Open-access El estructuralismo latinoamericano, el debate escalar y las modernidades múltiples. Un diálogo para conceptualizar a América Latina y su condición periférica

O estruturalismo latino-americano, o debate escalar e as modernidades múltiplas. Um diálogo para conceituar a América Latina e sua condição periférica

Latin American Structuralism, the Scalar Debate, and Multiple Modernities: A Dialogue for Conceptualizing Latin America and Its Peripheral Condition

Resumen

El estructuralismo latinoamericano no solo buscó caracterizar el capitalismo periférico latinoamericano, sino que, además, aportó conceptos relevantes sobre su estructuración escalar: el desarrollo capitalista a escala mundial, ámbito en donde la condición periférica se realiza; la especificidad macrorregional de la periferia; el papel de los Estados nacionales e, incluso, el rol de las estructuras regionales subnacionales en el desarrollo periférico. El presente trabajo se traza como objetivo general entablar un diálogo entre el estructuralismo latinoamericano y el debate que explicitó la organización escalar del sistema-mundo. Se busca mostrar cómo ambos enfoques pueden nutrirse mutuamente y qué límites encuentran, particularmente al momento de conceptualizar la especificidad de la escala macrorregional de los espacios periféricos. Frente a ello, finalmente, el trabajo propone abordar esta problemática haciendo uso de la idea de modernidades múltiples y combinadas, como una forma de caracterizar a América Latina y su condición periférica.

Palabras clave:
Escalas; Estatalidades; Diferencia Socioespacial; Periferia; Modernización

Resumo

O estruturalismo latino-americano não apenas buscou caracterizar o capitalismo periférico latino-americano, mas também contribuiu com conceitos relevantes sobre sua estruturação escalar: o desenvolvimento capitalista em escala mundial, âmbito no qual a condição periférica se concretiza; a especificidade macrorregional da periferia; e o papel dos Estados nacionais, incluindo o papel das estruturas regionais subnacionais no desenvolvimento periférico. O presente trabalho tem como objetivo geral estabelecer um diálogo entre o estruturalismo latino-americano e o debate que explicitou a organização escalar do sistema-mundo. Busca-se mostrar como ambas as abordagens podem se enriquecer mutuamente e quais limites encontram, particularmente ao conceituar a especificidade da escala macrorregional dos espaços periféricos. Diante disso, o trabalho propõe abordar essa problemática utilizando a ideia de modernidades múltiplas e combinadas, como forma de caracterizar a América Latina e sua condição periférica.

Palavras-chave:
Escalas; Estatalidades; Diferença Socioespacial; Periferia; Modernização

Abstract

Latin American structuralism not only aimed to characterize Latin America’s peripheral capitalism but also contributed with relevant concepts about its scalar structuring: capitalist development on a global scale, where the peripheral condition is realized; the macro-regional specificity of the periphery; the role of nation-states; and even the role of subnational regional structures in peripheral development. The objective of this paper is to establish a dialogue between Latin American structuralism and the debate that articulated the scalar organization of the world-system. It seeks to demonstrate how both approaches can mutually enrich one another and to identify the limits they encounter, particularly when conceptualizing the specificity of the macro-regional scale of peripheral spaces. In this regard, the paper ultimately proposes addressing this issue through the concept of multiple and combined modernities, to characterize Latin America and its peripheral condition.

Keywords:
Scales; Statehoods; Socio-Spatial Difference; Periphery; Modernization

Introducción

El estructuralismo latinoamericano (de ahora en adelante el estructuralismo) se concentró en el estudio del desarrollo del capitalismo periférico latinoamericano. En este contexto, jerarquizó el rol de la escala macrorregional como un espacio social y económico significativo en donde se definen rasgos relevantes de la condición periférica. Sin embargo, para poder abordar este asunto tuvo que tratar, al menos tácitamente, la articulación de una pluralidad de escalas espaciales. No obstante, el estructuralismo no formuló un leguaje explícito para tratar el problema escalar, sino que lo integró en la propia caracterización de su objeto.

De esta problemática surgen dos interrogantes que se retroalimentan:

En primer lugar, cómo explicitar el problema escalar en el marco de las ideas principales del estructuralismo, definiendo las escalas que intervienen en la organización de capitalismo periférico latinoamericano y las relaciones estructurales que mantienen entre sí. En segundo lugar, cómo definir la especificidad del espacio macrorregional latinoamericano de modo que dé contenido histórico concreto a las demás escalas espaciales en las que se desarrolla este particular capitalismo periférico.

En efecto, ambos problemas constituyen momentos necesarios de un mismo objetivo: dotar de un lenguaje explícito sobre la estructura multiescalar del capitalismo periférico y definir la especificidad histórica de la escala macrorregional en el marco de las premisas principales del estructuralismo, sobre todo del estructuralismo original, donde estos asuntos fueron particularmente jerarquizados.

Por otra parte, la falta de un lenguaje escalar explícito en el pensamiento estructuralista no puede separarse de la extemporaneidad que media entre el desarrollo de esta corriente y la tematización explícita de la multiescalaridad. Esta cuestión tomó particular importancia a partir a la década de 1980, en el marco de avances producidos en el campo de la geografía humana, particularmente realizados en ámbitos académicos angloparlantes. Surge aquí un primer paso metodológico: establecer un diálogo inicial entre el estructuralismo y las teorías que buscaron explicitar la multiescalaridad surgidas en los países centrales. Se buscará abordar, inicialmente, la manera en que ambos enfoques pueden nutrirse mutuamente para poder precisar las escalas que intervienen en la condición periférica.

Sin embargo, es posible intuir que las teorías de la multiescalaridad no cuentan en su acervo con conceptos capaces de definir con claridad la especificidad de América Latina como macrorregión periférica. En este sentido, el objetivo subsiguiente es establecer un diálogo de segundo orden con modelos de análisis que habiliten un tratamiento directo de la especificidad histórica de América Latina. Para ello, se propone analizar una vía particular de conceptualización de la especificidad del proceso de modernización, ensayando un diálogo entre el estructuralismo y el enfoque de modernidades múltiples.

En síntesis, el trabajo elabora un diálogo ex post entre los tres enfoques mencionados, con el objetivo de recuperar las tesis estructuralistas, precisarlas a partir de un diálogo con el pensamiento escalar y complementarlas con aportes inspirados en el enfoque de modernidades múltiples. Para ello, en el primer apartado del trabajo se exponen las principales ideas que han caracterizado al pensamiento estructuralista y que han involucrado diferentes escalas espaciales. En el segundo apartado se introducen los aspectos principales del debate escalar en diálogo con el estructuralismo. Finalmente, se aborda la cuestión de la escala macrorregional de América Latina, introduciendo la idea de modernidades múltiples y combinadas para poder definirla.

Desde un punto de vista metodológico, el trabajo intenta elaborar una adaptación analítica del enfoque estructuralista, observando las complementariedades con los otros dos enfoques. Se trata de identificar diagonales conceptuales que permitan elaborar una síntesis superadora, aunque anclada en la tradición estructuralista, en particular en aquella que irrumpió en la escena latinoamericana con su originalidad a comienzos de la década de 1960.

1. Las escalas del capitalismo periférico en el pensamiento estructuralista

El hecho de que el estructuralismo latinoamericano no haya elaborado una síntesis explícita sobre las escalas del capitalismo periférico no quiere decir que no existan contribuciones que remitan a ello, al menos implícitamente. Por ejemplo, si se toma el caso de Prebisch (2012), puede verse que, en su trabajo liminar de 1949, buscó mostrar cómo los ciclos económicos a escala mundial provocaban un deterioro sistemático de los términos del intercambio para los productores y proveedores internacionales de materias primas. Esto suponía una ruptura con la visión del sistema de precios propuesta por la escuela marginalista.

