Open-access INCLUSIÓN DIGITAL Y GÉNERO: INVESTIGACIÓN Y FORMACIÓN CLAVES DEL ÉXITO

DIGITAL INCLUSION AND GENDER: RESEARCH AND TRAINING KEYS TO SUCCESS

INCLUSÃO DIGITAL E GÊNERO: PESQUISA E FORMAÇÃO CHAVES PARA O SUCESSO

RESUMEN

Este trabajo analiza la realidad de mujeres jóvenes en el contexto laboral con relación a las tecnologías emergentes como recursos de inclusión y empoderamiento. Los participantes son mujeres españolas (n = 307) empleadas en una empresa de carácter comercial feminizada. La investigación es cuantitativa y se centra en analizar el uso, la participación y la valoración de las tecnologías emergentes en el ámbito laboral y personal. Los resultados señalan que existe un menor uso de lo esperado, atendiendo a los datos del Instituto Nacional de Estadística – INE (2022). Sus conocimientos, capacidades y usos se centran en el acceso o búsqueda de información a través de Internet como recurso técnico. Por ello, es necesario diseñar acciones formativas para empoderar a este colectivo en el contexto laboral.

Palabras clave
Género; Inclusión digital; Competencias digitales; TIC; Formación

ABSTRACT

This work analyses the reality of young women in the labour context in relation to emerging technologies as resources for inclusion and empowerment. The participants are Spanish women (n=307) employed in a feminised commercial company. The research is quantitative and focuses on analysing the use, participation and valuation of emerging technologies in the work and personal environment. The results indicate that there is a lower use than expected based on data from the National Institute of Statistics – INE (2022). Their knowledge, skills and uses are focused on accessing or searching for information via the Internet as a technical resource. Therefore, it is necessary to design training actions to empower this group in the labour context.

Keywords
Gender; Digital inclusión; Digital competencias; ICT; Training

RESUMO

Este artigo analisa a realidade das mulheres jovens no contexto de trabalho em relação às tecnologias emergentes como recursos de inclusão e capacitação. As participantes são mulheres espanholas (n=307) empregadas em uma empresa comercial feminizada. A pesquisa é quantitativa e se concentra na análise do uso, da participação e da valorização das tecnologias emergentes no ambiente de trabalho e pessoal. Os resultados indicam que o uso é menor do que o esperado com base nos dados do Instituto Nacional de Estatística (INE, 2019). Seus conhecimentos, habilidades e usos estão concentrados no acesso ou na busca de informações pela Internet como recurso técnico. Portanto, é necessário projetar ações de treinamento para capacitar esse grupo no contexto de trabalho.

Palavras-chave
Gênero; Inclusão digital; Competências digitais; TIC; Treinamento

Introducción

Una de las principales líneas de acción en las políticas internacionales para promover la inclusión digital es el cambio de rol de la mujer, convirtiéndose en prosumidoras que consumen, pero también crean y aportan contenido y valor a la sociedad actual, puesto que la participación de las mujeres en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) supone una barrera que limita la igualdad entre hombres y mujeres (Reinking; Martin, 2018). Como señala Muñoz-Muñoz, Molina-Puche y Ortuño-Molina (2024) es absolutamente necesario incluir la dimensión de la perspectiva de género en los temas educativos y sociales, y con ello poner de manifiesto las asimetrías y desigualdades sufridas en el pasado y aún activas en el presente por las mujeres (Bedmar, 2019). La historiografía tradicional muestra una visión de las mujeres al margen de los acontecimientos narrados, sin un papel activo en los mismos (Ortuño-Molina; Alvén, 2021).

