Open-access Territorios y cuidados. Una aproximación desde el mapeo colectivo de las prácticas del cuidado

Territories and care. An approach from the collective mapping of care practices

Territórios e cuidado: uma abordagem a partir do mapeamento coletivo das práticas de cuidado

Resumen

Este artículo describe cómo una herramienta metodológica que hemos elaborado colectivamente3 permite pensar de manera profunda cómo se construyen territorios a partir de las prácticas de los cuidados. Estas prácticas se vinculan con un conjunto de movimientos asociados al cuidado y mantenimiento de la vida, así como con la atención de niñeces, personas mayores y personas dependientes. En diferentes espacios podemos encontrar que a estas tareas se les suman los cuidados de la tierra y de los seres vivos no humanos que la cohabitan. Analizamos los resultados del mapeo de cuidados aplicado a mujeres defensoras de territorios urbanos y rurales integrantes de la Red Mesoamericana por la Defensa del Territorio.4 Estos resultados buscan evidenciar la desigualdad en la distribución de los cuidados; no obstante revelan estrategias eco-territoriales comunitarias que permiten repensar el significado de territorialidades cuidadoras.

Palabras clave:
Metodología; territorio; cuidados

Abstract

This article describes how a methodological tool we collectively developed allows us to reflect deeply on how territories are constructed through care practices. These practices are linked to a set of movements associated with the care and maintenance of life, as well as the care of children, the elderly, and dependent individuals. In different contexts, we have found that these tasks are complemented by care for the land and the non-human living beings that cohabit it. We analyze the results of care mapping applied to women defenders of urban and rural territories, members of the Mesoamerican Network for the Defense of Territory. These results highlight the inequality in the distribution of care; however, they also reveal community-based ecoterritorial strategies that allow us to rethink the meaning of territorialities based on care.

Keywords:
methodology; territory; care.

Resumo

Este artigo descreve como uma ferramenta metodológica que desenvolvemos coletivamente nos permite refletir profundamente sobre como os territórios são construídos por meio de práticas de cuidado. Essas práticas estão ligadas a um conjunto de movimentos associados ao cuidado e à manutenção da vida, bem como ao cuidado de crianças, idosos e pessoas dependentes. Em diferentes contextos, constatamos que essas tarefas são complementadas pelo cuidado com a terra e com os seres vivos não humanos que a coabitam. Analisamos os resultados do mapeamento do cuidado aplicado a mulheres defensoras de territórios urbanos e rurais, integrantes da Rede Mesoamericana de Defesa do Território. Esses resultados evidenciam a desigualdade na distribuição do cuidado; contudo, também revelam estratégias ecoterritoriais comunitárias que nos permitem repensar o significado das territorialidades baseadas no cuidado.

Palavras-chave:
metodologia; território; cuidado.

Introducción

Los métodos de investigación para abordar el territorio han ido cambiando significativamente en las últimas décadas. En efecto, el predominio de los métodos espaciales tradicionales que tenían un fuerte énfasis en rasgos estructurales de la sociedad y el territorio sustentados en supuestos epistemológicos positivistas y estructuralistas, ha sido profundamente cuestionado a la luz de conceptos de la geografía feminista (Ibarra y Soto, 2023). Dichas perspectivas han planteado trascender la noción de territorio como un contenedor relativamente estable y apropiable vinculado a escalas “macro” como el Estado, la región o la frontera, donde el sujeto universal aparece implícitamente masculino, blanco y desencarnado. Una de las principales líneas de replanteamiento vendrá de las propuestas teóricas feministas del sur que definen la idea del “cuerpo-territorio”, concepto que emerge como una propuesta decolonial y feminista latinoamericana, enunciada y trabajada principalmente por mujeres indígenas y organizaciones en defensa territorial.

Las transformaciones a nivel teórico también se producen en lo metodológico, son una expresión de debates generales que se han articulado en torno al devenir de las geografías feministas y particularmente en torno a las diversas concepciones del territorio. Es así como la noción misma de mapa se amplía para contribuir a extender la comprensión de los fenómenos espaciales al incluir las experiencias de grupos importantes de la sociedad que han sido excluidas u oprimidas (Lan, 2020; Rodó, e ec o, las pr cticas del mapeo corporal, cuerpo-territorio, mapas del miedo, etc , an tenido “un gran efecto para el desarrollo de una nueva relación entre la investigación geogr ca feminista cr ticalas pr cticas cartogr cas” (FontCasaseca, 2020).

