Resumen
Desde las Pedagogías del Sur, hemos aprendido sobre la importancia que tiene nuestro territorio y cómo lo caminamos siendo mujeres, por ello, decidimos accionar desde la Facultad de Estudios Superiores Iztacala - UNAM, siendo el espacio que transitamos, en un cruce de localidades llenas de violencia, peligro y secuelas de la necropolítica que nos persigue. Así, convocamos al encuentro con las artes, la autodefensa feminista, el diálogo con madres víctimas de feminicidio, la interrupción voluntaria del embarazo, el bordado y los primeros auxilios; el artelugio em Psicología Comunitaria fue nuestra guía y tuvimos como resultado un entre-nosotras transdisciplinar, compartiendo saberes para la digna resistencia en la academia, pero sobre todo, fuera de ella. Concluimos que aperturar estos espacios de cuidado es necesario y debemos potencializarlos desde una postura ético-política, relacional-dialéctica y compleja, para construir un horizonte emancipatorio.
Palabras clave:
cuidados comunitários; mujeres; complejidad; transdisciplina.
Abstract
From the Pedagogies of the South, we have learned about the importance of our territory and how we, as women, navigate it. Therefore, we decided to take action from the Faculty of Higher Studies Iztacala - UNAM, the space we inhabit, at the crossroads of communities rife with violence, danger, and the lingering effects of the necropolitics that haunt us. Thus, we convened a gathering that included the arts, feminist self-defense, dialogue with mothers who are victims of femicide, voluntary termination of pregnancy, embroidery, and first aid. The contraption in the Community Psychology guided us, resulting in a transdisciplinary exchange among ourselves, sharing knowledge for dignified resistance within academia, but above all, beyond it. We concluded that opening these spaces of care is necessary, and we must empower them from an ethical-political, relational-dialectical, and complex perspective to build an emancipatory horizon.
Keywords:
community care; women; complexity; transdisciplinarity.
Resumo
A partir das Pedagogias do Sul, aprendemos sobre a importância do nosso território e como nós, mulheres, o vivenciamos. Por isso, decidimos atuar a partir da Faculdade de Estudos Superiores Iztacala - UNAM, o espaço que habitamos, na encruzilhada de comunidades marcadas pela violência, pelo perigo e pelos efeitos persistentes da necropolítica que nos assombra. Assim, organizamos um encontro que incluiu artes, autodefesa feminista, diálogo com mães vítimas de feminicídio, interrupção voluntária da gravidez, bordado e primeiros socorros. A artefato em Psicologia Comunitária nos guiou, resultando em uma troca transdisciplinar entre nós, compartilhando conhecimento para uma resistência digna dentro da academia, mas sobretudo, para além dela. Concluímos que abrir esses espaços de cuidado é necessário e que devemos fortalecê-los a partir de uma perspectiva ético-política, relacional-dialética e complexa para construir um horizonte emancipatório.
Palavras-chave:
cuidado comunitario; mulheres; complexidad; transdisciplinaridade.
Introducción
Desde hace décadas hay una preocupación constante sobre la violencia que se ejerce hacia las mujeres en todos los espacios públicos y privados, siendo la academia otro territorio en disputa por la justicia y la vida digna de quienes como mujeres, habitamos y recorremos sus caminos en la cotidianidad, ya sea como docentes, investigadoras, administrativas o como alumnas; preocupación imperante frente a la ola patriarcal que no baja ni su curso ni su fuerza, ya que, según el Instituto Igarapé, desde su plataforma EVA (Evidencias sobre Violencias y Alternativas para Mujeres y Niñas): “entre 2019 y 2023, las tasas de violencia sexual en México aumentaron un 22%, mientras que las de violencia física crecieron un 4%”, aunado a lo anterior, se suma otro dato fuerte que dicta que 2023, cada día, más de dos mujeres fueron víctimas de feminicidio, haciendo una comparación con la equivalencia de cifras hacia más de ocho aviones llenos en un año.
Las mujeres que transitamos en el espacio académico no estamos exentas de las violencias patriarcales, constantemente nos enfrentamos a diversos escenarios que nos ponen en riesgo, que atentan contra nuestra tranquilidad y disfrute de un espacio donde se hace crecer el conocimiento, donde se comparten saberes y desde el cual tendríamos que generar realidades alternativas para transformar en capilaridad hacia afuera, de manera expansiva, llevando estas reflexiones a los planos de las otras cotidianidades donde también nos enfrentamos a múltiples hechos que van marcando nuestra vida como mujeres que, constantemente estamos buscando cómo sobrevivir.
Lo anterior no es una frase cliché ni descontextualizada, ya que, en México las cifras de mujeres víctimas de feminicidio, son alarmantes, desde el Campo Algodonero, de Ciudad Juárez, Chihuahua, a la fecha, nos encontramos con un panorama preocupante, avasallante para ser una mujer que habita este territorio regido por la necropolítica en el cual intervienen ya no sólo las políticas del crimen organizado, sino sus submúltiplos que están por todos lados y que, cada vez se acercan más a nuestros contextos, donde convivimos con un poder que no es sólo el poder patriarcal y no sólo es el sistema capitalista, sino también el neoliberalismo, haciéndonos creer que, podemos ser y hacer lo que queramos, sin importar a costa de qué.
El presente artículo trae a reflexión el quehacer feminista en un espacio gobernado por estos sistemas, donde es imperante el control académico y donde a oídos sordos, ocurren múltiples violencias no sólo contra las alumnas, sino contra profesoras y administrativas. El control y el disciplinamiento no sólo están presentes dentro de las aulas, sino que están por cada pasillo y cada edificio, viven de manera silenciosa y están, además, en el lenguaje cotidiano. Es necesario, por ende, repensar las estrategias y herramientas pedagógicas con las que contamos en el espacio académico para poner frente y, de manera consecuente, alto a las agresiones que se vivencian en estos espacios.
El primer paso, por supuesto, ha sido reconocer que necesitamos encontrarnos, que necesitamos un espacio para nosotras las mujeres, un espacio separatista porque las vivencias de los hombres no son las mismas vivencias que atraviesan nuestra vida como mujeres, aunque a veces los mismos discursos académicos y no académicos, insisten en una dualidad y complementariedad del hombre-mujer como algo innato, altamente peligroso, residente de un discurso evangelizador que, en nombre de los pueblos originarios, es tergiversado para poder controlar el cuerpo-territorio de las mujeres para ponerlo al servicio de los varones, como no es novedad. Algo que avanza con el mito de la “media naranja” y que se potencializa con el mal del amor romántico, de lo que ya profundizaba Adrienne Rich, desglosado de la forma más lúcida, nombrándole “heterosexualidad obligatoria”2.
Reconocer lo anterior en encuentros y diálogo con el estudiantado no ha sido sencillo, sin embargo, ha sido gratificante poder llevar a cabo la Primera Jornada de Herramientas Alternativas frente a la violencia patriarcal, con una asistencia sorpresiva e inesperada, a la que acudieron no sólo alumnas de la licenciatura en Psicología, en la que imparto clases, sino que también se dieron cita alumnas de Biología, Enfermería y Optometría. Salir de la cotidianidad de la facultad tampoco fue sencillo, pero aquí se encuentra descrito todo el trabajo realizado en esta primera jornada, en la que además, logramos crear vínculos que permitieron realizar más actividades de manera consecuente, haciendo y ocupando un poco del lugar común que nos encuentra día con día.
Partimos de una reflexión sobre nuestro cuidado y protección: ¿cómo sobrevivir ante las múltiples violencias sexistas provenientes del sistema patriarcal? En un primer momento, como organizadora de este encuentro, pensé en que, si no nos cuidamos en el primer territorio que habitamos, se vuelve mucho más complejo pensar en más herramientas desde lo abstracto. Por ello se decidió que la primera actividad de esta jornada tenía que ser sobre la Autodefensa feminista, aprender a defendernos en cualquier espacio, tener nuevas técnicas y herramientas para nos ser agredidas ni violentadas, pensando también en la prevención.
Posterior a ello, en el artículo se encontrará una recapitulación del ¿de dónde tomar fuerza y ejemplo? Mapeamos a nuestras contactas cercanas, decidimos que, por primera vez, se invitaría a madres víctimas indirectas de feminicidio, a compartir y testimoniar sus sentipensares en torno a sus luchas diarias, desde el día uno, por la verdad y la justicia. Cuando hablamos de cartografiar desde la transdisciplina, hablamos de que, se trabaja y colabora constantemente con otras disciplinas, con otros conocimientos y saberes, saberes populares, sobre todo, recuperando las voces y narrativas de las madres que nos acompañaron en la Facultad, siendo una compañía generosa la que tuvimos durante esas horas. Hecho que, sin duda, nos permitió tomar coraje y fuerza para sumarnos de manera activa y así, encausar nuestro proceso de cuidados colectivos. Esto no hubiese podido ocurrir sin la voluntad de las compañeras madres, la señora Lidia Florencio, madre de Diana Velázquez Florencio y de María Antonia Márquez, madre de Nadia Muciño Márquez, a quienes agradecemos profundamente por compartir con todas.
Otra de las actividades que enmarcó está primera jornada fue un conversatorio, seguido del momento del testimoniar de las madres, en el que hablamos sobre la memoria colectiva y la relevancia de esta frente a una realidad que avanza y que no nos permite tomar tiempo para descansar, mucho menos para reunirnos a reprensar nuestras estrategias de cuidado que también sabemos, van de no olvidar, de recordar y enunciar a las que ya no están. Hablar de memoria desde el bordado fue otro momento importante para todas, aprendimos de Gabriela Arroyo, bordadora y activista, que dejar un material como portador pedagógico de memoria, es fundamental para la reparación del daño, pero sobre todo, para la no repetición de estos actos.
Dentro de la jornada se invitó a compañeras de Protección Civil de la facultad, (la mayoría de ellas de la carrera de Enfermería) pensando en un taller de primeros auxilios, ya que, cuando decidimos salir a marchar, sabemos que el ambiente puede tornarse más complejo y que, los grupos de choque siempre están presentes, por ello la necesidad de saber atender situaciones como la protección ante el gas pimienta, realizar un torniquete médico o incluso, algo mucho más básico como llevar lo indispensable en un botiquín. Aquí lo que no quiero dejar de nombrar es que el trabajo se realizó con mujeres para mujeres y que invitamos a otras disciplinas a construir conocimientos de manera horizontal, respetando las experiencias de todas.
Aunado al taller anterior y como es visible, pensamos en los cuidados de manera integral y rizomática, es decir, tejiendo redes y no cerrando posibilidades de colaboración, por ello, invitamos a la psicóloga Daniela Vargas, a impartir un taller sobre el acompañamiento autónomo ante la interrupción voluntaria del embarazo. He de compartir que no tenía tantas expectativas para este taller, pero es por mi lugar de enunciación como mujer lesbiana y mi poca cercanía a estas experiencias, pero más adelante encontraremos que, la asistencia fue más de la esperada y que, lo compartido abrió las puertas a generar nuevos espacios que de acuerdo a lo nombrado, son necesarios en la universidad.
Para cerrar, se realizó una última actividad a la que nombramos “Digna resistencia: encuentro de mujeres”, fue un momento crucial, ya que realizamos una compartencia de alimentos, afianzamos los lazos de confianza, pudimos liberar las tensiones de todo lo trabajado durante las sesiones anteriores, ya con el cuerpo más relajado, entre risas, anécdotas y datos más personales que cada una compartió. Aunque siempre se piensa en las metodologías cerradas, desde la mirada compleja y transdisciplinar, apelamos a la flexibilidad, a no pensar en estos encuentros como espacios de control y disciplina, en donde hay que comprobar variables o levantar datos estadísticos, sino que, con total apertura, recuperamos los procesos intersubjetivos que se van hilando en el desarrollo del trabajo y así fue como ocurrió, como sistema abierto en construcción.
