Resumen
La historiografía china se vino desarrollando al margen de la occidental. Fruto de una civilización propia se construyó sobre unos presupuestos y unas metodologías distintas. El impacto de Occidente sobre China en el siglo XIX, no pudo dejar de influir en ella. Vista la superioridad técnica de Occidente los intelectuales chinos intentaron adaptar su forma de hacer historia a la de los foráneos. En este artículo, partiendo de las propias dudas sobre dicho proceso que hoy día muestran los académicos chinos, pretendemos hacer un repaso a la evolución de la historiografía china desde los primeros intentos de reforma hasta los cambios introducidos por el marxismo y su adaptación a la China de la Reforma y Apertura.
Palabras clave
Historiografía China; Historia China; Historiadores chinos
Abstract
Chinese historiography developed on the margins of Western historiography. As a result of its own civilization, it was built on different assumptions and methodologies. The impact of the West on China in the 19th century could not fail to influence it. Given the technical superiority of the West, Chinese intellectuals tried to adapt their way of doing history to that of foreigners. In this article, starting from the doubts about this process that Chinese scholars show today, we intend to review the evolution of Chinese historiography from the first attempts at reform to the changes introduced by Marxism and its adaptation to the China of the Reform and Opening.
Keywords
Chinese historiography; Chinese history; Chinese historians
Introducción: debates sobre la historiografía china
China se ha desarrollado como una civilización aislada de los conceptos occidentales. Eso le llevó no solo a tener una visión “propia” de la historia y del concepto en sí misma de cómo se debe “escribir” la historia. Se remarca la obviedad, pues no hay mejor ejemplo para ello que ver como su historiografía tradicional no solo no coincide con la occidental en periodización y tempo, sino que incluso, en ocasiones no lo hace ni siquiera en el concepto mismo de historia. No hay mejor ejemplo para ello que la contraposición de nuestra visión lineal de la misma, que requiere de la existencia de un año “cero” frente a la visión circular, o más bien en espiral, de la historia china marcada por los conceptos de ciclo dinástico, todo bajo el cielo y la edad dorada (Ramírez-Ruiz, 2016, pp. 141-168).
Desde el siglo XXI, la investigación histórica de China había entrado en una nueva etapa, que podría caracterizarse por heredar y examinar las investigaciones históricas del siglo pasado (la Nueva Historiografía de Liang Qichao en 1902 fue considerada como el comienzo de la historiografía moderna china), y marcar el comienzo de su dirección y tendencia en el futuro. Por supuesto, esta etapa que conecta el pasado y el futuro mismo fue parte de la historia del desarrollo histórico de China, llena de múltiples transitividades e indeterminaciones que implicaron el nuevo avance y la innovación abierta. Por ello, en 2003, se publicó una serie de ensayos en la revista Historical Research (Lìshǐ yánjiū), una de las principales revistas en el círculo académico chino, tituladas “La investigación histórica de China en el nuevo siglo: un desafío y un replanteamiento”.
En dichos ensayos los historiadores discutieron el proceso de transformación de la historiografía china moderna. Shang Chuan argumentó que no había una línea divisoria absoluta entre la historiografía tradicional y la moderna pues cualquier investigación histórica o método narrativo podía verse como una nueva fuente de estudios relacionados con la historia. Se convierte en corriente principal, transformándose en la historiografía tradicional. Además, se estableció en tres momentos culminantes del desarrollo de la investigación histórica china del siglo XX: la Nueva Historiografía de Liang Qichao, el comienzo de la historiografía moderna china; la introducción de las teorías históricas del marxismo; y el nuevo desarrollo en la actualidad.
Una categorización que se basó en ideas históricas occidentales. Sin embargo, en cuanto a la metodología histórica, la nueva historiografía nunca había cambiado por completo y para la mayoría de los historiadores, los nuevos métodos históricos occidentales eran solo el complemento de la investigación histórica tradicional (Shang, 2003).
Por su parte, Xie Weiyang argumentó que las investigaciones en algunos campos generales e importantes no habían obtenido una conclusión convincente y completa hasta la contribución de Guo Moruo con su obra “Los métodos históricos del marxismo” y “El nuevo testimonio de la historia antigua” después de la década de 1970. Insistió en que para lograr el avance de la investigación de la historia antigua china en el siglo XXI se necesitaba una introspección profunda en los materiales históricos y los textos documentales de los primeros chinos. Xie propuso que las soluciones eran, en primer lugar, reforzar el conocimiento de la filología antigua china, en segundo lugar, mejorar el estándar del funcionamiento de la explicación, en tercer lugar, adaptarse a los requisitos de la investigación interdisciplinaria (Xie, 2003).
Los académicos de Hong Kong y Taiwán también alcanzaron grandes logros en los últimos cincuenta años (WANG, 2002). Fundamentalmente gracias al New Asia College en Hong Kong, fundado por Qianmu en 1949. A través del New Asia College heredaron los métodos de investigación de la antigua civilización china del continente, la tradición histórica de la textología y las ideas de nacionalismo cultural. En comparación con la investigación de la historia en el continente y Taiwán, la exploración de la historia en Hong Kong se desarrolló en un ambiente político más relajado y en libertad de cátedra (Guo, 2018).
En el último siglo, los investigadores de historia en China siempre enfatizaron la relación entre la conciencia del sujeto y el idealismo históricos. El historiador fue producto de la historia, y su conciencia de sujeto tuvo un significado social, lo que determinó su nivel de investigación, independientemente de su significado personal (Yu, 2003).
Pero todas estas discusiones, para occidente, nada significan. Por ello con este artículo, pretendemos hacer un repaso a la construcción de la historiografía china “moderna” y cómo, su desarrollo endógeno se vio modificado de manera radical por el impacto que occidente, como civilización, produjo en China.
Historiografía tradicional china y sus características
Las limitaciones de la historiografía tradicional China estaban relacionadas con su teoría de gobierno y formas sociales, así como por con la posición de China en el mundo (entendida desde paradigmas chinos). China se veía a sí misma como la única nación civilizada en el mundo, por lo que no tenía ninguna norma externa de comparación, en consecuencia, su historiografía siempre se desarrolló aislada.
Ello creó una historiografía o una manera de escribir y entender la historia condicionada por tres factores sociopolíticos absolutamente distintos a los de Occidente. En primer lugar, la tradición confuciana, se basaba en la existencia una legendaria “Edad de Oro” de la que todas las dinastías (Estados o Regímenes) sucesivas eran, por definición, inferiores, no exista el concepto de progreso o desarrollo. La ausencia de civilizaciones o naciones rivales dio a China un sentido de continuidad histórica, que creará esa visión “circular” o “en espiral” de la historia china, tan distinta a la occidental, que es lineal. La historia europea evoluciona a través de edades que avanzan en el tiempo sobre un pasado previo ya superado. La china se mueve en círculos evolucionado del “buen gobierno” (de una dinastía o régimen) hacia al mal gobierno, cuando se lleva al mínimo se produce el cambio de dinastía o régimen y se comienza de nuevo el mismo ciclo previo. Ello limitó la búsqueda de la causalidad en los eventos históricos (Beasley; Pulleyblank, 1961, p. 168).
Además, en segundo término, como los funcionarios-eruditos de designación imperial tenían el monopolio de la autoridad política se produjo una indiferencia entre los historiadores hacia instituciones y grupos sociales que no participaban en esa única fuente de prestigio y poder. Ello dio lugar a un esquema “causa-efecto” que magnificaba el papel de la burocracia casi hasta la exclusión de cualquier otro factor. Por último, la formación esencialmente moral de la burocracia condujo a un énfasis indebido sobre las causas morales de los eventos históricos (Yuwen, 2012, pp. 94-100).
