Open-access Turismo literario en la Ruta de Integración Latinoamericana: miradas semióticas y perspectivas transculturales

Resumen

Este artigo analisa a Rota de Integração Latino-Americana (Rila) como trajeto cultural e semiótico, para além de sua função logística, destacando os signos culturais e transculturais que marcam sua promoção turística – paisagens, patrimônios e símbolos nacionais. O objetivo é discutir as potencialidades do turismo literário como vetor de integração regional, evidenciando as tensões entre integração e preservação identitária, bem como entre turismo de consumo e turismo de experiência. Metodologicamente, trata-se de uma pesquisa qualitativa, de base bibliográfica e documental, ancorada na análise semiótica-discursiva de autores e obras representativas do Brasil, do Paraguai, da Argentina e do Chile, como Manoel de Barros, Hélio Serejo, Raquel Naveira, Augusto Roa Bastos, Josefina Plá, Elvio Romero, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Florencia Bonelli, Pablo Neruda, Gabriela Mistral e Isabel Allende. A fundamentação teórica se apoia na Semiótica da Cultura da Escola de Tártu-Moscou (Lotman, 1996; 1998; 1999), articulada às epistemologias críticas de vanguarda (Haidar, 2003; 2005; 2019; 2022; 2023) e aos estudos de turismo cultural e literário (Andrade, 1992; Barretto, 2001; Quinteiro; Baleiro, 2017; Naveira, 2024; Roiphe, 2024). Os resultados indicam convergências temáticas que permitem a construção de roteiros literários transnacionais – como natureza e poesia, fronteira e memória, literatura urbana e vozes femininas – que ressignificam territórios em chave cultural. Conclui-se que a Rila se configura como espaço semiótico fronteiriço, no qual a tradução cultural e transcultural potencializa narrativas de integração latino-americana, abrindo caminho para práticas de turismo literário inovadoras, sustentáveis e inclusivas.

Palabras-chave:
Rota de Integração Latino-Americana; turismo literário; semiótica da cultura; transculturalidade; integração regional

Resumo

Este artigo analisa a Rota de Integração Latino-Americana (Rila) como trajeto cultural e semiótico, para além de sua função logística, destacando os signos culturais e transculturais que marcam sua promoção turística – paisagens, patrimônios e símbolos nacionais. O objetivo é discutir as potencialidades do turismo literário como vetor de integração regional, evidenciando as tensões entre integração e preservação identitária, bem como entre turismo de consumo e turismo de experiência. Metodologicamente, trata-se de uma pesquisa qualitativa, de base bibliográfica e documental, ancorada na análise semiótica-discursiva de autores e obras representativas do Brasil, do Paraguai, da Argentina e do Chile, como Manoel de Barros, Hélio Serejo, Raquel Naveira, Augusto Roa Bastos, Josefina Plá, Elvio Romero, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Florencia Bonelli, Pablo Neruda, Gabriela Mistral e Isabel Allende. A fundamentação teórica se apoia na Semiótica da Cultura da Escola de Tártu-Moscou (Lotman, 1996; 1998; 1999), articulada às epistemologias críticas de vanguarda (Haidar, 2003; 2005; 2019; 2022; 2023) e aos estudos de turismo cultural e literário (Andrade, 1992; Barretto, 2001; Quinteiro; Baleiro, 2017; Naveira, 2024; Roiphe, 2024). Os resultados indicam convergências temáticas que permitem a construção de roteiros literários transnacionais – como natureza e poesia, fronteira e memória, literatura urbana e vozes femininas – que ressignificam territórios em chave cultural. Conclui-se que a Rila se configura como espaço semiótico fronteiriço, no qual a tradução cultural e transcultural potencializa narrativas de integração latino-americana, abrindo caminho para práticas de turismo literário inovadoras, sustentáveis e inclusivas.

Palavras-chave
Rota de Integração Latino-Americana; turismo literário; semiótica da cultura; transculturalidade; integração regional

Abstract

This article analyzes the Latin American Integration Route (RILA) as a cultural and semiotic trajectory, beyond its logistical function, highlighting the cultural and transcultural signs that shape its tourist promotion – landscapes, heritage, and national symbols. The aim is to discuss the potential of literary tourism as a vector of regional integration, emphasizing tensions between integration and identity preservation, as well as between consumer-oriented tourism and experience-based tourism. Methodologically, this is a qualitative study, based on bibliographic and documentary research, anchored in a semiotic-discursive analysis of authors and representative works from Brazil, Paraguay, Argentina, and Chile, such as Manoel de Barros, Hélio Serejo, Raquel Naveira, Augusto Roa Bastos, Josefina Plá, Elvio Romero, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Florencia Bonelli, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, and Isabel Allende. The theoretical framework is grounded in the Cultural Semiotics of the Tartu-Moscow School (Lotman, 1996; 1998; 1999), articulated with the critical epistemologies of the avant-garde (Haidar, 2003; 2005; 2019; 2022; 2023) and studies of cultural and literary tourism (Andrade, 1992; Barretto, 2001; Quinteiro; Baleiro, 2017; Naveira, 2024; Roiphe, 2024). The results point to thematic convergences that allow the construction of transnational literary itineraries – such as nature and poetry, border and memory, urban literature, and female voices – which resignify territories in a cultural key. It is concluded that the RILA is configured as a semiotic border space, in which cultural and transcultural translation strengthens narratives of Latin American integration, paving the way for innovative, sustainable, and inclusive practices of literary tourism.

Keywords
Latin American Integration Route; literary tourism; cultural semiotics; transculturality; regional integration

1 INTRODUCCIÓN

La Ruta de Integración Latinoamericana, en adelante RILA, se configura como un corredor logístico cuyo objetivo es integrar los océanos Atlántico y Pacífico mediante un trayecto que conecta Brasil con Chile, articulándose con otros países como Argentina y Paraguay. El objetivo central de la RILA es la reducción del tiempo y de los costos de importación y exportación de productos hacia los países de Asia.

Concebida inicialmente como un corredor económico, la Ruta comenzó a recibir nuevas miradas cuando grupos de investigadores de universidades brasileñas, paraguayas, argentinas y chilenas pasaron a interesarse por cuestiones no solo vinculadas a la Gestión de Negocios y la Economía, sino también por aspectos relacionados con el Turismo, el Derecho, la Educación, la Salud, la Movilidad, los Agronegocios, la Innovación, la Cultura, entre otros ámbitos asociados al eje de Ciencia, Tecnología e Innovación.