Profundizando en los procesos metodológicos, no está demás decir que desde la Psicología tradicional o positivista, el método ha sido un método reduccionista, simplificador de la realidad y sobre todo, alejado del sentido psicosocial que desde nuestra mirada se busca llevar a cabo. Hago la aclaración de que de pronto se habla en plural porque se ha constituido una comunidad de (des)aprendizaje con las alumnas y compañeras administrativas después de la primera jornada, y lo construido no es sólo a partir de mis propias reflexiones, sino de todo lo que en conjunto hicimos posible.
Ante lo que escribo, entonces, quiero decir también que pensé en esta jornada a raíz de conversaciones y ejercicios realizados dentro del espacio áulico, cuando imparto clases de Teoría o de Metodología desde la Psicología Comunitaria, que también es mi lugar de enunciación y donde me encuentro. No sin dejar de lado mi interés constante por la construcción de pedagogías emancipatorias que atiendan las necesidades de las comunidades vulneradas con las que, desde algunos años, he tenido la fortuna de poder colaborar y con las que me he implicado éticopolíticamente.
Pensar en las mujeres es pensar en mí misma y viceversa, en el espacio áulico he compartido mis propias vivencias, momentos en que he estado en riesgo o en los que, me han violentado, esto no para generar miedo o terror, sino justamente para repensar nuestro accionar de manera colectiva, porque ninguna está exenta de sufrir alguna violencia. Fue así como se fueron planteando las sesiones, principalmente con dos alumnas: Ximena Oliva Marín y Anahí Macías Gamboa, a quienes agradezco por su amplia disposición y entrega en cada jornada; con quienes me senté con una hoja, en uno de los kioscos de la facultad, a escribir las ideas que iban surgiendo. Trazar la ruta con ellas me permitió tener más claridad, también, de las necesidades de las alumnas, quienes cuentan con un saber enriquecedor al momento de pensar en acciones para la comunidad de estudiantas, rompiendo con la línea de la jerarquía y el poder, nos depusimos a colaborar de manera horizontal, pensando en el vínculo que se ha logrado entre las tres.
Del común a la comunidad entre mujeres complejas
Las reflexiones que anteceden a este trabajo, son reflexiones cotidianas que parecieran estar encarnadas en el sentido común, algo que se ha trabajado hace al menos cinco décadas, es decir, no es una novedad; lo novedoso radica en que, la realidad es cambiante, azarosa, como la mirada compleja que nos compartió Morin (1990). Es por ello que desde la Psicología Comunitaria pensamos en hacer comunidad, aunque suena sencillo, se complejiza en el espacio académico, se vuelve casi imposible al enfrentarnos a los tiempos de la producción constante y, por ende, nos aleja de esa utopía que, al mismo tiempo, nos hace soñar con que sí será posible.No está demás decir que los sistemas que, enfurecidamente nos oprimen, son cercanísmos a cumplir cada uno de sus objetivos, anudados como si nada ni nadie pudiese romperlos. Nos alejan de la comunidad, nos hacen pensar en eso que Freire (1973) nos advirtió sobre convertirnos, -lxs oprimidxsen orpresorxs. Sumando nuestra energía a estos caminos que parece, ya están trazados. Sin embargo, en este trabajo se apunta a romper con esa creencia, agrietar como Holloway (2011) nos ha enseñado en sus diversos textos llenos de indisciplinamiento y de ruptura para con lo que se espera de la era moderna: hacer crecer el individualismo.
Por otro lado, en “Un mundo común”, Marina Garcés (2013), nos invita a repensar la construcción de comunidad desde el -común-, que aunque suena redundante, se vuelve imperioso, diez años después de la escritura de ese libro, que sigamos en el cuestionamiento del proyecto de modernidad que intenta mantenernos en lejanía hacia las otras. Que intenta encerrarnos en las redes sociales, en las compras compulsivas y en la producción sin descanso. Garcés nos dice que:
El largo proceso histórico según el cual el individualismo ha llegado a ser «la configuración ideológica moderna», culmina en el diseño de un mundo sin otro horizonte que la propia experiencia privada. Es un mundo sin dimensión común, que sólo se nos aparece desde nuestros universos fragmentados, puestos en régimen de coaislamiento, y como superficie de nuestras relaciones de intercambio (2013, p. 24).
Y no es una aseveración fortuita, sino que se empalma de la mejor manera con lo que en este trabajo se pretende visualizar: el mapeo constante de los riesgos que corremos por ser mujeres, que se incrementan día con día sin detenernos a repensar estrategias alternativas desde las que podamos construir un horizonte emancipatorio de manera colectiva, dejando de lado el pensamiento individualista o, lo que llamo accionar tardíamente, si algo nos ocurre, o a una de nuestras compañeras. Lo anterior es indispensable para que dentro de la academia, agrietemos, agrietemos hasta que se rompa el muro patriarcal que académicos, administrativos y alumnos varones, han levantado y mantienen en altura, sin cuestionar sus prácticas, pero también el afuera de la institución, es decir, en toda la esfera meso y macrosocial.
Desde luego que el presente artículo no se enfoca en retomar estos hechos sobre los varones, sino más bien, en los procesos subjetivos de las mujeres que realizamos la Primera Jornada de Herramientas Alternativas frente a la violencia patriarcal, que como ya se mencionó, se pensó y construyó con la colaboración de diversas disciplinas y diversos saberes, apelando al encuentro entre nosotras, para construir una comunidad de aprendizaje, pero sobre todo, de cuidados desde la mutualidad, la escucha activa y la solidaridad.
Apelamos al intercambio de saberes desde la horizontalidad, ya que dentro del pensamiento complejo se exige un enfoque transdisciplinario, en tanto se trascienden las barreras entre las diferentes disciplinas para abordar los fenómenos desde múltiples ángulos y perspectivas. De la Herrán (2011), sostiene que este enfoque promueve una conexión entre saberes científicos, humanistas, artísticos y experienciales, así la complejidad no anula las disciplinas, sino que las articula y las pone en diálogo.
Por ello también trabajos desde la Psicología Comunitaria, esta rama de la psicología que surge desde una ruptura onto-epistemológica con la psicología tradicional, que es una psicología positivista, reduccionista y que, hasta el día de hoy, sus vestigios mantienen una mirada ya sea únicamente de laboratorio o de consultorio clínico. La Psicología Comunitaria, desde su precursora, Maritza Montero, cuestiona fuertemente qué es lo que esta disciplina está haciendo con las y los de abajo, cómo estamos acompañándolas/os, hacia dónde caminan sus propuestas y apuestas, con qué otras disciplinas estaremos trabajando, y nos pregunta ¿cómo debemos lidiar con estas problemáticas psicosociales?
En América latina la psicología comunitaria nace a partir de la disconformidad con una psicología social que se situaba, predominantemente, bajo el signo del individualismo y que practicaba con riguroso cuidado la fragmentación, pero que no daba respuesta a los problemas sociales (…) Es también una psicología que mira críticamente, desde sus inicios, las experiencias y prácticas psicológicas y el mundo en que surge y con cuyas circunstancias debe lidiar (Montero, 2004, p. 19).
Es entonces donde encontramos en la construcción de una rama de la psicología que, hace apenas 60 años, arrancó con fuerza el trabajo colaborativo con pueblos indígenas, con campesinas/os, con obreras/os, con mujeres víctimas de la violencia machista, con población que se identifica como lesbiana, gay, travesti, transgénero, transexual, con población que habita las calles, con migrantes, con mineras/os, con defensorxs medioambientales, entre otras poblaciones vulneradas y marginadas. En este mismo contexto histórico está enmarcado este trabajo que, reconoce que aún falta mucho por hacer, no sólo desde la psicología comunitaria, sino desde las pedagogías feministas y, sobre todo, desde la educación que tendría que apuntar a la liberación de estas opresiones. El contexto es claro, aunque el horizonte sea difuso, sabemos que queremos transformar la realidad:
Esta tendencia responde a un movimiento de las ciencias sociales y humanas que, en América latina, a fines de los años cincuenta, había comenzado a producir una sociología comprometida, militante, dirigida fundamentalmente a los oprimidos, a los menesterosos, en sociedades donde la desigualdad, en lugar de desaparecer en virtud del desarrollo, se hacía cada vez más extrema (Montero, 2004, p. 19).
Construir comunidad o trabajar con ese sueño, nos hace repensar en el mismo concepto de lo comunitario, para pensar en cuidados, necesitamos pensar en cómo vamos a cuidarnos, pero sobre todo, cómo vamos a escucharnos las unas a las otras y qué haremos en ese sostenernos. Tovar (2000), afirma que se retoma la comunidad no como un terreno para investigar, sino que en realidad es un elemento consustancial a la construcción de una forma de subjetividad social, y que además, esta comunidad, se constituye en su objeto de estudio particular, es decir, en el espacio de praxis, donde se va accionando, se construye la comunidad y este proceso no es un proceso simple.
Al realizar este trabajo en la facultad, teníamos que repensar nuestra comunidad, qué es lo que nos ha dolido, cómo nos hemos sentido con algunas movilizaciones realizadas, pero también, cómo nos implicaríamos cuando se nos convocaba a las actividades por más compañeras o actividades de la misma jornada. Decía en la introducción sobre un sistema abierto, en constante pluriconstrucción porque las voces de todas estarían ahí presentes, debiéndonos pensar como sujetas activas y no como sujetas sujetadas de la actividad psicológica, para ser vistas entonces, como agentes sociales constructoras de nuestra realidad Montero, 1982, 1984a) en (Montero, 2004, p. 20).
Aunado a lo anterior, también pudimos pensar en el común, en el gestar ese espacio donde la otra era igual de importante que yo, pero que además, estaba atravesando múltiples duelos y procesos ante la violencia sexista. Eso nos hacía ya encontrarnos, espejearnos, para romper ese nodo sin densidad que sólo puede vivir su vida y autoconsumir sus propias experiencias en un mundo que no comparte con nadie, en el que no quiere rozarse nadie con nadie (Garcés, 2013), dejar de pasar de largo, para entonces ser sujetas solidarias en un territorio en el que no hay lugar para nosotras, sino que tenemos que construirlo, arrebatarlo, tomarlo, como ha sido nuestra historia misma:
¿Cómo construir una sociedad a partir de las voluntades individuales? ¿Qué tenemos en común? Son las preguntas con las que en torno al siglo XVII va tomando forma expresa y reconocible nuestro mundo actual. Son preguntas que parten de una abstracción: la primacía del individuo, como unidad desgajada de su vida en común. (Garcés, 2013, p. 29).
No somos sujetas desgajadas, somos esa efervescencia que transforma y transgrede el orden de lo universal, indisciplinadas que se encuentran casi de manera clandestina y nombran cuándo han sentido que su vida corre peligro, cuándo han sentido que iban a morir o que, las iban a matar… Eso nos hacía entrar en común. El dar-nos cuenta desde la hospitalidad de la escucha, que afuera no todo está bien, pero que a pesar de ello, en esos momentos, estábamos juntas. Que como dice Holloway (2011) comenzábamos con la ruptura del no, con el rechazo: el no vamos a tener hijos por obligación, el no vamos a casarnos con ustedes, el no vamos a complacer sus deseos, el no vamos a dejar que a las niñas y adolescentes les pase lo que nos pasó a nosotras.
Pero no sólo era el no, no era ni es el rechazo en abstracto ni en soledad, porque lo acompañamos de alternativas, alternativas dignas y esas acciones que llevamos a cabo, eran nuestras respuestas; el mantener nuestra comunidad es nuestra respuesta devenida del rechazo del orden patriarcal, el rechazo no como cierre, sino como apertura a una actividad diferente, el umbral a un contra mundo con una lógica diferente y un lenguaje diferente (Holloway, 2011).
