RESUMEN
En este artículo me interesa analizar algunas acciones colectivas ocurridas durante la crisis provocada por la pandemia del Covid-19. Basado en un trabajo de campo realizado entre el 2020 y 2021 a través de dispositivos tecnológicos y digitales, me propongo indagar sobre las formas de organización colectiva que se desarrollaron entre los/as trabajadores/as y hacedores/as del tango en la Argentina. En primer lugar, analizo el proceso de elaboración e implementación de una encuesta, como parte de una investigación colaborativa desarrollada junto con la Asamblea Federal de Trabajadores/as del Tango (AFTT). Problematizo de qué manera esta investigación colaborativa supuso una producción de conocimiento que involucró múltiples posicionamientos y miradas en relación a los diversos actores y organizaciones con las que trabajé. En segundo lugar, reflexiono sobre nuestro rol como investigadores implicados en prácticas de construcción de conocimiento elaboradas junto y con los colectivos sociales.
PALABRAS CLAVE
Organización colectiva; Trabajadores; Investigación colaborativa; Pandemia; Tango
ABSTRACT
In this article, I pursue to analyse some collective actions produced during the 2020 pandemic crisis. Based on fieldwork conducted between 2020 and 2021 through technological and digital devices, I aim to investigate the forms of collective organization that emerged among “trabajadores/as del tango” (tango collaborators) and “hacedores/as” (cultural agents) in Argentina. Firstly, I analyze the process of developing and implementing of a survey, which was part of a collaborative research project carried out with the “Asamblea Federal de Trabajadores/as de Tango” (AFTT). I explore how this collaborative research posed a production of knowledge, which in turn involved multiple perspectives and views regarding the various actors and organizations I worked with. Secondly, I reflect on our role as researchers involved in knowledge construction practices developed alongside and with social collectives.
KEYWORDS
Collective organization; Workers; Collaborative research; Pandemic; Tango
Introducción
En un marco de alta incertidumbre por la pandemia del Covid-192, pocos días después de que en Argentina se estableció la medida de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), una nota periodística señalaba:
“Ningún sector del tango es optimista ante la situación. Coinciden en que la cosa va para largo y el invierno agravará el problema (…) Por lo pronto, en una movida inédita, casi todas las asociaciones del rubro aunaron esfuerzos para realizar un gran Censo Federal que permita saber cuántos bailarines, músicos, musicalizadores, gestores y productores viven total o parcialmente del género. El resultado se presentará al Ministerio de Cultura de la Nación, dirigido por Tristán Bauer”
(Valenzuela, 2020).
Tal como recalcó Lins Ribeiro (2021), la pandemia como “evento crítico”3 modificó profundamente la continuidad temporal, las condiciones y el desarrollo de la vida de las personas, “descotidianizando” los ritmos de reproducción social “…para situarnos en momentos liminares, es decir, de confusiones clasificatorias y comportamentales, entre un pasado de rutinas […] y un presente, y un futuro lleno de incertidumbre” (Lins Ribeiro, 2021: 108). De manera que, al igual que en todo el mundo, en la Argentina la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19 generó una enorme crisis en el campo cultural y artístico. Recordemos que a partir del 20 de marzo de 2020 el gobierno nacional puso en marcha una política sanitaria denominada como ASPO4. Este régimen de confinamiento restringió de manera estricta, salvo aquellos individuos o sectores que desarrollaban tareas esenciales, la realización de actividades económicas, laborales y sociales. En especial, en el mundo de las actividades artísticas y culturales, la normativa afectó en mayor grado a las actuaciones y eventos en “vivo”, a las actividades escénicas y de formación/enseñanza (Capasso, Camezzana, Mora y Sáez, 2020; Moguillansky, 2021; Mauro, 2022; del Mármol y Díaz, 2022).
Cabe contextualizar que con anterioridad a la pandemia el campo de la cultura y el arte ya atravesaba una situación de indudable fragilidad y precariedad laboral, frecuentemente ubicado en las márgenes de la economía formal. Tal como han resaltado algunos estudios dedicados al abordaje de las dimensiones laborales en la actividad artística, éste en el capitalismo neoliberal asiduamente se desarrolla en condiciones de flexibilidad, informalidad y de auto-precarización (Bolstanski y Chiapello, 1999; Lorey, 2008; Kunst, 2015). En consecuencia, la pandemia agudizó y visibilizó las desigualdades y las condiciones de alta informalidad y autoempleo ya existentes en el sector (Capasso, Camezzana, Mora y Sáez, 2020; Mauro, 2020; Dinardi, Wortman y Muñoz Hernández, 2023). A esto se añade que la pandemia puso en evidencia la prexistencia de una marcada informalidad institucional y la carencia de una base organizativa capaz de vehiculizar las demandas urgentes del sector cultural (Fuentes Firmani, 2020).
En este marco, los/as trabajadores/as y hacedores/es culturales5 vinculados/as con el tango no fueron ajenos/as al enorme impacto que tuvo sobre sus actividades la llegada del Covid-19. En principio, la reacción de este sector fue rápida e incluso anterior a las restricciones sanitarias6; teniendo en cuenta que se cancelaron conciertos, espectáculos, ensayos y giras, del mismo modo que se cerraron las puertas de espacios y eventos sociales como clases, milongas y tanguerías. A su vez, desde un comienzo fue el propio sector el que buscó abrir diálogos con distintas instancias gubernamentales. En respuesta a estas demandas, la acción estatal rápidamente puso en marcha un conjunto de medidas paliativas para el sector cultural, en general, destacándose aquellas implementadas desde el Estado nacional a través de una serie de programas de becas, subsidios y apoyos económicos especiales7.
Sin embargo, la puesta en marcha de estos programas de emergencia supuso un gran desafío para la estatalidad, los cuales en gran medida quedaron desbordados. Sumado al hecho de que estas iniciativas en general tuvieron poca planificación, organización y diálogo con el propio sector artístico, por lo cual estas intervenciones se percibieron como insuficientes y/o poco efectivas en muchos casos8. Por otra parte, desde los/as propios/as trabajadores/as del tango si bien se generaron múltiples estrategias laborales informales y autogestionadas para paliar la situación, en la mayoría de los casos estos emprendimientos fueron exiguos al momento de ganarse el sustento diario o de equiparar las pérdidas económicas que conllevó la pandemia8. En suma, a partir de esta débil o ineficaz presencia de las políticas públicas advertimos las limitaciones que expresó la estatalidad ante las demandas del sector cultural. Un Estado “truncado” (O´Donnell, 2008), es decir, con débil capacidad para atender a las demandas de la ciudadanía, cuya contracara presupone una “gubernamentalidad neoliberal” (Foucault, 2008) en donde el Estado tiende a transferir a los individuos la responsabilidad por su propia supervivencia.