En este contexto surge la UniRILA (Universidades de la Ruta de Integración Latinoamericana), un grupo que, a partir de un acuerdo de cooperación firmado, estableció los siguientes objetivos comunes para el desarrollo de la enseñanza, la investigación, la extensión y la innovación en el ámbito de sus instituciones de educación superior (IES): “la realización de un inventario de investigaciones y publicaciones de las universidades integradas a la Ruta, la elaboración de una base de datos centralizada y la formulación de proyectos orientados a la promoción de lo que fue acordado en el ámbito de la Red” (Dorsa; Borges, 2024, p. 02).

Tomando como base el potencial cultural de la RILA, se sitúan las propuestas de este texto. Apoyados en los trabajos articulados por el Grupo de Estudios e Investigaciones en Culturas y Turismo (GEPECTUR/UEMS/CNPq), en el proyecto UEMS en la Ruta y, dialogando con los ejes Turismo, Gestión y Sostenibilidad y Lenguaje, Educación, Memoria y Transculturalidad, proponemos esta investigación con el fin de presentar las potencialidades literarias a lo largo del trayecto y las mediaciones de la RILA mediante acciones de Turismo Cultural.

Para ello, en este contexto buscaremos relacionar dichas potencialidades a partir de las propuestas teóricas de la Semiótica de la Cultura de Iuri Lotman y su grupo de la Escuela de Tartu-Moscú, correlacionadas con los estudios de análisis de la cultura desde la perspectiva de la transdisciplinariedad propuestos por Julieta Haidar.

2 LA ESCUELA DE SEMIÓTICA DE TÁRTU-MOSCÚ Y SUS RELACIONES CON EL TURISMO CULTURAL/LITERARIO

La semiótica es una ciencia que, según Lúcia Santaella (1983), Irene Machado (2003) y muchos otros investigadores, considera y analiza la relación entre los signos, los procesos y la producción de la significación y de los sentidos en los textos verbales y no verbales. Consideremos que pensar el recorrido histórico que la Semiótica ha transitado a lo largo de los años implica adherirse a una multiplicidad de tendencias, teorías, estudios y estudiosos que se han dedicado a crear nuevas vertientes y a modelar nuevos caminos para la comprensión de los procesos semióticos.

Uno de estos caminos fue recorrido por la Escuela de Semiótica de Tártu-Moscú (ETM), fundada por Iuri Lotman (1922–1993). Buscando comprender las relaciones entre los estudios lingüísticos, literarios y semióticos en el contexto de Rusia y, posteriormente, de Estonia, la escuela desarrolló un enfoque que se denominó Semiótica de la Cultura, la cual, según Irene Machado (2003), constituyó

[...] un campo conceptual que exige un cierto empeño por parte de quienes lo manipulan. Son ideas forjadas en el confrontamiento de muchas líneas del pensamiento científico y artístico. Muchas de ellas exigen un cambio radical de evaluación crítica para que puedan surtir efecto analítico (Machado, 2003, p. 16).

La Semiótica de la Cultura destaca la categoría de texto como objeto cultural y, para ello, produce en sus análisis la comprensión de este objeto a partir de los procesos sociales originados en un espacio común en el que sociedad, lenguaje y cultura están intrínsecamente vinculados y coexisten a partir de las relaciones producidas entre ellos (Lotman, 1996; 1998).

Para Machado (2003), la producción del lenguaje ocurre a través de escalas que involucran aspectos de lo biológico, del cosmos, del semión (o de los procesos de semiosis) y del socius, en el cual encuadra los procesos culturales. De este modo, la Semiótica de la Cultura surge para comprender la relación entre naturaleza y cultura, así como los procesos culturales en sus diversos modos de funcionamiento. Así,

[...] la necesidad de comprender los problemas del lenguaje hizo que la semiótica de la cultura ya naciera no como una teoría general de los signos y de las significaciones, sino como una teoría de carácter aplicado, orientada al estudio de las mediaciones ocurridas entre fenómenos diversificados. […] Lo que podría haber sido apenas una premisa conceptual para un amplio campo de investigación terminó transformándose en un vigoroso proceso de intervención, que se consolidó como una escuela semiótica para el estudio de la cultura (Machado, 2003, p. 25).

Con este presupuesto, consideramos que la Semiótica de la Cultura propuesta por la ETM y sus modulaciones, que hoy se hacen presentes en otros enfoques del lenguaje, de la cultura y de las ciencias humanas y sociales, muchas veces es vista como disonante respecto de otras aproximaciones semióticas clásicas, como la greimasiana y la peirceana, por ejemplo. Tales posiciones deben ser filtradas a partir de reflexiones críticas que reconozcan la riqueza teórico-metodológica de la ETM, la cual abre múltiples caminos analíticos para abordar las producciones culturales con gran profundidad, como se expondrá en este trabajo.

Después de la primera etapa, Lotman reconoce la Semiótica de la Cultura como una ciencia interdisciplinaria y transdisciplinaria y, junto con su equipo, propone tesis fundamentales para el análisis de los procesos culturales que hoy ya han sido reformuladas y desplegadas en nuevas tesis, abriendo posibilidades de lecturas analíticas originales y de gran alcance heurístico.

Entendiendo la semiótica como un campo transdisciplinario y transcultural, la ETM consideró algunas actividades del conocimiento como campos cognitivos importantes para el estudio de la Semiótica de la Cultura; entre ellas, Machado (2003) destaca la Teoría Literaria, la Lingüística Estructural, la Semiótica (como ciencia clásica), la Crítica de Arte, la Cibernética, la Teoría de la Información y la Comunicación, la Lógica Matemática, la Etnología, la Antropología, la Biología Molecular, la Neurobiología, la Neurolingüística y la Ecología Cognitiva.

