Open-access El asociacionismo microterritorial gallego de Buenos Aires: funciones y activismo político en el caso de la Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño

Galician micro-territorial associations in Buenos Aires: functions and political activism in the case of the Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño

Resumen:

En este artículo analizaremos las funciones y el activismo político de una asociación microterritorial gallega fundada en Buenos Aires, denominada Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño. Nos concentraremos en los siguientes aspectos: un panorama del microasociacionismo del noroeste hispánico en la capital argentina; los orígenes de la entidad en cuestión en 1921, sus finalidades y desarrollo general; la labor desplegada en sus primeras décadas de evolución, en relación con los emigrados; las estrategias societarias que permitieron inicialmente expandir las actividades políticas en la tierra de origen de sus miembros; la labor de sus delegados; y por último, las particularidades que distinguieron a la entidad en consideración, dentro del tejido asociativo gallego en la ciudad porteña. Nos basaremos en documentación institucional, periódicos de la comunidad gallega y bibliografía sobre el tema.

Palabras claves:
emigración gallega; Buenos Aires; asociacionismo microterritorial; activismo político

Abstract:

In this article, we will analyze the functions and political activism of a Galician micro-territorial association founded in Buenos Aires, called Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño. We will focus on the following aspects: an overview of micro-associations from the Hispanic Northwest in the Argentine capital; the origins of the entity in question in 1921, its purposes and general development; the work carried out in its first decades of evolution in relation to emigrants; the societal strategies that initially allowed it to expand its political activities in its members' homeland; the work of its delegates; and finally, the particularities that distinguished the entity in question within the Galician associative fabric in the city of Buenos Aires. We will rely on institutional documentation, Galician community newspapers, and bibliography on the subject.

Keywords:
Galician emigration; Buenos Aires; micro-territorial associations; political activism

Introducción1

La emigración gallega ha generado una gran cantidad de asociaciones en sus ámbitos de destino, que cumplieron diversas funciones (recreativas, filantrópicas, mutualistas, culturales y políticas), en muchos casos combinadas entre sí. Además de aquellas entidades que representaron a la región de Galicia en su conjunto o a alguna de sus cuatro provincias, a comienzos del siglo XX surgió un tipo de asociación que se referenciaba en unidades geográfico-administrativas o de interacción social menores que las provincias, como las comarcas, los partidos judiciales, los municipios o las parroquias del noroeste hispánico (Consello da Cultura Galega, 2008). Según la caracterización de Peña Saavedra (1991, p. 356), que se ha utilizado desde fines del siglo XX hasta el presente en la historiografía sobre el tema, las instituciones de base regional o provincial podrían calificarse como “macroterritoriales” o “medioterritoriales”, respectivamente, mientras que las identificadas con ámbitos espaciales menores que las provincias, como “microterritoriales”. En este artículo emplearemos este último término para hacer referencia al fenómeno asociativo de dimensiones micro (o microasociacionismo), desarrollado por los gallegos en sus destinos emigratorios, en el siglo XX. Además, tengamos presente que, en muchos casos, esas asociaciones microterritoriales tuvieron como objetivo principal dotar de escuelas a sus lugares de origen, razón por la cual también fueron denominadas genéricamente “sociedades de instrucción” (Núñez Seixas, 2011, p. 107; Peña Saavedra, 1991, p. 355-388). Las entidades microterritoriales se multiplicaron de forma extraordinaria en ciudades como Buenos Aires o La Habana en el primer tercio del siglo XX y llegaron a convertirse en un rasgo distintivo de la comunidad gallega, dentro del conjunto de las colectividades ibéricas emigradas en el continente americano (Núñez Seixas, 1998, 1999, 2000, 2011).

El interés académico por las microasociaciones se expandió desde la década de 1990, en gran medida por el impulso de la historiografía gallega (Fernández, 2011, p. 148-149). Uno de los aspectos sobre los que más se ha profundizado en relación con dichas instituciones ha sido su impacto material e ideológico sobre la sociedad del noroeste hispánico, en particular, a un nivel político y educativo, destacándose el análisis de la infraestructura pública creada por esas asociaciones de emigrantes (cfr., entre muchos otros: Botana Iglesias, 2006; Cabana Iglesia, 2008; Cerdeira Louro, 2010; Costa Rico, 2008; Hervella García, Seijas Montero, 2001; Pernas Oroza, 2008). También se han llevado a cabo indagaciones que pusieron énfasis en el aporte y accionar de dichas entidades en la sociedad porteña o en áreas colindantes, como el actual partido de Avellaneda (Farías, 2015; Ferreyra, 2015; Ganza, 2015). Además de tomar en consideración los objetivos y direcciones del desempeño de las entidades microterritoriales, en este artículo retomaremos la línea interpretativa desarrollada por Núñez Seixas (1998, 1999, 2011), quien sostuvo que la influencia entre las asociaciones de emigrados y la sociedad gallega no fue unidireccional, sino mutua: así como desde los ámbitos de emigración las instituciones microterritoriales transfirieron remesas materiales e inmateriales hacia la sociedad de origen, esta última no permaneció inmutable frente a ello y además, contribuyó a retroalimentar y sostener el movimiento asociativo en el ámbito de emigración. Este fenómeno de “interacción osmótica” (Núñez Seixas, 1999, p. 198) tuvo lugar con diferentes ritmos entre las dos orillas del océano Atlántico.

A partir de esta perspectiva atenta a las influencias recíprocas y circulares entre las sociedades de partida y de llegada de los emigrados gallegos, mediatizadas por el movimiento asociativo, nuestro artículo se concentrará en la primera etapa de desarrollo de una entidad microterritorial en la ciudad de Buenos Aires: la Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño (en adelante: UPSM). Esta última surgió el 14 de agosto de 1921 y se conformó con oriundos del municipio de Salvatierra de Miño (provincia de Pontevedra, Galicia, España) emigrados en la capital argentina. En relación con este objeto de estudio, nos propondremos analizar los siguientes aspectos específicos: un panorama del microasociacionismo del noroeste hispánico en Buenos Aires; los orígenes de la entidad en cuestión en 1921, sus finalidades y desarrollo general; la labor desplegada en sus primeras décadas de evolución, en vinculación con los emigrados; las estrategias societarias que permitieron inicialmente expandir las actividades políticas en la tierra de origen de sus miembros; la labor de sus delegados; y por último, las particularidades que distinguieron a la entidad en consideración, dentro del tejido asociativo gallego en la ciudad porteña.

Para llevar adelante esta indagación nos hemos basado en la documentación institucional de la UPSM disponible (el acta de fundación, los estatutos societarios, los libros de actas de asambleas, una memoria y balance institucional, dos revistas conmemorativas y la correspondencia enviada y recibida), así como en periódicos de la comunidad gallega en Buenos Aires, publicados en las primeras décadas del siglo XX (ver la prensa histórica citada al final de este artículo). La información cualitativa derivada de estas fuentes primarias fue complementada con la bibliografía académica sobre el movimiento asociativo gallego de la emigración, producida principalmente en España y Argentina.

