RESUMEN
Objetivo: Identificar las barreras identificadas por los profesionales sanitarios para la prevención de la violencia contra la infancia.
Método: Esta revisión del alcance se realizó siguiendo la metodología del JBI para revisiones del alcance. La búsqueda se realizó en las bases de datos MedLine, CINAHL, Psychology and Behavioral Sciences Collection, ERIC, Cochrane, MedicLatina, Scopus, Web of Science, RCAAP y MedNar.
Resultados: Se identificaron 1.674 publicaciones, de las cuales 45 estudios se incluyeron en la revisión. Las barreras más frecuentes se relacionaron con la identificación y la denuncia de la violencia contra la infancia. Entre los desafíos recurrentes se encontraban las deficiencias en conocimientos y formación, la inseguridad profesional, la sobrecarga de trabajo y la disponibilidad limitada de tiempo. Los factores culturales, sociales y organizativos también surgieron como obstáculos transversales significativos.
Conclusión: La necesidad de capacitación específica, mejores condiciones de trabajo y una colaboración interinstitucional fortalecida se destaca como un área prioritaria identificada en la literatura para abordar las barreras complejas e interconectadas que enfrentan los profesionales de la salud en la prevención y el combate de la violencia contra los niños.
DESCRIPTORES
Maltrato a los Niños; Maltrato Infantil; Personal de Salud; Familia; Revisión
ABSTRACT
Objective: To map the barriers identified by healthcare professionals to the prevention of violence against children.
Method: This scoping review was conducted in accordance with the JBI methodology for scoping reviews. The search was conducted using the MedLine, CINAHL, Psychology and Behavioral Sciences Collection, ERIC, Cochrane, MedicLatina, Scopus, Web of Science, RCAAP, and MedNar databases.
Results: A total of 1,674 publications were identified, with 45 studies included in the review. Barriers were most frequently reported in relation to the identification and reporting of violence against children. Recurrent challenges included deficits in knowledge and training, professional insecurity, excessive workload, and limited time availability. Cultural, social, and organizational factors also emerged as significant cross-cutting obstacles.
Conclusion: The need for targeted training, improved working conditions, and strengthened inter-institutional collaboration is highlighted as a priority area identified in the literature to address the complex and interconnected barriers faced by healthcare professionals in the prevention and combat of violence against children.
DESCRIPTORS
Child Abuse; Violence; Health Personnel; Family; Review
RESUMO
Objetivo: Mapear as barreiras identificadas por profissionais de saúde para a prevenção da violência contra crianças.
Método: Esta revisão de escopo foi conduzida de acordo com a metodologia JBI para revisões de escopo. A pesquisa foi realizada nas bases de dados MedLine, CINAHL, Psychology and Behavioral Sciences Collection, ERIC, Cochrane, Medicaid Latin, Scopus, Web of Science, RCAAP e MedNar.
Resultados: Identificaram-se 1.674 publicações, das quais 45 estudos foram incluídos na revisão. As barreiras mais frequentemente identificadas estavam relacionadas com a identificação e notificação de situações de violência contra crianças. Os desafios recorrentes incluíram lacunas no conhecimento e na formação, insegurança profissional, sobrecarga de trabalho e disponibilidade limitada de tempo. Fatores culturais, sociais e organizacionais também emergiram como obstáculos transversais significativos.
Conclusão: A necessidade de formação específica, melhores condições de trabalho e reforço da colaboração interinstitucional emerge na literatura como uma área prioritária para ultrapassar as barreiras complexas e interrelacionadas que os profissionais de saúde vivenciam na prevenção e no combate à violência contra crianças.
DESCRITORES
Maus-Tratos Infantis; Violência; Pessoal de Saúde; Família; Revisão
INTRODUCCIÓN
La violencia contra los niños abarca todas las formas de violencia infligida a personas menores de 18 años(1). Aproximadamente 400 millones de niños pequeños en todo el mundo —lo que equivale a seis de cada diez niños menores de 5 años— sufren regularmente castigos físicos y/o violencia psicológica a manos de sus padres y cuidadores(2,3).
Según la Convención sobre los Derechos del Niño, el uso de la violencia contra los niños constituye una violación de sus derechos(4). Reconociendo la gravedad de este problema, como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la meta 16.2 tiene como objetivo eliminar el abuso, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura dirigidas contra los niños(5).
Una gran proporción de la violencia contra los niños implica diversas formas de violencia interpersonal, que tienden a ocurrir en diferentes etapas del desarrollo infantil. El maltrato infantil es un tipo de violencia contra los niños que implica abuso y negligencia. Incluye «todos los tipos de maltrato físico y/o emocional, abuso sexual, abandono, negligencia y explotación comercial o de otro tipo, que resulten en un daño real o potencial a la salud, la supervivencia, el desarrollo o la dignidad del niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder»(3). La evidencia de diversos contextos geográficos y culturales muestra que la violencia contra los niños es prevenible(1).
