Este libro revela las conversaciones mantenidas durante el año 2023 entre Brenda Sosa y Juan Manuel Díez Tetamanti, profesionales comprometides con una geografía comunitaria, orientada a entablar procesos colectivos de construcción del conocimiento que trasciendan la división entre los espacios sociales, académicos y territoriales (Díez Tetamanti 2014). Juan Manuel es geógrafo, reside en Astra, provincia de Chubut, Argentina, donde investiga geografías rurales y metodologías territoriales colectivas desde el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Brenda es profesora de geografía en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. Trabaja sobre temas de geografía, géneros y feminismos. En Geografías del compartir sistematizan los dispositivos para cartografiar los territorios, las biografías y los cuerpos de las sociedades contemporáneas, desde las potencialidades metodológicas y artísticas de las ciencias sociales. Estas propuestas metodológicas provocan desafíos académicos a través de los dispositivos que el libro despliega, sociocartogramas, biocartografías y carto-corpografías, destinados a interpelar las formas patriarcales de producir ciencia. Así emergen los territorios, las experiencias y los cuerpos en dinámicas horizontales y desjerarquizadas que confluyen en la construcción colectiva de planos comunes. El potencial metodológico del trabajo desborda los límites de la geografía e invita a las ciencias sociales a incursionar en los mapeos colectivos, a dibujar las relaciones sociales, a expresar las emociones subjetivas. La incorporación del dibujo y el mapeo colectivo en la producción de conocimiento en las ciencias sociales conlleva implicancias transformadoras de las prácticas académicas en el tránsito hacia la investigación acción participativa, la extensión crítica y la docencia horizontalizada. Ello adquiere especial relevancia en el campo de las ciencias sociales y salud, preocupado por generar modos participativos de construcción del conocimiento en los temas de salud y ambiente, géneros y feminismos.
El prólogo de María Victoria Bautista destaca la intencionalidad de les autores para compartir las historias metodológicas en un “libro-esqueje” (: 2). Geografías del compartir es un libro que se puede plantar y multiplicar a la manera del rizoma. No es un manual metodológico, sino una invitación a cartografiar los territorios, las experiencias y los cuerpos. A ello se suma el prólogo de Susy Shock, quien recurre a la poesía en forma de aforismos que recorren la simbiosis entre el cuerpo y el territorio. La afirmación de mi cuerpo, mi territorio retoma y actualiza las históricas reivindicaciones feministas y disidentes. Tenemos entonces un libro esqueje metodológico, pero también una posición epistemológica que interpela la producción de conocimiento en ciencias sociales desde sus potencialidades artísticas, políticas y transformadoras. El trabajo se compone de dos partes, aunque su escritura altera deliberadamente el orden ortodoxo de la literatura académica. Les autores inician el recorrido desde la pasión por la cartografía. Cartografiar territorios, cuerpos y cuerpos-territorios son formas de construcción colectiva de conocimiento que buscan alcanzar el plano común. Los diseños incluyen la sistematización que requiere la producción del conocimiento en las ciencias sociales, pero la trascienden en las derivas concretas de los cuerpos y los territorios en transformación. En la segunda parte, comparten las técnicas y los dispositivos metodológicos para cartografiar. En ella encontramos los esquejes de los sociocartogramas, las biocartografías y las carto-corpografías. Les autores presentan cada dispositivo desde las tensiones y marcas situadas en los territorios y experiencias que les dieron origen. Luego abordan el proceso de develamiento de la técnica que emerge de esa matriz experiencial y finalizan con las propuestas prácticas, los diseños para el hacer.