A partir de estos diálogos cognitivos, la Semiótica de la Cultura pudo desarrollar categorías originales para el estudio de los procesos culturales analizados desde nuevas ópticas y perspectivas epistemológicas. Para nosotros, los conceptos de Cultura, Semiosfera, Frontera, Sistema, Texto, Memoria de la Cultura y Traducción Cultural, elaborados por la ETM, servirán de base para los estudios propuestos en este trabajo, en la medida en que tales relaciones se articulan para pensar los vínculos entre el Turismo Literario y la Ruta de Integración Latinoamericana.

Considerando la Cultura como “un conjunto de informaciones no hereditarias que son almacenadas y transmitidas por grupos en dominios diferenciados de manifestación de la vida” (Lotman, 1996; Machado, 2003, p. 157), es a partir de ella que se produce la fluidez de contacto entre los sistemas semióticos. Desde estas consideraciones, Lotman (1996, 1998) propone la categoría de Semiosfera, homologable a la de biosfera, que permite la relación complementaria entre naturaleza y cultura, y en la cual se desarrolla la coexistencia y coevolución de los sistemas de signos (Machado, 2003). Para la autora,

[...] el concepto de semiosfera gravita entre dos campos teóricos precisos: la teoría del dialogismo de Mijaíl Bajtín, que pensó el diálogo entre la mente y el mundo y la estructura semiótica de la conciencia responsiva; y la teoría de la biosfera ecológica del biólogo y filósofo de la ciencia V. I. Vernadski, quien estudió la relación de estructuras binarias, asimétricas, pero al mismo tiempo unitarias (Machado, 2003, p. 164).

Este concepto es fundamental en las etapas posteriores de la ETM, con el cual se articulan otros conceptos importantes, como el de frontera semiótica (Lotman, 1996), entendida como un espacio bilingüe de contacto entre culturas. En relación con esta propuesta, es importante considerar que, con la globalización y el desarrollo de la cultura digital, las fronteras semióticas se constituyen en espacios plurilingües, donde se produce una alta densidad semiótica, materializada en la producción de múltiples textos que superan lo analógico y se desarrollan en el ciberespacio-tiempo, aspecto que será retomado más adelante.

Al pensar la Ruta de Integración Latinoamericana como un espacio semiótico complejo, ello implica analizar múltiples y diversas semiosferas que proyectan una transdimensionalidad de prácticas de investigación científica, en la perspectiva de que las más diversas fronteras culturales entren en consonancia y, a su vez, sean capaces de producir nuevos textos y traducciones culturales en el sentido de contribuir a una cultura sudamericana o latinoamericana. En otras palabras, en la RILA son fundamentales los procesos de traducción cultural y transcultural, que Torop (2000) analizó con gran detalle en el libro Traducción Total.

Otros conceptos que ayudan en la comprensión teórica y analítica de este trabajo son los de Sistema y Texto. El primero es visto por Lotman como una “unidad abierta traducida en términos de un conjunto de variantes que se constituyen gracias a las relaciones con las invariantes y, por consiguiente, abierta a los cambios” (Machado, 2003, p. 164; Lotman, 1996).

Para la Escuela de Semiótica de Tártu-Moscú (Lotman, 1996; 1998), el texto asume una identidad que va más allá de una producción de mensajes lingüístico-verbales, pues supera la producción solo por la palabra y abarca todas las producciones culturales, como ejemplifica Irene Machado (2003) al señalar que ceremonias, obras de arte, piezas musicales, pinturas y arquitectura se constituyen como procesos textuales. La semiosfera, por lo tanto, está constituida por una infinidad de lenguajes, códigos y textos que se producen en las distintas áreas de las semiosferas particulares.

Para alinear las perspectivas de la ETM con los estudios sobre turismo, encontramos en uno de los tipos de turismo (Andrade, 1992) las correlaciones fundamentales que permiten establecer diálogos entre propuestas de rutas literarias en el ámbito de la Ruta de Integración Latinoamericana. José de Andrade (1992) comprende que

[...] la expresión turismo cultural posee una connotación restrictiva y abarca exclusivamente actividades que se realizan mediante desplazamientos para la satisfacción de objetivos de encuentro con emociones artísticas, científicas y de información en los diversos ramos existentes como resultado de las propias riquezas de la inteligencia y la creatividad humana (Andrade, 1992, p. 71).

El Turismo Cultural es uno de los tipos de turismo que se han desarrollado significativamente; con el paso de los años, su definición puede entenderse como un tipo “que no tiene como atractivo principal un recurso natural. Las cosas hechas por el hombre constituyen la oferta cultural; por lo tanto, el Turismo Cultural sería aquel que tiene como objetivo conocer los bienes materiales e inmateriales producidos por el ser humano” (Barretto, 2001, p. 21).

Para Sílvia Quinteiro y Rita Baleiro, el Turismo Cultural implica experimentar el modo de vida de los lugares que se visitan y recopilar nuevos conocimientos e informaciones. Según las autoras, este “se constituye por el movimiento de personas hacia atracciones culturales alejadas de su lugar de residencia habitual, con la intención de reunir nueva información y experiencias para satisfacer sus necesidades culturales” (Quinteiro; Baleiro, 2017, p. 33).

Desde esta perspectiva, Raquel Naveira (2004) entiende que el Turismo y la Cultura están íntimamente interrelacionados. A través del estudio de la Historia y la Literatura, el Turismo puede adquirir un nuevo sabor: el placer de viajar en el tiempo, en la imaginación y en las palabras (Naveira, 2004). Pensando en esta relación, en la contemporaneidad se comienza a tratar una nueva forma de turismo que involucra la relación de este fenómeno con la ciencia de la literatura.

De este modo, el Turismo Literario es visto por Quinteiro y Baleiro como

[...] un tipo de turismo cultural, tanto en su dimensión estética como en su dimensión antropológica. Estética, porque el Turismo Literario se fundamenta en un arte creativo; antropológica, porque los turistas se identifican, descubren y crean significados a partir del contacto con las personas que habitan los lugares visitados y con sus valores culturales, así como con las personas que se han convertido en parte de las mitologías culturales de los lugares (Quinteiro; Baleiro, 2017, p. 33).

Uno de los aspectos fascinantes del Turismo Literario es la capacidad de los viajeros para conectarse con la cultura local de una manera única e inmersiva. Al visitar los lugares descritos en los libros, los turistas tienen la oportunidad de experimentar de primera mano los ambientes que inspiraron a los escritores, comprendiendo mejor la influencia de esos espacios en las obras literarias.