Pese a todo, resulta interesante analizar un conjunto de iniciativas de organización colectiva que se desplegaron durante el período de emergencia sanitaria y de vigencia de las políticas de ASPO y DISPO10, considerando que “Los eventos críticos tienen la capacidad de generar nuevas formas de acción y sentidos de lo político, y de transformar identidades” (Vecchioli, 2000 en Lins Ribeiro, 2021). Al respecto, varios estudios han destacado cómo esta inédita crisis visibilizó no solo las condiciones precarias de trabajo predominantes en el escenario artístico cultural, sino que también habilitó e intensificó un proceso de organización colectiva (Capasso, Camezzana, Mora y Sáez, 2020; Verdenelli y Winokur, 2021; del Mármol y Díaz, 2022). Por un lado, a partir del surgimiento y/o el fortalecimiento de distintas agrupaciones, asociaciones, colectivos y redes, la pandemia posibilitó la emergencia de múltiples activismos y respuestas colectivas. A nivel local y latinoamericano algunas investigaciones han abordado los diferentes procesos y formas organizativas desarrolladas por el sector artístico cultural en el contexto de la pandemia (Pinochet Cobos, Peters y Guzmán, 2021; Simonetti y Cestau, 2022; del Mármol y Díaz, 2022). Más allá de las distintas propuestas teóricas sobre las que se basan estos estudios, en líneas generales ubican a estas dinámicas políticas y asociativas en su carácter de articulaciones variables y coyunturales, en donde pueden converger organizaciones colectivas más estables y permanentes a través del tiempo con movimientos sociales y activismos más informales, fluidos y discontinuos. Por otro lado, tal como se menciona en la nota periodística citada más arriba, en muchos casos estas acciones colectivas incluyeron el desarrollo de algún tipo de relevamiento, censo o encuesta. Como veremos, el principal objetivo de estas iniciativas apuntaba a comprender el impacto de la pandemia, buscando recabar información que no solo permita conocer y visibilizar las problemáticas particulares de cada sector cultural sino también respaldar los reclamos y solicitudes de apoyo ante el Estado.
En este artículo me interesa analizar de qué modo se han desencadenado algunas respuestas imprevistas para atravesar este evento extraordinario y crítico. Tal como plantean otras experiencias de investigación (Visacovsky, 2023) el contexto de la pandemia representa una ocasión sumamente propicia para tratar de indagar y entender mejor algunas iniciativas y respuestas en términos de organización colectiva. En particular, me propongo indagar sobre algunas formas de organización colectiva que se desarrollaron durante el 2020 y 2021 entre los/as trabajadores/as y hacedores/as del tango en la Argentina.
En primer lugar, caracterizo la aparición de este proceso organizativo, para lo cual describo el modo en que se (re)activaron un conjunto de organizaciones tangueras. Acto seguido, analizo a partir de una investigación colaborativa que desarrollé junto con la Asamblea Federal de trabajadores del Tango (AFTT), el proceso de elaboración de lo que se denominó como la Encuesta Federal de Trabajadores/ras del Tango. Como es sabido, el propósito de una encuesta responde a una investigación que busca recabar una gran cantidad de datos mediante un cuestionario previamente diseñado. En general, se busca que este volumen masivo de información pueda ser analizado a través de un tratamiento estadístico y cuyo procesamiento de los resultados permita medir las relaciones que existen entre distintas variables (demográficas, económicas, sociales, etc). Sin embargo, en esta ocasión no me concentraré en el análisis de los datos recabados por esta encuesta ni en los resultados de esta investigación cuantitativa, sino más bien en lo que paso durante o mientras tanto se elaboró dicha pesquisa11. En este sentido, analizo algunos aspectos de su “cocina”, esto es aquellas instancias de discusión, intercambio y reflexión que se desencadenaron al momento de su diseño y puesta en marcha. Atendiendo a que durante el proceso de elaboración de la encuesta fui advirtiendo una heterogeneidad de posicionamientos, miradas y disputas de sentido en torno a este instrumento de conocimiento, busco desentrañar cómo el armado de la encuesta derivó en una serie de debates y tensiones entre los actores involucrados.
En segundo lugar, en este artículo busco desarrollar un ejercicio reflexivo en torno a la investigación colaborativa, entendiendo que el “enfoque colaborativo habilita un camino donde el conocimiento es coproducido con aquellas y aquellos con quienes llevamos adelante la investigación e identificamos en conjunto problemas y soluciones…” (Carenzo, Fernández Álvarez, Castronovo, Gigliarelli, 2019: 157). Tal como desarrollaré más abajo, la metodología de trabajo a través de un enfoque colaborativo y en interacción con distintos colectivos del tango, en especial con la AFTT, tuvo un impacto significativo no solo al momento de diseñar e interpretar a la encuesta sino que también acarreo una diversidad de intereses simbólicos y políticos. Señalemos que la literatura en la Antropología asociada a la etnografía y la investigación colaborativa, ha reflexionado desde distintas vertientes sobre el papel que juegan las organizaciones de base y los movimientos sociales como productores de saberes y prácticas de conocimiento (Rappaport, 2007; Fernández Álvarez y Carenzo; 2012; Infantino, 2017; Arribas, 2020; Álvarez Veinguer, Arribas y Dietz, 2020). Dichos estudios basados en iniciativas de coinvestigación, aunque con énfasis diferentes en cada caso, han subrayado las instancias de diálogo, los cruces innovadores y los desafíos que se despliegan entre los saberes académicos y los de los propios activistas y comunidades. Basándome en algunos de estos aportes, reflexiono sobre nuestro rol como investigadores implicados en procesos colaborativos, a partir del involucramiento en prácticas de construcción de conocimiento elaboradas junto y con los colectivos sociales con los que trabajamos (Arribas, 2015). En definitiva, mi intensión a través de este trabajo es narrar y “pensar sobre la colaboración desde la colaboración” (Arribas, 2015: 59), vale decir, no desde una supuesta metodología preestablecida sino, en todo caso, reflexionando en torno a esta práctica de investigación en el marco de determinados contextos y procesos situados (Álvarez Veinguer, Arribas y Dietz, 2020), a la luz de un “conocimiento situado” (Haraway, 1995) que emerge de posiciones históricas específicas e implicadas.
Dadas las limitaciones de acceso presencial por las restricciones sanitarias, la estrategia metodológica adoptada para esta investigación fue la de realizar trabajo de campo a través de dispositivos tecnológicos y relaciones mediadas por mundos digitales (Hine, 2000; Ardèvol, Estalella y Domínguez, 2008). A lo largo de este artículo veremos que no solo para mí, sino que también para las organizaciones con las que trabajé, el entorno digital y de internet se convirtió en una herramienta indispensable de la vida cotidiana, generándose nuevas formas de sociabilidad y de relacionamiento. De manera que, mediante una investigación multisituada (Marcus, 1995) en distintos entornos digitales me propuse abordar algunos espacios sociales interrelacionados, por lo que registré distintos tipos de publicaciones on line, del mismo modo que frecuenté ámbitos públicos como charlas, reuniones, asambleas y eventos virtuales vinculados con la problemática de estudio (a través de plataformas como Zoom, Meet o Youtube y redes sociales como Facebook o Instagram). La presencia en estos espacios o actividades virtuales implicó instancias tanto de observación como de participación; a lo que se agregaron instancias de intercambio privado y conversaciones informales a través de distintos medios tecnológicos (teléfono o Whatssap).
