Open-access La metáfora de la lengua herida-desgarrada en Torto arado (2018) de Itamar Vieira Junior, como herencia destitutiyente del discurso del poder colonial-patriarcal

A metáfora da língua ferida e dilacerada em Torto arado (2018) de Itamar Vieira Junior, como herança destituída do discurso do poder colonial-patriarcal

The metaphor of the wounded-torn tongue in Torto arado (2018) by Itamar Vieira Junior as a destituting inheritance of the discourse of colonial-patriarchal power

Resumen

This presents article the analysis the novel Torto arado (2018) by Itamar Vieira Junior from the metaphor of the wounded-torn language, understanding said metaphor as the connotation of the violence contained in the discursivity of the colonial-patriarchal power. According to this, work has been structured in two parts, the first, referring to the wounded language, in which the structures of the patriarchal-colonial discourse, obedient to the onto-teleological closures. While in the second part, torn tongue it is understood like violent breakdown of hegemonic discourse. According to this, the conclusions of this work expose the way in which Vieira Junior's text leaves open the action of breaking projecting a predatory future of wills confronted.

Palabras clave:
metaphor; wounded tongue; torn tongue; discourse; violence; Afro-Brazilian narrative

Resumo

Este artigo tem como objetivo abordar o romance Torto arado (2018) de Itamar Vieira Junior a partir da metáfora da linguagem ferida-dilacerada, entendendo tal metáfora como a conotação da violência contida na discursividade do poder colonial-patriarcal. Nesse sentido, este trabalho foi estruturado em duas partes, a primeira referente à linguagem ferida, na qual se revelam as estruturas do discurso patriarcal-colonial, obedientes aos fechamentos ontoteleológicos. Enquanto isso, no segundo, a língua dilacerada é entendida como uma destituição violenta do discurso hegemônico. Nesse sentido, as conclusões deste trabalho expõem a forma como o texto de Vieira Junior deixa inacabada a ação de demissão, projetando um futuro predatório de vontades concorrentes.

Palavras-chave:
metáfora; língua ferida; língua dilacerada; discurso; violência; narrativa afro-brasileira

Abstract

El presente artículo se propone abordar la novela Torto arado (2018) de Itamar Vieira Junior desde la metáfora de la lengua herida-desgarrada, entendiendo dicha metáfora como la connotación de la violencia contenida en discursividad del poder colonial-patriarcal. Conforme a ello, este trabajo se ha estructurado en dos partes, la primera, referida a la lengua herida, en la cual se develan las estructuras del discurso patriarcal-colonial, obedientes a las clausuras onto-teleológicas. En tanto en la segunda, la lengua desgarrada se entiende como destitución violenta del discurso hegemónico. Conforme a ello, las conclusiones de este trabajo exponen la forma en que el texto de Vieira Junior deja inconclusa la acción destituyente, proyectando un devenir predatorio de voluntades enfrentadas.

Keywords:
metáfora; lengua herida; lengua desgarrada; discurso; violência; narrativa afrobrasileña

