Open-access Consumo de drogas por jóvenes en contextos de vulnerabilidad social: revisión sistemática1

Consumo de drogas por jovens em contextos de vulnerabilidade social: revisão sistemática

RESUMO

O presente artigo objetivou realizar uma revisão sistemática da literatura científica na América Latina a respeito dos diversos aspectos associados ao início no consumo de substâncias psicoativas em adolescentes e jovens em contextos de vulnerabilidade social. Para isso, realizou-se uma busca de artigos científicos publicados durante o período de 2013 a 2021 nas bases de dados Scielo, Lilacs e RedIb, com os descritores Transtornos Relacionados ao Uso de Substâncias, Abuso de drogas, Vulnerabilidade social e Adolescentes, definidos por DeCS/MeSH e pela BVS. Foram selecionados 22 estudos publicados em português, espanhol e inglês. Elaboraram-se três categorias: Criança parental e experiências de violência durante a infância, Influência do grupo e Contexto de vulnerabilidade e exclusão social, que identificam os principais achados deste trabalho. Os resultados evidenciam que os adolescentes tinham experimentado processos de exclusão social, sem possibilidades de participação nas diversas áreas da vida social, como a desvinculação dos âmbitos escolar, familiar e social, considerando que as condições de iniquidade social nos diferentes âmbitos de inserção dos jovens produzem riscos à saúde, dentre eles o consumo de drogas.

Palavras-chave:
Abuso de drogas; vulnerabilidade social; adolescentes

ABSTRACT

This article aimed to conduct a systematic review of the scientific literature in Latin America regarding the multiple aspects associated with the onset of psychoactive substance use among adolescents and young people in contexts of social vulnerability. A search for scientific articles published between 2013 and 2021 was conducted in the Scielo, Lilacs, and RedIb databases, using the descriptors Substance-Related Disorders, Drug Abuse, Social Vulnerability, and Adolescents, as defined by DeCS/MeSH and the VHL. Twenty-two studies published in Portuguese, Spanish, and English were selected. Three categories were developed: Parental Upbringing and Experiences of Violence During Childhood, Peer Influence, and Context of Vulnerability and Social Exclusion, which identify the main findings of this study. The results show that adolescents experienced processes of social exclusion and disengagement from school, family, and social life. These processes produce health risks, including drug abuse, due to the conditions of social inequality in the different spheres of youth inclusion.

Keywords:
Drug abuse; social vulnerability; adolescents

RESUMEN

El presente artículo tuvo como objetivo realizar una revisión sistemática de la literatura científica en América Latina respecto de los múltiples aspectos asociados con el inicio en el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes y jóvenes en contextos de vulnerabilidad social. Se realizó la búsqueda de artículos publicados durante el período de 2013 a 2021 en las bases de datos Scielo, Lilacs y RedIb, con los descriptores Trastornos relacionados con sustancias, Abuso de drogas, Vulnerabilidad social y Adolescentes; definidos por DeCS/MeSH y BVS. Se seleccionaron 22 estudios publicados en portugués, español e inglés. Se elaboraron tres categorías: Crianza parental y experiencias de violencia durante la infancia, Influencia del grupo y Contexto de vulnerabilidad y exclusión social, que identifican los principales hallazgos de este trabajo. Los resultados evidencian que los adolescentes experimentan procesos de exclusión social sin posibilidades de participación en diversas esferas de la vida social como desvinculación del ámbito escolar, familiar y social, considerando que las condiciones de inequidad social en los distintos ámbitos de inserción de los jóvenes producen riesgos a la salud, entre ellos el consumo de drogas.

Palabras Clave:
Abuso de drogas; vulnerabilidad social; adolescentes

Introducción

De acuerdo con el Informe sobre el Consumo de Drogas en las Américas (OEA & CICAD, 2019) el inicio en el consumo de drogas se presenta a temprana edad, con niveles preocupantes en estudiantes secundarios de octavo grado, respecto al género existe una tendencia en el consumo similar entre hombres y mujeres. Según dicho estudio, el tabaco es la única sustancia que presenta disminuciones en la prevalencia del último mes a lo largo del tiempo; mientras que el alcohol en estudiantes secundarios, presenta las tasas de uso más altas en el último mes (más del 50%) en América del Norte y del Sur. Los estudiantes de octavo grado, en varios países, superan el 20% y el 30% de consumo de alcohol. Referente a las sustancias tipo cocaína (clorhidrato de cocaína, pasta base de cocaína-PBC y crack), el PBC se usa en América del Sur. La prevalencia en el último año en los estudiantes es desde el 0,17% a más del 4%, siendo la prevalencia más alta en estudiantes de octavo grado.

El consumo de drogas representa una problemática compleja y multicausal, considerado como un problema de salud pública que requiere de una comprensión integral dado que intervienen factores biológicos en su interfaz con aspectos socioeconómicos y demográficos (Abeldaño et al., 2014; Halpern et al., 2017). Por lo tanto, se hace necesario un abordaje integral, interdisciplinar y multisectorial (Pedrosa et al., 2016). El uso precoz de sustancias psicoactivas puede ser un factor limitante para un desarrollo saludable, tanto en el ámbito físico como en lo psicosocial (Bittencourt et al., 2015). Los jóvenes se exponen al riesgo de pasar del uso experimental a la dependencia, además de presentar consecuencias y prejuicios asociados como problemas de salud, sanciones legales, conflictos familiares y sociales, abandono de la escuela y sentimientos de culpa o ansiedad (Bittencourt et al., 2015). A su vez, existen limitaciones en cuanto a la posibilidad de buscar o fortalecer su participación en el mundo laboral y desenvolverse en relaciones sociales significativas, las cuales son fuente de apoyo social (Pedrosa et al., 2016).

