Objetivo: analizar los síntomas de COVID prolongada en pacientes atendidos en Atención Primaria de Salud, considerando sexo, edad y esquema de vacunación.
Método: estudio transversal y analítico, realizado con una muestra de 350 pacientes con COVID prolongada, atendidos en servicios de Atención Primaria de Salud. Los datos se recolectaron a través del análisis de historias clínicas y se analizaron mediante el modelo de regresión de Poisson.
Resultados: los ancianos tuvieron una prevalencia 88% mayor de dificultad para respirar como síntoma de COVID prolongada; las mujeres tenían una prevalencia 13,5 veces mayor de pérdida de cabello; Además, las personas no vacunadas tenían una prevalencia 3.64 veces mayor de reportar dolor en el pecho.
Conclusión: la identificación de los síntomas más prevalentes de COVID prolongada, considerando el grupo de edad, el sexo y el estado de vacunación, puede contribuir a la evaluación clínica y al desarrollo de protocolos que orienten el manejo adecuado de estas personas.
Descriptores:
Síndrome Post Agudo de COVID-19; Prevalencia; Femenino; Factores de Edad; Vacunas; Signos y Síntomas.
Destacados:
(1) Los ancianos presentaron una mayor prevalencia de dificultad respiratoria en la CP. (2) Las mujeres presentaron una mayor prevalencia de caída del cabello en la CP. (3) Las personas no vacunadas presentaron una mayor prevalencia de dolor torácico en la CP.
Objective: to analyze the symptoms of long COVID in patients treated in Primary Health Care, considering gender, age, and vaccination status.
Method: this is a cross-sectional and analytical study conducted with a sample of 350 patients with long COVID treated in Primary Health Care services. Data were collected through the analysis of medical records and analyzed using the Poisson regression model.
Results: older adults had an 88% higher prevalence of shortness of breath as a symptom of long COVID; females had a 13.5 times higher prevalence of hair loss; and unvaccinated individuals had a 3.64 times higher prevalence of reporting chest pain.
Conclusion: identifying the most prevalent symptoms of long COVID, taking into account age group, gender, and vaccination status, can contribute to clinical evaluation and the development of protocols to guide the appropriate management of these individuals.
Descriptors:
Post-Acute COVID-19 Syndrome; Prevalence; Female; Age Factors; Vaccines; Signs and Symptoms
Highlights:
(1) Older people had a higher prevalence of shortness of breath in LC. (2) Women had a higher prevalence of hair loss in LC. (3) Unvaccinated people had a higher prevalence of chest pain in LC
Objetivo: analisar os sintomas de COVID Longa em pacientes assistidos na Atenção Primária à Saúde, considerando sexo, idade e esquema vacinal.
Método: trata-se de um estudo transversal e analítico, realizado com uma amostra de 350 pacientes com COVID Longa, atendidos em serviços da Atenção Primária à Saúde. Os dados foram coletados por meio da análise de prontuários e analisados por meio do modelo de regressão de Poisson.
Resultados: pessoas idosas apresentaram 88% maior prevalência de falta de ar como sintoma de COVID Longa; pessoas do sexo feminino apresentaram prevalência 13,5 vezes maior de queda de cabelo; ainda, pessoas não vacinadas apresentaram 3,64 vezes maior prevalência de referir dor no peito.
Conclusão: a identificação dos sintomas da COVID Longa mais prevalentes, considerando a faixa etária, sexo e situação vacinal, pode contribuir na avaliação clínica e na elaboração de protocolos que orientem o manejo adequado dessas pessoas.
Descritores:
Síndrome de COVID-19 Pós-Aguda; Prevalência; Feminino; Fatores Etários; Vacinas; Sinais e Sintomas
Destaques:
(1) Pessoas idosas apresentaram maior prevalência de falta de ar na CL. (2) Mulheres apresentaram maior prevalência de apresentar queda de cabelo na CL. (3) Pessoas não vacinadas apresentaram maior prevalência de referir dor no peito na CL.