“Estamos aprovechando el tiempo de la pandemia para conocernos y organizarnos”
Tal como señalé, la irrupción de la pandemia generó muy rápidamente una agenda organizativa emergente entre aquellas personas que trabajan o se ganan la vida con el tango en la Argentina. Digamos que esta enorme intensificación del activismo cultural desde distintos colectivos y agrupamientos, que llegaron a sumar más de 40 a mediados del 2020, incluyó el surgimiento de nuevas organizaciones, asociaciones y redes, además de la reactivación de agrupaciones previamente existentes12 (Verdenelli y Winokur, 2021). Si bien, algunos de estos colectivos evidenciaron una mayor permanencia y continuidad en el tiempo, otros exhibieron una duración relativamente efímera. Intentando responder a distintas problemáticas apremiantes, estas organizaciones llevaron a adelante una enorme cantidad de actividades durante la pandemia relacionadas con proyectos de tipo artístico-culturales (gestión de milongas, recitales o clases en formato virtual), el abordaje de cuestiones materiales inmediatas (colectas solidarias y reparto de artículos de primera necesidad), la organización de reuniones y charlas virtuales, la elaboración de demandas ante el poder estatal, entre otras. En cuanto a los principales criterios de aglutinamiento de estos colectivos, digamos que muchos respondían a cuestiones de tipo territoriales (por zonas o regiones), otros se nucleaban por actividad o sector (bailarines/as, músicos/as, organizadores/as de milongas, musicalizadores/as, comunicadores/as, etc.), mientras que otro sector importante respondía a reivindicaciones feministas y por cuestiones de género.
En el marco de esta expansión asociativa, otra estrategia organizativa que se verificó durante la pandemia fue la conformación de distintos colectivos de organizaciones que se autodenominaron como “asambleas”, “frentes” o “redes”13. En cierto modo, estos nucleamientos implicaron una n ueva forma de acción colectiva dentro del sector, que podríamos denominar como pan-tanguera. El hecho de que se hayan creado estos agrupamientos “amplios”, en los que coexistían dentro de sí distintos grupos y organizaciones colectivas, buscaba fortalecer tanto objetivos comunes como favorecer acciones conjuntas. Pero también la formación de estos colectivos de organizaciones puede verse como un intento por superar la fragmentación y la confrontación que, en ciertas ocasiones, se verificaba entre diferentes colectivos, tanto durante como con anterioridad a este contexto de crisis. Tengamos en cuenta que la formación de múltiples organizaciones colectivas que desató la pandemia, no fue siempre un proceso armonioso. Por el contrario, este proceso estuvo atravesado por constantes negociaciones y disputas de poder, tanto hacia el interior como entre las distintas organizaciones.
En el marco de estas organizaciones pan-tangueras, la Asamblea Federal de Trabajadores/as del Tango (AFTT) tuvo un rol destacado teniendo en cuenta que llegó a contener a un gran número de agrupaciones, muchas de las cuales provenían de distintas ciudades, provincias y regiones del país14. En particular, la AFTT intentaba desarrollar iniciativas que permitan una mayor articulación y diálogo entre las diversas personas y organizaciones que se dedican al tango a nivel nacional. Por un lado, estaba integrada por organizaciones afines a diversas actividades específicas, lo cual le brindaba a esta organización un carácter amplio y “multisectorial”, en donde coexistían desde músicos/as y bailarines/as hasta comunicadores y fabricantes de indumentaria, entre otros. Por otro, apelaba a una territorialidad a escala nacional procurando dar cuenta de la actividad de este sector en todo el país. En cierto modo, y como veremos más adelante, esta descentralización apuntaba a la construcción de intercambios más fluidos entre actores metropolitanos de Buenos Aires y aquellos que residían en las provincias.
A su vez, uno de los principales propósitos de la AFTT era lograr una serie de reconocimientos y mejoras en la situación de los/as trabajadores/as del tango, ello a través de distintas estrategias y las líneas de acción. En especial, esta organización explicitaba la carencia de políticas culturales a nivel nacional, para lo cual esbozaba la necesidad de diseñar y proponer políticas públicas que permitan el desarrollo de actividades en torno al tango a lo largo de todo el país15. Ahora bien, ¿Cómo intervenir desde el Estado sobre una actividad artística y un sector cultural que se desconoce dada la inexistencia de información y datos oficiales16? ¿En qué situación se encontraba y cuál era el impacto de la pandemia en un sector tan diverso en términos de amplitud geográfica y de pluralidad de actividades como el tango? ¿Cuántos, dónde y a quiénes asistir en el contexto de emergencia sanitaria? ¿Cómo demandar y llevar a cabo reclamos ante el Estado sin esta información concreta?
Estas eran algunas de las preguntas que comenzaron a circular hacia el interior de la AFTT a comienzos de la pandemia. En realidad, la importancia de disponer de información, lo que denominaban como “datos duros” o “números reales” sobre el sector17, se fue consolidado a medida que los integrantes de la AFTT comenzaron a contactarse con funcionarios del Ministerio de Cultura de Nación18. En cierto modo, estos diálogos con esferas estatales, y el hecho de que era el propio Estado el que desconocía y/o carecía de información sobre el sector, fue generando como respuesta una nueva agenda de trabajo para la AFTT. Tengamos en cuenta que dicho “capital informacional” (Bourdieu, 1996) desde el punto de vista del Estado se consideraba imprescindible para atender las demandas del sector. Tal como observó Bourdieu (1988) para el discurso oficial adquiere centralidad el hecho de disponer “informes autorizados” que acrediten la vigencia del problema social en cuestión (Oszlak y O’Donnell, 1981). Asimismo, desde el punto de vista de la AFFT también se percibía que era indispensable producir este “capital informacional”, una forma de “capital simbólico” que operaba tanto para visibilizar las problemáticas del sector como para respaldar los pedidos de apoyo ante los organismos estatales.
En suma, tal como señala el título de este apartado -recuperado de mis notas de campo- “el tiempo de la pandemia” generó nuevas condiciones y formas de gestión de la vida en un contexto de crisis. Al tiempo que esta temporalidad impidió ejercer las actividades laborales y las condiciones de vida habituales, posibilitó un proceso de organización y de acción colectiva emergente, lo cual habilitó las circunstancias para llevar a cabo una serie de prácticas de conocimiento, tales como relevamientos y encuestas, impulsadas desde los propios colectivos.
La Encuesta Federal de Trabajadores/as del Tango
Fue en el transcurso de los primeros días de la pandemia que la AFTT elaboró una breve encuesta -a través de un Google Form-, la cual se distribuyó por distintas redes sociales. Mediante esta iniciativa se buscaba conocer algunas características sociodemográficas y ocupacionales de las personas que se dedican a trabajar con el tango en la Argentina, intentando relevar la situación económica y laboral que estaba atravesando el sector como consecuencia de la pandemia. Si bien, en un principio esta encuesta fue diseñada y puesta en marcha por el propio colectivo, luego fuimos convocados un grupo de profesionales, entre los que me incluyo, con el propósito de que realicemos un análisis y un informe de los datos recabados.19
Poco tiempo después, tras la gran cantidad de respuestas que tuvo esta primera encuesta, la AFTT decidió llevar a cabo una encuesta mejorada que tendría como propósito analizar con mayor profundidad las actividades que realizan las personas y las organizaciones que se dedican a trabajar con el tango a nivel nacional. Este segundo proyecto de relevamiento, que comenzó a trabajarse en el mes de mayo del 2020, se lo denominó como la Encuesta Federal de Trabajadores/as de Tango (EFTT). Para esta ocasión fui nuevamente convocado20 para trabajar en el diseño y la implementación del cuestionario junto a un equipo de trabajo conformado por Matías Zarlenga y Agustina Coloma21, ambos/as sociólogos/as.