Estas condiciones llevaron a la creación de una historiografía eminentemente burocrática con tres características y objetos de estudio fuertemente condicionados por sus fuentes. En primer lugar, la historiografía tradicional china se caracteriza por su empeño en mantener registros completos y exactos de los eventos; en la historia de las instituciones y sus estadísticas y en la descripción del funcionamiento de los órganos políticos del Estado. En segundo lugar, se dio una importancia excesiva a la biografía, dada la “necesidad” de hacer justicia a la carrera de los “funcionarios-gobernantes”, sus estudios, logros y sacrificios por la comunidad. Y, en tercer lugar, la historiografía china también se caracterizó por un sesgo más economicista - estadístico que el de la historia occidental. Pues, la sociedad china era profundamente agraria, en un territorio fértil, pero con una naturaleza más inestable que la europea. Esta inestabilidad era determinante para los planes económicos del Estado pues los ingresos imperiales y provinciales estaban estrechamente ligados a la prosperidad de los terratenientes y al control del agua (Ramírez-Ruiz, 2016, pp. 145-146).
China era un mundo cerrado sobre sí mismo, ordenado y armonioso, que se sentía poseedor de una intrínseca superioridad y que ocupaba el Centro del Mundo. Pero esta visión idílica fue destruida por la injerencia occidental a mediados del siglo XIX. El Imperio Celestial fue desbancado por la fuerza de la posición que creía ostentar. En consecuencia, su sociedad y su visión de la historia se desmoronaron totalmente en el siglo que discurre entre la primera Guerra del Opio (1839) y la Proclamación de la República Popular China (1949) (Ramírez-Ruiz, 2018, p. 129).
La llegada de la “cultura occidental” supuso la inmediata erosión de la sociedad tradicional. Pero al mismo tiempo, significó el inicio de la modernización y adaptación de la nación. Los recién adquiridos conceptos darwinistas consideraron a la ciencia histórica una de las herramientas básicas para la reforma de la sociedad “por lo que la historia de la historiografía moderna de China está ligada en gran parte a la historia del nacionalismo chino moderno” (Ramírez-Ruiz, 2016, p. 187).
Los reformadores Qing y la crisis del mundo sinocéntrico
Las limitaciones de la historiografía tradicional china no habían pasado desapercibidas para los eruditos-funcionarios. El mismo Zhu Xi (1130-1200), el fundador del neo-confucionismo dudaba de los clásicos, pero cuando dicho neo-confucionismo se convirtió en la ortodoxia oficial su escepticismo fue ignorado (Xiao; Li, 2008 , pp. 539-546). Se necesitó un cambio de “clima intelectual” para que las críticas o dudas sobre los clásicos pasaran de puntuales a metodológicas y sistemáticas. Este cambio lo proporcionó la caída de la dinastía Ming y la subsecuente conquista manchú. La reacción nacionalista se transformó en una profunda reflexión sobre por qué había colapsado la dinastía.
Los reformadores Qing
En los estudios clásicos se produjo un intento de hacer a un lado la exégesis que había acumulado alrededor de ellos, para volver a los originales, y restaurar los textos todo lo posible. En un primer momento la fe en los clásicos puso unos límites claros a la crítica. Pero a mediados de la dinastía Qing ya se probó la falsedad de muchos dichos textos clásicos (Beasley; Pulleyblank, 1961, pp. 190-191). Las recopilaciones bibliográficas y compilaciones epigráficas sirvieron para iniciar el análisis filológico de textos antiguos en un intento de determinar la datación exacta de los clásicos. De tal manera que Yan Ruoqu demostró que el Libro de los Documentos, uno de los Cuatro Libros, básicos del confucionismo no podía ser tan antiguo como se decía. Wan Sita (1633-1638) demostró que el Zhou li (Historia de los Zhou) no pudo ser escrito al comienzo de la Dinastía Zhou sino más bien al final y Cui Shu demostró que los textos que hablaban de los fundadores míticos eran muy posteriores a la época de la que hablaban.
El máximo exponente de esta época fue Wang Mingsheng (1722-98) que usó en sus obras no solo materiales convencionales e historias privadas, sino también epigrafía, gacetas locales, novelas, archivos familiares y textos budistas y taoístas. Otro de los autores fundamentales de aquella época fue Qian Daxin, su más influyente obra fue “Investigaciones sobre las discrepancias en las Veintidós Historias” fue completada en 1782. Pese a su posición crítica era un típico academicista, mientras que su contemporáneo Gu Yanwu era un reformador metodológico que usó la filología para descubrir las falsedades de los textos clásicos. Dai Zhen (1724-1777) fue el sabio universal de aquella época al destacar como astrónomo, matemático, filósofo y geógrafo. Otros grandes genios contemporáneos fueron Zhang Xuecheng (1738-1801) que fue el primero en escribir un libro de historia abandonando la clasificación esquemática por dinastías. Por último, la obra Gujin Tushu Jicheng (1725) dirigida por Chen Menglei y más tarde por Jiang Tingxi destacó por ser la primera enciclopedia china compuesta por 10.000 capítulos.
Las ansias de renovación llegaron incluso a la figura imperial. Así durante el periodo del Emperador Kangxi (1662 - 1722) se elaboró un diccionario de caracteres antiguos y el Emperador Qianlong (1711-1779) intentó superar a los anteriores emperadores-ilustrados como poeta y calígrafo, mientras promocionaba un exhaustivo inventario de la literatura china. De esta reforma surgieron obras en la frontera de la historiografía como Historia extraoficial de los sabios confucianos de Wu Jingzi. Y en definitiva un ambiente literario que ayudó a la erosión de la fe en los clásicos, con autores como Li Ruzen: Unión del espejo con flor y otros autores como Li Yü o Yüan Mei que destacaron por su vida excéntrica y sus obras, ligeras, costumbristas y llenas de crítica social. Yüan Mei escribía en lengua culta relatos cortos como Cosas de las que el maestro Confucio no habló y alcanzó cierto renombre gracias a sus cuentos de espíritus, prodigios y amor.
Resumiendo lo que la historiografía Qing transmitió a sus sucesores revolucionarios, tenemos: en primer lugar, el ejemplo de un grupo patriota enfrentado a una situación de crisis de identidad a causa de la invasión manchú muy similar a la del final del siglo XIX con la pérdida de la soberanía de China a manos de los occidentales; en segundo lugar, un análisis crítico sobre las contradicciones y omisiones de la historia clásica, que llevó también a descubrir falsificaciones y a fijar una cronología correcta. Y, en tercer lugar, una ampliación considerable de sus fuentes con la inclusión de materiales auxiliares, al margen de los registros oficiales del estado, como la epigrafía o los cuentos tradicionales (Beasley; Pulleyblank, 1961, pp. 191-195).
El debate “sustancia frente a función”
Con lo anterior, se abrió el debate sobre la esencia misma de China y de sus “valores”. Dudas que se vieron acrecentadas ante las continuas derrotas que China padeció frente al industrializado Occidente. Después de la derrota en la Guerra del Opio (1839-1842) se desató un feroz debate entre la elite ilustrada-funcionarial sobre cómo responder ante la obvia superioridad occidental. En 1842, Wei Yuan (1794-1856), concluyó que Occidente había derrotado a China debido a su superior tecnología militar. Esbozó un plan para la defensa marítima que incluía “construir barcos, fabricar armas y aprender las técnicas superiores de los bárbaros”. En las décadas siguientes, los líderes del “Movimiento de Occidentalización” o de “Autofortalecimiento”, como Li Hongzhang, fueron más allá, pidiendo no solo la compra y eventual fabricación de armas occidentales, sino también el establecimiento de oficinas de traducción e instituciones donde los estudiantes pudieran estudiar los idiomas occidentales y las matemáticas además de los clásicos chinos. En 1862, para surtir de expertos en lenguas extranjeras al recién creado Zongli Yamen (1861) se creó la Tongwen Guan (Escuela de Aprendizaje Combinado). Sus estudiantes obtenían un rango equivalente al de graduados del examen imperial (Ramírez-Ruiz, 2018, pp. 73-74). En 1874, Li Hongzhang logró que se abrieran “Oficinas de Aprendizaje Occidental” en las provincias costeras. Esta labor fue completada con el envío de estudiantes chinos a occidente (He et ali, 2008, pp. 439-451).