La población objeto de estudio atraviesa por el ciclo vital de la adolescencia, que se caracteriza por ser un período donde ocurren transformaciones de índole biológica, psicológica y social, los cuales inciden en los procesos de construcción de la identidad y la diferenciación del grupo social primario (Reis et al., 2013, Oliveira et al., 2020). Es esencial considerar además los factores históricos y culturales en la concepción de adolescencia, diversos autores realizan aportes teóricos diferentes a la concepción tradicional, atribuyendo a los jóvenes una identidad política y social específica, dando cuenta de una pluralidad de juventudes debido a que en el contexto latinoamericano la pobreza constituida como fenómeno social y económico, el ideal de juventud planteado por el modelo hegemónico presenta contradicciones ante una realidad atravesada por situaciones de exclusión y vulnerabilidad social; ante lo cual los sujetos vivencian su adolescencia de diferentes maneras de acuerdo con sus condiciones de vida, perspectiva opuesta a la homogeneización de los sujetos según un concepto definido en torno a límites de franja etaria o elementos culturales fijos (Atanázio et al., 2013; Ximenes & Cidade, 2016).

Las investigaciones muestran que los adolescentes que hacen uso de drogas vivencian en su cotidianidad condiciones socioeconómicas vulnerables, problemáticas familiares ya que en las mismas existen debilitamientos de los vínculos afectivos experimentando situaciones de violencia y escasa participación en el contexto familiar y el abuso de drogas por parte de los integrantes de la familia, lo que permite que los adolescentes decidan abandonar sus hogares (Arpini & Gonçalves, 2011). Por otro lado, se considera que la ‘entrada al mundo de las drogas’ ofrece una posibilidad de reconocimiento, aunque desde la violencia como recurso posible, dando sentido a la construcción de su identidad, frente a la falta de referentes sociales y a la participación de los adolescentes en la sociedad (Arpini & Gonçalves, 2011). Se presenta un escenario doblemente vulnerable para los jóvenes, por un lado, el contexto de desigualdades socioeconómicas y culturales como factor de riesgo para la salud, y por el otro, el consumo de sustancias como conducta de riesgo que conlleva estigmatización y exclusión social (Souza, 2016). Las perspectivas asociadas al riesgo para la juventud que implica como condición inherente a su existencia, la imposibilidad de superar las desigualdades económicas, sociales y políticas, tendiendo a la victimización y disminución de la participación activa de los jóvenes, perspectivas que vienen a justificar los procesos de inequidad social y pobreza, responsabilizando a los sujetos por su situación de pobreza; no obstante, los jóvenes han desarrollado estrategias alternativas para afrontar tales circunstancias de opresión, enfatizando en el trabajo con dicha franja etaria el protagonismo y la capacidad de construir lazos sociales para actuar en sus comunidades (Ximenes & Cidade, 2016).

El presente estudio tiene como objetivo realizar una revisión sistemática sobre la literatura científica en América Latina; respecto de los aspectos vinculados al consumo de sustancias en sujetos adolescentes y jóvenes en contextos de vulnerabilidad social.

Metodo

La revisión sistemática adoptó los criterios indicados por el Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA) (traducción al portugués de Galvão et al., 2015). El estudio indagó en la literatura científica disponible en América Latina, los diversos aspectos asociados al consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes y jóvenes, que se encuentran en contextos de vulnerabilidad social.

La búsqueda en las bases de datos se realizó en el mes de abril de 2021, consultando RedIb, Scielo y Lilacs, con los descriptores Trastornos relacionados con sustancias, Abuso de drogas, Vulnerabilidad social y Adolescentes’; de acuerdo con la terminología del banco de datos DeCS/MeSH y BVS. El descriptor ‘adulto joven’ no fue considerado finalmente dado que no hubo resultados nuevos, obteniendo mayores registros para la franja etaria de juventud con los términos mencionados. Tales descriptores fueron combinados para realizar la búsqueda tanto en inglés, español y portugués, consistiendo en ‘adolescentes AND trastornos relacionados con sustancias’; ‘adolescentes AND abuso de drogas’; ‘vulnerabilidad social AND abuso de drogas’; ‘vulnerabilidad social AND adolescentes’. En las bases de Latindex, Redalycs y Biblat no se encontraron resultados con dichas estrategias.

Para la selección de los artículos se tuvieron en cuenta ciertos criterios para su inclusión: a) estudios empíricos acerca de los factores relacionados al consumo de sustancias en contextos de vulnerabilidad social en adolescentes y jóvenes, b) cualitativos como cuantitativos, c) realizados en América Latina, d) elaborados en español, portugués e inglés y, e) publicados durante el período de 2013 a 2021. Los estudios que fueron excluidos se debieron al hecho de ser investigaciones elaboradas en población adulta, artículos de índole teórico, publicados en años anteriores al período establecido, trabajos de tesis, no se especifica el contexto social de los jóvenes, así como estudios que analizan los efectos de las sustancias en la calidad de vida de los jóvenes y que, a consecuencia de su uso se presentan conductas de riesgos e impactos en la trayectoria escolar. Además, estudios de descripción y abordajes de la intoxicación por consumo de drogas en adolescentes en sala de urgencia de hospitales públicos y en contextos de tratamiento clínico.

