Open-access El trabajo de la insistencia. Sobre la necesidad de incluir la mirada feminista en el campo de los estudios de ciencia y tecnología

The work of insistence. On the need to include the feminist gaze in the field of science and technology studies

O trabalho da insistência. Sobre a necessidade de incluir uma perspectiva feminista no campo dos estudos de ciência e tecnologia

Resumen

El artículo aborda la relación entre los estudios feministas y los estudios de ciencia y tecnología (CTS) en América Latina, destacando la importancia teórica de incluir perspectivas feministas en la forma como se investiga, en la región, la configuración del conocimiento experto y sus artefactos. Se plantea que, aunque hay avances, el feminismo aún debe insistir en su inclusión dentro del campo CTS, dado que las estructuras de poder siguen reproduciendo desigualdades que no son ajenas a la manera en que estos escenarios académicos están construidos. A esto se suma la poca institucionalización de estos campos interdisciplinares, que contribuye a que el diálogo entre ellos sea frágil. Finalmente, se reflexiona sobre nuevas posibilidades para expandir la mirada feminista en temas no tradicionales y su capacidad para transformar el conocimiento y las tecnologías que lo sostienen.

Palabras clave:
estudios feministas; estudios de ciencia y tecnología; trabajo de frontera; América Latina

Abstract

The paper addresses the relationship between feminist studies and science and technology studies (STS) in Latin America, highlighting the theoretical importance of including feminist approaches in the way in which the shaping of expert knowledge and its artifacts is researched in the region. Although progress has been made, feminism must still insist on its inclusion within the STS field, given that power structures continue to reproduce inequalities that are not unrelated to the way in which these academic scenarios are constructed. In addition, the lack of institutionalization of these interdisciplinary fields contributes to the fragility of the dialogue between them. Finally, the paper reflects on new possibilities for expanding the feminist perspective on non-traditional topics and its capacity to transform knowledge and the technologies that sustain it.

Keywords:
feminist studies; science and technology studies; boundary work; Latin América

Resumo

O artigo aborda a relação entre os estudos feministas e os estudos de ciência e tecnologia (CTS) na América Latina, destacando a importância teórica da inclusão de perspectivas feministas na forma como a configuração do conhecimento especializado e seus artefatos é investigada na região. Argumenta-se que, embora tenha havido progresso, o feminismo ainda precisa insistir em sua inclusão no campo dos CTS, uma vez que as estruturas de poder continuam a reproduzir desigualdades que não são alheias à forma como esses cenários acadêmicos são construídos. Soma-se a isso a falta de institucionalização desses campos interdisciplinares, o que contribui para a fragilidade do diálogo entre eles. Por fim, reflete-se sobre novas possibilidades de expansão do olhar feminista em disciplinas não tradicionais e sua capacidade de transformar o conhecimento e as tecnologias que o sustentam.

Palavras-chave:
estudos feministas; estudos de ciência e tecnologia; trabalho de fronteira; América Latina

Introducción

Quiero comenzar por agradecer a quienes propusieron este número temático de la revista Sexualidade, Saude e Sociedade por el impulso organizador de este espacio que se enmarca en un proyecto de pesquisa y divulgación sobre antropología feminista en torno a temas de Ciencia y Tecnología (Manica 2022). Uno de los principales antecedentes de este esfuerzo fue la mesa temática “Conversas entre mundos: CTS e antropologías feministas em Latinoamérica”, que tuvo lugar en el congreso de Esocite del año 20241.

En el tiempo que llevo asistiendo a estas reuniones regionales de estudios sociales de la ciencia y la tecnología, un lapso que casi suma 20 años, esta es la primera vez que una actividad central del congreso tiene que ver, explícitamente, con una perspectiva feminista en este campo. Sin embargo, este espacio de discusión ocurrió en simultánea a otra actividad plenaria y no fue del todo protagonista en la propuesta conceptual del congreso. La idea de realizarla nace por la insistencia de una persona, cercana a la mesa directiva del evento, por incluir este tema, antes que por iniciativa propia de la organización. Todo esto lleva a pensar que esta mesa es solo un logro parcial que da cuenta del lugar que tienen los estudios feministas dentro del campo de estudios CTS.