Esta distinción no es trivial pues se halla aquí un principio de explicación que cambia el modo en que se considera la realidad social y económica. En el aquel trabajo, Prebisch presenta el sistema de precios a escala internacional mediado por las tensiones distributivas organizadas institucionalmente a escala nacional (Pérez Caldentey; Vernengo, 2016). Estas mediaciones establecen una determinada dinámica de los precios relativos que drena poder de compra desde la periferia hacia el centro, sin que nadie pueda asegurar una correspondencia con una suerte de contribución previa de los factores al total producido. En el modelo de Prebisch, la existencia de sociedades más equilibradas internamente en la puja por el excedente es lo que permite trasladar las tensiones distributivas a las sociedades menos equilibradas internamente donde los trabajadores absorben estos costos con condiciones de vida sistemáticamente peores.

Como puede verse, en la tesis liminar del pensamiento estructuralista, existe una conexión directa entre diferentes escalas, la internacional y la nacional, mediada por diferentes condiciones nacionales de puja por la distribución, trasladas al plano internacional por vía del comercio. Esto conecta directamente con los modelos pioneros de las teorías del subdesarrollo que pusieron énfasis en la abundancia relativa de mano de obra, pero avanzaron más allá a la hora de interpretar esta condición (Lewis, 1954). Se observó, en primer lugar, cómo las clases sociales propietarias de los medios de producción, ligadas al comercio internacional, establecían patrones de consumo imitativos de las clases dominantes en los centros (Cardoso; Faletto, 1969; Furtado, 1999). Esto suponía un drenaje de excedentes incompatible con las exigencias adicionales que la periferia enfrenta a la hora de acumular capital. El esfuerzo requerido para revertir las condiciones del subdesarrollo difícilmente se produciría a partir de la voluntad propia de las clases dominantes en la periferia.

En segundo lugar, la organización de las instituciones estatales también conspiraba contra esta finalidad. Los Estados, en la periferia, tienden a organizarse en torno a la puja por estos excedentes, pero no con la finalidad de orientarlos al proceso de acumulación (Kaplan, 1969). Por el contrario, se desarrollan como mecanismos coactivos para permitir el consumo de lujo de nuevas élites o grupos de presión que también pretenden alcanzar el estilo de vida de los sectores medios y altos de los espacios centrales. En este contexto, la escasez de bienes de capital se vuelve crónica al igual que la persistencia de masas excluidas del mercado de trabajo. Prebisch desarrolla este argumento en los artículos que componen El capitalismo periférico (1981).

Los rasgos periféricos se resumen en la heterogeneidad estructural en la sociedad, la especialización en los sectores exportadores, el desarrollo de la industria protegida, de baja productividad e importadora de insumos y bienes de capital, así como la formación de grupos de presión protegidos por la acción estatal, capaces de sustraer parte del excedente producido. Se trata de ideas que constituyen el núcleo del estructuralismo original (Pinto, 1983).

Las tesis pioneras del estructuralismo, sin embargo, fueron mutando con los cambios intelectuales, políticos y económicos que marcaron las últimas tres décadas del siglo XX. En este sentido, las transformaciones del estructuralismo hacia el neoestructuralismo estuvieron influenciadas, entre otros cambios, por: 1) la asunción del marco teórico marginalista (combinado con elementos heterodoxos), sobre todo para la evaluación macroeconómica (Sztulwark, 2005); 2) una dilución del peso de las relaciones de poder en el marco de análisis (Fernández; Ormaechea, 2021); 3) el pasaje a una lectura convencional sobre el papel del Estado (Fernández; Ormaechea, 2020; Ormaechea; Sidler, 2024); y 4) una reorientación política que dejó atrás la puja por la apropiación de los beneficios del progreso tecnológico en el marco de relaciones centro-periferia, para concentrarse en la estabilidad, con inclusión social y crecimiento de la competitividad (Lauxmann; Juárez, 2024; Sztulwark, 2005). Estos cambios también desplazaron la preocupación por la estructura escalar y la especificidad histórica de América Latina, que son precisamente las preocupaciones de este trabajo. Por lo tanto, la elección del estructuralismo original como referencia no es un capricho, sino resultado de su contenido conceptual, el cual le proporcionó cierto grado de originalidad que aquí se buscar preservar.

Esta particularidad del pensamiento estructuralista también se refleja en la composición multiescalar de su objeto en donde una escala remite a la otra y viceversa. En este contexto, es posible complejizar la lectura y agregar nuevas realidades espaciales emergentes que se integran al enfoque estructuralista. Por una parte, la presencia de estructuras regionales subnacionales que también persisten como modalidades prototípicas de la condición periférica y, por otra parte, los rasgos regionales supranacionales que marcan una huella de largo plazo en una escala superior y dan especificidad al espacio latinoamericano.

Estos temas adquirieron mayor importancia en instancias más tardías cuando las ideas del estructuralismo original comenzaban una fase de declinación. En este contexto, el papel de las regiones, tanto subnacionales como supranacionales, fue incorporándose en torno a las décadas de 1960 y 1970, combinando ideas provenientes desde el funcionalismo estadounidense hasta el marxismo latinoamericano y las teorías de la dependencia.

En el plano subnacional, las contribuciones más importantes se realizaron primero en el seno del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social -ILPES- (Franco, 2015), a partir de la influencia del regionalismo estadounidense, de tipo institucionalista (Friedmann; Weaver, 1981). En este contexto, se introdujo bajo el prisma del “desarrollo desigual” de Lewis, la preocupación en torno a la formación de regiones que generan excedentes y otras que los absorben, polarizando el sistema urbano en la dualidad megalópolis-espacio vacío. Además, se revalorizó el papel del espacio rural poblado por ciudades intermedias y pequeñas como mecanismo para evitar los patrones del subdesarrollo (en este sentido fue relevante la contribución de Medina Echavarría [1963], incorporada por Prebisch [1963] como parte del canon principal del pensamiento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe - CEPAL).

Estas dos premisas tuvieron particular influencia en las ideas estructuralistas sobre la cuestión regional. En primer lugar, aquello decantó en la existencia de una relación funcional entre la estructura regional y la condición periférica, donde un centro en la periferia absorbe los recursos de la periferia en la periferia (Rofman; Romero, 1974). El centro periférico se relaciona, e incluso se mimetiza, con las clases sociales dominantes en los espacios centrales a nivel internacional. Pinto (1973) identificó esto como una de las tres dimensiones de la heterogeneidad estructural de la periferia: social, económica y regional. Por oposición a ello, en el seno de la CEPAL, Prebisch (1963) y Medina Echavarría (1955) observaron en la formación clase media rural propietaria y en el sistema de ciudades pequeñas y medianas un rasgo clave en la reversión de los patrones de la estructura social periférica.

