RESUMEN
El artículo tiene como objetivo realizar un análisis comparativo entre Paulo Freire y Michel Foucault respecto de las relaciones entre política y educación. A tal fin se expondrán brevemente las trayectorias vitales e intelectuales de los autores seleccionados. Esto mostrará que tratamos con perfiles muy diferentes respecto a su origen, formación, intereses y trayectorias. Sin embargo, existe un importante tópico en común: la relación entre poder y conocimiento, entre educación y formación de la subjetividad. Mostraremos cómo a través de caminos diferentes llegan a pensar en profundidad un mismo problema. Postulamos que no se trata apenas de un interés común, sino que, aun partiendo de marcos teóricos distintos y con intereses prácticos diferentes, realizan análisis semejantes y sumamente críticos respecto al rol disciplinario de la educación en las sociedades modernas. Veremos que, también, hay una respuesta distinta de los autores respecto a las críticas formuladas, una más escéptica propia del pensamiento filosófico, otra más práctica y optimista propia del pensamiento pedagógico. El artículo concluye recopilando de manera sucinta las diferencias y semejanzas señaladas en el cuerpo del trabajo, para finalmente resaltar la relevancia que conservan ambos autores, sus respectivas perspectivas y propuestas, para pensar la educación en el contexto latinoamericano actual.
Palabras clave:
política y educación; poder y conocimiento; pedagogias criticas
ABSTRACT
This paper aims to carry out a comparative analysis between Paulo Freire and Michel Foucault regarding the relations between politics and education. With this objective, the vital and intellectual trajectories of the selected authors will be briefly exposed. This will show that we deal with very different profiles regarding their origin, training, interests and trajectories. However, there is an important theme in common: the relationship between power and knowledge, between education and the formation of subjectivity. We will show how, through different paths, they come to think deeply about the same problem. We postulate that it is not just a common interest but, even starting from different theoretical frameworks and with different practical interests, they carry out similar and extremely critical analyzes regarding the disciplinary role of education in modern societies. We will see that, too, there is a different response from the authors regarding the criticisms formulated, one more skeptical, typical of philosophical thought, another more practical and optimistic, typical of pedagogical thought. The article concludes by succinctly compiling the differences and similarities indicated, to finally highlight the relevance that both authors maintain, to think about education in the current Latin American context.
Keywords:
politics and education; power and knowledge; critical pedagogies
RESUMO
O artigo tem como objetivo realizar uma análise comparativa entre Paulo Freire e Michel Foucault a respeito das relações entre política e educação. Para tal fim serão expostas brevemente as trajetórias vitais e intelectuais dos autores selecionados. Isto mostrará que tratamos com perfis muito diferentes a respeito de sua origem, formação, interesses e trajetórias. Entretanto, há um importante tópico em comum: a relação entre poder e conhecimento, entre educação e formação da subjetividade. Mostraremos como, por intermédio de caminhos diferentes, pensam em profundidade um mesmo problema. Postulamos que não se trata apenas de um interesse comum, mas sim que, ainda que partindo de marcos teóricos distintos e com interesses práticos diferentes, realizam análises semelhantes e profundamente críticas a respeito do rol das disciplinas da educação nas sociedades modernas. Veremos que, também, há uma resposta distinta dos autores a respeito às críticas formuladas, uma mais ascética, própria do pensamento filosófico, outra mais prática e otimista, própria do pensamento pedagógico. O artigo conclui recopilando de maneira sucinta as diferenças e semelhanças assinaladas no corpo do estudo, para finalmente ressaltar a relevância que conservam ambos os autores, suas respectivas perspectivas e propostas, para pensar a educação no contexto latinoamericano atual.
Palavras-chave:
política e educação; poder e conhecimento; pedagogias críticas
INTRODUCCIÓN
El presente artículo tiene como objetivo hacer un análisis comparativo entre dos autores que en principio parecen lejanos tanto por sus intereses profesionales, el campo teórico-práctico en el que desempeñaron e incluso por su origen. Como anuncia el título, se trata de comparar aspectos de obras y del pensamiento de Paulo Freire y Michel Foucault.
Uno de los principales focos de interés de Foucault es el poder y ya se ha vuelto un clásico del pensamiento político contemporáneo. Fue rol principal fue el de un intelectual crítico, un filósofo que pensó críticamente la sociedad en que vivió, participo del debate de ideas en las instituciones más prestigiosas de Francia y del mundo. Es un intelectual de una sociedad desarrollada y su ámbito de pensamiento y actuación es básicamente la academia y ámbitos de discusión intelectual de asuntos de interés en países del primer mundo. Por su parte en interés principal de Freire es la educación, es un pedagogo, es un intelectual, pero con un interés central en la práctica educativa, en la intervención en la realidad de los estudiantes. Trabaja junto a sindicatos y movimientos sociales y su actividad se desarrolla principalmente en países del tercer mundo, Brasil primero, Latinoamérica y África posteriormente.
Pero además de las diferencias existen también interesantes puntos en común. En primer lugar, el pensador francés pone especial énfasis en las relaciones del poder con el saber, a tal punto su aporte más significativo al pensamiento político quizás haya sido el de explicitar el funcionamiento de la dupla poder-saber. Esto lo lleva a poner atención al dispositivo de la educación en las sociedades modernas e incluso a articula sus análisis con conceptos provenientes del ámbito educativo como Pdisciplinad o examene.