Introducción
La COVID prolongada se caracteriza por antecedentes de infección por COVID-19, cuyos síntomas persisten o fluctúan durante al menos dos meses después de la fase aguda y que no pueden justificarse con un diagnóstico alternativo. Entre los síntomas más frecuentes de COVID prolongada, se destacan la fatiga, la dificultad para respirar, la disfunción cognitiva y otros que impactan en las actividades diarias del paciente1.
Se estima que la prevalencia global de COVID prolongada es de aproximadamente 36% y que la prevalencia varía según la región geográfica, habiéndose estimado en 35% en Asia, 39% en Europa, 30% en América del Norte y 51% en América del Sur2. En Brasil, también hay una variación regional en la prevalencia de COVID prolongada. Entre marzo de 2020 y marzo de 2023, los estados con mayores coeficientes por cada 100 mil habitantes fueron Goiás, Distrito Federal, Paraná, Rio Grande do Sul, Tocantins y São Paulo3.
En el período de septiembre de 2021 a diciembre de 2024, se registraron 167.138 consultas individuales en Atención Primaria de Salud (APS) como condición de salud no especificada después de COVID-19 (CIE-U09.9). El estado de São Paulo tuvo la mayor incidencia acumulada de atención post-COVID en el país, con 2.026,9 visitas por cada 100 mil habitantes, seguido de los estados de Amazonas, Rio Grande do Sul, Minas Gerais y Tocantins3.
Así, aunque los coeficientes de COVID prolongada varían a nivel mundial y nacional, es posible observar que una parte de los pacientes infectados con COVID-19 puede desarrollar síntomas prolongados4. Así, la COVID prolongada es una condición que abarca manifestaciones heterogéneas y multisistémicas, que involucran diferentes sistemas de órganos, como el cardiovascular, gastrointestinal, endocrino y neuropsiquiátrico5-7. Así, el profesional de la salud que trata a un paciente con estos síntomas puede relacionarlos fácilmente con causas psicosomáticas, como depresión y ansiedad, lo que puede dificultar el diagnóstico de COVID prolongada4.
Cabe señalar que los pacientes que desarrollaron la forma grave de COVID-19 tienden a manifestar síntomas prolongados después de la fase aguda de la enfermedad. En este contexto, se verificó la prevalencia de síntomas persistentes en pacientes atendidos de forma ambulatoria, con 5% a 26% de estas personas presentando síntomas prolongados de COVID-19 por un período de uno a tres meses, y de 2% a 62% presentando síntomas por un período de tres a seis meses después del diagnóstico de la enfermedad aguda8.
La fisiopatología de la COVID prolongada puede estar relacionada con diferentes mecanismos, según el sistema de órganos afectado. Así, el desarrollo de COVID prolongada implica secuelas continuas de tejidos gravemente dañados, persistencia del SARS-CoV-2 en órganos, desregulación del sistema inmunológico que desencadena autoinmunidad e inflamación crónica, hipoxia tisular y daño endotelial5.
A pesar de que la literatura presenta la descripción de los síntomas manifestados en la COVID prolongada1,4, dada la similitud con otras enfermedades, caracterizar el cuadro sintomatológico más prevalente, según el sexo, el grupo de edad y el estado de vacunación contra la COVID-19, puede ayudar a identificar el grupo poblacional con mayor probabilidad de desarrollar esta condición. Así, este estudio tiene como objetivo analizar los síntomas de COVID prolongada en pacientes atendidos en Atención Primaria de Salud, considerando sexo, edad y calendario de vacunación.
Método
Tipo de estudio
Se trata de un estudio transversal y analítico, desarrollado de acuerdo con las recomendaciones del Strengthening The Reporting of Observational Studies in Epidemiology (STROBE)9.
Escenario
Este estudio se realizó en la ciudad de São Carlos, ubicada en el estado de São Paulo. Los datos se obtuvieron de los servicios de Vigilancia de la Salud y del Departamento de Gestión y Atención Ambulatoria, sector responsable de los servicios de Atención Primaria de Salud (APS).
Periodo
Para el cálculo de la muestra se utilizaron datos referentes a casos de COVID-19 en la población adulta reportados en el período del 26/02/2020 al 26/02/2024. Así, fue posible identificar, en este intervalo, el diagnóstico CIE-Z20 (COVID-19 confirmado) y, al menos, un retorno al servicio de APS dos meses después de la fecha de infección aguda por COVID-19. La recopilación de datos se realizó entre agosto de 2023 y junio de 2024.