Desde esta línea, en este artículo asumimos una perspectiva situada tanto en la producción como en el uso de los mapas. Entendemos la idea de lo situado como una estrategia de investigación que asume que el conocimiento científico no es neutral ni total, sino necesariamente parcial (Haraway, 1991). Además, como bien sugiere Ruales “…todo saber es producido desde cuerpos, lugaresrelaciones espec ficas, que el espacio nos dice cosas si prestamos atención con el cuerpo y en aprendizaje con otros cuerpos, umanosno umanos” (5, 8En esa medida, mapear no se concibe como un ejercicio técnico de “representación objetiva” del territorio, sino como una práctica que genera preguntas pertinentes sobre el conocimiento tales como: ¿quién mira?, ¿desde dónde mira?, ¿qué decide registrar? y ¿qué queda fuera? Esta mirada nos ha permitido problematizar continuamente las formas en que se produce el conocimiento, los criterios de selección, las categorías empleadas, los silencios y jerarquías implicados, y, al mismo tiempo, reconocer el mapa como un artefacto interpretativo y político, construido en diálogo con las experiencias y prioridades de las participantes del taller.

El camino analítico que hemos seguido distingue cuatro momentos. En primer lugar, abordamos conceptual y teóricamente las miradas feministas del territorio, que permiten dar un contexto conceptual al problema de investigación que vincula el territorio y los cuidados. Un segundo momento analítico despliega las decisiones metodológicas que realizamos para construir el mapeo de cuidados. El tercer momento identifica los hallazgos a partir de tres formas en que el territorio y el cuidado se encuentran en las experiencias espaciales: 1) cuidar en el territorio, donde “cuidar” se despliega como una práctica territorializada que se muestra en trayectorias concretas, atravesadas por las infraestructuras, el clima, los tiempos sociales y los riesgos; 2) cuidar el territorio en el cual este aparece como una práctica organizada que combina saberes comunitarios para cuidar el entorno. Y, finalmente, 3) cuidar con el territorio, una perspectiva sugerente que exhibe al territorio como agente que contribuye a las prácticas del cuidado. Por último, concluimos algunas ideas de cierre al presente artículo.

Aproximaciones conceptuales

El camino interpretativo de la geografía feminista construye un mapa de problemas que están presentes en los nuevos horizontes conceptuales del territorio y los cuidados, que en última instancia contribuyen a situar algunas cuestiones claves tanto en la reflexión teórica, como desde la práctica de la investigación.

Con el n de proponer formas de crear territorios que tengan en cuenta las relaciones socialesambientales, as como uni car una pol ticauna ética de los cuidados, en este artículo adoptamos distintas dimensiones del "cuidado" y el "territorio", dotando a estas nociones de una variedad de características. Lo que une a estas diversas concepciones no es tanto un esfuerzo por fijar el cuidado y el territorio o descubrir su esencia, sino el esfuerzo por entenderlos como entidades móviles, relacionales y situados, a partir de una estrategia metodológica denominada cartografías móviles.

Desde esta perspectiva, transformar el territorio implica convertirlo en una cuestión de cuidado, una manera de relacionarse con él e inevitablemente reconocerse afectado por él, y de modificar su potencial para afectar otros. De esta forma, los territorios son ante todo espacios habitados y apropiados, que permiten el desarrollo de una forma particular de vínculo social, político, emocional y espiritual.

Partiendo de una perspectiva feminista, consideramos que buena parte de las teorizaciones sobre el cuidado presentan tres ausencias estrechamente vinculadas entre sí. En primer lugar, suele faltar una dimensión territorial de los cuidados: pocas veces se reconoce que las prácticas de cuidar actúan de manera contundente en la producción de espacios sociales concretos. No se trata solo de actividades que sostienen la vida, sino de acciones que, al realizarse en determinados contextos, configuran atmósferas específicas, entramados de relaciones, jerarquías y afectos; es decir, los cuidados generan y transforman territorios, en los que se entrelazan de forma inseparable lo físico y lo emocional. En segundo lugar, persiste una comprensión restringida de los cuidados como algo que ocurre principalmente en espacialidades doméstico-privadas, no obstante; debemos reconocer que se despliegan también en espacios públicos, comunitarios, institucionales, así como en espacios móviles y en movimiento. En tercer lugar, una dimensión urbana del cuidado de gran relevancia es la que se puede observar en el patrón de localización y distribución de los equipamientos de cuidados en el territorio (casas, barrios, equipamientos), lo cual puede ser un indicador importante de cómo las ciudades incorporan estructuras y espacios físicos que permiten el ejercicio de los cuidados a nivel comunitario (Valdivia, 2018).