Los debates dentro de esta élite se recrudecieron a medida que se comprobaba que la sola adopción de la tecnología occidental no daba resultados para resistir a Occidente. Se abría la discusión sobre cómo revolucionar tecnológicamente China sin que ello afectara a los valores y la cultura tradicionales. Así, algunos eruditos confucianos cómo Feng Guifen mantenían que había que tomar lo útil (yong) para el desarrollo económico e industrial sin perder la esencia (ti) de la cultura china. Frente a aquellos otros, como Yan Fu, que afirmaban que esto era imposible, que la tecnología occidental no podía tomarse prestada sin tomar también la ciencia occidental y el sistema democrático de gobierno que fomentaba la ciencia. Nacía así, la controversia entre “sustancia y función” (Schell, 1989).
La ineficacia de las medidas tomadas por los líderes del “autofortalecimiento” para hacer frente a los extranjeros empezaron a hacer creer a muchos eruditos que el sistema tradicional en sí estaba obstaculizando tanto la modernización de China como su capacidad para repeler a los agresores. Yan Fu se fue imponiendo en este debate entre “sustancia y función”, al denunciar el lema de los occidentalizadores, “que el conocimiento chino sea la sustancia y el conocimiento occidental la función” como un esfuerzo vano, pues la sustancia y la función eran inseparables la una de la otra. Llegó a la conclusión de que para hacer que China fuera “rica y fuerte”, debía emplearse el conocimiento occidental, tanto su sustancia como su función.
Las polémicas sobre el tema de la sustancia contra la función entre el conocimiento chino y el occidental fueron en realidad sobre cuál de los dos caminos debería seguir China: si apegarse a las instituciones imperiales tradicionales o aprender de Occidente para una reforma política. En la víspera del Movimiento de Reforma, esta controversia alcanzó su punto culminante, diversificándose en un sin fin de polémicas intelectuales: entre el conocimiento chino y el occidental, entre el viejo y el nuevo conocimiento, entre el sistema escolar moderno y el examen imperial tradicional. Hasta tal punto, que constituyó el centro de gravedad en la historia intelectual moderna de China. Los líderes del auto fortalecimiento ponían el énfasis para conseguir el autofortalecimiento de China solo en la ciencia y la tecnología de Occidente, mientras que los reformadores de 1898 consideraban básico el aprendizaje de las teorías políticas y sociales occidentales. Y así, el debate entre “sustancia y función”, fue derivando un debate entre “autoritarismo tradicional” frente a “derechos civiles e igualdad” (Shen, 2009, pp. 308-324).
El nacimiento de la nueva historia china
Después de 1895, con la desastrosa derrota de China ante Japón y el agravamiento del reparto de China en áreas de influencia por las potencias extranjeras, los programas de reforma conservadores, como el “autofortalecimiento”, quedaron absolutamente desprestigiados y se hicieron llamamientos urgentes para una reforma más radical. Ese fue el momento en el que tuvo acogida en la Corte y en la sociedad el programa de reforma diseñado por Kang Youwei, Liang Qichao y Tan Sitong.
Kang Youwei
El protagonismo inicial va a corresponder a Kang Youwei, que en 1895 consiguió la firma de 1.300 candidatos para el examen imperial en Beijing para respaldar una petición al joven emperador Guangxu solicitando reformas para salvar a China. Fue la conocida, entre otros nombres, por “Petición de los Graduados Provinciales de 1895”. En el mismo año, Kang organizó en Beijing la “Sociedad para el Autofortalecimiento”, que como una organización para la propaganda política y la agitación contribuyó enormemente a la movilización ideológica del Movimiento de Reforma. Tres años más tarde fue llamado a la Corte por este emperador para poner en marcha dichas reformas. Fue conocida como la “Reforma de los Cien Días” o el “Movimiento de Reforma de Kang” (Palacios; Ramírez, 2011, pp. 185-186).
Kang Youwei (1858-1927), provenía de una familia de terratenientes y fue educado de manera tradicional en los clásicos antiguos, pero pronto entró en contacto con educadores al estilo occidental y, a raíz de ello, modificó su pensamiento tratando de modernizar la tradición china. Fundó una escuela en Cantón para la preparación de opositores a funcionarios imperiales en las que enseñaba sus teorías. Estas, en esencia, postulaban la reforma del confucionismo para utilizarlo como instrumento del cambio que China necesitaba.
Gracias a su revista Rejuvenecimiento Nacional se hicieron las primeras traducciones de lenguas occidentales y su influencia se extendió a través de Cantón y Shanghái y hacia elitistas grupos intelectuales de las provincias interiores. Se puede decir que fue con Kang Youwei con quien, en los años noventa del siglo XIX, comenzó el estudio en profundidad del pensamiento y la sociedad occidental.
Kang Youwei también publicó un periódico La crónica de China y el mundo. Mientras en Shanghái, iniciaba su actividad con la fundación del periódico Noticias Auto-Fortalecimiento. Aún se encontraba dando clases en Guangdong, cuando escribió sus principales obras: Las falsificaciones en los clásicos del canon confuciano y Confucio como Reformador (1897) (He et al., 2008, pp. 461-462). Las apariciones de estos dos libros sorprendieron al mundo intelectual. Pues en ellos, Kang Youwei, se mostraba contrario a la visión ortodoxa de Confucio como transmisor conservador de la sabiduría de la “Edad de Oro”. De hecho, afirmaba que Confucio se había inventado gran parte de lo que decía sobre la Edad de Oro para apoyar sus propias ideas revolucionarias sobre la sociedad y el gobierno. Según Kang Youwei, en los textos de Confucio no se hace referencia al pasado, sino al futuro de la humanidad.
Sus teorías eran una mezcla de elementos chinos y occidentales. Él fue el introductor en la tradición china de las ideas occidentales tales como el concepto de “evolución” así como todo un sistema de teoría política anti-autocrática, el llamamiento a las libertades civiles y a un gobierno bajo el imperio de ley.
Pero estos postulados de Kang eran reformadores, no revolucionarios. Desde sus comienzos, el Movimiento de Reforma poseía un doble carácter: por un lado, emancipar las mentes y exigía el progreso, y, por otro lado, temía y se oponía a las masas en revolución. Los reformistas temían más al pueblo que a los reaccionarios; y como resultado, cuando las contradicciones sociales se agudizaron, el pensamiento de Kang Youwei se fue acercando progresivamente al de los reaccionarios. Con el fracaso del Movimiento de Reforma de 1898, los elementos progresivos del pensamiento de Kang Youwei comenzaron a desvanecerse hasta convertirse en un simple reformista monárquico muy cercano a la tradición, como reflejan las dos obras de sus últimos años, Conferencias sobre los Cielos y Libro de la Gran Unidad.
El momento histórico no acompañó a Kang, sus conclusiones fueron rechazadas por los conservadores y solo temporalmente aceptadas por los radicales. Pero sus argumentos eran acertados, su libro, “Confucio como Reformador” puede ser llamado, sin mucha exageración, “el punto de inicio de la moderna historiografía china”. (Xiao; Li, 2008, pp. 812-822).
Liang Qichao
Liang Qichao fue el discípulo más cercano y prestigioso de Kang Youwei. Tuvo que huir a Japón y durante su exilio y gracias a sus viajes alcanzó un conocimiento sin igual, en la China de su tiempo, sobre la historia, cultura y ciencia occidentales, lo que le convirtió en una de las figuras más influyentes del academicismo y el periodismo chino en los primeros veinte años del siglo XX (He et al., 2008, pp. 471-476).