Diversos estudios han demostrado diferencias de género en cómo las personas utilizan y se relacionan con las tecnologías (Hilbert, 2011; Wasserman; Richmond-Abbott, 2005). Estas diferencias evidencian un riesgo concreto de exclusión digital para las mujeres (Álvarez, 2019; Braun, 2013; Gómez, 2019). La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT, 2019) señala que el 58 % de los hombres en todo el mundo utiliza Internet, mientras que, en el caso de las mujeres, solamente el 48 %, unos porcentajes que fluctúan todavía de manera más negativa en los países en proceso de desarrollo. Esta limitación dificulta el acceso a la información, pero sobre todo la participación activa a nivel personal, profesional y social, vinculada en muchas ocasiones con la erradicación de las desigualdades de género (Pedraza-Bucio, 2021). En una sociedad tecnológica, esta desigualdad de género va más allá del mero acceso a las tecnologías digitales, estando relacionada con otras dimensiones, como puede ser la autonomía de uso, la experiencia, la habilidad, el tipo de uso y el apoyo social (Hargittai, 2010) o la formación específica sobre las TIC (Ayerdi; Dasilva; Galdospin, 2019). Si bien el acceso es un requisito indispensable, por sí solo no asegura la inclusión digital ni el pleno ejercicio de una ciudadanía digital activa y participativa (Rebollo-Catalán; García-Pérez; Sánchez-Franco, 2013). En este sentido, España se encuentra en el grupo de países de Europa sin diferencias entre hombres y mujeres en el acceso a Internet. El 92 % de la población española entre 16 y 74 años utiliza Internet al menos una vez a la semana, sin diferencias entre hombres y mujeres (Instituto Nacional de Estadística, 2022). La cuestión a la hora de abordar la brecha de género digital en España es, por tanto, otros indicadores. El informe “Women in Digital Scoreboard” (Comisión Europea, 2021) especifica los siguientes: uso de Internet, habilidades de uso de Internet y especialistas digitales/empleo. Y a este respecto, España se sitúa en la séptima posición en la clasificación de uso de Internet por las mujeres en la Unión Europea, siendo el ámbito formativo (cursos online) el de mejor posición.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible establece entre sus objetivos (número 4): Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Es una de las estrategias a llevar a cabo en la lucha contra las brechas sociales, entre las que se encuentra la brecha entre analógicos y digitales, y la brecha entre mujeres y hombres, entre otras. El objetivo 5 de la Agenda 2030, por su parte, se centra en lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas, proponiendo que los países “incrementen el número de jóvenes y adultos con competencias relevantes, tales como las técnicas y vocacionales para el empleo, trabajo decente y emprendimiento, y mejoren el uso de tecnología, tecnologías de la información y comunicación que empodere a las mujeres”. Afirman Sánchez-Rojo y Martín-Lucas (2021) que hoy en día difícilmente podemos negar la gran influencia que ejercen las TIC en todos los ámbitos de nuestra vida.

La brecha digital de género, según el índice de Economía y Sociedad Digital (Comisión Europea, 2020), está presente en la sociedad española; y persiste una profunda fractura que es interesante analizar para poder afrontar y, así, reducirla. La mayor brecha digital es la relativa a las competencias digitales. El porcentaje de personas con competencias digitales básicas o avanzadas en España está en torno al 60 % (Comisión Europea, 2020), siendo los estudiantes los que lideran el desarrollo digital en España en prácticamente todos los indicadores. Y así lo evidencian los resultados de la encuesta “Internet Access and use stastistics-households and individuals” (Eurostat, 2018), que indican que el 96 % de las personas entre 16 y 24 años son usuarios habituales de Internet, frente al 57 % en el grupo de edad de 55 a 74 años.

Por su parte, hay que destacar la importante brecha de género en el ámbito laboral, entre especialistas en tecnologías digitales. Según los datos de “Women in Digital Scoreboard” de la Comisión Europea (2021), en 2020 las mujeres solo están presentes en este ámbito laboral en un 1,6 %, lo que conlleva una importante pérdida de talento femenino cualificado en el diseño de una sociedad altamente digital. Hay muy pocas mujeres liderando equipos y ocupando puestos de alta dirección en este ámbito (Digital Es, 2019; Organisation for Economic Co-operation and Development, 2018). Paradójicamente, el informe Sociedad Digital en España 2018 estimaba que la digitalización generará un millón y medio de empleos digitales en los próximos cuatro años (Fundación Telefónica, 2019), a los que las jóvenes españolas no podrán acceder. Entre otras cuestiones, porque la mayoría de las jóvenes en España cursa estudios relacionados con otras disciplinas. Atendiendo a los datos presentados por el Ministerio de Educación (2021), curso académico 2019-2020, la mayoría de las mujeres cursan los estudios de Biomedicina (75 %), Medicina (68 %), Bioquímica (65 %), y Biotecnología (61 %). Con respecto a ciencias y tecnologías, los porcentajes son más bajos, lo que evidencia diferentes intereses entre los jóvenes españoles determinados por el género. Sirva como ejemplo, que tan solo el 14 % de las estudiantes de Informática son mujeres. El Libro Blanco de las mujeres en el ámbito tecnológico muestra que en el Bachillerato de ciencias y tecnología existe la presencia de un 5 % más de hombres que mujeres (curso 2018-2019).