La dimensión urbana tomó importancia en este contexto, pues la tendencia a formación de grandes metrópolis fragmentadas e hiperdesiguales conformó el patrón característico de la urbanización de América Latina. Dicho patrón sería la contra cara del modelo centro-periferia, según el argumento expresado previamente, y una de las principales consecuencias de su estilo de desarrollo. En efecto, la cuestión fue interpretada en estos términos en los debates desarrollados en torno a la CEPAL (De Mattos, 1979; Quijano, 1976) y en particular en el ILPES (Boisier, 1972; Coraggio, 1972), siendo la megaurbe fragmentada, desigual y con realidades sociales combinadas, un objeto que necesariamente debía ser tratado de un modo multiescalar. En cualquier caso, el debate urbano-regional se apoyó sobre una observación de base más o menos aceptada que entendió que el patrón urbano latinoamericano debía ser considerado como parte del desarrollo de las relaciones centro-periferia, persistente e, incluso, intensificado en las transformaciones económicas que siguieron a la llegada de la globalización neoliberal (De Mattos, 2006).

Por otra parte, el problema de América Latina y su desarrollo histórico como una formación social y económica periférica tomó particular importancia entre los autores estructuralistas y emergió como una escala decisiva para explicar el subdesarrollo. En este contexto, el estructuralismo se vio envuelto una discusión más amplia sobre qué es lo que distingue a América Latina y cómo ello se concilia con la formación de un sistema mundial. En este sentido, pueden mencionarse dos ideas clave relativas a esta problemática.

En primer lugar, la influencia recibida por la sociología de la modernización, considerando las contribuciones de Medina Echavarría (López; Blanco, 2014). Es importante notar que no se trató de una visión ingenua en la que, por ejemplo, se podría considerar a América Latina como un continente demorado o atrasado en comparación con las economías centrales. Por el contrario, el objetivo persistía en cómo captar la particularidad cualitativa que distingue a dicho espacio macrorregional (Altamirano, 2021). Sin embargo, la idea de una sociedad transicional persistió entre los autores principales de la sociología de la modernización que influyeron sobre el estructuralismo.

En segundo lugar, y en tensión con la idea anterior, la sociología de la modernización influyó a los autores estructuralistas a la hora de considerar a América Latina como una forma social combinada que fue alcanzada e integrada al proceso de modernización noroccidental de manera heterónoma (Faletto, 1996; Fernandes; Zenteno, 1978; Germani; Dos Santos, 1969). Ello habría dado lugar a una estructuración social específica en la que los rasgos modernos se combinaban con los tradicionales, los cuales persistían configurando estructuras sociales porosas (CEPAL, 1963).

La combinación (contradictoria) de elementos tradicionales y modernos se presentaba, entonces, como una característica de la realidad latinoamericana en su proceso de modernización heterónomo. Esta particularidad de la estructura social implicaría un factor limitante en relación con el proceso autocentrado de acumulación de capital, confirmando su condición periférica.

Como puede verse, las ideas estructuralistas se vieron permanentemente interpeladas por la realidad multiescalar de los procesos de desarrollo. Ello no es casual, sino que es consecuencia del modo en que el estructuralismo elaboró su objeto y métodos de estudio. Sin embargo, el estructuralismo no exploró una teorización explicita de las escalas y lógicas espaciales que intervienen en la estructuración del sistema mundo. Esta definición requiere de un lenguaje propio que en tiempos del estructuralismo original no había sido desarrollado. En consecuencia, es posible preguntarse en qué medida los debates sobre la escalaridad del sistema capitalista pueden ser de utilidad para resolver este problema o al menos avanzar parcialmente en este sentido.

2. El debate escalar y el capitalismo periférico

Durante las últimas décadas del siglo XX y comienzos de los años 2000 se desarrolló un intenso debate en torno a la organización escalar del capitalismo. De un modo simplificado, pueden distinguirse dos posiciones polares: por un lado, una interpretación estructural de las escalas, definidas partir de algún vínculo con determinadas relaciones sociales de producción (Elden, 2010; Taylor, 1981; 1982); por otro lado, una lectura opuesta, de naturaleza topológica, es decir, una interpretación formal, en la que las escalas son definidas como niveles de una realidad reticular genérica, o sea, como niveles de un sistema fractal con independencia del contenido (Marston, 2000; Marston; Jones III; Woodward, 2005). En el medio es posible situar una pluralidad de interpretaciones que combinan aspectos de ambos polos (Jessop; Brenner; Jones, 2008; Smith, 2008).

Cada una de estas perspectivas presenta dificultades. Por su parte, el modelo estructural corre el riesgo de construir una interpretación en donde cada escala sea considerada una realidad social en sí, separada e inconmensurable frente a las demás (Agnew, 1994). El modelo topológico presenta una dificultad opuesta, es decir, el poder captar la especificidad histórica de los sistemas sociales de producción y la particular organización espacial de sus instituciones (Brenner, 2001).

Si se colocan las premisas del estructuralismo latinoamericano a la luz del debate escalar puede verse una afinidad electiva con el modelo estructural, aunque existen tensiones que emergen casi inmediatamente. Para ver esto con mayor claridad puede establecerse un contrapunto con la lectura canónica de Peter Taylor (1981). Este autor distinguió tres escalas fundamentales: la escala de la “realidad”, que haría referencia a la escala de la economía-mundo, y que sería el plano en donde se define el modo de producción y las relaciones de explotación; por otra parte, la escala de la “experiencia”, es decir, la escala urbana, local, donde las personas desenvuelven su vida cotidiana; y, finalmente, la escala a la que el autor llama “ideológica”, que sería la del espacio nacional construido jurídicamente sobre la base de una identificación subjetiva de tipo identitaria.

Las premisas del estructuralismo latinoamericano iluminan al menos dos observaciones sobre este modelo. Por un lado, en la definición de Taylor cada escala se vincula con un tipo de relación social particular, lo que provoca una separación de tres órdenes escalares de la vida social, incluso con un estatus ontológico diferente (real, experiencial, e ideológico). En las tesis estructuralistas esto no aparece, al contrario, las relaciones sociales operan en distintas escalas, combinándose. A nivel del sistema-mundo, tanto las relaciones capitalistas de producción como la estatalidad, incluso los intereses particulares de regiones específicas tienen lugar y afectan las posiciones estructurales. En el espacio macrorregional, nacional o subnacional aplica la misma premisa. En este sentido, el estructuralismo podría verse más cercano a interpretaciones sistémicas del desarrollo capitalista en donde se combinan y se articulan lógicas sociales contradictorias y complementarias, tal y como las expresan, por ejemplo, Arrighi (1999) o Wallerstein (2001) en la idea de sistema-mundo y el capitalismo histórico. Sin embargo, el lenguaje escalar permite precisar la espacialidad de estas relaciones y ello resulta de particular utilidad para el estructuralismo.

Adicionalmente, es posible observar cómo en el enfoque de Taylor no hay lugar para los espacios macrorregionales, lo cual no es casual, sino que responde a la falta de una relación social particular que permita definirlos. Las relaciones capitalistas de producción definen la escala mundial, la estatalidad define la escala nacional, y las relaciones de proximidad comunitaria, la escala local. Pero la escala macrorregional no tiene entidad por sí misma y, por lo tanto, no constituye una escala necesaria de la estructuración del sistema-mundo. Debe decirse que existen contribuciones que han tratado esta escala explícitamente, pero lo hicieron considerándola como una extensión en el espacio de una cultura local, más allá de las fronteras nacionales y no como un espacio con atributos sociales e históricos propios (Paasi, 1991). Incluso las corrientes del sistema-mundo y el capitalismo histórico tienen dificultades para poder definir las especificidades macrorregionales. En efecto, han tratado esta particularidad con la idea de desarrollo desigual, combinado con relaciones tradicionales que se aferran a un pasado precapitalista (Smith, 2008).