Por su parte Freire está especialmente interesado en la dimensión política de la educación. Es decir, en cómo la educación es una forma de ejercer el poder. En su esquema la educación .bancariab se convierte en un dispositivo de disciplinamiento y opresión, de domesticación de los estudiantes. Por lo tanto, Freire también piensa en la forma en que actúa el poder en el campo de la transmisión del saber que llamamos educación. Hay, entonces, un terreno común a partir del cual pueden identificarse puntos de contacto y coincidencia. Explicitar diferencias y similitudes es el objetivo de este trabajo.
A tal fin el texto expondrá primero una breve síntesis del pensamiento y trayectoria de los autores, dedicando apartados a los temas de la educación y el poder. El paso siguiente será señalar similitudes y diferencias entre el pensamiento de los autores en torno a los tópicos seleccionados para, finalmente, pasar a las conclusiones.
MICHEL FOUCAULT
La obra de Foucault es influenciada por Immanuel Kant, Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger, Gilles Deleuze, Georges Canguilhem, Maurice Merleau-Ponty, Edmund Husserl, entre muchos otros autores. Dussel (2013) evidencia que Foucault fue un autor prolífico, que publicó 15 libros durante su vida (1926-1984), más de 360 artículos, capítulos y entrevistas, publicados después de su muerte. Obras de Foucault continúan en producción, ya que varios de sus cursos en el Collège de France aún están en proceso de publicación. “Él también fue objeto de innumerables libros y artículos, con los cuales bibliotecas enteras podrían ser llenadas” (Dussel, 2013, p. 45).
El hecho de convertirse en un autor ampliamente reconocido también trajo consecuencias, en el sentido de resistencias y lecturas superficiales, una vez que la obra de Foucault causa inquietudes, por cuestionar los discursos totalizadores de las ciencias sociales. Foucault nos llama a desnaturalizar lo que está dado, a sospechar de verdades incuestionables; a mirar desde otros lugares y hacia otros lugares. Invita, también, a mirar al mismo escenario posicionado en otras ventanas o con otras lentes. La obra de Foucault, según Gallo, suele ser presentada en tres fases: La primera marcada por Las palabras y las cosas em 1966, la segunda por Vigilar y castigar publicado en 1975 y la tercera por la Historia de la Sexualidad, publicada en tres volúmenes, el primero de ellos, La voluntad de saber, en 1976. La primera fase, epistemológica, busca desentrañar el suelo del cual brotan los saberes; la segunda, podemos decir que es política, pues Foucault busca mostrar la íntima relación entre los saberes y los poderes; la tercera se vuelve hacia la Ética cuando, anclado en Nietzsche, el francés propondrá que cada uno haga de su vida una obra de arte (Gallo, 2004, p. 80).
Gallo, estudioso de Foucault, destaca que Miguel Morey, autor español, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Barcelona, especialista en filosofía francesa contemporánea, propone la articulación de la obra foucaultiana en torno a tres ejes: “El ser-saber, el ser-poder, el ser-consigo, afirmando que su unidad está justamente en la dimensión ontológica” (Gallo, 2004, p. 81). Veiga-Neto (2003), por su parte, opera con el criterio de Morey, pero adopta el término dominios del pensamiento foucaultiano y no ejes, para no dar una connotación de espacialidad y escape del dominio temporal-histórico, tan presente en la obra de Foucault.
Foucault y la educación
Hay distintas opiniones en torno a la relación entre del pensamiento del francés y el tópico específico de la educación. Es cierto que Foucault no escribió directamente para o sobre educación, por lo que la pedagogía, a diferencia de Freire, no fue un objeto directo de sus preocupaciones e investigaciones. Sin embargo, su impacto en el pensamiento educativo es intenso, tanto en el campo de la sociología como en la filosofía de la educación. Su filosofía
es una píldora amarga de tragar para los educadores, ya que ella sacude la mayoría de las bases sobre las cuales la enseñanza moderna fue construida: verdad, conocimiento, vocación, esclarecimiento o salvación. No sorprende que su denuncia de las injusticias cometidas por instituciones educativas transformó su propia obra en una piedra angular para la pedagogía crítica desde mediados de la década de 1970 (Dussel, 2013, p. 45).
Veiga-Neto y Lopes (2012) subrayan que, aunque la Educación no es central en los estudios de Foucault, sus teorizaciones nos posibilitan “problematizar os focos de experiência e las dramáticas discursivas que, tendo o sujeito como articulador da experiência, agenciam a educação e a própria pedagogia como campos produtivos para a análise social, principalmente no que concerne à instituição escolar” (p. 66).
Según Dussel, uno de los grandes méritos de Foucault fue reescribir aspectos históricos de la pedagogía enfatizando la intervención sobre los cuerpos. En el siglo XX, la pedagogía y la educación, fundamentadas en pedagogías racionales, concebían los cuerpos “como el lugar de inclinaciones pecaminosas, o en la versión científica moderna, de patologías y enfermedades” (Dussel, 2013, p. 49).
