Objetivo: investigar las barreras para la gestión de alarmas clínicas según enfermeros y técnicos de enfermería y examinar las características de la atención a las alarmas clínicas en unidades de cuidados intensivos.
Método: estudio transversal realizado en un hospital acreditado por la Joint Commission International y el American Nurses Credentialing Center Magnet Recognition. Se aplicó un formulario para identificar las barreras para la gestión de las alarmas clínicas y se llevaron a cabo 84 horas de observación.
Resultados: participaron 92 profesionales (33 enfermeros y 59 técnicos de enfermería). La percepción de dimensionamiento inadecuado del personal de enfermería fue más frecuente entre los enfermeros (21,2%) que entre los técnicos de enfermería (3,4%; p=0,006). La competencia entre alarmas clínicas y ruidos de otros equipos se identificó como similar entre los enfermeros (20; 60,6%) y los técnicos de enfermería (35; 53,9%; p=0,981). Las interrupciones frecuentes de las actividades fueron referidas por enfermeros (6; 18,2%) y técnicos de enfermería (17; 28,8%) (p=0,615). Se registraron 49 alarmas clínicas, con promedio de tiempo de respuesta de 2,5 minutos (DE 2,8) y tres (6,1%) ignoradas.
Conclusión: se identificaron diversas barreras a la gestión adecuada, incluidos los recursos humanos, factores ambientales y el proceso de trabajo. En cuanto a la atención, predominaron las alarmas de monitores multiparámetros, respondidas mayoritariamente por el equipo de enfermería, con baja proporción de alarmas clínicas ignoradas.
Descriptores:
Unidades de Cuidados Intensivos; Cuidados Críticos; Seguridad del Paciente; Alarmas Clínicas; Enfermeras Practicantes; Enfermería
Destacados:
(1) El estudio investigó las barreras para la gestión de alarmas clínicas en Unidades de Cuidados Intensivos. (2) La falta de personal fue señalada como barrera por 21,2% de los enfermeros. (3) El ruido excesivo fue considerado un problema por 60,6% de los enfermeros. (4) El ruido excesivo fue considerado una barrera por 59,3% de los técnicos de enfermería. (5) 6,1% de las alarmas clínicas fueron ignoradas por los enfermeros y los técnicos de enfermería.
Objective: to investigate the barriers to clinical alarm management according to nurses and nursing technicians and to examine characteristics of clinical alarm response in intensive care units.
Method: a cross-sectional study was conducted in a hospital accredited by the Joint Commission International and the American Nurses Credentialing Center Magnet Recognition. A questionnaire was used to identify barriers to clinical alarm management and 84 hours of observation were carried out.
Results: 92 professionals participated (33 nurses; 59 nursing technicians). The perception of inadequate nursing staffing levels was more frequent among nurses (21.2%) than among nursing technicians (3.4%; p=0.006). Competition between clinical alarms and noise from other equipment was identified as similar among nurses (20; 60.6%) and nursing technicians (35; 53.9%; p=0.981). Frequent interruptions of activities were reported by nurses (6; 18.2%) and nursing technicians (17; 28.8%) (p=0.615). Forty-nine clinical alarms were recorded, with a mean response time of 2.5 minutes (SD 2.8) and three (6.1%) were ignored.
Conclusion: several barriers to adequate management were identified, including human resources, environmental factors and work processes. Regarding care, alarms from multiparameter monitors predominated, responded to mainly by the nursing staff, with a low proportion of ignored clinical alarms.
Descriptors:
Intensive Care Units; Critical Care; Patient Safety; Clinical Alarms; Nurse Practitioners; Nursing
Highlights:
(1) The study investigated barriers to the management of clinical alarms in the Intensive Care Units. (2) Staff shortages were cited as a barrier by 21.2% of nurses. (3) Excessive noise was considered a problem by 60.6% of nurses. (4) Excessive noise was considered a barrier by 59.3% of nursing technicians. (5) 6.1% of clinical alarms were ignored by nurses and nursing technicians.
Objetivo: investigar as barreiras para o gerenciamento de alarmes clínicos segundo enfermeiros e técnicos em enfermagem e examinar características do atendimento aos alarmes clínicos em unidades de terapia intensiva.
Método: estudo transversal realizado em um hospital acreditado pela Joint Commission International e American Nurses Credentialing Center Magnet Recognition. Aplicou-se formulário para identificar as barreiras para o gerenciamento dos alarmes clínicos e realizou-se 84 horas de observação.
