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Open-access SALUDO, BRAZO EN ALTO, AL ESTADO TOTALITARIO BRASILEÑO: LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO NOVO INTERPRETADA POR LA PRENSA FALANGISTA

The construction of the Estado Novo as interpreted by the falangist press

Saudação, braço erguido, ao estado totalitário brasileiro: a construção do Estado Novo interpretada pela imprensa falangista

RESUMEN

Este artículo se centra en analizar cómo Falange, el partido fascista español, siguió el proceso que culminó con la instauración del Estado Novo en Brasil entre 1937 y 1938. La evaluación se ha realizado a partir de los textos publicados en los periódicos del partido, en los que se pone especial atención al papel de Getúlio Vargas y de la Ação Integralista Brasileira (AIB) durante estos meses. Una de las principales conclusiones de este texto es que Falange, como hiciera la AIB en sus lecturas sobre la Guerra Civil Española, priorizó el equilibrio dentro de sus propios “compromisos autoritarios” nacionales a una hipotética camaradería fascista transnacional.

PALABRAS CLAVE:
Fascismo; Historia transnacional; Falange Española; Ação Integralista Brasileira; Estado Novo

RESUMO

Este artigo se concentra em analisar como a Falange, o partido fascista espanhol, seguiu o processo que culminou com a instauração do Estado Novo no Brasil entre 1937 e 1938. A avaliação foi feita a partir dos textos publicados nos jornais pertencentes ao partido, nos quais se dá especial atenção ao papel de Getúlio Vargas e da Ação Integralista Brasileira durante esses meses. Uma das principais conclusões do texto é que a Falange, assim como a Ação Integralista Brasileira (AIB) em suas leituras sobre a Guerra Civil Espanhola, priorizou o equilíbrio dentro de seus próprios “compromissos autoritários” nacionais em detrimento de uma hipotética camaradagem fascista transnacional.

PALAVRAS-CHAVE:
Fascismo; História transnacional; Falange Española; Ação Integralista Brasileira; Estado Novo

ABSTRACT

This article focuses on analyzing how Falange, the Spanish fascist party, followed the process that culminated in the establishment of the Estado Novo in Brazil between 1937 and 1938. The assessment is based on texts published in the party’s newspapers, with particular attention paid to the role of Getúlio Vargas and the Ação Integralista Brasileira (AIB) during these months. One of the main conclusions of this articleis that Falange, as the AIB did in its readings on the Spanish Civil War, prioritized balance within its own national “authoritarian compromise” over a hypothetical transnational fascist camaraderie.

KEYWORDS:
Fascism; Transnational history; Falange Española; Ação Integralista Brasileira; Estado Novo

INTRODUCCIÓN

Durante la noche del 10 al 11 de noviembre de 1937, Getúlio Vargas leyó su proclamación al pueblo brasileño, una alocución simbólica con la que dio por clausurado el orden constitucional de 1934. Con la promulgación de la nueva Constitución, al día siguiente, se formalizó la instauración del Estado Novo, régimen que institucionalizó la deriva autoritaria en curso desde varios años atrás.

Las cabeceras fascistas españolas acogieron con simpatía los hechos que se estaban desarrollando al otro lado del Atlántico. Sin embargo, los diarios falangistas fueron precavidos, en general, en la transmisión de las noticias que llegaban desde Brasil. La tónica fue la explicación de unos hechos que hermanaban las experiencias que se estaban llevando a cabo tanto en España como en Brasil: la construcción de unos estados presuntamente “totalitarios”, aliados en la lucha contra el comunismo y la “defensa de la civilización”, pero en los que el fascismo y sus representantes autóctonos tenían unos contornos poco definidos.

Teniendo en cuenta el mencionado contexto, este artículo se propone analizar cómo los principales diarios de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET-JONS) explicaron e interpretaron las noticias procedentes de Brasil sobre el proceso que culminó en el golpe de Estado de noviembre de 1937. En un primer momento, mi interés radicaba en conocer cómo los falangistas visualizaban y escribían sobre sus compañeros fascistas brasileños y si, dado el caso, mostraban algún tipo de compromiso con sus “camaradas”. Tras la realización del análisis de las fuentes, es importante señalar que no solo es importante lo que se dice en ellas, sino también lo que nunca se dejó por escrito.

Antes de iniciar la presentación y el análisis de las informaciones publicadas, considero importante remarcar dos observaciones iniciales. En primer lugar, el partido fascista español, conocido informalmente como Falange, tuvo varias denominaciones oficiales a lo largo del tiempo. Desde su fundación, a finales de octubre de 1933, la organización se llamó Falange Española (FE). A comienzos de 1934, tras la fusión con las Juntas de Ofensiva Nacional- Sindicalista (JONS), pasó a denominarse Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional- Sindicalista (FE-JONS). Finalmente, en abril de 1937, durante la guerra civil, y como resultado de su unificación forzada con la Comunión Tradicionalista -el movimiento político representante del carlismo, el legitimismo reaccionario español-, adoptó el nombre de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. De este modo, FET-JONS se convirtió en el partido único del régimen franquista, así como en la organización fascista que más tiempo detentó el poder en todo el mundo (véanse, p. ej., Ellwood, 1984; Payne, 1985, 1997; Rodríguez Jiménez, 2000).