Aunado a lo anterior, teníamos claro que, la emancipación se construye, que podemos encontrar contradicciones pero que, sin embargo, se construye paso a paso, que la inmediatez es lo que nos ha provocado tropiezos y que, aunque las olas feministas se han transformado, está justo ahí la respuesta: es posible. Es posible que ahora las mujeres podamos ir a la universidad, que las mujeres seamos profesoras, que las mujeres podamos hacer investigación sin esperar el cuarto propio, como Anzaldúa (1980) nos invita. Sino pensar en nuestra comunidad propia, en donde intercambiamos aprendizajes: en la fiesta, en la cocina, en el transporte; bordando, haciendo autodefensa feminista, marchando.
He insistido en la transdisciplina porque es ese hueco de luz que nos permite dejar de pensar en la profesionalización y en que, sólo aquí, en la academia, se producen saberes, o que los encontramos en los libros, artículos, revistas indexadas, o peor aún, en los congresos. El conocimiento se construye de manera infinita. En todos los espacios que compartimos entre mujeres se hace presente la transdisciplina, el conocimiento transgeneracional, ginealógico. Y como es necesario, rompemos, tomamos la iniciativa, negamos, “pero a partir de nuestra negación crece una creación, un otro hacer: una actividad que no está determinada por el dinero, una actividad que no está configurada por las reglas del poder” (Holloway, 2011, p. 3).
Por ejemplo, De la Herrán (2011) nos habla acerca de que la transdisciplinariedad es coherente con la complejidad intrínseca del conocimiento ya que se promueve una lógica integradora, crítica y ética del saber. Lo anterior además es parte intrísenca de nuestra formación como psicólogas, el proponer y estar dispuestas a generar cambios de manera crítica y ética-radical. Es una de las características que, de acuerdo con Montero (2004) deberíamos tener como psicólogas comunitarias y que nuestro rol se definió no como el de ser expertas ni dueñas del saber, sino que somos alguien que posee un saber y que eso nos permitirá actuar, desde la:
Sensibilidad social y sentido de justicia social, la modestia (…) Lo humano no tiene límites, puesto que es parte de la naturaleza y todos sus aspectos merecen ser objeto de estudio y de oficio. Por lo tanto, estar abiertos a la sorpresa, a la disidencia, a la contradicción, a la corrección y a la duda (p. 85).
Entendemos pues que para construir comunidad desde una jornada, hay que tener en cuenta que una comunidad es dinámica, histórica y culturalmente constituida, como Montero (1998) lo enuncia, pero algo sumamente relevante, es decir que dicha comunidad preexiste a la presencia de los investigadores o de los interventores sociales, por ende, este artículo no pretende afirmar que con la jornada se creo totalmente la comunidad, sino que ésta ya existía, estaba presente en la ambigüedad y en el común cotidiano, antes de que yo sistematizara todo lo ocurrido.
Que esta comunidad sigue siendo dinámica y así será, como la realidad misma, cambiante.
Aunado a lo anterior, hay que tener presente que las nociones teóricas también se transforman, ya que “nos dibujan una realidad cambiante, abierta, heterogénea, azarosa, controversial reticular y con altos grados de indeterminación” (Espina, 2007, p. 30) y que como comunidad de mujeres que piensan en los cuidados, abrazaos esa indeterminación a sabiendas que, habrá obstáculos que nos impidan encontrarnos en un futuro, que nos apaciguarán las ganas de volver a reír y compartir cómo nos va en la vida. Pero que, sin embargo, es de ahí, desde esa aseveración que también es una apuesta de vida, nos inscribimos en el pensamiento complejo, entendiendo todas las aristas y la multicriterialidad que atraviesa nuestros procesos.
De acuerdo a lo expuesto por Morin (1990) la complejidad es un tejido de eventos, acciones, azares, determinaciones e instrucciones que constituyen los múltiples fenómenos, acompañada por el caos y la incertidumbre; planteando así el autor, una realidad inacabada y en movimiento que nos exige siempre una nueva forma de pensar y de actuar. Por ello es importante reconocernos en esto incierto, en lo no dado por hecho, sino en todo aquello que se puede seguir construyendo, a sabiendas de que no tenemos la verdad absoluta, ni todas las respuestas. Eso sin duda, nos haría entrar en problemas, el punto es tener más puntos, abiertos, con disposición, encontrarnos y relacionarnos dialógicamente.
Hemos intentado dejar de lado la mirada biomédica, cientificista, simplificadora y dicotómica/dual que nos ha presentado el pensamiento teórico (Zemelman, 2021), ya que apostamos por esa conciencia de la complejidad a la que Morin (1990) nos invita constantemente. Para hacernos comprender que no podremos escapar jamás a la incertidumbre y que jamás podremos tener un saber total, que en sí, la totalidad es la no verdad, es aquello de lo que, mientras más nos acercamos, más lejanas estamos de comprender y este artículo da cuenta de ello, con un rizoma conceptual en el que seguro se me escaparán conceptos clave pero que, sin duda, estará siempre abierto para seguir dialogando en colectivo.
Feminismos de a pie: emancipación mujérica3
A casi todos nosotros nos han criado nuestras madres o mujeres que, por amor, necesidad o dinero, ocuparon el lugar de nuestras madres biológicas. Las mujeres, a través de la historia, han colaborado entre sí en el nacimiento y en la crianza de los niños. La mayoría han sido madres en el sentido de la práctica de la ternura y de la preocupación por los jóvenes, ya sea como hermanas, tías, enfermeras, maestras, madres adoptivas o madrastras (Rich, 2019, p. 56).
Cuando alguien dice -Psicologíainmediatamente pienso en lo que sigue de ello, un tornado de aseveraciones que devienen de esa palabra, algo ya formulado en el sentipienso de las personas: el asegurar que la psicología es ir a un consultorio, durante una hora a que alguien te escuche, que la psicóloga te va a “regañar”, que va a “descubrir” los malos pasos4. O el cliché mismo de la disciplina: es para locxs. Y quizá las locas en este trabajo somos nostras, como dice Holloway (2011), eso es lo más inquietante “quizá no haya salida, quizá las grietas que vemos existan sólo en nuestra fantasía. La vieja certeza revolucionaria ya no puede resistir. No hay absolutamente garantía alguna de un final feliz (p. 9).
Y es que la psicología no es solo el consultorio ni hacer trabajo en Recursos Humanos, la psicología va más allá de eso, va del encuentro, de la red solidaria, del sostenernos y acompañarnos desde la compasión, la ternura radical y la disposición; pero también de la creatividad, en conjunto con las pedagogías alternativas, con la mirada feminista, con las artes, sobre todo, con las artes, que es otro de mis lugares de enunciación, porque escribo, no por lujo, como dice la gran negra Audre Lorde (1978), sino por necesidad. La psicología va del cuidado, de los cuidados y de la mutualidad, de la hospitalidad de brindar un acompañamiento con posturas ética-políticamente claras.
El cuidado colectivo, el cuidado entre mujeres, da cuenta del apoyo mutuo y la reciprocidad por medio del compartir en espacios transdisciplinares, y el autocuidado, por su parte, apunta a promover la toma de conciencia feminista (hooks, 2017). Aquí es donde radica la mayor conexión y sentido de este trabajo, ¿cómo hacer una comunidad de cuidados entre mujeres, desde una mirada compleja, transdisciplinar y con una postura feminista? Claro que no hay una respuesta ante esto, ni es este trabajo un manual de ello, sino un guiño de todo lo que se puede lograr sin que se institucionalice un sueño, un movimiento, un gesto de rebeldía. Los vínculos que he encontrado han sido, claro, desde la lectura de otras mujeres que han ayudado a aligerar los procesos metodológicos, para soltar el control, para abrazar la ambigüedad y sobre todo, para amar el proceso más allá de esperar los resultados perfectos. Aquí el objetivo principal, como ya se encuadró, ha sido el encuentro para pensar horizontes emancipatorios.
Es entonces donde se abre paso a la luz, lucidez y claridad (aunque suene a pleonasmo o redundancia) de las voces de nuestras grandes maestras: Lagarde, Anzaldúa, Lorde, hooks, Pisano, entre otras, para no olvidar quiénes fueron las que empalabraron eso que nos nació entre el fuego del pecho y que hicieron la hoguera más cálida; las autoras que nos acompañan dentro y fuera del espacio académico, quienes saben mejor que nadie que el territorio que habitamos es, un principio, el cuerpo propio. Sentimos, creamos y pensamos los espacios de cuidado desde ahí: nuestra existencia como mujeres.
A las mujeres se nos controla amarrándonos a nuestros cuerpos. En uno de sus primeros y ya clásicos ensayos, Susan Griffin señalaba que «la violación es una de las formas de terrorismo, porque a sus víctimas se las elige indiscriminadamente, pero los difusores de la supremacía masculina transmiten que son las mujeres quienes provocan la violación al dejar de ser castas o al estar en el lugar inconveniente a horas inconvenientes...; en síntesis, comportándose como si fueran libres... El miedo a la violación mantiene a las mujeres lejos de las calles durante la noche. Mantiene a las mujeres en el hogar, pasivas y modestas por temor a que se las pueda sospechar provocativas» (Rich, 2019, p. 58).
Cuando alguien nos ataca simbólica, verbal o físicamente, lo que se bloquea es nuestro territorio de defensa, esto desde el terrorismo patriarcal. Lo diche Rich (2019) de manera contundente, lo que el patriarcado hace es acecharnos, conmocionarnos y evitar que reaccionemos a sus ataques feminicidas. Nos provoca miedo y el miedo, como sabemos, paraliza. Mientras escribo esto, pienso en el libro de Italy Dessire Ciani, la abogada que logró la primera sentencia por feminicidio en México, una vez que fue tipificado gracias al trabajo de la gran doctora Marcela Lagarde. El libro de Ciani (2014) se llama “Si te callas te mueres. La violencia contra las mujeres en México”, y relata ahí, parte de su experiencia acompañando juicios por feminicidio, por ejemplo, el primero que acompañó que fue para tener justicia para María Luisa, mujer joven que fue asesinada por su pareja sentimental; una historia que conocí desde la voz de Italy en un seminario de Psicología Forense, allá por 2018, en la Ciudad de México.
No quisiera continuar sin antes compartir la definición de “feminicidio”, palabra que fue acuñada por Marcela Lagarde:
El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres. En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra niñas y mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, -en ocasiones violadores-, y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas (2008, pp. 215-216).
Agrega además Lagarde (2008) que, para que se dé el feminicidio, concurren de manera criminal, el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión parcial o total de autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Su ceguera de género o sus prejuicios sexistas y misóginos sobre las mujeres. Es por ello que es indispensable acompañar desde el cuidado a quienes enfrentan violencia feminicida, a quienes está viviendo o han vivido una experiencia de trauma frente a un feminicidio. Pienso en que las brechas que se han abierto en México para transitar a la justicia han sido cortas, delgadas, y que, sin embargo, se han logrado por grandes mujeres que, desafortunadamente, han perdido a sus hijas, a sus hermanas, a sus amigas.
En mi mente aparece Marisela Escobedo, aparece por supuesto Ingrid Escamilla, pienso en Miriam Rodríguez Martínez, en la periodista Miroslava Breach, tantas mujeres que nos han enseñado tanto sin siquiera cruzar una palabra, como Araceli Osorio, Irinea Buendía, Norma Andrade, Ana Enamorado… Si hiciera una lista, no terminaría de enunciar sus nombres. Tantas y tantas mujeres que han conformado mi ser sujeta activa dentro de las diferentes luchas que cada una tiene y que son clave para estas acciones que dentro de la facultad hemos realizado y que, como dice Rich (2019) estamos cada vez más convencidas de que sólo el deseo de compartir una experiencia privada, y muchas veces dolorosa, puede capacitar a las mujeres para crear una descripción colectiva del mundo que será verdaderamente nuestro.
