Resumen
La necesidad de construir una teoría territorial que tenga en cuenta las especificidades de las sociedades latinoamericanas tiene como bases el colonialismo intelectual de las potencias capitalistas hegemónicas y sus instrumentos en nuestra región; los conceptos mismos de la teoría del materialismo histórico-dialéctico; y las especificidades de nuestras formaciones económico-sociales. En el siglo XXI se ha avanzado en esta tarea, en particular en las oleadas del “progresismo” en los gobiernos, pero su incompetencia para lograr los cambios sociales necesarios, exigidos por las mayorías populares, lleva ahora a una racha ultraderechista en la región que puede dificultar este esfuerzo. Esta labor no es suficiente, hay que seguir trabajando en su construcción y difusión, para lograr su presencia y vigencia entre los investigadores territoriales latinoamericanos.
Palabras clave:
Colonialismo Cultural; Países Hegemónicos; Investigación Territorial, Territorio y Territorialidades; Desigualdades Socioespaciales; Conflictos Espaciales del Capitalismo; Historia de la Ciudad; América Latina
Resumo
A necessidade de construir uma teoria territorial que leve em conta as especificidades das sociedades latino-americanas tem como bases o colonialismo intelectual das potências capitalistas hegemônicas e seus instrumentos em nossa região; os próprios conceitos da teoria do materialismo histórico-dialético; e as especificidades de nossas formações econômico-sociais. No século XXI tem-se avançado nessa tarefa, em particular nas ondas do “progressismo” nos governos, mas a sua incompetência para alcançar as mudanças sociais necessárias, exigidas pelas maiorias populares, leva agora a uma fase ultradireitista na região que pode dificultar esse esforço. Esse trabalho não é suficiente, é preciso continuar trabalhando em sua construção e difusão, para alcançar sua presença e relevância entre os pesquisadores territoriais latino-americanos.
Palavras-chave:
Colonialismo Cultural; Países Hegemônicos; Pesquisa Territorial, Território e Territorialidades; Desigualdades Socioespaciais; Conflitos Espaciais do Capitalismo; História da Cidade; América Latina
Abstract
The need to build a territorial theory that considers the specificities of Latin American societies is based on the intellectual colonialism of the hegemonic capitalist powers and their instruments in our region; the very concepts of the theory of historical-dialectical materialism; and the specificities of our socio-economic formations. In the 21st century, progress has been made in this task, particularly during the waves of “progressivism” in governments, however, their inability to achieve the necessary social changes demanded by the popular majorities has now led to a far-right streak in the region that could hinder this effort. This work is not enough, it is necessary to continue working on its development and dissemination to ensure its presence and relevance among Latin American territorial researchers.
Keywords:
Cultural Colonialism; Hegemonic Countries; Territorial Research, Territory and Territorialities; Socio-Spatial Inequalities; Spatial Conflicts of Capitalism; History of the City; Latin America
Introducción
La investigación territorial1 está en auge en la actualidad en América Latina y el Caribe2. Cientos de revistas y miles de artículos y libros se publican anualmente en este campo del conocimiento en -y sobre- los territorios de la región. En nuestras universidades se crean por doquier núcleos de investigación con nombres alusivos a este ámbito del conocimiento, en ocasiones añadiendo un área particular de las parcelas profesionales. Muchos posgrados -maestrías y doctorados-, y ahora licenciaturas, en nuestros países y en los hegemónicos culturalmente, se proponen formar a los actores de esta práctica y las políticas públicas que ordenarían los territorios en el futuro, en las múltiples parcelas del conocimiento3. Existen muchas asociaciones y redes nacionales e internacionales que agrupan a los investigadores y/o planificadores en estos temas. Además, los sistemas nacionales de investigadores que aceptan y evalúan a sus sujetos (en ocasiones mediante rodeos extraños por falta de áreas específicas que acepten su carácter científico) son cosa conocida y criticada, pues hace ya mucho tiempo -45 años- que se reparten becas y estímulos compensatorios de sus mermados ingresos y salarios que el neoliberalismo ha cambiado por cuotas a destajo según la productividad bien o mal medida mediante sus discutidos y discutibles criterios.
No podría ser de otra forma, pues todo lo económico, social, político y cultural ocurre en algún lugar y en algún momento de la historia en el planeta Tierra4, por lo que su análisis lleva -inevitablemente, diríamos nosotros- a algún tipo de investigación y/o práctica territorial.
Pero lo que no hemos aclarado aún es cómo abordar esta investigación, cuándo el conocimiento es necesario, con qué enfoque teórico y práctico debemos llevarla a cabo. Hay quienes piensan que las teorías y las políticas desarrolladas en los países económica, política y culturalmente dominantes bastan y sobran para conocer y resolver sus razones y sus problemas, incluyendo a muchos investigadores pertenecientes a las corrientes críticas del pensamiento. Los cambiantes planteamientos injerencistas de Donald Trump en su segundo período presidencial y su lema “Make America great again” (MAGA) van en ese sentido explícito. Otros pensamos y actuamos para construir una teoría crítica latinoamericana en este campo, pues consideramos que las acuñadas en esos lugares del capitalismo avanzado no son necesaria y suficientemente adecuadas para dar cuenta de nuestras realidades.