Sufrir violencia durante la infancia tiene consecuencias profundas y duraderas para la salud y el bienestar, lo que afecta negativamente al desarrollo físico, emocional, social y psicológico a lo largo de toda la vida(1,6,7). La violencia merma la capacidad del niño o adolescente para comprender, expresar y reconocer sus emociones, lo que puede conducir al aislamiento social y, en consecuencia, a un mayor riesgo de conductas adictivas y de alto riesgo, depresión, ansiedad e ideas suicidas(8,9).
Existen numerosos factores de riesgo asociados al maltrato infantil, como la edad del niño, la presencia de problemas de salud y/o de conducta, expectativas parentales poco realistas, embarazos no planificados y antecedentes familiares de violencia(10). Por el contrario, también se han identificado factores de protección, como la práctica de una crianza positiva, la presencia de un apego seguro entre el niño y su familia, una red eficaz de apoyo familiar y social, y el fácil acceso a los servicios comunitarios, incluidos los servicios sociales, educativos y de salud(10,11,12). En 2016, reconociendo el impacto devastador de la violencia, el Secretario General de las Naciones Unidas lanzó la Alianza Mundial para Poner Fin a la Violencia contra los Niños(11).
Por lo tanto, debido a su estrecho contacto tanto con el niño como con la familia, los profesionales de la salud desempeñan un papel central en la prevención, la intervención y la denuncia del maltrato infantil(1,11). Las disciplinas clave incluyen enfermeras, parteras, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, logopedas y profesionales médicos, como médicos generales, pediatras y psiquiatras(13).
Se ha demostrado que la intervención de estos profesionales influye en el desarrollo y el bienestar de los niños(14), lo que refuerza la importancia de garantizar que estén adecuadamente preparados para defender los derechos y la protección de los niños y adolescentes(1,15). Sin embargo, la evidencia indica que, a pesar de su alta prevalencia, la violencia contra los niños a menudo permanece oculta, invisible o sub-notificada(9,10), lo que puede comprometer la eficacia de las intervenciones en este complejo fenómeno(9). Los estudios muestran que los profesionales de la salud a menudo se sienten poco preparados para abordar estos casos debido a la falta de conocimientos y habilidades adecuados(16,17). Varios estudios enfatizan la importancia de capacitar a los proveedores en temas de maltrato infantil y violencia contra los niños(15). Aunque ya se han identificado algunas barreras que afectan la capacidad de los profesionales de la salud para prevenir, identificar, intervenir y denunciar casos de violencia contra los niños, estas se encuentran dispersas en la literatura. En diferentes contextos globales, estas barreras van más allá de las lagunas de conocimiento individuales e incluyen altas cargas de trabajo, disponibilidad de tiempo limitada, procedimientos institucionales y legales poco claros, apoyo organizacional insuficiente, normas culturales y coordinación intersectorial fragmentada(15,16,17). Estos desafíos pueden limitar la capacidad de los profesionales de la salud para prevenir la violencia contra los niños en su práctica diaria, a pesar de la reconocida relevancia de su intervención en la protección infantil.
Se realizó una búsqueda preliminar en las bases de datos MedLine, Cochrane Database of Systematic Reviews, JBI Evidence Synthesis y Open Science Framework, y no se identificaron revisiones sistemáticas ni revisiones exploratorias actuales o en curso sobre el tema, específicamente en lo que respecta a la identificación de barreras para la prevención y la respuesta a la violencia contra los niños por parte de los profesionales de la salud. Aunque existen revisiones previas sobre temas relacionados, su alcance sigue siendo limitado en términos de cobertura profesional, conceptual o geográfica. Solem et al.(18) se centraron exclusivamente en las barreras a las que se enfrentan los trabajadores sociales en Inglaterra a la hora de identificar y responder a casos de negligencia infantil, mientras que Wilson y Lee(19) analizaron los factores asociados con los comportamientos de denuncia obligatoria. Owaidah et al.(9), por su parte, exploraron los factores que influyen en la falta de denuncia del maltrato infantil en Arabia Saudita. En este contexto, la presente revisión de alcance se distingue por su objetivo de mapear de manera integral e interprofesional las barreras identificadas por los profesionales de la salud en la prevención y la respuesta a la violencia contra los niños, con especial énfasis en las dimensiones de prevención, identificación y denuncia. Al proporcionar una visión general exhaustiva y actualizada de la evidencia internacional, esta revisión puede ayudar a identificar lagunas en la literatura existente, respaldar una respuesta más informada e integrada al fenómeno de la violencia contra los niños y orientar estrategias futuras en materia de formación, práctica profesional e investigación. En consecuencia, busca responder a la siguiente pregunta de revisión: ¿cuáles son las barreras para prevenir la violencia contra los niños identificadas por los profesionales de la salud? Además, pretende abordar la sub-pregunta: ¿cuáles son las barreras para la identificación, la denuncia y la intervención en situaciones de violencia contra los niños identificadas por los profesionales de la salud? En consonancia con estos objetivos, esta revisión tiene como objetivo mapear las barreras identificadas por los profesionales de la salud en la prevención de la violencia contra los niños.
