Open-access Visualizando la laicidad

Visualizing secularism

Visualizando a laicidade

Resumen:

Este artículo propone una relectura de la laicidad a partir de su materialidad, es decir, de formas cognoscibles tales como imágenes resultantes de acontecimientos controvertidos, que en principio tornan esas imágenes transgresoras en tanto transmiten lo opuesto a los principios constitutivos de esa categoría, pero también se tornan una manera de presentar cómo se percibe, se entiende y se produce laicidad sin la carga normativa que la compone. Esto genera un desplazamiento del centro al margen, que desubstancializa estándares compartidos al paso que formas de hacer religión acentúan su lugar en la esfera pública. Mediante una aproximación antropológica y semiótica se recuperan acontecimientos que generaron controversias en los casos brasileño, colombiano y mexicano para pensar la visibilidad de la laicidad, que se mueve entre su contenido y su forma, entre lo institucional y lo cultural, entre discursos, prácticas y también entre imágenes que se indexan en los imaginarios y representaciones colectivas, al tiempo que crean y refuerzan afinidades con sus audiencias.

Palabras clave:
laicidad; activismo religioso; imágenes; transgresión; acontecimiento

Abstract:

This article proposes a reinterpretation of secularism based on its materiality, that is, on knowable forms such as images resulting from controversial events. These images initially appear transgressive insofar as they convey the opposite of the constitutive principles of this category, but they also become a way of presenting how secularism is perceived, understood, and produced without its normative burden. This generates a shift from the center to the margins, desubstantiating shared standards while forms of practicing religion accentuate their place in the public sphere. Through an anthropological and semiotic approach, events that generated controversy in the Brazilian, Colombian, and Mexican cases are examined to consider the visibility of secularism, which moves between its content and its form, between the institutional and the cultural, between discourses, practices, and also between images that are indexed in collective imaginaries and representations, while simultaneously creating and reinforcing affinities with their audiences.

Keywords:
secularism; religious activism; images; transgression; event

Resumo:

Este artigo propõe uma reinterpretação da laicidade a partir de sua materialidade, isto é, de formas cognoscíveis como as imagens resultantes de eventos controversos. Essas imagens inicialmente se apresentam como transgressoras, na medida em que transmitem o oposto dos princípios constitutivos dessa categoria, mas também se tornam uma forma de apresentar como a laicidade é percebida, compreendida e produzida sem seu peso normativo. Isso gera um deslocamento do centro para as margens, dessubstanciando padrões compartilhados, enquanto as formas de prática religiosa acentuam seu lugar na esfera pública. Por meio de uma abordagem antropológica e semiótica, examinam-se eventos que geraram controvérsia nos casos brasileiro, colombiano e mexicano, a fim de considerar a visibilidade da laicidade, que transita entre seu conteúdo e sua forma, entre o institucional e o cultural, entre discursos e práticas, e também entre imagens indexadas em imaginários e representações coletivas, criando e reforçando simultaneamente afinidades com seus públicos.

Palavras-chave:
laicidade; ativismo religioso; imagens; transgressão; evento

Introducción

Este artículo propone identificar y analizar la tensión que generan determinados acontecimientos, traducidos en imágenes, con el uso de símbolos, de prácticas o de lenguajes religiosos por parte de agentes políticos con identidad religiosa en el espacio público. Se parte del concepto de laicidad en su base jurídica para desplegar su análisis al abordaje antropológico y semiótico, el cual crea y transmite significados a través de sistemas de signos, por medio de sus modelos visual (contexto de la imagen) e informacional (inclusión de mecanismos comunicativos que median en los efectos). Esto tiene como finalidad recuperar conceptos como acontecimiento, transgresión, materialidad sígnica y elementos denotativos y connotativos como insumos analíticos, que permitan tomar distancia de diagnósticos apriorísticos.

Estos conceptos auxilian la comprensión sobre los modos como segmentos políticos generan un doble movimiento a partir de la relación entre signo (significado y significante) y praxis (pragmática: uso, contexto, acción). El primero como estándar compartido recogido en su concepto (laicidad) 1 y el segundo como el resultado de interacciones, intereses e identidades que recaen sobre el primero generando controversias. En ese sentido, se busca plantear un enfoque más visual para una categoría cargada de normatividad, con el fin de observarla desde lo concreto, desde su materialidad, sin perder lo abstracto.

Se parte del término transgresión2 para visibilizar la identidad o las afinidades del agente que la produce, más que adjetivar su uso. Su acepción más común refiere a la acción humana de cruzar, desobedecer, exceder o sobrepasar nociones que presuponen la existencia de una norma que establece y demarca límites. Para la noción de acontecimiento3, dentro de sus múltiples abordajes, se privilegia su individualización como una separación que busca una diferencia y que, si bien aparece dentro de un género o especie que implica una dimensión de unidad y otra de identidad, también mantiene la referencia al conjunto del que forma parte. Se recupera la normalización como una de las cinco etapas del acontecimiento (descripción; narrativa; identificación del trasfondo pragmático; caracterización del problema público).

Los acontecimientos analizados reflejan un vínculo de correspondencia con valores socialmente legitimados, o que apelen a ciertos derechos que garanticen un espacio de aceptación, así se transgreda algún principio de estándares compartidos. La propia religión tiene presencia en la arena pública por la materialidad constitutiva de sus prácticas, que se hacen más cognoscibles a través de imágenes más que de contenidos, y en lugares autorizados de visibilidad que han sido convenidos y contextualmente construidos. Si bien la política adquiere una connotación de práctica mediática, la transgresión también pasa a serlo en tanto se utilice para alcanzar niveles de difusión y divulgación. Esto probablemente genere cambios, es decir, nuevas formas de comunicar, de entender la laicidad y de ampliar o contraponer su tradicional significado sin que esto sea consecuencia necesariamente de una previa idea consensual, o simplemente pueden ser disonantes, pero en cualquier caso producen intensos debates alrededor de esta categoría que acaba produciendo cierto tipo de materialidad.

Para explicar con más detalle esta iniciativa, se aborda la laicidad como categoría de análisis, recuperando algunas de las controversias más ilustrativas, por medio de imágenes como recurso visual, que se traducen o se sobreponen a diversos contenidos y que la visibilizaron a partir de la transgresión de sus principios fundadores y adaptados al momento presente, en los casos brasileño, colombiano y mexicano. Esto ilustra la forma cómo la laicidad se mueve entre el centro y el margen, entre su contenido y su forma, entre lo institucional y lo cultural, entre discursos, prácticas y también entre imágenes que se indexan en los imaginarios y representaciones colectivas, que expresan su estética y lo que queda de ella más acá de lo abstracto y más allá del discurso y de los marcos institucionales.

El enfoque cualitativo, sustentado en el abordaje semiótico-antropológico, privilegió la búsqueda en archivos de prensa que relacionaron laicidad y religión, además de levantamiento teórico y acompañamiento a los acontecimientos, los cuales fueron de conocimiento público. Estos tensionaron la laicidad, específicamente, en su principio de separación de poderes e independencia de contenido religioso. Por tanto, esta propuesta contiene una perspectiva comparada de tres países en la región4, para establecer contrastes y contrapuntos alrededor de la categoría laicidad, por medio de acontecimientos e imágenes que tuvieron resonancia e impacto político.

A través de los referenciales bibliográficos retomados se buscó una aproximación a las legibilidades de la laicidad, tomando la imagen como sustancial para pensar su materialidad. La disputa por reconocimiento y por la construcción constante de sentido de los elementos de poder producen repercusión para ciertos grupos sociales en un doble movimiento. Por una parte, estos grupos ven el contenido-imagen como transgresión, pero, al mismo tiempo, ponen en circulación el significado de lo que entienden por laicidad, no necesariamente en un ejercicio previo consensuado, y, por otra parte, para otros grupos, se trata de un tema de derechos, de participación, de identidad, y defensa de sus audiencias.

Las controversias generadas fueron registradas de acuerdo con el campo de estudio o con el impacto coyuntural que suscitaron, y se encuadran en una o varias de estas discusiones alrededor de la laicidad: contenido religioso en los discursos públicos institucionales; uso de símbolos religiosos en espacios gubernamentales; acuerdos programáticos; exposición de motivos normativos-morales en proyectos de ley; apoyo de líderes religiosos a campañas electorales; candidatura de líderes o partidos religiosos en entornos electorales mediante pautas morales; participación de jefes de Estado en liturgias; injerencia del Estado en fenómenos religiosos; activismo religioso en instancias legislativas y ejecutivas.

El principio de separación y autonomía entre Estado e Iglesia está siendo ampliamente cuestionado toda vez que hay manifestaciones de contenido religioso en espacios públicos institucionales, entendidas como violatorias o como afrentas a estándares compartidos. Ese acuerdo o estándar compartido emergió hace más de dos siglos y, específicamente, en el contexto de América Latina, con la descomposición del imperio español, cuyo monopolio e incidencia de la Iglesia católica surtió efecto político. En el siglo XX, con los procesos democráticos consignados en las constituciones, tanto la pluralización como la libertad religiosa quedaron garantizadas. Sin embargo, en la mayoría de los países latinoamericanos las aproximaciones entre gobiernos y organizaciones religiosas se han mantenido, primero exclusivamente con la Iglesia católica, y avanzado el siglo XX con iglesias evangélicas.