Para afirmarlo, partimos de los conceptos mismos de la teoría y el método del materialismo histórico-dialéctico, para afirmar que no nos basta con las teorizaciones elaboradas en los países capitalistas hegemónicos, aun en nuestro mismo ámbito teórico, para dar cuenta de nuestra realidad objetiva. He aquí otro aporte a esta discusión, que viene a sumarse a los presentados hasta ahora en múltiples textos que llevan nuestra firma (PRADILLA COBOS, 2010 y 2013, entre otros) u otras de esta corriente.
1. La expansión de la investigación territorial latinoamericana
En los años sesenta coincidieron varios hechos que determinaron el despliegue de la investigación crítica territorial en América Latina: la urbanización acelerada producida por la industrialización sustitutiva de importaciones (ISI) y el desarrollo capitalista agrario por la vía Junker (Pradilla Cobos, 1986; Pradilla; Márquez López; Castillo de Herrera, 2024, capítulo 6), que llevaron a los académicos a ocuparse de sus causas y problemas; el trabajo de investigación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desde la óptica keynesiana, procapitalista (Prebisch, 1973); la muerte de José Stalin (1953) en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); el inicio de la limitada desestalinización del marxismo (materialismo histórico-dialéctico); la publicación de textos de Karl Marx y Federico Engels hasta entonces olvidados o prohibidos por el “dirigente máximo” del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), convertido erróneamente en el sujeto que definía y dictaba la ortodoxia marxista; el despertar relativo de este pensamiento sobre lo territorial -en particular lo urbano- en los textos de Henri Lefebvre (1968; 1970; 1972) y sus alumnos (Castells, 1972; en particular); y la formulación de la teoría de la dependencia por Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto (1969) que, apoyándose formalmente en el marxismo, planteaba su explicación sobre el subdesarrollo latinoamericano.
Tres notables compilaciones (Castells, 1973; Schteingart, 1973; Unikel; Necochea, 1975) divulgaron en la región la conceptualización de la urbanización dependiente, que se convirtió en la explicación generalizada del proceso (Duhau, 2013), la cual compartimos los primeros años, para luego iniciar su crítica con otros autores latinoamericanos, como Paul Singer (1973), Salomón Kalmanovitz (1982a y 1982b), Francisco C. Weffort (1974) y otros.
Esta postura teórica nunca se abandonó del todo. Hoy, muchos años después de esta intensa polémica, en Brasil -país cuyos investigadores (Theotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra, entre otros) jugaron un papel preponderante en el desarrollo de la vertiente marxista de esta teoría- aún se mantiene su formulación, basándose, evidentemente, en uno de los rasgos del dominio imperialista sobre nuestros países: la subordinación. Rasgo que ha reverdecido por las posturas de los gobernantes de potencias actuales, como Estados Unidos de América, y las otrora potencias coloniales europeas, como Francia, Inglaterra y Alemania, que cada vez actúan más como integrantes de una Europa subordinada a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de su país hegemónico, Estados Unidos. Esta postura histórica se combina ahora con las nuevas condiciones del desarrollo capitalista actual, como la financiarización, el nuevo extractivismo y el llamado “capitalismo de plataformas”, lo que incluye nuevos temas polémicos a discutir. (RIBEIRO; DINIZ, 2025).
Entre los muchos autores latinoamericanos que sobresalieron en esos años, cuya lista no presentamos para no dejar fuera algún nombre, quisiéramos señalar especialmente al argentino Alejandro B. Rofman (1974) y al brasileño Francisco de Oliveira (1977), investigadores poco recordados por las nuevas generaciones, cuya teorización y método analítico histórico-dialéctico adquieren aún hoy una gran importancia para entender uno de los grandes problemas de la actualidad: la desigualdad económico-social imperante en América Latina -la región más desigual del mundo actualmente- y su expresión territorial, que fue muy notoria en el discurso de los gobernantes durante los años setenta del siglo XX y lo sigue siendo hoy bajo la denominación equívoca de “desequilibrio regional”.
Desde los años setenta la investigación territorial -sobre todo la urbana- no ha cesado de crecer hasta alcanzar el desarrollo que señalamos antes, pero siempre estuvo sometida, en cualquiera de sus variantes y vertientes, a la dominación de la teoría y metodología elaborada y ampliamente difundida en/por los países hegemónicos en el llamado “hemisferio occidental”. La teoría y el método sumaron a nuevos desarrollos marxistas (David Harvey, Neil Smith, Edward W. Soja, entre otros), al regulacionismo francés, y a múltiples eclecticismos no marxistas, como los de Manuel Castells -ahora Weberiano con teorización propia-, Saskia Sassen, Allen J. Scott y otros. En la etapa actual, no solo nos enfrentamos a una multiplicación de las teorías y métodos de análisis, sino también a problemas “nuevos” que analizar, como los derechos humanos, las organizaciones no gubernamentales (ONG), la democracia en abstracto, los géneros y las diferencias sexuales, la cuarta revolución tecnológica, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la inteligencia artificial (IA), las plataformas electrónicas y los servicios que prestan, el medio ambiente, etc., y sus implicaciones territoriales. Según nuestro análisis, lo “nuevo” siempre estará ubicado en su “viejo” alineamiento procapitalista o anticapitalista, si lo analizamos cuidadosamente.