El proceso de análisis se desarrolló mediante las siguientes etapas: 1) lectura de títulos y resúmenes, 2) inclusión y exclusión de artículos según los criterios establecidos, 3) lectura de trabajo completo de los artículos preseleccionados y; 4) inclusión definitiva de artículos, de acuerdo con los objetivos y criterios de la investigación. El estudio de los artículos comprendió, además, aspectos como la metodología e instrumentos utilizados en la evaluación del uso de sustancias psicoactivas, así como para indagar sobre las trayectorias de los participantes en cuanto al consumo de drogas; el abordaje adoptado sobre la problemática en cuanto a la aproximación teórica y los resultados obtenidos para la comprensión del fenómeno en contexto de vulnerabilidad social.

Resultados

Durante el proceso de búsqueda se obtuvieron un total de 512 artículos en las bases de datos. Posteriormente, al eliminar los duplicados se redujeron a 467 trabajos, los cuales fueron incluidos para la lectura de título y resúmenes, siendo 69 los artículos seleccionados. Del total de resúmenes seleccionados, 39 fueron considerados para su lectura completa y decidir su elegibilidad. Finalmente, fueron excluidos 17 y la muestra final fue de 22 artículos. El diagrama de flujo se encuentra explicitado en la Figura 1.

Figura 1
Flujograma PRISMA. Procedimientos de identificación y selección de los estudios incluidos en la revisión.

Según los datos descriptivos de la presente investigación, los países donde se desarrollaron los estudios fueron en Brasil con el 72%, seguido de México y Perú con el 9% cada uno, Ecuador y Argentina con el 4,5% cada uno. Los artículos fueron publicados en portugués (45,4%), español (36,4%) e inglés (18,2%). De acuerdo con el año de publicación, el 18,2% pertenecen a 2018 y 2020, el 13,6% son del 2014, 2015 y 2016, el 9,1 % al 2013 y 2017, y el 4,5% son de 2021 (Tabela 1).

De los estudios seleccionados, el 72,7% son cuantitativos, el 22,7 % son cualitativos y el 4,5% mixto. Gran parte de los estudios son de tipo transversal y longitudinal, de carácter exploratorio, descriptivo y/o correlacional. Los participantes fueron adolescentes y jóvenes estudiantes de nivel secundario, con secundario incompleto, o bien no estudian ni trabajan, provenientes de contextos vulnerables; las investigaciones tomaron también muestras de adolescentes de escuelas privadas a modo de establecer posibles análisis comparativos de acuerdo con el nivel socioeconómico. Las muestras variaron desde 4 participantes hasta 54.756. Asimismo, fueron objeto de estudio las madres de los jóvenes conformando una muestra de 5249, sólo en una investigación de carácter longitudinal.

Los instrumentos utilizados fueron diversos según el área a investigar, por lo tanto, se destacan los cuestionarios sociodemográficos, entre ellos el SVI, que evalúa aspectos como el ambiente, cultura, economía, acceso a la asistencia legal y seguridad, y el ABIPEME SCALE para la clasificación socioeconómica; en esta dirección el nivel de escolaridad de la madre también fue un indicador socioeconómico individual indagado a partir de entrevistas o cuestionarios.

Tabla 1
Variables descriptivas de los estudios.

Las áreas específicas relacionadas con la influencia de los pares, familia, tiempo libre fueron evaluados a partir de instrumentos como el Parental Bonding Instrument (PBI), Integrated Questionnaire for the Measurement of Social Capital (IQ-MSC), Leisure Diagnostic Battery (LDB), Demographics and Leisure Data Questionnaire (QS DL), y el cuestionario ‘Mis memorias de crianza’ (EMBU-I).

Las situaciones de abuso psicológico, sexual, negligencia física, emocional y violencia doméstica, así como la participación religiosa de los jóvenes fueron evaluadas a partir de cuestionarios autoadministrados. A su vez, la aplicación del Self Reporting Questionnaire (SRQ-20) para conocer la salud mental de la madre, y en el adolescente el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ).

Para identificar el uso de sustancias psicoactivas en los jóvenes se emplearon cuestionarios autoadministrados, y otros más específicos tales como el Alcohol, Smoking and Substance Involvement Screening Test (ASSIST), Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT-C), Drug Use Screening Inventory (DUSI) y Addiction Severity Index, 6° versión (ASI-6). Asimismo, el conocimiento acerca del uso de sustancias por parte de los familiares fue mediante cuestionarios o entrevistas.

Por otro lado, los estudios hicieron uso de los registros de los pacientes usuarios de sustancias psicoactivas de un centro de atención psicosocial y de las bases de datos de Encuestas de Prevalencias de Consumo de sustancias psicoactivas, además se emplearon las técnicas de entrevista semi estructurada, focalizada, diarios de campo y grupos de discusión.

Los hallazgos de este estudio se organizaron en las siguientes categorías con el objetivo de presentar con más claridad aquellos factores que más se hicieron alusión en las investigaciones:

Crianza parental y experiencias de violencia durante la infancia.