Población y muestra del estudio
Se realizó un cálculo del tamaño muestral considerando todos los casos de COVID-19 diagnosticados en la población mayor de 18 años del municipio, referidos al período comprendido entre el 26/02/2020 y el 26/02/2024, utilizando Prueba Rápida (TR) o Reacción en Cadena de la Polimerasa con Transcriptasa Inversa (RT-PCR). En la ciudad de São Carlos-SP, se notificaron 62.977 casos positivos de COVID-19 en personas mayores de 18 años durante el período de análisis de este estudio. La elección de la prevalencia se basó en datos de la literatura10, que indican que cerca de 50% de los casos de COVID-19 tenían síntomas de COVID prolongada.
Para el cálculo de la muestra, se asumió un nivel de significancia del 5% (α = 0,05), un error absoluto tolerable de 5 puntos porcentuales (d = 0,05) y una población finita estimada en N = 31.489 pacientes con COVID prolongada mayores de 18 años en el municipio de interés. La prevalencia esperada utilizada fue p = 0,356, correspondiente a la frecuencia del síntoma fatiga, una de las manifestaciones más reportadas en estudios previos sobre COVID prolongada. Por lo tanto, el tamaño de la muestra adoptado en este estudio fue n = 350. El cálculo se realizó mediante la siguiente ecuación:
Donde p es la prevalencia esperada, d es el error absoluto tolerable, N es el tamaño de la población y z es el valor de la distribución normal estándar correspondiente al nivel de confianza deseado.
Criterios de selección
Se incluyeron en el estudio pacientes adultos mayores de 18 años que dieron positivo para COVID-19 y regresaron a los servicios de APS con síntomas de COVID prolongada, según la definición de la OMS, que describe los síntomas como recidivantes o fluctuantes durante un período mínimo de dos meses después de la infección con la enfermedad aguda1. Se excluyeron del estudio los pacientes cuyas historias clínicas no eran accesibles, que no vivían en lugares asignados a la APS o que fallecieron.
Variables del estudio
Las variables del estudio fueron sexo, edad, raza/color, comorbilidades, esquema de vacunación y síntomas reportados. Entre los síntomas reportados se encuentran cambios en la menstruación, ansiedad, cansancio, secreción nasal, diarrea, dificultad para concentrarse, dolor: abdominal, articular, cabeza, garganta, miembros inferiores (MMII), miembros superiores (MMSS), musculares, espalda/lumbares, oído, pecho, dificultad para respirar, fiebre, hormigueo en MMII y/o MMSS. Además, hay debilidad muscular/pérdida de fuerza, insomnio, náuseas, odinofagia, pérdida de memoria/confusión, pérdida del olfato, pérdida del gusto, pérdida de cabello, queja dental de pérdida de dientes, mareos, tos, tristeza/depresión y vómitos. Este estudio consideró síntomas autoreferidos compatibles con la definición de COVID prolongada de la OMS1, es decir, generalmente con inicio tres meses después de la fase aguda de la infección, con una duración de al menos dos meses y sin otra explicación clínica identificable.
Instrumentos utilizados para la recopilación de datos de información
Para la recopilación de datos, se construyeron hojas de cálculo de Microsoft Excel, que contenían las variables de interés. Inicialmente, se crearon diferentes pestañas para recopilar datos de las diferentes bases de datos utilizadas en esta investigación, obtenidas de SisCOVID, el sistema de notificación de COVID-19 del municipio de São Carlos-SP. En la siguiente pestaña, se ingresaron datos sobre el estado de vacunación, obtenidos de VaciVida, un sistema desarrollado por el Estado de São Paulo. Finalmente, en la última pestaña, se insertaron los datos relativos a los síntomas de COVID prolongada obtenidos del Registro Ciudadano Electrónico (PEC). Se adoptaron medidas para minimizar los sesgos, incluida la capacitación de los recolectores de datos - dos estudiantes de pregrado, dos estudiantes de maestría y un estudiante de doctorado en Ciencias de la Salud -, el uso de criterios de inclusión y exclusión previamente definidos, y la estandarización de la recolección de datos a través de una hoja de cálculo estructurada y digitalizada. Además, se destaca la elección del nivel de significancia adecuado (α = 0,05), el ajuste por comparaciones múltiples, la aplicación de métodos estadísticos apropiados y el tamaño muestral robusto.