Además, el hecho de constituirse como la principal plataforma política de la dictadura hizo posible el nacimiento de una relación tan simbiótica como problemática: los miembros del partido siempre ocuparon puestos de poder de la más alta importancia dentro del estado franquista, pero en su seno se dieron tensiones, especialmente con otros miembros del particular “compromiso autoritario” franquista. La voluntad falangista de marcar un rumbo más “fascistizante” para el Nuevo Estado español creó, más de una vez, fricciones con carlistas, jerarcas eclesiásticos o militares. Fue en esos momentos en los que Franco siempre apareció como la figura de un “árbitro”, dispuesto a limar por decreto las asperezas de la policrática dictadura. Con esto, pretendo señalar que, tras la Unificación política, la “autonomía” política falangista siempre se vio limitada por la presencia de un dictador con poderes prácticamente absolutos, pero que, igualmente, los espacios para el conflicto y la negociación política siempre estuvieron ahí (véanse, p. ej., Andrés-Gallego, 1997: 30-33; Lazo, 2008: 53-68; Saz Campos, 2003: 157-202, 2004: 132-145, 2013: 135-168; Thomàs, 1999: 131-140, y especialmente sus textos de 2014 y 2016).

Por otro lado, cabe señalar que, si bien existen investigaciones y textos que evalúan y verifican la visión que los integralistas tuvieron sobre la Guerra Civil española (Bertonha; Paschoaleto, 2012; Gonçalves; Pereira, 2019) o sobre cómo los fascistas brasileños miraban hacia España (Grecco; Gonçalves, 2024), la mirada inversa era una cuestión que aún estaba por iluminar. Así pues, la originalidad de este artículo, derivado de los años de investigación dedicados a mi tesis doctoral, radica en esta cuestión.

El Brasil en la prensa fascista española

La atención puesta por los diarios falangistas a la realidad brasileña -o a sus compañeros fascistas en Brasil- fue de una magnitud considerablemente menor al interés exhibido por los integralistas hacia los hechos que se estaban desarrollando en España. Esto no se debe a un menosprecio manifiesto de los falangistas hacia aquello que acontecía en tierras brasileñas, sino que hay una serie de factores que ayudan a contextualizar la dimensión de la mirada falangista hacia Brasil.

En primer lugar, una cuestión logística. El desarrollo de las publicaciones falangistas antes del estallido de la guerra, en julio de 1936, era insignificante si se compara con el número de publicaciones con las que contaba la AIB a finales de ese mismo año. Falange, entre 1933 y 1936, apenas contó con un puñado de periódicos, cuyas existencias se vieron afectadas, principalmente, por la mala situación económica y política del partido. Esta limitación acabaría con el inicio del conflicto. La transformación de la organización en un verdadero partido de masas fue un proceso que posibilitó la expansión de sus cabeceras mediáticas. Este desarrollo se dio gracias al acaparamiento y a las rapiñas promovidas por las autoridades militares, que avalaron sistemáticamente la confiscación, por parte de los fascistas, de los talleres editoriales de antiguos diarios de izquierdas. Esta sucesión de acontecimientos hizo posible que, en palabras de Eduardo González Calleja (2012: 12-17), Falange acabaría contando con un “cuasi-monopolio de la información”.

En segundo lugar, un aspecto organizativo-ideológico. Si el estado de las publicaciones falangistas antes del inicio del conflicto era precario, también lo era el de la rama del partido dedicada a estructurar núcleos fuera del país. A pesar de haber nacido en 1935, el “Servicio Exterior de Falange” no gozó de demasiada actividad hasta inicios de 1937, momento en el que el partido fascista tuvo la suficiente fuerza organizativa para impulsar la creación de un número considerable de delegaciones (González Calleja, 1994: 281-282). Además, la proyección falangista -y más tarde la del propio estado franquista- sobre Iberoamérica se fundamentó alrededor de varios conceptos que, a pesar de su polisemia, tenían en común una relativa omisión hacia Brasil. Voces como Raza, Imperio o Hispanidad fueron constantemente utilizadas para, mediante una serie de usos del pasado colonial español, tratar de establecer, de forma más o menos subrepticia, a la “Nueva España” como potencia dominante -o “rectora cultural”- sobre los países hispanohablantes (Gómez-Escalonilla, 1988: 15-36, 1992: 47-70 y 121-130; González Calleja; Limón Nevado, 1988: 47-80). La propia ajenidad de Brasil a estas cuestiones propició que el arraigo ideológico de la Falange allí fuera más complejo. A esto hay que sumarle una colonia española que, en comparación, era menor que la de otros grandes países de la región y que, en su mayoría, mantuvo su apoyo a la causa republicana. (Pardo Sanz, 1992: 219; Venturini de Oliveira, 2015: 183-189).