La cuestión básica subyacente en el pensamiento de Liang Qichao era el conflicto entre su lealtad emocional a la tradición china y su aceptación de la necesidad de reformas basadas en ejemplos europeos. El pensamiento y los postulados de Liang Qichao evolucionaron a lo largo de su vida. Comenzó en la creencia de que los clásicos chinos, si se purificaban, y entendía correctamente ofrecerían una revelación que no solo contendría los deseables valores occidentales, sino que los elevarían a un nivel más universal. Pero, a medida que iba conociendo occidente fue evolucionando hasta llegar a la conclusión de que los clásicos eran realmente irrelevantes para los problemas contemporáneos de China. Ello le hizo reemplazar su lealtad, reverencial, por la cultura china por la lealtad a la nación. Es decir, su tradicional culturalismo evolucionó hacia algo similar al moderno nacionalismo. Lo que implicaba que China podía prescindir de su tradición cultural si era necesario para su supervivencia en el futuro.
En paralelo, su idea de “Gran Armonía” del progreso derivada de la interpretación que Kang Youwei hacía de Confucio, dio paso a un darwinismo social donde se reducía la Historia de la Humanidad a una guerra de todos contra todos, y se dividía la concepción de occidente en naciones separadas, desiguales en poder y creatividad (Yingjie, 2004, pp. 72-91). Con lo que China, de este modo, dejaba de ser una excepcionalidad.
Al mismo tiempo, intentó explicar cómo el progreso europeo se debe al genio individual, de las personas concretas que crean esas sociedades, más que a características regionales, raciales o sociales. Finalmente, argumentó que lo que debe ser admirado en occidente –democracia, gobierno bajo la ley, tecnología y creatividad científica- es extremadamente moderno en origen, pero a la vez incompleto.
Desde estos parámetros la historia de China puede ser observada desde un punto de vista menos humillante. Hablando de manera general, Liang concluía que la sociedad china clásica se configuró como una sociedad sin clases, lo que la hizo superior a la sociedad europea premoderna, pero al tiempo ello significaba que aquella sociedad china tenía menos incentivos para desarrollarse.
Tras el trauma que supuso la traición sufrida por China en la Conferencia de Versalles, Liang evolucionará de nuevo rechazando la cultura occidental como materialista y retornará hacia la creencia de la superioridad de la sociedad y cultura chinas gracias a su supuesta finalidad no materialista. Por ello, pese a su debilidad comparativa, la tradición china, debía ser enfatizada como base del orgullo nacional y para revivir el sentimiento nacional.
El periodo 1900-1919 fue el de mayor productividad e influencia de Liang, además en el que se centró con mayor intensidad en sus estudios académicos. Con las ventajas de sus amplios estudios de historia mundial, continuó investigando la historia intelectual china, libre al final de los constantes intentos de comparación de valores. En este periodo publicó su “Metodología para el Estudio de la historia china” o “Nueva historiografía” (1902) con el que destruyó definitivamente la forma tradicional de hacer historia en China, demostrando las limitaciones de la historia dinástica, del material compuesto de anales-biografía (chi-chuan) y de la recopilación de datos realizada por comités oficiales en lugar de particulares. Además, en esa obra argumentaba que la historia era potencialmente una ciencia positiva y llamada a una actitud empírica, pero a pesar de ello no pudo sacudirse del todo de la idea de que la historia no debe estar al servicio del nacionalismo. (Yuwen, 2012, pp. 4-173).
“Metodología para el Estudio de la historia china” o “Nueva historiografía” es ampliamente considerada como la obra que funda la “nueva historia” de China. A partir de ella los historiadores chinos comienzan a escribir de una forma estándar a la del resto del mundo.
Tan Citong
El filósofo más importante fue Tan Citong (1865-1898), que había nacido en Liuyang (Hunan), en la familia de un gobernador provincial y recibió una educación tradicionalista. La Guerra Sino-Japonesa de 1894 también fue para él un gran shock, tras el cual abandonó su fe en la tradición cultural transformándola en un ansia de occidentalización. Se unió Kang Youwei, participando activamente en el Movimiento de Reforma. Fue en este período que escribió su principal obra filosófica, Tratado de Benevolencia.
El Tratado de Benevolencia atacaba la autocracia feudal y las enseñanzas de los “códigos éticos” tradicionales. En esa obra, Tan presentaba una serie de duras críticas al sistema imperial con la pretensión de “romper las trampas tradicionales”. Condenó a todos los monarcas por ser “grandes ladrones” y a toda la intelectualidad por ser “hipócritas”. Además, avanzó su propia teoría del origen del estado, declarando que se inspiraba, al modo chino, en la teoría del “Contrato Social”, entre monarca y súbditos, en oposición a la teoría imperial de los “Derechos del Cielo”. A través de su análisis de las “cinco categorías éticas tradicionales” fue postulando la existencia de los “Derechos civiles” frente a la idea feudal de la dependencia personal. De ahí que los conservadores lo consideraban un hereje que se dedicaba a profesar una doctrina de “ningún patriarca, ningún soberano”. Lo que proponía, de hecho, era la destrucción de los lazos feudales en la sociedad china para poder caminar hacia una sociedad burguesa de laissez-faire.
Su ataque a los códigos éticos “feudales” y la autocracia imperial fue uno de los preludios de la Revolución Democrática de 1911. El sacrificio de su vida con la tragedia de su prematura y autoimpuesta muerte no fue más que un testimonio histórico del fracaso del movimiento reformista (He et al., 2008, p. 475).
Yan Fu
El ya mencionado Yan Fu, pertenece tanto generacionalmente, como por sus ideas, a este grupo de jóvenes reformistas, sin embargo, no se unió a las actividades políticas del Movimiento de Reforma de 1898, aunque ideológicamente, hizo una contribución muy notable. Yan Fu (1853-1921), natural de Fuzhou en Fujian, fue el único entre los estudiantes enviados al exterior en convertirse en una figura importante en la vanguardia intelectual. En la década de 1870, Yan fue enviado a Gran Bretaña para realizar estudios navales. Durante su estancia en Gran Bretaña fue testigo de la prosperidad del período victoriano. Yan Fu resumió la superioridad de los Estados modernos occidentales en dos puntos: “En el mundo del conocimiento, descartan la falsedad y abogan por la verdad, y en la sociedad política, renuncian a la autoestima en pos del bien público”. El primero se refiere a las ciencias naturales, el segundo a las instituciones políticas de Occidente. Podría decirse, con justicia, que estas ideas de Yan Fu marcaron la primera mención de “ciencia” y “democracia”, en la historia de China. En contraste con otros miembros de su generación, Yan tenía un mejor conocimiento de Occidente.
Fuertemente estimulado por la derrota en la Guerra Sino-Japonesa, Yan Fu escribió algunos artículos políticos famosos que causaron furor en todo el país, como “Sobre la urgencia de la transformación actual”; “Sobre las causas de volverse poderoso”; “Una exposición definitiva sobre la salvación de la nación” y “La refutación de Han Yu”. En ellos, atacó ferozmente a la ideología feudal y al sistema de examen imperial tradicional, señalando que eran “poco prácticos” e “inútiles”.
En el año 1896, es decir, dos años después de la Guerra sino-japonesa y dos años antes de la Reforma de 1898, Yan Fu tradujo la primera parte de “Evolución y ética” de Huxley bajo el título chino “Evolución”. Históricamente, el impacto del trabajo original en Occidente probablemente no sea tan fuerte como el de su versión traducida en China. Al presentar la teoría de la evolución, Yan mostró al público chino que la lucha por la existencia, la selección natural y la supervivencia de los “más aptos” eran las leyes fundamentales que gobernaban el mundo. Esto significaba para aquella China que a menos que pudiera ajustarse a las leyes naturales, esforzándose en hacerse fuerte para sobrevivir en el mundo, estaría condenada. Para los intelectuales chinos, tal teoría de la evolución era algo completamente nuevo e inaudito. La publicación de su libro fue como una bomba en la conciencia china y las repercusiones ideológicas que trajo no tenían parangón en la historia de China. Nunca hubo una idea tan disruptiva para la China clásica: el mundo estaba en constante progreso, y si China quería sobrevivir, debería tener que hacer reformas constantes.