Recopilación de datos
En primer lugar, se realizó la identificación de casos confirmados de COVID-19 en SisCOVID; posteriormente, se consultó a la PEC para ver si el paciente infectado con SARS-CoV-2 regresaba a la APS con un informe de síntomas de COVID prolongada, según la definición de la OMS1. A través de SisCOVID, también fue posible obtener información sobre consultas de usuarios con quejas de síntomas respiratorios después de la fase aguda de la enfermedad; por otro lado, se verificaron los síntomas de COVID prolongada reportados por los usuarios, que afectaron los diferentes sistemas de órganos del cuerpo. Además, los datos sobre vacunación se obtuvieron de la página VaciVida, de la vigilancia epidemiológica municipal.
Tratamiento y análisis de datos
Inicialmente, los datos se describieron por medio de frecuencias absolutas y porcentuales (variables cualitativas) y por medidas de centralidad y dispersión, como media, desviación estándar, mínimo, mediana y máximo (variables cuantitativas). Para estimar la razón de prevalencia bruta de los síntomas de COVID prolongada en relación con las variables de interés, se utilizó el modelo de regresión de Poisson con varianza robusta11. En los análisis en los que la frecuencia de síntomas fue nula, se realizó la prueba exacta de Fisher. El uso de Datos Faltantes se indicó en la parte inferior de las tablas para garantizar la transparencia de los datos presentados, manteniendo el número de casos faltantes observados, sin imputación. Todos los análisis se realizaron con la ayuda del software SAS 9.412, adoptando un nivel de significancia del 5%.
Aspectos éticos
De acuerdo con la Resolución n.º 510/2016, el proyecto fue aprobado por el Comité de Ética en Investigación de la Universidad Federal de São Carlos (CAAE: 67128023.4.0000.5504; CAAE: 74911623.5.0000.5504).
Resultados
Se analizaron un total de 3.778 casos notificados y confirmados de COVID-19 para llegar a una muestra de 350 casos de COVID prolongada, lo que corresponde al 12% de los casos de la enfermedad aguda en la población mayor de 18 años en el municipio de São Carlos-SP. La muestra del estudio está compuesta por 67,1% (235) mujeres y 32,9% (115) hombres; El 61,6% (215) se declararon blancos, el 30,1% (105) morenos, el 8,0% (28) negros, el 0,3% (1) amarillos y 1 caso no tenía la raza/color registrado. En cuanto al grupo de edad, el 77,1% (270) eran personas menores de 60 años y el 22,9% (80) eran personas de 60 años o más. La edad media fue de 46,9 años (Tabla 1).
Al comparar los síntomas de COVID prolongada presentados por los pacientes, considerando el sexo, se destaca que las mujeres tuvieron una prevalencia de pérdida de cabello 13,5 veces mayor en comparación con los hombres (Tabla 2).
Al comparar los síntomas de COVID prolongada de los pacientes, considerando el grupo de edad, se destaca que las personas de 60 años o más tuvieron una prevalencia 88% mayor de dificultad para respirar, además de una disminución en la prevalencia de dolor de cabeza, 66% de dolor de garganta y 63% de dolor muscular en comparación con los adultos más jóvenes (Tabla 3).
Los resultados mostraron que las personas con COVID prolongada que no recibieron ninguna dosis de vacuna contra COVID-19 tenían una prevalencia 3,64 veces mayor de dolor torácico (Tabla 4).
Los resultados muestran que el 27,2% (96) de las personas con COVID prolongada habían recibido 2 dosis de la vacuna contra la COVID-19, siendo la cefalea el síntoma principal en este grupo, presente en el 31,3% (30) de los casos analizados. Se encuentra que, independientemente de la cantidad de dosis administradas contra COVID-19, los síntomas comunes de COVID prolongada entre las personas fueron dolor de cabeza, dolor de garganta y tos (Tabla 5).