Itamar Vieira Junior, nació en Salvador de Bahía, Brasil en 1979. Es geógrafo y doctor en estudios étnicos y africanos de la Universidad Federal de Bahía. Su novela Torto arado (2018), fue publicada primeramente en Portugal, donde ganó en premio LeYa de novelas. En Brasil fue lanzada el 2019 con una calurosa recepción del público y la crítica, las cuales le valieron los premios Oceanos y Jabuti el año 2020; la obra, además, ha sido traducida a una docena de idiomas. Así mismo, respecto de la producción literaria del autor, esta se compone por las colecciones de cuentos titulada Dias (2012) y A oração do carrasco (2017), esta última, finalista del Prêmio Jabuti de Literatura. Cabe mencionar también su última obra narrativa, Salvar o fogo (2023a). Por cierto, el gran éxito de ventas y la crítica de Torto arado (2018) ha despertado un fuerte interés por los textos del autor, generando muchas expectativas respecto del lanzamiento de su más reciente novela. Pues bien, según el mismo Vieira Junior esta viene a ser la continuación de la trama de su primer gran éxito literario. De ella, el escritor señala “nació mientras escribía Torto Arado, quería seguir asomándome a esa historia tan humana que es nuestra relación con la tierra, con el territorio. Muchas personas y sociedades viven privadas de todo eso” (Vieira Junior, 2023b). La continuidad temática posibilita delinear una poética que unifica la obra de Vieira Junior la que es posible situar dentro de la narrativa afrobrasileña. De esto último, cabe señalar que Eduardo de Assis Duarte entiende dicha literatura como “un discurso cuyo lugar de enunciación se conforma desde un punto de vista político y cultural identificado con la afrodescendencia de principio a fin” (2008, p. 5). Compromiso que el autor manifiesta por medio de la relación territorio y subjetividad donde para él, la desposesión de la primera, se relaciona con el despojo subjetivo. Además, es posible establecer como sello escritural del narrador brasileño la dual dimensión político- estética, presente en sus textos, en que el compromiso con su afrodescendencia no claudica de la experimentación estética en su escritura. De acuerdo a esto, el objetivo planteado por este trabajo es evidenciar los significados desplegados por la metáfora de la lengua la que en el relato aparece herida, connotando el habla impropia de las mujeres afrodescendientes, que pugna violentamente por enunciarse. Así como también en su desgarro se presenta como significante de la violenta destitución del sistema colonial-patriarcal y sus discursividades. Ahora bien, para comenzar, cabe instalar una mirada crítica de la relación existente entre lenguaje y poder. Esto implica poner al descubierto las estructuras lingüísticas y epistémicas imbricadas desde la antigüedad occidental; por medio de los marcadores de posiciones prescriptivas de la ley del parentesco o paterna-filial. Dicha ley identificada por el sicoanálisis moderno como normativa social, las que por medio de la prohibición edípica descansan aliviada de las posibilidades incestuosas. De esto Judith Butler (2001) enfatiza el rol simbólico presente en la vida social, aspectos inseparables para la autora:

Mi visión es que la distinción entre lo simbólico y la ley social no puede sostenerse, no tan sólo porque lo simbólico es en sí mismo un resultado de la sedimentación de las prácticas sociales, sino porque los cambios radicales que se dan en el parentesco precisan de una rearticulación de los presupuestos estructuralistas del psicoanálisis y, por lo tanto, de la teoría contemporánea sobre el género y la sexualidad (Butler, 2001, p. 35).

De acuerdo a los dichos anteriores, la ley del padre instituye el mandato exogámico como única posibilidad de inteligibilidad y comunicabilidad social, o sea, la única posibilidad de configuración social válida es la familia nuclear, en tanto los roles y posiciones de cada uno de sus miembros están predefinidas por la prescripción edípica.1 A su vez esta disposición exogámica instala como figura máxima del orden familiar al Padre, otorgándole las atribuciones soberanas de quien detenta el poder. De lo anterior se hace claro que quien dice “yo” bajo el orden filial es el sujeto masculino-singular, además, a partir de esta centralidad se definirá el lugar del resto de los miembros de la familia, connotando como inteligible todo lo que se ubique fuera dicho mandato. Pues bien, bajo esta ley, la máxima autoridad se identifica con el ser-sujeto y/o la cosa en sí, términos enunciadores de lo mismo. De esto último, Derrida enfatiza la declaración enunciativa del discurso metafísico de la mismidad, al respecto el pensador plantea que dicha enunciación de un ‘yo’ lingüístico “se traduce en una clausura de la antología y la fenomenología en tanto incapaces de responder a lo otro […] en un sentido profundo, estaría ligada a la opresión y totalitarismo de lo mismo” (Derrida, 1989, p. 122). Así, obedeciendo a la identidad planteada entre el ser metafísico y sujeto patriarcal como norma simbólica que proscribe el ordenamiento social, en este análisis retórico de la metáfora de la lengua, se propone abordar las operaciones lingüísticas presentes en Torto arado (2018), develando las clausuras de dicho discurso2 como imposición violenta del sujeto colonial y patriarcal. Según las consideraciones antes establecidas cabe referir que el texto en análisis comienza con el corte y amputación de la lengua sufrido por las protagonistas del relato:

Vi parte de meu rosto refletido como num espelho, assim como vi o rosto minha irmã, mais distante. Belonísia tentou tirar a faca de minha mão e eu recuei. “Me deixa pegar, Bibiana”. “Espere”. Foi quando coloquei o metal na boca, tamanha era a vontade de sentir seu gosto, e, quase ao mesmo tempo, a faca foi retirada de forma violenta. Meus olhos ficaram perplexos, vidrados nos olhos de Belonísia, que agora também levava o metal à boca. Junto com o sabor de metal que ficou em meu paladar se juntou o gosto do sangue quente, que escorria pelo canto de minha boca semiaberta, e passou a gotejar de meu queixo. O sangue se pôs a embotar de novo o tecido encardido e de nódoas escuras que recobria a faca. Belonísia também retirou a faca da boca, mas levou a mão até ela como se quisesse segurar algo (Vieira Junior, 2018, p. 11).

El fragmento perteneciente al capítulo inicial de la obra titulado “Fio de corte”, comienza en la infancia de Bibiana y Belonísia las cuales, en el momento de la trama, manipulan el puñal de su abuela sintiéndose tentadas por probar el gusto de la hoja de metal. Como señala la cita, la sangre corriendo por el paladar de las niñas alertará lo acontecido. Este incidente será central en el desarrollo del relato y tiene como consecuencia un corte profundo en la lengua de Bibiana y la amputación de la de Belonísia, como se explica en el relato: “uma havia amputado a língua, a outra tinha tido um corte profundo, mas estava longe de perdê-la” (Vieira Junior, 2018, p. 15). Desde lo acontecido, en la obra se establece que “Uma seria a voz da outra” (Vieira Junior, 2018, p. 19). De este modo, a partir del accidente la trama despliega un juego de alteridades donde en la voz de una resuena la Otra. Desde la perspectiva propuesta para este análisis la carencia de lengua-lenguaje de Belonísia allanada por medio de la enunciación compartida, metaforiza el violento silenciamiento de la voz subalterna la cual se manifiesta desde cierta ausencia. Respecto a esto último, Derrida plantea “lo otro, lo completamente otro solo puede manifestarse como lo que es […] una cierta no-manifestación, una cierta ausencia” (Derrida, 1989, p. 122). Según ello, en la novela, la voz Otra se presenta no como ausencia pura sino como cierta presencia diferida lo que en el texto queda metaforizado por medio de la lengua compartida. De este modo, es posible afirmar que el corte-herida de la lengua refiere a la violencia contenida en las estructuras del pensamiento fundado en la mismidad del ser, principio de identidad que connota lo otro como inferioridad. Del mismo modo, el desgarro de la lengua connota la búsqueda por liberase de las violencias inherente al discurso de dominio, como será abordado en la segunda parte de este trabajo. Por cierto, no es posible ignorar la perspectiva de género presente en el texto, la cual se despliega para este análisis al considerar la imposición lingüística del colonizador como acto de dominio, en el cual la experiencia de las mujeres afrodescendientes se presenta como significante excluido de la narrativa hegemónica. De lo planteado, es posible tomar las palabras de Hélèn Cixous, quien exhorta a la subalterna a expresarse en una lengua extranjera liberándose con ello de las imposiciones enunciativas articuladoras de la mismidad del ser. Al respecto Cixous explicita: “en esta lengua extranjera subsiste algo de indeciso, el espacio para la vacilación de la subjetividad” (Cixous, 2015, p. 69, énfasis mío), vacilación que permite enunciarse a la voz diferida. Volviendo a la trama del texto, cabe señalar, que la mayor de las hermanas narra este primer capítulo. En el momento del relato sus padres, Zeca Chapéu y Salustiana Nicolau, habitan una hacienda llamada Água Negra, antes de llegar a este lugar Bibiana asegura: “O povo vagou de terra em terra pedindo abrigo, passando fome, se sujeitando a trabalhar por nada” (Vieira Junior, 2018, p. 212). Según esto, el contexto de Torto arado (2018) aborda al menos cuarenta años de la historia de una familia de trabajadores rurales nordestino de Brasil, los que tras la abolición de la esclavitud se vieron forzados a deambular de un lugar a otro. Conforme a lo señalado, la trama se sitúa en las primeras décadas del s. XX, en pleno desarrollo del sistema de moradias, el que tras la derogación de la esclavitud dio trabajo a los esclavos recientemente libertos. En la novela dicho sistema se caracteriza como inequitativo intercambio de fuerza de trabajo por el derecho temporal a un lugar donde subsistir. De ello, se sostiene que pese a vivir muchos años en esas tierras, la precariedad de la familia de la narradora es causado por el constante pago de impuestos exigido por los dueños. El hecho acontecido en el trascurso del tiempo termina mostrándole a la mayor de las hijas del curandero jarê3 que la tierra habitada nunca les pertenecería. También, compartiendo la misma impotencia su primo Severo, quien se convertirá en su esposo y padre de sus hijos, le propone dejar la hacienda de Água Negra marchándose a la ciudad, acontecimiento que cierra el capítulo y que significa la separación de las hermanas, también el fin de la enunciación compartida desde el accidente. En este sentido, cabe indicar que el segundo capítulo se abre con Belonísia ya adulta la que, además, pasa hacerse cargo de la narración. Esto no significa el fin el juego de alteridades que hace resonar bajo la voz enunciativa múltiples voces, como se pone en evidencia en el siguiente fragmento:

Não me furtava a dizer o que faria muitos correrem, temendo a virulência de uma língua. Eram palavras repetidas por minha voz deformada, estranha, carregada de rancor por muitas coisas, e que só fez crescer ao longo dos anos. Agora, com os maus-tratos de Tobias, elas se tornaram mais vis, eram gritadas por minhas ancestrais, por Donana, por minha mãe, pelas avós que não conheci, e que chegavam a mim para que as repetisse com o horror de meus sons, e assim ganhassem os contornos tristes e inesquecíveis que me manteriam viva (Vieira Junior, 2018, p. 122).

Al igual que en el primer capítulo, donde bajo la voz de Bibiana resuena la voz de su hermana, la narración coral o ventrílocua se perpetúa en este segundo capítulo, en tanto, en la enunciación de Belonísia se manifiestan otras voces: la de su abuela, madre y bisabuelas. Coro de enunciaciones ancestrales y femeninas que se unen al grito virulento con que la narradora de este acápite de la obra se revela a los malos tratos de su pareja. Al poco tiempo de pedirla a sus padres como compañera Tobias comienza a infringirle un trato violento, acrecentado durante las usuales borracheras del hombre. Por ello la menor de las hermanas rompe su mudez a través de su voz deformada, extraña y cargada de rencor, como expresa en la cita. La enunciación torcida de la hija de Salustiana con sus extraños sonidos articula esa lengua impura, bastarda, femenina y africana la cual - en su intemperie del discurso - deviene errada. Relacionado con esto, se puede indicar que Cixous (2015) denomina lengua extrajera “aquella lengua en que se hablan las mujeres cuando nadie las escucha para corregirlas” (Cixous, 2015, p. 37). Esta enunciación femenina, según Cixous, logra emitirse solo entre mujeres, en tanto, la impropiedad pronunciada suscita corrección, de allí deviene su condición extranjera. En la obra, la voz comunitaria es enunciación femenina y ancestral, voces que se entraman con la de la protagonista emitiendo sonidos de horror, tristes e inolvidables, según expresa el fragmento. Ahora bien, la extranjería o extrañeza contenida en los sonidos articulados parecen querer contradecir el consabido silencio subalterno adhiriendo más bien a los postulados de la deconstrucción derridiana, para la cual “el ser, habla, en todas partes y siempre, a través de toda lengua” (Derrida,1968, p. 26). Aunque cabe advertir, como establece el texto, que la enunciación de la voz otra solo es posible como presencia diferida o lo que es igual, una cierta ausencia. Es en este sentido que el habla de Belonísia carga su extranjería, constituyéndose en alteridad radical de la discursividad - patriarcal y colonial - la cual se manifiesta en la trama como aberrante o desordenada emisión de sonidos torcidos o deformados que a ella le resultan vergonzosos:

O som que deixou minha boca era uma aberração, uma desordem, como se no lugar do pedaço perdido da língua tivesse um ovo quente. Era um arado torto, deformado, que penetrava a terra de tal forma deixá-la infértil, destruída, dilacerada (Vieira Junior, 2018, p. 121).

Es entonces esta lengua otra, en su impropiedad, transgresión e inadecuación la que otorga título a la obra, como intenta explicar la narradora en la cita. En ella las palabras deformadas que logra emitir la llenan de vergüenza, a punto de considerar que el arado torcido que logra pronunciar, deja infértil la tierra, la destruye y dilacera. Esta habla impropia, reclama la destitución de las clausuras discursivas de la mismidad. En dicho sentido cabe referir que, tras el accidente de las niñas, Donana - abuela de estas y propietaria del arma que causó la desgracia - se deshace del cuchillo lanzándolo al río, el puñal vuelve a reaparecer en el camino de las protagonistas. Con ello, bajo la imagen del desgarro de la lengua, en el relato empieza a gestarse el intento violento de destituir el sistema colonial-patriarcal y sus discursividades.

Lengua herida: destitución violenta de dominio patriarcal y colonial

Desde la línea de esta investigación - lengua y lenguaje - materializan esa zona de intemperie cerrada a la alteridad, que solo como presencia diferida posibilita la manifestación de lo no-mismo. Según ello, en esta segunda parte del análisis se dará cuenta del movimiento de resistencia de los personajes respecto de las leyes simbólicas, lo que se metaforiza en la obra a través del desgarro de la lengua. Respecto de lo anterior, cabe señalar “lo simbólico aparece definido en términos de estructura lingüística, y estas son normas que explican las relaciones de parentesco” (Butler, 2001, p. 37). En el sentido normativo, el parentesco o la Ley del Padre regula y prohíbe los límites inteligibles de la comunicabilidad, principio teleológico fundante de occidente que permea tanto el pensamiento y las estructuras del lenguaje. De ello, Butler indica que la regla del parentesco se caracteriza por determinar “las relaciones de prohibición que están codificadas de acuerdo a la ‘posición’ ocupada por cada miembro de la familia, conforme al mandato exogámico” (Butler, 2001, p. 35). La autora afirma también que el estatus conferido a esta norma prohibitiva “es precisamente el estatus que se la da al falo, el lugar simbólico del padre, lo indisputable, lo incontestable” (Butler, 2001, p. 38). Bajo estas consideraciones, la lengua amputada de Belonísia metaforiza de igual forma la violencia colonial y patriarcal contenida en las estructuras del lenguaje y su intrínseca relación con el poder normativo, así como también, en su desgarro, dicha metáfora alegoriza el reclamo destituyente de la clausura hacía lo otro. Respecto de esto último, cabe plantear que el intento de ruptura de la ley paterna y/o parental, en la trama se presenta como herencia devenida de la violencia esclavista. Así queda establecido en el texto:

Naquele inferno chamado Caxangá, o inferno de escravidão a que se acostumou como se fosse sua terra, não teve autorização para parir seu filho em casa. Zeca nasceu no meio da roça, dentro de um charco, com a ajuda das trabalhadoras da fazenda, debaixo deste mesmo sol que agora fervilhava seu juízo. Era sua por merecimento. Certamente, Deus a perdoaria (Vieira Junior, 2018, p. 223).