Me parece importante iniciar por un agradecimiento, pues la insistencia de esta colega porque este espacio de discusión fuese protagónico en el congreso se suma a la reiteración de muchas otras mujeres y académicas disidentes del género, en este y otros campos del conocimiento, que desde hace décadas vienen señalando, con terquedad, la importancia de incluir la mirada feminista en la pregunta por la configuración de los campos del conocimiento2. Lo anterior entendiendo que estos no son aportes marginales (Pereira 2012, 2019), ni que es políticamente correcto hacerles un lugar en nuestros currículos, espacios de conversación y grandes encuentros, sino con la certeza práctica y teórica de los aportes que estas corrientes de pensamiento transdisciplinares han hecho a la construcción de enfoques críticos y su papel en el fortalecimiento y el desarrollo de ciencias y tecnologías situadas (Ciccia 2022).

Incluir perspectivas feministas en la forma en que entendemos el conocimiento, su producción y posibilidad de transformación del mundo, permite, en palabras de Donna Haraway (1995, 8-9), fortalecer un sentido de objetividad que no promete trascendencia. Pero también contribuye a reconocer que la teoría otorga poder y tiene claro que éste no es un atributo inocente. Los feminismos hacen lugar a formas de conocimiento que más que representar el mundo, lo describen y lo configuran, perspectivas que hacen mundos, no sólo ideas totalizantes de un único sistema global que prescribe nuestra existencia. Estos enfoques invitan a prestar atención a los innumerables circuitos de conexiones que nos sostienen y a las habilidades parciales de traducir los conocimientos entre comunidades muy diferentes y diferenciadas. Las ciencias y tecnologías feministas, por las que amerita insistir, nos permiten vivir en el futuro, con nuestros cuerpos, reitera esta autora, ellas no buscan la inmortalidad ni la omnipotencia.

Agradecer es entonces una forma de retribuir y así dar continuidad a esa tarea que aún está lejos de culminarse, una invitación para que otras se sumen a ella para buscar hacerla posible en distintos rincones y tiempos. Agradecer permite reconocer el trabajo (más-que-académico) que el feminismo hace, buscando transformar el mundo: el trabajo de la insistencia.

¿Cómo puede el feminismo transformar los estudios CTS?

Cabe esbozar una respuesta a esta pregunta haciendo una precisión. El feminismo es un movimiento social de muchos años, que tiene muchas caras y matices, que se nutre de muchas corrientes y miradas, pero que no es sólo un movimiento social. El feminismo del que quiero hablar aquí y en el que me reconozco, es también una propuesta teórica que se nutre de las demandas sociales, pero que también le devuelve la mirada y le hace preguntas críticas a la movilización, al tiempo que es permeable a ella.

En términos académicos, y particularmente teóricos, las miradas feministas se preguntan por el poder, por cómo éste es capaz de reproducir ordenes sociales arraigados, que colocan a ciertos sujetos/entidades en un lugar de subordinación con respecto a otros. Desde estas miradas, se indaga por las formas en que ese poder, como ejercicio y habilidad de configurar el mundo de lo social, contribuye a establecer como naturales un conjunto de dicotomías y binarismos a partir de los cuáles navegamos nuestra existencia. Así, las teorías feministas se preguntan por la desigualdad, por cómo ella está construida y naturalizada. Son perspectivas que indagan por todo aquello que ese orden social deja por fuera, por lo que margina y por lo que de esa marginación emerge. Son corrientes de pensamiento que invitan a indagar por cómo esos lugares marginales al poder (ese que oprime), son también escenarios creativos desde los que se consigue habitar el mundo de otras formas, que exceden los órdenes sociales y las desigualdades estructurales, aunque no siempre puedan escapar a ellos totalmente. Las teorías feministas, además de ser críticas a la manera en que se configura el poder, se abren a la fabulación y la especulación para desde allí crear otros mundos vivibles y otras comprensiones de lo que es la acción en torno a lo posible (otras maneras de entender el poder).