Discusión
Este estudio mostró una mayor prevalencia de dificultad para respirar entre las personas de 60 años o más; mayor prevalencia de pérdida de cabello como síntoma de COVID prolongada entre las mujeres; y mayor prevalencia de dolor torácico entre las personas no vacunadas.
Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el fin de la emergencia sanitaria mundial causada por COVID-19 en mayo de 2023, el virus continúa propagándose por todo el mundo. Además del riesgo de nuevos brotes, las personas infectadas por SARS-CoV-2 representan un desafío para la salud pública mundial, debido a las manifestaciones sintomáticas que persisten o aparecen después de la fase aguda de la infección13.
Los mecanismos fisiopatológicos de la COVID prolongada aún se están aclarando y la evidencia indica que la afección puede deberse a múltiples factores. Entre las principales hipótesis para su patogénesis, se destacan: desregulación inmunológica con posible persistencia de reservorios virales en los tejidos, desregulación metabólica, impactos de la infección en la microbiota, disfunción endotelial, procesos autoinmunes y síndrome de tratamiento post-intensivo14-15.
Se ha observado que el ácido ribonucleico (ARN) del SARS-CoV-2 puede persistir durante semanas en pacientes clínicamente recuperados de COVID-19, detectándose en el tracto respiratorio, gastrointestinal, sanguíneo y líquido cefalorraquídeo13. Esta persistencia inflamatoria a largo plazo puede explicarse por la presencia de antígenos virales residuales, lo que provoca la activación persistente de las células T, proceso que puede durar hasta 6 meses después de la infección aguda16.
Concomitantemente, de acuerdo con el perfil inmunológico de los pacientes que se recuperaron del SARS-CoV-2, fue posible evidenciar la presencia continua de inflamación, daño vascular y diferenciación de las células inmunes en el período de dos a ocho meses después de la infección. Estos pacientes presentaron niveles elevados de citocinas en relación a individuos sanos, especialmente interleucina 6 (IL-6), capaz de atravesar la barrera hematoencefálica14.
Además, la COVID prolongada puede estar asociado a un estado de hipersensibilidad generalizada, lo que explicaría la multiplicidad de síntomas reportados por los pacientes. Entre los síntomas más frecuentes destacan el dolor y la tos, que tienen mecanismos similares de control y sensibilización periférica en sus respectivas vías aferentes. Del mismo modo, el síndrome de fatiga crónica también se ha relacionado con alteraciones en el procesamiento del dolor y la sensibilización sensorial neurogénica, tanto periférica como central. En este contexto, se observa que las cortezas insular y cingulada, áreas involucradas en el procesamiento nociceptivo de la disnea, también son activadas por el dolor y la tos17.
Cabe destacar que los hallazgos de este estudio corroboran la literatura sobre los síntomas más frecuentes en la COVID prolongada, entre los que destacan la tos y los dolores - especialmente el dolor de garganta y el dolor de cabeza - como los síntomas más prevalentes, independientemente del estado de vacunación, ya que son reportados tanto por personas no vacunadas como por aquellas con el esquema de vacunación completo contra la COVID-19.
En cuanto a la fisiopatología de la cefalea en la COVID prolongada, una de las hipótesis sugiere que la invasión del SARS-CoV-2 en el sistema nervioso central afecta directamente a las vías neuronales. Los estudios han demostrado una reducción de la sustancia en la circunvolución parahipocampal y la corteza orbitofrontal en pacientes con COVID-19, además de la presencia de niveles elevados de citoquinas e interleucinas en la sangre, lo que puede promover la activación inmune persistente. Sin embargo, la cefalea prolongada observada en los casos de COVID prolongada aún representa una laguna en el conocimiento científico, lo que requiere más investigaciones para esclarecerla completamente18.
En cuanto a los síntomas neurootorrinolaringológicos en la COVID prolongada, como dolor de garganta y tos, la explicación puede estar relacionada con problemas de coagulación, lesión inmunomediada, hipoxia resultante de insuficiencia respiratoria y la propia invasión viral directa de los tejidos. El SARS-Cov-2 puede causar daño directo al unirse al receptor de la enzima convertidora de angiotensina 2, comúnmente expresado en las vías respiratorias superiores, incluidos los tractos nasal, laríngeo y traqueal, así como en el epitelio neuroolfativo y los pulmones19.