La documentación de la UPSM empleada en este trabajo se halla resguardada en el Arquivo da Emigración Galega (Santiago de Compostela, España) y también se puede consultar en la página web del Área de Documentación del Consello da Cultura Galega (Galicia). Por otro lado, las revistas utilizadas se encuentran en la Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina (Buenos Aires), la Hemeroteca digital del Área de Documentación del Consello da Cultura Galega y Galiciana, la biblioteca digital de Galicia. Mientras que la documentación institucional aportó una imagen interna y minuciosa del desenvolvimiento de la entidad en consideración, las revistas de la comunidad gallega brindaron elementos históricos contextuales y una mirada más externa y general de los procesos analizados, lo que tornó fructífera su combinación y contraste, con el fin de arribar a una visión global y lo más completa posible del fenómeno asociativo examinado.

1. Los gallegos y el microasociacionismo en Buenos Aires: algunas notas sobre su pasado y presente

En la capital argentina, la cantidad de sociedades microterritoriales creció de forma sostenida en las primeras tres décadas del siglo XX. La primera entidad de ese tipo fue la sociedad de instrucción La Concordia, fundada en 1904. Si bien resulta difícil establecer con exactitud el número de instituciones microterritoriales que llegaron a crearse en la ciudad porteña, pues muchas de ellas cambiaron de nombre, se dividieron o fusionaron entre sí, Núñez Seixas (1998, p. 91, 1999, p. 208) contabilizó que en 1907 había unas 12 entidades de esa índole; en 1913, entre 42 y 50; en 1916, unas 98 y en 1926, 146. Incluso disponemos de testimonios que sugieren que en 1916 pudieron alcanzar la cifra de 103 (Nómina de sociedades…, 1916, p. 4-6). Entre 1904 y 1936 se fundaron unas 327 asociaciones microterritoriales en Buenos Aires, de las cuales 123 se identificaban con recortes espaciales de la provincia de Pontevedra, 113 de La Coruña, 49 de Lugo y 42 de Orense. De todas ellas, un 49,84% tenía como ámbito de acción el municipio y un 28,13%, la parroquia (Núñez Seixas, 1999, p. 208-209).

Distintos factores se retroalimentaron entre sí, estimulando la conformación de las sociedades microterritoriales gallegas en la capital argentina. Entre ellos, algunos de los más importantes fueron: la existencia de un conjunto importante de inmigrantes de la misma procedencia, es decir, una “masa crítica” de personas capaz de estimular el surgimiento de una entidad que los representara; el impulso dado al asociacionismo de la emigración por parte del movimiento agrarista en Galicia; o la presencia de liderazgos étnicos económicamente consolidados, con interés por descollar dentro de la comunidad emigrada a través de su inserción en las comisiones directivas institucionales (Cabo Villaverde, 2001; En la palestra, 1922, p. 1; Núñez Seixas, 1999, p. 204-211, 2000, p. 23-25).

Al momento del surgimiento de la UPSM, la comunidad gallega de Buenos Aires tenía una larga data y representaba entre el 50% y 55% del colectivo español allí instalado (De Cristóforis, 2014, p. 15). En vísperas de la Primera Guerra Mundial había en la ciudad porteña entre 150.000 y 200.000 gallegos, que constituían entre un 8% y un 10% de la población total en 1914 (Núñez Seixas, 2007, p. 28). Buenos Aires era la urbe con más habitantes gallegos de todo el planeta, muy por encima de importantes ciudades de Galicia, como Vigo o La Coruña, de allí que se la conociera como la “quinta provincia gallega”.

Los emigrados de Salvatierra de Miño fueron pioneros en la conformación de sociedades microterritoriales en la capital argentina. Los oriundos de una de las parroquias que conforman ese distrito, la de Fornelos de la Ribera, ya habían constituido dos entidades de ese tipo en dicha urbe: la ya mencionada La Concordia, en 1904, y la Sociedad Hijos de Fornelos y Anexos, en 1920. Ambas desarrollaron obras de infraestructura en su ámbito de referencia y la segunda también asistió a los emigrados en la ciudad porteña (Hijos de Fornelos…, 1924, p. 98-99; Noticias locales, 1906, p. 2; Núñez Seixas, 2011, p. 113; Sestelo, 1904, p. 2). A partir de estas iniciativas, el microasociacionismo del noroeste hispánico en Buenos Aires se expandió rápidamente, satisfaciendo necesidades de los gallegos que permanecían en la tierra de origen y de aquellos que habían emigrado. Sin embargo, vale la pena señalar que, a partir de la imposición del régimen franquista en la península en 1939, las entidades microterritoriales conformadas en los ámbitos de destino emigratorio vieron limitadas sus posibilidades de actuar a favor de sus comunidades locales de origen, especialmente a un nivel político, y se volcaron a responder predominantemente a las demandas de sus emigrados (Núñez Seixas, 1999, p. 232). De este modo, ampliaron sus actividades benéfico-mutualistas, recreativas y culturales, tanto en la ciudad porteña como en otros destinos emigratorios (Consello da Cultura Galega, 2008, p. 47). Sobre la base de esos programas societarios, atentos a las necesidades de los que habían partido de la tierra natal, lograron al mismo tiempo garantizarse vías de financiamiento para su supervivencia, principalmente a través de los ingresos derivados de las cuotas de sus miembros. Asimismo, continuaron desempeñando un rol como ámbitos de sociabilidad y espacios de mantenimiento y recreación de identidades, ya no solo para los emigrados, sino también para sus hijos y nietos.

En el año 2001 se contabilizaron unos 76 centros y asociaciones gallegos activos en Argentina, fundados entre fines del siglo XIX y las postrimerías del XX, aunque surgidos mayoritariamente en la primera mitad de la última centuria (Amarelo de Castro, 2001, p. 27; Sixirei Paredes et al., 2001, p. 114-317). En este marco, el microasociacionismo en el país sudamericano sigue cumpliendo en nuestros días un papel importante en la difusión de la cultura gallega, mediante el dictado de cursos que transmiten su lengua, danza o música; la conmemoración de fechas significativas de la historia de la región; la difusión de noticias sobre Galicia en sus redes sociales; o la habilitación de salones que funcionan como restaurantes y que ofrecen comidas típicas gallegas a un público amplio, entre otras cuestiones (Sixirei Paredes et al., 2001, p. 114-317).

En las últimas décadas, la producción académica sobre el asociacionismo migratorio reciente en Europa y Estados Unidos ha discutido sus efectos sobre los procesos de integración de los inmigrantes en sus sociedades de acogida, así como su papel en el codesarrollo de sus ámbitos de origen, impulsado este último generalmente por las administraciones públicas de las naciones de partida de los flujos humanos (ver, entre otros: Cortes Maisonave, Sanmartín Ortí, 2018; Lacomba, 2015, 2016). A partir del presente estudio histórico, pondremos de relieve que esa preocupación por la sociedad natal de los migrantes fue central en el caso de la asociación gallega analizada e, incluso, se acompañó de acciones tendientes a transformar aspectos importantes de la estructura sociopolítica de ese ámbito de procedencia, aunque se produjo sin el estímulo concreto de las esferas gubernamentales gallegas o españolas.

2. Un panorama de la evolución histórica de la Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño

Con los antecedentes de organización societaria arriba mencionados, la UPSM surgió por iniciativa de un grupo de vecinos del municipio de Salvatierra de Miño instalados en Buenos Aires, preocupados por los problemas que aquejaban a su tierra de origen. Algunos de ellos ya participaban en la Sociedad Hijos de Fornelos y Anexos. Según la Memoria institucional del año 1946, los principales impulsores de la nueva entidad fueron Francisco Ojea Aldir, Clemente González, José Pereira y Mariano Rodríguez Alonso (Pereira, 1946, p. 11-12). En la reunión en la que se aprobó su fundación, el número de presentes había alcanzado la cantidad nada desdeñable de cincuenta y cinco salvaterrenses (Acta de fundación, 1921, f. 2).