2. La hegemonía y la subordinación teórica y de método
Como lo hemos señalado en muchos trabajos, sobre todo en el publicado en 2010 en esta misma revista (Pradilla Cobos, 2010), la cultura latinoamericana en su conjunto, incluyendo la investigación, y en particular la territorial, ha sido sometida al colonialismo cultural ejercido por las potencias hegemónicas. Primero fueron España y Portugal como potencias colonialistas en América Latina; luego, al lograr nuestros países la independencia de España y Portugal como colonizadores y monopolizadores del poder, otras naciones europeas, incluidas Francia e Inglaterra, tomaron ese lugar; posteriormente, en el siglo XIX y principios del XX, Inglaterra ejerció ese papel como nación hegemónica en lo económico y político en el capitalismo mercantil e industrial; más tarde, le correspondió a Estados Unidos de América, después del período de crisis económica, política y militar de 1914-1945 (dos guerras interimperialistas y una profunda recesión económica). En la actualidad, asistimos, vivimos y padecemos un conflicto marcado por la crisis de la hegemonía estadounidense y la lucha de China y Rusia (o de los BRICS en su conjunto) para ganarla, ante los intentos agresivos de Donald Trump, presidente de EUA, quien, con la renovación de la Doctrina Monroe de hace dos siglos (1823), pretende conservar la hegemonía en nuestra región (Morgenfeld, 2023). La hegemonía cultural siempre ha estado en manos de las potencias capitalistas y nunca en algún país o alianza de América Latina y el Caribe, incluido Brasil.
Como lo señalábamos en el 2010, los instrumentos de este colonialismo han sido múltiples: control mayoritario de las grandes editoriales en manos de capitales de estos países hegemónicos; traducciones casi instantáneas de los textos publicados en los países hegemónicos; redes de distribución que privilegian a las grandes editoriales y sus traducciones, frente a las muy débiles de los investigadores latinoamericanos y las editoriales universitarias, carentes de distribución y difusión; políticas de los organismos públicos de educación e investigación para usar solo textos de cinco años de antigüedad y en idioma inglés; imposición de las políticas territoriales emanadas de instituciones trasnacionales dirigidas por el capital hegemónico en el campo territorial como parte del “desarrollo” o la “modernización”; la imposición de estas opciones de política de todo tipo mediante el acceso al crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y muchas otras instituciones de asesoría y consultoría.
Un ejemplo muy reciente, entre muchos, es la Nueva Agenda Urbana, como sus antecedentes de Vancouver y Estambul, elaborada por los técnicos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aprobada por sus integrantes de todos los continentes en la reunión mundial de Quito, Ecuador, en 2016, e impuesta a todos nuestros países (Pradilla Cobos, 2021). Sin lugar a duda, esta propuesta de política es capitalista neoliberal y sus planteamientos están hechos para la situación de las ciudades más desarrolladas y no para las nuestras, en las que también se aplicaría.
3. La búsqueda de autonomía en la investigación territorial
Aunque, en la práctica, toda investigación crítica se enfrentaba a la realidad de nuestras sociedades (distinta a la de los países hegemónicos y lo que planteaban sus autores consagrados), y en su mayoría la enfrentaba en su trabajo, la pesantez del colonialismo cultural dominante hacía y aún hace que llenemos nuestros trabajos de citas teóricas de autores europeos o estadounidenses, tanto los procapitalistas como los anticapitalistas, y que asumamos su análisis sobre su realidad, como si fuera la nuestra. Y en nuestros días, a pesar del desarrollo impetuoso de la investigación territorial, esta costumbre se mantiene o, aún, crece. La investigación, por novedosa que sea, sigue plagada de citas de autores estadounidenses, si es proclive al sistema capitalista y al dominio de las sociedades hegemónicas; o de citas sin situar de los clásicos del marxismo y los autores contemporáneos de la crítica al capitalismo, además eclécticamente al referirse a autores eclécticos o no marxistas, si se opone al capital y su hegemonía.
En el peor de los casos, sobre todo en la literatura académica sometida en el neoliberalismo al dominio de los “rankings” y a la medición a destajo de la productividad individual -compensada contradictoriamente por llamados a la “investigación colectiva” poco desarrollada en nuestro campo-, observamos una ruptura clara entre los mal llamados “marcos teóricos” -la posible diferencia de “estilos” entre el marco y la tela parece simbólica- y las investigaciones, notoriamente descriptivas y alejadas del uso creativo e instrumental5 de la teoría.
De todos modos, los investigadores en activo más destacados, en particular en nuestro ámbito teórico y metodológico voluntariamente seleccionado, el materialismo histórico-dialéctico, terminaban, muchas veces inconscientemente, tomando distancia de esta teoría hegemónica y dejándose vencer y convencer por nuestra realidad necia y gritona; aunque no siempre ocurría esto, por el peso del eurocentrismo y otros ismos nacionalistas de gran potencia, o del escaso conocimiento de nuestra objetividad.