Según los resultados de este estudio, las mujeres eran más susceptibles a desarrollar COVID prolongada. Según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, la COVID prolongada afecta al doble de mujeres que de hombres, lo que presenta un riesgo elevado en mujeres premenopáusicas. Estas evidencias sugieren que las hormonas sexuales tienen potencial en el desarrollo de COVID prolongada20.
Por lo tanto, la entrada del SARS-CoV-2 puede verse facilitada por los andrógenos a través de la enzima proteasa serina transmembrana 2 (TMPRSS 2). Además, los receptores de andrógenos se encuentran en el cromosoma X, determinante del sexo biológico femenino. Así, el andrógeno circulante promueve la transcripción de la TMPRSS 2, que prepara al SARS-CoV-2 para interactuar con los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA 2), permitiendo su entrada en las células huéspedes6).
A través de la codificación de andrógenos, se realiza una sola copia del cromosoma X, lo que permite correlacionar los diferentes niveles de sensibilidad a los andrógenos. Así, a través de estas modificaciones, existe un mayor riesgo de enfermedades que están mediadas por andrógenos, como la alopecia. Concomitantemente con el análisis de este estudio, fue posible identificar que las mujeres tenían una mayor prevalencia de pérdida de cabello. En resumen, las acciones mediadas por la enzima androgénica TMPRSS 2 pueden explicar las diferencias entre los sexos en relación a los resultados de la infección por SARS-CoV-26.
En este estudio, al abordar la edad como una variable asociada a la ocurrencia de COVID prolongada, se evidenció que los ancianos tenían una mayor prevalencia de dificultad para respirar. En este contexto, la literatura ha señalado que los hallazgos clínicos y las características de la COVID prolongada pueden diferir entre los grupos de edad21-22. Un análisis mostró que los participantes mayores de 65 años tenían una mayor frecuencia de síntomas de COVID prolongada21. Aunque los síntomas de la COVID prolongada, como la fatiga y la disnea, son comunes tanto en la población adulta como en la de edad avanzada, otros síntomas, como dolor de cabeza, dolor en el pecho, palpitaciones, problemas de concentración y angustia emocional, fueron más frecuentes entre las personas más jóvenes. Por otro lado, la tos y la artralgia fueron más comunes en personas mayores21-22.
En este escenario, se observa que los síntomas que se manifiestan en el COVID prolongada pueden variar según el grupo de edad. Una hipótesis para esta variación está relacionada con el daño sufrido por el cuerpo, considerando la gravedad de la infección aguda por COVID-19. Otra posible explicación involucra las diferencias fisiológicas entre los grupos de edad. En este sentido, condiciones como la reserva reducida y la sarcopenia, asociadas al proceso de envejecimiento, pueden presentar diferentes efectos y consecuencias después de una infección viral, como, por ejemplo, la presencia más frecuente de síntomas como fatiga y disnea en personas mayores21.
Cabe destacar que muchos síntomas de COVID prolongada en ancianos pueden ser difíciles de diagnosticar, ya que pueden superponerse con otras condiciones de salud o estar asociados al proceso de envejecimiento21-23. Además, la diversidad de síntomas representa otro factor que dificulta el diagnóstico de la COVID prolongada. Así, ante la incertidumbre en cuanto a la atribución de síntomas a la COVID prolongada, además del relato del paciente en la evaluación clínica, puede ser necesario realizar pruebas complementarias, así como derivación a especialistas, para ayudar a definir el diagnóstico y dirigir el tratamiento adecuado24.
En este contexto, es importante destacar que todas las personas que han tenido la infección por COVID-19, independientemente de su gravedad, son susceptibles a la COVID prolongada, y la vacunación contra el COVID-19 es un factor fuertemente asociado a la reducción de la probabilidad de manifestar síntomas persistentes. En este estudio, se evidenció que las personas no vacunadas tenían una mayor prevalencia de tener dolor torácico como síntoma de COVID prolongada.