Resultados: participaram 92 profissionais (33 enfermeiros e 59 técnicos em enfermagem). A percepção de dimensionamento de pessoal de enfermagem inadequado foi mais frequente entre enfermeiros (21,2%) do que entre técnicos em enfermagem (3,4%; p=0,006). A competição entre alarmes clínicos e ruídos de outros equipamentos foi identificada como semelhante entre os enfermeiros (20; 60,6%) e técnicos em enfermagem (35; 53,9%; p=0,981). Interrupções frequentes de atividades foram relatadas por enfermeiros (6; 18,2%) e técnicos em enfermagem (17; 28,8%) (p=0,615). Registram-se 49 alarmes clínicos, com média de tempo-resposta de 2,5 minutos (DP 2,8) e três (6,1%) ignorados.
Conclusão: diversas barreiras ao gerenciamento adequado foram identificadas, incluindo recursos humanos, fatores ambientais e processo de trabalho. Quanto ao atendimento, predominaram alarmes de monitores multiparâmetros, respondidos majoritariamente pela equipe de enfermagem, com baixa proporção de alarmes clínicos ignorados.
Descritores:
Unidades de Terapia Intensiva; Cuidados Críticos; Segurança do Paciente; Alarmes Clínicos; Profissionais de Enfermagem; Enfermagem
Destaques:
(1) O estudo investigou as barreiras para o gerenciamento de alarmes clínicos em Unidades de Terapia Intensiva. (2) A falta de pessoal foi apontada como barreira por 21,2% dos enfermeiros. (3) O ruído excessivo foi considerado um problema por 60,6% dos enfermeiros. (4) O ruído excessivo foi considerado uma barreira por 59,3% dos técnicos em enfermagem. (5) 6,1% dos alarmes clínicos foram ignorados pelos enfermeiros e técnicos em enfermagem.
Introducción
Las unidades de terapia intensiva (UCI) se destinan a la atención, en sistema de vigilancia continua, de pacientes graves o de riesgo, potencialmente recuperables, por medio del diagnóstico, tratamiento y rehabilitación, prestados por un equipo multidisciplinar compuesto por médicos, enfermeros, técnicos de enfermería, fisioterapeutas, farmacéuticos, nutricionistas y psicólogos que promueven el cuidado centrado en la persona1-3.
Para la prestación de cuidados en este escenario, es necesario el empleo de diversas tecnologías en salud, como los dispositivos médicos4. Entre ellos, se destacan monitores multiparámetros, ventiladores mecánicos, bombas de infusión continua y oxímetros de pulso, por ejemplo. Estos dispositivos recopilan datos del paciente o de determinadas terapéuticas administradas a él con alta frecuencia, es decir, realizan la lectura de la frecuencia cardiaca y respiratoria, de la saturación periférica de oxígeno, de la temperatura y de las condiciones de administración de medicamentos o gases medicinales múltiples veces por segundo5. Los dispositivos médicos se consideran apoyos para la toma de decisiones clínicas y, por su relevancia, están equipados con sistemas de alarmas clínicas (AC)6.
Las AC pueden definirse como recursos visuales y auditivos presentes en diversos dispositivos médicos con el fin de mantener la seguridad de los pacientes. Deben configurarse de acuerdo con las características clínicas y las necesidades de cada paciente, con el objetivo de evitar alarmas falsos positivos, así como eventos adversos (EA) derivados de situaciones no señalizadas7. En este sentido, las AC son herramientas importantes que pueden contribuir a la mejora de los estándares de seguridad del paciente, pues determinados EA e incidentes que resultan en daños a la salud pueden evitarse mediante la gestión de las AC emitidos por los dispositivos médicos8.
La gestión de AC comprende una combinación de intervenciones basadas en evidencias, lo que incluye programas educativos, desarrollo de políticas y procedimientos, reducción de la monitorización excesiva de pacientes y personalización de parámetros de AC9. Subrayando su importancia, este tema fue incorporado en el año 2019 en la 7ª edición del Manual Internacional de Estándares para la Acreditación de Hospitales de la Joint Commission International (JCI), descrito en el capítulo de Cuidados del Paciente10.