Los adolescentes se encuentran expuestos a vulnerabilidades dentro de su contexto familiar como extrafamiliar, entre ellas las agresiones sexuales y la violencia doméstica, fenómenos que según estudios están asociados al uso de sustancias, dado que al ser usuario de sustancias pueden involucrarse en situaciones de riesgo, y a su vez, ante eventos estresores como lo son estas formas de violencias, el consumo opera como medio para aliviar el sufrimiento, dando cuenta de la magnitud de estas problemáticas en jóvenes que ya se encuentran vulnerados en sus trayectorias de vida (Costa et al., 2015; Valle et al., 2018). De acuerdo con Valle et al. (2018, p. 2) definen a la agresión sexual como “[…] cualquier forma de contacto sexual que ocurre sin el consentimiento explícito de la persona […]” e incluye la agresión física, aquella relacionada con tocar partes íntimas del cuerpo y besos a la fuerza; no física, la exposición de genitales y el ser mirado y; la violación sexual. Según sus resultados, el consumir alcohol se asocia tanto en hombres como mujeres a una mayor probabilidad de ser víctimas de agresiones sexuales. Sin embargo, en el ámbito extrafamiliar, las mujeres cuando consumieron alcohol aumentaron su vulnerabilidad a sufrir una violación sexual, mientras que el consumo por parte de los varones no se asoció con ser víctimas de violación sexual en ninguno de los ámbitos. A su vez, muestran que las mujeres estuvieron mayormente expuestas a sufrir violencia física y no física en el ámbito intrafamiliar, siendo que la prevalencia con varones es igual fuera del mismo.

Para una mayor comprensión Valle et al. (2018) colocan en escena a la disfunción familiar dentro de esta dinámica, en tanto un hecho anterior y que evidencia el escenario de vulnerabilidad en el que están insertos los jóvenes, ya que existe escasa cohesión familiar y los roles de sus integrantes no están delimitados claramente, con relaciones desiguales de poder, expresando la agresión sexual el avasallamiento de la autonomía y los derechos del otro sujeto. Además, se sostiene que estas situaciones de agresiones sexuales intrafamiliares se inician a una edad temprana y continúa ocurriendo incluso hasta la adolescencia de la persona, siendo característico su accionar a lo largo del tiempo, y el uso de alcohol se manifiesta sólo como una de sus consecuencias asociadas (Valle et al., 2018). Por lo tanto, en el ámbito familiar la violencia no se asocia con consumir alcohol ya que la sustancia no actúa como mediadora para concretar el acto dada la convivencia en tiempo y espacio con el agresor, sino más bien el rol de la sustancia es otro ya desde el lugar de víctima para sobrellevar el estrés ocasionado (Valle et al., 2018). Igualmente, Franco-Coffré et al. (2020) consideran que las pérdidas de lazos vinculares con la familia significativa caracterizada por ser disfuncional es uno de los motivos para el uso de drogas ilícitas ya que permiten una vía de escape de dicha realidad (Atanázio et al., 2013).

El estudio realizado por Gonçalves et al. (2016) hace alusión a aspectos sucedidos durante la infancia hasta el inicio de la adolescencia que implican distintos tipos de abuso, ya sea físico, sexual, negligencia emocional y física, y la violencia doméstica, relacionándose con el uso de drogas. De esta manera, existe una asociación de tales experiencias adversas en la infancia con el inicio y la continuidad en el consumo de sustancias, muchas veces de alto riesgo en la población adolescente y adulta (Gonçalves et al., 2016). En dicha investigación de carácter longitudinal, se observa que, en cuanto a las características de las madres de los jóvenes, el 31,7% eran fumadoras y el 45,4% consumían alcohol; el 70% solamente tenían ocho años de escolaridad y el 30,9% presentaban problemas de salud mental. Asimismo, sus hijos a la edad de 11 años, el 1,4% hacía uso de tabaco, el 6% de alcohol, y el 0,5% de drogas ilícitas, siendo la prevalencia más alta en varones; y el 14% de los adolescentes presentaron problemas del comportamiento, también más significativo en los varones (Gonçalves et al., 2016). Los resultados del ACEs mostraron que las mujeres tuvieron valores altos en las dimensiones de negligencia emocional, abuso físico y violencia doméstica. Estos reportes a la edad de 15 años en la misma muestra de adolescentes indicaron que el 25% consumía alcohol y el 6% tabaco, estas prevalencias de uso fueron mayores en las mujeres; y el 2,1% experimentó con drogas ilícitas, siendo similar en hombres y mujeres. De acuerdo con la relación del uso de sustancias y las experiencias adversas durante la infancia, quienes vivenciaron algún tipo de abuso o negligencias presentaron mayor prevalencia de uso de drogas. Por esto último, se observa que las mujeres continuaron siendo las más vulnerables a experimentar alguna situación de violencia y al uso de drogas, por ello, una posible comprensión que plantean Gonçalves et al. (2016) al discutir con otros estudios, radica en el hecho de que consumir drogas funciona posiblemente como la búsqueda, aunque sea temporal de sensación de alivio, placer antes tales circunstancias vividas desde temprana edad y la escasa fuente de apoyo tanto familiar como social.

Otro de los factores contemplados en las investigaciones refiere al tipo de vínculo establecido entre los padres y sus hijos adolescentes en la implicancia con el uso de drogas; Cerutti et al. (2015) exponen que tanto un padre como una madre poco expresivos afectivamente incrementan la posibilidad de consumir tabaco por parte del adolescente. Aunque también plantean que los hijos de padres afectuosos en algunos casos pueden desarrollar dependencia hacia la marihuana y no hacia el alcohol; siendo que un padre controlador se constituye como factor protector al uso de tabaco y marihuana (Cerutti et al., 2015). En el caso del consumo de alcohol, si existe un familiar que hace uso del mismo se presenta como un factor de riesgo, con mayor probabilidad de que el joven abuse de esa sustancia, tabaco o cualquier otra droga ilícita (Reis et al., 2013; Cerutti et al., 2015; Jorge et al., 2017; Almeida, & Lana, 2020). En cuanto a la edad de los adolescentes, a mayor edad más posibilidad de desarrollar dependencia hacia la sustancia (Cerutti et al., 2015, Jorge et al., 2017).