Usualmente, el procedimiento de investigación para el diseño del cuestionario de una encuesta suele estar a cargo de investigadores “expertos” en la materia. Sin embargo, en esta ocasión acordamos trabajar en el proceso de elaboración e implementación de la encuesta junto y con el colectivo en cuestión. Por lo que ubicamos a este proyecto como una investigación colaborativa, entendiendo que:
“…la colaboración hace referencia a un marco de coproducción de conocimiento, un escenario que implica afirmar la reflexividad y el carácter de productores de saberes expertos de los sujetos con quienes trabajamos, tomando sus localizaciones epistémicas y políticas, sus intereses, sus preguntas y prácticas intelectuales, y no únicamente los intereses académicos o disciplinarios, como punto de partida para nuestros proyectos”
(Arribas, 2020: 342).
Ahora bien, desde mi lugar como investigador atender a esta demanda significó una reorientación de mi propia pesquisa, lo cual derivó en el despliegue de una nueva agenda de trabajo estrechamente asociada a las solicitudes, los encuentros periódicos y los tiempos de trabajo de las organizaciones colectivas involucradas. De alguna manera, la investigación colaborativa supone cierta pérdida de control en lo que hace a nuestro quehacer en el campo académico (asociado con inquietudes personales, criterios de investigación, plazos de trabajo, etc.), muchas veces en pos de atender demandas y búsquedas de solución a problemas concretos. Sin embargo, tal como advierten otros/as investigadores/as, esta forma de investigación nos permite pensar/imaginar en otras posibilidades para la producción de conocimiento, elaboradas desde relaciones y prácticas más dialógicas y negociadas con los interlocutores en el campo (Álvarez Veinguer, Arribas y Dietz, 2020).
Por su parte, la AFTT consideraba necesario que este relevamiento estuviera avalado por el trabajo de personas idóneas en la materia. En este marco, el rol de nosotros en tanto equipo de trabajo solía ser identificado y mostrado ante los demás como el de los “expertos” o “profesionales” que se encargan de la encuesta. En otras palabras, el hecho de tener esta acreditación era visto como un atributo muy positivo, en gran medida porque legitimaba y deba “seriedad” al proyecto de la encuesta frente a actores tanto estatales y otras organizaciones del sector22. Sin embargo, en ocasiones, nuestra labor también generó ciertos resquemores para algunos interlocutores, siendo reacios a brindar determinada información, poniendo en duda los resultados o negándose a colaborar con la encuesta. En particular, este aspecto será abordado más adelante en el apartado en donde analizo las “desconfianzas” en torno a la encuesta.
En lo concreto, el cuestionario de la EFTT estuvo disponible on-line entre el 25 de septiembre y el 8 de noviembre del 2020 a través de la plataforma de encuestas Survey Monkey. En líneas generales, la encuesta buscó comprender las condiciones socioprofesionales, laborales y organizacionales de las personas que se dedican al tango en la Argentina. Sus preguntas apuntaron a entender la realidad de estas personas y sus organizaciones en el período prepandémico (2019) y durante el momento de la pandemia (2020). El cuestionario se organizó a través de 6 secciones que en total contenían más de 70 preguntas23. Como resultado, la encuesta fue respondida por 2411 personas y 1417 organizaciones, de manera voluntaria y auto administrada. Luego de culminada la encuesta, realizamos un estudio de sus resultados desde un enfoque cuantitativo, el cual fue publicado a través de un libro de acceso libre y gratuito (Zarlenga, Morel y Coloma, 2022).
Mientras hacemos la encuesta: una investigación colaborativa
En una de sus reflexiones en torno a la etnografía colaborativa, Joane Rappaport señaló que “…lo que ocurre en el campo debe ser tan privilegiado como el producto final escrito. La co-teorización que se despliega en el campo es la que marca a la etnografía en colaboración como diferente de la corriente dominante de sus antecesores” (Rappaport, 2007: 204). De manera que a continuación me interesa enfocarme no tanto en el contenido del cuestionario o en los resultados de los datos recolectados a partir de esta encuesta sino en reflexionar acerca de cómo fue su proceso de construcción junto y con el colectivo de la AFTT. ¿Cuál fue la metodología de trabajo? ¿Cómo se generaron las distintas variables y preguntas del cuestionario? ¿Qué implicó para mí como antropólogo elaborar una encuesta en colaboración con determinados colectivos de tango? ¿Qué desafíos emergieron? Si la encuesta fue el resultado de un largo proceso de discusión y acuerdos con distintos actores consultados en el campo ¿Cómo dar cuenta de este proceso?
Un aspecto a destacar se relaciona con el tiempo y el proceso de larga duración que fue necesario para la formulación, el diseño y el lanzamiento de la encuesta. Si bien la encuesta comenzó a elaborarse en el mes de mayo de 2020 fue recién a fines de septiembre que estuvo disponible para ser contestada. Cabe aclarar que desde un principio no hubo un proyecto claramente planificado, dado que no sabíamos con certeza qué y cómo lo íbamos a elaborar. En todo caso, el armado de la encuesta fue paulatino y se fue resolviendo a partir de diversas demandas, circunstancias y coyunturas que se fueron presentando. Tal como describiré a continuación, los plazos de las distintas etapas se fueron posponiendo a medida que iban apareciendo distintas instancias de diálogo, reformulaciones y situaciones imponderables.
En un inicio, comenzamos a trabajar junto con algunos integrantes de la AFTT en el contenido que incluiría el cuestionario de la encuesta. Mientras esto ocurría, nos propusimos organizar una continuidad de encuentros virtuales con el objetivo de discutir y diagnosticar el contenido del mismo. De manera que, junto con el equipo de trabajo, es decir Matías Zarlenga y Agustina Coloma, comenzamos a participar periódicamente de reuniones y charlas informales, con el propósito de discutir el diseño de la encuesta en su conjunto. Durante estos meses tuvimos intercambios, a menudo semanales, tanto con integrantes de la AFTT como con representantes de diferentes sectores del tango, algunos provenientes de diferentes provincias del país24. En general, la metodología de trabajo consistió en compartir con los presentes las preguntas del cuestionario para que luego nos brinden sus opiniones y dudas. De esta manera, en las reuniones se dialogaba acerca de si se comprendían las dimensiones de análisis, así como se planteaban sugerencia sobre si había que modificar alguna variable, definición y/o pregunta del cuestionario.
Fue a lo largo de este paulatino proceso que fuimos elaborando, junto al equipo de trabajo, distintas versiones de la encuesta en función de las inquietudes y las cuestiones a revisar que iban surgiendo. Tal como un día me comentó un integrante de la AFTT, este proceso de trabajo en parte se relacionaba con el hecho de “trabajar desde la horizontalidad”. Ciertamente, esta dinámica participativa y abierta a distintas demandas e inquietudes, llevó a que los tiempos de elaboración de la encuesta resulten mucho “más lentos” de lo que previmos en un primer momento, extendiéndose a casi 5 meses.
A su vez, desde el punto de vista de nuestro rol como equipo de profesionales, la práctica de investigación colaborativa suponía una serie desafíos al momento de operacionalizar, al menos en lo que refiere al armado del cuestionario de la encuesta, las múltiples inquietudes que nos iban planteando nuestros interlocutores. En especial, identifiqué que la instancia de elaboración y de diagnóstico de la encuesta puso de manifiesto una serie de desafíos y tensiones, entre las cuales a continuación abordaré tres que fueron muy notorios: el primero, vinculado a la cuestión de la diversidad territorial y el alcance federal que la encuesta pretendía abarcar; el segundo, relacionado con la delimitación sectorial del universo a relevar; y el tercero, asociado a ciertas desconfianzas que ponía en juego la encuesta.