Ahora bien, cuando se habla de laicidad no todas las personas perciben lo mismo. Este término se tornó aparentemente polisémico cuando comenzó a ser tratado bajo la perspectiva del pluralismo religioso, pero amparado a la luz de estándares compartidos consignados en sus marcos legales dos siglos atrás. Laicidad encierra independencia de poderes políticos, igualdad y autonomía, principios que para algunos segmentos sociales generan contradicción cuando apelan a derechos como libertad religiosa, de conciencia, de pensamiento y de expresión.

Laicidad se encuadra como categoría relacional toda vez que se activa cuando agentes conservadores producen contenidos o imágenes transgresoras frente al principio de independencia de poderes, y que a su vez generan disposiciones de nominación a partir de afinidades ideológicas o identidades culturales, tornándose objeto de identificación y reconocimiento para el público al que va dirigido y para quien produce esa materialidad.

Las controversias generadas a partir de los acontecimientos presentados tienen diversos matices porque los mismos agentes defienden la laicidad y también la transgreden en una suerte de entendimiento particular de su significado o en una especie de construcción no estandarizada, sobrepuesta a los consensos ya conocidos. Por tanto, esta composición de temas consolida la idea de lo político como imagen y de la transgresión de consensos, que poco o nada importan para grupos sociales al momento de sentirse parcial o completamente identificados ideológica o simplemente afines al contenido-imagen que ciertos agentes producen. Esto, al tiempo que produce un movimiento en la laicidad del centro al margen, también refleja la forma como se construye en su materialidad, es decir, la manera cómo diversos agentes accionan contenidos religiosos en el espacio público generando un efecto de tensión tanto en los principios laicos como en otros campos como el de derechos humanos, el de libertad religiosa o en entornos electorales.

La ampliación de esta iniciativa contempla tres ejes: 1) materialidad sígnica 2) laicidad (in)vertida como imagen, 2.1) Brasil, Colombia, México, 2.2) sentidos de la laicidad; y 3) laicidad: entre el centro y el margen. El primero contiene un abordaje teórico sobre imagen, espectáculo, política, que tiene como objetivo preparar los elementos analíticos para las posteriores secciones. El segundo aborda la forma cómo es percibida la laicidad, y se compone de tres apartados: a) Brasil, b) Colombia y c) México. Cada uno presenta las imágenes y la referencia a la controversia, acompañados de una breve introducción, seguido de su análisis que recoge y amplía las variables sobre los acontecimientos presentados y muestra si se presentaron cambios después de las controversias. La última sección expone el encuadramiento más general de la propuesta y describe el movimiento de la laicidad entre el centro y el margen, que genera su visibilidad y materialidad.

1. Materialidad sígnica

La materialidad sígnica refiere al lenguaje de las imágenes, que mediante sus elementos denotativos (significante) y connotativos (significado) expresan la forma, el cómo se produce o se gesta la laicidad en lo concreto, es decir, más que el amplio intercambio de discursos, de mensajes, en términos semióticos se originan, además de los elementos objetivos propios de la imagen, los elementos de producción de sentido, que emergen de las prácticas de agentes en la dinámica política, de acuerdo con los casos analizados.

Las imágenes como materialidad sígnica, en cuanto a las relaciones que las definen, proporcionan reflexiones sobre la religión, la laicidad o la democracia, no como accesorio, sino como un punto de partida potencialmente disruptivo y transformador para la forma en que abordamos esas categorías. Las imágenes políticas son disensuales, desconectan significados y visibilidades, permiten el extrañamiento y la controversia, se configuran como dispositivo y resisten la captura, el silencio y los excesos de los discursos construidos a través de los medios, de las instituciones sociales y del Estado, combinando signos capaces de desestabilizar la evidencia de los registros discursivos dominantes (Salgueiro 2014). La imagen, por tanto, no es una cosa, un objeto, un discurso, sino un conjunto de operaciones que permiten la existencia de lo visible.

El trabajo de SliwinskiThe right to an image (2018a) plantea la pregunta ¿qué cuelgas en las paredes de tu mente? para introducir la idea sobre cómo las imágenes tienen una relación especial con el dominio más concreto del imaginario social, y pueden adquirir la fuerza de la realidad cuando se proyectan en los demás. Si bien esta autora trabaja sobre la idea que las personas a menudo reclaman su derecho a una imagen digna, escenificando una disputa mediante la iconografía, en este texto, inspirado en la forma de proyectar los derechos como imagen, se muestra cómo las escenificaciones o los contenidos discursivos por parte de líderes conservadores, religiosos o no, se transforman en imágenes que ilustran más claramente las formas cómo entienden y practican la laicidad, dando materialidad a ese concepto.

Tales acontecimientos terminan siendo lo opuesto a la consigna laica en sus valores fundadores, como el principio de independencia tanto de poderes como de contenido religioso, ya que estos contenidos se llevan a cabo en arenas públicas gubernamentales desde las cuales, teóricamente, se promociona el respeto a ese principio. Pero, también se torna lugar de autoridad, o instancias de autorización de discursos, para agentes que reconocen sus propias construcciones, más que ver fronteras o límites de esferas. Sin embargo, en el fondo, de acuerdo con Farman (2020), lo que está en juego no es la separación neutral de las instituciones sino la incesante transformación material y moral de los ciudadanos, independientemente de sus lealtades religiosas.

Lo anterior puede ser visto desde diferentes perspectivas, teniendo como encuadramiento político el desafío de las democracias contemporáneas de enfrentar las tensiones o conflictos, ya sean estos analizados como propios o no de lo político y, sobre todo, cuando es innegable que se gestan también en el campo simbólico, mediante repertorios discursivos o lenguajes no neutrales como terreno de lucha en el que comunidades interpretativas actúan. Una práctica discursiva que compone el repertorio de confrontación política es el cambio de significante, cuyo lenguaje no sería el instrumento de lucha en sí mismo, sino el terreno en el cual, y por el cual se lucha, que termina redefiniendo relaciones.

Los conflictos son interpretados por Mendonça et al., (2021) como batallas por el lenguaje que expresan disputas por el contexto de enunciación con la manifestación de significantes y atraviesan el proceso de significado donde estos se insertan. Esto quiere decir que los conflictos políticos se relacionan con el cambio de lo decible y lo experiencial, que se estructuran como un conflicto por el lenguaje.

Estos guardan un vínculo de interacción entre espectáculo y política, entendiendo el primero como inherente a las sociedades humanas, presente en todas las instancias organizativas y prácticas políticas, sin embargo, esa relación cambia y se actualiza de acuerdo con cada contexto (Rubim, 2002). Las sociedades contemporáneas marcadas por la intensa presencia de las comunicaciones, de la información y de la tecnología pasan a dar un lugar privilegiado a las imágenes en el ámbito de las representaciones en donde el espectáculo, al contrario de un mero conjunto de imágenes, marca una relación social entre las personas, pero mediada por las imágenes, cuya emergencia se debe a la separación y autonomía entre lo real y la representación. La cuestión es que, como señala Rubim (2002), ese espectáculo ya no es sólo de la sociedad sino está en el poder, en el propio Estado que se transforma en productor de espectáculo y la política como su lugar de actuación, debido a la lógica productiva de los medios de comunicación, dirigidos por el entretenimiento.

El espectáculo también puede ser visto como un modo de sensibilización frente a la disputa por el poder y como productor de legitimidad política. De cualquier modo, el espectáculo no es ajeno a la política, de hecho, es inherente a sus manifestaciones desde sus orígenes. Sin embargo, cuando la política se percibe apenas como una dimensión argumentativa sin tomar en cuenta su plasticidad en regímenes de visibilidad se crea cierto extrañamiento dada la estética que adopta.

Por tanto, la emoción, la sensibilidad, la escenificación, los ritos, los sentimientos, los espectáculos, sumados al debate y a la argumentación racional conforman la política. Lo sensacional, lo sorprendente, lo excepcional, las performances, potencializan la atención y el carácter público del evento espectacular. Cabe mencionar que la autonomía del espectáculo con relación a lo religioso (secularización del espectáculo) llegó a tener acogimiento en variados campos, pero también se corre el riesgo de que en un mundo donde todo es transformado en espectacular, nada más parezca ser espectacular, pasando a su banalización en una dinámica constante que produce y destruye espectáculos (Rubim, 2002).

La búsqueda de imagen pública y su respectivo poder funcional ha justificado inversiones institucionales, mediáticas, de mercado, como una manera de hacer política, de hacerla comprensible y simplificada, que privilegia la apariencia, el carisma, la teatralización, el espectáculo y el simulacro en la política contemporánea, como una política de imágenes, cuyas tensiones entre visibilidad y credibilidad forman la opinión sobre un sujeto o institución de la política, especialmente en entornos electorales, causadas por la potencia, polaridad e impacto de un tema relacionado a intereses propios y a los de la sociedad (Weber, 2009). Esta autora recoge, de forma concreta, el vínculo entre imagen pública, visibilidad de la imagen y de la representación, cuando afirma que el hecho de ejercer el poder y el gobernar combinan dos modos de representación, por una parte, la representación política como objetiva y tangible vinculada a la elección y, por otra, la representación simbólica, subjetiva e intangible en lugares de visibilidad pública, donde la imagen adquiere un papel importante.