El síntoma de dolor torácico después de la infección por COVID-19 se relaciona comúnmente con la gravedad de la enfermedad en su fase aguda, resultante de condiciones como el uso prolongado de ventilación mecánica invasiva, síndrome de dificultad respiratoria aguda, miocarditis, pericarditis, neumonía multilobular y embolia pulmonar25.
En esta coyuntura, se sabe que la vacunación contra la COVID-19 es fundamental para la prevención de formas graves de infección viral en la fase aguda. La literatura indica que las personas infectadas por la enfermedad y que no fueron vacunadas tienen mayor riesgo de eventos cardiovasculares después de la infección viral26. Así, los síntomas torácicos de la COVID prolongada podrían explicarse como resultado de la localización de los sistemas u órganos que sufrieron daños durante la fase aguda de la enfermedad25-26).
En el contexto general de la manifestación de los síntomas de COVID prolongada, un análisis en el Reino Unido, Estonia y España mostró que una dosis de la vacuna COVID-19 se asoció con un riesgo reducido de desarrollar COVID prolongada27. Por otro lado, otro análisis mostró que las personas que recibieron una dosis de la vacuna no adquirieron protección contra la COVID prolongada, mientras que las que recibieron dos dosis la obtuvieron. Además, las personas vacunadas contra COVID-19 tenían un menor riesgo de disfunción cognitiva, problemas renales, mialgia y trastornos del sueño28.
En otro estudio en Brasil, se encontró que un esquema de vacunación incompleto contra COVID-19 se asoció con una mayor probabilidad de desarrollar COVID prolongada. Además, la frecuencia de síntomas como fatiga y cefaleas fue mayor entre las personas con esquemas de vacunación incompletos29. Cabe destacar que la vacunación redujo el riesgo de desarrollar COVID prolongada tanto en personas vacunadas antes de la infección por COVID-19 como en personas vacunadas después de la infección por la enfermedad28.
En este contexto, la vacunación contra COVID-19 actúa directamente sobre el aumento de los títulos de anticuerpos y la eliminación de posibles reservorios virales existentes en el cuerpo, lo que implica, en consecuencia, la reducción de la gravedad de la infección aguda por SARS-CoV-2 - un factor de riesgo conocido para el desarrollo de COVID prolongada30-33.
La diversidad de síntomas que se pueden atribuir a la COVID prolongada y la dificultad para definir el diagnóstico son un desafío para los servicios de salud. En este sentido, la adhesión a la vacunación contra la COVID-19 es la forma más eficaz de evitar la COVID prolongada23,28-29,34.
Por lo tanto, es fundamental que la evaluación clínica de los pacientes incluya el informe de síntomas subjetivos, antecedentes de infección previa por COVID-19 y la existencia de factores de riesgo que puedan influir en la manifestación de los síntomas de COVID prolongada. Así, el cuidado de la salud puede ser dirigido individualmente, y se recomienda un abordaje multidisciplinario que contemple los aspectos físicos y psicológicos de cada individuo, con el objetivo de restablecer la salud y el estado funcional de la persona23,34.
Este estudio contribuye, especialmente, a la vigilancia de la salud al identificar grupos poblacionales con mayor vulnerabilidad a la COVID prolongada, especialmente personas mayores, mujeres y personas no vacunadas. Los hallazgos destacan la importancia del monitoreo continuo de los pacientes infectados por COVID-19 en la APS, además de ofrecer subsidios para una vigilancia de la salud más específica y efectiva. Además, el presente análisis se destaca en el abordaje simultáneo de los factores género, grupo etario y esquema de vacunación como predictores de la manifestación de síntomas prolongados de COVID-19 en una población atendida en el contexto de un sistema público de salud. Además, el uso de datos de sistemas oficiales confiere robustez metodológica al análisis y amplía la aplicabilidad potencial de los resultados para la gestión de la salud pública.
Así, los resultados obtenidos pueden ofrecer importantes subsidios para la práctica clínica al evidenciar los factores de riesgo para COVID prolongada, contribuyendo directamente a la calificación de los servicios de salud - especialmente la APS y la vigilancia de la salud - a través de la formulación de protocolos clínicos dirigidos a la detección temprana de síntomas y la estratificación del riesgo en función de variables sociodemográficas y clínicas. Tales medidas contribuyen a una atención más resolutiva de los problemas, al fortalecimiento de la vigilancia y a un mejor uso de los recursos disponibles.