En el ámbito de las políticas públicas -en nuestro caso, las territoriales, urbano-regionales-, este colonialismo es evidente, por la acción explícita de los organismos multinacionales -FMI, Banco Mundial, OMC, OCDE, etc.-, de los organismos de hacienda, economía y crédito de los países “desarrollados”, que las sostienen con sus recursos, se benefician con sus resultados e imponen sus visiones. Nuestros países, sus gobiernos e instituciones, incluidas las “progresistas”, creen en estas recetas y las aplican, sin pudor o con leves modificaciones que no las hacen adecuadas a nuestras realidades. A nuestro juicio, en esta ignorancia u olvido de la realidad concreta de nuestra historia y estructuras, muy distintas a las de los países hegemónicos, encontramos una gran parte de las razones de nuestro fracaso.
En la actualidad (2025), el intervencionismo tradicional declarado de los Estados Unidos de América y su gobierno (Peña, 1989; Morgenfeld, 2023) se ha hecho aún más agresivo, ofreciendo su financiamiento solo a los países de América Latina y sus políticos de extrema derecha, si mantienen el poder y/o ganan las elecciones, lo cual impone un nuevo nivel, más agudo que el del pasado reciente, de injerencismo en América Latina de esa potencia capitalista hegemónica. Como es de suponer, esta postura política estadounidense, compartida por algunos gobiernos de la región, agudizará aún más la polarización entre las dos ideologías existentes a nivel mundial, y sus enfoques teóricos, y nos obligará a desarrollar una postura crítica latinoamericana, particularmente en la investigación territorial.
Desde hace quince años, explícitamente, algunos investigadores críticos, en diversas regiones del mundo, optamos por tomar conciencia de este colonialismo cultural y la necesidad de construir teorizaciones críticas que, en su desarrollo, abordaran las diferencias existentes entre nuestras estructuras y las de los países capitalistas “avanzados”, y colaboraran en la creación, en nuestro caso, de una cultura propia de nuestra América Latina. Nació así, en 2011, en México DF, la Red Latinoamericana de Investigadores sobre Teoría Urbana -RELATEUR6-, que ha realizado siete seminarios internacionales en diversas ciudades del continente y ha publicado sus ponencias en extenso en distintos medios de difusión, como libros y revistas especializadas. ¿Hemos logrado nuestro propósito expresado en los objetivos explícitos de RELATEUR? La historia lo dirá, pues somos parte de este esfuerzo y no podemos juzgarlo, aunque realicemos la autocrítica. Además, hay otros investigadores críticos que realizan sus aportes a esta tarea desde fuera de la Red.
4. América Latina: ¿modo de producción o formación económico-social?
Nuestras naciones, aunque dominadas por el capitalismo, contienen formas y rasgos de sociedades anteriores -precapitalistas-, o futuras -poscapitalistas- que hacen que el capitalismo mismo, es decir, la acumulación de capital, sus procesos y relaciones, no se desarrollen de la misma manera que en otras sociedades, particularmente las hegemónicas, más avanzadas en esta forma de sociedad.
En el ámbito teórico-práctico que hemos elegido conscientemente para nuestra investigación, hay dos conceptos que, si los asumimos como diferentes (Luporini; Sereni, 1978) -lo que no ocurre con muchos autores de esta corriente-, nos llevan a encontrar el sustento teórico a esta realidad: son los conceptos de modo de producción y de formación económico-social (FES), diferenciados por el mismo Karl Marx (Pradilla Cobos; Márquez López; Castillo De Herrera, 2024, capítulo 1) en su conocido texto de 1857, Introducción general a la crítica de la economía política. El primero es un concepto abstracto, se ubica en la teoría y designa a la organización económico-social, sus estructuras y funcionamiento propio de una etapa histórica (barbarie, comunidad aldeana primitiva, antiguo, esclavismo, germánico, asiático, feudal, capitalista, comunista), libre de marcas, huellas, rasgos o formas provenientes de otras sociedades del pasado o del futuro. La segunda es un concepto histórico, concreto, fechado y delimitado por fronteras y designa a las sociedades concretas, históricamente fechadas y territorialmente delimitadas, que existen realmente, incluidas tanto las hegemónicas como las subordinadas latinoamericanas en el pasado, el presente y, suponemos, en el futuro. En toda formación económico-social existe un modo de producción dominante que asigna el lugar y la función a cada forma o rasgo persistente del pasado o del futuro. Entre los dos conceptos hay una relación dialéctica de mutua articulación o alimentación.