Bajo los planteamientos feministas no solo consiste en sumar mujeres al territorio, sino en reconfigurar la pregunta por el territorio desde la escala íntima corporal como -primer territorio de luchay como inscripción material de múltiples escalas de opresión y resistencia, tales como la familia, la comunidad, barrio y territorio indígena, etc. De tal forma, Cruz Hernández (2016, 2020) enfatiza que la expansión extractiva no solo disputa tierras: “masculiniza”“patriarcaliza” territorios, reordenando violencias y vulneraciones que se encarnan diferencialmente en cuerpos femeninos y disidentes. Cuerpo-territorio se define como una relación ontológica inseparable, codependiente y ecodependiente: lo que se experimenta en el cuerpo se experimenta simultáneamente en el territorio, y viceversa, desplazando el dualismo moderno cuerpo-naturaleza y sujeto-espacio que sostiene buena parte del pensamiento territorial occidental.

Habitar el territorio, por lo tanto, se realiza a través de un conjunto de prácticas cotidianas y representaciones sociales asociadas; consisten en situarse en el espacio y apropiarse de él, tanto social y políticamente, como simbólica y emocionalmente. Después de: es "estar en el mundo" en todas sus escalas, desde el cuerpo hasta el planeta. El territorio se relaciona también con otros espacios, como el transporte o los espacios públicos, que habitamos quizá de forma más transitoria que nuestra casa, pero que habitamos igualmente a través de la recursividad de las prácticas. Esto implica una importancia ecológica de la interdependencia entre especies, entes humanos y no humanos (Tsing, 2017).

De acuerdo con Haesbaert (2013), existen diversos tipos de territorios relacionados entre sí. En este trabajo, pensamos que la noción de territorio-red puede resultar útil para nuestro análisis, desde la perspectiva de que, más que el control político sobre un área específica, lo que interesa son la articulación y los flujos de bienes, recursos y personas, a través de una serie de espacios y más allá de diversas fronteras. Este tipo de territorio-red ni se contrapone a los territorio-zona, ni es excluyente de ellos.

Métodos y técnicas

Esta investigación feminista parte de una profunda re exión teóricaanal tica sobre las implicaciones de adoptar un nuevo enfoque cient co sensible a las relaciones Esto supone repensar el territorio como encarnado en la producción del conocimiento. Asimismo, reconocemos la importancia de introducir la diversidad, la diferencia y la interseccionalidad y el papel de la mujer en la organización del espacio (Sabaté, 1995). Todo lo cual nos ha planteado desafíos en las mediaciones metodológicas y epistemológicas para afrontarlos.

Indudablemente, esto ha implicado un desafío en las mediaciones metodológicas para articular la relación entre territorio-cuidados y mujeres. Por ello, a continuación, trazamos algunos itinerarios recorridos en torno a la metodología de mapeo que seguimos y que buscó dialogar sobre las relaciones que se articulan en torno al territorio, los cuidados y las experiencias de género.

Se diseñó un taller denominado Cuidar y Cuidarnos, en el contexto del Cuarto Encuentro de la Red Mesoamericana para la Defensa del Territorio y los Bienes Comunes realizado los días 21 y 22 de marzo de 2024. La metodología de mapeo de cuidados fue desarrollada a través de un taller participativo y situado, orientado a reconocer y representar prácticas de cuidado que suelen permanecer dispersas, naturalizadas o subregistradas en los diagnósticos territoriales. En lugar de operar con una definición cerrada de “cuidado”, el diseño metodológico partió de experiencias concretas de las participantes y avanzó hacia su espacialización. El objetivo fue producir un registro que integrara dimensiones narrativas, espaciales y sensoriales, con énfasis en la movilidad asociada al cuidado, tales como rutas, tiempos, obstáculos y apoyos, así como en las condiciones materiales que la facilitan o dificultan.

El taller se estructuró en una secuencia de actividades encadenadas. En un primer momento, se establecieron acuerdos de trabajo y condiciones de seguridad y confianza para la participación; específicamente: presentaciones, compromisos de convivencia y cuidado del espacio. Este encuadre inicial fue relevante para sostener la enunciación de experiencias sensibles y para mantener coherencia entre el tema de investigación y la forma de producir información.