1- La diversidad territorial y el alcance federal de la encuesta
Muy tempranamente pude advertir que la encuesta revelaba una tensión que tenía como telón de fondo un enfrentamiento, tanto explícito como latente, entre aquellos representantes y/o organizaciones que eran identificados como “porteños” versus aquellos del “interior” o de las provincias. En efecto, distintos actores provenientes de las provincias cuestionaban cierto centralismo de aquellos que provenían de Buenos Aires, en tanto miradas naturalizadas del tango que se traslucían en las primeras versiones que circularon de la encuesta. En especial, manifestaban que algunos de los criterios o preguntas que aparecían en la encuesta no contemplaban o reflejaban cabalmente la diversidad de realidades y prácticas propias de sus territorios. Muchas de estas inquietudes, por lo general, emergían a través de observaciones en torno a preguntas del cuestionario que se consideraban como demasiado restrictivas o con miradas que se orientaban hacia determinada problemática en desmedro de otras. Por ejemplo, solían escucharse comentarios que afirmaban que la actividad del tango en la ciudad de Buenos Aires es mucho más “rentable” económicamente o más “fácil” de realizar. En contraste, enfatizaban que la realidad que ellos/as viven en las provincias es muy distinta, ya que esta más vinculada con “pequeños emprendimientos”, muchos de los cuales se hacen por “placer”, “a d honorem” o de manera “autogestionada” y en donde con frecuencia “se pierde plata”. Al mismo tiempo, resaltaban su situación de pluriempleo, enfatizando que el tango representaba solo una entre otras actividades que realizaban para ganarse la vida. Además, muchos mencionaban una mayor multiactividad, siendo que una misma persona podía encarnar múltiples roles al mismo tiempo (por ejemplo, ser profesor de baile, bailarín, organizador de milonga y musicalizador).
Frente a estos planteos nuestra labor fue ir atendiendo las demandas en cuestión. En principio, registrábamos los comentarios para luego, a través de diálogos y discusiones, ir coproduciendo las variables y las preguntas en base a acuerdos mutuos con los/as consultados/as. En lo que respecta a la AFTT busco contemplar estas inquietudes a través de la siguiente estrategia: por un lado, incorporar a las reuniones la mayor cantidad posible de representantes de las provincias y, por otro, posponer en el tiempo el lanzamiento de la encuesta para que todas estas observaciones se vayan conversando, consensuando y resolviendo.
Es interesante observar que para los actores provenientes de las provincias era importante el hecho de reivindicar una serie de saberes y prácticas locales en torno a sus actividades con el tango. De algún modo, para estos actores la demanda de inclusión en la encuesta de dichas actividades y problemas asociados operaba como una e strategia de reconocimiento, en especial frente a otros representantes metropolitanos dotados con mayor legitimidad y/o prestigio. En todo caso, las reuniones de diagnóstico en torno a la encuesta además de brindar la posibilidad de empoderar a actores y organizaciones que suelen tener poca visibilidad, fueron una instancia fundamental para conocer sus puntos de vista, al mismo tiempo que permitió ir consolidando y ampliando las redes de cooperación entre los diversos colectivos que integraban la AFTT.
2- La delimitación sectorial del universo a relevar
Otro tópico de tensión que se manifestó a lo largo de esta investigación estuvo relacionado con la identificación de quiénes serían los sujetos a ser encuestados. ¿Cómo definir quiénes eran los actores clave del sector del tango en tanto trabajadores/as? ¿Hasta dónde debía llegar el universo a relevar? ¿Cómo podíamos incluir a todos los actores vinculados con la actividad sin que se torne una encuesta de algún modo inviable en términos de la amplitud/extensión del universo a abordar?
En un primer momento, conjuntamente con la AFTT se acordó considerar que debían contestar la encuesta aquellas personas u organizaciones que realicen alguna actividad artística y/o vinculada a la gestión cultural con el tango. Sin embargo, con el transcurrir de las sucesivas reuniones fue predominando un criterio más amplio, por lo cual ciertos actores del sector que no estaban previamente contemplados se fueron agregando en virtud de distintas sugerencias y demandas que fueron emergiendo. Fundamentalmente, se incluyeron aquellos que se dedicaban a lo que se denominaba como “actividades conexas”. Es decir, actividades que van más allá del trabajo propiamente artístico o de gestión cultural, asociadas a servicios tales como fotografía, audiovisual, artes plásticas, técnicos de sonido, calzado y accesorios de indumentaria, comunicación, turismo, entre otros. Sumado a ello, prácticamente cuando estaba “cerrado” el cuestionario de la encuesta surgió una nueva inquietud vinculada a incluir a aquellos/as argentinos/as que trabajan en el extranjero, por lo que se decidió hacer algunas modificaciones de último momento. En consecuencia, dada la gran cantidad de demandas de inclusión de distintas actividades dentro de la encuesta, se optó por realizar un cuestionario que pondere un relevamiento amplio del universo de estudio y no tanto que busque profundizar sobre aspectos específicos de cada actividad.
También a lo largo de este proceso pude observar que con frecuencia aparecía una especie categoría nativa que refería a aquellas personas que se dedican a actividades en torno al tango como algo distinto de “trabajadores/as”, reemplazándola por la categoría de “hacedores/as”. El hecho de valerse de esta segunda categoría, en ocasiones, aparecía como un modo de incorporar a ciertos actores que no se sentían del todo identificados o interpelados por la noción de trabajador/a. Es interesante tener presente esta oscilación entre “trabajadores/as” y “hacedores/as” dada la especificidad en las condiciones laborales que suele afrontar el sector del tango (y los artistas en general), con frecuencia atravesada por la multiactividad, el multiempleo, la informalidad, la precaridad y la autogestión25. Considerando esta situación se acordó con la AFTT que el cuestionario de la encuesta debía contemplar un universo amplio y diverso de personas que se dedican del tango, tales como aquellos que trabajan de manera parcial o completa, con remuneración o no, así como de modo formal o independiente.
3- La desconfianza en la encuesta
No todas las personas y organizaciones vinculadas con la actividad del tango tenían una mirada u opinión similar en torno a la encuesta, así como tampoco desplegaban una colaboración y un activismo en igual medida. El hecho de que algunos actores no se impliquen en el proyecto de diseño, difusión o simplemente como respondentes de la encuesta, hacía suponer que para ellos este instrumento de conocimiento representaba algo más que una sucesión estandarizada de preguntas, cuya intención era recoger “datos duros” sobre aquellos que se dedican al tango. En efecto, según a quienes se le consultara la encuesta era apropiada de un modo particular y con sentidos muy diferentes. Si bien, en general durante las reuniones de elaboración y diagnóstico de la encuesta, la mayoría de los participantes se veían muy entusiasmados con el proyecto, con frecuencia en ámbitos de comunicación interpersonales y de mayor intimidad emergían otro tipo de narrativas, en especial, cuando dialogaba con personas que no integraban la AFTT. De hecho, y aunque se había explicitado que los datos suministrados para la encuesta serían anónimos y que los resultados de la misma iban a ser públicos, noté que algunos/as esgrimían distintas inquietudes respecto de esta práctica de conocimiento.