Siguiendo las prácticas usuales del movimiento asociativo hispánico de la emigración, pronto se convocó a una asamblea general de socios (el 4 de septiembre de 1921) que aprobó la conformación de la comisión directiva de la entidad. Esta última quedó constituida por el presidente, vicepresidente, secretario, prosecretario, tesorero, protesorero, dos revisores de cuentas y delegados de trece parroquias, de las diecisiete totales del distrito (Acta de asamblea, 1921, f. 3-4). Estos integrantes habían desempeñado o llegarían a ocupar distintos cargos y responsabilidades en otras instituciones de la comunidad española y, especialmente, de la gallega. También, con el transcurso del tiempo, adoptarían en muchos casos un fuerte compromiso con las fuerzas políticas republicanas y apoyarían la causa de los exiliados durante la Guerra Civil española. Las trayectorias del primer presidente de la UPSM, Manuel Puente, y la del prosecretario de la primera comisión directiva, José Domínguez González -sobre las que aquí no nos podemos detener-, dan cuenta de lo afirmado (Díaz, 2007, p. 241 y 226; Núñez Seixas, 1998, p. 117-118; Pérez Pena, 2019; Pierre, 1946, p. 17).

Las funciones principales de la UPSM, que quedaron establecidas en los estatutos del año 1921, estaban ligadas a los siguientes propósitos principales: socorro moral y material de los emigrados en Buenos Aires en los casos de enfermedad, fallecimiento o necesidad de repatriación; fomento del progreso en el distrito de Salvatierra y del bienestar de sus habitantes; y estímulo a la solidaridad entre los salvaterrenses establecidos en Buenos Aires y en otros destinos emigratorios americanos (Sociedad Unión Progresista, 1926, p. 102).

Sin embargo, en la práctica y en sus primeros años de existencia, la asistencia a los emigrados asociados no constituyó el objetivo principal de la UPSM. Quizás ello estuvo vinculado a que, en esos años, otras instituciones de la comunidad gallega, o española en general, satisfacían esos requerimientos de asistencia y protección prescriptos en los estatutos societarios con bastante éxito. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que en ese entonces el Centro Gallego de Buenos Aires experimentaba una etapa de expansión, puesta de manifiesto en la ampliación de sus servicios médicos y farmacéuticos para sus afiliados, quienes en números crecientes ingresaban a la institución, atraídos por los beneficios que los mismos reportaban (Da Orden, 2020, p. 852; De Cristóforis, 2025, p. 4).

Como se explicaba en la Memoria y Balance del ejercicio 1925-1927, la motivación fundamental de la UPSM, en la etapa inicial de desarrollo aquí analizada, estuvo vinculada al interés por incidir políticamente en la tierra de origen, desde una matriz ideológica que combinaba el ideario agrarista, pro-socialista y laico. Esta intervención en la sociedad natal se justificaba en la precaria situación de los moradores de Salvatierra de Miño, quienes, desde la perspectiva de la dirigencia de la UPSM, se encontraban agobiados por excesivos impuestos y, además, habían abandonado sus “intereses y dignidad de hombres libres” a la voluntad de unos cuantos políticos que “explotaban tales descuidos en beneficio propio” (Memoria y Balance, 1927, p. 1).

Para lograr el mejoramiento de la situación de los labradores, la UPSM se propuso algunas metas concretas: a) organizar en el distrito de Salvatierra de Miño sociedades agrarias o proteger las existentes; b) crear una cooperativa; c) construir un edificio social para domicilio de la comisión representativa de la UPSM, de la cooperativa y de la Federación de sindicatos que se buscaba fundar; y d) propiciar mítines y conferencias para brindar conocimientos útiles de agricultura a los labradores (Extracto de artículos, s./f., f. 129). Tengamos presente que, a comienzos del siglo XX, el ideario cooperativista estaba muy difundido en Galicia, tanto en ámbitos urbanos como rurales, y, además, era muy polisémico, es decir, podía adquirir distintos significados y sentidos, según la coyuntura y su ámbito de incidencia (Martínez López, 1995, p. 71-73). En el caso de la UPSM, sus dirigencias defendían una versión del cooperativismo ligado a la aspiración de transformar la sociedad, es decir, lo concebían como una fórmula organizativa transitoria y necesaria, que iba a permitir en último término la “emancipación de los labradores” de las fuerzas opresivas del agro (Síntesis de obra, 1946, p. 8).

Según Céltiga, una revista cultural ilustrada gallega publicada en Buenos Aires entre 1924 y 1932, a mediados de la década de 1920 la UPSM era una de las entidades microterritoriales del noroeste hispánico más entusiastas y activas de las existentes en la ciudad porteña (Sociedad Unión Progresista, 1926, p. 102). Esta visión se basaba en diferentes constataciones: la destacada obra realizada hasta el momento por la citada institución, la dimensión cuantitativa alcanzada por su masa societaria y el monto de su capital social acumulado hasta el momento. En 1927, gracias al estímulo de la comisión directiva para que se incorporaran nuevos miembros, los socios alcanzaron la cifra de 367 personas, pero se trataba de llegar a las 500, bajo el presupuesto de que todos los salvaterrenses en Buenos Aires debían afiliarse a la UPSM. Ello permitiría, según las dirigencias de la entidad, dar mayor legitimidad a las decisiones tomadas, así como garantizar la protección social del mayor número posible de salvaterrenses emigrados (Memoria y Balance, 1927, p. 5). La cantidad de socios lograda en 1927 (367) resulta significativa si la comparamos con el promedio de integrantes de otras entidades microterritoriales en la capital argentina. Según las indagaciones de Núñez Seixas (1998, p. 104), en 1921 las trece sociedades que fundaron la Federación de Sociedades Gallegas en dicha urbe tenían un promedio de 121 miembros, mientras que las diecinueve que formaron parte de dicha federación en 1931, unos 177.

En 1926, la UPSM organizó un festival artístico para recaudar fondos para la construcción del edificio social en Salvatierra, previsto en los estatutos societarios. Al año siguiente, a esa iniciativa de colecta se sumó la puesta en venta entre los socios de cincuenta medallas acuñadas con el nombre personal, las cuales fueron donadas por un miembro de la UPSM y permitieron aumentar las reservas con el fin mencionado (Memoria y Balance, 1927, p. 12-13). Con el dinero reunido, adquirieron en 1927 un terreno en la parroquia de Salvatierra de Miño para la erección del edificio en cuestión, el cual se inauguró el 15 de julio de 1928 y se denominó Casa del Pueblo. Esta labor constructiva contó con la colaboración de un delegado en Salvatierra de Miño: el señor Manuel Mariño Méndez, natural de Fiolledo, en dicho distrito. Para lograr su cometido, este representante debió superar numerosas dificultades y desafíos: la localización de un predio bien ubicado (cerca de la estación) y a buen precio; la aprobación del plano definitivo del inmueble; la adecuación de los límites del terreno para que pudiera entrar cómodamente el edificio proyectado; o el combate de los rumores de que el último no ofrecía seguridad para ser habitado (Memoria y Balance, 1927, p. 15; Nota de M. Mariño Méndez, 1924a, f. 55).