Finalmente, un asunto evidente. Entre 1936 y 1939, una realidad omnímoda atravesaba las principales cabeceras del bando sublevado: la guerra. Entre las noticias que relataban los avances del ejército “nacional”, los espacios reservados a la información internacional eran habituales, aunque esos huecos estaban, normalmente, copados por sucesos relacionados con la actualidad en los países explícitamente aliados de la causa rebelde, esto es, Italia y Alemania.

Consecuentemente, la información llegada desde Brasil no ocupó portadas excepto en contadas ocasiones. Estas serían, por un lado, los lapsos entre octubre y diciembre de 1937, momentos de preparación y ejecución del golpe que inauguró el Estado Novo y, del otro lado, mayo de 1938, mes en el que los integralistas tratarían de hacerse con el poder mediante las armas. Las informaciones provenientes de allende el Atlántico trataban eminentemente del estado de la política brasileña y su particular transformación en un régimen, como mínimo, autoritario. Asimismo, el actor por quien más fijación demostraron los falangistas españoles no fue Plínio Salgado o la AIB como organización, sino que fue el presidente de la República, Getúlio Vargas, como líder del movimiento “triunfante”. Este hecho, en mi opinión, es reseñable: se ha podido comprobar que los falangistas eran conscientes de la existencia de sus “compañeros” brasileños desde tan pronto como, al menos, enero de 1934: en el número 2 de su primera publicación oficial, F.E., Falange reconoció que “un partido joven y ambicioso con el emblema fascista como divisa, el Partido Integralista” estaba creciendo en Brasil1. A pesar de la creciente importancia del integralismo, la prensa falangista no volvió a desarrollar ninguna cuestión sobre el fascismo brasileño hasta mucho tiempo después, haciendo posible que el hipotético hilo que unía a falangistas e integralistas se perdiera. De cualquier manera, si la fijación se mantuvo sobre la figura del mandatario gaúcho fue porque, efectivamente, los falangistas entendieron correctamente que fue Vargas, y no los integralistas, quien comandaba este proceso.

Meses más tarde, la expansión de las publicaciones falangistas a partir del verano de 1936 hizo posible que, con el aumento de los periódicos, crecieran las probabilidades de que, desde Brasil, llegara más información. Sin embargo, las menciones a la realidad del país seguirían siendo muy escasas dentro de los diferentes boletines consultados. Las líneas de los diarios falangistas siguieron con mucho interés el desarrollo del momento internacional. No obstante, su atención se dirigió, principalmente, al estado de la política europea y los movimientos que, siempre explicados en clave triunfal, acometían los regímenes alemán e italiano. También se solían recoger las muestras de apoyo que algunos gobiernos del mundo exhibían respecto al bando rebelde: por ejemplo, en septiembre de 1936, el diario Amanecer, de Zaragoza, citaba un telegrama, dirigido por el mismo Getúlio Vargas a la Junta Nacional de Defensa, en Burgos, en el que se afirmaba que se veía con agrado el “movimiento militar”. Este telegrama no ha sido encontrado en el archivo personal del mandatario gaúcho. De hecho, el propio diario aseguraba que: “Esta noticia no ha sido confirmada: yo la doy sin asegurarla, pero bien creo que pueda ser verdad” (Amanecer, 1936a: 5). La inexistente rigurosidad periodística de la prensa falangista -que, como medio fascista, tenía más de propaganda que de prensa- se volvió a demostrar en el mismo diario dos meses después, cuando en una de sus ediciones se decía que el Gobierno brasileño, quien había “sufrido los crímenes marxistas” y aún tenía “sus heridas sangrantes”, había reconocido como oficial al Gobierno liderado por Franco (Amanecer, 1936b: 3). El reconocimiento no se realizó hasta marzo de 1939, cuando la guerra estaba prácticamente finalizada. (Venturini de Oliveira, 2015: 269 y ss.)

En mayo de 1937, ya tras la unificación política, el diario canario Falange informaba de la opinión que se tenía del partido desde Brasil. En este artículo se afirmaba que el país, “azotado” por los problemas creados por el liberalismo y la “falsa democracia”, era lugar de arraigo de un “movimiento nacionalista tendiente a reconstruir totalitariamente al país dentro de novísimos principios de unidad, cristiandad y solidaridad”. Hablaban de Plínio Salgado, “joven y claro patriota” brasileño, como “caudillo del Integralismo”, movimiento cuya acción había “logrado conmover a todo el Brasil y sacudir los cimientos del viejo régimen imperante en él”. Tras hacer referencia a su “vasta organización periodística”, se hablaba de que Salgado había escrito un artículo, cuyo título era “Revolución o reacción”, en el que analizaba el carácter del movimiento nacionalista español. Explicaba que mucha gente pensaba que la “revolución” española estaba protagonizada por reaccionarios y capitalistas, nobles y propietarios, pero nada más lejos de eso, Salgado insistía en, por un lado, la participación de “grandes intelectuales”, como Miguel de Unamuno o Pío Baroja, y, por el otro, del “carácter proletario del movimiento”2. La forma en la que se escribe sobre la AIB, a modo de presentación, da a entender que, en este diario, las informaciones sobre los integralistas eran una novedad.