Un ejemplo del planteamiento anterior se evidencia en el estudio sobre la política y el espectáculo en Jair Bolsonaro, expresidente brasileño, cuya forma de hacer política privilegió los aspectos identitarios de la vida policial, la valoración de las tradiciones, la moral cristiana y la espectacularización de los conflictos, para trasponerlos a la vida política como una forma de justificar la protección a los “buenos ciudadanos”, dejando como resultado una ciudadanía aún más dividida entre grupos abiertamente admitidos y otros que no lo son (Cioccari & Persichetti 2018). Lo que interesa en esa disputa del espectáculo es producir adhesión, más que el análisis de argumentos lógicos, y en donde el reconocimiento de derechos es transversal crecen aún más los discursos de odio espectacularizados que generan representaciones sociales.

La imagen, así como la estética política, el lenguaje y su interacción con el espectáculo se presentan como un encuadramiento de análisis frente a las tensiones que emergen por la movilización de contenido y símbolos religiosos en instancias institucionales. Sin embargo, esos efectos políticos pasan por la vieja discusión sobre el lugar de la religión o más recientemente, dado el férreo activismo evangélico, sobre los límites de ese proselitismo e incluso sobre libertad religiosa. Y todavía algo que genera mayor controversia es que, así como la laicidad (Dallari, 2022) concierne a diversas áreas del conocimiento y es uno de los pilares de la cultura política y jurídica del mundo occidental, por su parte, la religión ha estado presente de forma central desde la conformación de los estados modernos.

2. La laicidad (in)vertida como imagen en Brasil, Colombia, México

Aproximarnos a la laicidad a partir de su contexto visual conlleva repensar su definición de independencia, autonomía y separación, así como su uso y materialidad o incluso su entrecruzamiento con el reconocimiento, la identidad y el capital político. Abordar esa categoría a través de imágenes, que expresan lo opuesto a sus principios arroja ideas sobre la dimensión y posible rebosamiento de su concepto. Esto además de las emociones, sensibilidades, lenguajes y prácticas que recrean afinidades ideológicas o identidades, dotan de sentido aquello que no hace parte de estándares compartidos, mediante la movilización de representaciones o imaginarios sociales que de ese concepto se desprenden. Incluso, la reivindicación de su tradicional significado es más visible y defendida cuando se muestra lo contrario a su génesis y a su razón de ser.

Muchas veces el contenido religioso, que moviliza sensibilidades, emociones e identidades, endosa su importancia al capital político y al reconocimiento de quien produce su materialidad. La imagen se torna remanente que circula a través de diversas audiencias. Algunos segmentos ignoran lo que significa laicidad o lo que puede infringirla, pero identifican quien produjo la acción-imagen y el mensaje que contiene. O, por el contrario, audiencias que a pesar de identificar lo que significa y representa la laicidad, entienden que si su transgresión tuvo un interés colectivo y fue apenas simbólico no les representa mayor impacto, al contrario de si el mensaje o imagen de quien confronta la laicidad tiene implícita y explícita la reproducción de odio.

En cualquier caso, se privilegia la representación ideológica o la creación de vínculos de identidad a partir de acontecimientos traducidos en imágenes que identifiquen posicionamientos político-partidarios o visiones de mundo, y dependiendo los imaginarios que se tengan sobre laicidad, esta cobrará o no importancia al momento de juzgar determinada producción de imagen o contenido.

De ese modo, muchas veces la laicidad se pierde y se torna lo menos importante para dar paso a la imagen transgresora como aquella que convoca, que reconoce, que identifica y que confronta estándares compartidos. En ciertas ocasiones, el uso de esta categoría parece ser autofágico y hasta necesario para la manutención de agentes conservadores mediante la afronta de aquello que discursivamente defienden: autonomía de poderes, democracia y derechos humanos, para promover una laicidad self (acorde a cada interpretación) o de reconocimiento, donde lo que cuenta es la versión particular de dicha categoría y, a partir de la transgresión, mayor visibilidad y capital político de quien la moviliza.

Por tanto, los acontecimientos que son enunciados en este texto buscan reflexionar sobre la forma cómo es percibida la laicidad y cómo esta se torna imagen a partir de la confrontación de sus principios constituyentes. A continuación, para cada uno de los tres países, Brasil, Colombia y México, se presenta el material documentado, y se describen brevemente los elementos denotativos de las imágenes, es decir, lo que literalmente muestran en cuanto a su composición y características propias. También se revisan los aspectos connotativos o su significado, así como su contexto y el análisis que de esto se deriva en el próximo apartado titulado Sentidos de la laicidad.

2.1 Brasil, Colombia y México

Este apartado tiene como objetivo ilustrar la propuesta que descansa sobre un análisis interdisciplinar y tiene como base el concepto normativo de laicidad que refiere a los estándares compartidos sobre separación y autonomía de poderes, que recoge la propuesta contemporánea liberal de ausencia de contenido religioso en instancias gubernamentales. Sin embargo, la praxis ha flexibilizado de cierta manera el concepto dada la trayectoria de cooperación entre Estado y organizaciones religiosas. A pesar de las idas y vueltas sobre las implicaciones de este concepto, y la confrontación entre la carga normativa que exige tal autonomía y el activismo religioso en lo institucional, emergen controversias en diferentes niveles e impacto que con la distancia del tiempo van encuadrando prácticas, agentes y acontecimientos.

La laicidad usualmente es cognoscible a través del lenguaje, de su significado, que indica las “fronteras” entre campos, sus principios constituyentes y las construcciones sobre sus matices que cada sociedad acordó. En lo concreto, esas aparentes fronteras quedan diluidas y adquiere visibilidad toda vez que se transgrede su contenido bajo el imaginario colectivo normativo. Determinados acontecimientos se tornan estridentes y generan controversias cuando bajo el lente normativo se yuxtapone la privatización de la religión a las manifestaciones religiosas en el espacio público. Esto pierde de vista que las tradiciones religiosas se constituyen a través de procesos interactivos en diferentes escalas de la vida social vinculados con procesos de analogía, resonancia y traducción, habitando en el mismo mundo social en un modo de pertenencia agonística (Das, 2013).

Los efectos de tales acontecimientos producen su materialidad cognoscible mediante imágenes que transmiten la forma cómo se construye y se acciona el contenido de la laicidad, más allá de sus marcos normativos. Es decir, lo cognoscible de esta categoría a través de imágenes da cuenta de lo inverso a su contenido normativo.

Tres países con diversos acontecimientos son relatados en esta sección, cuyas imágenes y controversias van presionando la forma de entender conceptos, sus límites y alcances. Estos acontecimientos produjeron extrañamiento y controversia cuando fueron confrontados con los principios de la laicidad. Las imágenes se tornan el remanente que se indexa en el imaginario social, a partir del accionar o del activismo político de agentes, traducidas en transgresoras, normalizadas o no, en tanto dejan al margen estándares compartidos para sobreponerlos por formas particulares de entender y practicar la laicidad revalidando posiciones, acciones o lenguajes desde instancias públicas, pero también generando y reforzando afinidades con sus audiencias.

Al final, después de densas controversias, la imagen recoge diversidad de elementos que por sí solas o acompañadas de otro elemento registran cómo se forman posibles patrones o modelos de acción y cómo se conectan a representaciones sociales. A continuación, se describe: a) Brasil, b) Colombia y c) México y en el numeral 2.2 se despliega el análisis respectivo.

A. Brasil

Para el caso brasileño se presentan los siguientes acontecimientos presentados en imágenes: (ex)presidente y diputados participando de la Marcha para Jesús, uno de los eventos evangélicos más visibles; contenidos morales conservadores de tradición cristiana promovidos en el Congreso por parlamentarios; proyectos de ley con exposición de motivos religiosos; activismo evangélico en el Congreso como apoyo a la queda presidencial de 2016; celebraciones del día del evangélico en instancias legislativas; adecuación de salas para culto en espacios legislativos.

Estos acontecimientos pueden considerarse como transgresores del principio de separación y autonomía de esferas, pero al mismo tiempo constituyen imágenes frecuentes en el campo institucional brasileño. Esa frecuencia poco a poco dota esa transgresión de cierta normalización, teniendo en cuenta la significativa composición religiosa en el Legislativo.

El contenido de las dos primeras imágenes relacionadas a continuación muestra la participación del presidente de la época y diputados accionando modos de hacer religión en el espacio público, no sólo vistiendo ropas alusivas sino protagonizando el evento evangélico más importante del país. Las imágenes secuenciales transitan entre contenido religioso en el Legislativo, en el momento de exposición de motivos donde las pautas morales adquieren mayor peso y para defenderlas se argumenta que el Estado es laico, pero no la política, pasando por celebraciones del día del evangélico en la Cámara, hasta la adecuación de una sala de Comités para un espacio de culto. Estos acontecimientos que en su momento fueron controversia traducidos en imágenes van confeccionando en contextos diferentes la materialidad de la laicidad.