En “Cartografiar nos convoca” les autores afirman que en este libro “la geografía deviene en cuerpo y el cuerpo, en intercambio, diversidad y reconocimiento en lo colectivo” (: 11). A la manera del bricolage Brenda y Juan Manuel proponen “Conversar y dibujar-nos”. Dos tareas relegadas por las sociedades occidentales actuales, que nos indican que no hay tiempo para conversar o que conversar es perder tiempo productivo. Y que el dibujar puede ser una expresión de lo artístico como expertise, si no es una actividad relegada a la infancia que luego con el aprendizaje de la lecto-escritura se va diluyendo en la vida del sujeto. En relación con el arte de conversar, les autores afirman que “la escucha implica la hospitalidad de habilitar el territorio del otro en nuestro territorio. La escucha además de ser techo, es abrigo y alimento” (: 14). Y que dibujar puede resultar “una actividad muy incómoda” (: 14) debido al adultocentrismo dominante y el despertar de asuntos olvidados de la infancia. Enfrentarse con una hoja en blanco puede ser semejante a saltar sin red, a crear sin copiar, a mapear sin mapa. La cartografía nos invita a dar ese paso hacia la emancipación de la autoridad.
La autoridad que encarna el geógrafo es tematizada por les autores en “Territorio, encuentro y textura”. Desde la enunciación de los enfoques feministas e interseccionales, así como los desplazamientos decoloniales y espaciales de las ciencias sociales, Juan Manuel y Brenda apelan a las relaciones de poder que atraviesan los territorios y modelan las formas de habitar los espacios. Una multiplicidad de experiencias que es aplacada por la geografía. Para el geógrafo, anclado en su escritorio, “lo efímero... no conforma territorio” (: 15), la vida en su permanente devenir no conforma territorio. Las cartografías sociales recuperan esa dimensión de la vida, de cómo son habitados los territorios entendidos como los lugares de expresión, los espacios afectados e intensamente vividos (Despret 2022).
En “Cuerpo-Territorio”, Brenda recupera las marcas de los feminismos en su biografía. Sus experiencias con la educación sexual integral en las escuelas y su participación en la marea verde, el movimiento feminista que logró la despenalización del aborto en Argentina, la conduce a interrogarse en este punto por las geografías feministas. Concluye que “la geografía de género implica la deconstrucción total de enclaves teóricos” (: 19). Señalar el lugar colectivo de los cuerpos individuales, implica reconocer el “cuerpo sensible y efímero: un cuerpo de intensidades y fuerzas variables...” (: 21). Les autores enfatizan la simbiosis entre cuerpo y territorio, si el cuerpo es efímero, el territorio también lo es: “llevamos el territorio en nuestro cuerpo... Allí donde estemos, está nuestro territorio” (: 21). En la cartografía social, el plano común permite el encuentro de cuerpos y territorios diversos en un campo que deviene político, relativo a los discursos y relaciones de poder que se expresan en “Escribimos los cuerpos, leemos”.
“El mapeo Cuerpo-Territorio: una puerta de entrada” cobra intensidad, incorpora los enfoques feministas decoloniales a las contribuciones de las geografías feministas para problematizar el patriarcado, el androcentrismo, el extractivismo y el capitalismo:
En un mundo capitalista de mercantilización de la naturaleza y extractivismos voraces sobre el espacio, el cuerpo forma parte de un paisaje de opresión, explotación y violencia. Las desigualdades en los territorios pueden ser leídas en los cuerpos en la medida en que los atraviesan, los violentan, los torturan y los destruyen en todas las expresiones que podamos imaginarnos (: 25).
Poner el cuerpo en las luchas colectivas de los feminismos y los derechos humanos, de las especies y la naturaleza significa comprometernos con “el amor, la empatía y la solidaridad” (: 27). Participar en los espacios de construcción colectiva de la investigación, el aprendizaje y el intercambio con cartografías sociales involucra también colocar nuestros cuerpos-territorios en el plano común. En ellos acontecen otros vínculos sociales, que se apartan de las lógicas del egoísmo, la acumulación del extractivismo y las relaciones de mercado. Con las cartografías tejemos otros sentidos que develan las formas comunitarias de relacionarnos para sostener la vida en los territorios y en los cuerpos que los habitan y son habitados por ellos.