La aportación de Yan no se limitó ahí, pues a través de su traducción de La riqueza de las naciones, de Adam Smith, introdujo en China la teoría clásica del laissez-faire, es decir, las reglas de la economía moderna; a través de su traducción de El Espíritu de las Leyes de Montesquieu presentó la teoría de la separación de poderes; a través de su traducción del Sistema de Lógica de J. S. Mill, llevó a China la inducción empírica de la ciencia moderna. Todos ellos representaban la ideología occidental moderna en algunos de sus aspectos más significativos.
Un poco después, una parte considerable de las armas ideológicas de los revolucionarios democráticos se derivaron de las obras de Yan Fu y Liang Qichao, entre las cuales las más importantes fueron la teoría de la evolución y la teoría de los derechos naturales.
Aunque las obras y traducciones de Yan abrieron un nuevo mundo inspirador de ideas fuera de las enseñanzas confucianas tradicionales, cuanto más crecía la atmósfera revolucionaria (de hecho, en parte inspirada por él directa o indirectamente), más miedo y hostilidad causaba a Yan Fu la revolución. Cuando Yan tradujo Sobre la libertad, de J. S. Mill, cambió deliberadamente el título del libro por En el límite entre la comunidad y el individuo para evitar el término “libertad”. En sus últimas obras cambió el término chino libertad a un sinónimo para mostrar que su idea de libertad difería de la esperada por los revolucionarios democráticos. Muchas veces enfatizó que el progreso social solo se podía lograr paso a paso, pero “nunca sobrepasando las gradaciones”.
Después de la Revolución de 1911, Yan Fu se rindió al tradicionalismo contra el que había luchado en su juventud. Por lo tanto, no fue accidental que cuando Yuan Shikai (1859-1916) planeó asumir el trono del emperador, Yan Fu se convirtió en uno de los seis miembros de la Sociedad para la Planificación de la Paz, una organización manipulada por Yuan en preparación para su ascenso al trono. En este sentido, Yan actuó como lo hizo Kang Youwei en la restauración del destronado emperador Qing Puyi en 1916. El pensamiento y las actividades de Yan en sus últimos años, al igual que el de Kang, fueron finalmente despreciados por sus contemporáneos (Ramírez-Ruiz., 2018, pp. 104-106).
La historia moderna de China cambió tan rápidamente y tan drásticamente que los ideólogos representativos de cada generación rara vez tuvieron tiempo suficiente para elaborar sus propios sistemas teóricos. Solo sentían y reflejaban por un momento el pulso del tiempo, y luego, después de una breve aparición, fueron barridos rápidamente por generaciones más avanzadas. Esta característica se manifestó más notablemente en los representantes del Movimiento de Reforma de 1898. Su fracaso, significó el fin del reformismo en China. La historia moderna de China entró en su siguiente etapa: la revolución.
La revalorización de la cultura popular china: Gu Jiegang, Hu Shih y Wang Guowei
La reforma de la historiografía china continuó con la generación siguiente con personajes como Gu Jiegang, Hu Shih y Wang Guowei.
La emergencia del moderno nacionalismo chino y el estudio de otras culturas trajo el interés por la cultura popular china, su forma de teatro, canciones populares, cuentos y novelas tradicionales. Se formaron sociedades para su estudio y tres académicos independientes empezaron a trabajar en su historia. Wang Guowei publicó sus primeros estudios de la historia del teatro chino; Hu Shih regresó de América en 1917 y publicó en 1918 su influyente prefacio a la nueva edición de “Sueño del pabellón rojo”, en la que justificó la escritura de la historia de la literatura popular y delineó un nuevo método para abordarla. Similares estudios fueron llevados adelante por Gu Jiegang.
Estos estudios no solo eran intrínsecamente interesantes, sino que significaban un nuevo, e inicialmente devastador, ataque a los textos clásicos. Gu Jiegang había nacido en una familia de académicos, recibió una educación clásica, pero después fue enviado a una escuela de estilo occidental y en ella se le dieron los rudimentos del método científico. Gu Jiegang ingresó en Universidad de Pekín y se convirtió en un agudo aficionado al teatro. Su interés por el teatro pasó rápidamente a la acumulación metódica de material de su historia y en la comparación de las diferentes versiones interpretadas por diversas compañías. Su interés se extendió a la historia de los cuentos familiares y a la música folklórica. La transmisión oral era lo común en todas estas formas de arte popular. A principios del siglo XIX, el iconoclasta académico Cui Shu en su “Acta de investigación sobre creencias” había dado su opinión de que los supuestos registros de los primeros reyes parecían haber sido construidos en capas sucesivas. En Japón, Naito Torajiro desarrolló la idea de que la mayor parte de los clásicos procedían de la tradición oral. Gu Jiegang llegó a conclusiones similares de forma independiente mediante la acumulación de material en torno a la novela tradicional o en el teatro que se ajustaba a las historias tenidas por oficiales de los emperadores Yao, Shun, Yü y sus predecesores legendarios. La prueba de las hipótesis basadas en esta analogía se convirtió en el trabajo de su vida. Hasta 1917 trabajó aislado, pero en aquel año Hu Shih, tras su retorno de América, comenzó a dar clase en la Universidad de Pekín sobre historia de la literatura y filosofía. Conoció a Gu Jiegang, con quien coincidían básicamente en sus ideas sobre historiografía. Ambos, junto a sus discípulos, crearon un grupo de trabajo cuyos ensayos y correspondencia sobre el tema de los textos clásicos y técnicas de criticismo fueron publicados desde 1926, en series periódicas, bajo el título “Discusiones sobre la historia Antigua” (Hon, 1996, pp. 315–339).
El grupo, del que Hu Shih es considerado el líder, se convirtió en un nuevo factor de desarrollo de la intelectualidad china. Como reacción contra el peso de la polémica lucha de Occidente contra Oriente (léase China) que había consumido el tiempo y los esfuerzos de Liang Qichao y su generación, Hu Shih, proclamó su libertad frente a cualquier adscripción ideológica o moral y proclamó su intención de abordar un acercamiento pragmático a los problemas de China y el estudio del pasado. Hu Shih llevó a China la filosofía de Dewey (seguido por el mismo Dewey y por Bertrand Russell). En sus trabajos académicos hacía llamamientos a la maduración del método científico bajo el precepto de: “audacia en las hipótesis, cautela en las pruebas”. A Hu Shih se debe el asentamiento en China de la racionalidad e imparcialidad en los estudios de historia (Xiao; Li, 2008, pp. 880-885).
Los trabajos históricos de esta escuela fueron debilitados, sin embargo, por los sorprendentes hallazgos arqueológicos que se produjeron en China a principios del siglo XX.
El Reforzamiento de los Conservadores: Wang Guowei y la arqueología
El más importante de estos hallazgos arqueológicos se produjo en Hunan en 1888 eran cientos de miles de caparazones de tortugas con inscripciones. En 1929 el Instituto de Historia y Filosofía de la Academia Sinica mandó la primera expedición al yacimiento. Los arqueólogos Li Ji y Dong Zuobin hicieron importantes avances en el estudio de los huesos en los años siguientes, demostraron que eran huesos adivinatorios y probaron que las dinastías Shang-Yin no eran legendarias, sino que existieron y además confirmaron la cronología que la tradición de Sima Qian daba para ellas.
Wang Guowei demostró que la información que se podía deducir de ellos confirmaba muchas de las afirmaciones de los textos antiguos que habían sido rechazadas como completamente falsas y que la lista de reyes Yin dada por los Libros de Bambú era, generalmente, adecuada.