A continuación, se desarrolló un ejercicio de memoria situada, sobre el cuidado recibido. Se solicitó a las participantes seleccionar una escena específica y describirla en términos de acciones, actores involucrados y sensaciones corporales asociadas. Las descripciones se registraron en notas breves para construir unos corpus de micro-narrativas comparables. Dicho material se utilizó como insumo para identificar patrones y divergencias en las experiencias de cuidado, sin reducirlas a categorías predefinidas, y para conectar dimensiones íntimas del cuidado con marcos sociales y territoriales más amplios.

Posteriormente, el taller incorporó un componente de territorialización mediante la identificación y desagregación de una práctica de cuidado brindado. Las participantes reconstruyeron la secuencia de acciones implicadas (decisiones, recursos y medios empleados), los lugares recorridos y los tiempos asociados. De manera complementaria, se aplicó un registro sensorial guiado (vista, tacto, olfato, gusto, oído y movimiento) para capturar cómo la materialidad del entorno - infraestructuras, iluminación, ruidos, objetos, presencia de vegetación y flujos de personasconfigura la experiencia de cuidar y sus costos corporales y afectivos. Este paso permitió entender el cuidado como práctica relacional situada en ensamblajes materiales y socioespaciales específicos.

Con base en las narrativas y los recorridos reconstruidos, se realizó la fase de representación cartográfica. El mapeo se enfocó en rutas y tramos, más que en puntos fijos, integrando capas de información tales como: segmentos críticos del trayecto, tiempos estimados, obstáculos y facilitadores, apoyos disponibles, así como emociones asociadas a lugares o momentos específicos. La cartografía funcionó como un artefacto de síntesis y discusión colectiva, que permitió poner en relación prácticas cotidianas de cuidado con desigualdades territoriales, evidenciando cómo la accesibilidad, la calidad infraestructural y la disponibilidad de redes inciden en la sostenibilidad del cuidado en la vida diaria (Valdivia, 2018).

Finalmente, el taller concluyó con una breve dinámica corporal de cierre orientada a reducir la sobrecarga emocional y física asociada al trabajo con experiencias sensibles. Este componente se incorporó como una consideración metodológica y ética consistente con el enfoque encarnado del mapeo, reconociendo que la investigación sobre cuidado puede movilizar memorias, tensiones y fatiga, y que el diseño debe contemplar condiciones de sostén para las participantes.

Fotografía 1
Ritual de inicio del cuidado

En conjunto, la metodología permitió producir un registro denso y multimodal -narrativo, sensorial y cartográfico- apto para analizar la espacialidad del cuidado desde su carácter móvil y relacional, y para identificar la territorialidad de los cuidados manifestada en las prácticas espaciales de las redes comunitarias.

Hallazgos

A través de este trabajo, identificamos una mirada ampliada del territorio y de los cuidados, que vuelve visible el carácter espacial del cuidado y permite iluminar con mayor nitidez la relación entre prácticas concretas y los lugares donde se encarnan. Desde esta perspectiva, hay tres registros en los que los cuidados y el territorio se encuentran y que a continuación desarrollamos.

Cuidar en el territorio

El cuidado no es solo necesario, es una práctica que mantiene a las personas en relaciones de interdependencia a lo largo de la vida (Navarro y Gutiérrez, 2018). El cuidado es una práctica central para la existencia humana y vital para el mantenimiento de la vida. Como argumenta Puig de la Bellacasa (2017, p. 156) , para que los umanosmuc os otros seres estén vivos, alguien debe estar cuidando, en alg n lugaresde esta mirada, “cuidar” se despliega como una pr ctica inevitablemente territorializada, ocurre en trayectorias concretas, atravesadas por la infraestructura, el clima, los tiempos sociales y los riesgos.

Para ir a la escuela a dejar a los hijos, el sol es un obstáculo a veces, aunque se escuche de mal agradecidos, porque, el sol hace crecer la vida, pero cuando es muy fuerte, dificulta el trayecto. de llevar a los hijos a la escuela. También agradecemos su existencia del sol, y otro facilitador que vimos es el viento, pues ir caminando a dejar a los hijos, ayuda a que no se sienta tanto el sol (Participante 1, marzo 2024).

Un obstáculo es el cansancio, de tanto hacer y tanta tarea en casa, no nos permite cumplir con todo lo demás. Representamos los pies como facilitador porque es un aliado para caminar; lo clasificamos como parte de los facilitadores físicos (Participante 2, marzo 2024).

Fotografía 2
Mapeo del cuidado. Cuarto Encuentro de la Red Mesoamericana por la Defensa del Territorio y los Bienes Comunes. 2024.