La tercera fase de la obra de Foucault "marcada por los dos últimos volúmenes de la Historia de la Sexualidad, tal vez sea la que más elementos pueda traer para pensar posibles futuros para la educaciónV (Gallo, 2004, p. 95). Estas obras manifiestan la preocupación por la ética, entendida como una forma de producción de la vida. “Siguiendo los pasos de Nietzsche, Foucault vuelve a los antiguos griegos, para caracterizar que la Ética debe ser una estilística de existencia, que cada individuo debe moldear su vida como si produjera una obra de arte” (Gallo, 2004, p. 95). Según el autor, si aceptamos el desafío de Foucault, una Educación para mucho más allá de la disciplinarización y de la técnica será necesaria para fundar las posibilidades de tal Ética. “Una educación orientada hacia el cuidado de sí mismo y del otro, posibilitando nuevas formas de producción de sí y de relaciones con los demás” (Gallo, 2004, p. 95).
Gallo (2015) afirma que la preocupación ética en Foucault no es tardía, pues desde que empezó a trabajar en el campo de la Filosofía, el sujeto, está en el centro de sus preocupaciones con el saber y con el saber el poder. Si él colocó directamente la cuestión de la constitución del sí mismo solo en sus últimos trabajos, el sujeto ya estaba allí, presente en la investigación.
Cómo vemos estos autores, señalan lo comúnmente aceptado y que en alguna medida creemos cierto: Foucault no aborda directamente el tópico de la educación y pedagogía, sin embargo, sus reflexiones sobre las relaciones entre poder, saber y constitución de la subjetividad atraviesan estos campos por lo que su aguda reflexión tiene amplia influencia en esa área. Pero, hay otra opinión que creemos es más aguda y no necesariamente incompatible con la anterior. Esta corriente de opinión sostiene que, si bien el tema de la educación no está explícitamente planteado, se trata de un tema medular de la reflexión del francés. Afirma incluso que Foucault es, nada menos, que un teórico de la educación oculto tras la fachada de un pensador político.
Keith Hosking, fundamenta esta posición en un artículo con sugestivo título Foucault a examen. El criptoteórico de la educación desenmascarado (1997). Creemos que esta observación en muy perspicaz y da en la clave del pensamiento foucaultiano. Este autor señala que Foucault descubrió algo muy sencillo, aunque raro, sin embargo: el carácter central de la educación en la construcción de la modernidad. Nos dice que el problema fundamental presente en toda la obra de Foucault, las relaciones entre poder y saber, es analizado siempre en términos educativos: disciplina, examen, nota, etc. Es muy interesante el análisis que realiza del término disciplina:
[…] procede de la palabra latina disciplina, y en latín tiene el mismo doble sentido que mantiene en la actualidad, refiriéndose tanto a las antiguas artes del saber, como filosofía, música y retórica, como a los problemas del poder, por ejemplo, en disciplina militaris (disciplina militar). Etimológicamente el término es una forma abreviada de discipulina, relacionado con la consecución del “aprendizaje” (discz) del niño (puer/puella representado por la sílaba pu de pulina). Por tanto, en cuanto a sus principios etimológicos, el término tiene una denotación educativa e, incluso entonces, manifiesta ambos aspectos de la ecuación poder-saber, por que se refiere ab initio al doble proceso: la disciplina que supone presentar determinado saber al aprendiz y la disciplina de mantener a este ante el saber. Tiene que ver con las técnicas de control cuyo máximo exponente era la disciplina militaris: no deja de estar relacionada con el proceso de enseñanza y con los objetos de la instrucción. [....] Disciplina se deriva de sus principios educativos y aparece íntimamente implicada en lo que Foucault denomina desde el principio poder-saber (Hosking, 1997, p. 33-58).
Con respecto al término examen sostiene que el examen es entre todas las técnicas, la más obviamente educativa, más incluso que la disciplina, que suele ser superficialmente interpretada como técnica exclusiva de poder y control. Ambas deben considerarse como técnicas de poder-saber, pero Foucault (2000, p. 171) afirma que la superposición de las relaciones de poder y de saber asumen en el examen su máximo esplendor.
Esto parece central: la dupla poder saber necesita para articularse siempre un término educativo. El poder constituido y legitimado en un campo de saber necesita de alguna instancia pedagógica para ser ejercido sobre el individuo destinatario de ese poder: la disciplina, el examen, la calificación y correspondiente clasificación, son los mecanismos a través de los que el poder-saber se canaliza.
Esto es bastante evidente en el capo educativo donde el intercambio de poder desde el poderoso hacia el impotente se realiza, tradicionalmente, a través de estos mecanismos. Sin embargo, estos dispositivos son necesarios en todos los espacios donde se conforma la subjetividad: fábricas, oficinas, hospitales, cuarteles, cárceles.
Siguiendo esta interpretación, nos interesa afirmar que Foucault no es apenas un brillante pensador político que influye indirectamente en el ámbito de la educación y pedagogía. Sino que para pensar el poder y su articulación con el saber en las sociedades contemporánea se trasforma en un agudo (cripto)teórico de la educación, pues descubre que para articular el poder en todas las áreas se necesitan dispositivos pedagógicos que los canalicen. Pensando al poder llega al núcleo central del pensamiento educativo: los dispositivos de la formación de la subjetividad. Veremos que Freire realiza un proceso inverso pensando la educación y la formación de la subjetividad en la escuela llega al poder: a entender cómo los dispositivos educativos se pueden utilizar para oprimir o para liberar, para crear oprimidos o para articular procesos de liberación. Vale aclarar en este punto que Foucault no tiene necesariamente una visión negativa del poder, al contrario, las relaciones de poder pueden ser positivas y productivas, sin ellas no habría sociedad, cooperación, interacción. En sus últimas obras distingue claramente entre las relaciones de poder y las relaciones de dominación. Las primeras son relaciones entre las personas (amorosas, económicas, pedagógicas, institucionales, etc.) en las que unos tratan de orientar, conducir, e influir en la conducta de los otros, son relaciones móviles, inestables, no prefijadas de antemano, modificables, que incluso se pueden revertir. Son relaciones en que los individuos que participan de ella tienen algún nivel de autonomía. Las relaciones de dominación son un tipo específico de relaciones de poder, permanentemente disimétricas, en que una de las partes de la relación puede modificar la conducta de los demás sin que los otros puedan resistir o modificar su acción. En una relación de dominación la autonomía de algunos los participantes se ven muy limitada o prácticamente anulada (Foucault, 1984). Esto tiene cierta semejanza básica con la distinción que hace Freire entre una educación para la opresión, donde las relaciones de poder tienden a la dominación, o la educación para la libertad, donde las relaciones de poder tienden a la autonomía. Exploraremos estas semejanzas en los siguientes apartados.