I. Activismo religioso por parte de líderes políticos

Imagen 1.
Participación del (ex)presidente Bolsonaro en la Marcha para Jesús

En la imagen 1, el (ex)presidente Jair Bolsonaro viste camiseta alusiva a la Marcha para Jesús, que reúne a miles de evangélicos, donde participa activa y públicamente. El logo del evento usa los colores de la bandera brasileña, como símbolo de la nación.

Imagen 2.
Diputado Marcos Feliciano durante la Marcha para Jesús

En la imagen 2, la primera fotografía presenta a diputados como el evangélico Marcos Feliciano en la Marcha para Jesús. El diputado vistió la camiseta del evento, cuyo eslogan en ese momento aún no se había apropiado de los colores de la bandera brasileña. La siguiente muestra una de las consignas que más se publicitó en la época: “Brasil contra Cristofobia”, cuando el segmento de líderes evangélicos pautaba contra la ampliación de derechos como el aborto.

Imagen 3.
Activismo evangélico conservador

La imagen 3, en su lado izquierdo, muestra a parlamentarios en la Cámara sosteniendo material publicitario alusivo a pautas morales, con contenido referente a la llamada “ideología de género”. En la imagen del lado derecho se observa en el centro de la mesa al presidente de la Cámara de la época, el evangélico Eduardo Cunha, y varios diputados a su alrededor, predominantemente hombres, exhibiendo mensajes despectivos sobre temas en pauta como el matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana.

II. Proyectos de ley con exposición de motivos cristiano-morales

Imagen 4.
Autor PL aborto y reacciones contra

La imagen 4, en su lado izquierdo, muestra a un hombre blanco, junto a la bandera brasileña, en alocución pública con semblante de satisfacción, que en su función de político y pastor propuso el proyecto de ley para equiparar el aborto a un homicidio. En la imagen de la parte derecha se refleja una de las manifestaciones, mayoritariamente integrada por mujeres jóvenes, en la ciudad de São Paulo contra tal proyecto, mediante mensajes de rechazo al contenido de la iniciativa.

III. Argumentos morales y de tradición religiosa en apoyo a la destitución presidencial

Imagen 5.
Bancada evangélica a favor del impeachment

En la imagen 5 se presenta la reunión de diputados, entre gritos y mensajes, alrededor de la bandera brasileña, como apoyo a la queda presidencial de 2016. Es una imagen que reúne hombres predominantemente blancos con expresiones faciales de exclamación y brazos abiertos que denotan enojo y contundencia.

IV. Celebración día del evangélico por parte de concejales en instancias institucionales

Imagen 6.
Homenajes a evangélicos en cámaras municipales

Imagen 7.
Homenajes a evangélicos en cámaras municipales

Imagen 8.
Sesión solemne extraordinaria en honor al Día del Pastor

Las imágenes 6, 7 y 8 exponen sesiones en tres Cámaras, integradas por hombres y algunas mujeres, en disposición afirmativa, de oración y de festejo. Los parlamentarios con sonrisas en sus rostros y mensajes alusivos a lo que denominaron el día del evangélico celebraron junto a los presidentes de las respectivas Cámaras legislativas.

V. Adecuación de sala de comités para espacio de culto por parte del presidente de la Cámara de São Paulo

Imagen 9.
Sala de culto en Cámara de São Paulo

Esta imagen 9 evidencia la transformación y adecuación de los elementos que componen un espacio físico para otro, donde se pasa de una sala ejecutiva con micrófonos y mesa de reuniones, en forma de herradura, a una sala simple con una pantalla en la pared, un par de flores y una mesa, al frente de unas sillas comunes, que reproduce el ambiente de una iglesia.

Las tensiones políticas o controversias derivadas de los acontecimientos presentados se enfocan en discusiones sobre derechos humanos y libertades, más que sobre los estándares compartidos o las fronteras de la laicidad. Incluso, el debate sobre tales fronteras es marginal en términos de normatividad o de límites, para dar paso a análisis que conectan con temas más globales como las formas de hacer política en las democracias contemporáneas o el auge de la extrema derecha. En ese sentido, la carga normativa de la laicidad queda al margen, priorizando imágenes que pasan de la transgresión a cierta normalización, pero que llegan a generar movilizaciones caso su contenido perjudique conquistas ya alcanzadas en materia de derechos.

Las imágenes transgresoras de la laicidad brasileña de alguna manera se normalizan, dado el férreo activismo religioso y conservador en instancias gubernamentales. Sin embargo, también obedece a la cultura política, al sistema electoral partidario y jurídico, así como al grado de transgresión que aún contorna los contenidos-imágenes. En este país a pesar de tratarse de transgresión, esta ha sido tan frecuente que ya la mirada no está propiamente en ello, sino en los efectos en materia de políticas públicas.

En Brasil, la manutención de la laicidad no tiene mucha cabida dada su trayectoria, además de su significativa composición religiosa conservadora en instancias gubernamentales, que dista de México y Colombia. Como se mencionó, cuando las pautas de estos agentes transgreden derechos sociales, reproductivos y sexuales trasciende a medios de comunicación, a académicos y a movimientos sociales que se movilizan contra tales pautas.

B. Colombia

Para el caso colombiano, los acontecimientos que se describen en esta sección constituyen: símbolos religiosos en instancias jurídicas; emisión de contenido religioso por parte del (ex)presidente; entrega de ciudades a Jesucristo por parte de alcaldes en reuniones públicas; promoción de libros sagrados mediante políticas públicas; activismo evangélico en procesos políticos de alcance nacional promoviendo contenido moral cristiano.

Estos acontecimientos mientras que han sido entendidos por agentes gubernamentales como parte de la tradición y las costumbres de la sociedad colombiana, para algunos segmentos sociales representan imágenes transgresoras de los principios constituyentes de la laicidad.

Las dos primeras imágenes relacionadas a continuación denotan el uso de símbolos religiosos en instituciones públicas como la Corte Constitucional y la Policía Nacional. En la secuencia imagética, el presidente de la época a través de un mensaje público, que se registró como imagen, invitó a todo el país a celebrar una fiesta católica. La entrega de una ciudad colombiana a Jesucristo mediante acto y decreto público, así como la ley que se propuso para decretar la semana de la Biblia. Esto combina elementos jurídicos con liturgias y modos de hacer religión. A las imágenes finales de esta sección las acompañan frases como “Colombia será ateo-marxista y homosexual tras firma de paz” que vinculan contenido conservador promovido desde el Senado, por agentes religiosos y no religiosos, para contraponer decisiones de alcance nacional como fue el proceso de paz entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano.

La composición de estos acontecimientos fue delineando la materialidad de la laicidad que transitó entre el centro y el margen mediada por la acción conjunta o individual de segmentos que vigilan sus principios, pero al mismo tiempo las imágenes revelan la carga controversial que maneja la permanente transformación material y moral de los ciudadanos.

I. Uso de símbolos religiosos en instituciones públicas

Imagen 10.
Crucifijo en la Sala Plena de la Corte Constitucional colombiana

En la imagen 10, la reunión de cuatro mujeres y cinco hombres legisladores en la Sala Plena de la Corte Constitucional alrededor de la mesa de juntas, tiene como elementos visuales la bandera colombiana y un crucifijo en la parte central superior de la Sala, el cual motivó diversas controversias.

Imagen 11.
Expresión "Dios" en el escudo de la Policía Nacional colombiana

Imagen 12.
Comunicaciones oficiales actuales con eslogan Dios y Patria

En la imagen 11, el escudo de la policía nacional colombiana destaca en su distintivo inferior la expresión Dios y Patria inscrita sobre una forma de pergamino. Expresión que también acompaña los comunicados oficiales de esa institución, y adicionalmente se destaca en letras de igual tamaño al escudo, es decir, esa expresión se encuentra dos veces, dentro y fuera del escudo, cuando de comunicados oficiales se trata (imagen 12).

II. Contenido religioso por parte de (ex)presidente, de alcaldes, y semana de la Biblia

Imagen 13.
Uso de contenido religioso por (ex)presidente colombiano

La imagen del (ex)presidente Iván Duque en tonalidad azul claro tiene sobrepuesto el ícono de twitter, que acompañó la noticia sobre el contenido religioso que el (ex)mandatario posteó en su red social (imagen 13).

Imagen 14.
Entrega de ciudad colombiana a Jesucristo

La imagen 14 muestra al alcalde de la época en alocución pública donde se sobrepone la imagen del decreto que durante su mandato firmó, para establecer que Dios sería el dueño del territorio que estaba a su cargo.

Imagen 15.
Semana de la Biblia

En la imagen 15, un crucifijo acompaña el acuerdo que decretó la Semana de la Biblia en una ciudad colombiana.

III. Contenido religioso en instancias institucionales durante proceso de paz

Imagen 16.
Activismo religioso en el Congreso colombiano

En la imagen 16, el senador Marco Fidel Ramírez, autoproclamado defensor de la familia, mediante alocución pública se refiriere a la llamada “ideología de género”. Con mano alzada, para hacer énfasis en su discurso, viste un chaleco blanco y azul que, aunque no se ve en la imagen, tiene inscrita la frase de defensor de la familia.