Cuando las participantes reconstruyen sus rutas cotidianas, el cuidado aparece ligado a la movilidada su fricción: “la preocupación por el tiempo” se vuelve un obstáculo recurrente, del mismo modo que la falta de transporte, la terracería o la inseguridad en el trayecto. Una participante describe, por ejemplo, cómo su jornada de cuidado y trabajo comienza antes del amanecer, atraviesa una ruta con población migrante expuesta a robos, accidentes y violencia, y se sostiene gracias a una combinación de medios materiales (moto, celular) y arreglos familiares para mantener a los hijos e hijas a salvo.

Mi ruta de un día de vida. Tengo tres niñostengo tres cuidados diferentes. A las 5:30 a.m. me levanto a hacer las comidas que vendo y a preparar lo que les daré a mis hijos. Vivo en una ruta en donde hay muchas personas migrantes y con ellas vienen siempre siguiéndoles la gente mala que les quiere robar. Ellos salen a caminar (los migrantes), desde muy temprano para que el sol no les dé tanto, yo entrego mis comidas a las 7 a.m. a trabajadores de la construcción. Hay mucho movimiento por mi ruta, ese es un obstáculo porque suele haber muchos accidentes, a veces he visto cómo roban a los migrantes, incluso a mujeres. Una vez me quise meter y casi me echan un tiro, eso es un obstáculo físico, pero también subjetivo, voy con miedo, y con dolor en mi corazón de no poder hacer nada. A mi hijo más grande lo dejo a cargo, y mientras voy repartiendo, le hago una videollamada, porque él cuida a los más pequeños, mientras yo voy a dejar mis comidas, me ayuda mucho el celular (Participante 3, marzo 2024).

Fotografía 3
Mapeo del cuidado

Cuidar en el territorio nos permite analizar cómo las mujeres principalmente, cuidan a contracorriente de tradiciones, prácticas culturales y sociales que responden a un sistema colonial y patriarcal. Las rutas de cuidado que van trazando las mujeres se ven obstaculizadas por la precarización de la vida en los territorios mismos. No obstante, dejar de cuidar no es una opción.

Los relatos nos recuerdan que los territorios no son recursos, sino espacios de vida; que los cuerpos no son objetos, sino fuentes de saber y resistencia; y que los cuidados no son un asunto privado, sino el núcleo mismo de la política.

Desde esta perspectiva, los cuidados atraviesan el cuerpo, el hogar, la comunidad y el planeta; son la base invisible de toda economía y de toda posibilidad de futuro. Entonces, comprendemos que los cuidados no son actividades que sostienen la vida, sino acciones que, al realizarse en determinados contextos, configuran atmósferas específicas, entramados de relaciones, jerarquías y afectos; es decir, los cuidados generan y transforman territorios, en los que se entrelazan de forma inseparable lo físico y lo emocional.

Es como un papalote, alguien llega, y un yoyovoy para abajoporque el hilo no me suelta; eso es el cuidado. No me deshago por dar, pero sí hago y apoyosoy un árbol que da sombra (Participante 4, marzo 2024).

Cuando viajaba a la escuelami mamá me acompañaba, en ese camino, se siente un calor de mamá -un regocijocomo estar dentro de su panza y se siente seguridad estar con ella. Una mamá cuidadoray de preocupación por la violencia que vivimos (Participante 1, marzo 2024).

En este sentido, el territorio no es un “escenario” donde el cuidado simplemente sucede: es una condición activa que habilita o restringe la posibilidad misma de cuidar. Los relatos dejan ver cómo la accesibilidad (pavimento/terracería), la seguridad y la disponibilidad de recursos definen el costo físico y afectivo del cuidado en movimiento. La ruta se convierte también en un espacio donde se gestionan dilemas cotidianos: intervenir o no ante una agresión, exponerse o resguardarse, apurar el paso o asegurar acompañamientos, sostener la vida propia y la de otrxs sin “romperse” en el intento

Finalmente, “cuidar en el territorio” se puede comprender como una capacidad de agencia política que las mujeres han ejercido históricamente para posibilitar la existencia y reproducción de sus pueblos. Es importante apuntalar que esta agencia se sostiene en redes que exceden el hogar y tensionan la idea de que el cuidado es solo familiar o individual. Aparece con fuerza la dimensión comunitaria: compañeras que riegan flores, alimentan animales“recomiendan la casa” de otra que viaja; gestos aparentemente pequeños que, en conjunto, producen una comunidad de cuidados y redistribuyen cargas para que la vida sea más sostenible y deseable.