MÉTODO
Esta revisión de alcance se llevó a cabo siguiendo la metodología recomendada por el JBI(20) y de acuerdo con la lista de verificación de los Elementos Preferidos para Informes de Revisiones Sistemáticas y Metaanálisis: extensión para revisiones exploratorias (PRISMA-ScR)(21,22), asociada al diagrama de flujo PRISMA 2020(23). El protocolo de la revisión fue redactado y analizado por los autores, y registrado en el Open Science Framework (https://osf.io/8nwx7/).
Criterios de Elegibilidad
Los criterios de elegibilidad de los estudios se definieron basándose en el acrónimo PCC (Población, Concepto y Contexto). Se incluyeron los estudios en los que la población estaba compuesta por profesionales de la salud, tales como enfermeras, parteras, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, logopedas y profesionales médicos —como médicos generales, pediatras y psiquiatras—. En cuanto al concepto, esta revisión examina los estudios que abordan las barreras para prevenir y combatir situaciones de violencia contra los niños identificadas por los profesionales de la salud. Se consideraron todos los entornos de atención médica, sin ninguna limitación. Esta revisión incluyó estudios de tipo cualitativo, cuantitativo o mixto, así como revisiones de literatura y literatura gris. Se consideraron documentos en todos los idiomas, sin restricciones en cuanto a la fecha de publicación. Se excluyeron los estudios que no se centraban explícitamente en la violencia contra los niños.
Fuentes de Información
Para identificar los estudios, se utilizaron las bases de datos electrónicas Medical Literature Analysis and Retrieval System Online (MedLine Ultimate) (a través de EBSCO), Cumulative Index of Nursing and Allied Health Literature (CINAHL Ultimate) (a través de EBSCO), Psychology and Behavioral Sciences Collection, ERIC, Cochrane Central Register of Controlled Trials, MedicLatina, Scopus y Web of Science. Para identificar estudios no publicados/literatura gris, se realizó una búsqueda en el Repositório Científico de Acesso Aberto de Portugal (RCAAP) y en MedNar. El proceso de búsqueda abarcó tres etapas. En la primera etapa, las búsquedas se realizaron en la plataforma web EBSCOhost, y se utilizaron las bases de datos electrónicas MedLine Ultimate y CINAHL Ultimate. Se utilizaron términos de búsqueda en lenguaje natural para identificar las palabras clave utilizadas en los títulos y resúmenes, así como los términos de indexación. En la segunda etapa, las palabras naturales, las palabras clave y los términos de indexación enumerados se combinaron con operadores booleanos y, cuando fue posible, con un operador asterisco (*), para formar la expresión de búsqueda, que se adaptó a las especificidades de cada base de datos o repositorio. Los términos combinados utilizados incluyeron: barrier* OR difficult* OR “child abuse prevention” OR “child abuse intervention” OR “child abuse control” AND “Health Personnel+” OR “Pediatric Nurse Practitioners+” AND “violence against child*” OR “Child Abuse” OR “child maltreatment” OR mistreatment OR violence (Cuadro 1). La búsqueda se llevó a cabo entre julio y octubre de 2024. En la tercera etapa, se analizaron las referencias bibliográficas de los registros identificados anteriormente. También se buscaron estudios no publicados y literatura gris en los repositorios de las bibliotecas.
Extracción de Datos
Los resultados de la búsqueda se exportaron al gestor de referencias Mendeley Desktop (versión 1.19.8), donde se identificaron y eliminaron los registros duplicados. Posteriormente, para facilitar el proceso de selección, los registros se importaron a la plataforma del Instituto de Investigación Informática de Qatar (Rayyan QCRI), que se utilizó para organizar los registros y facilitar la selección ciega. La elegibilidad fue evaluada por dos revisores independientes que examinaron los títulos y los resúmenes según los criterios de inclusión y exclusión predefinidos. La elegibilidad fue evaluada por dos revisores independientes que examinaron los títulos y los resúmenes según los criterios de inclusión y exclusión predefinidos, y las discrepancias se resolvieron mediante discusión o consulta con un tercer revisor. Los artículos que cumplían con los criterios de elegibilidad se recuperaron en su totalidad, y el texto completo fue evaluado de forma independiente y detallada por dos o más revisores para determinar su elegibilidad.