En julio de 1937, Hierro, diario falangista de Bilbao, informaba sobre los procesos judiciales que, en Brasil, se les estaban abriendo a los “cabecillas del golpe de estado comunista” de noviembre de 1935. Por la información aportada, los falangistas sí que conocían cual había sido el alcance del intento del golpe de Estado3. Un mes más tarde, Arriba España, periódico falangista de Pamplona, informaba sobre una “manifestación fascista” en Brasil. A esta, realizada en la ciudad de Campos dos Goytacazes el día 15 de agosto, habían asistido diez mil personas según el mismo diario (Arriba España, 1937: 4). Ese mismo mes, en Libertad, de Valladolid, se publicó un pequeño texto, a modo de crónica, en el que se relataba el paso de cuatro falangistas por la ciudad de Río de Janeiro en su camino a España. Además, se reconocía que, en agosto de 1937, la implantación de la Falange en territorio brasileño era aún muy limitada. Se hablaba de las simpatías de algunos integralistas por los propios fascistas españoles y, de estos, se dice que eran la: “agrupación nacional de las juventudes brasileras, unidas pujantemente en un solo frente anticomunista”, pero no se desarrolla más allá de este hilo conductor4.

Hacia el corporatismo en América, primera etapa del fascismo

A partir del 1 de octubre de 1937, los diarios fascistas españoles empezaron a prestar mucha más atención a aquello que se estaba desarrollando en Brasil. Tras estas informaciones, que se pueden considerar de poca envergadura y fragmentación manifiesta, la máquina editorial falangista comenzó a informar de manera recurrente sobre los hechos que abrirían el camino al golpe de Estado de noviembre de 1937. En las ediciones publicadas entre los tres primeros días de octubre, varios diarios hacían referencia al descubrimiento de un “complot soviético” o una “conspiración comunista” en Brasil (Amanecer, 1937c: 3, 1937d: 4; El Correo Español. 1937a: 5, 1937b: 5). Sin duda, se trataba de la publicación del Plan Cohen, el documento falso que sirvió como pretexto para justificar la instauración del Estado Novo. Hierro informaba de la siguiente manera:

“El Estado Mayor del Ejército brasileño ha publicado una nota dando cuenta de haber sido descubierto un complot comunista, con actuación directa del Komintern, y que debía estallar el día 28 del mes actual. Según estaba organizado dicho movimiento, debían ser asesinados todos los jefes y oficiales del ejército que figuraban en unas listas preparadas al efecto y en las que también estaban inscriptas varias conocidas personalidades brasileñas” (Hierro, 1937b: 5). FE. Falange Española, de Sevilla, describía los hechos de forma similar:

“el Estado Mayor previene al país de que fue descubierta una conspiración comunista que preparaba un movimiento revolucionario para el mes de octubre. Fueron aprehendidos documentos por los cuales se ha comprobado que deberían de ser asesinados algunos generales y destruidos diversos barcos de guerra y aviones” (FE. Falange Españoa, 1937a: 9).

Durante el resto del mes de octubre, la prensa falangista se limitó a informar sobre la declaración del estado de guerra, las detenciones de militantes comunistas o algunas disposiciones gubernamentales relacionadas con el combate al comunismo. Una de las pocas excepciones, ya de finales de mes, fue una información publicada por el diario Unidad, de San Sebastián. En esta, se decía que la Cámara de Comercio Hispano-Brasileña de Madrid, que se había establecido provisionalmente allí, estaba emprendiendo un proceso de “acercamiento y compenetración hispano-brasileña, preparadoras de un aumento de intercambio espiritual y material entre los dos países”. A esto le seguía una declaración propia:

“Con el Gobierno del Brasil y su pueblo, todo nos une, nada nos separa de la España de Franco, puesto que ambos países luchan por igual contra el comunismo de Moscú, destructor de la riqueza productora. Un millón de camisas verdes se aprestan a la defensa nacional brasileña. En sus centros docentes se acaba de implantar el estudio obligatorio de la moral cristiana. En los Estados del Brasil, seiscientos mil españoles, la mayoría de ellos nacidos en Galicia, proclaman su fe en el Generalísimo Franco. El futuro, pues, entre el Brasil y España, es profundamente halagador. ¡Viva el Brasil! ¡Arriba España!”5

Un futuro halagador basado en los principios comunes del nacionalismo, del anticomunismo y de la “moral cristiana”. Un diario falangista se hacía eco de esta declaración sin ofrecer mucha más información, pero esta es indicativa de dos cuestiones: en primer lugar, que los falangistas tenían acceso a fuentes brasileñas en las que se afirmaba la existencia de un millón de integralistas y, finalmente, de la voluntad de presentar semejanzas, al menos transitorias, entre los regímenes de Franco y de Vargas. Más adelante, a inicios de noviembre de 1937, hubo algunos medios como Amanecer o FE. Falange Española que informaron sobre una de las muestras de apoyo del partido integralista al Gobierno de Vargas antes del golpe de Estado, especialmente una manifestación realizada el día 2 de noviembre en Rio por los fascistas brasileños, en la cual ambos medios sitúan a 20.000 militantes fascistas (Amanecer, 1937e: 3; FE. Falange Española: 1937b: 1). Por su parte, La Voz de España, de San Sebastián, medio carlista, hablaba de una “manifestación anticomunista en Rio de Janeiro”:

“El martes por la noche (día 2), en impresionante manifestación de patriotismo, desfilaron por las calles de esta capital brasileña, en perfecta formación militar, con banderas y música, 50.000 “camisas verdes”, que persiguen la constitución en el Brasil de un régimen de gobierno parecido a los de Italia y Alemania. Los 50.000 jóvenes fascistas hicieron una gran parada frente al palacio presidencial, aclamando vivamente a todos los miembros del actual gobierno, por su decidida y eficaz campaña contra el comunismo soviético” (La Voz de España, 1937: 6).