Según el fragmento, Donana debe dar a luz en medio de la plantación, en un charco, con única ayuda de las otras trabajadoras, de este modo la esclavitud se presenta en la novela como radical desposesión. Por cierto, el despojo de esta será transmitido a Zeca Chapéu su hijo, quien pese a ser esclavo liberto, deberá deambular de un lugar a otro en busca de una tierra para establecerse, desterritorialización que malamente se resuelve con el sistema de moradia. Conforme a ello, la desposesión es legado devenido de la esclavización, violencia e injusticia que en el fragmento se describen como infernales. Ahora bien, en la cita es posible evidenciar el anuncio implícito de un agravio en contra de la ley suprema del Dios-Padre, máxima autoridad simbólica, invocada en la frase final del fragmento: “Dios la perdonaría”. La incondicionalidad de la acción enunciada afirma un tiempo indeterminado de transgresión como “herencia que no puede ser sino dividiéndose, desgarrándose, difiriendo de ella misma hablando varias veces y con varias voces” (Derrida, 2003, p. 86). Así, considerando la narración ventrílocua o coral que configura Torto arado (2018), es posible referir a la multiplicidad de voces que se enuncian en la obra, las cuales diseminan y desgarran la autoridad colonial/patriarcal demandando un acto expiatorio. En este sentido la reaparición del puñal constituye la materialización de la responsabilidad de hacer justicia. En el momento que Belonísia se reencuentra casualmente con el arma que había amputado su lengua decide “‘Não devolverei a Tobias’, foi o que passou por seus pensamentos, ‘pertence à minha família’” (Vieira Junior, 2018, p. 227). De lo anterior, cabe aclarar que el cuchillo fue encontrado por la narradora- protagonista entre las cosas de su conviviente, Tobias. El puñal, tiene por cierto un rol central en el desarrollo de los acontecimientos, en tanto corta, hiere, rompe y/o amputa, metafórica referencia a la violencia demandada en el intento de desgarrar las estructuras normativas. Como bien se establece en la cita la ley paterna - prescriptiva y autoritaria - establece la desposesión de soberanía del cuerpo y subjetividad otra, lo que en el fragmento se relata en la indignidad de nacer en un charco como le aconteció a Zeca Chapéu. La ley parental, así mismo, se sedimenta en la sociedad colonial como debilitamiento de los vínculos filiales para los esclavos, que han sido despojados tanto de sus orígenes como de sus lazos parentales y familiares. De este modo, el niño nacido en un charco, que en el transcurso del texto se llamará José Alcino y luego Zeca Chapéu, encarna el despojo subjetivo heredado por los afrodescendientes en Brasil. Devaluación paterna solo atenuada en el texto por la condición de líder espiritual de progenitor de Belonísia. Aunque también esto instala el dominio del curador de jarê como gobierno extraterrenal, única manera de convivir en Água Negra con la autoridad del dueño de las tierras, potestad que Zeca termina asimilando como forma de asegurar el lugar penosamente conseguido para él y su familia. Así queda expresado en el texto reiteradamente: “Zeca nos fez saber, em muitas oportunidades, que falar mal de quem havia nos acolhido e permitido que morássemos e dali vivêssemos era ingratidão” (Vieira Junior, 2018, p. 135). Conforme a lo planteado la figura del padre, encarnada por Zeca Chapéu aparece despojada de la soberanía que le supone la norma filial. En este sentido, decidores son los planteamientos de Angela Davis (2016), quien sostiene que el sistema esclavista en América “desanimaba la supremacía masculina, una vez que maridos, esposas, padres e hijas eran sometidos a la autoridad absoluta de los señores” (Davis, 2016, p. 24).4 La anterior afirmación, explícita la necesaria reestructuración de las relaciones filiales dentro de la organización social esclavista, dada la degradación de la autoridad paterna, razón por la cual en el texto la acción expiatoria recae sobre Bibiana y Belonísia. Por cierto, en la obra la materialidad del puñal, la herida y la amputación, no esconden la violencia implicada en la acción destituyente, la que se concretará con la muerte de Salomão, dueño Água Negra. Este hecho es narrado en el tercer y último capítulo llamado “Rio de Sangue”:

A onça caiu com as presas enterradas no chão. Retirou uma porção de terra da boca. Não, era uma armadilha tola para capturar uma caça. Mas, antes que levantasse, se abateu sobre seu pescoço um único golpe carregado de uma emoção violenta, que até então desconhecia. Sobre a terra há de viver sempre o mais forte (Vieira Junior, 2018, p.255).

En este último capítulo, la narración es tomada por Rita Pescadora, entidad jarê, la cual afirma haber atravesado lugares y tiempos acompañando la diáspora trasatlántica africana: “Sou uma velha encantada, muito antiga, que acompanhou esse povo desde sua chegada das Minas, do Recôncavo, da África” (Vieira Junior, 2018, p. 204). Santa Rita asegura haber atravesado tiempos y cuerpos “montándolos”: “Sou muito mais antiga que os cem anos de Miúda. Antes dela, me abriguei em muitos corpos” (Vieira Junior, 2018, p. 195). De lo anterior, se desprende que esta, en su transitar, viene enunciándose desde cierta presencia bajo la voz de Bibiana y Belonísia en los capítulos anteriores. Así los actos justicieros que tienen lugar en el relato son parte de la expiación de la violencias discursivas. La cita da cuenta del asesinato del dueño de las tierras, quien encarna la autoridad normativa y prescriptiva del dominio colonial, en el fragmento este ha caído en un foso y recibe un único golpe cargado de furia. También, la analogía del hombre con una pieza de caza, alude a las dinámicas del poder hegemónico instituido a partir de la dialéctica amo-esclavo, cuya destitución se presenta también como acto violento. Hacia el final de la novela, esta destitución queda inconclusa, lo que es expresado a través de la frase que cierra el texto: sobre la tierra ha de vivir siempre el más fuerte. Esta aseveración, donde se reafirma la primacía del más fuerte, alude al determinismo social, base teórica de la subyugación racial y patriarcal. Esto último, en la obra de Itamar Vieira se presenta como violencia generadora de otras violencias, ciclo condenado a repetirse si se sigue operando sobre el mismo paradigma teórico, al menos así parece sugerirlo la novela.

Conclusiones

Nos propusimos abordar la novela Torto arado (2018) de Itamar Vieira Junior a partir de la perspectiva de la retórica de la lengua entendiendo esto como herencia destituyente del discurso colonial y patriarcal. A suerte de ello, este trabajo se ha centrado en la metáfora de la lengua herida la cual devela las estructuras del discurso como obedientes a las clausuras onto-teleológicas de la tradición occidental. Así mismo, en su desgarro la lengua connota en el relato la violenta destitución del poder que oblitera la subjetividad Otra, clausura sustentada en la singularidad del Padre.

Según esto, planteamos que la narración coral y/o ventrílocua que configura el relato metaforiza en el texto la diseminación del sujeto a través de la enunciación plural que interpela al colectivo de mujeres afrodescendientes a responder a las violencias coloniales y patriarcales. En este sentido, como referimos en el análisis, bajo las voces de las narradoras-protagonistas se pronuncia siempre una voz extranjera, paria, femenina y/o africana, que desde una cierta ausencia les permite manifestarse. De esta manera el texto de Itamar Vieira pareciera querer negar el silencio subalterno, por medio de la palabra torcida que siempre resuena bajo la estructura discursiva. En consideración a esto no es posible ignorar la dimensión de género textualizada en la obra, donde por medio del habla ventrílocua la palabra de las mujeres afrodescendientes se presenta como significante extraviado de la discursividad hegemónica.