En la segunda parte del libro, les autores abordan tres dispositivos basados en mapas de planos comunes: los sociocartogramas, las biocartografías y las carto-corpografías. Comparten las tensiones y marcas subjetivas que les llevaron hacia su develamiento y nos invitan a cartografiar haciendo los territorios, las biografías y los cuerpos. Las “Tensiones y marcas” que conducen hacia los sociocartogramas cuestionan la “esclusa” (: 35) que separa irremediablemente el hermetismo académico de la hermenéutica, de los saberes territoriales. “Los sociocartogramas se develan” como otra forma de entrevistar que coloca en el centro del debate la distancia entre las personas y sus territorios. ¿Cómo lo hacemos? Les autores proponen ¡Hagámoslo! a la manera del juego, con un objetivo temático o problemático y sus dimensiones generamos los mapas en el contexto de la entrevista. La sistematización del trabajo releva las recurrencias y derivas de los elementos que componen cada dimensión de los territorios. Su potencialidad para la investigación acción participativa, la extensión crítica y la docencia horizontalizada se pone de manifiesto en la creatividad del dispositivo, su carácter colaborativo y su capacidad para generar las categorías y dimensiones emergentes de los problemas territoriales tratados.
“Las biocartografías se develan” como mapeos de intensidades que registran marcas, deseos y devenires: “memorias de cuerpos ante un plano común” (: 52). Sus propias tensiones y marcas derivan de la incorporación del dibujo a los relatos de vida, como le plantea una mujer a Juan Manuel: “¿qué te parece si hoy, en vez de hablar, dibujamos?” (: 49). Con referencias al trazar primordial de Deligny, los mapas de intensidades de Deleuze y el andar vagando de Kusch, el autor presenta las biocartografías. Ellas entrelazan las trayectorias y subjetividades de quienes las recorren a la manera de una multiplicación cartográfica. Quienes participan del dispositivo se orientan con un derrotero determinado por un acontecimiento específico. La propuesta confluye con algunos aspectos del psicodrama, porque las biocartografías construyen un plano común en el colectivo de un dispositivo grupal. La apertura a los flujos de intensidades biográficas que se genera con las biocartografías las convierten en un instrumento potente para trabajar en investigación colaborativa en salud o extensión universitaria con colectivos de mujeres en recuperación de violencia de género o abuso sexual infantil. Además, la experiencia de cartografiar grupalmente puede aportar alivio a los padecimientos subjetivos y potenciar la acción colectiva. La técnica permite visibilizar de manera gráfica los derroteros biográficos de grupos y colectivos específicos, y durante el proceso de cartografiado circulan las producciones subjetivas para la construcción colectiva del plano común.
Las “Tensiones y marcas” de Brenda hacia las carto-corpografías comenzaron con su acercamiento a los feminismos decoloniales e indígenas. El cuerpo-territorio conecta los cuerpos de las mujeres con los territorios. Las acciones colectivas para la defensa de los territorios frente a los femicidios y los ecocidios del extractivismo y la opresión patriarcal apelan al “acuerpamiento” (: 58) como estrategia colectiva. “La carto-corpografía se devela” en la escuela:
Dónde ubicamos en ese cuerpo la escuela, ...la familia, ...el amor, ...el placer, ...su casa, ...sus amigxs, ...su barrio, ...su enojo, ...la intolerancia, ...los miedos, ...lo que les alegra, lo que les genera confianza (: 61).