Para el desarrollo de la mencionada obra constructiva, la comisión directiva de la UPSM se ocupó de enviar a Mariño Méndez instrucciones bien precisas, en las cuales se veían involucrados sujetos de ambos lados del océano, incluyendo a quienes se habían trasladado a Buenos Aires previamente. Algunos de estos emigrados intermediaron en las decisiones que se debían tomar, como por ejemplo, en las relativas a la compra del terreno (Nota del presidente y secretario de la UPSM, 1924a, f. 64-67).

En el edificio social de la UPSM, funcionó una cooperativa agrícola de crédito y consumo para apoyar a los labradores de la comarca, mediante el abaratamiento de los precios de los productos (semillas, plantas y abonos) y de la maquinaria agrícola. Dicha entidad, denominada Unión cooperativa de Salvatierra de Miño, también estaba destinada a contribuir con el saneamiento y explotación de terrenos incultos, o a crear instituciones de mutualidad, seguro, auxilio o retiro para inválidos o ancianos que se hubieran dedicado a labores rurales (Estatutos de la Unión cooperativa…, art. 2º, 1930, f. 2). Cuando se estaba gestando la idea de erigir la cooperativa en consideración, algunos tenderos de Salvatierra de Miño expresaron su preocupación por el hecho de que la venta de productos agrícolas que la misma realizaría podría afectar sus intereses comerciales dentro del distrito, pero desde Buenos Aires la UPSM se ocupó de desmontar estos resquemores que empañaban la iniciativa, con buenos resultados (Memoria y Balance, 1927, p. 21-22).

A partir de 1934, la UPSM se integró a la Federación de Sociedades Gallegas de orientación socialista, con sede en la calle Bartolomé Mitre de la capital argentina. Además de pregonar la defensa del socialismo y la democracia, bregó por la autonomía de Galicia, pero dentro de una república federal, lo que la distanció de la Federación galleguista de la avenida Belgrano. Luego, la UPSM apoyó el proceso de reunificación de las dos federaciones, concretado en 1936, y llegó a formar parte de la presidencia del congreso federativo (Díaz, 2007, 2008, p. 45-46; Síntesis de obra, 1946, p. 3, 5 y 7).

El 11 de octubre de 1936, la UPSM se fusionó con la Sociedad Hijos de Fornelos y anexos y pasó a denominarse Asociación de Residentes de Salvatierra de Miño en la República Argentina (Acta de asamblea, 1936, f. 185-186). Esta unión había sido impulsada por la UPSM desde 1926, sin el éxito inicial esperado (Memoria y Balance, 1927, p. 6-7). El comienzo de la Guerra civil española en la península, que se acompañó de un rápido y contundente proceso represivo en Galicia por parte de las fuerzas sublevadas (Fernández Santander, 1982; Grandío Seoane, 2001), impactó fuertemente dentro de las instituciones de la comunidad galaica en Buenos Aires. En el seno de sus entidades y órganos periodísticos, se produjeron debates y posicionamientos a favor de uno y otro bando contendiente, lo que condujo a su creciente politización. De este modo, no tardaron en surgir fricciones o divisiones dentro de las comisiones directivas de las instituciones gallegas o dentro de sus conjuntos de asociados. Algunos sectores dirigentes vieron menguar su capital político a raíz de las controversias o de las escisiones surgidas en las masas de socios (Fernández García, 1990; Fernández Santiago, 2001). Asimismo, dentro del asociacionismo microterritorial gallego, también se registraron procesos de fusión de entidades existentes, que se referenciaban en un mismo distrito gallego, con el fin de fortalecer de manera conjunta el apoyo ideológico y material a las fuerzas republicanas, desde la retaguardia rioplatense. Así ocurrió en el caso de las sociedades de Salvatierra de Miño que nos ocupan, pero podríamos mencionar también como otro ejemplo a las instituciones que se identificaban con el municipio gallego de Porriño, tres de las cuales se fusionaron en 1938, con el objeto de unificar y aumentar las colaboraciones materiales con la Segunda República (Ferreyra, 2016, p. 51).

La Asociación de Residentes de Salvatierra de Miño en la República Argentina se mantuvo leal a las fuerzas republicanas durante toda la Guerra Civil española. Como expresión de ello, se ocupó de enviar representantes a los actos organizados en la capital argentina, en apoyo al gobierno de la Segunda República, al tiempo que brindó asistencia a los exiliados que buscaban refugio en el país sudamericano para garantizar su integridad física (Síntesis de obra, 1946, p. 7).

La institución en consideración obtuvo la personería jurídica el 6 de enero de 1999 y existe hasta la actualidad, con sede en la calle Constitución 3370 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Asociación de Residentes, 1999, p. 1; Consello da Cultura Galega, s./f.). También sigue formando parte de la Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina.

3. La labor de la Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño en relación con los emigrados

A lo largo de sus primeras décadas de desenvolvimiento, la UPSM desplegó funciones asistenciales, recreativas y sociopolíticas, aunque otorgándoles distintos grados de importancia, como pondremos de relieve a continuación.

Si bien las tareas asistenciales destinadas a satisfacer necesidades de los salvaterrenses miembros de la entidad fueron secundarias en este periodo inicial, como hemos sugerido, la UPSM realizó importantes esfuerzos económicos para cubrir total o parcialmente gastos de repatriación, entierros y funerales de sus integrantes, cuando existían razones fundadas y comprobables para colaborar con ello. Desde la creación de la institución y hasta 1946, se financiaron 22 entierros de socios cuyos familiares carecían de recursos económicos para llevarlos a cabo y también se cubrieron los gastos de 12 repatriaciones (Síntesis de obra, 1946, p. 7-8).

En la asamblea general celebrada el 12 de marzo de 1922, se informaba del primer caso de repatriación del miembro Benito Montes González, cuyo pasaje de tercera clase con destino a Vigo financió la sociedad (Acta de asamblea, 1922, f. 9). Las repatriaciones resultaban significativas para quienes se beneficiaban de ellas, pero también para sus familiares o allegados establecidos en el distrito de Salvatierra, quienes se reencontraban con los emigrados que, por razones económicas -la imposibilidad de mantenerse en Buenos Aires- o médicas, deseaban volver a su tierra de origen (véase como ejemplo la Nota de J. Soto Mariño, 1922, f. 15). El apoyo material a las repatriaciones permitía mantener la vitalidad de los lazos sociales desde Buenos Aires con la sociedad de origen, demostrando ante ella capacidad empática y solidaridad en casos concretos y necesarios.

Por otro lado, como parte de las labores de asistencialismo, la UPSM fomentó la visita a los socios enfermos, mediante la organización de subcomisiones que acudían al domicilio de los afectados o a los hospitales donde estaban internados (por ejemplo, el Hospital Español, el Centro Gallego de Buenos Aires, el Hospital Rivadavia, entre otros), ofreciéndoles ayuda (Memoria y Balance, 1927, p. 8-9). Incluso, la UPSM también auxilió financieramente a coterráneos establecidos en Salvatierra de Miño en casos de fatalidades, como cuando dicha entidad organizó un festival en el Orfeón español de Buenos Aires para recaudar dinero destinado a socorrer a una vecina de la parroquia de Arantey residente en ella, a quien se le había quemado la casa en un incendio (Memoria y Balance, 1927, p. 18).