Es interesante ver cómo los medios falangistas informan sobre esta manifestación haciendo especial hincapié en la unidad contra el comunismo y el cierre de filas con el jefe del Estado brasileño, sin especificar demasiado cuales son los objetivos de los integralistas. Por su parte, La Voz de España, sí que habla además de la voluntad del integralismo de constituir un régimen similar al de Italia o Alemania. De hecho, esta invisibilización del carácter fascista del integralismo se puede observar en otra información publicada por Amanecer un día antes del golpe de Estado, donde, citando una declaración del propio Plínio Salgado, solo se desarrolla la voluntad del Chefe brasileño de proseguir la lucha contra el bolchevismo, obviando el carácter y el programa del movimiento integralista (Amanecer, 1937f: 4).

No será hasta las ediciones de los días 11 y 12 de noviembre de 1937 cuando la actualidad brasileña ocupará las portadas de los diarios analizados. Con el golpe que inauguró el Estado Novo, todos los medios consultados otorgan, con importancia dispar, un lugar significativo a la información llegada del Brasil. Buena parte de ellos comparten una interpretación canónica sobre los motivos del golpe: la lucha contra el comunismo. En general, se expone que el presidente Vargas había tomado esa decisión para proteger el país ante una amenaza comunista que pretendía actuar próximamente. Además, citando tanto el discurso que Vargas dio la misma noche del golpe como los artículos de la nueva constitución promulgada, los diarios consultados explicaban que ésta otorgaba poderes extraordinarios al Ejecutivo, que el ordenamiento económico del país pasaría a ser de tipo corporativista o que las cámaras serían clausuradas hasta nuevo orden.

El golpe fue el acontecimiento del que más eco se hicieron los periódicos españoles en este periodo. Todos los periódicos consultados le dedican al menos una o varias páginas. Destacan, por ejemplo, la cobertura que realizó el conservador ABC. Bajo el titular “Pueblos que quieren ser fieles a sus destinos”, afirmaba, sobre la promulgación de una nueva constitución, que esta era de tipo “fascista”. No obstante, no se decía que era aquello que le otorgaba este carácter. Sí se decía, por ejemplo, que habían sido “la Marina y el Ejército” quienes habían conseguido que Vargas la promulgara y que, en consecuencia, se clausuraría el Senado (ABC, 1937: 3).

Por su parte, las informaciones que Amanecer, Hierro y Libertad publicaron entre los días 12 y 16 de noviembre no desarrollaron qué suponía la conversión de Brasil en un supuesto Estado “totalitario”. Estos periódicos hablaban, de nuevo, de la disolución del Senado, o de las atribuciones legislativas que se iba a arrogar el propio presidente, pero los conceptos “fascista” o “totalitario” se utilizaban como un cajón de sastre, sin que se explicitara razones que justificaran el uso de estos adjetivos. En Amanecer, por ejemplo, se habló de la supresión de la cámara alta, del establecimiento de la pena de muerte para los delitos contra la seguridad nacional, del carácter “autoritario” del nuevo régimen o, en un epígrafe posterior, sobre la posibilidad de que Brasil participaría del “Pacto Anticomunista” entre Italia y Alemania, cuestión a la que tampoco se le dio respuesta. Los días posteriores, el diario zaragozano se limitó a informar de algunas manifestaciones de adhesión o referencias a la lucha contra el comunismo. Además, no hay prácticamente menciones a la actitud del partido integralista frente al golpe de Estado (Amanecer, 1937g: 4, 1937h: 4).

Hierro trató también de la disolución de las cámaras, de la anulación de la constitución en vigor hasta esos momentos, y de la convocatoria de un plebiscito popular para crear otra “conforme a las normas del fascismo italiano”, pero no se decía nada más allá de esto. Días después, se volvía a insistir en las ovaciones, vítores y muestras de apoyo a Vargas en medio de las conmemoraciones de las fiestas nacionales en Brasil. Tampoco se nombraba en ningún momento al partido fascista (Hierro, 1937c: 3, 1937d: 3). Asimismo, tras realizar un repaso sobre la trayectoria política de Vargas -e insistir en el apoyo de monárquicos e integralistas que recibía-, Libertad identificaba el totalitarismo en la disolución de las Cámaras, la proclamación del “Estado Corporativo”, y su voluntad de dictar apoyado en los elementos “antimarxistas” (Libertad, 1937b: 8).