Resumen de los Resultados
La síntesis de datos de los registros que cumplían los criterios de inclusión y exclusión fue realizada de forma independiente por dos autores, utilizando instrumentos de extracción de datos desarrollados por el equipo de investigación, en consonancia con los objetivos y la pregunta de esta revisión de alcance. La información extraída se introdujo en una hoja de cálculo de Microsoft Excel. Los resultados se presentan en tablas resumidas.
Tras evaluar los registros de cada uno, los autores destacaron los aspectos que necesitaban aclaración. Estas inquietudes se abordaron mediante debate y se presentaron los resultados.
RESULTADOS
Se identificaron un total de 1674 artículos en las bases de datos, de los cuales se eliminaron 44 por ser duplicados. Tras la selección de títulos y resúmenes, se seleccionaron 105 artículos para la evaluación del texto completo. Se utilizó la metodología PRISMA-ScR(23) (Figura 1) para sistematizar el proceso de inclusión de los estudios. Las Cuadros 2, 3, 4, 5 y 6 presentan un resumen de los principales hallazgos. Los registros excluidos durante la selección de títulos y resúmenes no cumplían con los criterios de elegibilidad establecidos para esta revisión, ya que no se centraban en la violencia contra los niños, no involucraban a profesionales de la salud según la definición establecida o no examinaban las barreras en la prevención y la lucha contra la violencia contra los niños identificadas por los profesionales de la salud. En todos los cuadros, los números de los estudios corresponden a las referencias tal como están numeradas en la lista de referencias al estilo de Vancouver.
Los estudios incluidos en esta revisión se publicaron entre 1987 y 2024, teniendo en cuenta el periodo de búsqueda realizado entre julio y octubre de 2024, en 20 países diferentes: Estados Unidos de América (13)(19,27,29,33,35,37,47,48,55,60,61,62,65); Arabia Saudita (3)(9,32,34); Australia (4)(42,44,45,58); Brasil (3)(31,36,46); Israel (3)(49,50,63); Ghana (2)(24,25); Finlandia (2)(51,52); Inglaterra (2)(56,59); Reino Unido (2)(53,57); Canadá (1)(26); Alemania (1)(64); Colombia (1)(30); Francia (1)(54); Países Bajos (1)(41); China (1)(43); Irlanda del Norte (1)(58); Irlanda (1)(39); Irán (1)(40); Suiza (1)(28); y Turquía (1)(38). Esto se traduce en una considerable diversidad sociocultural que, a su vez, nos permite adoptar una visión más integral y completa.
Los estudios incluidos se llevaron a cabo en 20 países, abarcando diferentes continentes y contextos socioculturales. Más concretamente, los estudios procedían de América del Norte (p. ej., Estados Unidos, Canadá), Europa (p. ej., Reino Unido, Finlandia, Países Bajos, Alemania, Francia, Suiza, Irlanda), Asia (p. ej., Arabia Saudita, Irán, China), Oriente Medio (p. ej., Israel), África (p. ej., Ghana) y América del Sur (p. ej., Brasil). La distribución temporal de los estudios abarcó desde 1987 hasta 2024, con una mayor concentración de estudios publicados en la última década, lo que refleja una mayor atención a la protección infantil y a las responsabilidades profesionales en los entornos de atención médica. Esta diversidad geográfica y temporal pone de relieve la amplitud de los contextos en los que se han identificado barreras para la prevención de la violencia contra los niños.
En cuanto al diseño de los estudios, se identificaron 18 estudios cualitativos(24,25,30,31,34,36,39,41,42,44,45,46,50,56,60,61,62,63), incluyendo un estudio de caso(46) y un estudio fenomenológico(34). También se incluyeron un proyecto de mejora de la calidad(29), un análisis de respuestas cualitativas(45) y una auditoría(53). Se incluyó un estudio descriptivo(32). Además, se incluyeron un estudio cuantitativo(52), una encuesta correlacional cuantitativa(49), dos estudios transversales(43,48), un estudio epidemiológico(55) y un estudio cuasi- experimental(40). Por último, 15 estudios emplearon enfoques de métodos mixtos(26,27,28,33,35,37,38,47,51,54,59,64,65). Tres de los estudios incluidos son revisiones de la literatura(9,18,19).
En cuanto al lugar de recopilación de datos, en 20 estudios los datos se recopilaron en entornos hospitalarios(24,25,26,28,29,30,32,40,44,47,48,51,52,53,55,56,57,59,60,62). De estos, dos se refieren a hospitales universitarios(51,52); uno incluye datos recopilados en tres hospitales comunitarios y un centro médico académico(62); y uno se refiere a un gran hospital universitario metropolitano, un pequeño hospital metropolitano y un hospital rural(59). Dos estudios se realizaron en entornos de urgencias generales(47,60), cuatro en hospitales pediátricos(30,31,32,55,56), tres en servicios de urgencias pediátricas(28,29,48) y uno tanto en un servicio de urgencias pediátricas como en una sala de pediatría(40). Además, dos estudios recopilaron datos en clínicas privadas(54,64) y uno en un entorno prehospitalario(61). Un estudio no especificó el servicio de salud donde se recopilaron los datos(43), y otro solo informó que los datos se recopilaron de una organización de salud infantil(41).