En definitiva, el debate escalar introdujo una idea de utilidad para el enfoque estructuralista. Las escalas se derivan de la lógica espacial inherentes a las relaciones sociales que estructuran el sistema mundial capitalista: las relaciones capitalistas (mundiales); las burocrático-estatales (nacionales); y las de proximidad (de origen identitario comunitarista). Sin embargo, este lenguaje no resulta suficiente para abordar la especificidad de espacios macrorregionales definidos cualitativamente. En efecto, esta escala adquirió centralidad como ámbito en donde la condición periférica toma sentido o significado. El estructuralismo aceptó que, en términos weberianos, el ethos capitalista noroccidental no se replica sin más en la periferia, sino que se integra y combina con ethos preexistentes dando forma a tipos de sociedad con particularidades irreductibles. Como se vio en el apartado anterior, para el estructuralismo esto tuvo particular importancia, pues la integración heterónoma a la modernización europea noroccidental constituyó uno de los rasgos claves del proceso de formación de América Latina.

Contribuciones más recientes, pensadas desde la periferia, han puesto el acento sobre esta misma problemática. Carlos Brandão (2018) y Ramiro Fernández (2018) abordaron este problema tomando como referencia la originalidad del pensamiento estructuralista, así como los riesgos que supone una asimilación acrítica de las estructuras conceptuales de los espacios centrales. La observación, en este caso, se centra en la naturaleza dependiente de la escala nacional integrada en un marco histórico estructural de desarrollo periférico. El pívot en torno a la escala nacional no supone renunciar a un abordaje de la especificidad histórica de la escala macrorregional. Por el contrario, esto último contribuye al fortalecimiento de esta línea de trabajo y a la conservación del pensamiento estructuralista.

Con respecto a esta situación, es posible preguntarse cómo redefinir el problema escalar con el objetivo de superar estas dos limitaciones, es decir, la inconmensurabilidad o la autonomización de las escalas -algo que también destaca Brandão (2018)- y la ausencia de la escala macrorregional en su especificidad histórica. En otros términos, lograr un modelo más general de estructuración escalar del sistema-mundo y de sus espacios periféricos.

Frente a ello es posible distinguir inicialmente: por una parte, las relaciones sociales que estructuran los sistemas socioeconómicos y que tienen lógicas espaciales específicas; y, por otra, las escalas, consideradas como los espacios en donde estas relaciones se combinan y articulan, es decir, las escalas como momentos operativos y concretos. Las relaciones capitalistas contienen una lógica mundial, un espacio no delimitado. Las relaciones estatales una lógica territorial, explícitamente delimitada. Mientras que las relaciones comunitarias también remiten a una lógica territorial pero implícita o tácita, vivencial. Por su parte, la escala es el espacio en donde estas relaciones y lógicas se articulan y desarrollan, el recorte de la realidad que se pretende observar.

Existe un vínculo estrecho entre las relaciones sociales y las escalas espaciales en donde la vida social adquiere materialidad. La escala local, remite al espacio acotado de una comunidad localizada. La escala nacional es el espacio explicitado en la organización jurídica del Estado. La escala mundial, está estrechamente relacionada con el despliegue de las relaciones capitalistas de producción. Sin embargo, al interior de cada escala (mundial, nacional o local) operan todas las relaciones sociales mencionadas, combinándose y organizando la vida concreta de las sociedades. De hecho, esto es lo que el estructuralismo hizo de facto al mostrar cómo la condición periférica depende de la interacción entre diferentes relaciones sociales que operan en las distintas escalas.

Siguiendo esta distinción, el estructuralismo puede hacer propio el lenguaje escalar y aprovechar la flexibilidad de sus premisas para evitar la autonomización de las escalas. Sin embargo, para lograr esto, requiere romper con la formulación genérica y abstracta y situar la estructuración escalar en una interpretación cualitativa e histórico estructural de la condición periférica de América Latina. Para ello, el debate escalar resulta insuficiente y es preciso incorporar nuevos conceptos con la misma lógica: un aprovechamiento crítico, conservando la originalidad del estructuralismo.

3. El capitalismo periférico y las modernidades múltiples y combinadas

Si en el marco del debate escalar la escala macrorregional ha sido normalmente considerada como una extensión de la escala local, el estructuralismo, por su parte, buscó en el espacio latinoamericano una respuesta de fondo en el análisis de la condición periférica. De hecho, el estructuralismo puede ser interpretado como uno de los tantos aportes que discutieron cómo definir a América Latina, en relación con el proceso de modernización capitalista liderado por el espacio europeo noroccidental en los siglos XVIII y XIX.

Es posible trazar aquí algunas coordenadas básicas que ordenaron dicho debate en tres grandes posibilidades (para una síntesis de este debate ver Costa, 2019). Por un lado, el amplio espectro de las teorías decoloniales que basaron su crítica al proceso de modernización capitalista, vía la incorporación de ideas posestructuralistas definidas en torno al giro lingüístico y la diferencia como unidad ontológica de ciencias sociales. Por otro lado, las teorías transicionales, es decir, aquellas que aceptan la universalidad del proceso de modernización capitalista, pero argumentan que en América Latina persiste, incluso de forma perenne, una realidad social previa de carácter no moderno que, en combinación, da lugar a formas específicas. Y, finalmente, es posible considerar una vía alternativa, según la cual no existiría un único proceso de modernización, sino una pluralidad de posibilidades y que la vía dominante puede influir a escala mundial, pero lo hace combinándose con otras formas alternativas de modernización. En cada uno de estos grandes grupos es posible encontrar una amplia paleta de matices.

El estructuralismo se vio influenciado, hasta la actualidad, por interpretaciones que pueden situarse bajo la segunda opción, considerando al espacio macrorregional de América Latina, como un espacio tradicional, incorporado de forma heterónoma al proceso de modernización capitalista, en transición hacia (o estancamiento frente a) la realización de aquel modelo de referencia mundial. Sin embargo, merece preguntarse si esta suposición de base no implica una limitación, pues, en este caso, lo propio de América Latina solo podría derivarse de una oposición al proceso de modernización, es decir, definido por una falta, con la consecuencia de que su superación supondría la propia disolución de su particularidad.

Frente a ello, se propone llevar las tesis estructuralistas al campo de la tercera opción y utilizar para ello el concepto de modernidades múltiples que fue planteado originalmente por Shmuel Eisenstadt a comienzos del siglo XXI (Eisenstadt, 2000). Allí opuso a la idea genérica de modernidad una pluralidad de modernidades alternativas basadas en la contingencia de los patrones culturales de amplios espacios. Eisenstadt, de hecho, tomó el continente americano como ejemplo oponiendo el ethos igualitario de los Estados Unidos al ethos jerárquico de América Latina como formas opuestas de modernidad (Eisenstadt, 2013).

Sin embargo, el problema no está solo en la observación de las diferencias, sino también en lo que esas distintas formas de modernización tienen en común. Volker Schmidt, por ejemplo, criticó la perspectiva de Eisenstadt observando una debilidad en el tratamiento de la generalidad de ciertas instituciones modernas. A diferencia del segundo, el primero prefería hablar de variedades de un mismo proceso histórico de modernización (Schmidt, 2006). En cualquier caso, sí resulta ineludible contar con un principio de modernización lo suficientemente general como para permitir contener en su seno una pluralidad de formas o variedades.