Otro concepto teórico es el de subsunción, formal o real, que designa los mecanismos, es decir, las relaciones concretas que combinan estas formas del pasado o del futuro con el modo de producción dominante, tanto en la estructura como en el funcionamiento y en la morfología objetiva. La subsunción completa la triada que nos sirve de herramienta teórica y de método para analizar la realidad (MARX, 2005). Nuestras FES tienen, en distintas proporciones, formas heredadas del pasado diferentes entre sí: tribus bárbaras aún existentes en las selvas; comunidades aldeanas indígenas, algunas de las cuales quieren mantenerse como tales7, en lugar de modernizarse capitalistamente; campesinos que viven en/de la autosubsistencia; formas mercantiles simples (incluyendo “informales” o lumpenproletarios) en muy diversa proporción en los distintos países, que en promedio llegan al 50 % de la población económicamente activa (PEA); capitalistas atrasadas; o comunitarias futuras que se sustentan sobre los bienes comunes; todas ellas modificadas por el capitalismo actual y que, además, cambian también las maneras en que se lleva a cabo su acumulación de capital, en particular la magnitud, las formas y mecanismos del despojo para la acumulación (Pradilla Cobos; Márquez López; Castillo De Herrera, 2024, capítulo 3). Estas formas económicas, sociales, políticas, ambientales y sus expresiones territoriales se combinan en torno al capitalismo como modo de producción dominante, en sus formas hegemónicas8, ordenando el conjunto.
No se trata, por tanto, de una “particularidad”, o un aspecto del nacionalismo que todos llevamos dentro, así sea el de la gran potencia y sus beneficiarios locales, sino de un elemento de la teoría del materialismo histórico-dialéctico, como herramienta del trabajo de investigación en general y en la territorial. Pero, aunque son distintas entre sí, por muchas razones que hemos tratado de señalar en nuestros trabajos (Márquez López; Pradilla Cobos, 2016, entre otros), las sociedades latinoamericanas presentan rasgos históricos, estructurales, políticos, culturales, ambientales y territoriales que a un nivel intermedio nos permiten identificarlas como una realidad: Nuestra América Latina (Morgenfeld, 2023). Esta identidad de América Latina y el Caribe no borra, en otro nivel más detallado, la operación de sus diferencias, que también se alojan en estos rasgos particulares: su dimensión, sus recursos naturales y demográficos, la intervención de las potencias hegemónicas, la estructura de los Estados nación, algunos aspectos de sus políticas, las luchas entre ellos por la redefinición de las fronteras o las de clases por superar la subordinación, etc. Cualquier investigación o política, por conservadora que sea o se declare, debe conocer y señalar estas dos verdades dialécticamente unidas o no responderá a ellas.
En la construcción de una teoría crítica propia y del análisis profundo de los múltiples nuevos problemas que ha traído el capitalismo a la neoliberal, veremos que en Nuestra América Latina y el Caribe hay varias especificidades que requieren hoy ser sometidas a una observación rigurosa: la desigualdad económica y social en su expresión territorial, el desempleo creciente y el peso específico de la actividad mercantil simple como alternativa de subsistencia, los avances y retrocesos que significará hoy y mañana la expansión de la inteligencia artificial y las limitaciones y contradicciones de los gobiernos “progresistas” en la región son algunos ejemplos.
5. La desigualdad socioeconómica y territorial
El capitalismo a la neoliberal ha estado acompañado de un aumento de la desigualdad socioeconómica y su expresión territorial, que preocupa, con razón, a la investigación teórica y concreta y a los investigadores críticos, debido al aumento del número de milmillonarios, y al incremento de la distancia entre el patrimonio y el ingreso de ricos y pobres. La información sobre la riqueza y la ubicación de los nombres en el escalafón mundial cambia constantemente, pero la desigualdad en la distribución no varía mucho, es más, tiende a agravarse. Los milmillonarios han aumentado continuamente su número y riqueza, sobre todo durante la pandemia del COVID-19 y con el impulso a las nuevas tecnologías: 7 de las 10 mayores fortunas del planeta se han acuñado en/con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), rama donde se encuentran 7 de las 10 mayores empresas del mundo. El informe de la OXFAM 2023-2024 señalaba que los milmillonarios del mundo aumentaron ese año en 204, y su riqueza creció a un ritmo de 5.700 millones de dólares estadounidenses al día, es decir que su fortuna aumentó en 2 billones de dólares, tres veces más rápido que en 2023, llegando a 15 billones de dólares en total (Morales, 2025; OXFAM, 2025).
Según el periódico La Jornada y el portal MSN, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, llegó a tener a finales del 2025 una fortuna personal cercana a los 749 mil millones de dólares y crece notoriamente año tras año o, aún, minuto tras minuto, siguiendo los movimientos de las Bolsas de Valores; pero la crisis económica generada por la lluvia de aranceles anunciada o impuesta en el segundo mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contrariamente a su voluntad de incrementar el poder de los ricos y de su país, llevó a este empresario a perder una parte de su fortuna. El informe concluye que el 60 % de la riqueza de los milmillonarios del mundo proviene de la herencia, del clientelismo o del poder monopólico en la economía y no de la capacidad o del emprendimiento excepcional de los ricos (OXFAM, 2025).