Diversos aspectos pueden perjudicar la gestión de AC, como la falta de uniformidad en los estándares de monitorización, la priorización absoluta de pacientes de mayor gravedad en detrimento de aquellos que demandan cuidados con menor frecuencia o cuyas enfermedades sugieren menor gravedad, el dimensionamiento de los profesionales de enfermería por debajo de las necesidades y la fatiga por AC11. Resultados de estudios nacionales e internacionales dedicados a investigar la gestión de AC se centraron en elucidar principalmente los efectos de la fatiga por alarmas entre enfermeros asistenciales en UCI11-13. Se evidenció que estos profesionales están expuestos a altos niveles de fatiga por alarmas, lo que ocasiona alta frecuencia de AC ignoradas y una relación entre la fatiga por alarmas y el burnout11-13.
Se observa, sin embargo, que la categoría de técnicos de enfermería o nursing assistants, que constituye una parte importante de los proveedores de cuidados de enfermería en UCI, no ha sido incluida, lo que termina por limitar el análisis de la gestión de AC en UCI nacionales e internacionales11-13. Así, aunque la literatura científica señale efectos deletéreos de la ausencia de gestión de AC, aún existe la necesidad de investigaciones que proporcionen una comprensión de los factores que afectan y dificultan la gestión adecuada de AC, con base en los principios de la seguridad del paciente, entre los miembros del equipo de enfermería14.
Por lo tanto, tomando en consideración lo expuesto, este estudio tuvo como objetivos investigar las barreras para la gestión de alarmas clínicas según enfermeros y técnicos de enfermería y examinar las características de la atención a las alarmas clínicas en unidades de terapia intensiva.
Método
Diseño del estudio
Se trata de un estudio transversal reportado según las directrices del Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology (STROBE)15.
Escenario del estudio
El estudio fue realizado en tres UCI de un hospital general, privado, de gran tamaño, filantrópico, ubicado en la ciudad de São Paulo, SP, Brasil y acreditado por la Joint Commission International y el American Nurses Credentialing Center Magnet Recognition, con 966 camas, entre habitaciones de clínica médica y quirúrgica, unidad de cuidados semiintensivos y unidades de cuidados intensivos de adultos, neonatales y pediátricas. Las 84 camas de cuidados intensivos de adultos están distribuidas en tres unidades, de la siguiente manera: UCI A, general, que atiende a pacientes con afecciones clínicas o quirúrgicas; UCI B, especializada en la atención de pacientes con afecciones neurológicas; y UCI C, especializada en la atención de receptores de trasplante de hígado.
Población y muestra
La población estuvo constituida por enfermeras y técnicos de enfermería que actuaban en las UCI, de ambos sexos; en estas unidades seleccionadas para la realización de la investigación se desempeñaban 230 enfermeras y técnicos de enfermería. Así, con el fin de garantizar la representatividad de los resultados de la investigación, se estableció una muestra no probabilística por conveniencia16. De los 230 profesionales accesibles a los investigadores, 30 se encontraban de baja o de vacaciones. Por lo tanto, la población estuvo constituida por 200 profesionales.
Criterios de elegibilidad
Se incluyeron enfermeros y técnicos de enfermería que actuaban en las UCI de la institución seleccionada para la realización del estudio, de ambos sexos, mayores de 18 años, independientemente del tiempo de formación y de experiencia profesional, de todos los turnos de trabajo y que aceptaron participar en la investigación mediante la firma del Consentimiento Informado (CI).
Se excluyeron los profesionales que estaban de vacaciones o de baja en el período en que se realizó la recogida de datos.
Variables del estudio
Variables relacionadas con los profesionales
Variables de caracterización socioprofesional, a saber: sexo, estado civil, categoría profesional, formación a nivel de especialización lato sensu, formación stricto sensu, área de actuación, turno de trabajo, presencia de doble vínculo profesional y situación laboral posguardia.
Variables relacionadas con los AC
Se recogieron variables relacionadas con la activación de las AC y su atención: dispositivo médico en el que se produjo la activación de la AC, turno en el que ocurrió la activación de la alarma, parámetro asociado al disparo de la AC, tiempo transcurrido entre la activación de la AC y su atención (tiempo de respuesta) y ocurrencia de AC ignorada. Se consideraron ignorados las AC no atendidas durante un período igual o superior a cinco minutos.