El trabajo de los feminismos (como campo teórico/académico) es una labor de insistir en la transformación del mundo. Este trabajo de la insistencia suele realizarse y encarnarse en los mismos cuerpos que ocupan lugares de subordinación, que son objeto de crítica. Esto es, en los cuerpos de algunas mujeres (en particular) y de algunas disidencias del género en términos más generales. Lo anterior atiende a lo que Sandra Harding (2014) ha llamado un posicionamiento epistemológico del punto de vista feminista, que indica que es nuestro propio lugar de subordinación el que nos permite dar cuenta de cómo éste se configura como la contracara del poder y del privilegio.

Ese trabajo de la insistencia propio de los feminismos, esa labor recurrente, que se hace una y otra vez y que es luego retomado por otras y por otras y por otras; se trata de una tarea de perseverar que tienen en el horizonte y que busca en la práctica transformar realidades que nos resultan incómodas. Realidades que marginan, invisibilizan, ningunean, quitan valor a lo que hacemos. Me interesa señalar de manera enfática que esto no es una afirmación meramente normativa, del tipo “no nos están incluyendo, por favor inclúyannos”. Se trata de una afirmación sociológica, si se quiere, que pone el foco teórico y empírico en la forma en que el campo científico se ha construido y ha construido las fronteras entre otros campos del saber. Es un asunto nuevamente de relaciones de poder.

Al respecto me permito retomar una reflexión de Maria do Mar Pereira (2012), sobre la configuración de la ciencia como territorio y en particular, sobre el trabajo de frontera que se realiza para definir dónde comienza y dónde termina un campo del saber. Desde los estudios CTS hay una amplia discusión sobre cómo funciona esa labor de demarcar qué es o no ciencia, qué es experticia, que hace que un método sea válido o no, y así (Friman 2010; Gieryn 1983; Pawley 2012). Si bien, la literatura ha dado cuenta de cómo los intereses, las estrategias, las suposiciones, las alianzas, los antecedentes disciplinarios, las afiliaciones institucionales, la posición en las jerarquías profesionales, las posturas políticas e incluso las creencias religiosas, definen lo que la ciencia y la tecnología son, no hay mayor reflexión investigativa sobre cómo ese trabajo de demarcación está atravesado por la forma en que el género, la sexualidad, la raza, la etnia (y la nacionalidad de las y los académicos, entre muchos otros marcadores identitarios) influyen en el éxito de ese trabajo de demarcación, ese trabajo de frontera. Y esto es importante pues en sociedades desiguales, como las nuestras, la credibilidad también está desigualmente distribuida. Esta realidad explica que no existan las condiciones de posibilidad para que el trabajo de frontera funcione, en el sentido de definir con amplitud lo que lo configura. En particular, cuando dicha labor la realizan y encarnan personas que ocupan lugares de subordinación, que es el caso del feminismo, como lo he señalado antes.

Esta reflexión nos invita a observar lo que sucede con el posicionamiento de los estudios feministas dentro del campo de los estudios sociales en general. Y en particular considerar cómo la posición de género, clase, raza, de algunas personas dentro del campo de los estudios de ciencia y tecnología y que abanderan perspectivas feministas, afecta su capacidad de posicionar ciertos temas dentro de ese campo. Esto subraya que la ciencia (social, humana, el campo CTS) no está por fuera de la forma en que la sociedad en general está estructurada.

Señalo esto sintiéndome reconocida en esa reflexión, vista por ella. En el sentido de que esta pregunta por cuál es el lugar que tengo aquí—junto con otras, que están conmigo haciendo parte de este número y con quienes están leyendo estas líneas—para posicionar y con ello demarcar la importancia de los estudios feministas dentro del campo de los estudios de ciencia y tecnología. Una pregunta por la capacidad (limitada) que mi lugar social tiene para hacer ese trabajo de frontera. Y digo limitada pues esta no es una conversación nueva, lo sabemos.