Las actividades recreativas desarrolladas por la UPSM consistieron en la realización de veladas festivas -en la mayoría de los casos en las sedes de orfeones españoles y gallegos de la ciudad de Buenos Aires-, o festivales campestres, con el fin de recaudar fondos para sus diversas iniciativas. Las Comisiones de Fiestas de la UPSM cumplieron un rol protagónico en la consecución de estos eventos, dado que se ocupaban de organizar todos los detalles logísticos para llevarlos a cabo (Memoria y Balance, 1927, p. 7; Síntesis de obra, 1946, p. 6).

Las funciones asistenciales y recreativas aludidas fueron características de la mayor parte de las entidades microterritoriales gallegas de los emigrados (Consello da Cultura Galega, 2008), pero lo que distinguió a la UPSM en su primera etapa de desarrollo fue su activismo político en relación con la sociedad de Salvatierra de Miño. Este último estuvo orientado a eliminar el poder de los caciques y sus redes clientelares a través de la concientización del campesinado y la democratización del sistema de gobierno vigente.

4. La propaganda y la acción política en la tierra de origen

Siguiendo los marcos conceptuales propuestos por Østergaard-Nielsen (2003) y Vancea y Boso (2017), en este apartado postularemos la idea de que, a lo largo de sus primeros años de evolución, la UPSM desplegó un activismo político translocal encaminado a transformar la comunidad de procedencia desde el destino emigratorio. Concebimos a la política translocal (también denominada “política local-local”) como “las actividades y prácticas políticas transnacionales que buscan mejorar la situación de las comunidades locales de origen” desde el destino emigratorio (Vancea, Boso, 2017, p. 12). Algunas de sus expresiones podrían consistir en las manifestaciones socio-culturales con impacto político en el ámbito de procedencia, las contribuciones monetarias a proyectos comunitarios u organizaciones de caridad de la sociedad de partida, o la pertenencia a una asociación o comité cívico en el destino emigratorio para apoyar a las comunidades de origen. La política translocal constituye una de las posibles dimensiones del transnacionalismo político, entendido este último en un sentido amplio, como la participación política transfronteriza formal o informal, directa o indirecta, llevada a cabo por los migrantes o sus instituciones, con la intervención de distintos actores sociales, y que tiene como finalidad incidir en el país de origen de las personas trasladadas (Moraes Mena, 2010, p. 98-101; Østergaard-Nielsen, 2009, p. 20-21; Vancea, Boso, 2017, p. 12).

En el caso analizado, las dirigencias de la UPSM pusieron en juego una serie de estrategias y medidas para influir políticamente en Salvatierra de Miño y sus áreas colindantes. Ello implicó una movilización política coordinada entre instituciones y/o sujetos de ambas orillas del Atlántico. A continuación, comentaremos los mecanismos y acciones que se implementaron desde la entidad examinada y que permitieron, según nuestra interpretación, llevar a cabo una política translocal, con resultados concretos.

En primer lugar, el presidente inicial de la UPSM realizó un llamamiento a los gallegos radicados en Salvatierra de Miño a conformar una sociedad en la cabecera del término municipal, con el objeto de acabar con los “males” que aquejaban a los residentes de esa jurisdicción (Proclama de Manuel Puente, 1921, f. 1). Dicha entidad, que contaría con el apoyo moral y material de la UPSM en la ciudad porteña, se denominaría Comisión representativa de la Sociedad del Distrito de Salvatierra de Miño en Buenos Aires y tendría la función de actuar como corresponsal de la de Buenos Aires. Su cometido sería organizar los sindicatos agrícolas en cada parroquia, la cooperativa agrícola y la Federación municipal de sindicatos (Reglamento de la Comisión, s./f., f. 3). Este programa de carácter político-social y encaminado a generar una nueva infraestructura material para la acción política, con un planificado andamiaje relacional, quedaba supeditado en última instancia a las consideraciones de la UPSM. Desde esta última, se trataba de consolidar un entramado institucional reticular dentro de Salvatierra de Miño, el cual no solo desarrollaría sus actividades dentro del término municipal, sino que también estaría destinado a integrarse en organizaciones sindicales mayores, con alcance a nivel regional. Para reforzar la adhesión a este ideario, un socio fundador de la UPSM se trasladó a Salvatierra de Miño con volantes para repartir en todas sus parroquias (Nota del presidente de la UPSM, 1921. f. 2).

En segundo lugar, la UPSM distribuyó invitaciones a coterráneos en su distrito de referencia, con el fin de que se convirtieran en sus representantes en cada parroquia (debían designarse dos por cada una). La comisión directiva de la UPSM aprobaba la propuesta de los candidatos y luego se les mandaba la convocatoria a través de una nota formal. En ella, se trataba de persuadir a los paisanos elegidos para que asumieran su cargo (Nota del presidente de la UPSM, 1921, f. 2). Para reforzar el mensaje de las invitaciones formales, en un primer momento, fue designado un comisionado en Salvatierra de Miño, el señor Diego Pazos. Este último tenía el encargo de convencer personalmente a esos potenciales representantes parroquiales de que asumieran su rol como tales. Pero esta tarea no era sencilla de cumplir, pues los candidatos en general eludían el compromiso que se les quería atribuir, por temor a posibles represalias de quienes detentaban el poder político, falta de voluntad o de preparación (Nota de D. Pazos, 1922, f. 5). De este modo, resultaba difícil llegar al número previsto de delegados. En 1926, había veinte nombrados formalmente en el distrito y, en 1927, su número había disminuido a diecisiete (Memoria y Balance, 1927, p. 38-39). Lejos estaban estas cifras de los treinta y cuatro representantes que debían estar designados, según las disposiciones reglamentarias de la entidad en consideración.

En tercer lugar, y en consonancia con las prescripciones de los estatutos de la UPSM, esta última fomentó la formación de sindicatos agrícolas en Salvatierra de Miño, que se convirtieron en sus filiales (Memoria y Balance, 1927, p. 20-21). Pero la creación de estos sindicatos no fue un cometido fácil de lograr, no solo porque en la mayoría de los casos no había una clara conciencia social de su necesidad y, por lo tanto, el apoyo a dicha iniciativa podía ser en principio muy limitado, sino también porque cada uno de esos nuevos sindicatos, en función de los fuertes localismos existentes, podía erigirse con importantes grados de autonomía con respecto a los otros sindicatos de Salvatierra de Miño y a la UPSM, a la cual debían quedar subordinados. Esta falta de unidad, así como la posibilidad de que los sindicatos no respondieran a la UPSM, eran factores advertidos por su comisión directiva. Esta última ponía de manifiesto su preocupación por dicha situación, con metáforas que remitían a la idea de familia y a la necesidad de que sus miembros permanecieran cohesionados dentro de ella (Nota del presidente y secretario de la UPSM, 1924b, f. 43-44). Finalmente, en 1924, siete sociedades agrícolas de Salvatierra de Miño suscribieron, gracias a las gestiones de Mariño Méndez, un documento en el que se comprometieron a mantenerse ligadas a la UPSM en Buenos Aires, lo que generó mucho entusiasmo entre sus dirigentes (Un gran paso adelante, 1924, f. 73).