Variables e instrumento de recogida de datos relacionados con las barreras para la gestión de AC
El instrumento de recogida de datos fue elaborado por los autores teniendo en cuenta las variables empleadas en un estudio previo17 y fundamentadas en las recomendaciones de la Healthcare Technology Foundation18. Así, se incluyeron nueve variables: ocurrencia de alarmas falsos positivos que llevan a la reducción de la atención o respuesta a las AC; dificultades para detectar o comprender la prioridad de una AC; adecuación del dimensionamiento del personal de enfermería para la atención de las AC; dificultad para oír las AC cuando se activan; dificultad para identificar el origen de una AC; dependencia excesiva de las AC para llamar la atención sobre los problemas de los pacientes; competencia entre ruidos de AC y equipos no clínicos; falta de capacitación en sistemas de AC; dificultad para configurar correctamente las AC. Para cada una de ellas, se solicitó a los profesionales de enfermería que respondieran si observaban su ocurrencia o no.
Procedimientos de gestión de AC en las UCI seleccionadas para la realización del estudio
En la UCI A, las camas se disponen en habitaciones individuales y están equipadas con monitores individuales; en ella, la supervisión de los monitores multiparámetros se realiza en dos puntos: en el puesto de enfermería y en la sala de monitoreo central. El puesto de enfermería cuenta con el reflejo simultáneo de las pantallas de los monitores multiparámetros en un monitor de vídeo y la sala de monitoreo central, un espacio físico específico ubicado dentro de la UCI, está equipada con dos grandes monitores de vídeo. En el primero se reflejan, simultáneamente, las pantallas de los monitores multiparámetros de cada paciente y en el segundo se muestran las imágenes captadas de cada habitación, lo que permite identificar el momento en que un profesional atiende a una AC, por ejemplo. Estos monitores son observados constantemente por un enfermero o un técnico de enfermería. Los profesionales están capacitados para el reconocimiento de alteraciones en los signos vitales, así como en los trazados electrocardiográficos. Cuando identifican alteraciones, notifican por teléfono a los miembros del equipo de enfermería responsables de la atención directa a los pacientes.
En las UCI B y C, las camas están separadas por cortinas o por boxes. En ellas, los monitores multiparámetros y los demás dispositivos son observados directamente por el equipo de enfermería, no habiendo supervisión de las señales captadas por los monitores multiparámetros por parte de un profesional de enfermería en una sala de monitoreo central. En todas las UCI, los límites mínimos y máximos configurados en las AC son determinados y ajustados diariamente, según las características clínicas de cada paciente, por los enfermeros y los médicos de guardia. Así, de acuerdo con la política institucional, el enfermero es el profesional responsable de ajustar los parámetros de las AC en los monitores multiparámetros y en las bombas de infusión continua de las UCI.
Recogida de datos
Recogida de datos de los AC
La fase de recogida de las AC de monitores multiparámetros, bombas de infusión continua y ventiladores mecánicos tuvo lugar en el período del 7 de junio al 16 de agosto de 2024 y la fase de recogida de datos de los profesionales de enfermería se realizó del 27 de junio al 20 de septiembre de 2024.
Se llevaron a cabo las siguientes etapas: las camas de las UCI fueron seleccionadas de forma aleatoria, es decir, se sortearon los números de las camas por medio de una lista alfanumérica previamente elaborada por los investigadores y colocada en un sobre opaco. Tras el sorteo de cuatro camas, los investigadores registraron en un formulario de recogida el tiempo de respuesta de la atención a las AC por parte de los profesionales con la ayuda de un cronómetro. Para la medición del tiempo de respuesta a la AC, se optó por realizar la observación directa de un dispositivo médico por etapa, ya que no sería posible realizar este procedimiento teniendo en cuenta varios dispositivos médicos de forma simultánea. Para ello, se llevaron a cabo 84 horas de observación, con el fin de estimar la frecuencia de activación de las AC según cada dispositivo médico: monitor multiparámetro, bomba de infusión continua y ventilador mecánico.
Para el registro de las razones de activación de las AC, del número de la cama y del tiempo de respuesta, se adoptaron los siguientes procedimientos:
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En la UCI A, los investigadores, uno en cada turno, permanecieron en la sala de monitoreo central y acompañaron la atención a las AC de los monitores multiparámetros por medio de los monitores de vídeo que mostraban tanto el espejo de cada dispositivo como las imágenes obtenidas por las cámaras posicionadas en las habitaciones.
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En las UCI B y C, tras el sorteo de las camas, los investigadores permanecieron, en todos los turnos, ubicados en los puestos de enfermería, uno en cada turno, lo que facilitó la visualización de los dispositivos y la atención a las AC.