En ocho estudios, los datos se recopilaron en entornos de atención de salud comunitaria(31,36,38,39,42,46,58,63), y en dos estudios, los datos se obtuvieron tanto de entornos comunitarios como hospitalarios(44,45). En nueve estudios, los datos se recopilaron de personas que trabajan con niños o que están afiliadas a organizaciones de atención médica o de protección infantil(26,33,34,35,37,45,49,50,65).
En cuanto al tipo de violencia contra los niños, seis estudios tratan el maltrato infantil en general(28,41,43,49,54,63); un artículo aborda el abandono(18); y 14 profundizan en el maltrato y el abandono infantil(9,19,32,37,38,42,44,48,50,53,60,61,64). Cinco de los estudios abarcan el maltrato físico(24,25,29,30,58), y uno examina el maltrato físico y emocional(35). En cuanto al abuso sexual contra los niños, un artículo examina el abuso sexual infantil(65), y otro explora el tráfico sexual infantil(26). Cinco estudios abordan tres o más tipos de violencia contra los niños, todos los cuales incluyen el maltrato físico y el abandono, pero también el maltrato emocional y psicológico(26,51), el abuso sexual(26,36,51,59) y el abandono(46). Uno examina la violencia doméstica y el maltrato(57), y otro la violencia juvenil(55). Nueve de los artículos incluidos no especifican el tipo de abuso(31,33,34,39,40,45,47,52,56).
Barreras Para la Prevención de la Violencia Contra los Niños
Esta revisión identificó cuatro tipos principales de barreras relacionadas con la violencia contra los niños ((i) barreras para la prevención; (ii) barreras para la identificación; (iii) barreras para la denuncia; y (iv) barreras para la intervención), tal como se detalla en las Cuadros 3, 4, 5 y 6, y se sintetiza visualmente en la Figura 2.
Mapa conceptual de las barreras identificadas por los profesionales de la salud en la prevención de la violencia contra los niños – Lisboa, Portugal, 2025.
Para mejorar la claridad analítica, los cuatro tipos de barreras (prevención, identificación, notificación e intervención) se sintetizaron aún más en tres dimensiones transversales —deficiencias en el desempeño profesional, barreras contextuales y limitaciones organizativas y de recursos—, tal y como se ilustra en la Figura 2.
DISCUSIÓN
Esta revisión de alcance identificó cuatro tipos principales de barreras relacionadas con la violencia contra los niños — prevención, identificación, denuncia e intervención—, que reflejan diferentes etapas de la acción profesional en materia de protección infantil. Más allá de esta organización por categorías, la síntesis de los hallazgos reveló que estas barreras se agrupaban en torno a tres dimensiones transversales: deficiencias en el desempeño profesional; barreras contextuales; y limitaciones organizativas y de recursos. Esta estructura analítica, ilustrada en la Figura 2, permite una comprensión más integrada de cómo operan las barreras a lo largo de las diferentes fases de la prevención y la respuesta a la violencia contra los niños.
La inclusión de estudios realizados en 20 países de varios continentes subraya la considerable heterogeneidad sociocultural, jurídica y organizativa que subyace a estas barreras. Aunque la manifestación específica de las barreras varía según los contextos regionales y las estructuras de los sistemas de salud, surgieron patrones similares, lo que sugiere que muchos de los desafíos a los que se enfrentan los profesionales de la salud pueden ser transversales. En particular, las deficiencias en el desempeño profesional y las limitaciones organizativas se señalaron con mayor frecuencia que las barreras contextuales, lo que indica su peso relativo a la hora de limitar las prácticas efectivas de prevención, identificación, denuncia e intervención.
La distribución desigual de los estudios entre los distintos tipos de barreras —siendo las barreras de denuncia e identificación las más frecuentemente señaladas— puede reflejar una mayor complejidad institucional, jurídica y emocional asociada a estas etapas de la protección infantil. Este hallazgo es particularmente relevante cuando se interpreta a la luz del Objetivo de Desarrollo Sostenible 16.2, que hace hincapié en la necesidad de fortalecer la capacidad institucional, la capacitación profesional y la coordinación intersectorial para eliminar todas las formas de violencia contra los niños. La persistencia de barreras similares en diversos contextos y a lo largo del tiempo sugiere que el progreso hacia este objetivo sigue siendo desigual y que los desafíos sistémicos parecen continuar limitando la acción profesional.