En el contexto de la enfermería, los hallazgos refuerzan la importancia del papel estratégico de los profesionales en la vigilancia clínica, la recepción y el seguimiento continuo de los usuarios que tienen síntomas persistentes después de la infección por COVID-19. La evidencia del estudio respalda prácticas como la escucha calificada y la planificación de la atención, lo que permite un enfoque más proactivo e individualizado. El reconocimiento de los síntomas más frecuentes, combinado con la valorización de la notificación subjetiva y la consideración de factores como el sexo, la edad y la vacunación, contribuye a una atención más humanizada y resolutiva de acuerdo con la evidencia científica.
A pesar de las contribuciones relevantes, este estudio tiene algunas limitaciones que deben considerarse en la interpretación de los resultados. La principal limitación se refiere a la dependencia de datos secundarios de registros médicos electrónicos, que pueden contener registros incompletos o inconsistentes. Esta limitación puede haber llevado a un subregistro de síntomas o a la omisión de información clínica relevante, comprometiendo la precisión en la identificación de casos de COVID prolongada. Otra limitación de la encuesta se refiere al tamaño de la muestra, que no capta la diversidad de la población brasileña. Además, el diseño transversal adoptado no permite establecer relaciones causales entre los factores analizados y el desarrollo de la COVID persistente, restringiendo el análisis a asociaciones estadísticas.
El uso de información de un solo municipio también limita la generalización de los hallazgos a otras regiones, especialmente considerando las desigualdades regionales en el acceso a la salud, la estructura de la APS y la cobertura de vacunación en Brasil. Además, la definición de COVID prolongada utilizada, aunque basada en la propuesta de la OMS, depende de la presencia de síntomas autorreferidos y del retorno del paciente al servicio de salud después de la fase aguda, lo que puede excluir a individuos que, incluso con síntomas persistentes, no buscaron atención.
Conclusión
Este estudio mostró que las personas mayores tenían una mayor prevalencia de dificultad para respirar; las mujeres tenían una mayor prevalencia de pérdida de cabello como síntoma de COVID prolongada; y los individuos no vacunados tenían una mayor prevalencia de dolor torácico. Determinar los síntomas más prevalentes de COVID prolongada, considerando el grupo de edad, el sexo y el estado de vacunación, puede contribuir a la evaluación clínica de la enfermedad, así como a la identificación de posibles factores de riesgo para algunos síntomas manifestados en la enfermedad, ayudando a desarrollar protocolos que orienten el diagnóstico y el manejo clínico de la enfermedad.
Los hallazgos también subrayan la importancia de la vacunación contra la COVID-19 como medida preventiva no solo contra las formas graves de la enfermedad aguda, sino también contra las manifestaciones prolongadas. En este sentido, las estrategias para ampliar la cobertura de vacunación y reforzar las campañas públicas son esenciales para reducir el impacto del COVID prolongada en la población.
Finalmente, aunque el estudio se realizó en un solo municipio, sus resultados son aplicables a contextos similares, como ciudades medianas con organización de atención comparable. Aun así, se recomienda realizar estudios multicéntricos, métodos longitudinales y la incorporación de variables sociales y de comportamiento, muestras representativas de diferentes regiones del país, con el fin de validar los hallazgos y profundizar el conocimiento sobre los factores asociados a la COVID prolongada en el contexto brasileño.
Agradecimientos
A la Secretaria Municipal da Saúde de São Carlos - SP.
Declaración de Disponibilidad de Datos:
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Apoyo financiero del Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq), proceso nº 4443612023-5, Brasil.
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Cómo citar este artículo:
Prediger KM, La Scaléa ACR, Uehara SCSA. Predictors of Long COVID: older adults, women, and an incomplete COVID-19 vaccination schedule. Rev. Latino-Am. Enfermagem. 2026;34:e4816 [cited año mes día ]. Available from: URL . https://doi.org/10.1590/1518-8345.7954.4816
Editado por
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Editora Asociada:
Rosalina Aparecida Partezani Rodrigues