No es lo mejor, ni algo que nos cause orgullo, saber el contexto de nuestro país, el contexto Latinoamericano. Abría yo mi introducción contando sobre mis miedos, sobre Sirena Mar y como el continuum lésbico (Rich, 1980) nos hace volver, como ciclo, al punto de un trabajo que nos lleva a pensar cómo sobrevivir a las múltiples violencias que se ejercen en nuestra contra, cuando a veces desde la academia, sólo se teje conocimiento que se quedará entre pares, o en los congresos, en las revistas, y de ahí no saldrá a las comunidades, a las poblaciones, a las realidades.
La importancia de encuadrar este trabajo desde los feminismos del sur, también es decir que las mujeres lo estamos logrando, que esta jornada es muestra de ello, que podemos hacer trascender nuestros vínculos como profesoras-alumnas y que, la comunidad de cuidados está presente, de manera real, dentro y fuera de las aulas. Que nos acompañamos y sostenemos hasta lo posible de cada una, con nuestras tensiones, disensos y contradicciones, pienso en la declaración que hace Gaviola sobre Pisano, sobre su amistad y sus aprendizajes, algo que refleja esto que voy narrando:
Pero fue con Margarita Pisano que comprendí que el feminismo nos convocaba a las mujeres a nuevas formas de pensamiento que requerían con urgencia salir de las lógicas tradicionales y perfilarse en gestos y palabras de ser y existir como mujer en el mundo (…) en un contexto de agudización del patriarcado como fueron las dictaduras militares que asolaron nuestro continente y las democracias tuteladas que les siguieron, los “agudos del patriarcado” como los definió Margarita (Gaviola, 2018, p. 8)
Y no paro de sentipensar en las comunidades que han creado nuestras otras maestras de lucha: las madres buscadoras, desde Las Rastreadoras del Fuerte, hasta los múltiples colectivos de búsqueda de Veracruz, Guanajuato, Guadalajara, Estado de México. Pienso en sus caminos, sus pasos, sus brazos y sus fuerzas para no rendirse, en su querer salir de las lógicas de la necropolítica. Pienso cómo sumar esfuerzos y qué hacer para transformar eso tan doloroso que se vive y cómo no naturalizar las cifras, las listas, la estadística. Pero como dice la misma Gaviola (2018) todas las relaciones están significadas por el poder y el dominio, así que construir respeto y horizontalidad implica un esfuerzo cotidiano de desconstrucción:
Soy una convencida que para hacerlo es necesario tener proyectos comunes, pensar juntas y un profundo reconocimiento a la otra, a sus saberes y autorías, para poder lograr el aprendizaje recíproco. Pero también partir de un entramado de ideas comunes, un análisis crítico y compartido de la realidad y de la experiencia histórica de las mujeres, capaces de fluir y trascender en el acto que va de lo personal hasta lo político (Gaviola, 2018, p. 13).
Pero es posible, es posible construir ese otro mundo para nosotras, es por ello que creemos en las pedagogías feministas, en la psicología comunitaria, en las relaciones complejas que estamos disputando constantemente frente a la heterosexualidad obligatoria, frente a las narrativas misóginas y machistas. Es posible tener nuestras herramientas, nuestros espacios alternativos, nuestro lenguaje. Así como nos enuncia Korol, haciendo eso que somos:
Feministas compañeras. Las que nos llamamos cuando no sabemos cómo seguir andando con las heridas abiertas. Las que nos acompañamos cuando no sabemos cómo hacer la denuncia en comisarías donde lxs canas se ríen de nosotras, en juzgados indiferentes, en medios de comunicación que nos invisibilizan o estigmatizan. Feministas compañeras… Interpelando a los violentos que están en nuestros trabajos, universidades, movimientos, aunque se presenten en el mundo como los mismísimos hombres nuevos (Korol, 2015, p. 34).
Porque como escribió Anzaldúa: Estamos cansadas de ser tus corderos sacrificatorios y tus chivos expiatorios (1980, p.280). Estamos cansadas de caminar con miedo, con cansancio, entre alertas, viendo nuestros teléfonos, tomando fotografías a las placas de los autos, corriendo más rápido, más rápido; defendiendo nuestros argumentos, cuidado que nuestros trabajos no sean plagiados por hombres, dando explicaciones a los hombres, cuidando nuestra vestimenta de los hombres, contando las copas que tomamos, los espacios donde bailamos, porque sí, quizá no todos los hombres (quizá) pero siempre, siempre, un hombre. Estamos cansadas. Estamos hartas de este mundo construido por y para ellos.
Es de suma importancia reconocer lo anterior, el cansancio, el hartazgo, no andar con la verdad ciega que apacigua nuestras ganas de tirar el patriarcado, de irrumpir su comodidad con ruido, de subvertir su orden. Es fundamental que reconozcamos que podemos salir de esa niebla, que queremos salir de ella y que, podemos trazar nuevos caminos, espacios seguros, cuidándonos. Recordando que: “La calidad de la luz con la que observamos nuestras vidas tiene un efecto directo sobre la manera en que vivimos y sobre los cambios que pretendemos lograr con nuestro vivir” (Lorde, 2003, p. 13). Y así a través de esta luz será como construiremos ese mundo mágico, así lo haremos realidad.
Alternativas pedagógico-relacionales frente a la violencia patriarcal
El acto poético, he de decir, ocurre en el encuentro y en el encuentro, creamos acontecimiento. Esta primera Jornada ha sido un libro lleno de acontecimientos, un suceso que ha generado también memoria colectiva, sentipensares colectivos revolucionarios, de cambio, de entusiasmo, de esperanza, de un mundo común.construir un mundo nuevo, como dice la canción:
El que llevamos en nuestros corazones / Un mundo de personas libres de toda opresión / Un mundo en dónde solo quede el recuerdo del poder captor / Que nos agarra por detrás y nos coloca tantas, tantas cadenas / Un mundo nuevo, porque en este ya no puedo más / Un mundo en que el sonido de tu risa explote para extenderse / Como la pólvora… La Otra, 2011.
Pensar en estas estrategias de nosotras para nosotras, nos dio cuenta de que hay mucho por repensar, por plantear, por seguir construyendo. Pero también fue incisiva la necesidad de dialogo, un dialogo desde las experiencias de cada una, una necesidad del contar-nos tanto, como si nos acabáramos de conocer (que para muchas fue así). Encuentros llenos de calma, de emoción y de posibilidad; pensar la psicología como la estábamos ha(s)iendo, nos dejó entrever que era mágica esa nueva mirada (nueva para muchas), de esa nueva existencia en donde podíamos nombrar sin ser señaladas, siempre con el pensamiento crítico de frente, ya que como menciona Garcés (2013), la violencia del mundo global actual no parece prometer nada bueno. Vivimos el nosotros bajo el signo de la catástrofe (p. 49), pero ante esa catástrofe, hay posibilidad de nueva creación, de nueva existencia, si nuestro trabajo se extiende, como la pólvora.
Hacer una clase de autodenfensa feminista fue una protesta, una protesta de seguridad; hacer un conversatorio con compañeras madres víctimas indirectas de feminicidio, fue una protesta, para hacer ver que no estamos colaborando ni implicándonos lo suficiente, ni visibilizando lo suficiente, ni previniendo lo suficiente; hacer un taller de acompañamiento autónomo frente a la interrupción voluntaria del embrazo, también ha sido protestar frente a las carencias en la educación sexual, una protesta ante las violencias cuando a las adolescentes y jóvenes se les exige ser madres y se les señala cuando deciden lo contrario.
Así mismo, pensar en los primeros auxilios fue protestar contra la falta de seguridad en una movilización, contra los grupos de choque, protestar a favor de nuestras formas de protesta, una protesta de cuidado; bordar y compartir alimentos también fue una protesta, protestamos contra la producción capitalista, contra la falsa idea de competencia y rivalidad entre mujeres, protestamos contra el olvido y sumamos más protestas:
Protestamos, por supuesto, protestamos. Protestamos contra la guerra, contra el creciente uso de la tortura en el mundo, contra la transformación de toda vida en una mercancía para ser comprada y vendida. Protestamos contra el tratamiento inhumano a los inmigrantes, contra la destrucción del mundo en aras de las ganancias (Holloway, 2011, p. 3).
La psicología comunitaria, con una mirada compleja y transdisciplinar es todo lo anterior, una suma de saberes, un intercambio epistémico y descolocador en donde podemos innovar, crear, proponer, siempre pensando en las necesidades de la comunidad. Nosotras pensamos en nuestras necesidades como comunidad de mujeres, en los cuidados que necesitábamos, que necesitamos potencializar, como las redes solidarias, como la compartencia, dentro y fuera de la academia.
Politizar nuestras disciplinas en nuestros territorios ha sido parte de la apuesta frente a la violencia patriarcal, decir no, negarnos a la secuencia voraz del machismo, ponerle frente, reunirnos es, sin duda, político. Hacerlo desde nuestros territorios: desde Naucalpa, Ecatepec, Nicolás Romero, Cuautitlán Izcalli, Coacalco, Tlalnepantla, Atizapán y más zonas del Estado de México, has ido politizar también nuestros caminos, los espacios donde hacemos resistencia cotidiana, donde luchamos por nuestra vida, donde muchas nos hemos cuidado y lo seguiremos haciendo. Ya que, como dice Guerrero (2015), el Territorio se recrea con la emergencia del Nosotras5: el territorio surge cuando se le defiende colectivamente. El territorio establece la primacía ontológica del espacio sobre el tiempo y delimita la topología mental de la comunalidad.
Metodología
Construimos una metodología abierta, flexible, dentro de esta Jornada nos se pensó previamente en la sistematización de la misma, el ejercicio nació en la praxis, en campo, en la acción misma de llevar a cabo este primer encuentro, eso sí, con miras a ser el primero de muchos. Por ello la apertura en esta apuesta, por ello no nos cerramos a esperar a cumplir objetivos sino que, de lo contrario, de lo que se tomó nota fue del proceso, de lo testimoniado y de lo compartido. Lo anterior apelando a lo que Espina nos dice:
La metodología me parece más bien una sugerencia de instrumentos para pensar la realidad desde problemas relevantes y construir el procedimiento, o con junto de procedimientos que conducen a su comprensión dinámica y su solución, histórica, social y culturalmente con textualizada, en su doble carácter de filosofía del método y observación sistemática de los métodos (Espina, 2007, p. 30)
Como alternativa disruptiva, también emapalabramos nuestra historia, nuestro contexto, rompiendo con el monopolio de la palabra (Freire, 1973). Quisimos construir nuestra propia mirada de lo vivido. Lo anterior, ante la deuda histórica que las ciencias sociales y de la educación tienen hacia diversos colectivos desfavorecidos de la humanidad (inmigrantes, mujeres, pobres, niños, personas con discapacidad, etc.) vemos la necesidad de crear instrumentos conceptuales y metodológicos que hagan visible la complejidad y diversidad de las situaciones actuales de desigualdad, que se encubren bajo el discurso hegemónico (Habegger, S. y Mancila, I, 2006, p. 1).
Esos instrumentos, o herramientas conceptuales y metodológicas, están presentes en este ejercicio de transformación comunitaria. Están presentes y se siguen reconfigurando. La convocatoria a esta actividad se realizó a través de carteles impresos y digitales, creados por Montserrat Reyes, quien colaboró en la parte de difusión social de la jornada. También se subió al Programa de Superación Académica Permanente (PROSAP) de la FESI, para que las asistentes y colaboradoras tuvieran una constancia que acreditara su participación.