Este patrón de infrarrepresentación de mujeres jóvenes en ámbitos STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, en inglés) tecnológicos no es exclusivo del contexto español, sino que se observa en otros países europeos (Koch; Polnich; Irby, 2014; Organisation for Economic Co-operation and Development, 2018; Unesco, 2017) y condiciona el acceso al mercado laboral. La UNESCO hizo en el año 2019 un llamamiento con recomendaciones para mejorar el interés de las mujeres en la educación temprana por disciplinas STEM dada su baja participación en la industria tecnológica (Unesco, 2019). En España, los datos del “Women in Digital Scoreboard” de la Comisión Europea evidenciaron, que en el año 2019, sólo 12 mujeres se graduaban en carreras STEM por cada 1000 individuos. España es el líder europeo en desempleo femenino. Sánchez-Rojo y Martín-Lucas (2021) afirman que las TIC han logrado un mercado laboral que funciona sustentándose principalmente en los valores de la rapidez y la eficiencia, para cuya implementación uno debe prepararse. Además, la encuesta de población activa (EPA) a cierre de 2021 destacaba las elevadas tasas de desempleo entre las mujeres y los índices de precariedad laboral, así como una brecha salarial que alcanza el 22 %.

En el momento actual, las brechas digitales aumentan las desigualdades sociales de un modo generalizado, y evidencian las diferencias entre mujeres y hombres. Las TIC están presentes en todos los ámbitos y el ritmo de digitalización de la economía y la sociedad española se ha incrementado de forma creciente en los últimos años. Lo digital inunda la cotidianidad. Mirar el móvil es lo primero y lo último que hace cada día un 61 % de la población española (Ditrendia, 2020); el 82 % de los hombres considera que no podría vivir sin el teléfono móvil, frente al 73 % de las mujeres. En el año 2004, la población española hacia un uso de internet semanal del 31 %, cinco años después se duplica, en el año 2019 es casi del 88 % (Comisión Europea, 2020), y con el impacto de la covid-19 se ha acelerado vertiginosamente el uso de las tecnologías digitales, forzando a muchas personas a familiarizarse con el uso de las TIC y haciendo más evidentes las brechas preexistentes (especialmente, la brecha digital) y sus consecuencias ligadas a la igualdad real entre mujeres y hombres. Las previsiones futuras son que el 90 % de los empleos futuros requerirán competencias digitales (Comisión Europea, 2019), y que las ocupaciones más cualificadas harán un uso más intenso de las TIC que las menos cualificadas (Organisation for Economic Co-operation and Development, 2018). A este respecto, Cortés, Rebollo-Catalán y García-Pérez (2016), y teniendo en cuenta la variable del género, han demostrado que son las mujeres con más habilidad digital las que expresan mayores y más variadas inquietudes de formación en tecnologías digitales, siendo la seguridad y protección en las redes, las aplicaciones profesionales y de búsqueda activa de empleo junto con los servicios de cultura y ocio las que más se demandan.

Así pues, la brecha digital tiene que ser analizada no solo con base en el acceso digital, sino también atendiendo al uso (conocimientos y habilidades), participación (comunidades, formación y redes) y creación (de materiales y recursos), más aún cuando desde distintos ámbitos como el educativo, familiar o los medios de comunicación se perpetúa la imagen de la mujer ajena a las TIC (Zapata et al., 2017). Es por ello que la Agenda Digital Europea (Comisión Europea, 2013) estableció como objetivo la mejora de la alfabetización digital, la capacitación e inclusión de las mujeres en la Sociedad de la Información. Tal y como señala Dussel (2010, p. 10) “la tecnología no es simplemente una posibilidad técnica, sino que supone prácticas sociales, dinámicas políticas y sensibilidades que son las que determinan los sentidos y modos de uso”, entendiendo con ello que la accesibilidad a las TIC implica beneficios a nivel personal, profesional y social (Perdraza-Bucio, 2021), y oportunidades de empoderamiento para las mujeres (objetivo 5 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible).