El Informe sobre la desigualdad global 2022, del World Inequality Lab, aporta datos similares para el mundo y América Latina9. El 50% de la población mundial de menores ingresos captura el 8% del ingreso total y el 2% de la riqueza total; el 10% de mayores ingresos captura el 52% del ingreso y posee el 77% de la riqueza total. En América Latina, el 10% más rico captura el 55% del ingreso y el 77% de la riqueza nacional. En Brasil, uno de los países más “desarrollados” de la región en términos capitalistas y también de los más desiguales del mundo, el 50% de menores ingresos de la población recibió 29 veces menos ingreso que el 10% de mayores ingresos, mientras que en Francia esta cifra fue solo de 7 veces. Y concluye: “Las desigualdades globales actuales parecen ser tan grandes hoy como lo fueron en el pico del imperialismo occidental a principios del siglo XX” (Chancel et al., 2022, apud Pradilla Cobos; Márquez López; Castillo de Herrera, 2024, p. 69-70).
América Latina y el Caribe es la región del globo más desigual económica, social y territorialmente, y aquí las fortunas de los más ricos crecen también año tras año. Un reciente informe de OXFAM reveló que la riqueza combinada de los multimillonarios de América Latina supera el PIB de Chile y Ecuador. Esta revelación subraya la grave desigualdad económica en la región, donde un grupo de personas posee una cantidad desproporcionada de riqueza en comparación con la mayoría de la población. El estudio destaca como esta concentración de riqueza creció significativamente en las últimas décadas (Guevara Condore, 2024). Otro simple ejemplo lo demuestra: la fortuna de los hombres más ricos de México creció el 30% en el 2025, durante el gobierno de una “progresista”: la riqueza de Carlos Slim Helu, el hombre más rico de América Latina y el Caribe, con entrada libre y frecuente a Palacio Nacional de México -la presidenta nunca ha recibido a los sindicalistas como tales- creció un 28,9%, la de Germán Larrea, un 48,8 %, la de Alejandro Baillères, un 86% y la de María A. Aramburuzabala creció en seis meses un 9,1% (Villanueva, 2025).
Este es uno de los aspectos más específicos de las formaciones económico-sociales latinoamericanas y que llama la atención del análisis: ¿cuáles son las razones históricas, en particular las leyes de la herencia y las lógicas de corrupción, que garantizan la reproducción de esta tan notoria desigualdad de la riqueza y del ingreso en la región, y que ha hecho que ella siga creciendo aunque, siempre temporalmente, la pobreza disminuya gracias a las ayudas sociales en dinero y al aumento del salario mínimo? Una razón adicional y específica para la elaboración de una teoría latinoamericana de la desigualdad del desarrollo territorial.
6. El desempleo, la IA y la llamada “informalidad”
Como hemos llamado la atención en muchos trabajos, la mal llamada “informalidad” (Pradilla Cobos; Márquez López; Castillo de Herrera, 2024, capítulo 7), continúa creciendo en números absolutos -por el crecimiento de la población en la región- y permitiendo la supervivencia de millones de seres humanos integrantes de la PEA y sus familias, pues su proporción media en América Latina es cercana hoy al 50% de la PEA (variando entre el 30 y el 85% según los países), casi la misma que registraba la CEPAL como “desempleada” en 1950, en plena industrialización.
Reconocemos en ella a algunos empleos precarios y sin contrato legal de las empresas llamadas “formales”, a los conocidos como “aprendices” sin salario (pero con tareas), al comercio en la vía pública, el servicio doméstico, los empacadores de los supermercados, los cargadores, las y los servidores sexuales, los guardaespaldas, los sicarios del crimen organizado que aumentan en algunos países de la región, los ladronzuelos ocasionales y muchas otras actividades. Ellos son la carne de cañón de procesos de acumulación de capital en manos de mafiosos (contrabandistas, productores de mercancía “pirata” electrónica o editorial, despojadores de tierra e inmuebles, etc.) que aumentan en América Latina y el Caribe y en el mundo entero con el crecimiento de la riqueza capitalista facilitada por el neoliberalismo y sus gobiernos.
Los gobiernos, aun los “progresistas”, no se preocupan por este sector que consideran “empleado”10, aunque carecen de jubilación, ingreso mínimo, vacaciones pagas, aguinaldo, servicio médico, cualquier posibilidad de acceso a la vivienda pública o privada, otras prestaciones sociales y hasta de sanitarios para hacer sus necesidades.
En años recientes se ha añadido una nueva arma al arsenal de las causas del desempleo en Nuestra América Latina, representada por las amenazas de la inteligencia artificial, y otras tecnologías puestas en venta y en operación, para millones de empleos que se perderán con su uso en múltiples procesos de producción e intercambio. Mientras nuestros países pierden empleos como resultado de su utilización, los trabajos adicionales generados por la producción de los artefactos que la generan, así como los núcleos de otras tecnologías, se desarrollarán y ensamblarán en los países hegemónicos, de donde los importamos. Como ya lo había señalado la CEPAL en los años cincuenta del siglo XX, la importación de estas tecnologías, creciente con el “desarrollo” capitalista se cargará sobre el déficit de nuestras balanzas de pagos. Los trabajadores pagarán el costo del desempleo generado por estas y otras tecnologías recién desarrolladas: empleos perdidos más altos que los empleos ganados. Pagaremos también el costo ambiental de la gran cantidad de energía y agua consumida en su operación.