Por lo pronto, puede identificar una serie de apreciaciones del siguiente tipo: 1- algunos criticaban el modo en que se elaboró la encuesta (señalando la ausencia de una participación más amplia o no haber sido incluidos en las reuniones de diagnóstico), 2- se cuestionaba a ciertos integrantes u organizaciones del colectivo que estaban motorizando la encuesta, 3- otros apelaban a posibles relaciones con el gobierno o con ciertos intereses político-partidarios, 4- algunos/as desconfiaban sobre la capitalización de los datos recabados por el colectivo, así como acerca de quiénes tendrían acceso y control sobre los mismos, 5 –se dudaba si la información que los respondientes cargaran en el cuestionario sería verás y 6- se desconfiaba acerca de si la encuesta tendría en cuenta la perspectiva de género26.
Estas distintas formas de desconfianza y cuestionamientos nos llevan a pensar sobre una serie de conflictos y cuestiones del poder que, en ciertos casos, operaban entre las diferentes organizaciones del sector. En efecto, el hecho de que la encuesta este motorizada por un colectivo determinado, efectivamente generaba un campo de posicionamientos y luchas, principalmente entre las distintas organizaciones y/o referentes del sector. De manera que para algunos la encuesta, en contraste a ser percibida como una práctica de conocimiento “neutral” que permitía comprender y mostrar la realidad del sector a través de “datos duros”, era interpretada como un instrumento imbuido por distintos usos e intereses particulares.
Todo esto nos lleva también a problematizar la figura del “profesional” o “experto”, en tanto único actor dotado de autoridad para el análisis de la realidad social. En este sentido, advertimos un doble juego en torno a la práctica de conocimiento colaborativo que venimos analizando. Por un lado, frecuentemente somos ubicados como los “expertos”, aquellos que somos capaces de realizar un análisis idóneo sobre una realidad social compleja. Pero, por otro, y dadas ciertas circunstancias vinculadas a nuestro rol y situación en el campo como investigadores/as -que depende de a qué saberes nos estamos refiriendo, con quién estamos interactuando y en qué situación- vemos que los sujetos investigados y las organizaciones sociales que intervienen también son productoras de saberes y miradas de diversa índole (Arribas, 2020). Es decir, ellos/as también construyen saberes en función de sus experiencias, posicionamientos y espacios de lucha. En este sentido, debemos tener presente como investigadores/as que el hecho de entablar un vínculo y trabajar con una organización colectiva determinada, y no con otra, nos induce en gran medida a encuadrar nuestra mirada desde el punto de vista que proponen los integrantes y activistas de este grupo social. Al mismo tiempo, desde el punto de vista de los sujetos y las organizaciones con las que interactuamos, con frecuencia somos ubicados dentro de ciertos roles que van más allá de nuestra voluntad (Mancini, Caravaca y Dikenstein, 2021).
Algunas conclusiones
A partir de un escenario de crisis general provocado por el Covid-19, en este artículo me propuse analizar tanto sobre lo que las organizaciones colectivas hacen en situaciones de incertidumbre y de ausencia de estabilidad, pero también simultáneamente, sobre lo que es creado en estos procesos (Vecchioli, 2000; Tsing, 2015; Avellar de Muniagurria, 2020; Visacovsky, 2023). Tal como observa Lins Ribeiro un evento critico plantea “…hechos que suponen una ruptura en la continuidad temporal de la reproducción de la vida, la ausencia de sentidos adecuados para comprender la nueva situación y la necesidad de crear nuevos modelos interpretativos” (Lins Ribeiro, 2021: 108). En cierto modo, intenté analizar algunas formas de organización colectiva que habilitó esta temporalidad atípica. Un tiempo que interrumpió repentinamente el trabajo y las actividades cotidianas de la sociedad en su conjunto pero que simultáneamente activó distintas iniciativas emergentes y proyectos que no estaban previstos, creando novedosas “condiciones de posibilidad” (Sigaud, 2005) para la acción la colectiva y para otro tipo de “trabajo” cotidiano, más de índole político y asociativo.
Por una parte, encontramos que este contexto de crisis profundizó y evidenció la situación de precariedad y de informalidad laboral del campo artístico y cultural, pero también como contracara representó una oportunidad para afianzar al sector en términos de su base organizativa. En el caso del tango advertimos cómo rápidamente se logró crear y/o reactivar una serie de colectivos y agrupaciones variadas, incluso generándose organizaciones pan-tangueras, las cuales congregaron dentro de sí a diferentes colectivos. En este proceso y por causa de este mismo activismo cultural, se fortaleció un ámbito de acción colectiva más amplio que el previamente existente, consolidándose la idea de un sector cultural asociado con el tango a escala nacional. En parte, esto se logró durante la pandemia no solo gracias a la existencia de una dinámica organizativa anterior emprendida por distintos colectivos27, sino también por las interconexiones que brindaron las plataformas y las redes sociales, lo cual facilitó nuevas formas de intercambio y de organización colectiva en el espacio virtual. En el caso puntual de la organización con la que trabajé, destaqué de qué modo se profundizó un proceso de (auto)reconocimiento de los artistas y de los hacedores del tango como “trabajadores/as”, visibilizándose en este proceso las problemáticas particulares del sector y potenciándose los reclamos de apoyo estatal a las actividades que realizan. También hay que decir que analizar el discurrir de este activismo cultural en términos de organización colectiva implicó considerar, al mismo tiempo, las tensiones internas que se suscitan entre actores y organizaciones diferentes, en ocasiones, con miradas y posicionamientos en pugna.
En especial, la pluralidad de sujetos y de organizaciones que acompaño a la formulación de la encuesta, reveló una fluides y amplitud de las identidades profesionales y laborales en el tango, visibilizando al mismo tiempo la precariedad, el multiempleo y la informalidad como condición estructurante del sector. En cierto modo, las divergencias entre la categoría de “trabajadores/as” como identidad laboral y la emergencia de la categoría de “hacedores/as”, revela ciertas disputas simbólicas entre imaginarios y quehaceres diferentes en torno al trabajo y el arte.
A su vez, en lo que hace a la elaboración de la encuesta junto a la AFTT, señalé que su realización se llevó a cabo a través de una metodológica de trabajo que fue más allá de determinados formatos convencionales en donde el discurso académico “… nunca otorga estatus epistemológico total al habla producida fuera de la academia” (Trouillot, 2011: 229). En cierto modo, esta metodología colaborativa se diferenció del modus operandi en donde los “expertos” -provenientes del Estado, la academia o el mercado- suelen formular las categorías analíticas de manera prestablecida y con un control pleno en cuanto a la elaboración del instrumento de análisis, un acercamiento presuntamente “neutro” dirigido a “extraer” información del mundo social (Malo, 2004; Gastellu, 2014). A decir verdad, tal como observaron Estalella y Sánchez Criado (2020), los antropólogos y podríamos agregar los investigadores sociales, siempre han requerido de “otros” para la producción de conocimiento, aunque ello ha implicado diferentes modos de colaboración, involucramiento y grados de asimetría28. En nuestro caso, y en contraste con la concepción más clásica de investigación “sobre” el universo de un “otro”, nuestra labor supuso un ejercicio que implicó salir de la academia para generar una práctica de conocimiento coproducida con los sujetos y organizaciones que solicitaron nuestra intervención. Tal como señalan algunas investigaciones, esto implica un enfoque en donde el conocimiento se produce no a partir del propio investigador y “sobre” los sujetos de investigación, sino en interacción reflexiva y con los actores y organizaciones con las que trabajamos. Ciertamente estas prácticas de coinvestigación plantean desplazamientos y dilemas epistemológicos que ponen en tensión las fronteras entre investigación y militancia, conocimiento y acción (Malo, 2004). De cualquier manera, es importante considerar que “Este desplazamiento no debería hacernos pensar en imágenes de horizontalidad más o menos ingenua; no tiene sentido plantear que la colaboración anula o supera las complejidades que atraviesan toda relación social” (Arribas, 2015: 61).