Casi del mismo interés para los historiadores fue el enorme depósito de archivos que había en Pekín a los que gracias al caos de los años posteriores a la caída de Yuan Shikai se pudo tener acceso (a lo que posteriormente se conocería como The First Historical Archives of China). Jóvenes de la Universidad de Pekín iniciaron su estudio de manera científica y moderna. Mientras en diversas partes de China, se fueron produciendo descubrimientos de textos antiguos de similar impacto historiográfico, como, por ejemplo: en 1930 Sven Hedin volvió de la Gran Muralla con 10.000 tiras de madera con escritos de la dinastía Han (publicado en 1943); en 1894, en una tienda de libros fueron encontrados manuscritos, tiras de madera y textos budistas de Dunhuang en el extremo noroeste de Gansu, publicado treinta años después por Aurel Stein.
Como hemos visto, estos hallazgos confirmaron algunos de los textos tempranos del clasicismo chino que habían sido calificados como legendarios. Esto reforzó las posiciones de los historiadores conservadores. Los principales de entre estos fueron Luo Zhenyu y su discípulo Wang Guowei.
Wang Guowei, del que ya hemos hablado anteriormente, comenzó su carrera recibiendo educación occidental en Japón, tradujo a los filósofos occidentales del siglo XIX y publicó sobre psicología y jurisprudencia. Como Liang Qichao encontró la síntesis entre las ideas occidentales y su lealtad a la tradición china como imposible y bajo la influencia de sus amigos conservadores como Luo Zhenyu, denunció el materialismo occidental y volvió hacia los clásicos estudiados al estilo de la época Qing. Habiéndose distinguido como pionero en el estudio de la historia del teatro chino evolucionó hacia el estudio de la historia antigua hasta convertirse en el más brillante de los expertos en este campo en el siglo XX (Fung, 2010, pp. 86-87).
Así para 1920, la historiografía china se había transformado totalmente gracias a la comparación entre china y el extranjero, elaborada por Liang Qichao; a los métodos para estudiar los clásicos modernizados por Wang Guowei; y, a la forma empírica de escribir historia elaborada por Hu Shih. Además, las nuevas universidades se convirtieron en centros activos de investigación y las traducciones de trabajos extranjeros proveyeron de un constante enriquecimiento metodológico.
Todo ello tuvo como consecuencia el cambio definitivo de la escritura formal en idioma clásico, solo entendible por una minoría, a los escritos en forma coloquial basados en la lengua de la calle. Ello impulsó, en paralelo, la democracia, especialmente tras el “Movimiento 4 de Mayo”. Las universidades a través de la Unión Nacional de Estudiantes ganaron mucha influencia. El nacionalismo tomaba vuelo. Y la fama soviética se hizo grande.
Los “cuatro grandes historiadores” de la china moderna o de los tiempos modernos
Yan Gengwang (1916-1996), historiador que desarrolló su carrera en el Instituto de Historia y Lingüística de la Academia Sínica, el Departamento de Historia, el Instituto de Cultura China y el Instituto de Nueva Asia de la Universidad China de Hong Kong. Académico visitante en la Universidad de Harvard y profesor visitante en la Universidad de Yale, fue el discípulo más destacado de Qian Mu, definió el concepto de los “Cuatro historiadores modernos” de China, incluyendo entre ellos a Chen Yuan, Chen Yinke, Lu Simian y Qian Mu como los “Cuatro historiadores modernos” de la China moderna o de los tiempos modernos.
Chen Yuan (1880–1971) procedía de una familia de traficantes de opio, inició sus estudios en la carrera funcionarial imperial, pero al suspender el examen provincial comenzó sus actividades docentes y fundó la revista Shishi Huabao (Actualidad pictórica) en Cantón en 1905. Era una revista relacionada con Tongmenghui, por lo que fue censurada y cerrada. En 1907 comenzó sus estudios de medicina, mientras continuaba con sus actividades revolucionarias, fundando el periódico “Diario Aurora”. Al triunfar la revolución de 1911 ocupó diversos cargos gubernamentales, llegando en la década de 1920 a ser subdirector del “Ministerio de Educación de la República de China” y director de la “Biblioteca de Pekín” y de la biblioteca del Museo del Palacio. Desde 1917 se dedicó a la investigación histórica, centrándose en investigaciones sobre historia religiosa, de la dinastía Yuan y el estudio de textos antiguos. Entre sus trabajos destacan las investigaciones sobre el cristianismo (llamado arkanus), con obras como Investigación sobre los Arkagnus en la Dinastía Yuan. Posteriormente, publicó varios libros sobre la difusión del maniqueísmo, zoroastrismo y el islam en China. Su especialización en la Dinastía mongol llegó al punto de recopilar el Código [legal] de la dinastía Yuan.
Chen Yuan fue profesor de la Universidad de Pekín, la Universidad Normal de Pekín y la Universidad Católica de Fu Jen. Llegó a ser rector de la Universidad Normal de Pekín. Después de la victoria de la Guerra Antijaponesa, fue elegido académico de la Academia Sínica en 1948. Con la implantación de la República Popular China fue elegido representante del Congreso Popular de Pekín en 1951, sino que también fue evaluado como “un tesoro nacional de nuestro país” según Mao Zedong. Durante la Revolución Cultural, fue obligado a escribir una carta de arrepentimiento y enviarla por correo a la Universidad Normal de Pekín. Luego fue puesto bajo arresto domiciliario hasta su muerte en junio de 1971.
Chen Yinke (1890-1969), fue un historiador, lingüista, orientalista, político y escritor, miembro de la Academia Sínica, considerado uno de los historiadores más originales y creativos de la China del siglo XX. El profesor Chen Yinke nació en una familia hakka de Hunan. Pertenecía a una familia ilustrada. Su padre fue Chen Sanli, poeta famoso y uno de los “Cuatro Caballeros” de la Reforma de los Cien Días. Desde muy joven se formó en los clásicos chinos. En 1902 fue enviado a Japón a estudiar en el Instituto Kobun, donde coincidió con Lu Xun. En 1905, enfermo, volvió a China y estudió en la Universidad de Fudan (Shanghái). En 1910 obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Humboldt de Berlín y más tarde en Universidad de Zúrich y en el Instituto de Estudios Políticos de París. Hubo de regresar en 1914, pero al finalizar el Gran Guerra en 1918 retomó sus estudios en el extranjero en la Universidad de Harvard, para estudiar sánscrito y pali. En 1921 volvió a Berlín para estudiar lenguas orientales. En 1925, regresó a China y se convirtió en uno de los cuatro mentores del Instituto de Estudios Chinos de la Universidad de Qinghua, los otros tres eran: Wang Guowei, Liang Qichao y Zhao Yuanren. En 1929, se convirtió en director del primer grupo del Instituto de Historia y Lingüística de la Academia Sínica. Al tiempo fue adjunto de la Universidad de Pekín. También se convirtió en miembro de la Academia Sínica, director del Instituto Historia y Filología, miembro de la Junta del Museo Nacional del Palacio.
Tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial se retiró a la Universidad Nacional Asociada del Suroeste (Yunan) e inició un periplo docente por diversas universidades de dicha zona. Permaneció todo el tiempo en el sur de China, pese a haber sido invitado a la Universidad de Oxford. Al no poder llegar al Reino Unido se quedó impartió docencia en la Universidad de Hong Kong. En 1960, fue nombrado subdirector del Instituto Central de Investigaciones de Literatura e Historia de la República Popular China. Fue perseguido en la Revolución Cultural y murió en octubre de 1969.
Chen Yinke llegó a dominar más de 20 idiomas. Creó el método académico de utilizar la poesía para demostrar la historia y utilizar la historia para interpretar la poesía. Sus principales obras representativas incluyen “Un breve ensayo sobre el origen de las instituciones de las dinastías Sui y Tang”, “Ensayo sobre la historia política de la dinastía Tang” y “Ensayo sobre la historia política de la dinastía Yuan” y “Una biografía alternativa de Liu Rushi”.