En este sentido, según la contribución de Weber, es posible considerar el proceso de modernización como una tendencia general hacia la desmagificación de las relaciones de autoridad (Hennis, 1983; Schluchter, 2018). Esta tendencia supone que la sociabilidad humana va deshaciendo sus vínculos con el plano de lo trascendente a la hora de legitimar sus formas de organización social, de modo que la autoridad pasa a requerir medios “mundanos” de legitimación (Roth, 2016; Weisz, 2011). Sin embargo, al deshacer las diferencias sociales como reflejos de un orden trascedente, el proceso de desmagificación tiene como consecuencia un giro antropológico fundamental, afirma que hay una condición humana genérica interviniendo (o mediando) en la legitimación de dichas relaciones. Esta mediación, no obstante, podría admitir formas antropológicas diferentes y no limitarse solo a la expresión europea noroccidental protestante que se extendió mundialmente entre los siglos XVIII y XIX y que Weber tomó como referencia para su interpretación del desarrollo del capitalismo. Considerando lo anterior, podría argumentarse que América Latina, más que una combinación de lo tradicional y lo moderno (en su forma única), es el producto de una confluencia, en colisión y combinación, de diferentes modalidades de este principio genérico de modernización.

Bajo esta perspectiva, se requiere definir al menos una variación de dicho principio, de tal modo que se ajuste a la realidad y la historia de América Latina. De hecho, en la historia del pensamiento social latinoamericano se han realizado conceptualizaciones convergentes, buscando captar la especificidad de esta macrorregión. Pueden tomarse, por ejemplo, los conceptos de mestizaje, hibridación y transculturación (Pantin, 2008) que constituyeron, ya desde mediados del siglo XIX, una clave interpretativa de la particularidad de la socialización en América Latina. El peso cuantitativo del mestizaje en América Latina trazó una diferencia manifiesta con la modalidad de la conquista de los países europeos noroccidentales y ello condujo a una exploración más profunda de sus implicancias cualitativas. Aquellos conceptos nutrieron el desarrollo de las ciencias sociales, incluso en las formulaciones iniciales biológico-evolutivas de orientación racista (para el caso argentino ver Grondona, 2019). Sin embargo, fueron perdiendo su contenido biologicista inicial y se constituyeron como vehículos analíticos, ya sea en la forma del evolucionismo cultural (de Silvio Romero a Gilberto Freyre en el caso brasileño ver Souza; Barbosa, 2023) o también el historicismo inspirado en la sociología de la Europa meridional y central como Emilio Willems (Willems; Casanova, 1944), para captar una forma de socialización predominante en este espacio macrorregional.

Como modelo general, la idea de mestizaje ha sido considerada como un proceso de combinación de dos culturas asimétricas y en conflicto, una dominante y una subalterna, en donde la primera asimila al menos ciertos elementos de la segunda. De allí emerge una unidad social novedosa que no suprime las diferencias anteriores, sino que las contiene. Este modelo fue cuestionado particularmente por investigadores angloparlantes, quienes observaron en él un ocultamiento de relaciones de dominación de base racial (Wade, 2003; 2020). Esta crítica puede ser matizada, dado que el concepto en cuestión admite tanto la conflictividad como la asimetría en su desarrollo. Sin embargo, lo que no se resuelve, al menos no inmediatamente, es el modo en que se articulan el mestizaje y el proceso de modernización para dar lugar a una variedad propiamente latinoamericana.

Para ello es posible traer a colación una idea adicional: la observación en América Latina de la presencia histórica de un ethos particular, de carácter barroco, que daría un sentido específico al mestizaje en este espacio macrorregional. La idea de un ethos barroco fue popularizada por Bolivar Echeverría (2011), sin embargo, ha sido tratada por diferentes autores -para una síntesis ver Marcelo González (2012)- y no es posible extraer una definición única y definitiva. No obstante, aquí se formulará una definición simplificada considerando los distintos aportes existentes. En términos generales se sostendrá que, el ethos utilitarista de la modernidad capitalista (europeo, noroccidental) y el ethos barroco constituyen dos formas alternativas de definir una condición humana genérica mediando en los procesos de diferenciación social y, por lo tanto, en las relaciones de autoridad legítima.

En este caso, se trazará una diferencia fundamental según la cual para el ethos utilitarista toda persona es, en última instancia, un individuo con deseos soberanos, de modo que todos comparten esta condición genérica. Mientras que, para el ethos barroco la condición genérica se derivaría de la idea de que toda persona sería un ser cognoscente, es decir, una consciencia soberana.

Estas premisas antropológicas tienen consecuencias institucionales que inciden sobre los atributos de la modalidad del proceso de modernización. Esto puede verse en el mito racional utilitarista que describe el pasaje del estado de naturaleza hacia la sociedad civil. Allí, se sanciona una ley que tiene por objetivo, y la legitimidad para, limitar el cumplimiento de los deseos soberanos del individuo y el desarrollo de una guerra de todos contra todos. Algo similar puede pensarse para el ethos barroco, en este caso también hay un pasaje del estado de la naturaleza al de la sociedad civil, pero se produciría a través de la sanción de un sistema de tutelajes educativos, con el objetivo de dotar al individuo del conocimiento que le da libertad de elegir y limitar sus impulsos (una forma alternativa de ascetismo racional).

Así como la ética calvinista sirvió a Weber para retratar las bases religiosas del proceso de modernización capitalista liderado por el centro-norte europeo, las misiones jesuíticas pueden servir como el tipo ideal equivalente para ejemplificar los rasgos esenciales de la modernización barroca. Incluso el propio Weber (2003) reconoce en el jesuitismo un ascetismo cristiano racional emancipado:

tanto de la anárquica huida del mundo, como del continuo atormentarse por puro virtuosismo, para convertirse en un método sistemático y racional de conducción de vida, con el fin de superar el status naturae sustrayendo al hombre del poder de los apetitos irracionales, y devolviéndole su libertad ante el mundo y la naturaleza; de ese modo se aseguraba la primacía de la voluntad planificada, se sometían sus acciones a permanente autocontrol, se educaba (objetivamente) al monje como trabajador al servicio del reino de Dios y (subjetivamente) se le aseguraba, a su vez, la salvación del alma. Pues bien, este [activo] dominio de sí mismo que era el fin de los exercitia de san Ignacio y de las formas más altas de las virtudes racionales monacales, venía a coincidir con la racionalización de la conducta exigida por el puritanismo (Weber, 2003, p. 191, el subrayado es nuestro).

Berlanga, recupera esta diferencia y sostiene que Weber adjudica al jesuitismo, todavía, una continuidad con el orden medieval, en la medida en que no se produjo una completa mundanización de este particular ascetismo racional basado en la organización educativa de la vida (Berlanga, 2005). Sin embargo, la acción de los jesuitas allende los territorios europeos traslada esta vocación, racional y mundana, más allá de lo muros monacales y expone un principio que trasciende a la orden misma, pues ejemplifica un principio de modernización alternativo. Este principio encuentra su materialización en una coyuntura histórica particular en la que, simultáneamente, se aceptó la integración de los pueblos preexistentes a la conquista, a la unidad jurídico-política imperial y, por lo tanto, se reconoció en ellos un alma y la capacidad cognoscente para discernir y aceptar el bautismo, siendo así todos hijos de un mismo Dios y súbditos de un mismo rey. Brotó de allí una disposición educativo-tutelar-evangélica que el jesuitismo realizó de la forma más pura como un proceso particular de modernización mestiza.