Imagen 17.
Pacto cristiano por la paz frente a los acuerdos Estado-FARC

La imagen 17 refleja en colores azul y blanco, asociados al cielo, la comunicación oficial de líderes religiosos sobre lo que denominaron el Pacto Cristiano por la Paz durante los acuerdos de paz de 2016.

Imagen 18.
Alocución presidencial frente a activismo cristiano

La imagen del (ex)presidente colombiano Juan Manuel Santos en alocución pública, tiene de fondo el eslogan de su gobierno, y el símbolo de la paloma puesto en su traje, al momento de dar declaraciones sobre la posición del gobierno en no promover la “ideología de género”, que fue tan controversial en la época de los acuerdos de paz, cuya pauta moral fue intensamente promovida por sectores religiosos (imagen 18).

Imagen 19.
Movilizaciones de cuño conservador

La imagen 19 reúne seis representaciones, todas con diversos colores, pero especialmente amarillo, azul y rojo, tonalidades de la bandera colombiana. Por la posición de las personas, los mensajes contenidos en sus pancartas y en el material publicitario muestran inconformidad y protesta, siendo familia la palabra más destacada.

Las controversias generadas por estos acontecimientos manifestaciones de movimientos sociales como rechazo a su normalización o reproducción. Esto quiere decir que hay una observancia constante desde ciertos grupos sociales, a pesar de que Colombia no cuente con niveles significativos de secularización, pero que presionan el mantenimiento de cierto nivel de laicidad.

En este país, la manutención de la laicidad se da a través de la vigilancia constante por parte de algunos segmentos frente a lo político, lo cual conlleva a que la transgresión no se torne la regla. Como resultado de ese control, cuando hay controversias con respecto a los principios de la laicidad algunos grupos o individuos instauran procesos jurídicos. Sin embargo, como ya se mencionó, también obedece a la cultura política, al sistema electoral, partidario y jurídico.

C. México

Los acontecimientos presentados a continuación hacen referencia a: la defensa del Estado laico mediante símbolos religiosos y la petición de respeto al segmento cristiano en el Congreso; el sacrificio animal en el Senado como parte de usos y costumbres indígenas; el activismo católico en entornos electorales; la pauta para elección de pastores a cargos públicos.

Estos combinan elementos como símbolos, lenguajes, liturgias y militancia desde espacios públicos institucionales, a pesar de que México se precia de mantener en alguna medida autonomía de poderes como consecuencia de las Leyes de Reforma y la manutención del legado del siglo XIX. Estas imágenes dejan en controversia la defendida laicidad, ya que en su materialidad construyen otros entramados más allá de la carga normativa toda vez que agentes hacen, producen y emiten discursos en nombre de la religión en instancias gubernamentales o espacios públicos de alcance nacional.

I. Defensa y afrenta al Estado laico desde sus propias instancias

Imagen 20.
Uso de símbolos religiosos en el Congreso mexicano

En la imagen 20, la senadora Téllez en alocución pública con su mano derecha alzada, sostuvo en su mano izquierda un rosario que elevó frente a un póster, que contenía una camiseta negra con la imagen de una calavera y en la parte inferior las palabras López Obrador. Con estos elementos visuales la senadora aseguró defender el Estado laico, al pedir respeto al (ex)presidente Obrador por hacer referencias a un culto, lo cual causó controversias.

Imagen 21.
Ritual indígena en el Senado

En la imagen 21, la figura del lado izquierdo muestra al (ex)legislador Gómez sosteniendo la bandera entorchada de México, y al lado derecho se muestran dos vasijas y las manos de unas personas colocando un elemento (parte pixelada) en estas. Esto hizo parte del ritual indígena, hecho en el patio del Senado, que tuvo como objetivo el sacrificio animal para invocar al dios de la lluvia Tlaloc durante el período de sequía.

II. Activismo católico partidista

Imagen 22.
Líderes católicos orientan voto

Imagen 23.
Líderes católicos orientan voto

Las imágenes 22 y 23 muestran a jerarcas de la Iglesia católica en alocución pública orientando el voto en jornadas electorales.

III. Pauta evangélica para elección de pastores en instancias gubernamentales

Imagen 24.
Confraternice pide que evangélicos sean votados

La imagen 24 muestra en sala de reunión, con presencia predominantemente de hombres, varios pósteres y una pantalla, donde se produjo el encuentro de iglesias cristianas a través de su organización Confraternice.

Los acontecimientos presentados se traducen en imágenes transgresoras en sí mismas dada la trayectoria laica mexicana. Si bien no es lo usual, esto se presenta en instancias gubernamentales y, al tiempo que es rechazado por sectores académicos y civiles, cobra sentido como formas de identificación para los grupos a los cuales va dirigida tal imagen, en tanto recurso producido que genera controversias y tensiones especialmente en entornos electorales.

El impacto de la transgresión se torna mayor en el caso mexicano con respecto, por ejemplo, al caso brasileño, por la razón más conocida sobre la normatividad en el país del norte que promueve la estricta separación entre política y religión y que, en consecuencia, frente a los acontecimientos señalados, el primer debate o controversia que sobresale gira en torno a las fronteras de la laicidad y a los riesgos de traspasarlas. Como auxiliares en la manutención de la laicidad tienen un papel importante la cultura política y el sistema electoral, partidario y jurídico que desde sus inicios se constituyeron con la idea de estricta autonomía de poderes, a pesar de que en lo local existan otras formas de aproximación, y son esas mismas instancias gubernamentales que dan cuenta de tal mantenimiento de fronteras.

2.2 Sentidos de la laicidad

La sección anterior presentó varios acontecimientos mediante imágenes en los tres países que en su momento generaron controversias, y como telón de fondo visibilizaron la materialidad de la laicidad. En este apartado se busca ampliar el análisis sobre la forma cómo la imagen indexa tales controversias. Un ejemplo de esto lo constituyen elementos denotativos como vestir la camiseta de un evento evangélico por parte de un presidente de la república participando activamente, y esto se vincula con elementos connotativos cuando el principio de autonomía laico previene sobre estas manifestaciones toda vez que privilegia unas liturgias sobre otras.

El activismo conservador, por parte de religiosos o no, con contenido que desafía los estándares compartidos de la laicidad, deja esa categoría al margen mediante tensiones para confrontarla con el contexto actual. Ese accionar queda consignado mediante imágenes, que llegan a diversos segmentos mediante imaginarios sociales, y es cada sociedad quien marca los acuerdos sobre tales relaciones, vínculos o fronteras.

En los acontecimientos presentados, la materialidad de la laicidad se visibiliza en oposición a su significado por parte de los agentes que la producen o la movilizan. Otras categorías de nominación podrían encuadrar los marcos generales de las controversias tales como crisis democrática, pluralismo religioso, entre otras. La característica relacional de la laicidad, así como la transformación de las formas de hacer política y su estética, amplían las perspectivas de análisis en torno a los acontecimientos descritos en este texto, trasladando o moviendo el centro (la laicidad) para vincularlo a análisis de categorías como derechos y libertades, que argumentan los agentes que producen imágenes transgresoras frente a estándares compartidos.

A pesar de que esto pueda tener una connotación controvertida, a partir de imágenes que oponen su significado, también se visibilizan las formas como se opera, se entiende, se moviliza y se da materialidad a la laicidad. Ahora bien, la reflexión que surge es ¿esas formas de comunicar, que finalmente se tornan imágenes, qué variaciones-tensiones presentan o, más aún, generan cambios concretos?

Las imágenes pueden ser una forma de comunicarse, ya que circulan rápidamente en muchos lugares, y los rostros son imágenes potentes para hacer afirmaciones políticas, sean ellas devastadoras o constructoras (Sliwinski, 2018b). Más que los acontecimientos políticos o escenificaciones proferidas por agentes, como el ejemplo del sacrificio de la gallina en instancias legislativas, o del rosario en el Congreso, su importancia residiría en las factibles transformaciones que emergen de ello, es decir, si provocaron otros modos de comunicación, de estética política, de más normatividad o, incluso, de vulnerabilidad de derechos. Pero también puede ocurrir que los acontecimientos analizados no pasen de ser apenas contenidos para ganar terreno político, y aunque generen impacto, negativo o positivo, no llegan a generar cambios, pero sí crean tensiones y conflictos que se traducen en el fortalecimiento discursivo por parte de tales agentes.

De los acontecimientos presentados, en el caso brasileño, por ejemplo, la Marcha para Jesús, además de simbólica, se tornó plataforma política con privilegio más evidente para políticos de derecha (Agência Pública 2024). Este evento consiguió amplia difusión hasta el punto de verse como parte de la cultura, que congrega políticos y personalidades destacadas. En 2024, el presidente Lula fue invitado a la Marcha, pero envió en su reemplazo a uno de sus ministros (evangélico) como representante. En Brasil, la religión continúa construyéndose como pública, con extensa publicización y esto fue más evidente durante el gobierno de Bolsonaro, quién preponderó el cristianismo en relación con la laicidad y, específicamente, la derecha evangélica (Oro 2022). De ese modo, la laicidad en ese período gubernamental adquirió una connotación más evangélica (Almeida 2020).