De acuerdo con esto, el Plan Inclusión Digital y Empleabilidad de España (Ministerio de Industria, Economía y Turismo, 2013) establece cuatro ejes prioritarios de actuación: (1) accesibilidad, (2) inclusión digital, (3) igualdad y (4) empleabilidad, cuyos objetivos están relacionados con medidas específicas relativas a la alfabetización digital, la accesibilidad y la disminución de la brecha digital de género. Agudo, Rodríguez-Ruiz y García-Sampedro (2021) señalan que el propósito es incrementar y mejorar la presencia y la participación de las mujeres en la sociedad actual a través de acciones formativas planificadas orientadas a las mujeres desempleadas, profesionales y empresarias, mejorando así la competencia digital (conocimientos, habilidades, actitudes y capacidades TIC), con independencia de la edad, lugar de residencia o situación económica, de manera que el acceso y el conocimiento de las aplicaciones, de los recursos tecnológicos y de las funcionalidades estén garantizadas. Esto concierne sobre todo a los usos intencionados y avanzados de las tecnologías digitales emergentes y su inclusión en las actividades cotidianas (Collado; Fernández; Cupeiro, 2008) de la vida diaria a nivel personal y profesional. Se observa, también, que la falta de habilidades digitales impacta negativamente en las oportunidades de empleo (Gómez-Torres, 2016). La IV Encuesta de percepción social de la innovación en España (Fundación Cotec; Sigma Dos, 2021) señala que el 53 % de las mujeres considera que no está capacitada para competir en un mercado laboral automatizado y con fuerte presencia de los sectores tecnológicos.

Según Collado (2008), el uso de las TIC por las mujeres es diferente frente a los hombres, asociándose con el plano social vinculado con la comunicación familiar y de amistades, la salud, las gestiones administrativas o el trabajo, mientras que el caso de los hombres con la esfera más personal, asociada al consumo y el ocio, puesto que estos juegan con más frecuencia y durante más tiempo (Rubio; Escofet, 2013). Centrándose en el colectivo femenino, también se observan diferencias en el uso en función de la edad y la formación, siendo las más jóvenes y aquellas que tienen estudios universitarios las que realizan un uso más frecuente y diverso (Ayerdi; Dasilva; Galdospin, 2019; Observatorio e-Igualdad UCM, 2011). Además, también se advierten diferencias en el uso y sus preferencias, al igual que en el dispositivo del que disponen y las aplicaciones o recursos digitales que utilizan. Respecto al dispositivo electrónico los hombres acceden a Internet, principalmente, por ordenador de sobremesa y las mujeres, por el teléfono móvil (Instituto Nacional de Estadística, 2022). Concretan Collado et al. (2009) que la mayor brecha digital de género se produce en la descarga de software (-34 %), la lectura y consulta de periódicos y revistas (-24 %), y en actividades de carácter económico (cuyo volumen de uso es en todo caso mucho más reducido) como la compraventa de bienes y servicios (-19 % y -50 %, respectivamente) o la banca electrónica y las actividades financieras (-18 %). Es probable que estos usos determinen el tipo de dispositivos electrónicos requeridos al presentar mayores requerimientos técnicos.

Por otra parte, Collado et al. (2009) destacan que las mujeres utilizan Internet para buscar empleo en mayor proporción que los hombres (39 %), así como en la búsqueda de información sobre servicios educativos y formativos (23 %) y la consulta de cuestiones relacionadas con la salud (25 %). Y matizan, con relación a los usos avanzados de internet (relacionados con la comunicación y ocio) que la tendencia es que las mujeres hagan menor uso de envío de mensajes a chats, grupos de noticias o foros de discusión (-31 %), telefonear a través de Internet (-28 %), la lectura de blogs (-21 %), las videollamadas (-14 %) y juegos en red (-58 %).

A este respecto, se hace evidente que la brecha digital de género está vinculada al para qué, a qué servicios y con qué finalidad se hace uso de las tecnologías digitales. Los hombres tienen más presencia en actividades ligadas a la economía, el comercio y la información. Las mujeres a la formación para acceder al empleo y la salud. La paridad entre hombres y mujeres se alcanza en las actividades ligadas a ciertos hábitos y prácticas culturales relacionadas con el visionado de televisión, la radio y la lectura de libros a través de internet (Ministerio de Cultura y Deporte, 2019). Y en igualdad de condiciones, cuando hombres y mujeres disponen de los mismos recursos y habilidades en la competencia digital, no existe brecha (42 % hombres, 40 % mujeres) (Instituto Nacional de Estadística, 2022).