Los carteles se difundieron dos semanas antes de dar comienzo a las actividades; además de subirlo a los grupos de Facebook en donde están las alumnas de la Facultad, fueron enviados vía WhatsApp en grupos que tenemos las profesoras, y amigas de amigas los fueron compartiendo. No está demás agregar que, la convocatoria fue sólo para mujeres, es decir, para estar en espacios separatistas y que, aunque parece obvio, la difusión es fundamental para que el alance sea el deseado.
Construimos ideas de la metodología en las instalaciones de la FESI: Ximena Oliva y Anahí Macías, de quienes ya se hizo mención. En realidad, la colaboración fue muy amplia, porque también, como se ha mencionado y se irá comentando, tuvimos a diversas invitadas sin las que no se hubiese logrado esta Jornada. La estructura, los objetivos y la organización del cronograma se realizó a lo largo de una semana, con diversos ajustes de días, horarios y actividades. Resultando el orden de acuerdo a los tiempos de las invitadas y de los espacios de la Facultad, ya que, las actividades se realizaron en las canchas (taller de autodefensa feminista), en la duela deportiva (taller de primeros auxilios), en la Unidad de Seminarios (conversatorio con madres víctimas indirectas de feminicidio, bordado y taller de acompañamiento autónomo frente a la IVE).
Para todo lo anterior se realizaron las gestiones correspondientes con la jefatura de carrera, la Unidad de Seminarios y la Unidad Deportiva. Cabe destacar que el conversatorio con las compañeras madres tenía como sede principal el Aula Magna (un recinto mucho más amplio), sin embargo, no se consiguió el espacio por ocupación.
A las colaboradoras se les contacto por diversos medios: vía telefónica, vía WhatsApp y vía Facebook. Se les hizo la invitación y fue así como logramos cuadrar nuestros encuentros y poniéndonos de acuerdo para sus llegadas, ya que la mayoría desconocía la ubicación de la sede y cómo llegar. Al ser una Jornada autogestiva, no contamos con un pago por los talleres brindados, sin embargo, sí se les brindó una aportación resultada de la cooperación de las organizadoras, tanto a las talleristas como a las madres que nos acompañaron.
Cabe destacar que no fue una Jornada con protocolos académicos, sino que fue un espacio abierto, de diálogo, respetuoso en donde convivimos docentes, administrativas y alumnas que, de manera voluntaria se sumaron a que fuese posible el intercambio de narrativas y vivencias en cada una de las actividades, pensando siempre en la necesidad imperiosa de hacer crecer una filosofía de la educación que piense desde el oprimido y no para el oprimido. Una educación encaminada a romper con la cultura del silencio (Freire, 1973), “que estimule la formación de una conciencia crítica, impulsora de transformaciones sociales y se apoye en principios de diálogo, autonomía, solidaridad, tolerancia, equidad, justicia social y participación activa” (Habegger, S. y Mancila, I, 2006, p. 1).
Hallazgos, discusión y revelaciones
Autodefensa feminista: la necesidad primordial en los cuidados
¿Cómo defendernos de los ataques simbólicos, verbales y físicos que los varones ejercen contra nosotras? Esa ha sido una pregunta constante dentro de las conversaciones que tenemos las mujeres, y que tengo de manera particular con mis alumnas. Esto ante un ejercicio que cada cierto tiempo me gusta llevar a cabo, que va de preguntarles ¿qué harían si no estuvieran aquí y si no tuvieran miedo a nada? ¿En dónde estarían? Y continúo con la respuesta: yo estaría viajando por Latinoamérica, ni siquiera por el mundo, por Latinoamérica. Y cada semestre comparto un miedo personal porque, es real, es real el sueño de la andanza como sujeta de derecho al libre tránsito, sin embargo, pienso tanto cada que realizo ese ejercicio de -memoriaen Mar, Sirena Mar, como era conocida, quien contó vía Facebook que en 2018 sería su primer viaje como mochilera en Costa Rica, a María Trinidad Matus, la asesinaron en las playas de Santa Teresa, en Costa Rica, fue un feminicidio. Mar, como yo, tenía sueños de viajar sola, de hacer y difundir su música, de vivir. “Mar, una música de 25 años, le gustaban las sirenas, la naturaleza y el mar. Había estudiado la carrera de composición clásica y canto jazz”. 6
Como apuesta ético-política de vida, apelo a la autodefensa feminista, a aprender herramientas alternativas que, como mujeres, nos permitan andar con un poco más de libertad en nuestro día cotidiano, recurro además, también, a la frase de “somos sobrevivientes”, porque no nos han asesinado al día de hoy, y a veces reflexiono y pienso “¿será esto una exageración?” Pero salgo a la calle y noto la constante persecución de algo que ha sido nombrado como un “ente”, como algo no tangible ni material, así es: el patriarcado. Ahí afuera, miles de hombres siendo cómplices del pacto patriarcal en el que sólo importan ellos y me digo: no, no exageras, es así la realidad. Viene a mí inmediatamente el momento más cercano de una acción violenta en mi contra desde un sujeto varón. No exagero, me repito, ninguna mujer lo hace.
La autodefensa feminista es eso que hacemos las mujeres mientras los varones están pensando en el próximo partido de fútbol de su equipo predilecto, o mientras piensan en qué harán el fin de semana, con qué amigos usarán su tiempo. En nosotras, por otro lado, está esa constante de la que más adelante hablaré, bajo un concepto coincidente con mis descripciones: ¿llevo saldo? ¿Mandé ya mi ubicación?, tomar foto de las placas, revisar que los datos del taxi coincidan con los que la aplicación muestra, ¿y si me llevo un pantalón para cambiarme cuando regrese? Llevar falda es cómodo por el clima, pero y ¿al rato?, no debo volver tarde, tengo que pensar en mi horario y ruta de regreso: metro, camión, ¿o mejor combi? Es más pequeña… ¿Y mi gas pimienta? Así es la autodefensa feminista, el sobre pensar y el estar alerta 24/7, ante cualquier situación.
La autodefensa feminista permite, según Martin (2013), citando a Irène Zeilinger (2008), evitar o interrumpir situaciones nocivas y tomar el control de nuestra vida en muchas situaciones en las cuales nos sentiríamos desprovistas. Nos ofrece una mayor posibilidad de elección en la vida cotidiana, por lo tanto, puede aumentar nuestro bienestar y nuestra calidad de vida. Además, según las autoras citadas, puede ayudar, después de traumatismos violentos, a romper el círculo vicioso de la vulnerabilidad y volver a dar confianza en si misma a mujeres víctimas de violencias, así como puede permitir salvarse de situaciones peligrosas. Martín (2013) agrega:
“Ayudar a las mujeres a deshacerse de sus aprensiones y mecanismos interiorizados de pasividad y dependencia, mediante cuatro niveles progresivos de autodefensa: mental, emocional, verbal y por último, física. A través de estos medios, tiene como propósito ayudar a las féminas en:
Aumentar la confianza en sí mismas, conocer a sus límites y entender que tienen el derecho de defenderse.
Saber reconocer situaciones de dominación o potencialmente peligrosas, evaluarlas y elegir una estrategia en función de las circunstancias.
Protegerse y defenderse contra de las agresiones que no llegan a desactivar previamente” (p. 10).
Sumando que dicha herramienta alternativa, nos permite configurar un nuevo sistema de alerta para cuando estamos en lugares que pueden ser peligrosos, ya sean lugares públicos o privados. Desde la autodefensa feminista, nos convocamos a repensar en los cuidados, en un principio, en el cuidado propio, en el reconocimiento de nuestro sentipesar, rompiendo con la creencia cartesiana del “pienso, luego existo”, desde nuestro ser mujeres, sabemos que el sentipensar está presente todo el tiempo y que incluso, desde la intuición, podemos accionar. Es por ello que es importante volver a la ancestralidad, a las pedagogías del sur, recordando cómo nuestras ancestras han apelado por el sentipienso sin desconectarlos de manera dicotómica y tener presente nuestro cuerpo como el principal territorio de cuidado, porque como dice Lorde (2003):
A medida que ahondamos en el contacto con nuestra conciencia ancestral y no europea, que ve la vida como una situación que debe experimentarse y con la que hay que interactuar, vamos aprendiendo a valorar nuestros sentimientos y a respetar las fuentes ocultas del poder de donde emana el verdadero conocimiento y, por tanto, la acción duradera (p. 14).
La autodefensa feminista no es lo mismo que defensa personal, ya que la primera es trabajada por mujeres que buscan el cuidado propio y el de otras mujeres, lo anterior frente a los riesgos de violencia sexista que son constantes, por ello es una alternativa de prevención y acción de cuidado colectivo, que no se basa en la redacción y acción física únicamente, sino que, hay procesos de entendimiento teórico que anteceden lo práctico. La segunda es una actividad que se puede realizar sin distinción de sexo y surge para repeler agresiones físicas, está compuesta por diversas técnicas que van desde la conciencia de la situación, hasta el combate. Aunado a lo anterior, como Martin (2013) señala:
La mayoría de las veces, los artes marciales se practican en un contexto muy jerarquizado es decir, en un contexto en el cual los hombres, cuyo género corresponde al modelo estereotipado del practicante de esas disciplinas, son más legitimados y como consecuencia, es mayoritario que sea, tanto los entrenadores como los practicantes, hombres; por lo tanto, los cursos de aprendizaje de estas técnicas tienen una perspectiva muy masculina y androcentrista, que deja poco espacio a las mujeres, pero sobretodo, que no se adapta a las interiorizaciones de este colectivo en relación con lo masculino, la violencia, y o con su propio cuerpo (pp. 9-10).
Lo que distingue a ambas técnicas de defensa, es que las mujeres hemos vivido con diversas técnicas de autodefensa feminista desde hace siglos atrás, podemos pensar en cómo las madres de nuestras abuelas las protegieron y les enseñaron sobre la confianza en sí mismas, sobre creer en la intuición y sobre comunicar lo que está pasando alrededor de la vida de las demás, si es que corren peligro, a escucharse y ayudarse unas a otras; pero no se queda ahí, hemos aprendido a no caminar solas por las avenidas oscuras, a tener batería en el teléfono celular y poder comunicarnos ya sea por mensaje o llamada telefónica. Las nuevas tecnologías también nos han ayudado a construir conocimiento feminista de autocuidado, como el agregar un contacto de emergencia y enviar nuestra ubicación en tiempo real si sentimos que algo no va bien. Es un aprendizaje que se ha transformado y profundizado a lo largo de los años, que no se aleja a las herramientas que década tras década, nuestras ancestras tejieron para que nosotras pudiéramos vivir lo más seguras posible.
Y como he escrito anteriormente, dentro de la academia no estamos exentas de la inseguridad y los ataques sexistas, no nos exime el espacio universitario de esos peligros y riesgos, por ende, la convocatoria para aprender autodefensa feminista fue para las alumnas (principalmente), pensando en los sucesos que han ocurrido no sólo en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FES-I) / UNAM, sino en la Universidad Nacional Autónoma de México, en general, y en cada una de sus sedes de estudio, pensando no únicamente en el nivel superior, sino también, en el medio superior.
Lo anterior debido a que, como sabemos, ha habido feminicidios dentro de la UNAM, como el caso de la compañera Lesvy Berlín Rivera Osorio, quien fue asesinada el 3 de mayo de 2017, en el Instituto de Ingeniería de la UNAM; un caso que hasta la fecha resuena en nosotras (hablo en plural) porque lo nombramos e intentamos visibilizar la verdad y justicia por la que su madre, la señora Araceli Osorio, ha luchado incansablemente desde 2017. Nombramos y decidimos que fue feminicidio después de intento revictimizante de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, al decir que la compañera Lesvy se había suicidado. La señora Araceli Osorio logró que se reclasificara el caso y que fuera decretado como feminicidio.