No se registraron las AC activadas como consecuencia de la desconexión de alguno de los cables para el reposicionamiento del paciente en la cama, baño en la cama, interrupción de la monitorización durante el traslado del paciente al baño, deambulación y sustitución de electrodos. No se tuvo en cuenta, en el proceso de recogida de datos, el parámetro de frecuencia respiratoria, debido a su silenciamiento por procedimiento estándar en las unidades seleccionadas para la realización del estudio.
Recogida de datos de los profesionales de enfermería
Todos los profesionales fueron invitados individualmente por los investigadores, de acuerdo con su disponibilidad en los puestos de enfermería de cada UCI. Para garantizar una cobertura amplia, el abordaje se realizó en todos los turnos de trabajo (mañana, tarde y noche). En esos momentos, los investigadores presentaban los objetivos del estudio y formalizaban la invitación a participar. Este procedimiento se mantuvo hasta que todos los profesionales fueran contemplados.
Los profesionales fueron orientados a no responder el formulario en conjunto ni discutir sus respuestas con los colegas. Se garantizó el anonimato en todas las etapas del estudio. A continuación, cada participante recibió individualmente un formulario anonimizado, que contenía preguntas sobre características socioprofesionales y barreras para la gestión de las AC. La recogida de los formularios se realizó en una fecha posterior, de acuerdo con la preferencia de cada profesional.
Almacenamiento, tratamiento y análisis de los datos
Tras la recogida de datos en formularios físicos anonimizados, los datos fueron transcritos y almacenados de forma que se garantizara el sigilo, la confidencialidad y la privacidad de los participantes de la investigación en el software RedCap® (Nashvillle, TN, EE. UU.). Posteriormente, los datos fueron exportados al software RStudio® versión 1.2.5019 (RStudio, Boston, MA, EE. UU.) y se mantuvieron en una hoja de cálculo protegida por contraseña, bajo custodia de los investigadores, en una computadora institucional.
Se calcularon las medidas de tendencia central, media y desviación estándar o mediana e intervalo intercuartílico de las variables numéricas y luego se calcularon las frecuencias absolutas y relativas de las variables categóricas, con sus respectivos intervalos de confianza del 95%. Para la evaluación de la distribución de las variables numéricas se empleó la prueba de Shapiro-Wilk y la inspección del gráfico Q-Q (Cuantil-Cuantil). Se verificó que las variables numéricas presentaban una distribución distinta de la normal, motivo por el cual se utilizó la prueba no paramétrica de Wilcoxon-Mann-Whitney para la comparación entre grupos. La existencia de asociación entre dos variables categóricas se verificó mediante la prueba de chi-cuadrado de Pearson o, cuando las tablas de contingencia presentaron valores esperados inferiores a cinco casos, la prueba exacta de Fisher.
Para todas las pruebas de hipótesis se utilizó un nivel de significancia de α = 5%.
Aspectos éticos
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética en Investigación del hospital seleccionado para la realización del estudio, bajo el Protocolo n.º 6.800.354. Se respetaron las Directrices y Normas Reguladoras de Investigaciones que involucran seres humanos, emanadas de la Resolución Brasileña n.º 466/1219 del Conselho Nacional de Saúde.
Resultados
Fueron invitados a participar en el estudio 200 profesionales de enfermería. De ellos, 92 (46,0%) participaron en el estudio. En relación con la categoría profesional, 33 (35,9%) eran enfermeros y 59 (64,1%) técnicos de enfermería.
La mayoría de los profesionales era de sexo femenino (60; 65,2%), con una mediana de edad de 34 (33,5-37,1) años. La mayoría se autodeclaró casada (46; 50,0%) y con hijos (49; 53,3%). La mediana del tiempo de experiencia profesional en UCI fue de 5 (6,0-8,1) años. Entre los enfermeros, 28 eran especialistas en UCI (84,8%) y un profesional tenía título de magíster en enfermería (3,0%). En relación con el turno de trabajo, se constató que 45 (48,9%) de los profesionales actuaban en el turno matutino, 43 (46,8%) en el turno vespertino y 39 (42,4%) en el turno nocturno (Tabla 1).
Se realizaron 44 horas de observación de los monitores multiparámetros, 20 horas de bombas de infusión continua y 20 horas de ventiladores mecánicos, totalizando 84 horas de observación. En la UCI A, se obtuvieron 22 horas de observación de monitores multiparámetros. En las UCI B y C, en cada unidad, 11 horas de observación de monitores multiparámetros, 10 horas de bombas de infusión continua y 10 horas de ventiladores mecánicos.