Cuidar el territorio

Junto con el cuidado cotidiano de personas, la transcripción muestra un segundo registro: el cuidado entendido como defensa y reparación del territorio. Esto es visible cuando las participantes nombran obstáculos que ya no son únicamente domésticos o urbanos, sino socioambientales: químicos que afectan las tierras, circuitos de riego que no llegan, ausencia de transporte para acceder a parcelas, e inseguridades que dificultan el trabajo. En ese plano, cuidar el territorio aparece como una práctica organizada que combina saberes técnicos y comunitarios ancestrales: elaborar bocashi,5 “sanar el aguala tierra”, preservar semillasarticular trabajo colectivo y comunicación como condiciones para sostener la vida en los espacios de producción y reproducción.

Lo relevante aqu es que “cuidar el territorio” no se reduce a un gesto ambientalista abstracto, sino que se formula como una respuesta situada frente a procesos de degradación y amenaza. El cuidado se vuelve una estrategia de continuidad de la vida: consiste en cuidar la tierra para poder seguir habitándola, alimentarse y sostener vínculos comunitarios, así como en, disputar prácticas que enferman el territorio, porque enferman también a quienes lo trabajan y lo habitan. Desde esta perspectiva, el cuidado territorial es inseparable de la reproducción de la vida y de la defensa de los bienes comunes como soporte material de esa vida, el territorio-cuerpo, el territorio-casa y el territorio-bosque son ejemplos de cómo el cuidado pasa por cuidar esta extensión territorial, (foto 4).

Como sabían que me venía, me decían mis compañeras, buen viaje y bendiciones, les dije: “les recomiendo un poquito mi casa”ayer me hablaron y me dijeronnos sentamos las cuatro afuera de tu casame regaron las flores y le dieron de comer a los animales Son mis compañeras del grupo que se llama “Semillas de Esperanza” quienes cuidan mi casa. Estamos creando una comunidad de cuidados entre nosotras (Participante 6, marzo 2024).

Para nosotras todo lo que nos cuidan son los árboles, el agua y los animales. Estar en medio del bosque y de la naturaleza, para que nos cuide. Nosotras no tendríamos salud sin el medio que nos rodea (Participante 4, marzo 2024).

El sol no es enemigo, en realidad es nuestra negligencia, por no cuidarnos, el sol deja de ser saludable por lo que le hemos hecho, el daño que hacemos (Participante 4, marzo 2024).

Fotografía 4
Mapeo del cuidado

Los relatos que emergieron del taller nos muestran que cuidar el territorio implica pensar que, para cuidarlo, es necesario reconstruir el vínculo con él; es decir, resignificar que para habitar la Tierra necesitamos pensar en la reciprocidad con ella, porque somos seres ecodependientes e interdependientes. Las mujeres defensoras del territorio saben que este vínculo se ha ido perdiendo por las dinámicas extractivistas que asolan los territorios, sin embargo, se cree que reconstruir subjetividades políticas que desafíen la lógica biocida del sistema dominante, podría regenerar vínculos con el territorio, recuperar la solidaridad y responsabilidad con él y por supuesto resignificar la interconexión (foto 5). Aquí la relación entre conocimientos, vivencias, sentimientos, emociones y espiritualidad es fundamental para construir procesos de subjetivación que estimulen con urgencia una imaginación fecunda que permita alumbrar horizontes viables, politizar la defensa de la vida en la Tierra y reconducir las resistencias comunitarias hacia otras en las que quepan todas las vidas que existen en los territorios y se vaya construyendo en palabras de Tsing (citado en Hadjadi,“un arte nuevo de vivir” 6

Fotografía 5
Mapeo del cuidado

Además, el taller evidencia que este cuidado territorial se piensa desde la experiencia femeninacomunitaria, no como una tarea adicional “romantizada”, sino como un trabajo con tensiones, límites y riesgos.

En el dar se va la viday es un aprendizaje que recibimos, y a veces me ha pasado, que recibo y tengo que devolvérselo, entonces, mejor así. La idea de lo recíproco del cuidadonos cuesta mucho recibiry nos falta expresarlo, lo hago porque te quiero, me preocupes, o lo hago para ti. El cuidado es llevar la pastilla, pero el mensaje es importante explicitarlo. (Participante 8, marzo 2024).

Tal y como se menciona en los intercambios que se dieron en el taller, aparecen explícitamente la pregunta por el costo personal y colectivo del cuidado: ¿hasta dónde sostener? ¿cuándo el cuidado se vuelve servicio? y ¿qué significa no cuidar “a cuesta nuestra”? Ese marco ético es clave para leer el cuidado del territorio como praxis política no como mandato sacrificial (Tronto, 1987). De esta forma, la ética del cuidado, que ponen sobre la mesa las mujeres se construye a partir de sus prácticas y resignificaciones.