Además, en estrecha relación con el intento de consolidación de los sindicatos agrícolas, la UPSM fomentó el aumento del número de sus asociados mediante el pago de las cuotas sociales de quienes desearan ingresar a ellos durante seis meses. La propaganda y las acciones a favor de esta medida quedaron a cargo del ex-presidente de la entidad, José González y González, y del delegado Mariño Méndez. Como resultado de las beneficiosas gestiones de estos dos comisionados, se logró incrementar el número de socios de los sindicatos según las siguientes cifras: 53 nuevos miembros en el Sindicato de Salvatierra; 21 en el de Meder; 20 en el de Corzanes y Leirado, respectivamente; y 9 en el de Fiolledo y Oleiros, en cada caso (Memoria y Balance, 1927, p. 16).

En cuarto lugar, la UPSM envió a Galicia fondos para sufragar los gastos de las campañas políticas a favor de las fuerzas anticaciquiles, como aquella que se apoyó con la suma de $118 para que la Federación Agraria de Puenteareas (Galicia) pudiera impulsar los idearios agraristas en las elecciones municipales de febrero de 1922. Este dinero surgió de una colecta realizada entre los miembros de la comisión directiva de la UPSM al momento de conocerse en Buenos Aires la noticia de las elecciones en ciernes (Nota del presidente de la UPSM, 1922, f. 7). Asimismo, unos meses más tarde, en julio de 1922, la citada Federación requirió y logró el respaldo de la UPSM en tareas propagandísticas a favor del agrarismo dentro del distrito de Salvatierra de Miño (Nota del presidente de la Federación, 1922, f. 10). Sin embargo, aclararemos que la cooperación recíproca entre estas entidades no siempre se concretaba, por circunstancias específicas. Para ofrecer un ejemplo de esta situación, podríamos señalar que, en julio de 1923, la UPSM solicitó a la Federación Agraria de Puenteareas, así como a la Asociación Agraria de Fiolledo, Oleiros y Salvatierra (creada en 1913 y representativa de tres parroquias de Salvatierra de Miño), que les brindaran su colaboración para organizar un mitin en Salvatierra, con el objeto de difundir los fines de “emancipación y libertad” por ella perseguidos (Nota del presidente de la UPSM, 1923a, f. 22). Pero en esta oportunidad la Federación Agraria de Puenteareas se negó a ello, argumentando que el contexto político del momento no ofrecía garantías para la realización del mitin en cuestión y prometiendo su apoyo a ese tipo de iniciativas en el futuro (Nota del presidente de la Federación, 1923a, f. 28; Nota del presidente de la UPSM, 1923b, f. 24).

Asimismo, no tardaron en surgir algunas desavenencias con la Asociación Agraria de Fiolledo, Oleiros y Salvatierra. En marzo de 1924, el presidente y el secretario de la UPSM denunciaban que entre los socios de la primera había fuerzas contrarias al agrarismo y que ello impedía una relación armoniosa con la misma. Esos “infiltrados” eran personas que habían tenido una actuación como caciques en la región y que, desde la óptica de las autoridades de la UPSM, si participaban en dicha asociación era “para tener al pueblo de su lado y asegurarse de ese modo el triunfo en las próximas elecciones” (Nota del presidente y secretario de la UPSM, 1924c, f. 38). Las fuerzas caciquiles también operaban dentro del Sindicato de Oleiros, con la anuencia de su presidente (Nota del presidente y secretario del Sindicato Agrícola, 1924, f. 115). Esta presencia de elementos caciquiles en las sociedades agrícolas, denostada por la UPSM, también era reconocida como una amenaza por parte de sectores más amplios de la comunidad gallega, incluyendo a su prensa étnica de Buenos Aires (Las sociedades, 1925, p. 24).

En quinto lugar, la UPSM requirió el apoyo de otras entidades existentes en Pontevedra, con el fin de extender el programa agrarista. En este sentido, además de buscar garantizarse la colaboración de la Federación Agraria de Puenteareas o de la Asociación Agraria de Fiolledo, Oleiros y Salvatierra, como comentamos precedentemente, también trató de lograr el apoyo de otras instituciones que aspiraban a representar intereses más amplios que los de los labradores en sí. Por ejemplo, la UPSM entabló relaciones con la Casa del Pueblo de Vigo, la cual propugnaba la lucha de clases en defensa de los trabajadores en general como clase social oprimida. En septiembre de 1922, la última entidad aceptó las tareas que le solicitaba la UPSM desde Buenos Aires: cooperar con las labores de propaganda anticaciquil en el distrito de Salvatierra de Miño y contribuir a crear sociedades de agricultores organizados en cada una de sus parroquias (Nota del presidente de la Casa del Pueblo, 1922, f. 13).

En sexto lugar, la UPSM puso en marcha mecanismos de persuasión para que los electores en Salvatierra de Miño votaran por los candidatos a favor del agrarismo en las elecciones. Desde dicho distrito, se hacía llegar el censo electoral a la comisión directiva de la UPSM, la que se ocupaba de solicitar a sus socios que enviaran cartas a sus familiares en la tierra de origen, recomendándoles que votaran por candidatos de las fuerzas anticaciquiles (Nota del presidente de la UPSM, 1923, f. 26). Se consideraba que esos emigrados estaban en condiciones privilegiadas para disuadir a sus parientes allende el océano, pues eran los que sostenían el hogar en Salvatierra de Miño con sus remesas (Nota del presidente de la Federación, 1923b, f. 21). Además, se creía que podrían impulsar la elección de candidatos idóneos y con la suficiente habilidad como para desarticular los juicios políticos puestos en marcha por las autoridades locales, con el objeto de disciplinar al movimiento agrarista (Nota del presidente de la Federación, 1923a, f. 28).

En séptimo lugar, la UPSM organizó un acto de protesta en Buenos Aires, al que invitó a asociaciones que representaban a los oriundos de Puenteareas, con el fin de recaudar dinero para enviar a los integrantes de la Sociedad Agrícola de Cristiñade (representativa de los labradores de la parroquia de San Salvador de Cristiñade, en el distrito de Puenteareas). Esos fondos estaban destinados a pagar las multas impuestas por las autoridades locales a los miembros de la Sociedad Agrícola de Cristiñade, como represalia por sostener financieramente una escuela rural en la comarca (Nota de la comisión directiva de la Sociedad Agrícola, 1923, f. 25-27; Síntesis de obra, 1946, p. 4).

Por último, la UPSM aportó otras sumas de dinero para sufragar diversos gastos ligados a la difusión y consolidación del ideario agrarista en su área de referencia en Galicia: 490 pesetas para el traslado de los dirigentes de los sindicatos agrícolas de Salvatierra de Miño al congreso organizado por la Unión General de Trabajadores en Lugo, 50 pesetas para contribuir al funcionamiento inicial de la Federación Agraria Gallega en Betanzos, 100 pesetas para la construcción de la Casa del Pueblo de la Federación Agraria de Puenteareas y varios montos para cubrir los costos de distintos juicios en los que se veían envueltos aquellos que defendían los intereses de los labradores en Galicia (Memoria y Balance, 1927, p. 17 y 19).

5. Los delegados de la Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño: una figura destacada

Vale la pena subrayar, como se ha puesto de manifiesto en los párrafos anteriores, que toda la labor de activismo político desplegada por la UPSM en Galicia necesitaba contar allí con intermediarios o delegados eficaces y constantes. En algunos casos, se trataba de los dirigentes de las sociedades agrícolas en el distrito, quienes asumían la doble responsabilidad de velar por las necesidades de dichas entidades y ejecutar los mandatos que provenían de la UPSM de Buenos Aires.

