la coordinación, realización y supervisión del trabajo de campo que concentraba prácticamente todo el presupuesto otorgado.

Sin embargo, pronto debimos enfrentar dificultades de orden administrativo vinculadas a la inscripción formal impositiva de las organizaciones y de las personas particulares que debían facturar como “servicios profesionales” estos tramos de la ejecución. Estas dificultades ilustran acertadamente sobre el escenario de fragilidad y desprotección de la mayor parte de estas organizaciones, cuya potencia, trayectoria, cobertura territorial y capacidades de organización y trabajo resultan sobresalientes, en tanto su ‘existencia civil’ para los sistemas fiscales, así como de las mismas personas que en ellas participan, resultan precarias y en su mayor parte inexistentes.

En el caso de las organizaciones mismas y de quienes actuaron como encuestadores debían estar inscriptes como monotributistas4 y emitir una factura correspondiente a este servicio. Estas exigencias propias de las agencias de financiamiento de proyectos, resultan inadecuadas cuando se articula con poblaciones que están excluidas de la economía formal, que se sostienen en términos de activismo y cooperación horizontal y que se caracterizan justamente por estas precariedades.

A pesar de que el proyecto aprobado expresaba con claridad que el financiamiento otorgado se destinaba casi en su totalidad a estas organizaciones, la misma agencia que había evaluado y seleccionado el proyecto por su calidad y relevancia, no estaba en condiciones de establecer opciones o ajustes para agilizar y reconocer el destino de los desembolsos financieros. Esta dimensión, apenas vislumbrada en las primeras instancias del trabajo compartido, implicó la elaboración de una serie de estrategias diversas con las organizaciones para que pudieran acceder a la paga.

En algunos casos, articularon entre sí para emitir un comprobante colectivo y en otros con aliades que se los/nos facilitaron. En algunos espacios, decidieron que el dinero se utilizara para proyectos comunitarios; en otros, lo destinaron a la organización de almuerzos o meriendas para hacer las encuestas, pero también para acercar a nuevos integrantes a la organización. En otros, pagaron el tiempo comprometido en la encuesta a quienes la tomaron y/o a quienes la respondieron.

En todas estas instancias las organizaciones disputaron, negociaron y decidieron cómo ejecutar el financiamiento del proyecto, incluyendo las circunstancias coyunturales de nuestro país que sufrió un dramático proceso inflacionario entre la formulación del presupuesto y la ejecución efectiva del mismo. Esta complejidad logística de las dos primeras etapas, especialmente la implementación territorial y la coordinación con quienes contactaron a las personas a encuestar, supuso un año de arduo trabajo. El fuerte proceso inflacionario en Argentina afectó seriamente nuestros recursos destinados a viáticos y honorarios de quienes participaron. Sin embargo, el compromiso, así como la tradición militante y de implicación en la producción de datos de las organizaciones travestis y trans hizo posible cumplir con los objetivos.

Estas tensiones, dificultades y acuerdos, han condicionado pero al mismo tiempo, han conformado efectivamente este trabajo, las organizaciones han formado parte de su formulación y objetivos, siendo por lo tanto no sólo destinatarios potenciales, sino autores y poseedores legítimos de sus resultados. Desde su formulación hemos partido de la convicción de que la generación de evidencia empírica sólidamente construida permite la intervención en los debates académicos y científicos que nutren las perspectivas de intervención a nivel público. Visibilizar y caracterizar una situación problemática, permite poner a disposición de los tomadores de decisión de las dependencias del Estado pertinentes, los insumos necesarios para acciones concretas.

El trabajo conjunto de identificación de problemáticas sociosanitarias, como así también de la construcción de las mediaciones para acercarnos a la realidad social, requieren de la participación de las personas directamente involucradas. Esta premisa fundacional de las estrategias de salud comunitaria apunta a generar un mayor compromiso de las propias personas implicadas, como de otros actores involucrados -incluyendo a quienes forman parte del sistema de salud y que suelen asistir a las personas travestis y trans. La participación en diferentes instancias del proceso de investigación permite el compromiso, apropiación de resultados como insumo para generar intervención y el fomento de la participación en ellas. Nuestra próxima etapa aspira a consensuar y definir colectivamente la interpretación, la reflexión y los contenidos apropiados para su difusión.