La dominación, incluso en su violencia manifiesta, del orden cultural preexistente requirió la asimilación en el seno del imperio de rasgos culturales de los pueblos conquistados, dando legitimidad así al proceso masivo del mestizaje. Luego, a diferencia del ethos utilitarista, en donde el individuo con deseos soberanos se enfrenta directamente a la ley que lo limita, la persona del ethos barroco entra en un sistema de mediaciones institucionales que definen jerarquías con deberes, derechos y garantías. Allí puede interpretarse el complejo sistema de diferencias sociales y materiales de jerarquías orgánicas, visibles y naturalizadas, definidas por particularidades culturales y raciales y con consecuencias económicas y políticas.

En este punto, conviene preguntarse en qué medida esta idea de modernización alternativa puede enriquecer el enfoque estructuralista para definir de un modo positivo la especificidad del espacio macrorregional latinoamericano. Para esto, se puede volver sobre la idea cepalina de la sociedad transicional, según la cual América Latina era conceptualizada como una sociedad porosa donde los rasgos tradicionales permeaban en los modernos, provocando un proceso de desarrollo e inserción internacional disfuncional (CEPAL, 1963).

Este argumento puede adaptarse introduciendo la idea de modernización barroca, de modo a situar el surgimiento de América Latina en la ruptura e integración heterónoma a un sistema mundial que se organizaba en base al ethos capitalista. América Latina no fue el resultado de un proceso autocentrado de secularización del ethos barroco, pasando de una forma protomoderna, teológica e imperial hacia una forma secular y republicana. Por el contrario, fue el resultado de una colisión y combinación heterónoma de formas alternativas de modernización, que no solo colocaron a América Latina en una posición subalterna en el sistema internacional, sino que introdujeron una dislocación interior que afectará sus capacidades de acumulación e integración social en el largo plazo.

La formación de grupos sociales dominantes directamente ligados a las nuevas metrópolis centrales por lazos comerciales y financieros, pero también culturales y morales, produjo el desarrollo de ciudades portuarias autonomizadas y con una tendencia a la fragmentación territorial. El papel de las principales ciudades portuarias en la formación de Estados independientes será crucial en la formación histórica de las naciones sudamericanas, con consecuencias de largo plazo que, hasta el día hoy, se vislumbran. En particular, porque las élites portuarias lucharon por el predominio territorial y, en la medida en que consolidaron dicha posición, se convirtieron en los puntos de apoyo de las nuevas entidades estatales nacionales, proyectando instituciones capitalistas sobre espacios organizados previamente bajo los principios de una modernidad barroca.

Ello produjo un doble movimiento. Por un lado, una desarticulación de los sistemas de producción y explotación previos, rehaciendo economías nacionales orientadas a la exportación de materias primas al espacio europeo noroccidental, centro del sistema mundial emergente. Pero, por otro lado, se requirió el desarrollo de un sistema de control, tutelaje e integración de los espacios económicos internos, que se realizó bajo una permanente y masiva migración hacia los márgenes de las megalópolis portuarias.

La integración social de estas masas al sistema capitalista de producción quedó obliterada por las limitadas capacidades de acumulación de capital de los grupos dominantes portuarios y la orientación de los excedentes a las metrópolis europeas noroccidentales. Ello desató un conflicto permanente por su apropiación a través de intentos recurrentes de organizar y legalizar sistemas de protección social que limiten la inestable e insegura individualidad de la población marginalizada, tanto urbana como rural. La cuestión urbana adquiere aquí una significación particular, pues el desarrollo de la megalópolis, fragmentada y desigual, también se convierte en un espacio en los que diferentes ethos se encuentran, colisionan y se combinan. Pablo Ciccolella (2010) la denominó la “ciudad mestiza latinoamericana” para referirse a una idea similar, aunque en el contexto de las transformaciones urbanas aceleradas por la globalización. Esta idea resulta sumamente útil en este contexto, pues su aplicación no solo puede extenderse hasta la formación misma del proceso de urbanización periférica de América Latina, sino también especificarse como un mestizaje de diferentes ethos en los espacios urbanos, que desarrollan una compleja convivencia en tensión, complementariedad y conflicto.

De un modo más general, la idea principal que aquí se pone en juego es que no se trató de un mero desplazamiento de la modernización barroca tras la integración de América Latina al sistema-mundo dominado por la modernización capitalista. Por el contrario, el ethos barroco persistió bajo una integración heterónoma que impactó en la forma y en el funcionamiento de la región. En efecto, sus rasgos específicos se materializaron en todas las relaciones sociales en juego: en la acumulación de capital, en la formación de las unidades estatales, en las estructuras regionales y en las particularidades de la urbanización latinoamericana. En todos los casos devinieron relaciones disfuncionales, heterogéneas, fragmentadas. Considerando un plano subjetivo más elemental, mientras la modernización capitalista trajo, con la extensión del individuo, una justificación moral de la pobreza estructural, el ethos barroco se conservó bajo la forma de dependencias personales o clientelas locales que ofrecieron condiciones mínimas de seguridad, pero sin la función educativa e integradora en un sistema social más amplio, incluso universalista.

Esta interpretación no solo resulta compatible con la lectura escalar del estructuralismo latinoamericano, sino que también permite tratar a América Latina como una forma particular de modernización, producto de la combinación heterónoma y conflictiva de dos eticidades alternativas. En ambos casos el resultado es similar, dado que allí se puede situar la disfuncionalidad en la acumulación de capital, el carácter cuasi fallido de su estatalidad, la falta de integración de sus espacios subnacionales, la desproporción y fragmentación de sus sistemas urbanos y la particular estructura socioeconómica heterogénea.

Sin embargo, este enfoque tiene como principio, pero también como proyección histórica, una forma particular de modernización de América Latina y no una mera repetición fallida de la modernización europea noroccidental como vía para definir la escala macrorregional. Luego, no solo permite situar históricamente las contradicciones y disfuncionalidades que la caracterizan, sino también imaginar un desarrollo posible definido en sus propios términos, es decir, como realización de un potencial histórico novedoso, propiamente latinoamericano.

Conclusiones

El estructuralismo tuvo una marcada impronta escalar en sus contribuciones poniendo énfasis en la escala macrorregional como aquella que introdujo una distinción cualitativa, histórica y estructural. Sin embargo, no elaboró un lenguaje explícito para dar cuenta de las lógicas espaciales y tuvo dificultades para definir cualitativamente la particularidad de la escala macrorregional, clave para precisar la condición periférica de América Latina. El debate escalar, desarrollado en otro tiempo y lugar, aportó reflexiones relevantes para nutrir al estructuralismo de este lenguaje ausente, sin embargo, las propias ideas estructuralistas revelan los límites de dicho lenguaje.

En primer lugar, el estructuralismo desarrolló de facto una interpretación más flexible de las lógicas espaciales que estructuran las escalas en las que se desarrolla el sistema mundial. Puso en evidencia cómo diferentes lógicas socio espaciales se articulan en diferentes escalas. En segundo lugar, el debate escalar no consideró el rol de la escala macrorregional al menos en el sentido que el estructuralismo le dio. La escala macrorregional, desde este punto de vista, haría referencia a grandes espacios sociales en los que la modernidad capitalista no se realiza sin más, sino que se combina con modalidades civilizacionales alternativas. Puesto de otro modo, las teorías sobre la escalaridad del sistema-mundo, se limitaron a considerar el rol de las relaciones sociales proyectadas por la modernización capitalista, ignorando la posibilidad de que modernidades alternativas puedan tener operatividad en la organización y estructuración del sistema económico mundial.