En lugar de abordar las barreras exclusivamente según las etapas de la intervención, el análisis que sigue sintetiza los hallazgos en torno a tres dimensiones transversales —brechas en el desempeño profesional, barreras contextuales y limitaciones organizativas y de recursos— con el fin de ampliar el debate y resaltar sus interrelaciones.
Barreras Para la Prevención de la Violencia Contra los Niños
Se identifican barreras para la prevención de la violencia contra los niños en cinco de los estudios incluidos(31,35,39,41,45). Tres estudios identificaron brechas relacionadas con el desempeño profesional como una barrera para prevenir la violencia contra los niños(35,41,45). Estas incluyen: falta de capacitación, conocimiento y confianza para asesorar a los padres sobre la disciplina infantil(35); escasa familiaridad con las directrices y baja autoeficacia en situaciones que implican signos ambiguos, comunicación con los cuidadores, planificación del seguimiento e intercambio de información entre agencias(41); y la necesidad de desarrollo profesional con acceso a supervisión clínica en entornos de aprendizaje que brinden apoyo(45).
Se informaron barreras contextuales en tres estudios(35,41,45), entre ellas: preocupaciones sobre la sensibilidad cultural, la percepción de que el tema tiene baja prioridad, la incomodidad al abordarlo y las dudas sobre la eficacia de la intervención(35); la falta de voluntad o la incapacidad de los cuidadores para cooperar y una mayor incertidumbre al discutir la sospecha de abuso en el entorno doméstico(41); e influencias psicosociales como el agotamiento, la fatiga por compasión y factores personales, la exclusión de las discusiones sobre protección y un desajuste entre las prácticas estandarizadas y las necesidades de la familia(45).
Cuatro estudios describieron limitaciones organizativas y de recursos(31,35,41,45). Entre ellas se incluyen: el número reducido de profesionales(31); la disponibilidad de tiempo limitada, la ausencia de reembolso financiero y el apoyo institucional insuficiente(35); deficiencias en los registros médicos electrónicos y una cooperación interinstitucional deficiente(41); y cargas de trabajo elevadas, expectativas poco realistas, falta de personal, brechas estructurales y de comunicación, ausencia de acuerdos interdepartamentales y disponibilidad limitada de servicios(45).
Barreras Para Identificar la Violencia Contra los Niños
Veintiún estudios incluidos en esta revisión identifican barreras para identificar la violencia contra los niños(25,27,28,29,30,31,33,36,38,40,46,48,51,52,54,55,58,59,60,61,65).
Dieciocho estudios identificaron las deficiencias en el desempeño profesional como barreras para identificar la violencia contra los niños(27,28,29,30,31,33,36,38,40,48,51,52,54,55,58,59,60,61). Entre ellas se incluyen: falta de capacitación y sensibilización(27,55,59); conocimiento, experiencia y confianza insuficientes para detectar signos y síntomas de maltrato(28,33,36,40,48,52,58); dificultad para distinguir entre lesiones accidentales e intencionales(28,61); escaso conocimiento de las directrices y herramientas(29,48); incapacidad para reconocer indicadores conductuales de negligencia(60); habilidades de comunicación inadecuadas con los niños y los cuidadores(30,33,38); técnicas de entrevista deficientes(58); incertidumbre en las presentaciones clínicas(48); e incomodidad con los casos pediátricos(61).
Catorce estudios informaron sobre barreras contextuales(25,27,29,30,33,36,38,46,51,52,58,60,65). Entre ellas se incluyen: la naturaleza sensible o tabú del tema(27,28,52); el encubrimiento o la negación por parte de las familias(36,46,52); factores socioeconómicos que enmascaran el abandono(46); la difusión de la responsabilidad(25); la incertidumbre en la interpretación de las pruebas de detección(29); la percepción de que las herramientas son innecesarias(30); barreras lingüísticas y culturales(33); la renuencia de los profesionales a creer que se produce el abuso(52,65); el deseo de creer a los cuidadores(60); los prejuicios personales(60); el temor a las consecuencias de la denuncia(65); el temor a una identificación incorrecta(38,58); el temor al daño(38); y los desafíos de los entornos de emergencia, como la falta de contacto continuo con la familia(60).
Dieciséis estudios describieron limitaciones organizativas y de recursos(27,28,29,30,31,33,36,38,48,51,52,55,58,59,61,65). Entre ellas se incluyen: la falta de políticas o directrices organizativas(27,51); recursos limitados o inexistentes(27,55,59); personal o tiempo insuficientes(29,30,55,59); coordinación interdepartamental o interinstitucional deficiente(29,48); retrasos en las consultas(29); infraestructura de documentación inadecuada(29); ausencia de herramientas validadas(48); falta de protocolos de identificación(33); necesidad de fortalecer la atención primaria de salud como punto de referencia(31); cargas de trabajo pesadas(36,38,59); y falta de confianza en la capacidad de los servicios sociales para gestionar los casos(65).