En consonancia con estos resultados, Villegas-Pantoja et al. (2014) analizaron que mayor es la edad de inicio en el consumo de tabaco, marihuana y cocaína cuando se presentan relaciones de calidez con los padres, pero no encontraron asociaciones significativas con la percepción de rechazo, control o favoritismo y consumo de drogas. No obstante, las dimensiones de percepción de crianza parental difieren según el sexo de los padres, así el rechazo paterno se asocia con el temprano inicio en el consumo, incluyendo prácticas de agresividad física y verbal, y castigo, mientras que con la crianza materna no es significativo. Por su parte, las conductas de control y favoritismo paterno se vincularon como factor de protección. Otra observación radica en que cuanto más tardío es el inicio en el consumo de alcohol mayor la edad de consumo de tabaco, marihuana y cocaína (Villegas-Pantoja et al., 2014).

Influencia del grupo.

De acuerdo con Jorge et al. (2018) en la investigación sobre el consumo de drogas ilícitas y la influencia del grupo, tener amistades que realicen las mismas actividades religiosas, deportivas y culturales disminuye la posibilidad de uso de drogas ilícitas comparados con aquellos grupos que sólo comparten actividades en la escuela, estableciéndose como factor de protección. En dirección a ello, el estudio de Jorge et al. (2017) señala que participar en actividades religiosas contribuyó a modificar el patrón de consumo excesivo de alcohol en adolescentes porque implica el desarrollo de valores morales, la habilidad de autocontrol y redes sociales saludables (Silva et al., 2021). La participación en grupos de amigos del sexo opuesto se asocia con un incremento en el uso de sustancias dado que durante la adolescencia puede utilizarse como facilitador para entablar relaciones interpersonales con el otro sexo y en el orden de la sexualidad, de modo de integrarse y tener una posición social dentro del grupo de pares (Atanázio et al., 2013; Jorge et al., 2018). En este sentido, Almeida et al. (2018) respecto de la influencia del uso de sustancias por los adolescentes en la percepción de la libertad en el ocio (PBL), manifiestan que el uso de éxtasis y marihuana influye en mayores tasas de PBL, es decir, efectos positivos con el uso recreativo con mayor expresión de necesidades y satisfacción en la socialización y relajación, no interfiriendo negativamente en la competencia, control y percepción de necesidades. A su vez, no hay diferencia entre el tipo de actividad recreativa sea de movimiento, social o virtuales con el uso de determinadas sustancias (Almeida et al., 2018). Por otro lado, los resultados sostienen que existe un mayor consumo en jóvenes comparados con adolescentes, debido a su exposición a la presión social y a su independencia económica con mayor oportunidad en el acceso a la compra de sustancias (Jorge et al., 2017). En cuanto a dicha independencia financiera, en el caso de los adolescentes significa generalmente trabajar en condiciones precarizadas que junto al hecho de estudiar incrementa el estrés, y la necesidad de integrarse al grupo de pares consumidores se muestran como factores de riesgo para el uso alcohol (Silva et al., 2021).

Los aportes de Cardoso & Malbergier (2014) plantean que la presencia de factores de riesgo en el grupo de amistades en los adolescentes influye en el consumo de drogas, siendo uno de los motivos la aceptación social e integración grupal más allá de la observación del uso en los pares. El uso va a aumentar de acuerdo con la sustancia usada, por ello si los amigos usaban alcohol y otras drogas incrementaba la posibilidad de usar drogas ilícitas; el uso de alcohol y tabaco por separado disminuía la misma. Los adolescentes que tenían amigos usuarios regulares de sustancias incrementaban la posibilidad de usar alcohol y tabaco en menor proporción y mayor, si era ambos, así como drogas ilícitas. En mayor medida, el tener amigos que en las fiestas llevaban drogas aumentó el riesgo de usar drogas ilícitas (Cardoso & Malbergier, 2014). Se observa que tener pocos amigos disminuyó el riesgo de usar alcohol y/o tabaco, así como no convivir con los padres y repetir el año escolar incrementaron el riesgo (Cardoso & Malbergier, 2014; Almeida & Lana, 2020).

A partir de los reportes de Podolano et al. (2020) en el estudio con adolescentes con padres dependientes químicos en abstinencia, plantean a la familia como el espacio de socialización primario de las personas y que los comportamientos de sus integrantes impactan en todo ese sistema de relaciones, pudiendo existir en la dinámica familiar factores de riesgo y protección al consumo de sustancias. Se sostiene que la abstinencia en los padres influyó en sus hijos a no consumir dado el conocimiento por parte de ellos sobre los daños producidos, denotando que la comunicación, el soporte familiar, la relación de confianza y responsabilidad se consideran como elementos protectores (Atanázio et al., 2013; Podolano et al., 2020). Conforme a los estudios anteriores se destaca al grupo de amigos como factor de riesgo para el uso y abuso de alcohol, y es donde los adolescentes presentan ambivalencia respecto a las experiencias familiares y el abuso de sustancias frente a la presión social con la necesidad de pertenecer a un grupo social en una situación concreta como el consumo en una fiesta (Podolano et al., 2020). Por lo tanto, los adolescentes que evidenciaron preocupación por la historia de dependencia de uno de sus padres obtuvieron una puntuación baja en el AUDIT-C, mientras que aquellos que consideraron consumir en el contexto festivo presentaron un riesgo moderado como un patrón de abuso de alcohol (Podolano et al., 2020).