FE. Falange Española fue uno de los únicos medios que trató de explicar el golpe de Estado en Brasil con más profundidad. En la edición del día 12, el periódico sevillano publicaba varias reflexiones sobre una columna titulada: “La lección del Brasil”. En esta, se hacía referencia a que, a pesar de que las “falanges” de Salgado agruparan a “dos millones de miembros”, al parecer, estos no formarían parte del nuevo gobierno. Se explicaba que, por lo tanto, el golpe de Estado no significaba la instauración de un régimen fascista en América (FE. Falange Española, 1937c: 1). En una columna lateral, se citaba brevemente la alocución de Vargas y se explicaban las líneas generales de la nueva constitución, pero no se hacía referencia al fascismo (FE. Falange Española, 1937c: 1). Al día siguiente, aparecieron algunas informaciones bajo el titular: “Hacia el corporatismo [sic.] en América, primera etapa del fascismo”. Más allá de la reorganización de la economía nacional o el restablecimiento de la pena de muerte, se encontraba un párrafo en el que se citaban las palabras del ministro de Justicia brasileño, Francisco Campos. Según este: “El corporativismo […] está en el espíritu de la nueva Constitución por el solo hecho de la invitación dirigida a todas las clases del país a una activa colaboración hasta llegar por las necesarias etapas a un régimen corporativo sin precipitaciones” (FE. Falange Española, 1937d: 1 y 5).

En esta misma edición se encuentra uno de los pocos artículos destinados a desarrollar cual era la relación entre el fascismo y el golpe de Estado en Brasil. Este, firmado por un “crítico militar” de nombre Fidel -cuya identidad no se ha podido verificar- era un alegato del cambio de régimen, así como una condena de los sistemas democráticos. El autor utilizó los adjetivos “fascista” y “autoritario” como sinónimos, identificando así una tendencia que localizaba en Austria, Alemania, Portugal o España, países que habían abrazado este tipo de nuevos regímenes a modo de “tabla de salvación”. De esta manera, en la explicación del auge del fascismo en Brasil, no hay tampoco ninguna referencia a los fascistas nacionales6.

Falange también realizó una cobertura extensa. Su edición del día 11 abría con un titular que explicaba la transformación de Brasil en un “Estado totalitario”. Sin embargo, el “totalitarismo” brasileño era únicamente identificado con la estructura corporativa. Al día siguiente, en un texto a varias columnas, se abrían algunas cuestiones: el contenido de la nueva constitución, los apoyos de Vargas -el pueblo, el Ejército y la Marina-, o el desconocimiento sobre la actitud que el partido fascista mantendría a partir de esos momentos7. La fijación por Vargas y el olvido del integralismo también constaban en la nota editorial que da título a este artículo8. Esta columna es enormemente sugerente. El diario canario, dos días tras el golpe de Estado, volvía a celebrar su resultado. Esta vez, de hecho, sin ninguna referencia al integralismo, pero sí a dos de las líneas maestras que vinculaban a varias de las culturas políticas de las derechas, tanto en España como en Brasil, en esos años: el anticomunismo y la “defensa de la civilización”. Además, se reconocía el propio carácter autóctono de cada movimiento fascista, en tanto que permutación de este tipo de erupciones, estructuradas en torno a un “anhelo común”, pero surgidas desde la historia y el suelo que los acogía. Cabe destacar también que, en esta, el autor realizaba una identificación entre “comunistas” y “negros”, de la misma manera que algunos integralistas -u otros fascistas del mundo- solían identificar a los judíos con el comunismo. A pesar de su diferencia, es importante observar e identificar como ambos movimientos utilizan el componente racial y/o étnico para calumniar a sus enemigos. El texto cierra con un gesto hacia Vargas, quien, según los falangistas, gracias a su diligencia, había conseguido evitar una situación semejante a la de España.

Unos días más tarde, en una nueva columna, los falangistas sí que mostraban su antisemitismo explícito. Estos acusaban de “judeo-masónicas” a las agencias informativas internacionales que desprestigiaban lo ocurrido en Brasil. Además, hablaban de que el golpe no había sido la plasmación de la voluntad de un solo hombre, Vargas, sino el “fruto de un estado de opinión nacional, que abarca no solo a los ‘camisas verdes’, juventud de ancho afán nacional preparada para hacer frente al Comunismo, sino también al Ejército compenetrado allí con su misión de salvaguardar la Patria”9. El partido y el ejército serían en principio, como en España, los pilares de esta revolución nacional.

Durante el resto del mes de noviembre, fueron varios los diarios que dedicaron reportajes dirigidos a analizar la realidad brasileña y su, en principio, nueva posición geopolítica. Es especialmente destacable el artículo titulado: “Dictadura en Brasil”, escrito por Jesús Huarte. Fue uno de los pocos artículos destinados a desarrollar la opinión falangista sobre el golpe de Estado en Brasil, sus consecuencias geopolíticas, la participación de los integralistas en este o los lazos con Falange. Su existencia es bastante singular10.