Barreras Para la Denuncia de la Violencia Contra los Niños
Veintisiete estudios incluidos en esta revisión identifican barreras para la denuncia de la violencia contra los niños(9,19,24,25,26,28,31,32,37,38,39,40,43,47,48,49,50,53,54,55,56,57,58,61,63,64,65).
Se identificaron deficiencias en el desempeño profesional en 21 estudios(9,19,25,26,28,31,32,37,38,40,47,48,49, 53,54,55,56,58,63,64,65). Entre los problemas señalados se incluyen el conocimiento o las habilidades insuficientes en los procedimientos de identificación y notificación(9,19,25,31,32,37,38,47,48,49,54,55,58,63,64), la dificultad para preparar informes(38,54) y la falta de confianza o experiencia(9,28,64). Otras barreras incluyen la toma de decisiones subjetiva(58), la incertidumbre sobre qué se debe notificar(47,58) y la creencia de que se puede intervenir de manera más eficaz sin una notificación formal(32).
Se observaron barreras contextuales en veinticinco estudios(9,19,24,25,26,28,29,31,32,37,40,43,46,47,48,49,53,54,55,56,57,58,61,63,64,65). Entre ellas se incluyen: el temor a sufrir daño físico o espiritual(9,24,53,54,64); el temor a una identificación incorrecta(54,58,63); el estigma y las normas culturales o religiosas(19,9,40,64); la falta de pruebas que lo corroboren(26,32,43); y la preocupación por las consecuencias negativas que la denuncia pueda tener para el profesional, el niño o la familia(37,43,47,49,58,61,63,65). Otras barreras incluyen la desconfianza en los servicios de protección infantil(64,65), la renuencia a interactuar con los sistemas legales(43,49), la creencia de que otros denunciarán(47), los desafíos emocionales(19) y las dinámicas jerárquicas o interprofesionales que desalientan la denuncia(28,58).
En 23 estudios se informaron limitaciones organizativas y de recursos(9,19,25,26,28,29,31,37,39,43,46,47,48,49,50,54,55,56,57,58,61,64,65). Entre las barreras señaladas se incluyen: la falta de políticas organizativas, directrices claras o protocolos estructurados(19,26,31,58); la falta de tiempo y las elevadas cargas de trabajo(9,25,28,37,43,47,48,49,54,55,57,58,61,64); la insuficiencia de recursos o de personal(19,31,48,50); comunicación o retroalimentación interinstitucional deficiente(19,39,50,56); y barreras procedimentales o administrativas(54,58,64). Otras limitaciones incluyen la implementación ineficaz de la capacitación(9), la ausencia de consecuencias legales por no denunciar(9) y la falta de protección para quienes denuncian(19).
Barreras Para Intervenir en Casos de Violencia Contra los Niños
Nueve estudios incluidos en esta revisión identifican barreras para intervenir en casos de violencia contra los niños(18,27,31,34,39,42,44,56,62).
Se informaron deficiencias en el desempeño profesional en seis estudios(18,27,34,42,56,62). Entre ellas se incluyen: la falta de capacitación y de conciencia sobre formas específicas de violencia, como el tráfico sexual(27); el conocimiento insuficiente en la práctica profesional general(34); la toma de decisiones subjetiva y la falta de capacitación adecuada(42); las brechas entre el conocimiento teórico y la aplicación práctica, así como la falta de apoyo en los procedimientos formales(56); la dificultad para definir e identificar la negligencia; la capacitación insuficiente; y la incapacidad para utilizar los conjuntos de herramientas debido a la alta rotación de personal(18).
Se identificaron barreras contextuales en seis estudios(18,27,34,39,42,44). Entre ellas se incluyen: la sensibilidad del tema y el miedo de las víctimas a denunciar(27); factores culturales que influyen en la actuación profesional(34,42); la preocupación de que el seguimiento de las familias «en riesgo» pudiera dañar la imagen amigable de la enfermera(39); el miedo a cometer errores y a lidiar con sistemas inflexibles(44); y situaciones en las que no se tienen en cuenta las opiniones de los niños o en las que los profesionales se adhieren a una «regla del optimismo»(18).
Las limitaciones organizativas y de recursos se mencionaron en ocho estudios(18,27,31,34,42,44,56,62). Entre ellas se incluyen: la falta de políticas y orientación organizativas, y la financiación o los recursos insuficientes(27); el bajo rendimiento de la red debido a estructuras sectoriales y verticales y a una comunicación desequilibrada(31); la falta de recursos y capacidad organizativa, los desafíos de implementación y las condiciones de trabajo inadecuadas para el personal de primera línea(34); los recursos escasos, la ausencia de colaboración multidisciplinaria, la falta de protocolos claros, la autonomía limitada y las estructuras jerárquicas(42); la mala interconexión de los servicios, la duplicación, la mala coordinación, los sistemas rígidos y las jerarquías en el intercambio de información(44); la falta de información sobre la evolución de los casos(56); los recursos limitados, la alta rotación de personal, el exceso de casos que afecta a la gestión de los planes de protección infantil y la falta de supervisión(18); y la variabilidad en el apoyo institucional a los defensores, la dependencia de la motivación individual, la sobrecarga de funciones, la rotación de los defensores y el conocimiento inconsistente del programa entre los proveedores de primera línea(62).