Cuidar con el territorio

Una tercera dimensión, especialmente sugerente, es la idea de cuidar con el territorio. M s all de las figuras espaciales anteriores, no solo “cuidar en el territorio” o “cuidar del territorio”, surge una reflexión que descentra el énfasis en lo humano y reconoce al territorio como agente y relación que también cuida. Varias participantes nombran al bosque, la naturaleza, los árboles, el agua, los pájaros y los animales como presencias cuidadoras; estar «en medio del bosque» o refugiarse en él aparece como una forma de recomposición emocional y energética, como práctica de autocuidado que no se entiende fuera de esa relación con lo no humano. Así, las numerosas metáforas vinculadas a la naturaleza en las narrativas muestran este intenso vínculo.

Siento que el cuidado es como cuando cae la primera lluvia del año, la lluvia cuida la tierra, no la deja, por eso, yo creo que eso es el cuidado, algo que no te suelta. Me cuido, cuando contemplo la luna y cuando me doy cuenta de que el viento acaricia mi piel (Participante 3, marzo 2024).

En los relatos se menciona la existencia de una comprensión de las diversas interconexiones de la trama de la vida que no pasa por un tema esencialista, sino más bien espiritual Que como bien sugiere S iva: “la espiritualidad es el conocimiento consciente de que todo está interconectado, por lo que debe ser respetado, no debe ser violadoes sagrado” (4, p. 24)

Las energías de la madre tierra, me cuidan. Cuando estoy triste me refugio en el bosque. Empiezo a reflexionar, a cantar, a bailar, y pienso que la madre tierra me da más energía. Nosotras hacemos una ceremonia y ahí me quito lo malo, me lleno de energías positivas, buscando el nagual que me cuida (Participante 4, marzo 2024).

En este último caso, se pone en juego otra dimensión importante del cuidado y su constitución espacial: cuidado como una práctica relacional, es central para la existencia humana y vital para el mantenimiento de la trama de la vida. Somos un ensamblaje, dice Haraway (2016), de todo lo que habita la Tierra; pensar así la vida en general y la de cada especie en particular, no ocurre nunca en aislamiento, pues como bien sugiere ur n (, p4 “(… los organismos est n inmersos en complejas redes de intercambio y en historias compartidas, en las que no solo se encuentran unos con otros, sino que se forjan a s mismos en esa colaboración”

Entonces, el territorio permite expresar la importancia de la relacionalidad como una relación social compleja que incluye no solo colectivos humanos y no humanos. Esta característica relacional del territorio se inspira en el trabajo de Arturo Escobar (2013) y que no presupone la existencia del mundo material, sino que entiende que la materialidad deviene en la relación. s , la relacionalidad es constitutiva de la existencia del territorio, no es posible entender a los objetos y sus interpelaciones por fuera de su interdependencia y continuidad con quienes les hacemos preguntas. En las ontologías relacionales no existe la separación territorial, por el contrario, como mundos relacionales, todo es relación con y en el territorio (Escobar, 2010). Con ello se alteran los binarios persistentes entre lo vivo y lo inerte, las especies y la pertenencia, lo terrenal y lo espiritual, la resistencia y la ruptura, lo público y lo doméstico, entre otros. Cuidar-con los territorios aquí significa tanto examinar críticamente los marcos, discursos y prácticas que permiten a las mujeres y organizaciones cuidar de manera móvil y relacional como entender el cuidado como una continuidad entre las personas y sus entornos naturales y materiales.

Hace dos años me puse muy mala - de salmonelosisy alguien vino a cobijarnos y yo pude soltar. Isaías se hizo cargo de todo, y yo solté, ese día que alguien me cuidó me sentí libretengo una afición con los colibrís y ese día me sentí como colibrí, de que me cuidarony que alguien más asumía todas las tareas y cargas que siempre hago (Participante 9, marzo 2024).

Esta clave relacional también aparece en lo cotidiano: el viento que acompaña un trayecto, la luna como referencia afectiva, la hamaca como materialidad doméstica que sostiene la escucha y el apapacho intergeneracional. Son escenas donde el cuidado se hace posible porque el territorio -en sus objetos, climas, ritmos y espacios de resguardo- participa como soporte sensible del vínculo.