En la primera etapa de desarrollo de la entidad analizada, una figura que cumplió un rol importante como delegado fue el ya mencionado Mariño Méndez (1882-1967). Se trataba de un labrador de espíritu autodidacta, que desde muy joven actuó a favor de la transformación de las condiciones de vida de los campesinos dentro de su comunidad de origen. En 1924, fue designado primer teniente alcalde en su ayuntamiento natal y, además, impulsó las candidaturas del alcalde y de otros quince concejales defensores del movimiento agrarista. Todos ellos lograron acceder a dichos cargos, a pesar de que la dictadura de Primo de Rivera ejercía un control directo sobre las comisiones gestoras de los ayuntamientos (Nota de M. Mariño Méndez, 2024a, 2024b). Este recambio político a nivel municipal era muy auspicioso desde el punto de vista de las perspectivas que abría para el mejoramiento de las condiciones de vida de los labradores salvaterrenses.

A mediados de la década de 1920, Mariño Méndez emergía como un político de peso en su distrito de nacimiento, pues además de su accionar a favor del agrarismo y de su nuevo lugar en el gobierno del ayuntamiento, mantenía su cargo como presidente de la Asociación Agraria de Fiolledo, Oleiros y Salvatierra, al tiempo que se seguía desempeñando como delegado de la UPSM. Este conjunto de funciones le confirió un importante prestigio entre el pueblo en general e, incluso, entre sectores afines al caciquismo. Su liderazgo era reconocido y valorado, tal como él mismo lo manifestaba con sus propias palabras: “[…] hoy por donde voy hasta lejos de aquí todos me admiran hasta los mismos caciques ya me adulan y otros conspiran contra mí, pero la mayoría del Pueblo [sic] está conmigo […]” (Nota de M. Mariño Méndez, 1924a, f. 56).

Hacia 1924, Mariño Méndez invertía una importante cantidad de fondos personales en las campañas y acciones concretas en beneficio de los labradores en el distrito de Salvatierra de Miño, en gran medida respondiendo a los pedidos e iniciativas que emanaban de la UPSM. A su vez, esta última también contribuía a sufragar las tareas que le encargaba, con remesas que enviaba desde Buenos Aires. Entre dichas labores se encontraban, por ejemplo: las campañas a favor del movimiento agrarista, la búsqueda del terreno y de presupuestos para la construcción del edificio social, y la supervisión de los trabajos de albañilería inherentes a ello (Nota del presidente y secretario de la UPSM, 1924d, f. 50-51). En 1927, esas sumas de dinero que la UPSM hacía llegar regularmente a su delegado de Fiolledo cobraban estado público y quedaban consignadas en la Memoria y Balance del ejercicio 1925-1927 (1927, p. 37).

Sin embargo, las acciones de Mariño Méndez a favor del agrarismo le valieron amenazas de muerte de sus opositores, así como persecuciones y privaciones de su libertad, ordenadas por las autoridades locales (Nota de M. Mariño Méndez, 1924c, f. 66-74). Frente a estas situaciones, la UPSM reaccionaba enviando notas en las que exigía el levantamiento de las penas oficiales impuestas o la protección física de su delegado (Nota del presidente y secretario de la UPSM, 1924e, f. 61-62). Asimismo, la entidad en cuestión se ocupaba de desmentir los infundados rumores que circulaban entre algunos de sus socios en Buenos Aires sobre la supuesta mala actuación de Mariño Méndez en el distrito de Salvatierra de Miño. Aparentemente, dichos rumores procedían de quienes intentaban debilitar al movimiento agrarista en Galicia, desde el Río de la Plata (Memoria y Balance, 1927, p. 10). Como queda en evidencia, las labores de este delegado eran de compleja consecución, dadas las circunstancias en las cuales debía llevarlas a cabo. Pero pese a ello, en la mayoría de los casos, logró concretar los cometidos que se le encargaban de forma exitosa. De este modo, además de ganarse el reconocimiento de sus coterráneos en Galicia, como ya comentamos, logró ser respetado dentro de la comunidad del noroeste hispánico en la ciudad porteña. La prensa de esta última daba cuenta de la alta consideración que se le tenía. Por ejemplo, según la opinión de un columnista de Acción Gallega, el órgano periodístico de la Federación de Sociedades Gallegas de la calle Bartolomé Mitre, Mariño Méndez era un hombre de “moral sana y dignidad política”, que respondía de forma responsable y satisfactoria a las instrucciones emanadas de la UPSM (Sociedades que hacen, 1934, p. 4).

6. La Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño en el marco del microasociacionismo gallego de Buenos Aires

La dinámica de la UPSM, en sus primeros años de desarrollo institucional, presentó ciertas particularidades en el contexto del movimiento microasociativo gallego de Buenos Aires. Por un lado, no manifestó, como otras entidades de su tipo, una preocupación central por la creación de escuelas en su distrito de origen. Si bien la UPSM reconocía la importancia de la educación, especialmente en lo ligado a la preparación que debían tener los emigrados para “abrirse camino” y poder insertarse en sus sociedades de destino (Nota de la comisión directiva, 1924, f. 74-75), le otorgó un lugar subsidiario en su programa de acción. Ello contrasta con la atención prestada a la instrucción de los coterráneos en Galicia por parte de otras asociaciones microterritoriales de la emigración, como, por ejemplo, las fundadas por emigrados de los municipios gallegos de Teo y Vedra en Buenos Aires. Estas últimas se ocuparon de recaudar dinero mediante distintas vías, con el objeto de crear una importante infraestructura educativa en sus respectivos distritos de origen. Asimismo, bregaron por dotar a las nuevas escuelas y aulas del necesario material pedagógico para que pudieran funcionar adecuadamente (Botana Iglesias, 2006; Cerdeira Louro, 2010; De Cristóforis, 2013). Podríamos mencionar a modo ilustrativo el caso de la Sociedad Agrícola de Residentes del Municipio de Vedra en Buenos Aires, surgida en la ciudad porteña en 1910. Esta última llegó a fundar, en sus primeras dos décadas de existencia, escuelas de instrucción elemental en Trobe, Merín, San Pedro de Sarandón e A Ponte Ulla, localidades que se encuentran en cuatro parroquias diferentes del Municipio de Vedra (provincia de La Coruña, Galicia, España), lo que implicó notables esfuerzos organizativos y monetarios por parte de los socios de la entidad (De Cristóforis, 2013, p. 27).