Por ello, la educación se presenta como una de las áreas con mayores brechas de género. Agudo, Rodríguez-Ruiz y García-Sampedro (2021) sostienen que es imprescindible implementar los medios y recursos adecuados para fomentar el desarrollo de la competencia digital en la ciudadanía y más aún cuando la sociedad tecnológica pone de manifiesto que sólo prosperarán aquellos individuos que posean las competencias necesarias para poder producir, difundir y consumir la información de forma rápida, eficaz y eficiente (Oliva; Coronas; Luna, 2014). Es por ello que transformar la información en conocimiento, tener las habilidades necesarias para usar de forma eficiente los recursos y herramientas de búsqueda, producción y difusión de la información, comunicarla y compartirla socialmente a través de herramientas y entornos digitales se hace imprescindible (Hita; López; Palomino, 2018) en el desarrollo profesional, y también en el contexto personal donde las relaciones con la administración electrónica, el uso del comercio electrónico, la seguridad y la confianza/la privacidad en el uso de Internet son determinantes en la accesibilidad a muchos de los servicios propios de la Sociedad de la Información/Conocimiento.

Torrent-Sellens (2014) señala que la formación que se viene ofertando para favorecer la inclusión digital no logra reducir la brecha digital por género. Por ello, se propone tener como premisas a la hora del diseño de un plan formativo la investigación previa y que el diseño de los programas formativos tenga en cuenta las dimensiones que la UNESCO estableció como principios de calidad: relevancia, equidad, pertinencia, eficacia y eficiencia (Severin, 2016). Las Tecnologías de la Información y Comunicación también se presentan como recursos propicios para el empoderamiento y la participación (TEP) en favor de la transformación social. Atendiendo a estos planteamientos y partiendo de la situación actual provocada por el SARS-CoV-2 que ha puesto de manifiesto que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son un elemento clave en las dinámicas personales, sociales, educativas y sobre todo laborales, parece necesario realizar investigaciones que examinen la inclusión de las mujeres en las tecnologías a partir de sus propias vivencias de auto-inclusión, como prosumidoras. Por esta razón, el objetivo de esta investigación es conocer los tipos de uso y la valoración de los recursos tecnológicos emergentes dentro del contexto laboral y personal de mujeres jóvenes empleadas en una empresa comercial feminizada, analizando posibles carencias de cara a orientar su formación y capacitación en el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación orientadas a la participación social y el empoderamiento.

Metodología

Participantes

El estudio realizado se circunscribe a una entidad laboral de carácter comercial en la zona norte de España (Galicia, Asturias, Castilla-León y País Vasco) con una plantilla de 756 empleados, participando en la investigación 307 trabajadoras que desarrollan su actividad profesional en dicha entidad laboral dedicada al comercio minorista de perfumería, droguería y parafarmacia. Se realizó un muestreo aleatorio simple asumiendo un margen de error del 5% y un nivel de confianza del 95%, resultando 255 trabajadores y trabajadoras. A efectos prácticos, y considerando que la tasa de pérdida de información en estudios de encuesta suele ser del 70%, se duplicó el tamaño de la muestra durante el proceso de recolección de datos, alcanzando un total de 510 trabajadores y trabajadoras, obteniendo finalmente una muestra representativa.

El 100% de los participantes son mujeres, dado que se trata de un sector históricamente feminizado (STANPA, 2018), con una edad media de 33,6 años (DT 1,62), de nacionalidad española (99,4%), y mayoritariamente (59,7%) con estudios secundarios (BUP-COU-Bachillerato-Formación Profesional). Respecto al ámbito laboral, casi la mitad de las participantes son trabajadoras cualificadas (49,8%) y la vinculación contractual de las participantes con la empresa es principalmente indefinida (51,6%), teniendo solamente un 5,6% responsabilidades de dirección a nivel medio o superior.