Sin embargo, el estructuralismo, a la hora de conceptualizar esta escala decisiva, apeló a fórmulas transicionales en donde se combina lo moderno con lo premoderno, lo cual sigue suponiendo una única modalidad existente en el proceso de modernización, a saber, la proyectada por los países centrales. Frente a ello, se propuso considerar la idea de modernidades múltiples y combinadas para definir la escala macrorregional y utilizarla para formular una caracterización del espacio latinoamericano como diagonal interpretativa de su condición periférica.

Como pudo verse, la incorporación de la idea de modernidades múltiples y combinadas permite construir una interpretación de la escala macrorregional que el estructuralismo latinoamericano invocó pero que no pudo definir más allá de una concepción transicional. La modernización mestiza o barroca permite completar un cuadro más general y abarcador del proceso de desarrollo de América Latina, definiendo su condición periférica sin tener que atribuirle rasgos premodernos y descubriendo su particularidad histórica como una combinación conflictiva, heterónoma y dependiente de dos formas de modernización alternativas. Esta perspectiva no solo permite situar las características con las que el estructuralismo definió la condición periférica, sino también proyectar a futuro las potencialidades históricas de una modernización latinoamericana que sea capaz de revertir su heteronomía y, a la vez, conservar su especificidad como un espacio de combinación de múltiples modernidades.

Datos Abiertos

Todos los datos que respaldan los resultados de este estudio fueron publicados en el propio artículo.