Contexto de vulnerabilidad y exclusión social

Los aportes de los determinantes de la salud en la comprensión de los procesos de salud-enfermedad, contribuyen a tener en cuenta de que no es posible disociar el comportamiento individual del contexto en el que está inserto; así, en los países económicamente periféricos que carecen de brindar derechos sociales elementales, generan condiciones de pobreza extrema, falta de acceso a la escolaridad y a la salud, conformándose como factores que influyen en la salud y en los patrones del consumo de los usuarios de drogas (Halpern et al., 2017). Según estos lineamientos, investigaciones muestran que los adolescentes en tales circunstancias experimentan procesos de exclusión social sin posibilidades de participación en diversas esferas de la vida social (Galhardi & Matsukura, 2018). La desvinculación del ámbito escolar como un aspecto fundamental ya que impacta en las posibilidades de inserción social tanto en el presente, a partir de las oportunidades de interacción entre pares como en la formación de la identidad; y en el futuro, en tanto permite formación profesional y ciudadana (Galhardi, & Matsukura, 2018). En este escenario de creciente desvinculación escolar, familiar y social, gran parte de los adolescentes se auto responsabilizan por su salida de la escuela, ante lo cual, se minimizan las dimensiones macrosociales como la vulnerabilidad social, procesos de exclusión y políticas públicas (Galhardi & Matsukura, 2018). Así también, los adolescentes no solamente se responsabilizan por su conducta escolar, sino que además expresan que el consumir se debe a la vulnerabilidad individual del sujeto y es su responsabilidad ya sea por el uso o abuso de drogas (Almeida & Lana, 2020).

De forma semejante, Bittencourt et al. (2015) plantean como factores de riesgo para el inicio en el uso de drogas entre adolescentes la evasión escolar y el convivir o haber convivido con familiares que utilizan drogas y experimentaron situaciones de agresión familiar. Por lo tanto, en la vida de estos jóvenes, la familia y la escuela presentan características particulares como la violencia y la ausencia, por lo que no se consideran referentes significativos para el desarrollo de los sujetos; ya que en la adolescencia los sujetos al ser más vulnerables a situaciones ambientales, sociales, entre otras, la familia como la escuela son las que constituyen un soporte fundamental para ellos (Bittencourt et al., 2015).

En la investigación con jóvenes que no estudian ni trabajan denominados ‘ninis’, García et al. (2016) presentan al contexto de desigualdad social en el que se encuentran como un factor de riesgo social hacia el consumo de sustancias. Las escasas oportunidades de inserción social a través del trabajo y de la escuela configuran nuevos grupos que están al margen de las actividades productivas e intentan emplear ese tiempo en nuevas tareas, entre ellas el consumir con los pares en ambientes de reuniones y diversión como modo de interacción social. De este modo, la juventud aparece definida como aquel momento de transición laboral y educativo caracterizado por la fragmentación a la luz de una comprensión de las nuevas vulnerabilidades sociales en la posmodernidad (García et al., 2016).

Las instituciones escolares se encuentran influidas por la estructura macrosocial e ideológica ante lo cual, cuando la misma se inserta en condiciones de exclusión social, la ausencia de políticas públicas para reducir la oferta impacta en la población, con el consecuente incremento de demanda en el uso, y la reproducción de paradigmas morales y biologicista que sólo estigmatizan al usuario dejando de lado las consideraciones contextuales, lo que posiblemente justifica las conductas de exclusión así como en los demás ámbitos sociales y familiares, llevando a reforzar el comportamiento de consumo ante las consecuencias producidas por el mismo uso de drogas, dando lugar al ‘círculo vicioso’ (Franco-Coffré et al., 2020; Almeida & Lana, 2020; Oliveira et al., 2020; Silva et al., 2021). El uso de drogas por otro lado, se presenta como factor de riesgo que acentúa otros tipos de violencias como la violencia doméstica en las mujeres, profundizando la situación de vulnerabilidad, violencia muchas veces ejercida por familiares con dependencia a las sustancias (Costa et al., 2015).

Las condiciones de inequidad social en las distintas esferas sociales de los jóvenes producen riesgos a la salud, introduciendo la importancia de no sólo considerar el aspecto económico, debido a que se observan algunos estudios que colocan a este último como un factor de riesgo para el consumo de drogas (Reis et al., 2013). En el estudio de Abeldaño et al. (2014) el tener ingresos superiores a la línea de pobreza podría ser un factor protector, aunque manifiestan la necesidad de profundizar acerca de las relaciones entre la existencia de indicadores de pobreza y el consumo de sustancias psicoactivas. A su vez, Jorge et al. (2018) respecto al nivel socioeconómico, el vivir en áreas vulnerables se relaciona con un bajo nivel en la prevalencia de uso de sustancias mientras que vivir en zonas de menor vulnerabilidad aumenta dicho nivel de consumo; datos que se contraponen con los hallazgos de Jorge et al. (2017) donde el incremento en la frecuencia del consumo excesivo de alcohol se observó en aquellos que provenían de contextos de vulnerabilidad social. Sin embargo, Jorge et al. (2017) sostienen que no existe consenso unánime en cuanto a la asociación entre el nivel socioeconómico y el uso de drogas ilícitas, al igual que García & Costa (2016) la vulnerabilidad social no presentó mayor influencia, y confirma la fuerte asociación de tener familiares y amigos consumidores con el inicio en el consumo.