Esta forma de turismo abarca una amplia gama de experiencias, desde visitas a casas de autores reconocidos hasta recorridos por ciudades que sirvieron de escenario para novelas famosas. Además, festivales literarios, conferencias y talleres también forman parte integral del Turismo Literario, proporcionando a los visitantes una comprensión más profunda de la relación entre literatura y lugar.

El Turismo Literario no se limita únicamente a destinos conocidos internacionalmente; también valoriza obras regionales y locales, destacando la diversidad cultural y la riqueza literaria de diferentes regiones del mundo. Esto significa que, independientemente de dónde se encuentre el viajero, siempre hay algo nuevo por descubrir y explorar a través de la lente de la literatura.

Para Alberto Roiphe (2024, p. 101),

[...] se trata de un diálogo entre el Turismo y la Literatura que motiva a turistas-lectores a desplazarse en busca de atractivos que ofrecen acceso al proceso de creación literaria y a la materialidad de las localidades descritas en obras literarias frecuentadas por los sujetos ficcionales. Para ello, se consideran en este diálogo interdisciplinario tanto la epistemología del Turismo, referida a las motivaciones que generan el desplazamiento de turistas, como la Teoría de la Literatura, referida al sistema literario y a su abordaje compuesto por autor-obra-lector.

Al ofrecer una perspectiva única sobre los destinos, el Turismo Literario también promueve la preservación del patrimonio cultural. Al atraer visitantes a lugares con significado literario, se genera un incentivo adicional para conservar y proteger estos espacios, garantizando que permanezcan accesibles para las generaciones futuras.

Para muchos viajeros, el Turismo Literario es una forma de rendir homenaje a sus autores favoritos y a las obras que los inspiraron. Al visitar los lugares que desempeñaron un papel importante en la vida de los escritores o que fueron inmortalizados en sus libros, los aficionados a la literatura pueden sentir una conexión más profunda con el trabajo de sus ídolos.

Además, el Turismo Literario también ofrece una oportunidad para que los escritores contemporáneos encuentren inspiración en nuevos ambientes y culturas. Al explorar diferentes lugares y absorber sus atmósferas únicas, los creadores pueden hallar estímulos para sus propias obras, alimentando así un ciclo continuo de creatividad.

El Turismo Literario emerge como una forma única y emocionante de explorar y experimentar destinos a través de la lente de la literatura. Abarca la rica intersección entre la ficción y la realidad, permitiendo que los visitantes se sumerjan en las historias, escenarios y personajes que habitan las páginas de los libros. Esta forma de turismo no solo enriquece la experiencia de los viajeros, sino que también desempeña un papel significativo en el desarrollo de las ciudades de diversas maneras.

En primer lugar, al pensar en actividades de Turismo Literario se contribuye a la preservación del patrimonio cultural, ya que muchas veces este tipo de turismo lleva a los visitantes a lugares históricos, arquitectónicos y culturales que pueden haber sido olvidados o descuidados. Al destacar estos espacios a través de la literatura, se genera un renovado interés en su preservación y conservación.

El Turismo Literario también puede servir como incentivo económico, en la medida en que inyecta vitalidad económica en las comunidades locales. Las atracciones turísticas basadas en libros, como casas de autores famosos, recorridos literarios y festivales literarios, generan empleo, impulsan el comercio local y promueven el desarrollo de la infraestructura turística. Junto a esta posibilidad de incentivo, se produce un fomento de la industria editorial, ya que el Turismo Literario puede impulsar la producción local, incentivando a escritores a inspirarse en sus propios entornos y a crear obras que atraigan visitantes. Asimismo, las librerías independientes y las bibliotecas suelen beneficiarse del aumento del interés por la literatura.

Junto a estas acciones, existe la posibilidad de desarrollo de la identidad, la cultura y la educación locales, pues al destacar las obras de autores locales o aquellas que describen la región, el Turismo Literario contribuye a la construcción y promoción de la identidad cultural e histórica de la comunidad. Esto fortalece el sentido de pertenencia y orgullo entre los residentes. Al explorar los lugares retratados en la literatura, los turistas tienen la oportunidad de sumergirse en la historia, la cultura y las tradiciones locales, lo que promueve la comprensión intercultural y transcultural y educa a los visitantes sobre la herencia cultural de la región, aspecto implicado en la memoria de la cultura propuesta por Lotman (1996).

Por último, para escritores y artistas, el Turismo Literario ofrece una fuente inagotable de inspiración. Al explorar nuevos ambientes y absorber sus atmósferas únicas, los creadores pueden encontrar estímulos para sus propias obras, lo que alimenta un ciclo continuo de creatividad.

En síntesis, el Turismo Literario no es solo una forma cautivadora de viajar, sino que también desempeña un papel fundamental en el desarrollo de las ciudades, promoviendo la preservación del patrimonio, estimulando la economía local, fomentando la educación y la cultura, y fortaleciendo la identidad de las comunidades. Es una manera poderosa de celebrar la intersección entre la literatura y el mundo real, enriqueciendo tanto a los visitantes como a los habitantes locales.

3 TRANSCULTURALIDAD Y EPISTEMOLOGÍAS DE VANGUARDIA EN LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA

A lo largo de los años, las Ciencias Sociales han desarrollado innumerables posicionamientos teóricos para comprender al ser humano y las interfaces de su modus operandi y vivendi en relación con la sociedad. De estos procesos, Julieta Haidar (2006, 2022, 2023) los organiza a partir del posicionamiento epistemológico y teórico-metodológico de Edgar Morin (1997) y Basarab Nicolescu (1996), constituyendo lo que denomina Epistemologías Críticas de Vanguardia.

Para ella, esta perspectiva de estudios críticos en la actualidad se constituye a través de seis epistemologías: las Ancestrales, las de la Complejidad, las de la Transdisciplinariedad, las de la Decolonialidad, las del Sur y la Materialista Revisitada, que, a su vez, conforman los umbrales teóricos de los procesos transculturales (Haidar, 2022).

Estas epistemologías asumen la necesidad del reconocimiento de los procesos cognitivo-emocionales que se desarrollan en las culturas del mundo. Se articulan en el movimiento de vanguardia porque congregan y permiten otros conocimientos, más allá de lo racional, como lo mágico, lo mítico, lo práctico, lo emocional, lo intuitivo y lo artístico.