Por otro lado, a diferencia de otras asociaciones de emigrados del noroeste hispánico en la capital argentina -como por ejemplo, el Centro Betanzos de Buenos Aires (Ganza, 2015) o la Sociedad de Residentes del Municipio de Porriño (Ferreyra, 2014, 2015)-, que trataron de consolidar sus relaciones con otras entidades de la comunidad gallega allí instaladas, la UPSM no buscó profundizar estos vínculos interinstitucionales en sus primeros cuatro años de existencia. Al mismo tiempo, el movimiento asociativo galaico tampoco demostró interés por acercarse a la UPSM. Ello se pone en evidencia en la correspondencia mantenida por la UPSM entre 1921 y 1924: no hay registros de envío de notas a otras entidades gallegas de Buenos Aires o del resto de Argentina, así como también están casi ausentes las misivas remitidas por otras instituciones de emigrados del noroeste hispánico a la UPSM. La única excepción a esta tendencia es una carta suscripta por la asociación Unión Galaico Americana de la ciudad porteña, solicitando a la UPSM la ayuda para realizar una velada artístico-literaria en honor de varios desterrados españoles de la dictadura de Primo de Rivera (Nota de la Unión, 1924, f. 131). Esa imagen de aislamiento de la UPSM, que sólo se disipaba cuando la última buscaba un salón para realizar alguno de sus eventos sociales en el Orfeón Español de la capital argentina -lo que implicaba negociar con sus autoridades-, se fue modificando en la segunda mitad de la década de 1920, con una apertura progresiva y selectiva de la entidad en consideración hacia el tejido societario gallego (Memoria y Balance, 1927, p. 11-12).

Además, resulta interesante señalar que, en sus primeros años de desarrollo, los dirigentes de la UPSM tampoco se preocuparon por interactuar con las instituciones culturales, políticas o deportivo-recreativas de la sociedad porteña (teatros, bibliotecas, sindicatos o clubes, por ejemplo). Ni siquiera hemos constatado acciones encaminadas a generar vinculaciones con los distintos sectores del movimiento obrero argentino. Ello resulta llamativo o paradójico, tomando en cuenta que la UPSM había afianzado relaciones con instituciones representativas de los trabajadores en Galicia -como la Casa del Pueblo de Vigo mencionada- y, por otra parte, muchos de sus socios y algunos integrantes de sus comisiones directivas eran asalariados y participaban en las filas del movimiento obrero argentino. Quizás la ausencia de diálogo con este último estuviera ligada al hecho de que, para el socialismo o sindicalismo revolucionario de la nación austral, el mantenimiento de las identidades étnicas, como aquellas que se reforzaban desde la UPSM u otras instituciones del asociacionismo emigratorio, constituía un obstáculo o amenaza para la conformación de una conciencia obrera unitaria (Falcón, 1992, p. 262; 2011, p. 215). En este sentido, la falta de conexiones de la UPSM con sectores del movimiento obrero argentino organizado podría explicarse tanto por decisiones institucionales internas como por el desinterés de esos potenciales interlocutores locales por interpelar e interactuar con la primera entidad.

Como hemos puesto de relieve, el objetivo central de la UPSM en su etapa inicial de evolución fue incidir políticamente en el distrito de Salvatierra de Miño. Esta finalidad prioritaria la dotó de un rasgo de excepcionalidad, en el marco del movimiento asociativo gallego de Buenos Aires de la década de 1920 y comienzos de la de 1930. Según Núñez Seixas (1998, p. 339), para esa época, no más de diez sociedades microterritoriales de la capital argentina intervenían activamente en las luchas políticas del agro gallego. Entre ellas se podría mencionar, además de la UPSM, a la Sociedad Hijos de Fornelos y Anexos o a la Sociedad Agraria Hijos de Moreira residentes en Buenos Aires. Asimismo, según las fuentes disponibles hasta el momento, por lo menos hasta 1934, la UPSM fue la única entidad gallega de la ciudad porteña que subvencionó las tareas de un delegado en la tierra de origen (el citado Mariño Méndez), con el fin de incidir en el ámbito local (Sociedades que hacen, 1934, p. 4). Este activismo político, que probablemente se vio fomentado por la ideología socialista y agrarista prevaleciente en el seno de las dirigencias de la UPSM, tuvo un impacto concreto en el distrito de Salvatierra de Miño, palpable en los resultados electorales municipales o en el impulso dado a la creación de instituciones agrícolas y a la construcción de la Casa Social, como hemos comentado. De allí que, volviendo a la perspectiva interpretativa de Núñez Seixas (1999, p. 198) señalada al comienzo de este artículo, sobre la interacción “osmótica” entre las comunidades de origen y las emigradas a ambos lados del Atlántico, podríamos afirmar que en el caso de la entidad examinada, y en su etapa inicial de desarrollo, la misma incidió con mayor énfasis y con consecuencias más amplias en su sociedad de procedencia, antes que en la de destino, siendo posible pensar que esta tendencia posteriormente podría haber experimentado variaciones y cambios por circunstancias de distinto tipo que se escapan de nuestro marco temporal de análisis.

7. Consideraciones finales

A partir de la evidencia histórica presentada, podríamos sostener la idea de que la UPSM contribuyó a generar un espacio social transnacional (Blanco F. de Valderrama, 2007, p. 21), en el sentido de que favoreció el mantenimiento de actividades políticas regulares en el distrito de origen y sus áreas circundantes desde el ámbito emigratorio, lo que condujo a la consolidación de redes sociales y vinculaciones humanas transoceánicas, significativas para la comunidad en consideración.

A su vez, siguiendo a Portes et al. (1999, p. 222), estaríamos en condiciones de afirmar que, si bien dicha incidencia política sobre el área salvaterrense alcanzó un nivel de institucionalización bajo -dado que no llegó a involucrar acciones a nivel de la política gubernativa nacional del país natal-, contribuyó a generar cambios importantes en esa sociedad de origen, especialmente en el plano de la política local y sus estructuras de poder. Estudios posteriores podrán evaluar si este fenómeno histórico se produjo también en relación con otros ámbitos emigratorios americanos de los salvaterrenses o qué características fue adoptando conforme transcurrieron los años. En esta última dirección, será de valor indagar con detenimiento los procesos de politización que se produjeron en la UPSM en los años de la Guerra Civil española, tanto internamente como en vinculación con la movilización a favor de las fuerzas republicanas de una parte importante del movimiento asociativo gallego existente en Argentina (Fernández Santiago, 2001, p. 183-184). Finalmente, será interesante analizar las actividades asistenciales y recreativas que impactaron en la masa de asociados de la UPSM a partir de las modificaciones reglamentarias de 1940, las cuales prescribieron su centralidad dentro de la entidad, en el contexto de la imposición del franquismo en la península (Consello da Cultura Galega, s./f.).

Disponibilidad de Datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo y en: https://arquivo.consellodacultura.gal/ - https://consellodacultura.gal/fondos_documentais/hemeroteca/ - https://biblioteca.galiciana.gal/es/inicio/inicio.do - https://www.fsgallegas.org.ar/, (material físico)

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  • PIERRE. José Domínguez. Soc. U. P. del Distrito de Salvatierra de Miño En su 25 Aniversario . 1921, Agosto, Bs. As., 1946, p. 17.
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  • Sociedad Unión Progresista del Distrito de Salvatierra de Miño en Buenos Aires. Céltiga. Revista Gallega de arte, crítica, literatura y actualidades, año III, n. 37/38, Bs. As., 25.06.1926, p. 102-103.
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  • 1
    Este trabajo se ha elaborado en el marco de los siguientes proyectos de investigación: Proyecto de I+D+i de Generación de Conocimiento: PID2021-127839OB-I00, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/ y “FEDER. Una manera de hacer Europa”; Proyecto de Investigación Plurianual 11220210100201CO, CONICET, Argentina; y Proyecto UBACyT 20020190100223BA, UBA, Argentina. Agradezco a estas instituciones por el apoyo brindado.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    20 Abr 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    30 Ago 2025
  • Acepto
    03 Mar 2026
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