Se registraron 49 AC, con una media del tiempo de respuesta igual a 2,49 (2,8) minutos. El dispositivo médico que con mayor frecuencia activó AC fue el monitor multiparámetro, con 35 registros (71,4%), seguido de la bomba de infusión continua con 9 registros (18,4%) y el ventilador mecánico con 5 registros (10,2%).
El turno con mayor frecuencia de AC activadas fue el de la mañana (38; 77,6%). La mayoría de las atenciones a las AC fue realizada por el equipo de enfermería (38; 77,5%): la categoría profesional que más los atendió fue la de técnico de enfermería (22; 44,9%), seguida de los enfermeros (16; 32,7%). La mayoría (44; 89,8%) de las AC activadas no requirió la intervención de un segundo profesional para la resolución del parámetro alterado; sin embargo, de los cinco (10,2%) que solicitaron ayuda, tres (60,0%) lo hicieron hacia enfermeras (Tabla 2).
Se verificó, además, que tres AC fueron ignoradas (6,1%) durante el período de recogida. De ellos, dos (66,7%) procedían de monitores multiparámetros y uno (33,3%) de ventilador mecánico. La primera AC ignorada presentó un tiempo de respuesta de 14 minutos, con activación por presión inspiratoria alterada en el ventilador mecánico, atendido por una enfermera que, a continuación, solicitó la intervención de un fisioterapeuta. La segunda AC ignorada tuvo un tiempo de respuesta de 5 minutos y 12 segundos, debido a frecuencia cardiaca alterada, atendido por una enfermera, que realizó un ajuste en la administración de medicamentos en la bomba de infusión continua. Por último, la tercera AC ignorada tuvo un tiempo de respuesta de 13 minutos y 50 segundos, activada por alteración de la presión arterial, siendo atendido por un técnico de enfermería, que midió la presión arterial del paciente.
En relación con las características y dificultades para la gestión de AC, entre los 92 profesionales, 9 (9,8%) consideran inadecuado el dimensionamiento del personal de enfermería para atenderlos. De ellos, 7 (21,2%) fueron respuestas de enfermeras y 2 (3,4%) de técnicos de enfermería. Además, 37 (40,2%) profesionales se declararon responsables de la configuración de las AC, siendo 6 (10,2%) técnicos y 31 (93,9%) enfermeras; por último, una enfermera (3,0%) informó dificultad para configurar correctamente las AC.
La mayoría de los profesionales (61; 66,3%) refirió interrumpir la realización de una actividad para atender a las AC con frecuencia o con mucha frecuencia. La actividad interrumpida para la atención a las AC más frecuentemente reportada por técnicos de enfermería y enfermeros (66; 71,7%) fue la prestación de cuidados a otros pacientes. Se observó que los enfermeros son interrumpidos con mayor frecuencia, para la atención a las AC, durante la realización de registros en la historia clínica del paciente (30; 90,9%) en comparación con los técnicos de enfermería (36; 61,0%) (p=0,002). Paralelamente, los enfermeros (22; 66,7%) son interrumpidas con mayor frecuencia, para la atención a las AC, durante la discusión de casos con otros profesionales en comparación con los técnicos de enfermería (11; 18,6%) (p<0,001).
Se verificó que la percepción de competencia de ruidos entre AC y equipos no clínicos fue común entre enfermeros (20; 60,6%) y técnicos de enfermería (35; 59,3%) (p=0,981). Con respecto a las acciones en los casos de incomprensión de AC procedentes de monitores multiparámetros, 5 (8,5%) de los técnicos de enfermería informaron que llamaban a un médico, mientras que 13 (39,4%) enfermeros informaron hacerlo (p<0,001). En relación con la solicitud de intervención de uno enfermero, se observó que 53 (89,8%) técnicos de enfermería informaron que lo solicitaban, mientras que 18 (54,5%) de los enfermeros solicitaron a sus pares (p<0,001).
Sin embargo, en relación con las AC procedentes de ventiladores mecánicos, 20 técnicos (33,9%) solicitaron la intervención de enfermeros, pero 100% de los enfermeros no solicitaron ayuda de otros enfermeros (p<0,001) (Tabla 3).
