Open-access Ciudad cuidadora para la vejez: condiciones urbanas de los recursos de cuidados de larga duración

Caring cities for old age: urban conditions for long-term care resources

Cidades cuidadoras para a velhice: condições urbanas dos recursos de cuidados de longa duração

Resumen

Este artículo aborda un análisis de las residencias para personas mayores desde una perspectiva urbana y arquitectónica, a partir del estudio de 4 casos en 3 municipios del Área Metropolitana de Barcelona. Los espacios urbanos se han planificado para satisfacer las necesidades de las actividades productivas (Col·lectiu Punt 6, 2019; Durán, 1998), y han pasado por alto las condiciones materiales para cuidar, obviando que la vulnerabilidad es una condición innata de la vida humana. El envejecimiento de la población es un fenómeno demográfico global (United Nations). Sin embargo, nuestras ciudades no están pensadas para que las personas mayores puedan desarrollar vidas autónomas en ellas. De la misma manera, los recursos específicos, como residencias o centros de día, diseñados para los cuidados de larga duración, tampoco se han diseñado teniendo en cuenta su dimensión urbana. Muchas residencias se sitúan en zonas aisladas, en entornos monofuncionales (servicios o industriales) y con grandes carencias tanto en confort ambiental, como en conectividad. Esta falta de condiciones urbanísticas que acompañen el cuidado de las personas mayores y de su entorno afectivo, provocan una ruptura abrupta en su ciclo vital e incrementan el aislamiento social.

Palabras clave:
residências; envejecimiento; materialidade cuidado

Abstract

This article analyzes residences for the elderly from an urban and architectural perspective, based on a study of four cases in three municipalities in the Barcelona Metropolitan Area. Urban spaces have been planned to meet the needs of productive activities (Col•lectiu Punt 6, 2019; Durán, 1998), overlooking the material conditions necessary for care and ignoring the fact that vulnerability is an inherent condition of human life. Population aging is a global demographic phenomenon (United Nations). However, our cities are not designed to allow older adults to live independently. Similarly, specific resources, such as residences or day centers, designed for longterm care, have not been designed with their urban dimension in mind. Many residences are located in isolated areas, in single-purpose environments (services or industrial), and suffer from significant deficiencies in both environmental comfort and connectivity. This lack of urban planning conditions that support the care of the elderly and their emotional environment causes an abrupt break in their life cycle and increases social isolation.

Keywords:
nursing homes; ageing; materiality care

Resumo

Este artigo analisa residências para idosos sob uma perspectiva urbana e arquitetônica, com base em um estudo de quatro casos em três municípios da Região Metropolitana de Barcelona. Os espaços urbanos têm sido planejados para atender às necessidades de atividades produtivas (Col•lectiu Punt 6, 2019; Durán, 1998), negligenciando as condições materiais necessárias ao cuidado e ignorando o fato de que a vulnerabilidade é uma condição inerente à vida humana. O envelhecimento populacional é um fenômeno demográfico global (Nações Unidas). No entanto, nossas cidades não são projetadas para permitir que os idosos vivam de forma independente. Da mesma forma, recursos específicos, como residências ou centros de convivência, destinados a cuidados de longa duração, não foram concebidos levando em consideração sua dimensão urbana. Muitas residências estão localizadas em áreas isoladas, em ambientes de uso único (serviços ou indústria), e sofrem com deficiências significativas tanto em conforto ambiental quanto em conectividade. Essa falta de condições de planejamento urbano que apoiem o cuidado dos idosos e seu ambiente emocional causa uma ruptura abrupta em seu ciclo de vida e aumenta o isolamento social.

Palavras-chave:
residências; envelhecimento; materialidade cuidado

Introducción

El envejecimiento de la población es un fenómeno demográfico que conlleva profundas transformaciones sociales y económicas. En el caso del Estado español, la población mayor de 65 años supone el al 20,99 % de la población y las personas de más de 80 años representan el 6,28 % (INE; 2025). El aumento de la esperanza de vida, significa también un incremento de las enfermedades crónicas y las limitaciones funcionales (Aguilar, 2019) que implican un aumento considerable de la población con necesidades de cuidados de larga duración.

Esta demanda creciente de población que requiere cuidados de forma continua, se sitúa en un contexto de carencias estructurales del sistema de bienestar. El modelo de bienestar social del Estado español es universalista (pensiones, sanidad y educación) pero los servicios sociales tienen un origen asistencialista y una lógica que concibe el cuidado a dependientes dentro de la familia, como el cuidado ideal (Recio, 2013). La política de atención a la dependencia se inició tardíamente y con grandes dificultades, por lo que todavía presenta grandes carencias (Martínez López et al., 2020). Además, el Estado español, junto a Italia, Grecia y Portugal, forman parte de los regímenes mediterráneos de Bienestar, que se caracterizan por una fuerte participación de las familias en la provisión de cuidados (Moreno & Marí-Klose, 2013). En dichos regímenes, las mujeres continúan asumiendo mayor carga en los trabajos de cuidados, si bien se observa la tendencia de una menor disponibilidad de éstas para el trabajo reproductivo por su incorporación masiva al mercado laboral (Benería, 2008).