PAULO FREIRE
Apoyados en el trabajo de Moacir Gadotti y Carlos Alberto Torres (2001) extraeremos los pasajes más relevantes de la vida del pedagogo brasilero. Paulo Reglus Neves Freire, nació el año 1921 en la ciudad Recife, una de las regiones más pobres de Brasil. A los 10 años se muda con su familia a Jaboatao en donde comienza sus estudios de la sintaxis popular y erudita lengua portuguesa, pero también aprende la realidad de Brasil. Freire afirma que fue un niño de clase media que sufrió la crisis del 29, que tuvo hambre y que sabe lo que es no comer.
Con una filosofía de la educación absolutamente renovadora propuso que la educación de adultos tenía que estar fundada en la conciencia de la realidad cotidiana vivida por la población y jamás reducirla a simple conocimiento de letras, palabras y frases. Freire entendió la categoría del saber como lo aprendido existencialmente al enfrentar problemas propios y de la comunidad. Hay que prestar especial atención al contexto en donde trabaja, en los años ‘60, en el Noroeste de Brasil, la mitad de sus 30 millones de habitantes eran analfabetos y vivían dentro de lo que llamaba una cultura del silencio, había que “darles la palabra”. Así desarrolló el método que se conocería en todo el mundo fundado en el principio de que el proceso educativo debe partir de la realidad que rodea al educando.
Estando Freire en Brasilia, activamente involucrado con los trabajos del Programa Nacional de Alfabetización, el gobierno fue destituido a raíz del golpe militar del 31 de marzo de 1964. Freire parte al exilio, pasa por Bolivia, Chile donde trabaja para el gobierno de Eduardo Frei en un contexto en el que re-estudia su método, asimilando la práctica y sistematizándolo teóricamente y radicalizándolo. Fruto de este trabajo nace su obra más famosa, “Pedagogía del Oprimido” publicado en 1968. La radicalización de su pensamiento hace que tenga que abandonar también Chile y recomenzar su exilio. En agosto de 1979, bajo un clima de amnistía política, regresa a su país donde tuvo que recomenzar una vez más y “re-aprender Brasil”. Viaja dando conferencias, publicando y entablando diálogos con estudiantes y profesores. Recibe Doctorados Honoris Causa de Universidades de todo el mundo y numerosos premios incluyendo el de la paz de la UNESCO en 1987.
La descripción de su vida evidencia que el mayor interés de Freire era práctico, por supuesto teorizaba, pero con una finalidad siempre concreta, trabajaba sobre proyectos posibles y realidades palpables. La reflexión teórica complementa su acción pedagógica, había realmente praxis: ida y vuelta entre teoría y práctica. La naturaleza de su obra y su reflexión parte de contextos, realidades y necesidades claramente diferentes a la del pensador francés objeto de este artículo. Pero ello no impide que existan puntos en común, reflexiones similares, razonamientos asimilables en término de uno y otro que rastrearemos algunos apartados más adelante.
Freire y el poder
La obra escrita y publicada de Freire tiene la complejidad de estar producida en y para contextos específicos y cambiantes. El propio Freire, como ya hemos afirmado en artículos anteriores (Santos, 2017), reconoce que se mueve de entre diferentes teorías y corrientes sin demasiados reparos. En una lectura superficial de su obra es posible pensar que su reflexión carece de un marco teórico homogéneo. Sin embargo, desde nuestro punto de vista existe un núcleo que está presente en toda su obra: el latinoamericanismo y el cristianismo tercermundista de su reflexión profundamente enraizado en sus prácticas como educador en el norte de Brasil primero y en otros terceros mundos luego se su exilio. Su pensamiento es portador de las ideas nuevas que surgen en América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Berisso (2011, p. 74), afirma que la afinidad entre la filosofía de la liberación y los teólogos tercermundistas es típica del clima intelectual en el Freire desarrolla la parte más importante su obra.