Cuando hablamos de autodefensa feminista, no podemos dejar de lado la construcción de comunidad que esto nos confiere, ya que la verdad y justicia por la que luchamos, se arropa y acompaña por colectivas o compañeras que han decidido caminar alzando la voz y exigiendo justicia. Aunado a lo anterior, no está demás pensar en que el cuidado también está inscrito en los logros colectivos, tal es el caso de la disculpa pública que la misma procuraduría ofreció a la familia de Lesvy, por las negligencias y su protocolo revictimizante y patriarcal para con el caso.
Se menciona este hecho, sin dejar de pensar en los espacios que caminamos pensando que son espacios seguros, que cuentan con lo que Foucault nombró como panóptico, esa constante vigilancia que sirve y da sostén a los poderosos, porque podríamos cuestionar los cuidados, si los cuidados son poner cámaras de vigilancia, botones de pánico o automóviles que recorren el espacio académico buscando encontrar en el estudiantado algo que no se ha decidido trabajar de manera contundente. Aquí es donde nace el proyecto de Autónomas Emancipadas, una colectiva que se fue construyendo semana a semana, convocando a realizar diversas acciones en las instalaciones de la FES-I.
Todos somos unas vidas precarias, dice Garcés (2013), todas corremos riesgos, ninguna está a salvo, pero la autodefensa nos permite la prevención y la acción. Esa precariedad que se menciona, quiere decir insuficientes en el sentido de que no nos bastamos a nosotras mismas, es decir, nos necesitamos unas a otras. Es aspu que necesitamos de cuidarnos mutuamente, de aprender estas estrategias juntas, no usando las herramientas del amo, porque estaríamos dando continuidad a la violencia sexista.
Como menciona Maitena Monroy (2017) en el “Manual de autodefensa feminista para mujeres”, existen diversos tipos de violencia sexista, y entre ellos, en el Manual se van desglosando datos que son coincidentes con lo que se trabajó en dicho taller de Autodefensa Feminista, gracias al apoyo del Centro Transdisciplinario de Estudios de Género (CETREG), ya que, por ejemplo, se habló de la violencia simbólica, que está caracterizada, de acuerdo con Monroy (2017) por el “terror sexual”, que es algo que podría pasarnos sólo por ser mujeres: caminar rápidamente si vamos de noche, solas, o por ejemplo, cambiarnos del lado de la banqueta si vemos a alguien sospechoso cerca, si escuchamos pisadas, o casi correr si un auto avanza lentamente a nuestro lado.
Desde el taller que se tomó, aprendimos algunas herramientas para protegernos si alguna de las situaciones anteriores se presentan, nos escuchamos atentamente, creímos en nosotras, ya que las talleristas nos ayudaron con el tema de la confianza y de nuevo, se profundizo en la necesidad de tener una red de apoyo, de ser red de apoyo para las demás y cuidarnos mutuamente cuando afuera, el clima constante es un clima hostil y de mucho peligro para nosotras, independientemente de si estamos en la calle o en las instalaciones académicas donde también se han dado casos de hostigamiento y acoso sexual, por ejemplo, en el estacionamiento de alumnas/os que, pasadas las 7:00 pm, se encuentra solo y oscuro, porque no han arreglado las lámparas.
Andar con ese terror sexista, que Monroy (2017) menciona, es algo que pocas veces puede ser entendido por los varones, incluso poco entendido por varones académicos, quienes revictimizan constantemente a quienes testimonian lo que han vivenciado. La necesidad de hablar de autodefensa feminista es urgente, es de suma relevancia en estos espacios académicos en donde también persiste el abuso de poder hacia las alumnas, estando los docentes con una presencia de poder frente a ellas que, muchas veces es usada para poder vincularse sexualmente con ellas, siendo esta otra violencia sistémica en donde se cuestiona a las alumnas más que al profesor señalado.
La autodefensa feminista es el claro ejemplo de que podemos colectivizar los cuidados, de que podemos estar cerca de las otras y brindar ese acompañamiento que si bien no es psicológico, es un acompañamiento en el plano de lo real y en el plano de lo simbólico cuando se ejerce terror patriarcal contra nosotras. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a compañeras que están siendo amenazadas por sus parejas? Que reciben amenazas de difusión de contenido sexual o que las amenazan con violencia física. En la FESI pocas veces se habla de lo que ocurre, se minimizan los señalamientos y, de no ser por actividades que colectivas internas gestan, no existen las denuncias públicas, es decir, que de no ser por lo que accionan dichas colectivas en fechas cercanas al 8 de marzo o al 25 de noviembre, con tendederos de denuncia, pocas veces nos enteramos de qué está ocurriendo en nuestra Facultad porque además, se han institucionalizado dichas fechas y dejan de ser actos pedagógicamente indisciplinados para convertirse en la cuota (mal llamada) de ‘género’.
Testimoniando feminicidios
Muchas veces se ha cuestionado el actuar de las familiares víctimas indirectas de feminicidio, se les cuestiona si son las formas o no lo son, si tienen derecho o no a manifestarse, a gritar, a consignear, a romper algo, a rayar7 algo, a exigir. Es curioso escuchar las diversas posturas que se gestan a partir de alguna movilización convocada por estas familiares, curioso porque muchas personas se mantienen alejadas de estas acciones y difieren totalmente de que se manifieste el descontento, la rabia, la tristeza, el coraje. Por otro lado, están las personas que apoyan las movilizaciones, que se suman, que gritan en conjunto y comparten el camino de la lucha, quizá no siempre, pero están presentes.
Dentro de la FESI era extraño ver algún tipo de manifestación ante los hechos que ocurren en nuestro país, la facultad es un espacio que se ha construido bajo una narrativa cientificista desde la que se exige a toda la comunidad la ‘neutralidad’, el no involucrarse en algo que no sea el objeto de estudio, ni los objetivos académicos. Esto es, desde mi punto de vista, lo más preocupante que se puede observar por los pasillos y dentro de las aulas, el no fomentar un pensamiento crítico y social, de justicia social y solidario. En cambio, lo que se gesta son estas miradas individualizadoras, en donde el apego es claro hacia un modelo capitalista y neoliberalista, donde nada más importa la persona y no el contexto, ni cómo lo está pasando, ni por qué.
Bajo esto que comparto, nace también la ilusión y la necesidad de invitar a testimoniar a las madres víctimas indirectas de feminicidio, una necesidad que pareciera es sentido común: escuchar, desde sus propias voces, el camino tan hostil y violento que también les ha tocado vivir, pero ahora sin alguna de sus hijas. ¿Cómo pedir neutralidad a las/os médicas/os, enfermeras/os, psicólogas/os, optometristas, dentistas, cuando se asesina a 12 mujeres al día en México? ¿En dónde cabe la neutralidad? ¿Cómo caminamos con la venda en los ojos, como si nada pasara y nos enfocamos en aprender anatomía, sobre la cognición o la extracción de un molar, cuando afuera hay miedo e incertidumbre por nuestra vida?
Escuchar a la señora Lidia y a la señora Mary, nos removió y nos consternó. Fue un encuentro conmovedor, desde el que se generaron reflexiones profundas, palabras de cariño y muestras de solidaridad para con ellas, pero también entre quienes asistieron. Cabe resaltar que la convocatoria a este encuentro no fueron solo mujeres, sino que asistieron también algunos estudiantes varones. Esta conversa dio espacio también a Gaby, la compañera bordadora que además trabaja como administrativa en la facultad, quien nos compartió unas palabras y sostuvo parte de la tensión que se vivió durante esos minutos, compartiéndonos la relevancia del bordado para no olvidar.
La señora Lidia lleva años como activista, siendo movilizadora principalmente en territorio Edomexa, es decir, en el Estado de México, en las periferias. Hizo invitaciones constantes a sumarnos a los actos que se convocan en esas orillas del Estado, a donde pocas colectivas llegan, recordándonos la relevancia de no centralizar la lucha y sumarnos en distintos territorios, sumar fuerzas y energía para con otras madres. La señora Lidia lleva siempre con ella alguna ventana de la memoria, como Domínguez (2021) les ha nombrado a los objetos para no olvidar, objetos llenos de sentido que las madres buscadoras llevan consigo.
Si bien la señora Lidia encontró a Diana, Lidia lleva en una playera su rostro estampado, o su nombre en una gorra, o su fotografía impresa a gran escala. Esos son portadores de memoria colectiva que, nos hacen recordar que la justicia es que no hubiera pasado, como dijo en una marcha del 11 de mayo, una compañera feminista radical. “Son las ventanas de la memoria las que suplantan a la persona ausente, trayéndola una y otra vez a la experiencia presente, a la presencia, es decir, existe una pérdida que no se ha dejado ir del todo” (Domínguez, 2022, p. 121).
La señora Mary es casi mi vecina, por ello decidí invitarla, ambas habitamos el municipio de Nicolás Romero, Estado de México, un municipio que ha ido grabando su propia historia de crímenes e inseguridad, ubicado lejos de la Ciudad de México, en donde muy pocas acciones se gestan, en donde casi nadie marcha. Aquí, un 8 de marzo, conocí a Mary, dando una conferencia sobre la lucha feminista, la lucha de las madres que buscan justicia frente a la violencia patriarcal. Cuando Mary bajó de ese escenario, me acerqué a ella, intercambiamos teléfonos y llevamos aproximadamente 7 años de conocernos y de encontrarnos, sobre todo, en alguna acción políticafeminista; ella siempre lleva consigo una cruz rosa, con el nombre de Nadia. Mary sigue luchando por la verdad y justicia del feminicidio de su hija, Nadia, a quien le sobreviven tres hijos que han estado al cuidado de la señora Mary desde hace 21 años.
Hay que decir que los portadores de memoria son indispensables para no olvidar, como lo son las playeras, las lonas y las cruces, como Domínguez menciona:
Esto pocas veces se menciona en los trabajos de investigación, pero son de gran importancia para la construcción de una memoria individual y colectiva, y tienen una función simbólica en la vida de las buscadoras. Mandan realizar diversos objetos con las fotos de sus familiares entre los que se encuentran: las cédulas de identificación de sus familiares, lonas y mantas, fundas para el celular, llaveros, playeras, tapabocas, canciones, dijes, entre otros (Domínguez, 2022, p. 123).
Hablar, hacer memoria colectiva, decir los nombres completos de las madres y de sus hijas asesinadas, es un acto ético-político, que va más allá de institucionalizar las fechas que surgieron de acciones de compañeras que, desafortunadamente en su mayoría, ya no están. Es recordarnos que la formación como profesionistas no puede ni debe ser neutral, que vivimos bajo sistemas de opresión que atraviesan e intersectan en nuestra vida cotidiana y que, no estamos lejos de padecer de manera directa o indirecta, de esta bárbara ola de violencia machista. Por ello, que las compañeras madres estuvieran con nosotras, ha sido un acto rebelador (de rebeldía y claridad) e histórico en nuestra facultad.
Sobre la violencia patriarcal y el bordado-memoria
Ese mismo día, al término del conversatorio con las madres, la compañera Gaby nos habló un poco sobre su andar como activista, también agradeció lo compartido por Mary y por Lidia, a quienes ya conocía, ya que Gaby ha estado inmersa en las movilizaciones desde que estaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades plantel Azcapotzalco (CCH-A / UNAM), por lo que su construcción intersubjetiva como sujeta activa, ha estado atravesada por múltiples experiencias, por ejemplo, fue parte la huelga del 99 en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como ha acompañado a diversos colectivos feministas, de madres buscadoras y de madres que luchan por la justicia para sus hijas asesinadas.