Lü Simian (1884-1957) profesor y director del departamento de historia de la Universidad Kwang Hua que se transformó en la East China Normal University (Shanghái) desde 1926, siempre permaneció en esta institución. Sus discípulos incluyeron a importantes historiadores como Qian Mu y Yang Kuan. A la edad de 15 años ingresó a la escuela del condado. En el segundo año comenzó a aprender historia por su cuenta. Más tarde se convirtió en miembro de la Escuela de la Antigüedad Dudosa o Yigupai. Esta corriente historiográfica se constituyó en torno a un grupo de eruditos e historiadores chinos que aplicaron un enfoque crítico a las fuentes históricas chinas. Su conformación se produjo en torno al Movimiento de la Nueva Cultura, en las décadas 1910 a 1920 (De Bary; Theodore, 2001). La mayor parte de sus críticas se refieren a la autenticidad de los textos anteriores a la dinastía Qin y abordan cuestiones planteadas por los escritores dinásticos pasados. Sus debates se recogieron en el movimiento académico llamado Gushibian (Debates sobre Historia Antigua), que editó una revista con el mismo nombre (entre 1926-1941. Siete números). Los principales críticos de la Escuela de la Antigüedad Dudosa fueron los historiadores: Chen Yinque, Gu Jiegang, Guo Moruo, Hu Shih, Kang Yu Wei, Liang Qichao, Liu Yizheng, Miao Fenglin, Qian Xuantong, Wang Guowei (Peng, 2021).
Lü Simian fue un escritor muy prolífico que cubrió una amplia gama de temas, incluidas nacionalidades, instituciones, diversas historias cronológicas y otros temas históricos. Sus principales obras representativas incluyen Literatura de la dinastía Song (1931), Introducción a los académicos anteriores a Qin (1933), Historia de las minorías étnicas chinas (1934), Historia de Pre-Qin (1941), Historia de los tres reinos (1943), Historia de Qin y Han (1947), Historia de las dos dinastías Jin, del Sur y del Norte (1948), Historia de Sui, Tang y cinco dinastías (1959), Historia de las instituciones chinas (1985).
Qian Mu (1895-1990) fue un historiador y filósofo procedente de la prestigiosa familia Qian en Wuxi. Se decía que su antepasado era Qian Liu, fundador del Reino de Wuyue (907–978). Recibió poca educación formal, pero adquirió sus conocimientos sobre la historia y la cultura china a través de la educación en el seno de su familia. Comenzó su carrera docente como maestro de escuela primaria en su ciudad natal cuando tenía dieciocho años. Recomendado e invitado por el famoso historiador Gu Jiegang, fue contratado como profesor en la Universidad de Yenching en 1930. Continuó su carrera docente en varias otras universidades como Qinghua y Pekín hasta 1937.
Tras la victoria comunista se trasladó a Hong Kong, gracias a Zhang Qiyun. Con la ayuda de la Asociación Yale-China fundó junto a Tang Junyi y Zhang Pijie, el New Asia College, del que fue presidente entre 1949 y 1965. Después de que New Asia College se convirtió en miembro de la Universidad China de Hong Kong. Más tarde recibió doctorados honorarios tanto de la Universidad de Yale y de la Universidad de Hong Kong. New Asia College se transformó en la Universidad China de Hong Kong en 1963 y Qian Mu continuó sirviendo como Decano. En 1965, renunció como decano y se fue a enseñar en la Universidad de Malasia (Chou, 2011).
Qian se trasladó a Taiwán en octubre de 1967 después de aceptar una invitación de Chiang Kai-seck en medio de disturbios pro-Revolución Cultural en Hong Kong. En 1968 fue seleccionado como miembro de la Academia Sínica.
Qian escribió extensamente sobre los clásicos chinos, la historia y el pensamiento confuciano. A diferencia de muchos intelectuales chinos del siglo XX influenciados por el Movimiento Nueva Cultura, Qian Mu insistió en la importancia de los valores tradicionales de la cultura china. Las obras representativas de Qian Mu incluyen “Ganancias y pérdidas políticas en las dinastías chinas”, “Esquema de la historia nacional”, “Una visión general del neoconfucianismo en las dinastías Song y Ming”, “Cronología de los eruditos anteriores a Qin”, “Historia académica de China en los últimos trescientos años” (Hung-Yuk; Tze-Ki; Chiu-Chun, 2003).
El Marxismo
El marxismo llegó a China a través de las páginas de la revista “Nueva Juventud” (Xīn qīngnián). Donde se estableció un debate entre el pragmatismo Hu Shih y el Marxismo, representado por Li Dazhao y Chen Duxiu (Xiao; Li, 2008, pp. 924-930). En historia el debate oscilaba inevitablemente en torno a la “Época Clásica” y el primer tema sobre el que chocaron era sobre si el legendario “well-field system” o “de la igualdad de adjudicación de tierras agrícolas” había existido alguna vez. Hu Shih y el pragmatismo perderán. El cosmopolitismo de Hu Shih y su promoción del progreso “gota a gota” parecían totalmente inadecuados para la desesperada situación de China. El marxismo dominará la historiografía china tras 1920, pero en principio no fue, en general, nada sofocante. A partir de 1927 el partido era rural e iletrado y sus relaciones con la vida intelectual eran escasas. Los marxistas dentro de los círculos académicos se centraron en estudios de determinismo económico y sus implicaciones políticas, en un país en el que todos los grupos políticos importantes aceptaban la necesidad de una revolución socialista, más o menos ambigua. Después de 1927, Chiang Kai-sek a través de su golpe de estado de Shanghái contra los comunistas y el ala izquierda de su partido, polarizó políticamente China. No hubo un efecto proporcionado en la vida intelectual china porque toda la intelectualidad china estaba inclinada a la moderación. Aun así entre los historiadores se mantenían amplias diferencias sobre los métodos que no estaban relacionados con actitudes políticas, teniendo en cuenta incluso las diferencias existentes entre los comunistas por un lado y los apologetas del movimiento cultural confuciano y pseudo-fascista promovido por Chiang Kai-sek, bajo el nombre de “Nueva Vida” (Fung, 2010, pp. 113-120).
El periodo 1930-37 fue de estabilidad. El estudio de la historia empezó a perder su crudeza. En muchas universidades chinas comenzaron a formarse Facultades de historia y fueron apareciendo publicaciones especializadas. La obsesión por la historia antigua se quedó atrás y la actividad de los historiadores empezó a expandirse por otras aéreas. Se iniciaron los intentos por hacer una nueva, moderna y esquematizada periodización de la historia china. Se trataba de sustituir la clásica periodización por dinastías en otra homologable a la occidental que describiera la historia de manera lineal. La dificultad se centraba en donde colocar el final de la “Edad Media” o “feudal” china y el inicio de la modernidad. En la práctica, la tradicional división en dinastías era difícil de abolir y continuó dominando hasta su reemplazamiento en teoría (pero no en toda la práctica) por el esquema marxista favorecido por el Partido.
La historiografía en la República Popular China
Las líneas de la que sería considerada historia “ortodoxa” en la República Popular China fueron fijadas el 28 de junio de 1951 con la inauguración de la Asociación de Historia de China. Guo Moruo (Sangbing, 2004), su presidente, propuso que la tarea de los historiadores chinos en la nueva República Popular debía evolucionar del idealismo histórico al materialismo histórico; desde la investigación personal a la investigación colectiva; de la fama personal a la del pueblo (Niu, 2016, pp. 91-92); del énfasis en los estudios de historia antigua a los de historia moderna (y contemporánea); de la historia de la etnia Han a la historia de todos los grupos étnicos; de la historia de Europa y América a la historia de Asia y otras regiones. (Luo, 2009, pp. 484-485).
Los “Diecisiete años” (1.949-1.966)
La historiografía en la República Popular China en el período 1949-1966 antes de la Revolución Cultural tuvo dos orientaciones: en primer lugar, mantuvo las líneas precedentes del periodo pre-revolucionario, aquella “Nueva Historia” que buscaba nuevas reglas y leyes generales para la historia de China, pero centrando la búsqueda en el marco de marxista de la historiografía. Y, en segundo lugar, dentro de ese marco, se hizo cada vez más hincapié en el “Debate sobre historia social de China”.