Instrumento y procedimiento

La recogida de información se llevó a cabo mediante la Escala de Recursos Tecnológicos Emergentes y Competencia Digital, diseñada específicamente para esta investigación, que incluye información sociodemográfica y 21 ítems que analizan la perspectiva de las trabajadoras respecto a las tecnologías emergentes y la competencia digital. Para ello, una primera parte de información sociodemográfica, y la segunda está organizada en tres dimensiones: 1) Frecuencia de uso de las tecnologías emergentes en el ámbito personal y laboral; 2) Participación en comunidades y redes personales y profesionales; y 3) Valoración de las tecnologías emergentes como recurso de promoción en el contexto laboral. El instrumento utiliza una escala de respuesta de 4 puntos tipo Likert, donde 1 representa “Nada”, 2 “Poco”, 3 “Algo” y 4 “Mucho”. La fiabilidad de la información obtenida, evaluada mediante el índice Alfa de Cronbach, fue de ,902, lo cual se considera muy positivo según George y Mallery (2002).

Para la aplicación del instrumento, se contactó al equipo directivo de la entidad y se presentó el estudio que se deseaba llevar a cabo. Una vez aceptada la participación, el equipo de recursos humanos se encargó de la entrega y recepción del instrumento de recogida de información a los responsables de cada sucursal de la organización mediante valija interna, asegurando así el anonimato de los datos. Utilizando un muestreo aleatorio simple, el instrumento se facilitó a los encargados de las tiendas de las comunidades autónomas del norte de España, con el objetivo de que lo distribuyeran a todas las trabajadoras. Se obtuvo una tasa de respuesta positiva del 44%, lo que permitió alcanzar una muestra representativa, al superar los 255 sujetos requeridos. La escala se proporcionó a los empleados en un sobre que contenía instrucciones detalladas sobre cómo cumplimentarla. Todas las personas que han participado en el presente estudio fueron informadas de los objetivos perseguidos con el estudio con anterioridad a dar respuesta al cuestionario, así como del carácter confidencial de los datos y del uso de estos únicamente con fines de investigación cumpliendo con la Ley 15/1999 referente al acceso, rectificación, cancelación y oposición, Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, y el Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo de 27 de abril de 2016 de Protección de Datos.

Análisis de datos

Los datos obtenidos han sido procesados con el paquete estadístico SPSS.22. Se empezó con estadísticos descriptivos, incluyendo frecuencias, porcentajes, medidas de tendencia central (Media, M) y variabilidad (desviación típica, DT). Para ello, se analizó la distribución de los datos en los ítems para evaluar su ajuste a la curva normal, calculando la asimetría y curtosis, con valores considerados aceptables en el rango de [-1; +1] (Abdelwahab et al., 2024). Este criterio se cumplió para todos los ítems, lo que permitió utilizar pruebas paramétricas en los análisis posteriores.

En segundo lugar, se realizaron contrastes entre dos grupos para muestras independientes utilizando la t de Student, analizando las variables en relación con el ámbito de uso de las tecnologías emergentes (profesional y personal). En cada análisis, se verificó el cumplimiento de homogeneidad de las varianzas mediante la prueba de Levene. Se consideraron diferencias estadísticamente significativas con una probabilidad p ≤ .05. También se calculó el tamaño del efecto utilizando la d de Cohen (1988) en los casos donde las diferencias resultaron significativas. Se clasificó el tamaño del efecto tamaño como bajo cuando, 0 < d < ,20, medio-moderado cuando, 20 < d <, 50 y alto cuando d > ,50, (Cohen, 1988). Cabe destacar que incluso un tamaño del efecto pequeño puede tener una relevancia práctica (Kirk, 1996).

Por fin, se realizó el análisis de correlaciones bivariadas a través de r de Pearson para las variables valoración de las tecnologías emergentes como recurso de promoción en el contexto laboral y sus usos, presentando los resultados significativos con valores de r superiores a 0.3.

Análisis y Resultados

La presentación de los resultados se ha realizado en función de las dimensiones de estudio, así como de los objetivos planteados, partiendo de un análisis descriptivo, que incluye respecto al uso de las tecnologías emergentes las diferencias en función del contexto de uso.

Frecuencia de uso de las tecnologías emergentes en el ámbito laboral y personal

Los análisis descriptivos de la frecuencia de uso por parte de las trabajadoras de las tecnologías emergentes en el contexto personal y laboral (ver Tabla 1) indican que las empleadas de la entidad laboral comercial utilizan con poca frecuencia los recursos digitales, independientemente de que sea para un uso más personal o profesional vinculado a la esfera laboral. En concreto, el valor medio de frecuencia se halla, en general, entre pocas y algunas veces, lo que da cuenta de las escasas ocasiones en las que se utilizan las tecnologías emergentes.

Tabla 1
Descriptivos y contrastes entre el contexto personal y profesional respecto a la frecuencia de uso de las tecnologías emergentes.