Es por eso, que, así como hay quienes insisten, hay quienes nos cansamos también, o quienes buscamos otras maneras de insistir, preguntándonos si en la forma en que a veces hacemos nuestro trabajo, en nuestra forma de insistir, quizás hay algo que podríamos estar haciendo distinto para que nuestro trabajo de frontera funcione y permita transformar, desde la teoría feminista, el campo de los estudios CTS.

Una mirada hacia atrás

Con estas reflexiones en el trasfondo, miro hacia atrás y reconozco que las preguntas que hoy me convocan en este número especial, llegaron a mí en otro momento y me permitieron indagar sobre los posibles diálogos entre los Estudios de ciencia y tecnología y los estudios Feministas. En el 2012, junto con dos colegas, María Fernanda Olarte y Adriana Díaz del Castillo escribí un capítulo de libro sobre el trabajo de científicas forenses en Colombia, entendiéndolo como un trabajo de cuidado. Para enmarcar esta reflexión, dije, en su momento, unas líneas que retomo y amplío aquí por la actualidad que ellas aún tienen (Pérez-Bustos et al. 2014).

En Latinoamérica, los estudios feministas y los estudios de ciencia y tecnología no han seguido el mismo proceso de institucionalización que en Europa y en Estados Unidos. Por esta razón, los debates feministas acerca de la producción de conocimientos científicos y tecnológicos aún no terminan de florecer en la región. Esto ha llevado a que los diálogos entre estos dos proyectos académicos interdisciplinarios no sean sistemáticos y, en algunos casos, hayan sido incluso inexistentes. Esta situación contrasta con las reflexiones que desde hace largo tiempo planteó el feminismo noratlántico y anglófono sobre los estudios de ciencia y tecnología, y que han subrayado las interdependencias entre estos dos campos (Puig de la Bellacasa 2011; Bauchspie y Puig de la Bellacasa 2009; Haraway 1996; Suchman 2002; Wajcman 2006; Fischetti y Torrano 2024; Olarte-Sierra y Pérez-Bustos 2020; Atkinson-Graham et al. 2015; Harding 1996).

Es importante volver sobre estas reflexiones pues en ocasiones asumimos miradas binarias y dicotómicas sobre ese conocimiento producido en el norte, que pierden de vista una cierta geopolítica del conocimiento, más local. Estas apuestas, en ocasiones más ideológicas que propiamente teóricas o empíricas nos llevan a despreciar posibles alianzas con colegas en el otro lado del atlántico que puedan ser útiles para hacer ese trabajo de frontera aquí. Esto es, que pueden ayudar a posicionar los aportes del feminismo en el campo CTS; justamente por el hecho de que ese trabajo esté escrito en inglés y circule en los centros de producción académica. Como he señalado en otro momento (Pérez-Bustos 2017), la geopolítica de conocimiento que pone en un lugar de subordinación aquello que se investiga y elabora conceptualmente desde el sur global, no tiene que ver solo con un asunto de lenguaje. Reconocer que el conocimiento producido en el norte global no es homogéneo, como tampoco lo es el que emerge del sur global, pasa por ampliar la mirada, desenfocar nuestros sesgos, y evidenciar que hay conversaciones posibles que requieren de trabajos de traducción intercultural, con base en los cuales otras alianzas feministas puedan darse; y con ello, propiciar transformaciones epistémicas que beneficien a las teorías feministas y su posicionamiento en la academia en su conjunto. Así, si bien este trabajo de la insistencia, puede que recaiga en un primer momento sobre nosotras en este lado del mundo, ello no implica que no tenga sentido que lo hagamos, como un primer paso para que luego esa labor se pueda también redistribuir. En este sentido, transformar el campo CTS en América Latina pasa también por conversar con las transformaciones que ya han ocurrido en otros lugares, por visibilizarlas y hacerlas accesibles.