Gaby nos compartió un poco sobre las puntadas básicas, algunas personas ya llevábamos material y otras no, por lo que Gaby compartió desde retazos de telas hasta estambres y agujas. Nos guió en la actividad mientras íbamos comentando cómo nos sentíamos. La idea de Gaby era que construyéramos una manta colectiva, ya que esa, podría atreverme a decir, es su especialidad. Sin embargo, por cuestiones de tiempo, no todas las asistentes terminaron el ejercicio y quedó pendiente la unión de los bordados.
Tapia (2021) nos dice que bordar es una práctica atávica que transforma el cuerpo y la relación que se establece con él, conecta a la bordadora con la propiocepción, regulando la dirección de las manos, respiración, ritmo con respecto a la tensión de cada puntada y contacto sensorial con la materia. Por ello, esta actividad nos permitió ir desanudando los dolores y la tristeza de lo que habíamos escuchado en los testimonios, nos ayudó además a reflexionar y pensar en una algo que pudiéramos compartir con las otras, una frase, un nombre, una figura.
Una de las asistentes, por ejemplo, le regaló su bordado a la señora Lidia. Otras más las abrazaron mientras bordaban o se acercaban a compartir palabras de resistencia. El bordado nos permitió también ir dialogando de manera menos tensa, sobre las actividades que estaban por venir y las que ya se habían tenido. Pensándonos siempre como sujetas activas, como sujetas de la digna rabia y, agentes de transformación. Estar ahí nos hizo fortalecer las utopías y tomar fuerza para continuar gestando espacios de escucha y cuidado, sabiendo que, una actividad que hacían nuestras ancestras, es motivo de acontecimiento, memoria y lucha.
Acompañamiento autónomo ante la interrupción voluntaria del embarazo (IVE)
Ya comentaba en la introducción sobre mi poca cercanía a experiencias de compañeras que han decidido interrumpir voluntariamente sus embarazos, y no porque no me interesara, sino porque, a pesar de que hay diversas colectivas que acompañan desde la autogestión y la organización autónoma, he colaborado mucho más con lesbianas que con mujeres heterosexuales y esa es la razón principal por la que, también es indispensable escuchar las necesidades de las mujeres sin algún sesgo, sino desde la escucha activa y el respeto. Así, conversando con Ximena y Anahí, decidimos invitar a una compañera que además fue mi alumna y que durante ese tiempo me contó sobre su experiencia acompañando los procesos de IVE.
Adelantaba que me sorprendió la asistencia, ya que, cuando vivimos de pronto en la burbuja de la lesbocomunidad, a veces olvidamos las otras luchas que se gestan fuera de esa burbuja, aquí hablo en plural pero sé que es una postura totalmente personal. La sorpresa radica en que tuvimos un aproximado de 20 mujeres asistiendo al conversatorio, que también fue una suerte de taller, impartido por Daniela Vargas; ella preparó una presentación, fue muy clara compartiendo cada uno de los conceptos clave y, la sensación de estar ahí fue de una profunda admiración para Dani y para todas las asistentes, ya que compartieron experiencias complicadas, pero también aprendizajes y conocimientos que todas pudimos resguardar.
Di cuenta de lo necesario que es continuar con la apertura de estos círculosconversatorios de escucha y de conversa, ya que llegaron nos sólo alumnas de Psicología, sino de otras carreras, y eso fue de lo más gratificante. El darnos cuenta de que, no es necesario mucho más que un espacio seguro, sentarnos codo a codo, compartir desde la horizontalidad y ser solidarias con las otras para poder liberarnos de cargas patriarcales que, de no ser por estos espacios, continúan pesando en los hombros de muchas mujeres, impactando de manera directa de forma biopsicosocial y, muchas veces, ni siquiera nombran en voz alta que han decidido interrumpir sus embarazos, por miedo a los juicios y señalamientos, por miedo a que las nombren como “malas mujeres”, desde esa raíz además colonizadora, evangelizadora, de castigo y culpa.
Es imperioso gestar estos espacios, va de nuestros cuidados y de no permitir que más compañeras mueran a causa de un aborto clandestino, o que sean madres adolescentes o jóvenes, menos si no lo desea. La Organización Mundial de la Salud considera que “el aborto peligroso se produce cuando una persona carente de la capacitación necesaria pone fin a un embarazo, o ello se hace en un entorno que no cumple las normas médicas mínimas, o cuando se combinan ambas circunstancias” (OMS, 2014, pág. 1, nota descriptiva nº 388, marzo de 2014).
Aunque fue la única ocasión en que tuvimos ese encuentro, también se afianzó la confianza, profundizamos en la forma de vernos las unas a las otras, comenzamos a acercarnos a las demás de manera más amorosa y comprensiva, pero también compasiva, pensando seguramente en lo doloroso que fue que muchas de ellas vivieran la IVE en soledad, en silencio y con culpa. Ese conversatorio, da cuenta también de los encuentros dialéctico-relacionales, de cómo a pesar de pensarnos alejadas, había sucesos que nos estaban uniendo y que eso, transformaría la manera de vivirnos en la facultad que, hacía 2 o 3 años, nos parecía lejana, ajena y nada cálida. Nos encontrábamos entonces por los pasillos siendo otras conocidas, reconociéndonos y sonriéndonos, rompiendo totalmente, por ejemplo, con la relación jerárquica y verticalista de docente-alumna. Estábamos siendo compañeras.
Primeros auxilios feministas
Pensar en salir a marchar da mucho miedo, nos preguntamos constantemente si vale la pena salir a poner el cuerpo, si no se pondrá tenso o complicado todo en el camino o al término de la marcha, si gritar consignas va a cambiar algo. Nos preocupamos por si encapsulan a un grupo o a una compañera, si algún grupo de choque lanza petardos o bombas molotov y nos lastiman, o si, en el peor de los casos, la policía arremete contra todas, como ya ha ocurrido anteriormente. Ante esta preocupación, nace la propuesta de tener un taller de Primeros Auxilios, comenzando por investigar quiénes podían colaborar con este taller para así prevenir situaciones de riesgo y también para saber actuar ante ellas cuando se presentan.
Sabemos pues que en cada universidad hay un equipo de protección civil, o tendría que haberlo, ya que es parte de los protocolos de seguridad ante cualquier emergencia. Fue así que nos dirigimos al equipo de protección civil de la FESI, argumentando la necesidad de tener conocimientos básicos frente a emergencias. La respuesta fue positiva, las compañeras se sumaron a estar jornada y fueron cuatro quienes nos compartieron la información que requeríamos, aunque conscientes de que eso no significaba que tendríamos un curso de protección civil, sino que lo que se acreditaría sería un taller de primeros auxilios con una hora y media de teoría y hora y media de práctica.
Aprendimos a identificar momentos de riesgo, a llevar a cabo un buen protocolo de seguridad si organizábamos un contingente o si éramos parte de un contingente en una marcha, aprendimos sobre las reglas básicas de seguridad, como por ejemplo, llevar un botiquín y qué es lo que tendríamos que llevar en él; sumado a lo anterior, aprendimos a realizar un torniquete con vendas, se nos explicó claramente qué maniobras tendríamos que realizar y las compañeras encargadas estuvieron supervisando dichas maniobras. Fue un taller muy enriquecedor, en el que aprendimos muchísimo, ya que ayudó a potencializar los saberes que ya teníamos y a otras, a generar confianza si se decidían ir a una marcha, ya que la seguridad era algo que las estaba frenando, o la preocupación que la familia tiene por lo que pueda pasar. Como menciona Gaviola:
Hemos sido despojadas de una conciencia histórica de la colectividad, de una genealogía de mujeres que nos devuelva la posibilidad de actuar sobre la realidad y que nos sitúe en otros tiempos y espacios no intervenidos por el sistema-mundo que conocemos. En este contexto, la posibilidad de construir colectivos de mujeres pensantes, donde la autoconciencia se desarrolle en función de la propia vida; de las otras y de las que nos antecedieron como primera referencia, sigue siendo una búsqueda fundamental (2018, p. 25).
El tomar el taller también nos permitió reconocer que puede haber momentos de vulneración de nuestra salud y que, por ende, es necesario que estemos informadas y formadas para acompañar en medida de nuestras posibilidades, a las mujeres con las que marchemos. Es una responsabilidad propia y colectiva, sabiendo que el Estado mexicano, no resguarda nuestra integridad y que por ello hay colectivos como la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta8, quienes de manera organizada están presentes en cada movilización convocada, por si ocurre alguna situación de riesgo. Es relevante tener estos espacios en el territorio académico ya que, no se ofrecen de manera pública, por ello tomamos la iniciativa para comenzar a dialogar sobre estos cuidados de los que, debemos tener conocimiento y compartirlo para que más mujeres conozcan sobre técnicas y herramientas de primeros auxilios.
Digna resistencia: encuentro de mujeres
El cierre de esta Jornada, como se advirtió en la introducción, fue el encuentro final con las compañeras que, en su mayoría, asistieron a las actividades anteriores. La fiesta es sin duda nuestra mejor bandera, algo a lo que apelo en cada espacio, para construir así vínculos solidarios, de organización y de colaboración que, con el paso del tiempo, pueden volverse mucho más sólidos con el compromiso de cada una. Hacer esta compartencia, recapitulando lo que cada una se llevó, fue un total acierto metodológico, como todo proceso, se tiene un cierre simbólico en el que, se comparten los aprendizajes, y aquí no fue la excepción.
Aperturar y hacer crecer un espacio seguro no es sencillo, ya Montero (2004) nos ha dicho que hacer comunidad es de los sueños más complejos de alcanzas, pero también sabemos que no es imposible. Esta jornada nos enseña sobre ello, sobre la perseverancia, la responsabilidad y la entrega para con algo. Todas las asistentes asistieron de manera consecuente a las actividades, se comprometieron y compartieron su sentipensar sin dudarlo. Eso es de lo más gratificante, saber que hoy se mantiene ese grupo seguro y que, contamos las unas con las otras. La misma Montero (2004) nos dice que para hacer psicología comunitaria hay que tener humildad, más no nos dice que no hay que soñar, y de manera particular, soñaba con abrir estos espacios, creía que no se llenarían pero, con toda la energía y la confianza, continuamos con el proyecto.
Desde esa humildad como psicóloga comunitaria y como pedagoga del artelugio9, quisiera que este espacio continuara así, abierto para quienes decidan sumarse, que será espacio de otro trabajo sistematizado como este, el camino que queda para Autónomas Emancipadas, este espacio de digna resistencia en donde nombramos sin miedo, en donde compartimos sin temor a ser juzgadas y en donde cuestionamos la misoginia internalizada, la heterosexualidad obligatoria de la que Adrienne Rich10 nos habla, y cada uno de los tentáculos que de ésta se desprenden.
Encontrarnos con otras mujeres compartiendo alimentos y anécdotas, ha sido un oasis en este espacio que de pronto parece estéril; es nuestro territorio ahora, uno en el que el tejido se sujetó por la apertura en cada conversión y también por la fuerza de cada una al contar sus vivencias. No tengo dudas de que, este espacio irá creciendo, que todo lo construido se verá reflejado en amplificación en cada esfera de incidencia social que estas compañeras administrativas, psicólogas, enfermeras, biólogas o cirujanas dentistas, van a compartir allá afuera. Vernos y saber que nos tenemos es el logro más significativo: no guardar silencio, compartir nuestro proceso:
Mis silencios no me habían protegido. Vuestros silencios no os protegerán. Pero con cada palabra real que he pronunciado, con cada intento realizado de decir las verdades que aún ando buscando, he entablado contacto con otras mujeres que buscan conmigo esas palabras que puedan encajar en el mundo en el que todas creemos, y gracias a ello hemos reducido nuestras diferencias. Gracias al interés y al cariño que me demostraron esas mujeres conseguí la fortaleza necesaria para profundizar los aspectos básicos de mi vida (Lorde, 2003, p. 20).