El envejecimiento es heterogéneo e incluye factores genéticos, de estilo de vida y socioeconómicos (Kumar et al., 2025). La gran diversidad de estados de salud y funcionales que experimentan las personas mayores supone uno de los principales retos para atender las necesidades de la vejez. La OMS distingue tres periodos comunes que se dan en las trayectorias generales del envejecimiento, que no están definidos por la edad cronológica, ni son uniformes: un período de capacidad funcional relativamente alta y estable, una etapa de disminución de la capacidad y una fase de pérdida significativa de la capacidad funcional (World Health Organization, 2015).

En este contexto de incremento de la población con necesidades de cuidados de larga duración y de menor disponibilidad de los hogares para asumir el cuidado de la dependencia, se vuelve indispensable el fortalecimiento y la provisión de recursos destinados a los cuidados de larga duración. Aunque envejecer en el propio hogar sigue siendo la opción predominante, (Fernández-Carro & Evandrou, 2014) el deterioro físico y cognitivo asociado al envejecimiento (World Health Organization, 2015) crea situaciones de dependencia que requieren cuidados prolongados, muy complejos e intensivos (Comas d’Argemir, 2024) , difíciles de mantener en el entorno doméstico (C. Rodríguez, 2013). A menudo, este aumento de la dependencia hace necesario el traslado a una residencia u otro centro especializado adaptado a este tipo de cuidados (Castle, 2001) .

Este artículo expone una parte de los resultados del proyecto “Espacios, tiempos y cuidados: el impacto de la dimensión urbana en los cuidados de larga duración” en el que se ha analizado de qué manera las características urbanísticas y arquitectónicas de de las residencias condicionan las prácticas cotidianas de cuidados.

El objetivo general de este artículo es explicar cuáles son los principales resultados que se han obtenido tras analizar el impacto de las condiciones espaciales y temporales de los recursos residenciales de cuidados de larga duración en la atención de las personas residentes en estos centros, así como en su entorno familiar o afectivo. De manera específica, se han identificado qué características espaciales de las residencias resultan clave para garantizar un modelo de cuidado desinstitucionalizado, que favorezca la autonomía, la permanencia en el entorno habitual y la participación de las redes familiares y comunitarias.

El estudio se ha llevado a cabo entre 2024 y 2025 en cuatro residencias en el Área Metropolitana de Barcelona.

Los recursos residenciales para personas mayores

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cuidados de larga duración comprenden el conjunto de actividades realizadas por cuidadores informales -familiares, amistades o personas del entorno cercano- y/o por profesionales -sanitarios, sociales u otros- con el objetivo de que las personas que no pueden atender plenamente sus propias necesidades mantengan la mejor calidad de vida posible, de acuerdo con sus preferencias individuales, y con el mayor grado posible de independencia, autonomía, participación, realización personal y dignidad humana (World Health Organization, 2015).

Los cuidados de larga duración representan un desafío clave para las sociedades del bienestar, en tanto que pueden dejar de ser una necesidad asociada a una minoría longeva para convertirse en un riesgo social generalizado y en una fuente de nuevas desigualdades para amplios sectores de la población (MorenoColom, 2021).

En este contexto, las infraestructuras de cuidados adquieren un papel central y pueden definirse como respuestas materiales destinadas a garantizar, sostener y mejorar las condiciones de cuidado. Estas infraestructuras comprenden el conjunto de dispositivos orientados a asegurar el bienestar y el ejercicio efectivo de los derechos de quienes reciben cuidados -infancias, personas mayores o personas con discapacidad- y de quienes los brindan, mayoritariamente mujeres, a menudo en condiciones de precariedad o sin reconocimiento laboral (Falú, 2023).

Los centros residenciales son servicios de acogida residencial dirigidos a personas de sesenta y cinco años y más en situación de dependencia (Generalitat de Catalunya, 2011). A pesar de que en los últimos años se ha incrementado significativamente el número de centros residenciales tanto en el ámbito estatal, como en el catalán, continua siendo predominante el modelo residencial tradicional, que se caracteriza por un elevado porcentaje de habitaciones dobles y una organización altamente protocolizada, con escaso margen para la flexibilidad y el desarrollo de proyectos de atención personalizada (Sancho & Martínez, 2021).