Esto quiere decir que presidentes y parlamentarios no solamente participan en eventos religiosos, sino que además no hay mecanismos que apliquen la estricta ejecución de separación entre poderes y, como señalado anteriormente, incluso, en el pasado gobierno brasileño, fue Bolsonaro quien recondujo la laicidad, con un perfil paradójicamente más evangélico.

En el caso de los diputados, como el pastor Marcos Feliciano, tienen espacios autorizados, como las instancias legislativas, para su activismo conservador. Incluso se proponen proyectos de ley como el PL 1904/24 equiparando, prácticamente, el crimen por violación a un aborto, en una especie de “defensa de la moral cristiana”. Es tal el impacto y repercusión de este activismo que su voto ayudó en otro de los acontecimientos más importantes en ese país: el impeachment presidencial en 2016. Entretanto, las usuales celebraciones del día del evangélico en instancias legislativas muestran cómo el cristianismo, predominantemente de matriz evangélica, es considerado como parte de la cultura brasileña, pero también como palco político.

A pesar de la construcción de la religión como pública en Brasil, el activismo evangélico, reforzado aún más desde el gobierno Bolsonaro, dejó consecuencias y cambios en lo político. Por una parte, el fortalecimiento del activismo evangélico en instancias gubernamentales, que tiene como directriz la moral pública, así como la mayor proximidad entre religión y política. Por otra parte, este activismo ha ocasionado manifestaciones en las calles, como la que generó el PL 1904/24 y, a su vez, la amenaza contra derechos conquistados al designarse una pastora evangélica al frente del ministerio de Derechos Humanos, como sucedió durante el gobierno de Bolsonaro.

Con respecto a los acontecimientos colombianos, por ejemplo, la tutela impuesta contra el tuit del presidente de la época llamando a la celebración de la Virgen de Chiquinquirá, argumentó que el mensaje era discriminatorio, y que, si bien se hizo desde la cuenta personal y no desde la presidencial, mediante ese canal se emite información oficial como órdenes o mandatos y, en consecuencia, las cuentas personales de los servidores públicos pierden tal connotación. La Sala de ponencia se pronunció a favor del ciudadano demandante para que el (ex)presidente retirara el trino y le pidió abstenerse de incurrir en las conductas que dieron origen a esta tutela, ya que era un claro discurso en materia religiosa cuya divulgación es prohibida, pues implica el desconocimiento del derecho de libertad de culto, y el deber de neutralidad del Estado y, en consecuencia, vulneraba el principio de laicidad (El Tiempo 2020). Sin embargo, La Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, posteriormente, revocó el fallo de la Sala de decisión del Tribunal Superior de la ciudad de Cali, argumentando que el presidente actuó protegido por su derecho fundamental a la libertad de expresión, en tanto la publicación del trino la realizó como ciudadano (Asuntos Legales 2020).

Por otra parte, el decreto que consagró a Dios una ciudad colombiana, por parte de su alcalde, a pesar de la controversia que generó en algunos segmentos sociales, no tuvo mayor alcance y fue mantenido. Esto no generó cambios, ni transformaciones, por el contrario, reafirmó el imaginario colectivo entre lo divino y la conducción de una ciudad. Por tratarse de un acontecimiento local, en una ciudad tradicionalmente conservadora, no impactó de forma decisiva en el llamado a la defensa de la laicidad nacional.

En lo referente al crucifijo, este fue retirado, pero por una cuestión práctica. Se debió a la remodelación de la Sala Plena de la Corte Constitucional, pues era considerado patrimonio cultural. Sin embargo, la presión de la petición terminó influyendo, aunque en menor medida, ya que sobresalió el argumento culturalista. Ese argumento, en otro de los acontecimientos, que adicionó el componente patria y nación, se superpuso para mantener la alusión a Dios en el eslogan de la Policía colombiana y en sus comunicaciones oficiales.

En otro de los casos, el Tribunal Contencioso Administrativo del Meta resolvió en 2013 declarar nulo el acuerdo 078/2009 con relación a la semana de la Biblia. En 2017, después de admitida la nulidad, el departamento del Meta afirmó que la celebración (semana de la Biblia) no violó los principios de la Constitución, ni ningún derecho fundamental pues no obligó a ningún grupo religioso a someterse a su rigor, ni tampoco, como parte obligatoria de su cumplimiento, pero en 2021 se buscó de nuevo la suspensión de dicha semana conmemorativa (El espectador 2021).

Esto no generó cambios sustanciales porque hace parte del fortalecimiento moral a ciertos dispositivos del Estado, que históricamente se construyeron con base en criterios religiosos y de nación, y todavía sigue siendo parte del imaginario colectivo esa mezcla entre elementos religiosos y la idea de nación. Por ejemplo, durante el plebiscito fueron acogidas las prerrogativas de líderes evangélicos a tal punto que el (ex)presidente Santos, en alocución pública, aseguró que ni el gobierno, ni mediante los acuerdos de paz se patrocinaba la “ideología de género”, que fue una de las pautas que líderes religiosos movilizaron contra los acuerdos.

En este acontecimiento, específicamente, el activismo evangélico tuvo impacto en la decisión por el No en el plebiscito de 2016, durante los acuerdos de paz. Si bien no fue decisivo, sí constituyó una fuerza política importante para los rumbos del país en ese momento y para las presidenciales de 2018, arrastrando el capital político ganado durante los acuerdos, mediante diversas pautas morales traducidas en imágenes, que atemorizaron a diversos segmentos sociales y que sirvieron durante la campaña política del candidato Duque, quien fue contrario a la forma como se negociaron los acuerdos de paz.

De esta manera, en Colombia las mayores controversias y tensiones se dan en materia de pautas morales y más cuando estas son movilizadas en bloque político por el segmento evangélico y conservador en general. Esto llega a tener repercusiones, sin embargo, en perspectiva comparada, no al mismo nivel de países como Brasil.

Para el caso de México, por ejemplo, en junio de 2024 el pleno del Tribunal Electoral de Jalisco, al resolver el Procedimiento Sancionador Especial (expediente PSE-TEJ-098/2024), consideró inexistente la infracción atribuida al cardenal Juan Sandoval Íñiguez por haber violado los principios del Estado laico y por hacer proselitismo en contra del partido Morena, pero lo exhortó a abstenerse de realizar manifestaciones activistas. Sin embargo, días después la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó una sentencia del Tribunal Electoral de Jalisco y le ordenó valorar los mensajes emitidos por el cardenal arzobispo de Guadalajara Íñiguez e identificar vulneraciones al principio de laicidad. Ese Tribunal deberá emitir una nueva sentencia para determinar si el mensaje del cardenal estuvo destinado a apoyar o llamar a votar en contra de una candidatura o partido político en específico, como lo denunció el partido Morena (Sin embargo 2024).

De acuerdo con Salmorán (2021), en México, a fin de asegurar el principio de separación Estado-iglesias, la Constitución federal expresa una serie de restricciones al ejercicio de los derechos político-electorales de las personas que ocupan alguna ministratura de culto, cuya participación en campañas políticas incurre en una transgresión de especial gravedad al principio de laicidad establecido en la norma fundamental, y atiza aún más el acostumbrado enfrentamiento entre las diversas fuerzas políticas.

Ese proselitismo, así como el representado por la senadora Lilly Téllez e incluso el sacrificio animal en instancias legislativas, no generó cambios significativos y no pasó de llamados de atención. Sin embargo, visibilizan la insistencia del campo religioso para influir en lo político, ya que las normas jurídicas no lo permiten.

Los acontecimientos señalados, brasileño, colombiano y mexicano, presentan variaciones de acuerdo con la construcción de la religión como pública, del nivel de secularización, de cultura política, pero específicamente se evidencia que en países como Brasil hay una mayor producción de imágenes transgresoras, lo que no quiere decir que haga parte del debate constante sobre laicidad, porque las manifestaciones religiosas cristianas, católicas y evangélicas, se entienden como próximas a la política. Sin embargo, cuando se sobrepasa la frontera del campo de los derechos, las tensiones se tornan álgidas al punto de generar cambios, ya sea a nivel de controversias, o incluso para modificar las correlaciones de fuerza en el Estado, a favor de líderes evangélicos, como ocurrió en el gobierno de Bolsonaro.

Por su parte, en Colombia ese mismo nivel de activismo no se equipara en número ni en poder, pero cuando líderes evangélicos conservadores hacen alianzas para defender pautas su movilización consigue tensionar los procesos nacionales, como en el plebiscito por la paz. Pero, al contrario de lo que sucede en Brasil, los símbolos religiosos en instancias gubernamentales sí llegan a repercutir, aunque en poca medida, en el imaginario colectivo de segmentos ateos que se pronuncian mediante procesos jurídicos exigiendo el cumplimiento de la laicidad. Estas variaciones se amplían en el caso de México, cuya legislatura aún mantiene límites a la religión como pública.