Sin embargo, a reflexión está marcada por la historia y las experiencias, se trasforma así como se trasforma el mundo en el que la reflexión acontece. Esto es clave para interpretarlo, por eso ya hemos propuesto en trabajos anteriores la clasificación en tres etapas de su pensamiento y práctica político-pedagógica de acuerdo con los acontecimientos históricos y las experiencias personales que influyen en su reflexión:
1) Primer Freire: esta etapa va desde 1946-1964, se inicia con sus experiencias iniciales en educación de adultos y culmina con su exilio a causa del golpe militar de 1964 en Brasil a causa de su desempeño en el Programa Nacional de Alfabetización del derrocado gobierno democrático de J. Goulart. El primer Freire piensa todavía que la ciencia y la educación son relativamente neutrales, la relación política no aparece como protagonista explícita de su forma de pensar la experiencia educativa. Sin embargo, los efectos políticos de la alfabetización en el contexto brasilero eran inmediatos porque saber leer y escribir era requisito necesario para ejercer el derecho político fundamental: votar. Es en cierto sentido un Freire tiene un perfil más desarrollista, la educación es vista como un instrumento para sacar a Brasil del subdesarrollo.
2) Segundo Freire: Esta etapa con su exilio en el año 1964 hasta su retorno a Brasil en 1980. Su obra más representativa es Pedagogía del Oprimido. El cambio más trascendente desde nuestro punto de vista es la explicita reivindicación del carácter político de la educación, el Freire de los años 50 y 60 no veía con claridad lo que vería luego: la politicidad de la educación, la calidad que tiene la educación de ser política (Torres, 1986, p. 38). En el pensamiento del pedagogo brasilero aparecen conceptos de genealogía más claramente marxista: clases, modos de producción, estructura y superestructura. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, la concepción de la politicidad de la educación proviene de la toma de conciencia sobre su experiencia educativa político-pedagógica inmediatamente anterior a su exilio. Creemos que el núcleo de la concepción freireana está en el tercemundismo o latinoamericanismo de su experiencia y en su carácter de cristiano radical militante. En esta etapa hay una radicalización de su pensamiento producto de la experiencia del exilio y de su trabajo en otros países latinoamericanos y en otros sectores del tercer mundo. De esta experiencia también surge otra de sus obras paradigmáticas Cartas a Guinea Bissau.
3) Tercer Freire: el tercer Freire está ligado al retorno del exilio, la consolidación de la democracia en Brasil y la aparición de un nuevo adversario a enfrentar: el neoliberalismo. Hay una relectura de las obras del segundo período a fin de adecuar la reflexión y la práctica educativa a la lucha en un contexto en el que la revolución y el cambio radical habían dejado de ser una posibilidad más o menos inmediata. Por el contrario, el poder hegemónico del discurso neoliberal extendía su presencia a todos los territorios en disputa. Los libros más representativos de esta etapa son Pedagogía de la esperanza y Pedagogía de la autonomía. La escuela deja de ser vista necesariamente como parte de la estructura de opresión solo modificable por una revolución alimentada desde espacios educativos informales. En el nuevo contexto el aula se trasforma en un territorio de disputa que debe ser reinventado frente al neoliberalismo que trata de convertirla en un espacio rentable económicamente para la formación de individuos aptos para el mercado. En este nuevo contexto también interviene en la discusión modernidad-postmodernidad reelaborando categorías, resignificando conceptos, haciendo autocríticas y reinvenciones de su pensamiento (Freire, 1996, p. 189).
Recapitulando distinguimos tres etapas o “tres Freires” que son a la vez uno y el mismo, hay diferencias, perspectivas, enfoques diferentes, nuevos, originales o alternativos en cada etapa, pero hay un núcleo conceptual que se mantiene. Esta pluralidad de interpretaciones posibles del mismo autor lejos de ser un inconveniente es una virtud pues hace a su pensamiento vital, releible y readaptable o como le gustaría al brasilero “reinventable” en diferentes contextos históricos, políticos, sociales y culturales.
El núcleo conceptual del que hablamos consiste en tres puntos nodales que, desde nuestro punto de vista articulan su pensamiento todas las etapas y están siempre presentes, los haya explicitado o no en su obra. El primero de ellos y que supone los dos siguientes es la politicidad intrínseca de la educación:
El Paulo Freire de ayer, un ayer que ubicaría entre los años 50 y comienzos de los 60, no veía con claridad algo que el Paulo Freire de hoy ve con mucha claridad. Y es lo que denomino ‘la politicidad de la educación’. Esto es, la calidad que tiene la educación de ser política. Porque la naturaleza de la práctica educativa es política en sí misma, y por eso no es posible hablar siquiera de una dimensión política de la educación, pues toda ella es política. (Torres, 1986, p. 38).
¿Qué entiende por “politicidad”? El concepto tiene diferentes niveles y definiciones, pero a donde apunta fundamentalmente es a lo siguiente:
¿Quién conoce en la práctica educativa? Al hacer esta pregunta creo que empezamos a percibir que su contestación no es exclusiva del ámbito de la pedagogía. […] Cuando hacemos esta primera pregunta, parece que hay algo que empieza por lo menos, a ser matizado por la política. Empezamos a ver que hay formas diferentes de contestar esta pregunta. Y estas mismas conllevan el primer cuerpo de la respuesta, una cierta marca ideológica y una cierta opción política. […] Por ejemplo, […] si uno contesta que quien sabe en la práctica educativa es el profesor, uno ha de preguntar enseguida: entonces ¿cuál es el papel de alumno? Quien dice que en la práctica educativa es el profesor quien sabe, dirá también para ser coherente, que el papel del alumno es aprender. Entendiendo el acto de aprender como el de recibir conocimiento del profesor. El profesor enseña y el alumno estudia y aprende. (Freire, 1988, p. 16).