El texto es muy interesante por dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, se conmemora el acto de confraternización realizado entre falangistas e integralistas en septiembre de 1936 en Rio de Janeiro. Esta es una de las únicas ocasiones en las que, en un diario falangista, se hace referencia a un acto que, a día de hoy, sigue siendo una de las pocas reuniones documentadas entre los fascistas brasileños y españoles11. En la crónica se pueden observar algunas de las semejanzas percibidas entre integralistas y falangistas que, como en la nota producida por la Cámara de Comercio Hispano-Brasileña unas semanas antes, se refería al nacionalismo -en este caso al ultranacionalismo fascista-, al anticomunismo y a los principios cristianos:

“En esos momentos apasionados, nuestra Falange recibió de aquellos bravos camaradas una acogida que no olvidaremos nunca. Confundidas camisas azules y verdes, transcurrieron momentos deliciosos, hasta que llegó la hora de la partida. Ya en el barco, y contemplando la fila de camisas verdes, que en formación militar, esperaban nuestra salida, escuchamos estas palabras de uno de sus jefes: ‘Somos hermanos en la lucha contra el comunismo. Somos cristianos y defendemos los mismos ideales. Dentro de poco tiempo, a pesar de todo, conquistaremos el poder’. La emoción nos embargó, y solo acertamos a prorrumpir en un ¡Arriba Brasil!, contestado por un potente ¡¡Arriba España!!”12

Además, Huarte insistió en que el integralismo había puesto mucho de su parte para que Brasil se acabara convirtiendo en un gobierno corporativo dentro de la América de “tradición demo-liberal”, hecho que consideró un verdadero desafío a la potencia norteamericana. Así, los integralistas, que un año atrás les habían prometido que tomarían el poder próximamente:

“Cumplieron su promesa. Ignoro cómo ha sido dado el golpe de Estado. Sé que Vargas era un presidente enérgico, pero que parecía muy amante de “la legalidad ante todo”. Lo que no dudo es de la enorme presión ejercida por nuestros camaradas del Brasil, para barrer las últimas trabas e imponer sus ideales. Es pues un triunfo que nos toca de cerca, que nos interesa, ciego será quien no lo vea, por varias razones que ignoran los que desconocen los entretelones de la política” (Hierro, 1937c: 3).

¿Qué interés tenían los falangistas en el triunfo integralista? Esencialmente existían dos asuntos interrelacionados. En primer lugar, que la construcción de un régimen autoritario, cabeza de playa del establecimiento del fascismo en América Latina, podría conllevar la constitución de un gobierno mucho más favorable a los intereses del bando sublevado. Este nuevo hipotético amigo, además, podría ser un aliado en el proceso de debilitamiento de la influencia política norteamericana y, consecuentemente, en el decaimiento de las propuestas acerca del “panamericanismo”. El liderazgo político estadounidense en el sur del continente chocaba frontalmente con la “voluntad de Imperio” falangista, por lo tanto, los objetivos exteriores del fascismo español solo se podrían conseguir si la posición preponderante de los Estados Unidos de América se veía comprometida.

Las interpretaciones y las explicaciones sobre lo que suponía el golpe de Estado en Brasil se limitaron a las anteriores. Las publicaciones falangistas no difundieron más información sobre el Estado Novo, su encaje internacional, o el lugar que los fascistas tendrían en este. Un silencio incómodo o una calma tensa se apoderaría de los diarios falangistas. Falange, el mismo día 2 de diciembre, incluía entre sus noticias internacionales que, al parecer, la AIB había alcanzado el millón de partidarios adheridos (Falange, 1937e: 5). Finalmente, tras unas pocas semanas en las que se decidió el destino a corto plazo del nuevo estado brasileño, la prensa del partido informó, de manera más o menos homogénea, sobre la decisión tomada por Vargas el 3 de diciembre. El presidente había decretado la disolución de todos los partidos políticos a nivel nacional, puesto que, según él mismo, eran una fuente de discordia y desunión. La AIB, que, al principio, parecía que iba a constituirse como la plataforma civil del régimen, también fue suprimida. Los diarios falangistas trataron esta información de dos maneras: o directamente no se informó de ello13, o bien explicaron que el integralismo se convertiría en una plataforma “cultural” del régimen dedicada a organizar la vida civil (Amanecer, 1937i: 4, 1937j: 5; Hierro, 1937f: 3; Unidad, 1937b: 5).

La interpretación más extensa fue publicada por Falange. El día 9 de diciembre, una “Crónica del Brasil” desarrollaba lo ocurrido. En ella, se afirmaba que la transformación del Estado había sido acogida muy gratamente por la población, ya que este régimen “de autoridad” aniquilaba las posibilidades del comunismo de medrar en suelo brasileño. Además, se decía que Vargas había sido apoyado por el Ejército, la Marina y “sobre todo, por la Acción Integralista Brasileña y las organizaciones de carácter patriótico”. Por un lado, se insistía en que el movimiento liderado por Vargas había conseguido acabar con el proceso de bolchevización de Brasil y la consiguiente disolución de esta nación. Por el otro, se hablaba de que la “voz profética de Plínio Salgado” había conseguido movilizar a las “fuerzas nacionales en un impresionante movimiento de unidad que fue punto de partida para una lucha implacable y sin tregua contra el espectro fatídico de Moscú”. De esta manera, se excusaba la disolución del Congreso Federal, así como de los “partidos políticos y sociedades secretas”, por haber sido los culpables de la disgregación del pensamiento nacional y el fomento de las “guerras fratricidas”, que ya no tendrían cabida en el Estado Novo14.