Ambas líneas trataban de averiguar si en la China confuciana se habría podido desarrollar un sistema capitalista. En el fondo era una continuidad de los planteamientos previos del Movimiento “Nueva Cultura” sobre el debate de por qué China no había sido capaz de producir ciencia como occidente. Las conclusiones a la que todos estos historiadores llegaban era la de que “sólo el socialismo podría salvar a China” (Zhang, 1998, pp. 3-108).
En este ambiente, profundamente marxista, es cuando tomó vuelo en la historiografía china el debate sobre los “dos procesos” y “tres clímax”. Estos conceptos partían de un análisis de Mao, de los años de Yan’an, en cuanto a cuáles eran los procesos y momentos básicos del camino hacia la revolución y la modernidad de China. Según Mao los “dos procesos” incluyen: las dos Guerras del Opio, la Rebelión Celestial Taiping, la Guerra chino-japonesa, la Reforma de 1898 y el Movimiento del 4 de Mayo. Y los “tres clímax” fueron la Rebelión Taiping, el Levantamiento Bóxer y la Revolución de 1911.
Si se reflexiona sobre el trasfondo de estas teorías, su aplicación a la historiografía viene a significar la “indigenización” de la historia de China al convertir en protagonistas de la evolución histórica a los eventos endógenos representados por los clímax.
El Partido quiso primar las causas internas frente a las externas como motor del cambio de un país semi-feudal a uno semi-colonial. Aunque siempre, finalmente, culpando a las potencias extranjeras. En consecuencia, en esos estudios se produce un efecto paradójico que potencia los estudios de los elementos semi-feudales envueltos dentro de un dominio “semi-colonial” (Bai, 2008, pp. 388-725).
La historia en tiempos de “Reforma y Apertura” (1978-hoy)
Las continuidades del período 1949-1966 con el período posterior a 1978 residen en que ambos son continuación de la “Nueva Historia”, considerando que el historicismo tradicional chino no es una herramienta adecuada para el estudio histórico moderno. Y la mayor diferencia entre los dos períodos es que la cita de los clásicos del marxismo disminuye gradualmente en los estudios post-1978.
Una vez iniciado el proceso de “Reforma y Apertura” los historiadores chinos acudieron a Occidente para reformar sus teorías y herramientas. En una primera parte de este periodo los historiadores/filósofos occidentales Croce y Collingwood (Luo, 2009, p. 489). fueron tomados como referencia. Posteriormente, se amplía el rango de fuentes internacionales y se empieza a tender a la multidisciplinariedad.
El cambio más evidente en el período posterior a 1978 es la definición definitiva del período de 1840 a 1949 como “historia moderna” de China. Se rompe, así, el viejo esquema que utiliza el año 1919 para trazar la línea entre historia “Moderna” y “Contemporánea” (Niu, D., 2019).
Generalmente, los principales cambios en la actual historiografía China se podrían resumir en seis. En primer lugar, a principio de la “reforma y apertura”, bajo la influencia de la política de “centrarse en el desarrollo económico”, algunos estudiosos comenzaron a proponer nuevos argumentos sobre la “clave para el desarrollo” en la historia moderna de China. Otros sugirieron que la “modernización” debe ser tratada como el modelo de interpretación básica para reemplazar o completar la teoría de los “Clímax revolucionarios”.
En segundo lugar, con la aplicación de la “reforma y apertura” en política, la pregunta de Weber sobre el “ascenso del capitalismo” ha ido ganando importancia en la China continental. Lo que interesa de esta teoría weberiana es la relación que establece entre el ascenso del capitalismo y el protestantismo, en China tratan de establecer paralelos al analizar el ascenso de los “Cuatro Pequeños Dragones” sustituyendo el componente protestante por el confucianismo.
En tercer lugar, al comenzar el siglo XXI, una vez asumido el cambio de los conceptos de “Clímax Revolucionarios” por el concepto de “modernización” surgen en China una situación paradójica de querer sustituir este concepto de “modernización” por el de “modernidad”. La esencia de esta discusión terminológica reside en discernir si el proceso modernizador en China aún está en marcha.
En cuarto lugar, se ha producido una ampliación de los campos de investigación más allá de los “Clímax revolucionarios”. Especialmente se ha empezado a estudiar personajes y eventos históricos que fueron ignorados, o directamente prohibidos, durante la época previa a la Reforma y Apertura.
En quinto lugar, se ha procedido a la recuperación de la tradición. En los últimos cuarenta años, podemos observar de nuevo el ansia de la historiografía china por recuperar y actualizar lo más útil y positivo de su propia tradición, siguiendo la línea de aprender del pasado para mejorar el presente.
Y, por último, se ha concedido un gran protagonismo a la “historia social”. Donde se está haciendo un sitio el estudio del “aumento de las masas”. Con esto se refieren a la asunción de protagonismo histórico por parte de la sociedad urbana china y su nueva clase media. En una postura muy similar a lo que Ortega llamó “la Rebelión de las masas”. (Niu, G., 2019, pp. 492-501).
Conclusión
Haciendo un repaso general a la historiografía china desde el arranque del siglo XX, se puede seguir a Wang Xuedian (Wang, 2004) que dividió a los historiadores chinos en dos grupos desde el triunfo del marxismo: eruditos expertos en materiales de historia y en ideas de materialismo histórico. Sostuvo que la historia no puede mostrarse por sí sola y debe ser narrada por historiadores. Las actividades de los dos grupos académicos reflejaron el cambio de la investigación de la historia china en los últimos cincuenta años. Su diferencia fueron los siguientes cuatro puntos.
En primer lugar, para la relación entre la historiografía y la época, los historiadores expertos en ideas del materialismo histórico abogaron por la investigación de la historia cercana a la política, rompiendo con la conexión entre lo académico y la época, la historia y la realidad; los historiadores expertos en materiales de historia insistieron en la idea de encontrar la verdad por la verdad.
En segundo lugar, sobre la teoría y los materiales históricos, la primera enfatizó la prioridad de la teoría e incluso afirmó que los materiales históricos no significaban nada sin la guía de la teoría; estos últimos estaban llenos de entusiasmo por la evidencia, e incluso insistieron en que no escribían una palabra sin fuentes.
En tercer lugar, en la relación de lo macro y lo micro, los primeros se dedican al cambio social, los incidentes que hacen época y la sustitución de patrones sociales; los segundos pensaban que el conocimiento de una palabra antigua tenía el mismo valor que el descubrimiento de una estrella en astronomía, y siempre fascinan los detalles de la historia.
En cuarto lugar, el primer grupo hizo hincapié en la historiografía; el segundo en la textología. Desde la década de 1920 hasta la de 1930, los historiadores expertos en materiales de historia ocuparon una posición importante. Después de 1949, los historiadores expertos en las ideas del materialismo histórico dominaron la investigación de la historia china. También estaba el tercer grupo académico, que buscaba ideas como materiales.
Estas teorías han sido criticadas por otros historiadores chinos, señalando, que los analistas no marxistas de la década de 1950 no tenían un punto de vista unificado (Liu, 2004).
Lo cierto, es que la historiografía china, se ha visto fuertemente influenciada por la metodología y visión occidental, pero, como ocurre con otros conceptos, como el de Nación, Estado o socialismo, aún hoy, no encuentra un acomodo ajustado, en un modelo que se sigue considerando ajeno. El proceso de sinificación de prototipos historiográficos occidentales sigue abierto.
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Financiación
Grupo de Investigación Consolidado en Relaciones España China de la URJC (GIRECh-URJC).
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Aprobación del Comité de Ética
No se ha declarado ningún conflicto de intereses.
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Método de Evaluación
Sistema doble ciego de revisión por pares.
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Preprint
El artículo no es un preprint.
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Disponibilidad de datos de investigación y otros materiales
No se aplica.
Editado por
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Editores responsables
Rebeca Gontijo – Editora jefe
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Editores responsables
Fabio Duarte Joly - Editor ejecutivo