Desde una perspectiva transdisciplinaria, se comprende la cultura en este proceso en el que el prefijo “trans” forma parte de toda y cualquier práctica que la involucre. La transculturalidad (Nicolescu, 1996) es un proceso íntimamente vinculado a lo transdisciplinario y los niveles de realidad y los procesos dialógicos promovidos por ella ocupan un lugar central en el análisis de la cultura.

Para Haidar (2022), las epistemologías de la complejidad y de la transdisciplinariedad son convergentes y complementarias, pues ofrecen herramientas para estudiar, analizar y explicar los procesos de la transculturalidad. Para la autora, asumir estas posiciones epistemológicas tiene implicaciones teórico-metodológicas que se fundamentan en las siguientes rupturas:

  • Ruptura de las fronteras entre las ciencias sociales: pierden pertinencia las separaciones rígidas entre la antropología, la historia, la sociología, la política, entre otras disciplinas.

  • Ruptura de las fronteras entre las ciencias naturales: las divisiones entre la física, la química, la biología, la genética, entre otras, ya no pueden sostenerse.

  • Ruptura epistemológica más intensa entre las ciencias naturales, las ciencias sociales, las ciencias exactas y las ciencias artísticas: lo que implica un importante desafío para repensar el conocimiento desde un continuum complejo, que exige la ruptura de las fronteras de los macrocampos cognitivos, como los mencionados (Haidar, 2022, p. 67, cursivas de la autora).

Estas rupturas promueven la reconstrucción del ser humano, de sus saberes, del poder y del hacer a partir de los presupuestos epistemológicos de la Decolonialidad y de la Epistemología del Sur. Aún según Haidar (2022), es necesario que asumamos los pilares de la Complejidad, de la Transdisciplinariedad, de la Decolonialidad y de la Ancestralidad para que podamos pensar las culturas desde ópticas más próximas a nuestros contextos, comprendiéndolas tan importantes como las culturas de los pueblos colonizadores y valorando lo ancestral y la naturaleza en la primacía de una construcción sociocultural.

En este proceso, Haidar (2006, 2022) considera que la construcción de categorías transdisciplinarias implica la integración de premisas de distintos campos cognitivos, que producen convergencias importantes para explicar y comprender los procesos sociales, históricos, políticos, culturales, artísticos, naturales y espirituales.

En la relación transdisciplinaria, asumir como forma de comprensión de los procesos culturales las prácticas semiótico-discursivas crea condiciones para que la producción, circulación y recepción de textos culturales puedan afirmarse bajo la óptica de las materialidades del discurso y de la semiótica.

Para ello, concebimos las prácticas semiótico-discursivas como una categoría transdisciplinaria, pues toda y cualquier producción cultural, histórica, social, política, económica y cualquier otra forma que busque fundamentarse en tales prácticas encontrará lo que Haidar (2022) considera como el dato complejo transdisciplinario en las ciencias humanas y sociales. Según ella,

Lo transcultural presenta dos orientaciones básicas: una que conduce al dialogismo cultural, desde el acto ético, como lo entendemos, y otra que lleva a la reproducción de la dominación, de la diferencia. Para el desarrollo de la transculturalidad positiva, debemos superar la diferencia entre lenguas y culturas distintas y buscar su traducción, promoviendo el dialogismo, que siempre será posible a pesar de diversas dificultades. […] En lo transcultural reside la paradoja entre lo abierto y lo cerrado. Los procesos transculturales deben superar el mito: Occidente como repositorio de la ciencia y Oriente como repositorio de la sabiduría. Sin embargo, en términos recursivos, en cada sujeto están reunidos potencialmente el Oriente de la sabiduría y el Occidente de la ciencia. […] Lo transcultural propone que no haya cultura que pueda juzgar a las otras, en términos discriminatorios. Lo transcultural siempre existió, pero en el mundo actual adquiere otros dominios con la globalización, con la hiperconexión entre culturas. […] Lo transcultural es la condición de ser de la cultura, pero implica una compleja relación recursiva entre lo homogéneo y lo heterogéneo. En ese sentido, lo transcultural tiene como objetivo nuclear buscar el diálogo entre todas las culturas, que siempre resisten a la homogeneización (Haidar, 2019, pp. 107-108).

De este modo, la transculturalidad acontece en un campo de tensiones, porque por un lado encontramos la apertura al diálogo y a la traducción entre culturas y, por otro, el riesgo de reproducción de desigualdades y de dominación. Para superar esta dualidad es necesario reconocer que ninguna cultura es superior a otra y que todas cargan en sí y hacia fuera de sí múltiples potencialidades.

Así, las propuestas de la transculturalidad como elemento para el análisis de las culturas amplían el horizonte humano, en la medida en que rompen con visiones jerárquicas, abriendo espacio para un diálogo genuino entre tradiciones, saberes y modos de ser que no menosprecien a grupos ni superpongan unos sobre otros en la relación analítica.

Pensando la relación semiótico-discursiva como práctica transcultural, discurso y semiosis pueden ser vistos de manera transoracional, porque atraviesan reglas sintácticas, semánticas y pragmáticas que les confieren estructura y sentidos. Pueden manifestarse en diferentes materialidades y con funcionamientos complejos, otorgándoles un dispositivo de memoria cultural que genera significados e interpretaciones diversos.

Conforme Haidar (2019),

[...] los sistemas y las prácticas semióticas que conforman la cultura humana están sujetos a una ley obligatoria de desarrollo gracias al dinamismo de las relaciones sociales. Esta premisa abarca otros factores de cambio, como las relaciones interculturales, transculturales y la dominación cultural, que pueden producir transformaciones profundas, como ejemplos actuales los fenómenos de la globalización política, económica y cultural (Haidar, 2019, p. 115).

En este proceso, el discurso se presenta de forma translíngüe y heterogénea porque alberga voces distintas y se sostiene al producir y reproducir sentimientos compartidos. Al materializarse en las más diversas formas de transformación social, porta una dimensión subjetiva y polifónica — elemento fundamental de toda práctica discursiva y semiótica — al traer la multiplicidad de perspectivas y voces que lo componen.