Discusión
Los resultados de esta investigación señalaron al monitor multiparámetro como el dispositivo médico que con mayor frecuencia emitió AC. La mayoría de las AC fue atendida, sobre todo por el equipo de enfermería y se observó una baja frecuencia de activaciones ignoradas. En relación con las barreras para la gestión de AC, técnicos de enfermería y enfermeros consideraron la existencia de competencia de ruidos entre AC y equipos no clínicos. El dimensionamiento inadecuado del personal de enfermería para la atención de las AC fue prevalente en la opinión de los enfermeros. Estos se declararon responsables de la configuración de los parámetros de AC y refirieron ser interrumpidas con mayor frecuencia por AC durante la realización de registros en la historia clínica electrónica del paciente y la discusión de casos con los demás miembros del equipo de salud, en comparación con los técnicos de enfermería. Además, ante la incomprensión de las AC, los técnicos de enfermería recurrieron a los enfermeros.
En este estudio, el monitor multiparámetro fue responsable de la emisión de la mayoría de las AC. Dichos dispositivos médicos controlan simultáneamente oscilaciones fisiológicas, como frecuencia cardiaca, respiración, presión arterial y saturación de oxígeno20. Se observó una baja tasa de AC ignoradas, lo que difiere de un estudio realizado en una UCI de Colombia, en el que se llevaron a cabo poco más de 100 horas de observación de AC y se identificó que aproximadamente 50% de las AC activadas fueron ignoradas21. Aunque se hayan reportado tasas diferentes, las AC ignoradas pueden exponer a los pacientes a importantes amenazas para la seguridad, como retraso o ausencia de atención a arritmias cardiacas, eventos de hiper o hipotensión graves, bradipnea o apnea, por ejemplo21.
La competencia de ruidos entre dispositivos médicos y equipos no clínicos es frecuente en las UCI. Además de dificultar el reconocimiento de las AC, puede repercutir en el desempeño y en la salud física y mental de los enfermeros, técnicos de enfermería y pacientes. Además de los dispositivos médicos, los ruidos son producidos por teléfonos fijos, teléfonos móviles y radiocomunicadores22. Los resultados de una revisión sistemática de la literatura con metasíntesis, publicada recientemente, que incluyó los resultados de 11 estudios procedentes de seis países, señalaron que el exceso de ruidos en UCI reduce la capacidad de los profesionales de enfermería para detectar las AC genuinas, que señalan una necesidad de los pacientes. Además, causa un impacto negativo en su salud mental, ya que los profesionales tienen la sensación de seguir oyendo los ruidos incluso después de finalizar la guardia. Los daños también son referidos por los pacientes, al impedir el descanso y crear un entorno que les provoca miedo y ansiedad23. Así, deben implementarse protocolos orientados a la reducción del ruido en UCI y a la educación del equipo de salud, con el objetivo de optimizar la gestión de AC22.
El dimensionamiento inadecuado del personal de enfermería para la atención de las AC, tal como se verificó en la percepción de los enfermeros, puede comprometer la seguridad del paciente y la calidad de vida de los profesionales de la salud. De acuerdo con la legislación brasileña, se recomienda, como mínimo, un enfermero para hasta diez pacientes y un técnico para dos pacientes en una UCI24. Por lo tanto, el insuficiente dimensionamiento del personal de enfermería contribuye al aumento de la carga de trabajo, a los riesgos de accidentes laborales, a la elevación de los niveles de sufrimiento mental de los profesionales, al aumento de los costos de hospitalización y a la reducción de la supervivencia de los pacientes, con mayor probabilidad de ocurrencia de EA. Además, la prestación de cuidados, incluida la gestión de AC, puede verse negativamente afectada por el subdimensionamiento de los equipos de enfermería, con omisión o retraso en la atención a las AC23,25.
Aunque la política de la institución seleccionada para la realización de esta investigación indique a lo enfermero como responsable de determinar los parámetros de AC, una parte del equipo de técnicos de enfermería declaró realizar esta actividad. Esto puede representar una amenaza para la seguridad del paciente, pues es función de lo enfermero actuar en cada etapa del proceso de monitorización, desde la identificación de la necesidad hasta la ejecución del plan de cuidados, la evaluación y el registro de los parámetros, a fin de garantizar el adecuado funcionamiento de los dispositivos médicos26. Esto denota la necesidad de educación permanente en el servicio, que debe ser conducida de manera activa para que los enfermeros comprendan el objetivo, el método y las herramientas para promover la seguridad del paciente por medio de la gestión de AC20. A ello se suman los resultados de estudios realizados en UCI de Estados Unidos y Turquía que, en conjunto, incluyeron a 135 enfermeros en investigaciones sobre los efectos de la implementación de un programa de gestión de AC basado en evidencias y centrado en la capacitación de los enfermeros. Tales estudios revelaron una reducción en la ocurrencia de AC falsas positivas y la minimización de eventos de AC ignoradas, así como una mejora en los conocimientos de los enfermeros sobre monitores multiparámetros, además de una mejor adhesión a las evidencias para la gestión de AC27-28.