Ahora bien, la ausencia de diálogo entre estas aproximaciones interdisciplinarias en la región tiene al menos dos consecuencias. En primer lugar, está la emergencia tardía de preguntas sobre las implicaciones epistemológicas del género, de la sexualidad y del poder en la configuración de la ciencia y la tecnología en los países del sur global. Por ejemplo, un área que sería interesante abordar es la investigación CTS relacionada con la guerra y los conflictos internos en los países latinoamericanos. Estudios llevados a cabo en Argentina (Lalouf y Thomas 2004; Blinder 2014), Brasil (Peixoto 1988) y Colombia (Gómez-Morales 2011; Castro 2017), se han enfocado principalmente en el estudio de la tecnología de la guerra y las innovaciones ilegales en el contexto de conflictos armados internos, pero no han considerado la manera en que esas tecnologías podrían estar atravesadas por el género (Fischetti y Torrano 2024). Según Wajcman (2006), vemos cómo esos estudios suponen que las identidades de quienes diseñan tecnologías y las usan regularmente, no influyen en las tecnologías mismas sino que simplemente influencian las jerarquías entre los sujetos, como si una cosa pudiera disociarse de la otra.

Este tipo de investigaciones realizadas en la región abren preguntas sobre el papel de las masculinidades en la configuración del campo científico y tecnológico; sobre todo en contextos de ciencias profundamente extractivistas y militarizadas. Pero también, invitan indirectamente a indagar por tecnologías que en contextos de conflicto armado han llamado a la vida y al cuidado, como es el caso, por ejemplo, del hacer textil colectivo que en contextos como Colombia o Chile se han configurado como tecnologías de la juntanza y la memoria, en medio de situaciones de profunda violencia (Pérez-Bustos et al. 2022; Bacic 2014; Doolan 2016; Pérez Hernández y Viñolo Berenguel 2010; Mondragón 2022).

La segunda consecuencia de este diálogo limitado entre los estudios de ciencia y tecnología y los estudios feministas y de género en regiones como la nuestra, es que la mayor parte de las investigaciones que tratan de articular el género con la comprensión de cómo se configura social y culturalmente el conocimiento experto y sus dispositivos y artefactos de funcionamiento, lo hacen sin tener en cuenta, explícitamente, el aporte de las teorías feministas que han florecido en Latinoamérica. Además, el enfoque más ampliamente adoptado, como ya he señalado, deja de lado la crítica feminista a la ciencia y la tecnología hegemónicas, producidas desde el principio de los años 1980 en Europa occidental y en Norteamérica.

Este es el caso de la mayoría de las investigaciones relacionadas con la baja participación de las mujeres en los campos científicos en la región (Pérez Sedeño 1995, 2011a, b; Blasquez Graff y Flores 2005; Bonder 2008; Fernández Ruis 2006, 2012). El principal objetivo de esos estudios ha sido discutir las barreras socio-institucionales que explican la presencia minoritaria de mujeres en esos campos predominantemente masculinos3. Aunque este énfasis pueda ser considerado como estratégico, en tanto que permite dar cuenta de las desigualdades relacionadas con el género en los sistemas nacionales de ciencia y de tecnología, paradójicamente también contribuye a negar otros tipos de diferencias y de relaciones de poder en esos sistemas. Como es el caso de aquellas desigualdades acentuadas por asuntos de clase, raza, orientación sexual (Pérez-Bustos y García Becerra 2013; Pérez-Bustos 2014; Pérez-Bustos y Botero Marulanda 2013), por nombrar algunas dimensiones, que hoy día están en riesgo de ser invisibilizadas por el giro neofascista que estamos viviéndose a nivel mundial.

Por su parte, esta discusión que se centra en revisar la configuración del campo científico en términos de exclusiones de género sin una mirada interseccional, y que ha sido la predominante en la región, aporta poco a la comprensión de cómo los procedimientos, métodos, innovaciones, tecnologías e impactos sociales involucrados en la producción y aplicación de conocimientos científicos son situados, encarnados y atravesados por el género, entendido éste siempre como configurado por otras dimensiones de poder y desigualdad.