Desde la perspectiva de la semiótica de la cultura, Julieta Haidar (2003) considera que el funcionamiento semiótico-discursivo implica contemplar trece materialidades para su comprensión y, debido a la complejidad entre ellas, ningún autor logró proponer un modelo metodológico que las articulase en distintos sistemas y prácticas semiótico-discursivas.

Conforme Haidar (2022, p. 79), son: “1) la lingüístico-visual-olfativa-gustativa-táctil, 2) la comunicativo-pragmática, 3) la del poder, 4) la ideológica, 5) la cultural, 6) la histórica, 7) la social, 8) la cognoscitiva, 9) la del simulacro, 10) la psicológica, 11) la psicoanalítica y 12) la estético-retórica y 13) la lógico-filosófica”. Tales materialidades pueden vincularse directamente con el contexto de la Ruta de Integración Latinoamericana y con las prácticas de Turismo Cultural/Literario, en la medida en que constituyen la arquitectura de las prácticas semiótico-discursivas y aportan elementos para la comprensión de los patrimonios que involucran este complejo territorial transnacional.

La materialidad lingüístico-visual-olfativa-gustativa-táctil-digital se manifiesta en las experiencias sensoriales vividas por los turistas al interactuar con textos, obras literarias, gastronomía y paisajes locales. La dimensión comunicativo-pragmática aparece en la mediación entre guías, instituciones culturales y visitantes, mientras que el poder y la ideología se evidencian en las narrativas que legitiman o silencian identidades regionales.

A su vez, las materialidades cultural, histórica y social son fundamentales para comprender la memoria y la diversidad de las comunidades fronterizas, mientras que la cognoscitiva y la del simulacro revelan cómo el imaginario y la representación literaria construyen sentidos turísticos.

Ya las dimensiones psicológica y psicoanalítica permiten analizar los afectos e identificaciones producidos por el encuentro con el “otro”, y la estético-retórica se materializa en las formas de fruición artística y literaria a lo largo de la Ruta. Así, las materialidades muestran que el Turismo Cultural/Literario en este corredor integra múltiples sistemas simbólicos, funcionando como una práctica socio-histórico-político-cultural que traduce y resignifica identidades en un espacio de intensa interculturalidad y transculturalidad.

Aún para Haidar (2023), reformular la relación entre semiosis y mundo, incorporando a los sujetos que muchas veces no son explicitados en ese orden, nos proporciona una nueva mirada y configura una nueva tríada: semiosis ↔ sujeto ↔ mundo, reconsiderando los diferentes tipos de signos en relación con la realidad y las formas en que se instalan con sus problemas para la producción de sentidos semiótico-discursivos. Por lo tanto,

[...] los sistemas y las prácticas semióticas que conforman la cultura humana están sujetos a una ley obligatoria de desarrollo gracias al dinamismo de las relaciones sociales. Esta premisa abarca otros factores de cambio, como las relaciones interculturales, transculturales y la dominación cultural, que pueden producir transformaciones profundas, como ejemplos actuales los fenómenos de la globalización política, económica y cultural (Haidar, 2019, p. 115).

Por último, pensar la transculturalidad como condición de ser de la cultura revela un camino potente para pensar la integración latinoamericana a partir del diálogo, de la superación de las fronteras socioculturales y territoriales, así como mediante las relaciones de diversidad presentes en sus contextos locales. Al proponer una homogeneización en lugar de la supremacía de las diferencias, hace que la confluencia de culturas se convierta en fuente de enriquecimiento y crecimiento mutuo, con el objetivo de visibilizar y promover saberes, prácticas y memorias que atraviesan lenguas, territorios y tradiciones.

La transculturalidad, en este sentido, actúa como una fuerza ética y política capaz de resistir la reproducción de desigualdades y abre espacios para nuevas formas de convivencia y construcción de sentidos colectivos. Además, se articula con las epistemologías de vanguardia y ofrece bases teóricas y metodológicas para repensar la integración latinoamericana como una clave compleja, plural y recursiva para las formas de desarrollo local y transnacional.

Las epistemologías críticas de vanguardia posibilitan la deconstrucción de jerarquías del conocimiento que durante mucho tiempo colocaron a Occidente como centro y a las demás culturas como periféricas, de modo que se reconozca a cada una de ellas en sus múltiples sujetos, comunidades y horizontes.

La integración entre ambas áreas, aliada a las prácticas semióticas y discursivas, abre campo para la comprensión y el fortalecimiento de las acciones culturales en la RILA, para que sean vistas no solo como un corredor económico, sino como un territorio simbólico y cultural en el que las diferencias no producen/constituyen obstáculos, sino que se convierten en fundamento para la construcción de un futuro cultural común.

4 TURISMO LITERARIO Y POTENCIALIDADES EN LA RILA: CAMINOS PARA LA INVESTIGACIÓN Y PRÁCTICAS TRANSCULTURALES

La literatura constituye uno de los patrimonios inmateriales más relevantes de un pueblo, funcionando como depositaria de memorias colectivas, narrativas identitarias y representaciones simbólicas de los territorios. Cuando se la observa en perspectiva regional, permite comprender cómo diferentes naciones latinoamericanas construyen y comparten imaginarios comunes. En el contexto de la Ruta de Integración Latinoamericana (RILA), que conecta Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, la literatura ofrece un campo fértil para pensar la integración cultural más allá de la lógica económica, revelando intersecciones entre paisajes, historias y memorias.

En Brasil, particularmente en Mato Grosso do Sul, la producción literaria se ancla en elementos identitarios de la frontera y del Pantanal, territorios de destaque en la RILA. Manoel de Barros (1916–2014), por ejemplo, es uno de los mayores poetas de la lengua portuguesa, reconocido por transformar la naturaleza pantanera en lenguaje lírico. Su mirada hacia lo ínfimo, lo invisible y lo marginal refuerza la idea de que el Pantanal no es solo un espacio natural, sino también un territorio literario, capaz de sostener itinerarios de turismo cultural vinculados al medio ambiente.

Además de Barros, Hélio Serejo (1908–2001) se destaca por retratar el universo fronterizo entre Brasil y Paraguay. Sus narrativas describen la oralidad, los modos de vida rurales y la identidad híbrida que emerge de la convivencia entre pueblos separados únicamente por límites políticos. La frontera, en su obra, aparece como espacio de intercambio y conflicto, pero también como espacio de compartición cultural, elemento central para comprender la RILA como algo más que un corredor logístico.