En este punto cabe abrir un interrogante ¿Esto significa que estamos ante un conocimiento que es producido en conjunto o con las organizaciones con los que trabajamos? Aunque la diferencia es muy sutil, diría que ambas situaciones se entrelazan. En nuestro caso, en ciertas instancias existieron acuerdos bastante unívocos que implicaron decisiones en conjunto, mientras que en otras ocasiones se lograron, a partir de espacios de diálogo y debate, llegar a concesos o arreglos intermedios con los actores y las organizaciones intervinientes. Es decir, no todo siempre era acordado de manera plena con nuestros interlocutores, ello porque ni la organización con la que trabajamos, ni los/as trabajadores/as del tango en general representan un cuerpo homogéneo ni tampoco están exentos de politización y tensiones internas. A esto se agrega que nosotros como equipo de trabajo profesional también permanentemente debatimos y negociamos nuestros saberes autorizados, tal como fue con mis colegas sociólogos/as. Además también, en cierto modo, la colaboración es siempre “selectiva” en la medida que se acuerda colaborar con ciertos actores y organizaciones, al mismo tiempo que supone un distanciamiento de otros (Katzer y Samprón, 2012).
Lejos de querer transmitir una formula prestablecida o idealizada en torno a la investigación colaborativa, me referí aquí a una experiencia concreta y localizada en la que a lo largo del proceso de investigación compartí reflexiones y debates en relación a ciertas problemáticas y demandas que resultaban relevantes para mis interlocutores. Como hemos descripto a lo largo del artículo, esta práctica de conocimiento no está exenta de múltiples tensiones, las cuales requieren de ser abordadas mediante de un análisis crítico y situado (Arribas, 2020). En ocasiones, estas controversias se entrelazan con discusión acercar de quiénes tienen la legitimidad para representar y ser representado en la producción de conocimiento, lo cual supone estar atentos y reflexionar no solo a sobre nuestras intervenciones como académicos, sino también en torno a los silenciamientos y las disputas que operan dentro de los campos sociales (Trouillot, 2017).
En especial, en nuestra experiencia de investigación detectamos una serie de tensiones y controversias que adquirieron relevancia. En primer lugar, se hizo evidente la necesidad de reflexionar en torno a aquello que se nombra y aquello que no, considerando que para algunos actores -en especial aquellos no metropolitanos- la encuesta operaba como un instrumento clave para lograr un mayor reconocimiento de sus problemáticas y demandas. De alguna manera, “Los actores utilizan y requieren estos conocimientos para visibilizarse con miras a que otras organizaciones y el Estado se encarguen de su resolución” (Mancini, Caravaca y Dikenstein, 2021: 260). En segundo lugar, vimos también que algunas personas no parecían clasificarse fácilmente en una categoría ya conocida en el campo académico y en la arena social como la de “trabajadores/as”, hecho que nos obliga a considerar los desafíos que conlleva acotar la diversa y compleja actividad de un sector como el del tango a una categoría que los (pre)describa como un colectivo homogéneo. Por último, advertimos que el trabajo en colaboración, junto al ejercicio de producción de conocimiento a través de determinados instrumentos de análisis (en nuestro caso enmarcado en una encuesta), a menudo puede acarrear distintas formas de desconfianza por parte de los colectivos y las personas con las cuales interactuamos. Esta discusión sobre la desconfianza en la encuesta nos revela, más que un escepticismo respecto al instrumento de conocimiento, una forma de agencia política. En otras palabras, la resistencia a la encuesta puede entenderse como un cuestionamiento activo acerca de quiénes ostentan el poder de legitimar saberes, discursos e identidades en el ámbito del tango, lo cual nos alerta en una reflexión más atenta sobre los efectos simbólicos y políticos —en términos de reconocimientos, exclusiones y/o silenciamientos— que toda investigación colaborativa acarrea. En efecto, no es menor tener en cuenta estas inquietudes y resistencias, en vistas a que es en función de estos posicionamientos y puntos de vista que los interlocutores se muestran, en mayor o menor grado, predispuestos a participar del proyecto, en especial cuando éste está fundado en la colaboración.
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Contribución de autoría:
No aplica.
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1
Agradezco a los evaluadores anónimos de este artículo los atentos comentarios y sus sugerencias.
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Financiación:
Esta investigación fue financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET)
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La pandemia del Covid-19 generó una enorme crisis sanitaria global entre los años 2020 y 2022. Durante este período gran parte de la población mundial se vio obligada a aislarse en sus casas, respondiendo a la rápida diseminación del coronavirus y al incrementó exponencial de los enfermos y fallecidos, lo cual sobrecargó los sistemas de salud en todo el mundo.
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3
El autor retoma esta expresión creada por Veena Das (1995). Según el antropólogo Sergio Visacovsky la idea de crisis suele estar asociada a circunstancias que involucran incertidumbre, imprevisibilidad e imposibilidad de poder imaginar o pensar el futuro (Visacovsky, 2023)
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Para enfrentar el impacto de la pandemia en la Argentina se implementaron fuertes medidas restrictivas, que incluyeron largos períodos de aislamiento sanitario y estrictos protocolos de distanciamiento, los cuales implicaron un enorme desafío socioeconómico tanto para el quehacer cotidiano de la población como para las políticas públicas que intentaron paliar los efectos de la pandemia. En especial las zonas con mayor densidad poblacional, como el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), fueron las más afectadas por este régimen de aislamiento.
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5
De modo similar a lo observado por Lorena Avellar de Muniagurria (2018), en mi investigación la noción de “hacedores/as culturales” era mencionada de manera asidua por mis interlocutores para referirse a aquellos agentes que trabajan o se desempeñan en múltiples actividades vinculadas con el tango. A lo largo de este artículo plantearé algunas reflexiones respecto de esta noción.
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El 11 de marzo de 2020, a través de una multitudinaria asamblea, distintas asociaciones de milongas y de bailarines decidieron “pausar” sus actividades. Las asociaciones que organizaron esta asamblea en el Club Grisel -ubicado en la Ciudad de Buenos Aires- fueron la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM), Milongas con Sentido Social (MISESO), la Asociación de Maestros Bailarines y Coreógrafos de Tango Argentino (AMBCTA) y Trabajadores del Tango Danza (TTD).
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7
Esta política pública, llevada adelante desde Ministerio de Cultura de la Nación, se canalizó a través de programas específicos de ayuda económica como el “Fondo Desarrollar”, “Fortalecer Cultura” o las becas “Sostener Cultura”, entre otros. Cabe mencionar también la implementación de una política universal a través del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Para más detalles sobre estos programas de ayuda ver Moguillansky (2021).
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Según los resultados de la encuesta que analizamos en este artículo, solo el 8 % de los/ as trabajadores/as del tango recibieron un subsidio o ayuda durante la pandemia. Para un análisis detallado ver Zarlenga, Morel y Coloma (2022).
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Muchos emprendieron el reto de dictar clases en formato virtual, otros brindaron espectáculos y conciertos por streaming y hay quienes realizaron “milongas virtuales”. Además, también se pusieron en marcha mecanismos solidarios y de ayuda mutua, a través de asociaciones del sector que organizaron entregas de artículos de primera necesidad y bolsones de comida.