Como vemos entiende la politicidad de la educación en relación a como circula el poder de acuerdo a quien tiene o no el saber, y aquí vemos un punto de contacto de tipo medular con el otro autor estudiado: reaparece la dupla poder-saber. La dupla está elaborada desde otra perspectiva, fundamentalmente pedagogógica, y con intereses eminentemente prácticos, pero es la misma. Analiza como circula el poder de acuerdo a quien tiene el saber y como esto estructura una relación político-pedagógica diferente de acuerdo quien esta legitimado para poseer el saber y, por tanto, quien tiene el poder de transmitirlo y de educar o incluso disciplinar en el proceso educativo.
Antes dijimos que había tres puntos nodales en el pensamiento de Freire, no faltan enunciar dos que están íntimamente relacionados con el primero: la dialogicidad por un lado y el partir del contexto existencial-vivencial del estudiante por el otro. Si la educación es política pues en ella circula el poder, para una educación liberadora hay que cambiar la lógica de la educación “bancaria” por una educación dialógica donde la palabra, es saber y el poder circule de manera horizontal.
Lo más interesante para nuestro artículo es la aparición del poder como elemento fundamental en la transmisión de conocimientos, la explicitación del carácter político de la educación o, en otros términos, la reaparición de la dupla poder-saber desde la perspectiva del pedagogo.
PAULO FREIRE Y MICHEL FOUCAULT
Lo primero que surge a la vista al comparar a estos dos intelectuales son las diferencias. En primer lugar, sus procedencias, Freire creció y se formó en una de las regiones más pobres de Sudamérica, sus intereses estuvieron íntimamente ligados a la realidad en la que se desempeñó, allí tuvo las experiencias que determinarían su destino vital e intelectual. Como buen pedagogo su reflexión está esencialmente vinculada a la realidad en la que actúa. Foucault en cambio es hijo de un eminente médico francés, estudia y luego enseña en las mejores instituciones educativas francesas, es un intelectual y un académico brillante, sus libros y textos ya son clásicos del pensamiento político occidental. Es un agudo analista de la realidad de su tiempo y de la historia política europea y para eso toma distancia de su objeto de estudio, su campo es mucho más la teoría política que la práctica política concreta.
Otra diferencia notable es la estructura de sus obras. Si bien se pueden distinguir etapas y cierta variación de intereses en la obra del francés, es evidente que está organizada a partir de una estructura sistemática, muestra una planificación consciente y una articulación temática y metodológica clara. Es una obra de una profundidad, una agudeza y un orden tal que queda claro que no está pensada solo para el contexto, sino que tiene vocación de perdurar, de pasar a la posteridad, hay pretensión de universalidad en ella.
Por otro lado, la obra de Freire tiene aristas que la hacen compleja en cuanto a su estructura y sistematicidad. En primer lugar, además de obra escrita está su inmensa tarea práctica como pedagogo, como organizador o partícipe de innumerables proyectos populares políticos-pedagógicos. En segundo término, encontramos la extensión y diversidad de su producción, decenas de libros, ensayos, conferencias, seminarios en los que expone su pensamiento, todo diseminado en distintos países, continentes y contextos a los que lo lleva el exilio. Esto le da una asistematicidad a su obra y un marco teórico aparentemente poco homogéneo, sus reflexiones tienen una textura abierta, contextual, heterogénea, cita a K. Jaspers y a K. Marx, sin adherir ni al existencialismo ni al marxismo, solo por encontrar en ellos puntos interesantes. Su reflexión evoluciona y cambia a través del tiempo y de las profundas experiencias políticas y pedagógicas que marcaron su vida de educador e intelectual comprometido con la realidad en la que vivió. El interés primordial es la práctica o mejor: la reflexión sobre la práctica y la práctica a partir de la reflexión. La teoría por si misma no tiene sentido, su pensamiento se hace más claro cuando logramos contextualizarlo y comprenderlo como ligado a la acción. Sin embargo, bajo esta aparente asistematicidad, hay tres puntos centrales que dan solidez a su pensamiento y son, al mismo tiempo, el núcleo de la reflexión freireana, la clave de interpretación de su obra y el aporte más original que el brasilero hace a la pedagogía: politicidad, dialogicidad y contexto del educando.
Es cierto que tienen historias, intereses, tradiciones intelectuales y métodos diferentes. Sin embargo, Foucault es un filósofo que debido a su interés por la relación entre poder y conocimiento aborda el tema de la educación para analizar cómo funciona allí la dupla poder-saber y Freire es un pedagogo que debido a su interés en la educación percibe que la trasmisión de conocimientos se sustenta y entrelaza en una relación de poder. Es decir, por caminos distintos llegan al mismo problema y sus análisis y críticas específicas sobre como circula el poder y su relación con el saber son similares, aquí encontramos un interesante e intenso punto de contacto.
Es decir, así como Foucault percibe claramente que el componente de poder que existe en las relaciones educativas se vincula íntimamente con la posesión del saber (Foucault, 2000), Freire entiende perfectamente que entre maestro-alumno hay relaciones de poder establecidas desde un discurso que determina quién tiene saber y quién no (y por lo tanto quién tiene poder y quién no). La posesión del saber determina las relaciones y los roles entre los participantes en la práctica educativa, poder y conocimiento, política y educación se encuentras intrínsecamente ligados.