La escritora Raquel Naveira (1957–) complementa este repertorio al tematizar las múltiples identidades regionales. Su producción, que transita entre la poesía y el ensayo, valoriza la memoria, la frontera y la diversidad cultural surmato-grossense. Naveira establece un diálogo directo con las discusiones contemporáneas sobre literatura e identidad, convirtiéndose en una voz esencial para conectar la producción local con el debate más amplio de la integración latinoamericana.

En Paraguay, la literatura también se constituyó como un espacio de resistencia y memoria. Augusto Roa Bastos (1917–2005), considerado el mayor escritor paraguayo, representa en su escritura una profunda reflexión sobre el poder, la historia y la identidad nacional. Esta obra no solo proyecta a Paraguay en el escenario internacional, sino que también dialoga con cuestiones fronterizas y políticas que interesan a toda la región de la RILA.

La intelectual Josefina Plá (1903–1999) se destaca por su capacidad de integrar temas de género, memoria e identidad. Nacida en España, pero radicada en Paraguay, Plá articula en su producción una mirada transnacional que resuena en los debates actuales sobre la integración cultural. Su obra ofrece puntos de contacto con escritoras como Raquel Naveira e Isabel Allende, creando un vínculo literario entre Paraguay, Brasil y Chile.

Elvio Romero (1926–2004), poeta marcado por el exilio y el compromiso político, refuerza la importancia de la literatura como testimonio de los dolores históricos y de las esperanzas colectivas. Su producción, al mismo tiempo intimista y social, se conecta con las experiencias de desplazamiento y movilidad que también estructuran la RILA como proyecto de integración.

En Argentina, la literatura posee una dimensión universal, pero no pierde la conexión con sus raíces locales. Jorge Luis Borges (1899–1986), por ejemplo, es uno de los mayores nombres de la literatura mundial. Sus cuentos y ensayos, al explorar los temas de la identidad, del tiempo y del espacio, ofrecen una reflexión sofisticada sobre los modos de habitar y de representar territorios. Buenos Aires, escenario de gran parte de su obra, ya se configura como destino de turismo literario, mostrando cómo la literatura puede ser motor de desarrollo cultural.

Julio Cortázar (1914–1984), a su vez, amplía el imaginario argentino al integrar dimensiones de la movilidad y de la diáspora. Su literatura trasciende fronteras, reflejando la experiencia del exilio y de la circulación, también centrales para comprender la RILA como proyecto. Cortázar conecta la literatura argentina con la idea de tránsito y desplazamiento, temas que también resuenan en las producciones de Romero y Roa Bastos en Paraguay.

En la contemporaneidad, Florencia Bonelli (1971–) representa una continuidad del papel de la literatura argentina como espacio de identidad y memoria. Sus novelas, centradas en temas históricos y sociales, ofrecen un campo para la creación de itinerarios literarios que dialoguen con las demandas actuales del turismo cultural, especialmente para públicos jóvenes e internacionales.

Chile, por su parte, se destaca por reunir autores que ya son referencias consolidadas en el turismo literario. Pablo Neruda (1904–1973), Premio Nobel, dejó como herencia no solo una vasta obra poética, sino también casas-museo transformadas en destinos turísticos, como Isla Negra y La Chascona. Neruda conecta literatura y territorio de manera ejemplar, ofreciendo a la RILA un modelo para integrar el patrimonio literario y el turismo cultural.

Gabriela Mistral (1889–1957), también Nobel de Literatura, refuerza la dimensión social de la literatura al tematizar la infancia, la naturaleza y la educación. Su obra valoriza la cultura popular y la memoria colectiva, estableciendo puentes con Manoel de Barros y Raquel Naveira en la valorización de la naturaleza y de la identidad regional.

En la contemporaneidad, Isabel Allende (1942–) conecta la memoria, la política y el imaginario femenino, proyectando la literatura chilena a escala global. Sus narrativas dialogan directamente con las cuestiones de género e identidad exploradas por Josefina Plá en Paraguay y por Raquel Naveira en Brasil, reforzando una red literaria de voces femeninas que reconfiguran la memoria latinoamericana.

Al observar estos cuatro contextos literarios, se percibe la presencia de temáticas convergentes. La naturaleza y el territorio son centrales en autores como Manoel de Barros, Pablo Neruda y Gabriela Mistral. La memoria y la identidad atraviesan las obras de Raquel Naveira, Josefina Plá e Isabel Allende. La frontera y el exilio emergen en Hélio Serejo, Roa Bastos, Elvio Romero y Cortázar. Por su parte, la circulación cultural y la universalidad literaria son exploradas por Borges, Cortázar y Allende.

A partir de estas relaciones, presentamos algunas convergencias para pensar una ruta literaria y cultural desde la relación turística entre la escritura de estos autores:

Cuadro 1
Relación Turística entre Autores de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay

Estas convergencias revelan que la literatura puede utilizarse como clave de lectura de la integración latinoamericana. Si la RILA promueve la circulación de mercancías y personas, la literatura promueve la circulación de símbolos, imaginarios y memorias, fortaleciendo el sentimiento de pertenencia regional.

Además, la literatura posibilita la creación de itinerarios literarios transnacionales que conecten el Pantanal de Manoel de Barros, la Asunción de Roa Bastos, el Buenos Aires de Borges y Cortázar y la Isla Negra de Neruda. Estos itinerarios pueden constituir productos turísticos innovadores, valorizando el patrimonio cultural de la región y ampliando las formas de integración previstas en la RILA.

El turismo literario, ya consolidado en algunos países, puede encontrar en la RILA un campo de experimentación inédito, integrando paisajes naturales, memorias históricas y producciones culturales. En este sentido, la literatura no es solo expresión artística, sino también un recurso estratégico para el desarrollo sostenible y para la cohesión simbólica entre las naciones.

Por último, el análisis evidencia que la RILA debe comprenderse no solo como corredor logístico, sino también como trayecto cultural, en el cual la literatura actúa como elemento de aproximación entre los pueblos. Los autores analizados no solo representan sus territorios nacionales, sino que también construyen una red de significados comunes que puede sustentar la integración regional sobre bases más amplias, inclusivas y simbólicas.