CONCLUSIÓN
Esta revisión de alcance identificó múltiples barreras interconectadas a las que se enfrentan los profesionales de la salud en la prevención, identificación, denuncia e intervención en casos de violencia contra los niños. Estas barreras se clasifican en tres dimensiones principales: deficiencias en el desempeño profesional; desafíos contextuales; y limitaciones organizativas y relacionadas con los recursos. Las limitaciones identificadas incluyen déficits en el conocimiento y la capacitación, incertidumbre sobre los procedimientos legales, la influencia de las normas culturales, la ausencia de protocolos claros y el apoyo institucional insuficiente.
A pesar de la amplitud de la evidencia analizada, esta revisión presenta limitaciones metodológicas, entre ellas la ausencia de una evaluación de la calidad de los estudios incluidos y la heterogeneidad metodológica, lo que puede haber limitado la identificación de matices relevantes. Sin embargo, de acuerdo con las recomendaciones del JBI para las revisiones exploratorias, la evaluación crítica de la calidad metodológica no es obligatoria, ya que el objetivo principal es mapear el alcance y la naturaleza de la evidencia disponible, más que evaluar la eficacia de las intervenciones. Además, dado que las búsquedas se realizaron dentro de un intervalo de tiempo definido y no se actualizaron continuamente, es posible que no se hayan captado estudios relevantes publicados después del período de búsqueda. Aunque se implementó una estrategia de búsqueda exhaustiva en múltiples bases de datos, no se puede descartar la posibilidad de que se hayan omitido estudios elegibles. Por otra parte, aunque los criterios de elegibilidad abarcaban una amplia gama de profesionales de la salud y afines involucrados en la protección infantil, la estrategia de búsqueda empleó principalmente términos relacionados con el personal de salud y la enfermería pediátrica. Esto puede haber limitado la recuperación de estudios en los que participaran profesionales de otros campos, como las ciencias sociales o humanas, lo que podría haber restringido la amplitud de las perspectivas profesionales captadas. Las variaciones en el diseño de los estudios, los grupos profesionales y los entornos contextuales también introdujeron una heterogeneidad sustancial, lo que puede haber influido en la síntesis de los resultados. Estos factores deben tenerse en cuenta al interpretar los hallazgos de esta revisión de alcance.
No obstante, a pesar de las diferencias metodológicas y contextuales, surgieron varias barreras de manera consistente en toda la literatura, lo que sugiere que ciertos desafíos estructurales y profesionales son generalizados y pueden constituir obstáculos globales para la prevención, identificación, denuncia e intervención efectivas en casos de violencia contra los niños. Esta diversidad enriquece la comprensión de cómo se manifiestan dichas barreras en diferentes sistemas de salud y contextos socioculturales, lo que respalda el desarrollo de estrategias sensibles al contexto para el desarrollo de capacidades profesionales y la formulación de políticas.
Se recomienda invertir en formación continua y específica, mejorar las condiciones de trabajo y reforzar la colaboración interinstitucional. Las investigaciones futuras deberían centrarse en el desarrollo y la evaluación de intervenciones que mejoren la capacidad de respuesta de los profesionales, en particular mediante la evaluación del impacto de los programas de capacitación y las estrategias de colaboración adaptadas a diferentes contextos culturales y geográficos. Además, se debería prestar mayor atención a las intervenciones basadas en la comunidad y a los diseños de investigación longitudinales, que pueden ayudar a captar cómo evolucionan con el tiempo las barreras para la prevención de la violencia contra los niños, así como a evaluar la sostenibilidad y la eficacia a largo plazo de las intervenciones en diferentes entornos.
DISPONIBILIDAD DE DATOS
El conjunto de datos que respaldan las conclusiones de este estudio está disponible previa solicitud al autor correspondiente.
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Apoyo financiero
Este estudio se desarrolló en el marco del proyecto Positive Parenting & Inclusive Non-Violent Education in an Innovative Environment (Crianza positiva y educación inclusiva y no violenta en un entorno innovador) (2024-1-PT01-KA220-ADU-000255099). Este estudio fue financiado por la Unión Europea. No obstante, las opiniones y puntos de vista expresados son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea. Ni la Unión Europea ni la autoridad que concede la subvención pueden ser consideradas responsables de los mismos.
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