En relación a la herencia destituyente, connotada como desgarro, esta deviene del despojo material y subjetivo de la esclavitud. Así, la desposesión se configura como afrenta que demanda expiación, materializada en la trama como acto de ajusticiamiento colectivo. En este sentido el cuchillo anticipa lo que ocurrirá en el desenlace, esto es la muerte violenta del dueño de las tierras. También, el corte y amputación de la lengua de Bibiana y Belonísia, son marcas indiciales que no esconden la violencia demandada por la acción expiatoria. Por último, cabe referir que el desenlace declara la obra destituyente como inconclusa, proyectando su re-escenificación indefinidamente, al relacionar el dominio del más fuerte como base teórica del poder racial y patriarcal, instaurando con ello la existencia como devenir predatorio de voluntades enfrentadas.

Para finalizar, como proyección de este análisis, proponemos indagar otros corpus poéticos y narrativos de las letras afrobrasileñas, a fin de evidenciar en ellos las operaciones retóricas y su funcionamiento en la alegorización de los cierres discursivos y las agencias subalternas devenidas de estas clausuras. Lo anterior, implica abordar estas literaturas desde el habla torcida que se manifiesta en los discursos literarios, evidenciando además las dimensiones políticas y estéticas de dichos corpus. En este sentido, cabe señalar que otros autores y autoras, al igual que Itamar Vieira Junior, vienen desarrollando una producción escritural comprometida con las innovaciones estéticas contemporáneas y a su vez con su propia afrodescendencia.

Referências

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  • 1
    De acuerdo a Butler “en las relaciones de parentesco en las que hay varias ‘posiciones’ establecidas dentro de la familia, siguiendo un mandato exogámico. En otras palabras, una madre es alguien con quien su hijo o hija no tiene relaciones sexuales, y un padre es alguien con quien su hijo o hija no tiene relaciones sexuales, una madre es quien tiene solamente relaciones sexuales con el padre, etc. Estas relaciones de prohibición están codificadas de acuerdo con la ‘posición’ que ocupa cada miembro de la familia” (2001, p. 35).
  • 2
    Se entiende discurso-discursividad en relación con el poder. Al respecto Michel Foucault (1997) sostiene: “Occidente está ligada no solamente a su gramática, sino a aquellos que, apropiándose del discurso, detentan el derecho a la palabra” (Foucault, 1997, p. 7).
  • 3
    Si bien este el aspecto religioso presente en el texto queda fuera del alcance de este artículo, cabe mencionar que la religión jarê es un tipo de candomblé rural que sincretiza las tradiciones y rituales de origen africano, católicas e indígenas, es decir una variante del candomblé caboclo.
  • 4
    De mismo modo la autora afirma que el despojo de la soberanía masculina entre los grupos esclavizados se sostuvo por razones políticas. De ello, Angela Davis (2016) señala “el fortalecimiento de la superioridad de los hombres entre la población esclava podía llevar a una peligrosa ruptura en la cadena de comando” (Davis, 2016, p. 26).

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    18 Ago 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    15 Mar 2025
  • Acepto
    10 Jun 2025
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Grupo de Estudos em Literatura Brasileira Contemporânea, Programa de Pós-Graduação em Literatura da Universidade de Brasília (UnB) Programa de Pós-Graduação em Literatura, Departamento de Teoria Literária e Literaturas, Universidade de Brasília , ICC Sul, Ala B, Sobreloja, sala B1-8, Campus Universitário Darcy Ribeiro , CEP 70910-900 – Brasília/DF – Brasil, Tel.: 55 61 3107-7213 - Brasília - DF - Brazil
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