Así, al interrelacionar Brasil, Paraguay, Argentina y Chile a través de la literatura, se observa la posibilidad de consolidar un proyecto de integración cultural latinoamericana, en el que la RILA funcione como eje de circulación material e inmaterial, económica y simbólica, logística y cultural.

5 CONSIDERACIONES FINALES

Consideramos que la Ruta de Integración Latinoamericana (RILA) ha sido progresivamente significada por un repertorio de signos culturales y transculturales que sustentan su promoción turística. Paisajes de alta iconicidad (Pantanal, Andes, litoral del Pacífico), patrimonios materiales (ruinas jesuítico-guaraníes, casas-museo de escritores, centros históricos) y símbolos nacionales (banderas, fiestas cívicas, gastronomías y lenguas) funcionan como marcadores de pertenencia y, simultáneamente, como puertas de entrada a experiencias literarias y culturales. Estos signos no operan de forma aislada: se articulan en narrativas curatoriales que transforman los territorios en “textos” legibles para públicos diversos.

En el turismo literario, estos marcadores adquieren densidad al anclar itinerarios en autores y obras que territorializan memorias y afectos: la identidad nacional en Raquel Naveira, el Pantanal de Manoel de Barros, la frontera Brasil–Paraguay en Hélio Serejo, la Asunción de Roa Bastos, el Buenos Aires de Borges y Cortázar, la Isla Negra de Neruda, las cartografías femeninas de Mistral, Plá y Allende. Tales constelaciones autorales operan como signos-puente entre tradición y contemporaneidad, activando literacidades turísticas que combinan lectura, desplazamiento y fruición patrimonial.

Las tensiones transculturales emergen allí donde la integración regional se encuentra con la preservación identitaria. Por un lado, la RILA promueve circulación, conectividad y síntesis simbólicas; por otro, las comunidades locales reivindican salvaguardas para sus singularidades lingüísticas, rituales, estéticas y modos de vida. En el plano del producto, se contraponen el “turismo de consumo” – centrado en íconos estandarizados y experiencias rápidas – y el “turismo de experiencia”, que valora curadurías lentas, la mediación comunitaria y el aprendizaje situado. La elección entre estos regímenes de oferta redefine el tipo de integración que se desea consolidar.

Desde el prisma de la Semiótica de la Cultura, la RILA configura una semiosfera fronteriza, en la cual las fronteras dejan de ser meros límites geopolíticos para convertirse en zonas de traducción y recreación de sentidos. Al circular entre idiomas, acervos, prácticas y públicos, los signos se recontextualizan: el símbolo nacional se convierte en un signo regional; el patrimonio local, en capital cultural transnacional. En esta ecología de textos y códigos, la traducción cultural no es solo lingüística: es una mediación ética y política entre regímenes de memoria, escalas de valor y expectativas de visitantes y residentes.

Esta condición fronteriza favorece narrativas de pertenencia que exceden el encuadre nacional sin borrarlo. Rutas literarias transnacionales – Pantanal–Asunción–Buenos Aires–Santiago/Valparaíso – demuestran que el desplazamiento turístico puede ser también un desplazamiento interpretativo: lectores-viajeros reactualizan sentidos, producen memorias compartidas y contribuyen a una integración simbólica cuyo soporte no es solo la infraestructura, sino la inteligibilidad mutua entre culturas.

El potencial del turismo para reforzar o resignificar las narrativas de integración latinoamericana depende de decisiones curatoriales y de gobernanza. Cuando se orienta por lógicas mercantiles de corto plazo, el turismo tiende a reforzar estereotipos, “folclorizar” las diferencias y vaciar los conflictos históricos. Cuando se estructura mediante mediaciones culturales (formación de guías-intérpretes, participación comunitaria, salvaguardas patrimoniales, accesibilidad lingüística e informacional), tiende a resignificar la integración como un encuentro dialógico, en el que la diversidad es principio operativo y no un ornamento.

La literatura – en tanto patrimonio inmaterial y tecnología de la imaginación social – se revela como un dispositivo de traducción transcultural particularmente potente. Al escenificar mundos, temporalidades y sujetos, ofrece claves para comprender y negociar las diferencias. Itinerarios sustentados en obras y trayectorias de autores/as amplían el alcance de la experiencia turística: del ver al leer, del fotografiar al interpretar, del consumir al coproducir significados con las comunidades que habitan los lugares.

Para que este potencial se concrete, se recomienda que las políticas y proyectos en la RILA adopten principios de curaduría semiótica: (i) identificación y mapeo de los signos clave por ejes (naturaleza-poesía, frontera-memoria, ciudad-modernidad, feminidades-cuidados); (ii) dispositivos de traducción (guías bilingües/trilingües, mediaciones interartísticas, señalización interpretativa, archivos digitales abiertos); (iii) pactos de preservación identitaria (protocolos de uso de acervos, distribución de beneficios, salvaguardas para expresiones sensibles); y (iv) métricas de valor cultural que consideren aprendizaje, pertenencia y continuidad de las prácticas, y no solo flujos y gastos.

Por lo tanto, la RILA puede consolidarse como un laboratorio de integración en el que el turismo, la literatura y el patrimonio operen conjuntamente para producir una narrativa latinoamericana plural. La adopción de enfoques transculturales y de una semiótica de las mediaciones – atenta a las voces locales, a las traducciones necesarias y a las tensiones inherentes – permite transformar el corredor logístico en trayecto cultural. En esta transformación, la integración deja de ser simple conectividad para convertirse en comprensión mutua, capaz de fortalecer vínculos, ampliar las ciudadanías culturales y proyectar la región como referencia de turismo responsable, creativo y profundamente arraigado en sus signos.

Disponibilidad de datos

Todo el conjunto de datos que respalda los resultados de este estudio fue publicado en el propio artículo.

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  • Editores evaluadores del artículo:
    Emerson Corazza e Hanae Shiota.
  • Editora jefa responsable del artículo:
    Arlinda Cantero Dorsa.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    17 Jul 2026
  • Fecha del número
    Jan-Dec 2026

Histórico

  • Recibido
    30 Set 2025
  • Acepto
    09 Ene 2026
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