7. Los “progresismos” y la autonomía cultural
En el siglo XXI América Latina ha tenido un cambio importante en la política con respecto al dominio constante de los gobiernos de derecha y/o las dictaduras militares en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX: en los 25 años transcurridos del XXI hemos vivido dos oleadas de gobiernos “progresistas” (equivocadamente llamados “de izquierda”). Carlos Aguirre Rojas (en el periódico La Jornada, 2025) entre muchos otros, incluyéndome a mí, señala a esos gobiernos como “incompetentes” para llevar a cabo las transformaciones exigidas por los movimientos sociales populares ocurridos en la región desde los años 2000 y que, en muchas ocasiones, los llevaron al poder. Para esos gobernantes dichos movimientos sociales no superan el planteamiento utópico socialdemócrata de “capitalismo con rostro humano”, sea porque no está dentro de su programa, o sus alianzas no los incluyen, sea porque tienen miedo a la intervención de sus clases hegemónicas o del imperialismo mundial.
Todos ellos mantienen el capitalismo y, en muchos casos, no se tocan siquiera las reformas al sistema introducidas por los gobiernos neoliberales11, a los cuales se descalifica públicamente como enemigo político. Entre tanto, los multimillonarios y sus actividades siguen acumulando riqueza; los Estados siguen luchando por obtener mejores tratados de libre comercio que los beneficien; siguen imponiendo sus políticas de clase; y sus sujetos individuales no son tocados por los gobiernos “progresistas”, mientras paguen los impuestos a tiempo, pues el presupuesto creciente -usado para transferir en sumas individuales a los sectores vulnerables o invertir en obras populares pero benéficas para la acumulación de capital- sigue siendo un objetivo central debido a su impacto electoral.
Tenemos que reconocer que el nacionalismo que está presente en estos “progresismos” que apoyamos críticamente, aunque no el conjunto de su política los lleva en ocasiones a enfrentar -selectivamente, según sus intereses- a las peores acciones del imperialismo de los países y gobiernos hegemónicos del capitalismo, tales como las de Trump y su gobierno de republicanos despóticos y sus aliados de la OTAN en Gaza, Ucrania, Nigeria, Yemen, Venezuela y otros lugares.
Aunque la democracia liberal, que sigue dominando en los gobiernos “progresistas”, es más amplia, o se desborda esta para transitar tímidamente a la democracia participativa, lo cual facilita la labor para construir una teoría propia, también se padece la caricaturización que hacen estas corrientes “progresistas” de toda crítica como “conservadora”, ignorando el principio de que la crítica es el método insustituible del desarrollo teórico y de su práctica. Aunque defendemos el carácter democrático del “progresismo” burgués que lo nutre, señalamos que su caracterización como “critica conservadora” es errada, ya que hay una crítica de izquierda que se opone a las limitaciones de los “progresismos” cuando llegan al poder. Y la historia reciente de América Latina ha mostrado hasta la saciedad que los “progresismos” pueden ser sucedidos por gobiernos de extrema derecha, también por la vía electoral, debido al movimiento de báscula de una parte aún pequeña de los votantes, en general de las capas medias apuradas por obtener los cambios. Hemos visto esto en Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, Honduras y El Salvador, países antes gobernados por lideres y partidos “progresistas”, pero donde han ganado los candidatos ultraderechistas, también gracias al apoyo intervencionista declarado de Donald Trump, con su nueva aplicación de la vieja Doctrina Monroe y su abierto apoyo a dichos candidatos; y no sabemos aún los resultados en Brasil, Colombia, Guatemala y México en sus próximas elecciones. En todos los casos, podemos afirmar que estos “progresismos” en el poder, muy distintos entre sí en sus alianzas, sus programas y sus líderes, han seguido el rumbo capitalista neoliberal, con rostro más humano y democrático en verdad, por lo que cuentan con nuestro apoyo frente a cualquier agresión de la derecha internacional; aunque hay excepciones que han tomado caminos autoritarios, a los que no apoyamos en la política interna. En general, los “progresismos” no han respondido a las demandas explicitadas por sus masas en las movilizaciones sociales del 2019 y los años siguientes.
8. La superación de la subordinación y la construcción de una teoría territorial latinoamericana
El panorama latinoamericano, en lo relacionado con la investigación territorial, es menos favorable hoy que hace unos años, pero, de todos modos, no tan riesgoso como en las décadas de las dictaduras militares (1965-1985). Si en esos años, la investigación territorial crítica logró mantenerse, con muchos costos y sacrificios de algunos investigadores, seguramente lo lograremos ahora, pues nuestros trabajos y conceptos han sido difundidos y criticados durante años de trabajo, ahora reforzados por las redes sociales y las plataformas virtuales de investigación, que contradictoriamente obtienen múltiples ganancias por nuestra edición. La tarea de elaborar una teoría crítica latinoamericana, en cualquier situación, es de los investigadores territoriales que la consideramos necesaria.