Sobre nombrar y categorizar

Las estadísticas oficiales sobre problemáticas de salud suelen ser binarias y portan las categorías y las nomenclaturas del saber biomédico. En los relevamientos sobre población general, las personas trans y travestis son invisibilizadas detrás de la asignación de identidades binarias. En los estudios específicos se focaliza en temáticas que se consideran prioritarias que suelen estar sustentadas en miradas cisexistas, como el contagio de VIH-SIDA e infecciones de transmisión sexual o los consumos problemáticos. Uno de los desafíos de nuestro proyecto era construir datos que no reprodujeran esas prácticas que producen categorías y nomenclaturas que no dan cuenta de las experiencias y demandas de esas personas.

En los encuentros con lxs referentes de las organizaciones sociales y políticas pudimos definir cuáles eran las preguntas ineludibles, y cuáles debían ser cerradas y abiertas. Para construir los listados desplegables de opciones en las preguntas cerradas, se sometieron a discusión instrumentos previos, como por ejemplo, los de relevamientos de acceso y calidad de atención en salud. De tal forma, pudimos desplegar entre las fórmulas más operativas, ya utilizadas en relevamientos entre la población general, aquellas que daban cuenta de las modalidades de uso y las “barreras” o dificultades más frecuentes que expresaban las personas travestis y trans. En este sentido, resultó fundamental incorporar las experiencias concretas y las percepciones que narran quienes pertenecen a distintas generaciones, sectores sociales e identidades.

Les usuaries, como mencionamos anteriormente, interpelan las categorías biomédicas e intentar subvertir la subalternidad que les propone el sistema de salud. Los transfeminismos han mostrado estrategias no solo para interpelar la manera en que se nombran y patologizan las anatomías sino también para hackearlas y reapropiarse de las tecnologías en el marco de prácticas emancipatorias (Solá y Urko 2013; Hester 2018; Preciado 2014).

En los encuentros con les referentes de las organizaciones y con profesionales de la salud emergieron menos las preocupaciones de rastrear estas experiencias que las que exigían visibilizar la vulnerabilidad que rodea a las prácticas de modificación corporal por fuera del sistema de salud. En los cuerpos de las femineidades travestis persisten las huellas de la aplicación de hormonas en altas dosis y por períodos prolongados y de las inyecciones de siliconas y aceites industriales. En el diseño del instrumento, intentamos construir datos que dialoguen con las investigaciones biomédicas que anticipan efectos previstos por la industria farmacéutica, pero que también den cuenta de las prácticas sin acompañamiento profesional. En algunas preguntas del cuestionario se configuró un continuum entre los saberes de les usuaries y las categorías médicas.

Dolor, dolor de piernas, mucho dolor, dolor y manchas azules, dolor constante ardor, dolor y calambres, dolor de cintura, dolor y deformidades, puntadas, dolor en los glúteos, amorotonamiento, piel azulada, hematomas, fiebre, desplazamiento, hinchazón, se va corriendo, se esparce, deslizamiento, derrames, descolgó, no puedo caminar, infección, desparejo, como grumos, granulomas, flebitis… son las palabras que usaron las personas encuestadas para narrar los efectos de las inyecciones de aceite industrial en sus cuerpos. Durante la construcción del instrumento, consensuamos que esa pregunta sería abierta. En tanto no queríamos que las categorías biomédicas y de la industria farmacéutica definieran y obturaran las denominaciones y las experiencias de estos cuerpos intervenidos, relegados y sufrientes. Resonaban los relatos, siempre repetidos por las sobrevivientes, y que Claudia Rodríguez expresa poéticamente en su dimensión de sufrimiento:

Hay tantas travestis rodeándonos, yendo a comprar pan con heridas abiertas con olor a sangre, sangrando oscuro, goteando líquidos amarillos, verdosos, en la carne y en el alma, que no llegan a preguntarse eso. Las travestis no somos vacío, somos campos, suma de posibilidades, océanos, vientos solares, reacción en cadena. (Rodríguez 2023, 76).

¿Cómo dar cuenta, entonces, de esos dolores con categorías cerradas allí donde las palabras no deben obturar sino abrir un continente de significados? ¿Dónde la experiencia del dolor se palpita en distintas dimensiones y remite a distintos momentos y sentidos? En cierta forma el instrumento que diseñamos mantuvo ciertos espacios por donde se cuelan las formas de nombrar y experimentar estas corporalidades que desbordan los diagnósticos o síntomas clasificados por la biomedicina; es decir que optamos por registrar los padecimientos en los mismos términos enunciados por las personas. Al mismo tiempo, la visibilización y la búsqueda de soluciones médicas para los efectos de las inyecciones de aceite industrial es una demanda de los colectivos de travestis, quienes demandan que las investigaciones clínicas den respuesta a la falta de tratamientos específicos.