Desde Autónomas Emancipadas, hemos construido puentes importantes de diálogo, semestre con semestre buscamos nuevas rutas y nos unimos para pensar no en sobrevivir, sino en vivir, en un Buen Vivir que como mujeres, tenemos derecho a disfrutar, a gozar, a sentirnos alegres, a la fiesta, convocadas desde el amor y la ternura por las otras. ¿Es o no es necesario entonces, gestionar estos espacios desde el cuidado colectivo? “Quienes nos encontramos aquí reunidas compartimos en alguna medida el compromiso con la palabra y con el poder de la palabra, y pretendemos recuperar un lenguaje que se ha vuelto contra nosotras” (Lorde, 2003, p. 23) Por ello, en la academia es necesario abrir estas puertas, tomar nuestro territorio, arar nuestras tierras.
Consideraciones finales
Este extenso trabajo refleja la emoción que da compartir espacio con otras mujeres. Desde el primer sentipienso lleno de ilusión por trabajar en un camino lleno de ramajes y al parecer, imposibilidades, da cuenta de todo lo que está por darse, de todo lo que está por descubrirse y de eso que, aún anhelamos las mujeres: una vida digna, una vida libre de violencia patriarcal, un mundo en donde nuestras compañeras no sean víctimas de feminicidio, donde no nos desaparezcan, donde no nos violenten.
Ante lo dicho, comparto que falta mucho por teorizar, que desde el enfrentarnos a sistematizar el trabajo con mil pendientes al frente, sigue siendo complicada la escritura, como Anzaldúa ya nos decía desde su coraje/corazón, me hice la misma pregunta: ¿por qué yo tengo derecho a escribir lo que escribo? Una docente que habita en la periferia del Estado de México, que viene de abajo, con madre empleada 30 años y padre obrero 30 años. Pero me siento contenta de compartir este camino con compañeras académicas que también están haciendo lo propio desde sus trincheras, cuestionando hasta el cansancio, tomando el baño, el bordado, el taxi y la cocina para escribir cuando no estamos frente a grupo.
La Primera Jornada de Herramientas alternativas frente la violencia patriarcal, nos ha llenado de satisfacciones, nos ha dejado ver la comunidad que se ha construido, que va a cambiar y la que también, está por crearse, por crecerse. Ha sido una Jornada llena de emociones, de rabia, de nudos en la garganta, de lágrimas; pero también de fuerza, de ánimo, de coraje, de abrazos y de alegrías, de amor, indudablemente, del amor entre mujeres:
Existe una filosofía alternativa. Desde el siglo XVII, por lo menos, se viene construyendo una filosofía amorosa diferente para las mujeres. Es la que hoy ya se llama filosofía feminista, que plantea una nueva perspectiva sobre la vida, las relaciones, las personas, y el amor. En la cultura feminista, y durante siglos, las mujeres feministas han debatido especialmente sobre el amor. El amor ha marcado la filosofía feminista que, entre otras cosas, es también una filosofía amorosa (Lagarde, 2001, p. 19).
Retomar esta cita de la enorme maestra Lagarde, es para mí un honor, un privelegio haberla leído, conocerla desde su escritura y coincidir plenamente en sus apuestas de vida, que no se quedan en lo teórico. Los cuidados son amor, la escucha es amor, el compromiso y la implicación, son amor. He aquí un trabajo que demuestra lo que se puede hacer en algunas aulas, con un micrófono, en un espacio abierto, con estambres, vendas y sobre todo, con voluntad. La revolución es ahora, estamos en tiempo, porque como dice Holloway: “ya no tiene más sentido hablar de la paciencia como una virtud revolucionaria, o hablar de la revolución del futuro. ¿De qué futuro? Necesitamos la revolución ahora, aquí y ahora. Es tan absurdo, tan necesario, tan obvio” (2011, p. 3).
¿Qué hay por hacer? Es una gran pregunta. Hay que insistir en la propuesta, en el uso y reconocimiento del territorio académico como un espacio horizontal y de posibilidad de encuentros multivocéicos, plurales, científico-sociales, poéticos. Hay que ser incisivas en el derecho a usar estos espacios, al rigor metodológico, a la responsabilidad ética-política. Propongo entonces desde aquí que:
-
° La academia, especialmente la FESI / UNAM, continúe abriendo sus puertas al intercambio de saber popular y científico.
-
° La FESI / UNAM, tome en cuenta las voces y enunciaciones que: alumnas, docentes y administrativas están dando cuenta de sus diversas realidades, que seamos escuchadas.
-
° Construyamos dispositivos que desarticulen los poderes legítimos desde los que se nos sigue violentando, desde la colectividad, la reciprocidad y la solidaridad.
-
° Pensemos en herramientas que vayan más allá de un violentómetro cada cierta fecha, y que aperturemos espacios de escucha y acompañamiento real para las mujeres víctimas de violencia patriarcal.
Esta primera Jornada, ha priorizado los cuidados entre mujeres, los conocimientos de las mujeres, los testimonios vivos de quienes han padecido el acto más atroz contra las mujeres en este país, por ende, la invitación está abierta a que, el análisis Siga siendo complejo y transdisciplinar y no desde una mirada que fragmenta, desestima y simplifica las problemáticas compartidas. Cambiemos el paradigma, acerquémonos a seguir soñando, pero sobre todo, a hacer-nos realidad.
-
2
Para conocer más, se sugiere leer Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, de Adrienne Rich. (1980).
-
3
Del poema de Rosamaría Roffiel “Cántico”, en Corramos libres ahora, 2021.
-
4
Cursivas mías.
-
5
La autora cambió a femenino, ya que el texto original dice “Nosotros”.
-
6
Animal Político (2018). A María, la joven mexicana asesinada en Costa Rica, le gustaban las sirenas, la música y el mar: https://animalpolitico.com/sociedad/maria-mexicana-asesinada-costa-rica
-
7
Referencia al graffiti.
-
8
Organización no gubernamental que acompaña el cuidado de quienes marchan en la Ciudad de México, desde 2008.
-
9
Aquel que puede transmutar a acontecimiento, es decir / a algo inolvidable, a algo supra-sentible en nuestro pensamiento, en la piel, en los sentipensares, en el vivir, en la vida.
-
10
Revisar: Rich. A, 1980. Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana (1980). En DUODA Revista d'Estudis Feministes núm, 10-1996.
Disponibilidad de datos
Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo.
Referencias
-
Anzaldúa, G. (1980). Hablar en lenguas una carta a escritoras tercermundista Ed. Celeste West (San Francisco: Bootlegger Press). Disponible en: https://elizabethruano.com/wp-content/uploads/2019/03/Anzaldua-2017-Hablar-enlenguas.pdf
» https://elizabethruano.com/wp-content/uploads/2019/03/Anzaldua-2017-Hablar-enlenguas.pdf - Ciani, I. (2014) Si te callas te mueres. La violencia contra las mujeres en MéxicoEd. Raúl Juárez Carro.
-
De La Herrán, A. (2011). Complejidad y transdisciplinariedad. Educação Skepsis 2(1), 294-320. Disponible en: https://radicaleinclusiva.com/wpcontent/uploads/2018/01/completrans.pdf
» https://radicaleinclusiva.com/wpcontent/uploads/2018/01/completrans.pdf -
Domínguez C., (2022). Ventanas de la memoria: duelo y memoria en mujeres buscadoras de Guanajuato. Andamios, vol.19, n°50, pp: 109-133. DOI: 10.29092/uacm.v19i50.951 Disponible en: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S187000632022000300109
» https://doi.org/10.29092/uacm.v19i50.951» https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S187000632022000300109 -
Espina, M. (2007). Complejidad, transdisciplina y metodología de la investigación social. Utopía y Praxis Latinoamericana, 12(38), 29-43. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2373898
» https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2373898 - Freire, P. (1973). Pedagogía del Oprimido Ed. Siglo XXI.
- Garcés, M. (2013) Un mundo común Ediciones Bellaterra.
- Gaviola, E. (2018). Apuntes sobre la amistad política entre mujeres, en A nuestras amigas.
-
González, M. (2015). El aborto: un abordaje bio-psico-social. DILEMATA Revista, 7, nº 17, 1-21. Disponible en: https://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/344
» https://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/344 -
Guerrero, A., (2015). La comunalidad como herramienta: una metáfora espiral II. Bajo el Volcán, 15(23), 113-129. DOI: 10.32399/icsyh.bvbuap.2954-4300.2015.16.23.582 Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/286/28643473007.pdf
» https://doi.org/10.32399/icsyh.bvbuap.2954-4300.2015.16.23.582» https://www.redalyc.org/pdf/286/28643473007.pdf -
Habegger, S. Y Mancila, I. (2006). El poder de la Cartografía Social en las prácticas contrahegemónicas o La Cartografia Social como estrategia para diagnosticar nuestro territorio. Disponible en: https://beu.extension.unicen.edu.ar/xmlui/bitstream/handle/123456789/365/Habegger%20y%20Mancila_El%20poder%20de%20la%20cartografia%20social.pdf?sequence=1&isAllowed=y
» https://beu.extension.unicen.edu.ar/xmlui/bitstream/handle/123456789/365/Habegger%20y%20Mancila_El%20poder%20de%20la%20cartografia%20social.pdf?sequence=1&isAllowed=y - Hooks, B. (2017). El feminismo es para todo el mundo Traficantes de Sueños
- Holloway, J. (2011). Agrietar al capitalismo. El hacer contra el trabajo Ediciones herramienta.
- Korol, C. (2018). El feminismo compañero de las feministas compañeras, en A nuestras amigas.
- Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación en el amor. Puntos de encuentro.
- Lagarde, M. (2008). Retos teóricos y nuevas prácticas. Antropología, feminismo y política: violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres.
- La Otra. (2011). Como la pólvora. Amanecer luchando.
- Lorde, A. (2003). La hermana extranjera Artículos y conferencias.
- Martín, C. (2013). Poner lo invisible en relieve. Autodefensa feminista, una herramienta para la igualdad. Universidad De Almería.
- Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria Desarrollo, conceptos y procesos. Editorial Paidós.
- Montero, M (1998a). Psicología comunitaria. Fundamentos y aplicaciones Ed. Síntesis.
- Morin, E. (1994). Introducción al pensamiento complejo Gedisa.
- Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. La inteligencia ciega Gedisa.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). (2014). El embarazo en la adolescencia. Nota descriptiva nº 364.
- Rich, A. (2019). Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución, de esta edición en castellano, Traficantes de Sueños.
- Tapia, M. Entre bordar y ser mujeres: habitar el cuerpo a través de los hilos Tesis de Maestría en Psicología, Psicología Comunitaria. Universidad de Chile, 2021, p. 84
- Tovar, M. (2000). Psicología Social- Comunitaria: una alternativa teórica metodológica desde la subjetividad. Revista Interamericana de Psicología, 83-93.
- Zeilinger, I. (2008). Non c’est non. Petit manuel d’autodéfense à l’usage de toutes les femmes qui en ont marre de se faire emmerder sans rien dire Editions La Découverte.
-
Zemelman, H. (2011). Implicaciones epistémicas del pensar histórico desde la perspectiva del sujeto. Desacatos, (37), 33-48. DOI: 10.29340/37.286 Disponible en: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607050X2011000300003
» https://doi.org/10.29340/37.286» https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1607050X2011000300003
-
Editor:
Altemar Amaral Rocha