La interrupción de las actividades de los profesionales de enfermería por AC durante los registros en historias clínicas o en discusiones de casos con otros miembros del equipo puede implicar falta de informaciones relevantes y amenazas para la seguridad, además de comprometer la continuidad del cuidado, generar glosas de convenios e incluso la ausencia de evidencias en la vigencia de procesos judiciales. La historia clínica tiene carácter legal, confidencial y científico y posibilita la comunicación entre los miembros del equipo de salud29. Las diversas actividades desempeñadas por los enfermeros, junto con las interrupciones en un escenario de sobrecarga de trabajo, contribuyen a tareas no finalizadas, retrasos y omisiones en el cuidado, además de la reducción de la concentración y la atención, aumentando el riesgo de errores y la exposición del paciente a amenazas para la seguridad30-31.
Así, aunque la baja frecuencia de AC ignoradas observada en este estudio difiere de hallazgos reportados en países latinoamericanos, como Colombia, se aproxima a los resultados de investigaciones realizadas en naciones de altos ingresos, en las cuales programas de capacitación y protocolos estructurados de gestión de alarmas han contribuido a reducir AC falsas positivas y a optimizar la respuesta del equipo de enfermería. Sin embargo, deben considerarse, en la interpretación de estos resultados, las diferencias relacionadas con el dimensionamiento de personal, la infraestructura tecnológica y la cultura de seguridad entre los contextos internacionales y las UCI brasileñas. De este modo, los hallazgos aquí presentados refuerzan la necesidad de inversiones en políticas institucionales y en capacitación profesional orientadas a la gestión de AC, con el fin de aproximar la práctica nacional a las mejores evidencias disponibles internacionalmente23,27.
Este es, según nuestro conocimiento, el primer estudio nacional reportado en el que se recopilaron datos de activación de AC procedentes de diferentes dispositivos médicos en tres UCI que comprenden un número importante de camas y que analizó las opiniones de profesionales de enfermería en relación con la gestión de AC. Por otro lado, la principal debilidad de esta investigación radica en la ausencia de instrumentos estandarizados para la evaluación de las barreras para la gestión de alarmas en el país. Se suma el diseño transversal, que impidió el seguimiento de los desenlaces de pacientes expuestos a AC ignoradas y el hecho de que aproximadamente 50% de los profesionales de enfermería que actúan en las UCI seleccionadas aceptaron participar en el estudio, lo que puede comprometer la generalización de los resultados encontrados. No obstante, los resultados reportados siguen siendo relevantes para la construcción del conocimiento científico en el área.
Como hallazgos de este estudio, se destaca que el equipo de enfermería es mayoritariamente responsable de la atención a las AC; incluso en UCI de un hospital con una cultura de seguridad consolidada, se observa la ocurrencia de AC ignoradas y la interrupción de los profesionales durante tareas de enfermería imprescindibles puede comprometer la seguridad del paciente y aumentar la sobrecarga de los profesionales. Tales hallazgos pueden ser útiles para que los enfermeros gestores de UCI optimicen los procesos de trabajo, además de impulsar a los investigadores en el desarrollo de nuevos estudios que evalúen los desenlaces de pacientes expuestos a AC ignoradas, la frecuencia de AC activadas de forma concomitante en UCI y sus efectos sobre la carga de trabajo del equipo de enfermería, así como sobre la seguridad del paciente.
Conclusión
Se identificaron diversas barreras para la gestión adecuada, incluidas las relacionadas con recursos humanos, factores ambientales y proceso de trabajo. En cuanto a la atención, predominaron las alarmas de monitores multiparámetros, respondidas mayoritariamente por el equipo de enfermería, con una baja proporción de alarmas clínicas ignoradas.
Referencias bibliográficas
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Cómo citar este artículo
Diekmann RCC, Fernandes LC, Oliveira RA. Barriers to managing clinical alarms in intensive care units: a cross-sectional study. Rev. Latino-Am. Enfermagem. 2026;34:e4843. https://doi.org/10.1590/1518-8345.7969.4843
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