A esta homogeneización del modelo residencial se suma un proceso de creciente mercantilización del sector (Palomera & León, 2025). El traspaso de los centros de atención del ámbito público a grandes multinacionales, respaldado por políticas gubernamentales, ha generado efectos negativos en la calidad del cuidado y las condiciones laborales. La capacidad del personal para ofrecer servicios adecuados se ha visto afectada por la precariedad laboral, la escasez de recursos humanos, los bajos salarios, la presión temporal, la falta de seguridad laboral y la escasa formación (The Care Collective, 2021).

Frente a este escenario, las residencias para personas mayores pueden y deben organizarse de manera que ofrezcan condiciones de atención, de vida y de trabajo más respetuosas, seguras y dignas, adaptadas a las distintas comunidades y contextos territoriales (Braedley & Armstrong, 2023).

En esta línea, se han formulado múltiples propuestas para replantear el modelo residencial vigente. Algunas plantean una transformación profunda del sistema de residencias (Rodríguez, 2021), mientras que otras apuestan por centros de menor tamaño, con el objetivo de favorecer una atención más cercana y personalizada (Sancho & Martínez, 2021). Asimismo, se han identificado criterios fundamentales para una atención adecuada en la vejez, entre los que destacan la disponibilidad de alojamientos accesibles, equipos profesionales y personal de atención directa, servicios de restauración y de proximidad, actividades sociales y espirituales, apoyo a la interacción social y una planificación basada en evaluaciones personalizadas (Baker, 2002), así como la posibilidad de que cada residente pueda adaptar la decoración y el mobiliario de su habitación, fomentando un sentido de pertenencia (Lovatt, 2018). Para las personas mayores, también es importante encontrar espacios de socialización que vayan más allá de una relación con otras personas de su edad (Solana Solana et al., 2024).

En este marco, las residencias deben entenderse como un recurso de cuidados de larga duración en el que, con independencia del grado de dependencia de las personas residentes, se garantice la posibilidad de desarrollar vidas significativas. Ello implica asumir un conjunto de valores orientados a la integralidad de la atención, la autodeterminación, el desarrollo personal, la independencia, la inclusión social, el bienestar personal y la protección de la vida privada y de la intimidad (Sancho & Martínez, 2021).

Metodología

La investigación se ha desarrollado mediante una metodología mixta, basada en el estudio de caso de cuatro centros de día y cuatro residencias. En este artículo, nos centramos específicamente en los hallazgos derivados de las residencias. Los casos de estudio se ubican en el Área Metropolitana de Barcelona, abarcando los municipios de Santa Coloma de Gramenet, Sant Cugat del Vallès y la ciudad de Barcelona, en los distritos de Sants y Gràcia.

La estrategia metodológica ha combinado diversas técnicas complementarias con el objetivo de generar una comprensión integral de los fenómenos estudiados. Análisis de datos cuantitativos secundarios, orientado a contextualizar los centros en su entorno socioeconómico y urbano; Análisis cualitativo, mediante entrevistas semiestructuradas y la realización de dos talleres participativos, para identificar la experiencia cotidiana en las residencias, así como las características físicas percibidas como determinantes en la calidad de vida de las personas residentes; Análisis urbanístico, centrado en las características físicas y funcionales de las residencias y su entorno; Análisis espacial, enfocado en examinar las condiciones materiales de los centros y su entorno, y su impacto en las prácticas de cuidados.

Esta aproximación metodológica integrada facilita una comprensión holística de cómo los factores urbanos y sociales interactúan en la dinámica de las residencias, aportando evidencia relevante para la planificación urbana y la formulación de políticas públicas en el ámbito de los recursos de cuidados de larga duración.

Las entrevistas han sido realizadas a familiares de personas que viven en las residencias, una por cada centro, y a dos personas del equipo directivo de los centros. Esta información cualitativa se ha complementado con los talleres que se han realizado a personas con familiares en residencias.

Respecto al análisis espacial, en esta investigación se han desarrollado un conjunto de indicadores ad hoc orientados a la evaluación sistemática de las condiciones espaciales de las residencias. Los indicadores se articulan a través de dos escalas, el propio edificio del recurso, y el entorno inmediato (50 metros en el perímetro del centro). De cada uno de los dos niveles se evalúan 7 criterios: proximidad, agencia, autonomía, agencia, cotidianidad, habitabilidad y continuidad (Valdivia, 2024).

Resultados

El estudio pone de relieve una gran heterogeneidad en las condiciones arquitectónicas y urbanísticas de las residencias, tanto en el ámbito público como en el privado. Esta diversidad se traduce en situaciones muy dispares: desde edificios específicamente diseñados para el cuidado, hasta adaptaciones precarias en edificios patrimoniales, plantas bajas sin iluminación natural, sótanos o viviendas colectivas con accesos compartidos que no cumplen adecuadamente con los criterios de accesibilidad.