En este sentido, quisiera subrayar, al respecto, que el estudio de la ciencia y la tecnología desde una perspectiva feminista en América Latina va más allá del estudio de las diferencias entre los hombres y las mujeres en las ciencias, o de subrayar el rol y las contribuciones de las mujeres en campos científicos específicos. Junto con esto, hacer el énfasis en que los estudios feministas proponen formas de observar y comprender la política de la ciencia y de la tecnología—en un sentido general, no sólo de la ciencia y la tecnología institucionalizada, que a mi juicio es el eje vertebrador del campo CTS en América Latina. Estas propuestas realizan un análisis crítico de los mecanismos de hacer y pensar las ciencias—la producción de conocimiento, sus dimensiones epistemológicas y sus formas de conocer en términos metodológicos, por ejemplo—y nos invitan a dar cuenta de cómo estos procesos están anclados en la vida cotidiana, por ejemplo, en los laboratorios, pero también en las salas de espera, en los espacios intermedios, en la articulación con los espacios domésticos, en la dimensión íntima y personal de quienes encarnan esos oficios de conocer el mundo para transformarlo.

Es en este contexto, que trece años después de esa primera reflexión que hice, seguimos insistiendo en la necesidad de que los diálogos entre los estudios sociales de la ciencia y la tecnología y los estudios feministas puedan darse, como una forma de transformar la mirada de sus lentes teóricos, de hacer ese trabajo de frontera, al que referí antes. Esto para que pensar el mundo e imaginarlo, en lo que respecta a los conocimientos expertos y sus artefactos, pueda nutrirse de una mirada feminista compleja.

¿Están los estudios feministas ayudándonos a ver el mundo?

Vuelvo entonces sobre el trabajo de la insistencia. Pero ahora no sólo hacia el campo CTS, sino también hacia el propio campo de los estudios feministas en la región, en donde la pregunta epistemológica parece aún no ser relevante.

En América Latina, más que prácticas para demarcar y definir el campo de los estudios feministas y de género, lo que predomina son ciertos temas centrales que definen lo que el campo es—asunto que, valga decir, parece no ser muy distinto en el campo CTS en la región, donde no importa cómo se estudia algo, sino aquello que es estudiado, como si los estudios de ciencia y tecnología no ofrecieran entradas metodológicas que sean útiles para entender el mundo y sus configuraciones, como si fuese posible evadir la pregunta por las tecnologías y las ciencias en algún dominio de nuestra existencia, más allá de aquel definido por la propia institucionalidad de la ciencia y la tecnología, así en singular.

El trabajo de frontera que define a los estudios feministas en la región está dado por la elaboración teórica y el amplio trabajo empírico en torno a asuntos como, por ejemplo, las violencias basadas en género, la salud sexual y reproductiva y en ella la investigación sobre el aborto o sobre el trabajo sexual, el trabajo de cuidado y su feminización, la pregunta por las disidencias sexuales y sus discriminaciones. Esto, por mencionar algunos de los temas más importantes.

Pero ¿qué pasa con otros temas que no son afines a estos? ¿qué pasa por ejemplo con la innovación tecnológica, en el caso de los juguetes sexuales diseñados en Brasil o en Colombia (Bolzani 2023; Giraldo Rojas 2022) o con el vínculo entre ciencia, tecnología y sociedad a través de los proyectos de extensión y de innovación social, como es el trabajo de las cooperativas de cartoneros o las incubadoras estudiantiles que en su raíz buscan proponer otros sistemas económicos anti capitalistas (Fraga 2017, 2020; Carenzo 2011; Carenzo y Trentini 2020), pero que también pueden traer al centro del debate preguntas por otros lugares de género, clase y raza como centrales en la concepción de tecnología? ¿qué pasa también con la divulgación científica y sus apuestas por pensar otros lenguajes y otras formas de acercarnos al conocimiento y con ello romper con las fronteras de lo que entendemos como experticia y circulación de conocimiento (Fleischer y Manica 2021; Silva et al. 2023)?