Sin embargo, esto no es obstáculo para el proselitismo católico o para la proximidad de líderes evangélicos a los gobiernos o incluso de acontecimientos como los presentados en este trabajo que ocurren en instancias gubernamentales; no obstante, la variación está en que no es lo usual, como ocurre en Brasil o en menor medida en Colombia. Las proximidades religioso-políticas se dan más en espacios no institucionales y en mayor medida en entornos electorales, lo que se visibiliza con más claridad en los casos de los otros dos países.

Por tanto, la producción de imágenes transgresoras ocurre en los tres países, pero difieren en cantidad, potencia y contenido. Así mismo, su nivel de transgresión y la forma cómo es interiorizada en el imaginario colectivo también varía, de acuerdo con la construcción político-cultural que se haya hecho en cada contexto sobre la religión. Esta ha sido estrecha en Brasil, mientras que en Colombia segmentos secularizados median en ese control, y en el caso de México el cercamiento jurídico no lo ha permitido, a pesar de los pocos niveles de secularización y de la persistencia de sectores religiosos para alcanzar legitimidad política en instancias gubernamentales. A esto se suman los cambios que tales acontecimientos provocan concretamente, más allá del ruido en entornos electorales. En términos generales, cuando se trata de símbolos religiosos o manifestaciones espirituales en instituciones públicas generan tensiones, pero rápidamente pasan o se mimetizan con otros acontecimientos. Sin embargo, cuando el activismo conservador, religioso o no, compromete derechos humanos, sexuales o reproductivos, se producen cambios tanto en las correlaciones de fuerza como en la actividad política y en la movilización de agentes.

Los acontecimientos presentados tienen que ver con el concepto de libertad religiosa. Según Lindkvist (2013), este concepto desde sus orígenes, a pesar de ser central en el discurso de los derechos humanos en 1940, no tuvo claridad sobre sus componentes básicos, y mucho menos cómo deberían expresarse en un documento internacional. Esa falta de claridad ha conllevado a que incluso en el presente emerja una variedad de interpretaciones, además de la dificultad para abordar cuestiones como la regulación de las relaciones entre Estados y organizaciones religiosas, o bajo qué circunstancias la libertad religiosa puede o no puede ser restringida.

De acuerdo con Lindkvist (2013) cuando se promovió el artículo 18/1940 sobre libertad religiosa, que tenía como preocupación central el derecho a la igualdad, pero al mismo tiempo no podía equipararse a la igualdad de oportunidades entre individuos sino a la relación de las mayorías con las minorías, uno de los temores que suscitó en ese momento fue lo que podría representar o ser interpretado como libertad religiosa, por ejemplo, el hecho de hacer proselitismo o de asegurar la conversión religiosa, como en otrora, y en ese sentido, más que el llamado a dicha libertad, la preocupación, desde aquel instante, fue el desencadenamiento de connotaciones como las intervenciones políticas.

Llama la atención que los derechos humanos se tornaron atractivos políticamente porque prometían funcionar como antídoto contra la marginalidad de derechos de las minorías. Sin embargo, algunos derechos pasaron a considerarse amenaza para la protección de la soberanía estatal y la cohesión social como, por ejemplo, los derechos sexuales, porque en el fondo los derechos humanos se ven como “incompatibles” con los derechos de las minorías (Lindkvist 2013).

Estos derechos además de tornarse pauta partidaria también pasaron a ser parte de las disputas de segmentos religiosos, como una de las características del fenómeno religioso contemporáneo que, en esta región, además del catolicismo, está mayoritariamente visibilizado por la creciente participación de líderes evangélicos en instancias institucionales. Si bien esto obedece al tamaño y organización interna de las iglesias, también se relaciona con las reglas del sistema político de cada sociedad. En esa lógica, así como los partidos, las iglesias influyen en entornos electorales “si los partidos políticos son importantes para estructurar la competencia electoral y seleccionar candidatos, las iglesias evangélicas tienen un papel importante en la selección de líderes evangélicos que puedan galvanizar el voto de las congregaciones” (Lacerda 2022, traducción propia).

Aunado a su activismo se suma la capitalización simbólica, financiera y política que han construido durante las últimas cinco décadas, que en buena medida restaron predominancia al catolicismo. Sin embargo, este último sigue contando con amplia acogida a pesar de la diversidad religiosa, y estadísticamente cuenta como la mayor adhesión doctrinaria de la población en países como México. Los análisis más recientes vinculan el activismo conservador especialmente al segmento evangélico, en vista de su amplio despliegue y visibilidad en todos los ámbitos de la vida social. Sin embargo, con el fortalecimiento de los extremismos, el activismo conservador ha mostrado su adherencia a diversas camadas, incluso no religiosamente activas, ya que la derecha cristiana consigue aglutinar profusamente afinidades ideológicas, tanto partidarias, como religiosas y normativas en diversos campos, como en el de derechos humanos, el comportamental, el moral, el de seguridad y el económico.

3. Laicidad: entre el centro y el margen

Los acontecimientos presentados para los casos brasileño, colombiano y mexicano tienen varias perspectivas de análisis. Diversos encuadramientos políticos pueden considerarse, pero en este texto se privilegió el análisis enfocado en la producción de imágenes transgresoras frente a estándares compartidos, sin perder de vista lo político que, de acuerdo con Mouffe (2005), visualiza la dimensión de hostilidad y antagonismo presente en toda sociedad humana, que puede asumir varias formas y surgir en diversas relaciones sociales, pero también recoge otras formas sobre cómo se percibe la laicidad.

En la actual coyuntura, la laicidad como estándar compartido en ocasiones se ve al margen e incluso como una etiqueta ideológica toda vez que es afrontada y llevada al mínimo por quienes la transgreden, incluso desde espacios institucionales donde se constituye y se promueve. Pero, al mismo tiempo los acontecimientos producen la materialidad de la laicidad que en lo concreto construye audiencias, prácticas y sentido para quienes va dirigida la acción. Como ya mencionado, un ejemplo de esto lo presentó en México el legislador de Morena, en abril de 2024, Adolfo Gómez, cuando convocó a una ceremonia al interior del Senado, en el que, bajo el argumento de usos y costumbres indígenas, sacrificó una gallina como ofrenda por el Día de la Lluvia, dedicado al dios prehispánico Tláloc.

En esa misma época, en plena campaña presidencial, la senadora del Partido Alianza Nacional, PAN, aseguró que el presidente López Obrador defendió la Santa Muerte en sus alocuciones radiales, y quiso enfatizar que en vez de ser santa es diabólica. Esta crítica la hizo en el Congreso, exigiendo respeto al Estado laico y a los cristianos y, al mismo tiempo, en lo que denominó defensa de la laicidad, con rosario en mano se puso frente al póster que supuestamente simbolizaba la Santa Muerte en una especie de exorcismo.

Los acontecimientos señalados se presentaron en instancias gubernamentales y por agentes que estarían representando al Estado. Si bien la connotación de Estado, entendida en este texto desde un abordaje estructuralista, también toma en consideración que quien compone el Estado es reflejo de procesos culturales, y es en la representación, en la imagen, donde se reproduce el discurso del Estado.

“Los Estados [más que] instituciones preconstituidas, que desempeñan funciones determinadas, se producen a través de prácticas, de encuentros cotidianos, de representaciones y actuaciones culturales públicas” (Sharma & Gupta 2006:27, traducción propia). Desde esta perspectiva, si las representaciones culturales públicas moldean las percepciones de las personas sobre la naturaleza de las cosas, esto implica preguntarse cómo las personas interpretan y movilizan los mensajes sobre el Estado, la laicidad o la democracia, de acuerdo con sus contextos y ubicaciones sociales particulares.

Sin embargo, más que la enunciación de los acontecimientos o de las representaciones que generan, resulta interesante identificar y analizar la forma como es percibida la laicidad, cómo se reproduce, se hace cognoscible y cómo, a partir de su movilización, se torna no sólo una construcción propia, que dista de estándares compartidos y cobra sentido para el segmento al que va dirigido, sino también una categoría que queda al margen, dando paso a otras formas de agencia más allá de las normativa.

Al mismo tiempo, se devela el problema político, como telón de fondo, relacionado con los desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas y que rebasan el cometido de la laicidad, llamado por algunos de retroceso y por otros de tensión, propios de la coexistencia de las diferencias.

Estos acontecimientos, desde instancias de poder y privilegio, mediante prácticas, discursos y contenidos que se transforman en imágenes, operan cada vez más a través de la negación de los principios constituyentes de la laicidad, al menos, en lo que se refiere a la independencia de contenido religioso o uso de símbolos religiosos en arenas institucionales, además de cierta distancia a la diversidad y a la ampliación de derechos.

Esto también tiene que ver con la estética política, ya que es hecha a través de imágenes que afrentan la laicidad y a quienes la defienden, y también se relaciona con la lucha por el poder y la política. En términos de Rancière (2010), la política es una configuración de espacio, de objetos comunes y de sujetos reconocidos como capaces de designar esos objetos y argumentar sobre ellos. La materialidad de contenidos religiosos en ámbitos institucionales es posible gracias a la posición de los agentes que producen esa materialidad, pues la hacen desde esos mismos ámbitos en calidad de parlamentarios democráticamente elegidos. Esa posición conferida les permite disputar derechos, legitimar ciertas pautas, promover y defender su visión de laicidad, usarla en sus discursos y construir un concepto de esta. De hecho, es conveniente hablar de laicidad en plural y no apenas para hacer referencia a cada país sino también a las variaciones de esta dentro de cada territorio.