En Argentina, no hay técnicas desarrolladas que permitan extraer esas sustancias con éxito. Nuestro desafío fue cómo convertir esa multiplicidad de padecimientos en datos que resulten potentes para esas reivindicaciones. De tal forma, en el procesamiento, aunamos los saberes expertos de las feminidades trans y de una médica generalista para encontrar la manera de nombrarlas recuperando los mismos términos en que fueron enunciadas: 1 dolor/inflamación/molestias/hinchazón; 2 migración/deformidad; 3 granulomas; 4 manchas azuladas; 5 infección/fiebre; 6 mareos/náuseas/ vómitos.

El mismo camino recorrimos para referirnos a los efectos de la administración de hormonas. En las guías y en los protocolos emitidos por los programas de salud integral e inclusiva se suelen enumerar los resultados esperados y las posibles consecuencias no deseadas que pueden producir. Estas últimas suelen coincidir con las advertencias de los prospectos de los laboratorios. En los encuentros de discusión, emergieron relatos que conocíamos de nuestras investigaciones previas: las transformaciones corporales que realizan las personas trans no necesariamente se alinean a los itinerarios que el saber biomédico les asignan.

Entonces, definir de antemano cuáles podrían ser los “efectos no deseados” se inscribía en prácticas de injusticia epistémica, es decir podríamos reproducir los esquemas que los propios laboratorios sintetizan en sus prospectos sin recuperar las dimensiones subjetivas y particulares de los padecimientos. El aumento de peso, la voz ronca, los cambios emocionales, la pérdida de erección, la interrupción de la menstruación, la multiplicación del vello corporal o la pérdida de la masa muscular, entre otros, no necesariamente debían ser leídos como procesos no deseados. Aunque otros resultaban posibles de ser interpretados a priori como negativos - como los problemas hepáticos, el acné, las jaquecas o la ansiedad - optamos por no realizar esas valoraciones en las preguntas. Estas cuestiones implicaron un esfuerzo en el procesamiento pero aportaron riqueza, complejidad y densidad al trabajo realizado.

En nuestra base de datos es posible identificar las prácticas de modificación corporal, las modalidades de uso y la calidad de atención en el sistema de salud, las enfermedades crónicas más frecuentes y las condiciones sociosanitarias de las personas travestis y trans que se identifican como mujer trans, feminidad trans, travesti, varón trans, masculinidad trans, transgénero, transexual, no binarie, género fluido u otra identidad. Estas categorías surgieron de nuestros intercambios con las organizaciones y sólo remiten a la denominación de su identidad, sin remitir a la elección o preferencia sexual. Es posible dar cuenta de cómo utilizan las hormonas, las cirugías y otras tecnologías biomédicas desde una aproximación cuantitativa que no necesariamente resulte taxonómica ni descontextualizada. En este sentido, podemos aventurar que estas prácticas se traman con las políticas públicas regionales, con las relaciones que establecen con el sistema de salud, con el acceso al cambio registral y con las experiencias generacionales, laborales y educativas.

Conclusiones

Yo, reinvindico mi derecho a ser un monstruo

ni varón ni mujer

ni XXI ni H2o

yo monstruo de mi deseo

carne de cada una de mis pinceladas

lienzo azul de mi cuerpo

pintora de mi andar

no quiero más títulos que cargar

no quiero más cargos ni casilleros a donde encajar

ni el nombre justo que me reserve ninguna Ciencia.

(Shock 2011).

La construcción de datos cuantitativos sobre la población travesti y trans solo es posible a través de la coproducción de conocimientos. El relevamiento que aquí presentamos se diseñó como un trabajo colaborativo en el que se cuestionaron las miradas objetivantes y esencialistas, y se discutieron los instrumentos a través de encuentros de saberes académicos y no académicos. El debate sobre las nomenclaturas, la traducción de las experiencias somáticas a casilleros, la puesta en suspenso de posibles itinerarios y las disputas al cisexismo se tramaron con la apuesta a la búsqueda de argumentos que resultarían útiles para disputar derechos.