¿Qué apuestas teóricas y metodológicas tienen estas otras posibilidades de estudiar el mundo desde el feminismo? ¿pueden estos otros temas contribuir a transformar la mirada de los estudios de ciencia y tecnología, pero también la de los estudios feministas y sus afinidades temáticas? ¿Qué tiene para ofrecernos la teoría feminista como lente para la comprensión del mundo en general? ¿De qué manera el feminismo nos puede ayudar a entender y a transformar dinámicas de injusticia epistémica, por ejemplo, o a dinamitar ciertas miradas dicotómicas que están tan arraigadas a nuestra forma de pensar el mundo (por ejemplo, en la manera en que entendemos las cosas, la materialidad)?

Por supuesto estas son para mí preguntas retóricas. Claro que estos temas pueden nutrirse de la mirada feminista y enriquecer el campo CTS, por supuesto que el feminismo tiene mucho para decir sobre cómo el conocimiento y la experticia están situados, son modestos, violentos, pero también sensibles e íntimos y transgresores, incluso en temas como la física cuántica o la ingeniería química. Claro que el feminismo nos ha invitado (y hace rato) a pensar por fuera de los binarismos y de las dicotomías, se ha juntado con el arte y la literatura, con la ingeniería, para permitirnos especular y esa especulación ya está haciendo otros mundos posibles y vivibles y cuidadosos (Haraway 2008, 2019; Tsing 2015). Ahora, si esas aproximaciones son el eje vertebrador del campo CTS o del campo feminista en América Latina, es otro asunto.

En mi caso desde hace al menos 10 años decidí alejarme del estudio del campo científico como configurado por el género, no porque no me pareciera una pregunta relevante, sino más bien porque me aburrí, de intentar, a través de esas investigaciones, conseguir alguna transformación del campo. Y este es un asunto de mi incapacidad de hacer toda la gestión que ello requiere, no un asunto del tema en sí mismo.

Coda

Hace unas semanas escuché una entrevista a una escritora Argentina y mujer trans, Camila Sosa, en donde le preguntaban por cómo creía ella que el arte podía cambiar el mundo y ella respondió algo que me interpeló. Y quiero traer esa respuesta suya aquí para cerrar esta reflexión, intentando cambiar la pregunta y en lugar de arte pensar por cómo la investigación CTS y/o la investigación feminista pueden cambiar el mundo. Palabras más palabras menos decía Camila Sosa, y digo yo ahora, aquí, en este texto: no creo que para transformar el mundo haya que mirar hacia la investigación feminista y los estudios de ciencia y tecnología y sus conversaciones o silencios mutuos, si a acaso estos campos pueden acompañar la transformación, pero no es claro si pueden contribuir a ella. Entonces, quizás haya que dejar de preguntarse por esos campos (en sí mismos), y confiar más, acompañar más, quedarse más, con las prácticas domésticas que ya sabemos están transformando el mundo; transformando la existencia en el día a día de otras personas reales y concretas. Yo prefiero mirar hacia allá y volver a la cocina y seguir bordando y tejiendo con otras, por ejemplo. Si esos temas llegan a estar en un próximo congreso de Esocite en una mesa protagonista, o si son centrales en las revistas académicas de punta, como es el caso de Sexualidad, Salud y Sociedad, no lo sé, pero esas prácticas van a seguir transformando el mundo, independiente de que así sea.

  • 1
    Este artículo de reflexión amplía la contribución que hice en la mesa temática “Conversas entre mundos: CTS e antropologías feministas em Latinoamérica” que fue realizado en el congreso de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Esocite, en julio del 2024, Campinas.
  • 2
    Ejemplo de ello son los casi 20 años que lleva realizándose el congreso iberoamericano de ciencia tecnología y género, siempre de forma simultánea y sin mayor conversación con los congresos latinoamericanos de estudios sociales de la ciencia y la tecnología.
  • 3
    En Colombia sólo 38% de las científicas registradas en la base de datos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación son mujeres.
  • Declaración de datos:
    Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del documento.

Referencias

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Editado por

  • Editor:
    Sergio Carrara
  • Editora Associada:
    Regina Facchini

Disponibilidad de datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del documento.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    27 Mar 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    06 Jul 2025
  • Acepto
    19 Nov 2025
Creative Common - by 4.0
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