La diversidad de situaciones no obedece a una voluntad de responder a distintas necesidades a través de la configuración física. Por el contrario, esta heterogeneidad está condicionada fundamentalmente por las dinámicas del mercado inmobiliario, las estrategias de las empresas promotoras y la disponibilidad de suelo urbano para construir el recurso.

Las condiciones arquitectónicas de los edificios están mucho más pautadas, ya que deben cumplir con normativa de edificación y servicios sociales. Sin embargo, no existen criterios específicos para el entorno. Esta asimetría da lugar a la existencia de centros adecuadamente dotados en su interior, pero con una relación espacial prácticamente inexistente con su entorno inmediato, debido a la ausencia de condiciones mínimas de accesibilidad (aceras estrechas y con pendientes pronunciadas), proximidad (inexistencia de espacios públicos o equipamientos cercanos), conectividad (falta de vinculación con el transporte público) y habitabilidad (carencia de sombra, vegetación y fuentes).

El estudio de caso ha permitido identificar el entorno inmediato como un factor clave en la calidad de vida de las personas residentes. En el caso de las residencias la presencia de espacios verdes, jardines o áreas exteriores accesibles es valorada de forma especialmente positiva, no solo por su contribución al confort ambiental, sino también por su potencial para estimular los sentidos, su valor estético, favorecer actividades al aire libre y ofrecer un cambio de ambiente respecto al espacio interior. En lo que respecta a los centros de día, estar en un entorno urbano continuo, con comercio y usos mixtos, calles accesibles e itinerarios claros y dotados con bancos, sombras y otros elementos urbanos que acompañen el recorrido, favorecen que las personas puedan acceder caminando, solas o acompañadas, proporcionando las condiciones materiales para mantener cierta autonomía y vínculos sociales y comunitarios.

Foto 1
Centros residencial Adegius - Gràcia

Foto 2
Centros residencial Ramón Berenguer - Santa Coloma de Grament

Foto 3
Centros residencial Font Florida - Sants

Foto 4
Centros residencial Amavir - Sant Cugat del Vallès

Consideraciones finales

La percepción social de las residencias para personas mayores es en general bastante negativa, especialmente después de la pandemia de Covid-19. Se asocian a espacios a los que se acude para abandonar a las personas mayores. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, las personas que residen allí reciben visitas cotidiana o eventualmente.

Las personas pueden tener situaciones muy heterogéneas durante la vejez. Algunas de ellas se encuentran más estrechamente asociadas al propio proceso de envejecimiento, tales como la dependencia, la presencia o ausencia de vínculos interpersonales y la coexistencia de determinadas patologías. Mientras que otras son más estructurales como la condición socioeconómica, vinculadas con la clase social, el origen o el género. Para dar respuesta a esta diversidad, situando en el centro las necesidades de las personas, resulta necesario replantear los recursos de atención a los cuidados en la vejez y de larga duración como un abanico de alternativas, potencialmente complementarias entre sí, y no como una única opción diseñada para una vejez estandarizada.

Aunque pasar los últimos años de vida en una residencia no forma parte del imaginario deseado de la vejez, el deterioro físico y cognitivo impide a muchas personas permanecer en casa durante esta etapa vital. No hay que impugnar, por lo tanto, las residencias como espacio al que acudir en la última fase de vida, sino que es necesario transformar el actual modelo de residencias para que éstas puedan ser espacios deseables. Para ello, las condiciones de vida de las personas que viven en residencias tienen que ser lo más similares a las de la vivienda habitual en lo que a agencia, sentido de pertenencia y vínculo con el entorno social y comunitario se refiere. Esto pasa por incorporar una dimensión física y espacial en el diseño y planificación de los centros residenciales, ya que la materialidad, ubicación, accesibilidad o habitabilidad de las residencias va a permitir

Los recursos de larga duración, especialmente las residencias, se conciben como un espacio que proporciona a las personas todas las necesidades de su día a día. Esta conceptualización es problemática, ya que, por una parte, simplifica las necesidades cotidianas de las personas mayores y dependientes a su máxima expresión, concibiéndolas únicamente desde una perspectiva de necesidades básicas (aseo, alimentación, cuidado médico), y limitando la posibilidad de recibir estímulos sensitivos, cognitivos y relacionales. Por otro lado, comprende las residencias como un espacio cerrado en sí mismo, sin relación con el entorno físico ni relacional. Esta interpretación lleva a subestimar las condiciones preexistentes del entorno, puesto que se considera que las personas usuarias del centro no van a salir.

Agradecimientos

Este proyecto ha sido financiado por el Instituto de la Mujer de España en el año 2024

Disponibilidad de datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo.

Referencias

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  • Editor:
    Altemar Amaral Rocha

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    11 Mayo 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    26 Dic 2025
  • Acepto
    02 Mar 2026
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