El establecimiento de contactos y redes por medio de organizaciones permitió lograr un trabajo de campo en territorio -en los lugares de trabajo, en las calles u hogares de las personas entrevistadas-, con diversidad de situaciones generacionales y regionales, y en vistas a lograr resultados de alcance nacional. En síntesis, las decisiones metodológicas tomadas en un proceso que implicó incluir actores de diferentes sectores aporta elementos de legitimidad y robustez de la información resultante del estudio.

Quienes advierten sobre las violencias del cisexismo suelen disputar los sentidos de quienes vinculan las identidades trans con la subversión a la norma, y les reclaman que representen esas resistencias. Esta premisa se actualizó en cada encuentro con lxs referentes de las organizaciones que reclamaban la incorporación de las categorías biomédicas que volvería inteligibles sus experiencias no solo para les profesionales de la salud sino también para sus compañerxs que se apropian de ellas.

La tensión entre el derecho a la autodeterminación en la expresión de género y la reivindicación del acceso a las tecnologías de manera gratuita se tramó con la importancia de visibilizar el acompañamiento profesional y, al mismo tiempo, con la denuncia de las miradas patologizantes sobre sus cuerpos. Entonces, el desafío fue mostrar la vulnerabilidad y al mismo tiempo la autonomía. El derecho a ser un monstruo como reivindica Susy Shock, pero también el derecho a no serlo como nos lo recordaron las personas con quienes trabajamos en el relevamiento.

Por último, desde el punto de vista metodológico, nuestro proyecto partió de la idea de que la realización de una encuesta a una población que, por sus altos niveles de exclusión social, resulta difícil de localizar requiere de estrategias complejas. Los procesos de vulnerabilización que atraviesan la vida cotidiana de muchas personas travestis y trans representa un desafío para los abordajes cuantitativos, sobre todo aquellos relativos a la generación de las muestras y la toma de datos de calidad. Uno de los desafíos más difíciles del proyecto estuvo marcado por las dificultades para reconocer formalmente la colaboración de las referentes de las organizaciones como trabajo. Las pautas de las convocatorias para financiamiento internacional, como las que solventaron la pesquisa, no están pensadas para la articulación con poblaciones que viven en condiciones precarias y sin registro impositivo. El proceso inflacionario que enfrenta Argentina también torna difícil anticipar la muestra, la extensión territorial y la intensidad del trabajo de campo que será posible realizar. El alcance del relevamiento, la cantidad de personas involucradas como encuestadores y las regiones sobre las que se pudo trabajar estuvieron condicionadas por el recorte presupuestario. Solo fue posible por la predisposición, la flexibilidad y la trayectoria militante de las personas travestis y trans convocadas.

En el presente, la investigación científica en Argentina está enfrentando una crisis debido a la interrupción de las líneas de financiamiento, el recorte de becas y de salarios a quienes trabajamos en los institutos y las universidades públicas. Esto está impidiendo que podamos continuar con el trabajo colaborativo con las organizaciones de todo el país. Entendemos que resulta fundamental adquirir los medios para construir encuentros presenciales de análisis y debates de datos, y de construcción de propuestas de políticas públicas que resulten adecuadas a las demandas de las personas travestis y trans, quienes también se encuentran en esta coyuntura política de la Argentina fuertemente atacadas y sus derechos en inminente peligro de ser vulnerados.

  • 1
    El equipo de las universidades estuvo conformado por investigadoras/es de la Universidad Nacional de José C. Paz, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Mar del Plata y la Universidad Nacional del Centro: Alejandra Roca, Cecilia Rustoyburu, Alejandra Dellacasa, Anahí Farji Neer, Sebastián Sustas, Melina Antoniucci, Juan Sotelo, Natacha Mateo, Estefanía Ayala y Clara Nocetti.
  • 2
    Fue financiado por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Científico y la Innovación en el marco de la convocatoria “PICTO Género”.
  • 3
    Respecto de estos indicadores de salud general, se relevó información sobre el padecimiento de enfermedades crónicas, acceso a medicamentos y a tratamientos.
  • 4
    El monotributo, en Argentina, es un régimen impositivo para pequeños contribuyentes que permite realizar facturas de servicios, el acceso a aportes previsionales y a una prestadora de salud (obra social).
  • Declaración de datos:
    Todos los datos están disponibles en el texto.

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Editado por

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    Sergio Carrara
  • Editora Associada:
    Regina Facchini

Disponibilidad de datos

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    27 Mar 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    01 Jul 2025
  • Acepto
    29 Nov 2025
Creative Common - by 4.0
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