Las carto-corpografías no son descripciones del cuerpo, sino que construyen “territorialidades múltiples” (: 63) a través de corporalidades que expresan experiencias, sentidos, identidades colectivas. En “Hagámoslo” podemos realizar los talleres de carto-corpografías con estudiantes de distintos ámbitos de educación. Pero también podemos identificar ideas para trabajar con colectivos como comunidades indígenas, rurales, periurbanas, urbanas, identidades sexo-genéricas, trabajadores, organizaciones y movimientos sociales. La autora advierte que puede ocurrir que las personas no estén acostumbradas a dibujarse a mano alzada; entonces pueden contornearse los límites de los cuerpos acostados sobre el papel. Las carto-corpografías, afirma Brenda, reflexionan sobre la habitabilidad: ... “son cartas dirigidas a nuestros cuerpos, escritas en primera persona y destinadas a nuestro territorio” (: 68).
Geografías del compartir, tres métodos para cartografiar territorios, experiencias y cuerpos de Juan Manuel Díez Tetamanti y Brenda Sosa es un libro bello, contiene ilustraciones originales y fotografías de los sociocartogramas y talleres de biocartografías y carto-corpografías en una edición impresa de excelente diseño y cubre tapa en material reciclado. Fiel a su título, la socialización del libro incluye la liberación de los derechos sobre la versión digital (Díez Tetamanti y Sosa 2024). La incorporación del arte en las ciencias sociales se expresa en las vinculaciones entre las cartografías y las obras artísticas como mapas de intensidades (Matti 2023). En lugar de consolidar el sujeto artista como individualidad tal como ha pensado el arte el occidente moderno y patriarcal, lo descoloca, desterritorializa su subjetividad en un “cuerpo sin órganos” (Deleuze y Guattari 1994). Paradójicamente, este desdibujamiento de los límites territoriales de la subjetividad se constituye en la plena posibilidad de reterritorialización en términos ya no individuales sino colectivos. La cartografía, como el arte, nos permite fundirnos con la otredad, construir de manera colectiva ese plano común que se expresa en el dibujo, pero también en el mundo. Incorporar los métodos de la cartografía social en el campo de las ciencias sociales y salud nos ayuda a evitar posiciones extractivistas en la construcción del conocimiento y transitar el camino hacia la transversalización de las perspectivas críticas y participativas en investigación, extensión y docencia. Las cartografías sociales entran en consonancia con los enfoques ecofeministas actuales que proponen el desplazamiento hacia lo comunitario (Haraway 2017) como estrategia de supervivencia de las especies en el planeta Tierra ante la catástrofe ecocida y femicida. La multiplicidad de las variaciones metodológicas de la cartografía social que se develan en este libro, trazan caminos posibles para colaborar con las comunidades y colectivos sociales en su tarea cotidiana de enhebrar los vínculos comunitarios y recuperar la vida colectiva.
Referências bibliográficas
- Deleuze, Gilles, y Félix Guattari. 1994. Mil Mesetas, capitalismo y esquizofrenia. 2. ed. Pretextos. 676 p.
- Despret, Vinciane. 2022. Habitar como un pájaro. Modos de hacer y de pensar los territorios. 1. ed. Cactus. 176 p.
- Díez Tetamanti, Juan Manuel, coord. 2014. Hacia una geografía comunitaria: abordajes desde cartografía social y sistemas de información geográfica. 1. ed. EDUPA. 162 p.
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Díez Tetamanti, Juan Manuel y Brenda Sosa. 2024. Geografías del compartir. Tres métodos para cartografiar territorios, experiencias y cuerpos. 1. ed. Arte Editorial Servicop. 72 p. https://geografiasdelcompartir.wordpress.com/
» https://geografiasdelcompartir.wordpress.com/ -
Haraway, Donna. 2017. “Las historias de Camille: los niños del compost.” Nómadas (47): 13–45. http://doi.org/10.30578/nomadas.n47a1
» http://doi.org/10.30578/nomadas.n47a1 -
Matti, Felipe. 2023. “El arte-cartografía: la obra de arte como mapa de intensidad.” Eidos 40: 163–88. http://doi.org/10.14482/eidos.40.612.582
» http://doi.org/10.14482/eidos.40.612.582
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