Finalmente, “cuidar con el territorio” permite leer las pr cticas de sanación (plantas medicinales, conocimientos heredados, redes de sanadoras) como parte de una ecología del cuidado donde cuerpo, territorio y comunidad se ensamblan. Cuidar con el territorio podría entenderse desde el devenir-con, definido como la forma en que los seres se asocian y se hacen capaces de entrelazarse en el mundo semiótico-material que es relacional En palabras de Harawa , ser a “generar con” (2019, p. 63, 99), en este caso, cuidar con el territorio, es generar cuidado con el territorio.

Consideraciones finales

Para cerrar el artículo, es importante hacer mención de dos hallazgos claves. El primero es metodológico: es necesario hacer hincapié en, que la potencia de los argumentos que surgieron del mapeo colectivo de las prácticas del cuidado se debe a que las mujeres asistentes al taller, están organizadas a nivel local en sus propios territorios, dese hace 10 años o más, y a nivel nacional en la Red Mesoamericana por la Defensa del Territorio y los Bienes Comunes desde hace ocho años. La herramienta que se puso en práctica ayudó a intercambiar experiencias en torno a cómo cuidamos en, desde y con los territorios, y se logró que las mujeres se supieran acompañadas, sostenidas y respaldadas cuando encuentran ecos con otras para los cuidados.

El segundo y tercer hallazgos son de índole teórico. El segundo demuestra que la herramienta puesta en práctica impulsó la reflexión sobre cuidar en, del y con el territorio. Un argumento sobresaliente es que se resaltó la dificultad del cuidar con el territorio cuando no existen vínculos de reciprocidad con este. La consideración llevó a comprender que regenerar los vínculos que tenemos con el territorio permite desarrollar modos de involucrarnos con los cuidados más allá de las exigencias de la explotación capitalista que distingue, hoy en día, nuestra relación tanto con el territorio como con los cuidados. Estas cavilaciones rompen con las suposiciones sobre la autonomía humana y cuestionan, por un lado, directamente el control y el impacto humano de y en la naturaleza. Además, abren las puertas para ir resignificando las ontologías campesinas, rurales e indígenas, en donde podemos comprender que los cuidados solo se sostienen cuando creamos refugios7 (Tsing, 2024) para toda la existencia de la Tierra.

El tercer aporte que nos dejan los resultados de los mapas del cuidado es que sugieren que, en el cuidar con el territorio, los saberes que se generan operan como infraestructuras vivas, que se cultivan, se comparten y se activan cuando el cuerpo duele o cuando el entorno se vuelve hostil. En esa lógica, el territorio no es solo aquello que se defiende; es también aquello con lo que se teje la posibilidad de seguir cuidando, sin negar el conflicto ni el desgaste.

  • 3
    Paula Soto y Delmy Cruz crearon esta herramienta en 2024. Fueron estudiantes e investigadoras que trabajaban en las ecologías políticas feministas de diferentes países. La primera puesta en práctica fue en el Seminario “Políticas y poéticas del cuidado en el Antropoceno” impulsado por el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS).
  • 4
    La Red Mesoamericana por la Defensa del Territorio y los Bienes Comunes se creó en 2018. Las organizaciones fundadoras de esta red son: Mujeres Transformando Mundos, Centro de Educación Integral de Base, La colectiva K-luumil X'Ko' olelo'ob (Tierra de Mujeres), la Universidad Comunal de Oaxaca en su sede Ixhuatán. Con los años se fueron sumando más organizaciones de México como el Centro de Desarrollo Rural (Cesder), la Red de Mujeres indígenas, Caribe Joven, y de tres departamentos de Guatemala, el Instituto Maya Mam de Colotenango departamento de Huehuetenango, Organización de Mama Maquín y la colectiva Defensa de la Tierra de San Marcos.
  • 5
    Abono orgánico resultado de un proceso de fermentación.
  • 6
  • 7
    Para Tsing hablar de refugio significa hablar de lugares que abundan, para sostener la renovación del mundo en una rica diversidad cultural y biológica.

Disponibilidad de datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo.

Referências

  • Carrasco, Cristina., Borderías., C., y Torns, T. (2019) “El trabajo de cuidados: ntecedentes istóricosdebates actuales”, en: C. Carrasco, C. Borderías y T. Torns (Eds.), El trabajo de cuidados: Historia, teoría y políticas (pp.12-108). Catarata.
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  • Editor:
    Altemar Amaral Rocha

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    11 Mayo 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    26 Nov 2025
  • Acepto
    03 Mar 2026
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