Estamos frente a un relevo generacional. Nuevos investigadores, nuevos temas de investigación, nuevas herramientas para su realización están en la palestra. Pero las nuevas corrientes políticas dentro y fuera del poder, las pobres condiciones del crecimiento económico que ponen en duda los objetivos explícitos y muchas veces divulgados del neoliberalismo como patrón de acumulación de capital, sin que nadie los elimine, amenazan lo logrado. En este cambio generacional no se parte de cero; hay muchas realidades y procesos territoriales conflictivos que ya fueron explicados con sus causas, aunque sus razones suelen ser borradas por la ideología conservadora o reemplazadas por otros conceptos tan errados como el anterior12; no podrá, entonces, ignorarse lo analizado, pues ya lo aclaramos y siempre habrá quien lo recuerde.
Siempre estaremos enfrentando el conflicto ideológico, abierto o larvado, con la otra vertiente ideológica, entre la investigación procapitalista, proclive al colonialismo cultural, y la anticapitalista que lo critica y rechaza. La oposición entre ambas concepciones continuará, y la nuestra que pretende consolidar una visión latinoamericana de la investigación territorial, como parte activa de su cultura propia, seguirá estando allí, presente.
Datos Abiertos
Todos los datos que respaldan los resultados de este estudio fueron publicados en el propio artículo.
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1
Desde hace 40 años, luego de una intensa crítica, abandoné el uso del concepto de espacio, remplazándolo por el de territorio. (Ver mi texto PRADILLA COBOS, 1984, p. 29 y siguientes).
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2
Aunque compartimos las denominaciones de Abya Yala de los antiguos pobladores de Panamá y Colombia, de la Patria Grande de Francisco de Miranda, Simón Bolívar y José de San Martín entre 1786 y 1820, y de Nuestra América de José Martí en 1881, todas ellas que excluyen a Estados Unidos de América (EUA) y abogan por la unidad del continente latino, preferimos usar la más común de América Latina y el Caribe, que también lo excluye, pero que tiene una referencia clara a las estadísticas actuales, sin excluir el contenido político (MORGENFELD, 2023, p. 21 y siguientes).
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3
Arquitectura, Urbanismo, Economía, Sociología, Antropología, Etnografía, Historia, etcétera.
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4
Por esta razón no compartimos el concepto posmoderno —según mi opinión— de desterritorialización; todo tiene un lugar o territorialidad en la objetividad del planeta, que podemos modificar o cambiar, pero no eliminar.
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5
Para nosotros, la teoría no es un discurso en el que metemos con calzador a la realidad, sino un instrumento, una herramienta que nos ayuda a explorarla, y en la cual la realidad, observada desde la teoría y su método propio, tiene siempre la razón.
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6
La Red posee una página web actualizada en la cual puede consultarse la historia y los documentos que ha acumulado en estos años. Esta disponible en https://www.relateur.com.
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7
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y otros integrantes del Congreso Nacional Indigenista (CNI) de México así lo han manifestado públicamente, y hay otras comunidades indígenas en otros países (Guatemala, Colombia, Ecuador. Perú) que sostienen la misma política.
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8
En nuestras sociedades también existen, dentro de la división mundial del trabajo y regidas por ella, las más modernas plantas de ensamblaje automotriz o aeroespacial, granjas agroindustriales, sistemas financieros y bancarios, grandes almacenes, etc., robotizados, computarizados, con ingeniería genética o inteligencia artificial, como sucursales de las trasnacionales de los países hegemónicos que, como lo señala Marx, ordenan y organizan la operación de las demás formas heredadas del pasado o previsoras del futuro.
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9
Las diferencias se deben a las distintas técnicas utilizadas en el cálculo, y no sobre la conclusión de la desigualdad imperante en ambos casos.
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10
No están considerados por los servicios estatales nacionales e internacionales encargados de la medición del “desempleo”, ni en su definición, ni en sus datos.
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11
En el caso mexicano, el gobierno de la “cuarta transformación” (“progresista”) no ha modificado la “contrarreforma agraria”, ni la legislación laboral, ni la del uso capitalista de la gran suma de las jubilaciones de los trabajadores, ni el régimen financiero y sus modificaciones, entre otras muchas votadas por sus mismos integrantes cuando eran activos neoliberales.
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12
Por ejemplo, el falso concepto de marginalidad fue reemplazado, cuando no se pudo seguir sosteniendo, por el de informalidad, que está tan lejos de lo teórico como el anterior (Ver Connolly, 1990; Pradilla Cobos, 2013).
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Información sobre el uso de Inteligencia Artificial
Búsqueda, sistematización y organización final de referencias: No.Organización de bases de datos y respectiva elaboración de cuadros, tablas y gráficos: No.Revisión final del texto para el mejoramiento de gramática y ortografía, para cumplir con la norma culta: No.
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Editores
Maria do Livramento Miranda Clementino - https://orcid.org/0000-0001-7972-4869Rodrigo José Firmino - https://orcid.org/0000-0002-0831-6603Sara Raquel Fernandes Queiroz de Medeiros - https://orcid.org/0000-0003-0712-6135
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Editores do Dossiê
Jeroen Johannes Klink - https://orcid.org/0000-0001-6264-001XVictor Ramiro - https://orcid.org/0000-0002-4854-7553Guillermo Jajamovich - https://orcid.org/0000-0001-9628-2468