Los usos más habituales entre las participantes en la esfera personal son obtener información (M = 3.43; DT = .72) y resolver dudas (M = 3.42; DT = .89), actividades que realizan de manera muy frecuente situándose las medias altimétricas en valores cercanos a la categoría 4, seguidas del intercambio (M = 3.22; DT = .85) y almacenaje de información (M = 3.15; DT = .86). Por el contrario, el uso del correo electrónico como medio de comunicación es poco frecuente, situándose en la categoría de algo (M = 2,71; DT = .86). El análisis para el contexto profesional presenta una imagen muy similar, sin bien es cierto que el uso tiene valores inferiores en todas las categorías exploradas, situándose con mayor frecuencia en la categoría poco. Así pues, la tendencia de uso presenta un patrón similar, siendo los más frecuentes la resolución de dudas (M = 3.08; DT = .74) y la obtención de información (M = 3.01; DT = .94), seguido del intercambio (M = 2.83; DT = .98) y almacenaje de información (M = 2.74; DT = 1.04), para situar de nuevo, con el valor más bajo (M = 2.54; DT = .99) el uso del correo electrónico como instrumento de comunicación.

El uso de las tecnologías emergentes cambia en función del contexto, así, en general, su uso es mayoritario para la esfera personal frente a la profesional, a excepción del uso comunicativo a través del correo electrónico. En concreto, las participantes usan con más frecuencia las tecnologías de la información a nivel personal, con un tamaño del efecto medido, para obtener información (p = .000; d = .435), intercambiar información (p = .000; d = .425), almacenar información (p = .000; d = .458), resolver dudas (p = .000; d = .415) y presentar información (p = ,000; d = ,302), y con un tamaño del efecto bajo para producir información (p = .000; d = .129), poniendo de manifiesto que las tecnologías emergentes siguen sin ser un recurso altamente utilizado por las trabajadoras para el desarrollo de su rol profesional.

Participación en comunidades y redes personales y profesionales

La participación en comunidades y redes virtuales a través de internet es poco frecuente entre las participantes, presentando unos valores medios de respuesta que en ningún caso superan la media aritmética de 3. En consonancia con los resultados obtenidos para el uso de las tecnologías emergentes en función del contexto personal y profesional, la participación más alta es en las comunidades y redes sociales (M = 2.75; DT = 1.05), señalando un 60% que participa algo o mucho, seguida de las comunidades profesionales (M = 2.19; DT = .99) y culturales (M = 2.07; DT = 1.00), que presentan diferencias porcentuales superiores al 0.5, en las que un 30% y 35% respectivamente señala que nunca participa en este tipo de comunidades y redes.

Valoración de las tecnologías emergentes como recurso de promoción en el contexto laboral

Los recursos digitales son valorados de manera positiva por las trabajadoras para su promoción dentro del contexto laboral, con valores medios superiores al 3; así pues, consideran que, en primer lugar, les permiten participar en acciones formativas (M = 3.30; DT = .76), situándose el 44,5%, es decir, casi de la mitad de las participantes, en la categoría mucho. En segundo lugar, un 40,6% señala que les facilita mucho el desarrollo de sus actividades laborales (M = 3.26; DT = .76), seguido, en tercer lugar, de un 35,5% que considera que fomenta mucho la innovación en el contexto laboral (M = 3.23; DT = .68). Finalmente, señalan que es un recurso adecuado para apoyar los procesos creativos (M = 3.12; DT = .72), en concreto el 30,5% considera que lo es mucho.

Centrándose en la valoración de las tecnologías emergentes y su relación con el uso en el contexto laboral, los análisis correlacionales señalan que existe una mayor relación directamente proporcional y significativa entre la valoración positiva de los recursos digitales para la formación continua y el uso del correo electrónico para comunicarse (r = ,358; p ≥ ,001), la obtención (r = ,355; p ≥ ,001) e intercambio de información (r = ,348; p ≥ ,001). Así pues, son las trabajadoras que más utilizan estos recursos con mayor frecuencia las que presentan una valoración más positiva del desarrollo de acciones formativas a través de las tecnologías emergentes. Las valoraciones positivas de los recursos como herramienta que facilita el trabajo se asocian con la obtención (r = ,620; p ≥ ,001) y el almacenaje de información (r = ,558; p ≥ ,001), así como la resolución de dudas (r = ,593; p ≥ ,001), señalando las trabajadoras que estas funciones son las que más les ayudan en el desarrollo de sus actividades en el contexto laboral.