Sin embargo, a pesar de sus variaciones, su abordaje lleva implícito el viejo debate sobre el lugar de la religión, máxime cuando el activismo religioso se torna extremista. Y es en ese momento que enciende las alarmas democráticas y conlleva a debates que pasan por temas como pluralismo, crisis democrática, conservadurismos, derechos humanos y libertad religiosa. Uno de los encuadramientos más generales que aborda los elementos consignados en este texto (laicidad, imágenes, activismo conservador, acontecimientos, transgresión, política) pasa por comprender las singularidades de la democracia.

La cuestión de llevar al margen la laicidad mediante la transgresión de sus principios, o su desplazamiento hacia el centro en tanto genera afinidad con sus audiencias y construye otras formas de materializarse, supera la idea de una supuesta obsolescencia o contraposición de sus valores, para direccionar el lente caleidoscópico de análisis y enfocarlo hacia un campo más político, como telón de fondo y, más exactamente, hacia los cambios en la dimensión liberal de la democracia. Esta dimensión se vincula con: el funcionamiento de las instituciones; la forma en que los actores políticos se relacionan entre sí y con esas instituciones; y la defensa de principios republicanos. Sin embargo, la disputa además de ser política es discursiva y simbólica.

Estos abordajes soportan la idea de que las tensiones y controversias alrededor de la(s) laicidad(es) pueden desbordar sus alcances para atender temas aún más globales que se vinculan con lo político, la democracia y las estructuras del Estado. Al interior de este encuadramiento, que compete a estándares compartidos, se evidenció que son confrontados y fijados en el imaginario social, mediante imágenes, a partir de lo inverso a su significado, pero esto también se traduce en las formas como son entendidas, producidas y ejecutadas las nociones sobre laicidad, que se movilizan entre el centro y el margen, más allá de su carga normativa que tiende a situar las prácticas de los agentes en forma de aproximación o alejamiento del concepto base.

Consideraciones finales

Las imágenes analizadas desbordan la laicidad, cuya materialidad queda al margen para visualizar la producción de posicionamientos y visiones de mundo de determinados agentes. Esto también muestra cómo se refuerzan afinidades con sus audiencias y la forma como se percibe la autonomía de poderes, así como su indexación en el imaginario social atravesado predominantemente por la religión cristiana.

De otra parte, da cuenta de cómo la dinámica política contemporánea esencializa su estética, dando énfasis en el self, y desubstancializa estándares compartidos, al paso que modos de hacer religión marginan los principios de la laicidad y acentúan su lugar en el espacio público. Estos procesos tienen variaciones y grados de potencia de acuerdo con sus propias construcciones, y a pesar de que el fenómeno tenga semejanzas difiere en sus especificidades.

Hablar de laicidad no significa lo mismo en varios contextos a pesar de obedecer a estándares compartidos. Sin embargo, hay puntos de encuentro, especialmente, cuando se trata de la confrontación a sus principios. Mediante imágenes se pueden registrar algunos de los acontecimientos más controvertidos, en los cuales se expresa la materialidad de la laicidad, es decir, la forma como la entienden, la producen y ejecutan agentes tanto políticos como religiosos, pero que al mismo tiempo difieren de sus principios originarios. Esto refleja que la laicidad más que un concepto abstracto, normativo o epistémico es un concepto político, que se produce de acuerdo con su contexto y con las prácticas de los agentes involucrados.

Visualizando la laicidad presenta imágenes que son disruptivas frente a la carga normativa que este concepto encierra, lo cual supone un desafío frente a modelos institucionales que en apariencia sostienen fronteras definidas, pero en el fondo reflejan la materialidad de esta. Es decir, la forma como en lo concreto se construyen, se fortalecen o se modifican estándares compartidos y la importancia que adquieren los elementos denotativos y connotativos más allá de los principios que emergieron en el siglo XIX sobre la categoría estudiada.

Quizá una forma cognoscible de la laicidad es a través de los acontecimientos más recurrentes y estridentes traducidos en controversias cuando se oponen a sus principios constituyentes, pero que al final dan materialidad a la laicidad y, como ya se mencionó, proponen otros modos de quehacer político, otros signos, otros lenguajes y conectan audiencias que se aglutinan bajo ciertas representaciones sociales. Esta reorientación permite nuevos interrogantes y caminos de análisis a partir de preguntas como ¿De qué forma agentes religiosos producen la laicidad? ¿Cómo redefinir el concepto de laicidad desde imágenes consideradas como transgresoras? ¿Cómo hablar de laicidad como una transformación constante de agentes y prácticas en entornos institucionales, como acontece en lo concreto, en diálogo con la idea normativa de separación neutral de esferas y agentes sin perder de vista principios democráticos?

Los caminos de respuesta necesariamente son interdisciplinares y en consonancia con la realidad, y el contexto que van detonando los conceptos y presionando por su ampliación y diálogo constante con las transformaciones sociales. Una perspectiva para abrir camino sería pensar en la forma cómo religión y laicidad están indexados, lo cual modificaría dicha relación y la manera cómo se percibe.

Referencias bibliográficas, Periódicos y Revistas

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    Cabe mencionar que el surgimiento del Estado laico fue un proceso paulatino que tuvo lugar entre los siglos XVI y XVIII, en medio de guerras de religión, así como la gestación de una ciudadanía no necesariamente identificada a una adscripción religiosa o eclesial, cuyo proceso se vinculó con la laicidad dada la transición hacia un régimen social cuyas instituciones políticas se legitiman crecientemente por la soberanía popular y ya no por elementos sagrados o religiosos. Si bien no hay una fecha exacta y única del origen de la laicidad, aunque fue en Francia 1871 la primera vez que se utilizó el término para referirse a la enseñanza laica, hay momentos históricos que la han hecho avanzar como el surgimiento del protestantismo y la idea de individuo, el desarrollo de la tolerancia, el "des establecimiento" de las Iglesias oficiales después de la independencia de las colonias norteamericanas, la revolución francesa y las leyes de separación entre el Estado y las Iglesias (Blancarte 2008).
  • 2
    La transgresión, en este texto, evidencia los lugares donde lo religioso gana presencia pública, mediante la construcción de imágenes, que atraen de acuerdo con la adecuación de las especificidades estéticas mediáticas, para expresar la materialidad del concepto de laicidad que cada agente produce. La transgresión de la laicidad puede adquirir cierta normalización dependiendo del contexto y la trayectoria política de cada sociedad, o puede resonar intensamente cuando, por ejemplo, hay una fuerte trayectoria laica. Esta forma de transgresión cuando se torna hábito intenta imponer su norma usando lenguajes e imágenes que determinados segmentos reconocen, por tanto, de acuerdo con Freire et al. (2011) a pesar de que la transgresión se considere un desvío a la norma, su materialidad contiene afirmación e intensidad que acentúa la identidad del agente quien la produce, y en esa dialéctica del hacer se definen intereses y valores, que pueden ser nuevos o apenas reformulaciones.
  • 3
    En este texto, el acontecimiento se trabaja como un concepto-operador que genera diversos indicadores de análisis. “El uso del concepto de acontecimiento como guía y operador analítico ha demostrado ser bastante fructífero, permitiendo enfoques que presentan diferentes aspectos comunicacionales: la interacción de los sujetos en el contexto de la experiencia cotidiana; la producción, circulación y disputa de significados y las múltiples facetas de la vida social; los valores que operan y los que se cuestionan; lo que la sociedad busca preservar cuando se rompe la normalidad; quién actúa y en qué dirección; el movimiento de los tiempos en el contexto de la comunicación; entre otros aspectos” (França & Lopes 2017: 85, traducción propia). Acontecimiento, desde una perspectiva pragmatista, se refiere a un hecho concreto de la vida cotidiana con gran poder de efecto, que suscita inquietudes, exige elecciones y provoca acciones, convoca y revela significados, que dicen sobre la sociedad en la este ocurre. Su dimensión de la experiencia permite identificar en el acontecimiento los elementos que constituyen sus interacciones sociales intercalada con lo inesperado, lo episódico, lo emergente, que estalla, desorganiza y (re)organiza lo social. La normalización es la observación de ese momento en el que la curva de interés y movilización en torno al acontecimiento desciende, la extrañeza que provocó se reduce u olvida y la normalidad recupera su ritmo. Es el momento en que el acontecimiento es absorbido por la vida cotidiana.
  • 4
    La elección de los tres países obedeció a estancias académicas que realicé en cada uno de ellos, cuyo objetivo partió de la observación y análisis de las relaciones político-religiosas.
  • Disponibilidad de datos
    No applicable.

Editado por

  • Editora-Chefe:
    Christina Vital da Cunha
  • Editor-Assistente:
    Lucas Bártolo

Disponibilidad de datos

No applicable.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    29 Mayo 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    25 Oct 2024
  • Acepto
    09 Mar 2026
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