Discusión

En la comprensión e intervención acerca del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes y jóvenes de contextos de vulnerabilidad social se hace necesario hacer alusión a los aspectos biopsicosociales, visibilizando la complejidad de dicho uso, llevando a problematizar cuestiones naturalizadas socialmente como la asociación directa que se establece entre el consumo y los contextos de exclusión social, ubicándolo solamente como un problema de seguridad pública (Pedrosa et al., 2016). Las motivaciones para hacer uso de drogas se entienden desde el contexto del cual forman parte, caracterizado por la fragilidad de vínculos sociales y familiares, la exclusión laboral y escolar como también las características propias de la adolescencia y juventud en la búsqueda de construir su propia identidad, y el pertenecer a dicho grupo social vulnera el ejercicio de su ciudadanía (Pedrosa et al., 2016).

En la categoría de ‘Crianza parental y experiencia de violencia durante la infancia’, se observan algunas diferencias según los países, así en la producción mexicana se enfatiza la relación entre las características de la crianza ejercida por los padres y el inicio en el uso de drogas, siendo que la confianza, apoyo y comunicación con los padres se configura como factor protector y, por lo tanto, el inicio en el consumo de drogas es más tardío (Villegas-Pantoja et al., 2014). En esta dirección, estudios brasileños colocan que el no vivir con alguno de los padres, la ausencia de diálogo familiar y el uso de sustancias por parte de los familiares asociado a eventos de violencia doméstica se constituyen como factores de riesgo (Almeida & Lana, 2020; Cerutti et al., 2015; Reis et al., 2013). Respecto a las características familiares también se analizó el perfil de las madres de los jóvenes, quienes presentaban problemas de salud mental y consumo de drogas, lo cual incidió en los comportamientos de sus hijos además de las situaciones a las que se vieron expuestos los mismos, asociados con eventos estresores tales como la violencia física y emocional y doméstica; en el que las mujeres tienen una probabilidad mucho mayor que los hombres para experimentar con sustancias (Gonçalves et al., 2016; Jorge et al., 2017). El estudio de Ecuador plantea lineamientos similares en cuanto a que las motivaciones para consumir por parte de los adolescentes refieren a la huida de los problemas vivenciados en las familias (Franco-Coffré et al., 2020). De esta manera, la droga como instrumento para otorgar resistencia de las experiencias atravesadas, se incluyen aquellas situaciones durante la infancia y adolescencia marcadas por el abuso sexual y la violencia doméstica, presente mayormente en trabajos brasileños y peruanos, tanto en el ámbito intrafamiliar como extrafamiliar (Costa et al., 2015; Valle et al., 2018).

En cuanto a los análisis observados en dicha categoría sobre el rol ejercido por los padres en la educación de sus hijos, la labilidad de los lazos establecidos en las familias y el desdibujamiento de figuras de autoridad, cabe destacar que si bien, los adolescentes se encuentran inmersos en contextos de riesgo lo cual aumenta la posibilidad de involucrarse con drogas, también es posible reflexionar que tal vulnerabilidad también involucra a sus padres. Los estudios muestran que son jóvenes que provienen de familias que tienen condiciones de vida caracterizadas por dificultades en el acceso a bienes y servicios, salud, educación, transporte, distribución desigual de la renta, factores que contribuyen a la exclusión social (Almeida & Lana, 2020). Desde el Estado no se brindan las oportunidades para mantener cierta estabilidad laboral y social, lo cual incide en las trayectorias de estas familias manteniéndose al margen de la inclusión social y la perpetuación de la situación de vulnerabilidad (Pedrosa et al., 2016). Estas circunstancias impactan en la dinámica familiar, en donde los padres deben estar ausentes en sus hogares para trabajar o bien, los adolescentes tienen que ingresar al mundo del trabajo precarizado de manera precoz para ayudar económicamente en sus familias, pasando la mayor parte del tiempo fuera de sus casas, con sobrecarga de tareas reduciendo la interacción y convivencia con los padres y familia (Reis et al., 2013). La fragilización de las familias y su papel para ejercer cuidados con los hijos se ve atravesada por las condiciones de pobreza y la búsqueda por sobrevivir a la misma. El estudio de Arpini & Gonçalves (2011), muestra que las circunstancias mencionadas anteriormente, inciden en la dificultad de asumir como figura de referencia para los hijos, a pesar de que sea posible establecer una relación afectiva ya sea por parte de la madre o padre, sin embargo, se hace presente el sufrimiento ligado a la pobreza y a la violencia estructural.