Discusión

Los hallazgos de este estudio indican que la frecuencia y el tipo de uso que las mujeres jóvenes y con empleo hacen de las tecnologías emergentes en el contexto laboral y personal es un indicativo de baja presencia y participación en una sociedad digital. Por ello, el uso y las competencias digitales influyen en la presencia o ausencia de las mujeres en la sociedad digital. Estos datos alertan del peligro de exclusión digital de las mujeres, como ya han puesto de relieve los informes de exclusión digital que sufren determinados colectivos (Braun, 2013; Gómez-Torres, 2016; Torrent-Sellens, 2014) y la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) que sitúa a España en el puesto 26 de 31 países en relación con la paridad entre hombres y mujeres respecto a las TIC. A este respecto, una propuesta de futuro es incrementar las competencias digitales de la ciudadanía, especialmente en los colectivos más desfavorecidos. Resulta adecuado afirmar que las competencias digitales favorecen la incorporación de las mujeres al mundo laboral. Y, como afirman Agudo, Rodríguez-Ruiz y García-Sampedro (2021), la educación es la herramienta más potente para desencadenar cualquier transformación social, educativa, personal o profesional.

Resulta curioso que siendo conscientes de la importancia de adquirir la competencia digital como elemento clave en el desarrollo profesional, el uso de las herramientas informáticas es a nivel básico (acceso y búsqueda de información) y no les resultan relevantes tareas de mayor complejidad relacionadas con la comunicación o la creación de contenidos digitales (productoras y/o prosumidoras), empoderándose en el ámbito profesional y personal. Estos resultados son consistentes con otras investigaciones (García-Ruiz; Gozálvez; Aguaded, 2014) que han indicado que la creación de contenidos digitales representa una laguna en la formación de las mujeres en situación de empleo. Y esbozando un panorama nacional que no ha cambiado mucho en los últimos años, Cortés, Rebollo-Catalán y García-Pérez (2016) ponían de relieve la contradictoria paradoja, al señalar que las mujeres profesionales tienen una alta percepción de utilidad de las tecnologías digitales, pero se observa poca iniciativa e innovación en el uso de estas. En el propio estudio, las participantes ponen de relieve la importancia de la formación para el empleo y la formación continua. Hay que destacar, a este respecto, que ya no es posible una formación única para afrontar los retos del mundo laboral, especialmente los condicionados por los desarrollos tecnológicos.

Los resultados obtenidos son una gran aportación al diseño o planificación de acciones formativas centradas en la mejora de la competencia digital entre las mujeres desempleadas, profesionales y/o empresarias, ya que permite adecuar mejor esa formación teniendo en cuenta el perfil específico. Ajustándola a sus necesidades e intereses, pero también a la lucha contra la brecha digital con relación al género, y poniendo en juego otras competencias funcionales, motivaciones y emocionales que les permita empoderarse y ser agentes activas de la sociedad actual. Por lo que una propuesta de futuro, a medio y a largo plazo se sugiere incluir contenidos de carácter digital en todos los planes formativos, no solo en los estudios específicos relacionados con las tecnologías digitales. El ideal es universalizar las competencias tecnológicas y las habilidades digitales en la ciudadanía a través de la educación formal, no informal.

Las competencias digitales favorecen la participación de las mujeres en la sociedad, lo que favorece su empoderamiento en movimientos sociales y políticos. La Internet abre una enorme ventana al mundo y permite que las mujeres de todas las condiciones estén expuestas a representaciones de mujeres en otras culturas y contextos, facilitando que reflexionen sobre los roles tradicionales imperantes y sobre cómo desafiarlos, cambiando incluso sus aspiraciones personales (Cummings; O´Neil, 2015). El hándicap es saber hacer uso de ella no solo como consumidoras si no, también, como prosumidoras. Se debe propiciar que el diseño y creación de nuevos lenguajes sean paritarios.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible puede impulsar a este respecto que la educación sea la clave para afrontar este futuro incierto, incorporando la perspectiva de género para lograr una sociedad inclusiva sin diferencias por género y garantizando un aprendizaje permanente para todos y todas.

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    20 Ene 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    18 Jul 2024
  • Acepto
    10 Oct 2024
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