Llamativamente, los resultados de sus análisis y sus conclusiones sobre este tema también son similares, podemos establecer fácilmente un paralelismo entre ellos. Foucault, especialmente en Vigilar y Castigar (2000), señala que en las instituciones de encierro como la escuela, se implementan mecanismos de ejercicio del poder (clasificación, examen, nota, disciplina) legitimados por un cuerpo de saber a fin de crear subjetividades económicamente útiles y políticamente dóciles. Freire por su parte, quizás con un arsenal teórico menos sofisticado, sostiene que el sistema educativo implementa y legitima un tipo de educación que llama “bancaria” donde hay alguien que posee el conocimiento y está legitimado a trasmitirlo a un receptor pasivo que no tiene conocimiento alguno, esto se sustenta en una relación de poder que tiene como finalidad formar oprimidos, es decir subjetividades económicamente útiles y políticamente dóciles.
Foucault es un pensador político que percibe la relación entre poder y saber y cómo esa dupla se articula en nuestra sociedad y en ámbito educativo. Pero además muestra como el ejercicio del poder por su íntima relación con el saber, necesita para articularse siempre algún dispositivo pedagógico, nuevamente: calificación, examen, disciplina. Freire es un pensador y un militante de la educación que también percibe la íntima relación entre la trasmisión del conocimiento y el poder. De acuerdo a como se articule el poder en la legitimación y la trasmisión del saber (y viceversa) se formarán subjetividades oprimidas o no.
Sin embargo, luego de este diagnóstico similar, las respuestas y estrategias de acción propuestas son distintas, posiblemente por los distintos orígenes, intereses y perfiles. El francés es un tanto escéptico en torno a las posibilidades del sistema educativo, pues si bien no tiene una visión necesariamente negativa del poder y su ejercicio, propone una respuesta ligada a una ética individual a la que llama cuidado y la producción del sí mismo. El escepticismo y la posición crítica es típica de un intelectual de su talante que está interesado en influir en la realidad, pero desde su rol de intelectual crítico y no directamente en la acción directa en el campo o educativo. Foucault se interesó por cómo los seres se entienden a sí mismos en cada cultura y, buscando comprender cómo la civilización occidental consideraba y significaba “[...] lo que era radicalmente 'otro' en los seres humanos, recurrió a los sistemas que influyen en la autocomprensión del pensamiento occidental. generado a través de la reflexión sobre los aspectos del ser humano que les resultaban más accesibles” (Dreyfus & Rabinow, 2010, p. 22).
El brasilero por su parte tiene una visión diferente, su método de alfabetización y postalfabetización de adultos es una respuesta práctica al diagnóstico. Propone, elabora y reelabora sin cesar prácticas, estrategias, métodos para una educación que no oprima y que libere a los que participan en ella. El optimismo y las esperanza, más que el escepticismo, son las características personales e intelectuales de Freire, seguramente por su carácter de cristiano radical militante y, por qué no, por su idiosincrasia típicamente brasilera y nordestina.
Paulo Freire o Michel Foucault
Al cambiar la conectiva “o” por “y” planteamos un dilema: si tenemos que elegir entre el análisis y las repuestas del francés y el brasilero ¿con cuál nos quedamos? Es una elección difícil y, en realidad el dilema puede ser un falso dilema, pero vale la pena analizarlo.
En tanto análisis de cómo funciona el poder en las sociedades modernas y particularmente en la educación y en la escuela, el pensador francés es más agudo y sistemático que el brasilero, cuenta con una serie de conceptos e ideas muy sofisticadas, un marco teórico y una inteligencia y creatividad asombrosas para articularlas en su análisis excepcional de las sociedades en que vivimos. Pero no solo es más agudo y sofisticado que Freire, Foucault se a convertido es un clásico del pensamiento político contemporáneo y es uno de los filósofos más trascendentes del último siglo.
Ahora bien, si lo pensamos desde el punto de vista de cómo se articulan las ideas con la acción, como los análisis y las críticas se convierten en una práctica trasformadora, creo que Freire cuenta con una ventaja. Constantemente articula y reelabora sus ideas de acuerdo a las necesidades prácticas político-pedagógicas en las que actúa. Y a veces lo hace con mucho éxito, su método de alfabetización y postalfabetización de adultos ya es un clásico por los resultados asombrosos que obtuvo en un corto tiempo. Otra ventaja del pensamiento de Freire frente al de Foucault es el carácter optimista y esperanzador. El resultado de leer al francés suele ser cierto escepticismo e incluso angustia e inmovilidad frente a la descripción aguda pero atemorizante que hace de la realidad social en que vivimos. En cambio, Freire sabe, por su interés en la acción, que aún después de la crítica más demoledora, debemos tener un horizonte optimista que nos permita actuar y romper la inmovilidad a la que nos lleva la teoría crítica. El brasilero nunca pierde de vista este horizonte y siempre dibuja en él una esperanza. Entonces tal vez no sea Freire o Foucault sino, justamente, Foucault y Freire. Uno en el momento de la reflexión y la crítica, otro en el momento de la acción, la construcción y la esperanza.