Siguiendo estos lineamientos, al abordar las situaciones de violencia sexual en el ámbito intrafamiliar, el cual fue el más observado en los estudios y generalmente siendo las mujeres las que sufren en proporción mayor que los hombres (Valle et al., 2018), investigadores sostienen que la desigualdad social existente dado el contexto macrosocial y que vulnera los derechos de comunidades y familias, los adolescentes que forman parte de estos grupos ya vulnerados se constituyen en sujetos que tienden a ser objeto de violencia física y simbólica, profundizando el riesgo psicosocial al que están expuestos (Paixão & Souza, 2020). Además, de las desigualdades vivenciadas, se presentan nuevas configuraciones familiares debido a los cambios sociales, culturales a lo largo del tiempo, donde la figura paterna se encuentra ausente o bien ejerce su autoridad desde la violencia, el desdibujamiento de roles, los cuales se ven acentuados en condiciones de pobreza, y los roles tradicionales de cuidado y educación ya no están presentes (Innamoratto et al., 2015; Paixão & Souza, 2020). Por lo tanto, se tratan de sujetos que muchas veces, reproducen un círculo de violencia y abuso, padres que ahora se configuran como agresores y fueron agredidos en sus trayectorias de vida (Paixão & Souza, 2020). Frente a estos escenarios, se plantean modos de intervención desde lo social, las instituciones y el Estado a través de políticas públicas que garanticen los derechos de los adolescentes, así como el de sus familias (Paixão & Souza, 2020).

La categoría ‘Influencia del grupo’ fue desarrollada a partir de estudios brasileños donde el factor se relaciona a la socialización con los amigos, al contexto de fiesta y al espacio de ocio. Por otra parte, el hecho de experimentar se coloca como otro de los factores asociados al inicio del consumo en jóvenes brasileños, lo cual implica la búsqueda de placer y la diversión que según ellos otorga la droga, así como el poseer cierta popularidad para relacionarse con los demás y con los del sexo opuesto; aceptación e integración social (Atanázio et al., 2013).

Por último, los resultados de los estudios en la categoría de ‘Vulnerabilidad y exclusión social’ no presentan diferencias en cuanto a considerar la incidencia de factores no sólo económicos para abordar la vulnerabilidad social sino aquellos relacionados con la desigualdad en el acceso a la salud, educación, cultura y trabajo; los cuales afectan el ejercicio de la ciudadanía de los sujetos. Ello implica que el riesgo se incrementa al no contar con espacios de apoyo social para el desarrollo de respuestas adaptativas al ambiente psicosocial de los adolescentes y que brinden alternativas de participación y protagonismo juvenil, (Soares et al., 2019). Por ende, situaciones de inseguridad social, violencia institucional o la ausencia del ejercicio de la autoridad de las mismas, así como la disponibilidad de las drogas en la comunidad influyen en la exposición a situaciones de riesgo (García & Costa, 2016). Se hace necesario no reducir el concepto de vulnerabilidad social sólo a la distribución económica, comprendiendo la complejidad del mismo evidenciando el entramado social en su conjunto y las condiciones de existencia en el adecuado acceso a servicios de salud, educación, trabajo, relaciones sociales y bienes simbólicos (Soares et al., 2019). De forma que es fundamental interrogarse si los sujetos insertos en tales realidades de privación están necesariamente destinados a desarrollar conductas de consumo, como también hasta qué punto esta asociación contribuye a estigmatizar a los sujetos que viven en situación de pobreza.

Otro de los aspectos analizados se relaciona con la edad del consumo, siendo que los jóvenes consumen más comparado con los adolescentes, asociado al estrés producto de la precarización laboral, trabajar y estudiar al mismo tiempo, y a la presión de los pares, colocando en escena las condiciones sociales que los atraviesan (Jorge et al., 2017; Silva et al., 2021). Además, en cuanto al inicio en el consumo de sustancias se observa la progresión desde el uso de sustancia legales hacia el uso de las ilegales y que, el retraso en el inicio de consumo de alcohol disminuye el uso de las otras drogas, manifestando la importancia de intervenir a temprana edad durante la adolescencia (Cardoso & Malbergier, 2014; Almeida & Lana, 2020).

Finalmente, las limitaciones del estudio refieren a la dificultad de obtener resultados con la estrategia de búsqueda establecida en las bases de datos Latindex, Redalycs y Biblat, que pudiesen contribuir con las discusiones surgidas. Igualmente, se deja planteado para posibles debates futuros los resultados relacionados al uso de sustancias en la violencia doméstica y en el ausentismo escolar como una de las consecuencias asociadas y que continúan reforzando las experiencias de vulnerabilidad social y las motivaciones para el consumo como modo de alivio del sufrimiento (Costa et al., 2015; Soares et al., 2019).

Consideraciones finales

El estudio de revisión sistemática de literatura presenta la relación del contexto de vulnerabilidad social en el que se encuentran los adolescentes y jóvenes con el consumo problemático de sustancias psicoactivas y los procesos de estigmatización y exclusión social asociados a esta problemática. Ante lo planteado, se hace necesario problematizar en el campo del consumo de drogas, cuáles son las experiencias y sentidos otorgadas a las mismas como también las circunstancias en las que se llevan a cabo las interacciones sociales de estos jóvenes en tales contextos. Se expone la importancia de continuar profundizando en el estudio de esta población, lo que nos permitiría diseñar políticas públicas que respondan específicamente a sus necesidades y problemáticas, propiciando la participación activa de estos sujetos en los diferentes sectores de salud.

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  • Financiamento:
    Financiamento: Coordinación para el Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior de Brasil (CAPES ).
  • Disponibilidade de dados:
    Os dados que fundamentam os achados deste estudo podem ser solicitados ao autor correspondente mediante uma solicitação justificada.

Disponibilidad de datos

Os dados que fundamentam os achados deste estudo podem ser solicitados ao autor correspondente mediante uma solicitação justificada.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    08 Dic 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    18 Jun 2021
  • Acepto
    17 Mar 2023
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