Chile acaba de concluir dos procesos constituyentes. El primero, se desarrolló entre 2019 y 2022 - y cuya extensión se debe a la crisis sanitaria por la pandemia -, terminó con el rechazo de la propuesta por un 62% de la ciudadanía. El segundo, que se desarrolló durante 2023, terminó con el rechazo de la propuesta por un 56% de la ciudadanía. De esta manera, Chile se presenta como el primer país del mundo en que dos procesos constituyentes consecutivos terminan sin éxito. En palabras de varios actores y comentaristas políticos, esto representa un fracaso al no haberse podido reemplazar la Constitución de 1980 - y por cuyo reemplazo un abrumador 78% votó a favor en 2020 -. Este artículo - en línea con alguna literatura nacional que se aborda en este trabajo -, argumenta que, dada la particularidad del modelo constitucional legado por la dictadura, el fracaso de los procesos constituyentes debe evaluarse no a la luz de la sustancia o contenido de las propuestas rechazadas, en cuyo caso es innegable que no lograron el reemplazo, sino que a la luz del impacto que esos procesos tuvieron en la modificación de los cerrojos procedimentales que protegían la obra constitucional de la dictadura.
Palabras-clave:
proceso constituyente; momentos constituyentes; Chile; reemplazo constitucional; reforma constitucional