Y esto último es sumamente importante para los que nos dedicamos tanto a la actividad intelectual como a la enseñanza. Aunque como intelectuales realicemos críticas, analicemos y lleguemos a aparentes callejones sin salida, llegará un momento en el que tendremos que actuar: tendremos que ir al aula, tendremos que pararnos frente o en medio de nuestros alumnos. Entonces necesitaremos tarde o temprano, una estrategia de acción. No podemos dejar que nuestro escepticismo teórico nos lleve a dictar una clase que solo repita, explique y reproduzca el discurso de Foucault o a Freire. Una clase sin preguntas, sin diálogo, sin deseos, sin diversión, sin alegría. Con una clase teórica y repetitiva (bancaria) recrearemos el dilema que hace imposible la educación para la libertad: estaremos presentando a autores que critican las formas, los modos y las estructuras de la transmisión del poder y el saber, reproduciendo el propio esquema que ellos critican: has lo que yo digo y no lo que yo hago. Sabemos que eso no funciona y que solo reproduce ad eternum lo que pretendemos transformar.
Es cierto que la inercia del sistema educativo no suele ayudarnos a salir del esquema bancario, sin embargo, como pedagogos y como educadores dentro del aula, sabemos que el sistema nos deja un importante margen para hacer una educación más liberadora, creativa y estimulante, una educación que no obture los deseos, sino que estimule el deseo a aprender y a enseñar. Una salida para el dilema anterior puede ser otro dilema, en este caso positivo o virtuoso, con el que creemos que Freire estaría de acuerdo: “la única manera de copiar a Freire es no copiarlo”. Si no lo copio soy creativo y si lo copio (no copiándolo) también lo soy. Es decir: no hay que repetirlo meramente, solo reproducir lo que dijo, porque en realidad lo que hizo el brasilero fue innovar a partir de las posibilidades que le daba el contexto. Esta paradoja nos ofrece una salida: ser creativos una y otra vez, animarnos a innovar siempre a fin de abandonar el sistema de reproducción bancario, eso es educar para la libertad.
Por su parte, si bien Foucault no indica un camino único y seguro, ayuda a cuestionar los caminos naturalizados, tensar lo que parece natural. Nos instiga a mirar por otras ventanas y a actuar de modo diferente a lo establecido por supuestas verdades intocables. Nuevamente en el campo educativo no es Freire o Foucault sino Foucault y Freire.
CONCLUSIONES
Logramos el objetivo planteado hacer una aproximación/comparación entre dos autores aparentemente lejanos, contemporáneos pero nacidos en países muy diferentes y en regiones distintas, con desafíos distintos, con prácticas e historias muy diversas, pero que tienen un fuerte punto de contacto: es interés por la relación entre poder y saber, entre enseñanza, conocimiento y política (o micropolítica).
Las críticas al sistema educativo que realizan los análisis de Freire y Foucault coinciden en muchos puntos, más sofisticado, sistemático y agudo uno, más volcado hacia la acción y hacia las consecuencias prácticas del desarrollo teórico otro. Ambos ven que tras la aparente neutralidad de la transmisión de conocimientos hay poder y política y que no puede dejar de haberla.
En las relaciones humanas se juega poder siempre, el saber se legitima con posiciones de poder y viceversa, no existe la educación apolítica o neutral. Siempre se educa para un tipo de sociedad y se forma un tipo de subjetividad: la educación es una actividad política intrínsecamente no hay saber sin poder ni poder sin saber. Quienes afirman la neutralidad de la educación ocultan bajo la palabra “neutral” su propia ideología, su propio modelo de sociedad que quieren imponer sin que sea pensado o discutido democráticamente. Creo que esa es una de las conclusiones más interesantes de este estudio.
La otra es que en la educación además del contenido del curriculum, hay otro aspecto igual o más importante: la relación que se establece entre los actores de la acción pedagógica. En esa relación se juega el poder y se forman las subjetividades, nuestra propia práctica cotidiana como educadores es el aspecto más difícil de objetivar, discutir y cambiar. Foucault se percata de esta dificultad cuando habla de que los cambios políticos a niveles estructurales muchas veces no cambian la micropolítica, es decir las relaciones en las que se construye la subjetividad. Freire insiste una y otra vez en reinventar la educación para volverla liberadora, porque una relación que puede reinventarse es una relación en que los roles no son inmutables y por tanto poder y conocimiento pueden fluir con cierta horizontalidad entre los actores del proceso educativo.
No tiene mucho valor mejorar el currículum o modernizar metodologías y temas de estudio si cuando entramos al aula solo se escucha nuestra autorizada voz de docente y nunca la del alumno, si repetimos una y otra vez las teorías de Foucault o Freire utilizando un esquema bancario, donde damos el conocimiento a quien no lo tiene. Así caemos en la paradoja que obtura el proceso educativo y que denuncian a su modo tanto el pensador francés como el brasilero: hablamos de libertad oprimiendo. La salida a este dilema es la otra paradoja enunciada que vale la pena volver a señalar: la única forma de copiar a Freire es no copiarlo. O más sintéticamente no hagan apenas lo que Freire dijo, hagan lo que él hizo: ser creativo y dialógico siempre en sus aulas. Asimismo, Foucault nos inspira a realizar nuestros propios análisis, a no copiarlo, porque el autor no pretende hacer generalizaciones. Como afirman Veiga-Neto y Rech, (2014, p. 72), adherir a Foucault no significa mantener las mismas cadencias que él nos dejó. A diferencia de eso, necesitamos crear nuestros propios caminos. “Examinamos sus conceptos y la dirección que dio a sus investigaciones, para seguirlos donde puedan ser útiles e importantes para nuestras propias investigaciones. Ser relevante no implica copiar y reproducir. Basta de imitaciones”.
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los contenidos subyacentes al texto de la investigación están contenidos en el manuscrito.