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Luego de finalizado el ASPO, a partir del 29 de noviembre de 2020 se estableció un nuevo marco normativo denominado como Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO).
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En efecto, la metodología sobre la que se basa una encuesta se diferencia claramente de una investigación cualitativa y antropológica que busca dar cuenta de un fenómeno social a través de un análisis denso, situado y desde el punto de vista del significado que le otorgan los actores a sus saberes y prácticas.
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12
En el tango existían con anterioridad a la pandemia algunas asociaciones o nucleamientos formalmente constituidos. Estos colectivos generalmente se organizaban por actividades específicas como, por ejemplo, asociaciones de músicos/as, bailarines/as, organizadores/as de milongas, musicalizadores/as, etc.
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13
Al respecto, podemos mencionar a la Asamblea de Colectivos Tangueros (ACT), la Asamblea Federal de Trabajadores del Tango (AFTT), el Frente Federal de Unión Tanguera (FFUT), la Asociación de Creadores e Interpretxs de Tango (ACIT) o la Red Nacional de Tango.
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14
Si bien se fueron modificando, agregando y desagregando, las agrupaciones que formaron parte de la AFTT, en el mes de agosto del 2020 eran: Asociación de Organizadores de Milongas (AOM), Asociación de Maestros Bailarines y Coreógrafos de Tango (AMBCTA), Milongas con sentido social (Miseso) y Trabajadores del Tango Danza (TTD), Unión de Cantorxs (UC), Musicalizadores de Tango de Buenos Aires (MuTaBA), Grupos y Orquestas de Tango Milonguero (GOTAM), Promotores Y Comunicadores Del Tango Argentino (PROTANGO), Agrupación de Tango de Zona Norte (ATN), Agrupación de Tango Zona Oeste (ATO), Unión de Trabajadores del Calzado e Indumentaria de Tango (UTCIT) y Tanto Tango (TT).
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15
Con estos objetivos durante el 2020 y 2021, en el marco de las políticas desarrolladas desde el Ministerio de Cultura de Nación, la AFTT trabajó en la inclusión del sector del tango en el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), el Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) y en la promoción de subsidios sectoriales. Además gestionó junto a la Asociación de Creadores e Interpretxs de Tango (ACIT), la presentación de un proyecto de ley para la creación del Instituto Nacional del Tango (INTANGO). Pueden consultase algunas de estas iniciativas en el Facebook de la AFTT, disponible en https://www.facebook.com/AFTTango/.
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Señalemos que al momento de la pandemia, el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) no incluía un dispositivo de medición con indicadores específicos vinculados con el tango. A su vez, tampoco el tango posee institutos nacionales como sí lo tienen, por ejemplo, el Instituto Nacional del Teatro o el Instituto Nacional Argentino de la Música.
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Esta situación no era exclusiva del tango, en vistas a que muchos otros colectivos y organizaciones pertenecientes a distintos sectores artísticoculturales identificaron una problemática similar, por lo que comenzaron a diseñar y realizar sus propios registros y encuestas durante el período que tuvo vigencia el ASPO. Si bien, el Ministerio de Cultura de la Nación a través del SInCA, también llevó a cabo una Encuesta Nacional de Cultura dicha iniciativa careció de especificidad por lo que, en general, cada sector decidió llevar a cabo sus propios relevamientos.
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18
Durante el período de la pandemia la AFTT estableció diálogos con algunas dependencias de la administración pública, en especial a partir de distintos intercambios frecuentes con la Dirección Nacional de Industrias Culturales, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación.
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19
Esta encuesta estuvo disponible entre el 21 de marzo y el 2 de abril de 2020. A partir de los resultados de la misma se realizó un breve estudio elaborado por un equipo de profesionales, ver Coloma, Morel, Ross, Zarlenga y Cortada (2020). Para otro análisis de los resultados arrojados por esta encuesta puede verse, Coloma (2022).
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20
Cabe señalar que mi trayectoria de trabajo en la escena del tango se inició en el año 2006 como producto de una investigación doctoral. En el marco de una pesquisa de largo plazo, a lo largo de los años fui desarrollando distintos proyectos con el objeto de estudiar diferentes procesos y aspectos asociados a las políticas culturales en torno al tango en la Ciudad de Buenos Aires. Simultáneamente, y a medida que fui consolidando mi rol como “experto”, asumí distintos compromisos y vínculo personales con mis interlocutores en el campo, por lo que fui invitado a participar en algunos proyectos de colaboración, en mayor medida, con la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM). En especial, a partir de mis investigaciones sobre las acciones de “clausura” a las milongas y la política de creación de la ley de “Fomento a las Milongas”, establecí vínculos de confianza con algunos miembros de la AOM, ver Morel (2017, 2023, 2024).
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La decisión de conformar este equipo de trabajo estuvo a cargo del colectivo de la AFTT, al cual agradezco haberme invitado a participar. Por otra parte, valoro enormemente el compañerismo y el compromiso de trabajo que mostraron Matías Zarlenga y Agustina Coloma a lo largo de todo el proceso de elaboración de la encuesta.
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Señalemos que también existieron otras iniciativas de encuestas y relevamientos paralelos realizados por parte de otras organizaciones del sector.
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La sección 1) buscó conocer características sociodemográficas, la 2) situación profesional, la 3) condiciones laborales, la 4) importancia y peso del tango como actividad, la 5) las relaciones entre personas y organizaciones que hacen posible el desarrollo de la actividad y la 6) valoraciones y sugerencias.
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Además de estos encuentros de elaboración y de diagnóstico, en ocasiones, también realizamos reuniones informativas sobre la encuesta, tanto con autoridades oficiales como con representantes del sector. Por un lado, hubo reuniones con representantes del Consejo Federal de Culturas, así como participamos en las “Rondas Sectoriales de Diagnostico Regional”, organizadas por el Ministerio de Cultura de Nación. Por otro, realizamos reuniones de difusión y capacitación con organizaciones del sector para abordar inquietudes en relación a cómo contestar la encuesta.
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25
Tal como observa Karina Mauro “…los mercados de trabajo artístico se hallan fuertemente influenciados por cualidades distintivas y no estrictamente reproducibles de lxs trabajadorxs” (Mauro, 2020: 12).
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26
Cabe aclarar que si bien en la encuesta se incluyeron ciertas cuestiones de género de manera trasversal a lo largo del cuestionario, su objetivo principal no fue dar cuenta de esta problemática de manera específica.
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27
En trabajos anteriores he abordado algunos de estos procesos organizativos, en especial, en relación a la actividad que realizan las milongas en la ciudad de Buenos Aires, ver Morel (2017, 2023, 2024)
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28
E Señalemos que no siempre la autoridad en la práctica de conocimiento es compartida dado que, en ciertas ocasiones, somos nosotros los expertos los que tomamos las últimas decisiones y/o nos reconocemos como los autores del trabajo de investigación. Cabe destacar dos ejemplos en relación a la escritura: por un lado, el libro escrito en relación al estudio final de la encuesta estuvo a cargo de “nosotros” como equipo de profesionales y, por otro, en el caso de este artículo, si bien se nutre de un cúmulo de debates y reflexiones previas con los interlocutores en el campo, no fue asumido a través de una escritura conjunta, sino que ha sido elaborado de manera personal.
Disponibilidad de datos
Todo el conjunto de datos que respalda los resultados de este estudio se ha publicado en el propio artículo.
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