Referencias

  • AGNEW, J. The territorial trap: The geographical assumptions of international relations theory. Review of International Political Economy, v. 1, n. 1, p. 53-80, 1994. DOI: https://doi.org/10.1080/09692299408434268.
    » https://doi.org/10.1080/09692299408434268
  • ALTAMIRANO, C. La invención de Nuestra América Buenos Aires: Siglo XXI, 2021.
  • ARRIGHI, G. El largo siglo XX Madrid: Ediciones Akal, 1999.
  • BERLANGA, J. L. V. Ética protestante y ética católica: Las reflexiones de Max Weber sobre los jesuitas. In: RODRÍGUEZ MARTÍNEZ, J. (Ed.) En el centenario de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Madrid: CIS, 2005, p. 243-262.
  • BOISIER, S. Industrialización, urbanización, polarización: hacia un enfoque unificado. Revista EURE - Revista de Estudios Urbano Regionales, v. 2, n. 5., p. 35-61, 1972. DOI: https://doi.org/10.7764/833.
    » https://doi.org/10.7764/833
  • BRANDÃO, C. Anotações para uma geoeconomia política transescalar do subdesenvolvimento histórico geográfico desigual na periferia do capitalismo: Lições para América Latina. In: BRANDÃO, C.; FERNÁNDEZ, V. R.; RIBEIRO, L. C. (Eds.). Escalas espaciais, reescalonamentos e estatalidades Río de Janeiro: Letra Capital, 2018. p. 326-360.
  • BRENNER, N. The limits to scale? Methodological reflections on scalar structuration. Progress in Human Geography, v. 25, n. 4, Article 4, 2001. DOI: https://doi.org/10.1191/030913201682688959.
    » https://doi.org/10.1191/030913201682688959
  • CARDOSO, F. H.; FALETTO, E. Desarrollo y dependencia en América Latina México: Siglo XXI, 1969.
  • CEPAL. COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. El desarrollo social de América Latina en la postguerra Santiago de Chile: CEPAL-ONU, 1963.
  • CICCOLELLA, P. La ciudad mestiza: metrópolis latinoamericanas atrapadas entre la globalización y la inclusión social. Revista Tamoios São Gonçalo, v. 6, n. 2, p. 04-16, 2010. DOI: 10.12957/tamoios.2010.1414.
    » https://doi.org/10.12957/tamoios.2010.1414
  • CORAGGIO, J. L. Hacia una revisión de la teoría de los polos de desarrollo. In: ILPES (Ed.). Planificación regional y urbana en América Latina Siglo XXI, 1972. p. 39-58.
  • COSTA, S. The research on modernity in Latin America: Lineages and dilemmas. Current Sociology, v. 67, n. 6, p. 838-855, 2019.
  • DE MATTOS, C. A. Crecimiento y concentración espacial en América Latina: algunas consecuencias. Revista EURE - Revista de Estudios Urbano Regionales , v. 6, n. 16, p. 9-21, 1979. DOI: https://doi.org/10.7764/901.
    » https://doi.org/10.7764/901
  • DE MATTOS, C. A. Modernización capitalista y transformación metropolitana en América Latina: cinco tendencias constitutivas. In: LEMOS, M A; ARROYO, M.; SILVEIRA, M. L. (Eds.). América Latina: cidade, campo e turismo San Pablo: CLACSO, 2006. p. 41-73.
  • ECHEVERRÍA, B. Antología Bolívar Echeverría. Crítica de la modernidad capitalista. La Paz: Vicepresidencia del Estado, 2011.
  • EISENSTADT, S. N. Multiple Modernities. Daedalus, v.129, n. 1, p. 1-29, 2000.
  • EISENSTADT, S. N. Las primeras múltiples modernidades: Identidades colectivas, esferas públicas y orden político en las Américas. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, v. 58, n. 218, p. 129-152, 2013.
  • ELDEN, S. Thinking Territory Historically. Geopolitics, v. 15, n. 4, p. 757-761, 2010. DOI: https://doi.org/10.1080/14650041003717517.
    » https://doi.org/10.1080/14650041003717517
  • FALETTO, E. La CEPAL y la sociología del desarrollo. Revista de la CEPAL 1996.
  • FERNANDES, F.; ZENTENO, R. B. Las clases sociales en América Latina: Problemas de conceptualización. Seminario de Mérida México: Siglo XXI , 1978.
  • FERNÁNDEZ, V. R. Desenvolvimento regional sob transformações transescalares: Por que e como recuperar a escala nacional. In: BRANDÃO, C.; FERNÁNDEZ, V. R.; RIBEIRO, L. C. (Eds.). Escalas espaciais, reescalonamentos e estatalidades , Río de Janeiro: Letra Capital , 2018. p. 276-325.
  • FERNÁNDEZ, V. R.; ORMAECHEA, E. Debates sobre el estructuralismo y neo-estructuralismo latinoamericano: Situando al Estado en un primer plano de análisis. Estudios Sociales, vol. 78, n. 1, p. 1-24, 2020.
  • FERNÁNDEZ, V. R.; ORMAECHEA, E. Desde el estructuralismo al neoestructuralismo latinoamericano: Retomando la ruta prebischiana del poder. Perfiles latinoamericanos: revista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, vol. 29, n. 57, p. 1-27, 2021.
  • FRANCO, R. El ILPES de Prebisch. Mundos Plurales - Revista Latinoamericana de Políticas y Acción Pública, v. 2, n. 1, Article 1, 2015.
  • FRIEDMANN, J.; WEAVER, C. Territorio y función Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, 1981.
  • FURTADO, C. Teoría y política del desarrollo económico México: Siglo XXI , 1999.
  • GERMANI, G.; DOS SANTOS, M. R. Etapas de la modernización en Latinoamérica. Desarrollo económico, v. 9, n. 33, p. 95-137, 1969.
  • GONZÁLEZ, M. J. Latinoamérica/modernidad/catolicismo: Itinerarios interpretativos sobre sus relaciones a partir de la categoría ethos y de la cuestión del quiebre del monopolio religioso. Buenos Aires: Teseo, 2012.
  • GRONDONA, A. Cuestión racial y sociología argentina: Sarmiento, Ayarragaray, Bunge e ingenieros frente a Germani. Aportes en clave genealógica de cara al sur. De Prácticas y Discursos, v. 8, n. 12, Article 12, 2019.
  • HENNIS, W. El problema central de Max Weber. Revista de Estudios Políticos, v. 33, Article 33, 1983.
  • JESSOP, B., BRENNER, N.; JONES, M. Theorizing sociospatial relations. Environment and planning D: society and space, v. 26, n. 3, Article 3, 2008.
  • KAPLAN, M. Formación del Estado nacional en América Latina Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1969.
  • LAUXMANN, C.; JUÁREZ, J. Consideraciones sobre política industrial para el cambio estructural de espacios periféricos en el siglo XXI. Sociedad y Economía, n. 52, 2024. DOI: e10713357.
  • LEWIS, W. A. Economic development with unlimited supplies of labour. The Manchester School, v. 2, n.2, p. 139-191, 1954.
  • LÓPEZ, L. A. M.; BLANCO, A. José Medina Echavarría y sociología como ciencia social concreta (1939-1980). Estudios sociológicos, v. 32, n. 95, p. 438-441, 2014.
  • MARSTON, S. A. The social construction of scale. Progress in Human Geography , v. 24, n. 2. 2000. DOI: https://doi.org/10.1191/030913200674086272.
    » https://doi.org/10.1191/030913200674086272
  • MARSTON, S. A.; JONES III, J. P.; WOODWARD, K. Human geography without scale. Transactions of the Institute of British Geographers, v. 30, n. 4, Article 4, 2005. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1475-5661.2005.00180.x.
    » https://doi.org/10.1111/j.1475-5661.2005.00180.x
  • MEDINA ECHAVARRÍA, J. Tres aspectos sociológicos del desarrollo económico Bogotá: Naciones Unidas, 1955.
  • MEDINA ECHAVARRÍA, J. Consideraciones sociológicas sobre el desarrollo económico de América Latina Santiago de Chile: CEPAL, 1963.
  • ORMAECHEA, E.; SIDLER, J. Reflexiones en torno al Estado en la CEPAL: Recuperando algunas contribuciones del estructuralismo latinoamericano. In: FERNÁNDEZ, V. R.; TRUCCO, I.; LAUXMANN, C. (Eds.), Volver al futuro: el estructuralismo latinoamericano y los desafíos del desarrollo en el siglo XXI. Buenos Aires: Teseo , 2024. p. 235-263.
  • PAASI, A. Deconstructing Regions: Notes on the Scales of Spatial Life. Environment and Planning A: Economy and Space, v. 23, n. 2, Article 2, 1991. DOI: https://doi.org/10.1068/a230239.
    » https://doi.org/10.1068/a230239
  • PANTIN, B. Mestizaje, transculturación, hibridación Perspectivas de historia conceptual, análisis del discurso y metaforología para los estudios y las teorías culturales en América Latina. 2008. Tesis doctoral- Universidad Libre de Berlín, Berlín, 2008.
  • PÉREZ CALDENTEY, E.; VERNENGO, M. Raúl Prebisch y la dinámica económica: Crecimiento cíclico e interacción entre el centro y la periferia. Revista Cepal, n. 118, 2016.
  • PINTO, A. Heterogeneidad estructural y modelo de desarrollo reciente de la América Latina Santiago de Chile: ILPES-CEPAL, 1973.
  • PINTO, A. Centro-periferia e industrialización. Vigencia y cambios en el pensamiento de la CEPAL. El Trimestre Económico, v. 50, n. 2, 1983.
  • PREBISCH, R. Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano México: Fondo de Cultura Económica, 1963.
  • PREBISCH, R. El Capitalismo Periférico México: Fondo de Cultura Económica , 1981.
  • PREBISCH, R. El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas CEPAL, 2012.
  • QUIJANO, A. Dependencia, cambio social y urbanización en Latinoamérica Santiago de Chile: ILPES-CEPAL , 1976. Disponible en: Disponible en: https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/9942a772-0b84-48a4-93ad-bfcb9b719859/content Accedido el: 30/04/2026.
    » https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/9942a772-0b84-48a4-93ad-bfcb9b719859/content
  • ROFMAN, A. B.; ROMERO, L. A. Sistema socioeconómico y estructura regional en la Argentina Buenos Aires: Amorrortu, 1974.
  • ROTH, G. La racionalización en la historia de desarrollo de Max Weber. In: EMORCILLO LAIZ, A.; WEISZ, E. (Eds.) Max Weber en Iberoamérica: Nuevas interpretaciones, estudios empíricos y recepción Mexico: Fondo de Cultura Económica, 2016. p. 153-174.
  • SCHLUCHTER, W. El desencantamiento del mundo: seis estudios sobre Max Weber. Fondo de Cultura Economica, 2018.
  • SCHMIDT, V. H. Multiple Modernities or Varieties of Modernity? Current Sociology , v. 54, n. 1, p. 77-97, 2006. DOI: https://doi.org/10.1177/0011392106058835.
    » https://doi.org/10.1177/0011392106058835
  • SMITH, N. Uneven development: Nature, capital, and the production of space University of Georgia Press, 2008.
  • SOUZA, F. S.; BARBOSA, I. F. Sílvio Romero, Felte Bezerra e o debate sobre a miscigenação no contexto da recepção da sociologia no brasil. CSOnline-revista eletrônica de ciências sociais, vol. 38, p. 36-66, 2023.
  • SZTULWARK, S. El estructuralismo latinoamericano: fundamentos y transformaciones del pensamiento económico de la periferia. Buenos Aires: Universidad Nacional de General Sarmiento, 2005.
  • TAYLOR, P. J. Geographical scales within the world-economy approach. Review Fernand Braudel Center, v. 5, n. 1, p. 3-11, 1981.
  • TAYLOR, P. J. A Materialist Framework for Political Geography. Transactions of the Institute of British Geographers , v. 7, n. 1, p. 15-34, 1982.
  • WADE, P. Repensando el mestizaje. Revista Colombiana de Antropología, v. 39, p. 273-296, 2003.
  • WADE, P. Latin American racisms in global perspective. In: Routledge international handbook of contemporary racisms Routledge, 2020. pp. 78-88,
  • WALLERSTEIN, I. M. El capitalismo histórico México: Siglo XXI , 2001.
  • WEBER, M. La ética protestante y el espíritu del capitalismo México: Fondo de Cultura Económica , 2003.
  • WEISZ, E. Racionalidad y tragedia: La filosofía histórica de Max Weber. Buenos Aires: Prometeo, 2011.
  • WILLEMS, E.; CASANOVA, H. G. Asimilación y aculturación. Revista mexicana de sociología, v. 6, n. 3, p. 293-314, 1944.
  • Información sobre el uso de Inteligencia Artificial
    Búsqueda, sistematización y organización final de referencias: No.
    Organización de bases de datos y respectiva elaboración de cuadros, tablas y gráficos: No.
    Revisión final del texto para el mejoramiento de gramática y ortografía, para cumplir con la norma culta: No.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    31 Jul 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    04 Abr 2025
  • Acepto
    26 Dic 2025
location_on
Associação Nacional de Pós-graduação e Pesquisa em Planejamento Urbano e Regional - ANPUR FAU Cidade Universitária, Rua do Lago, 876, CEP: 05508-080, São Paulo, SP - Brasil, Tel: (31) 3409-7157 - São Paulo - SP - Brazil
E-mail: revista@anpur.org.br
rss_feed Acompanhe os números deste periódico no seu leitor de RSS
Ir para o topo Reportar erro