En los meses siguientes, las informaciones llegadas desde Brasil no fueron demasiado relevantes. Se fue informando de algunas de las medidas tomadas por el nuevo gobierno, cuyo líder, Vargas, era constantemente citado y alabado15. Tras la “clausura” de todos los partidos políticos, pareció que el integralismo, también en la prensa falangista, pasaba a ser un recuerdo del pasado que, a pesar de haber sido fundamental en la transformación totalitaria de Brasil, su función principal ya había sido cumplida y ya no tenía nada más que aportar. Igualmente, cuando algunos de los diarios falangistas trataron de contextualizar la “revolución brasileña” en un marco más amplio, el del fascismo en el mundo, los protagonistas no eran los integralistas, sino el propio Vargas. Un texto en el que se puede comprobar esta cuestión fue publicado, en febrero de 1938, en Libertad. Aquel que había hecho posible la construcción de un régimen totalitario en Brasil, el que había abierto la vía de la fascistización “a su manera” y acabado con el de la bolchevización, era el presidente brasileño. Los integralistas, por su parte, eran mencionados como precursores que se habían adelantado a Vargas, pero nada más16. Parecía que el fascismo brasileño había desaparecido, al menos en las publicaciones españolas, integrado dentro de este nuevo estado “totalitario”. Nada más lejos de la realidad.

A mediados de marzo, el descontento integralista con el rumbo que estaba tomando el Estado Novo se concretó en los planes de rebelión contra el Gobierno de Vargas. FE. Falange Española informó, en su edición del día 19, sobre un “intento de sublevación” de elementos integralistas que había acabado en fracaso. Se decía, por ejemplo, que Salgado y sus colaboradores más cercanos habían huido al extranjero, hecho, de nuevo, erróneo (FE. Falange Española, 1938d: 6).

No sería hasta dos meses después que el integralismo volvería a ser el protagonista de varios titulares en la prensa española. En la madrugada del 10 al 11 de mayo de 1938, los elementos rebeldes dentro del integralismo decidieron apostarlo todo en un único intento. Como es bien sabido, el conocido como Levante Integralista fracasó, a pesar de haber mantenido sitiado al presidente Vargas durante toda la noche en el palacio Guanabara, en Rio de Janeiro. Sin embargo, los reportajes publicados en la prensa falangista sobre estos acontecimientos fueron erráticos y contradictorios. En general, el espacio dedicado a esclarecer los hechos fue muy limitado o incluso inexistente. Además, no siempre se señaló directamente la autoría integralista, ya que diarios como Hierro o Falange atribuyeron la rebelión a los comunistas17, mientras que publicaciones como Amanecer, FE. Falange Española o Unidad sí difundieron informaciones que apuntaban a los integralistas como responsables del levantamiento (Amanecer, 1938: 3; FE. Falange Española, 1938b: 5, 1938c: 3; Unidad, 1938a: 2, 1938b: 1). No obstante, ninguna de estas crónicas reflexionó críticamente sobre un aspecto que, en mi opinión, es fundamental: el hecho de que la AIB, organización “hermana” de Falange que había contribuido en el camino que desembocó en el Estado Novo, se había rebelado contra el régimen al que, en principio, debía su lealtad. Parece difícil asumir que ningún falangista fuera capaz, al menos en su fuero interno, de establecer un paralelismo o una proyección entre la situación en Brasil y la propia experiencia española, donde Falange, a pesar de su preponderancia política, seguía subordinada al estamento militar. Sin embargo, el tratamiento de las informaciones se limitó a la identificación de los artífices y a la respuesta del Gobierno brasileño. Aun así, es importante señalar que los fascistas españoles, como cualquier persona que habitara en zona controlada por los rebeldes, vivían, de hecho, bajo una dictadura castrense y, en consecuencia, estaban sujetos a una censura que, paradójicamente, habían ayudado a construir.

Conclusiones

Como muestran algunos artículos, los integralistas mostraron un interés constante y profundo por los acontecimientos que ocurrían en España. Falange, no obstante, no demostró tanta fijación en el contexto brasileño. Esto se debió tanto a las limitaciones logísticas de sus medios como al desarrollo de la Guerra Civil y otros contextos que consideraba más relevantes. Se ha visto como la prensa falangista, haciendo gala de sus ideales, recurrió con frecuencia a narrativas propagandísticas que distorsionaban la realidad. Estas estrategias, comunes tanto en la prensa integralista como en la falangista, reflejan un interés hacia el contexto extranjero centrado en objetivos propagandísticos y ajeno a la comprensión detallada de las respectivas realidades nacionales.

Asimismo, el eje unificador del análisis en los diarios españoles radicaba en el entusiasmo por encontrar en Brasil un nuevo aliado en la lucha global contra el comunismo, percibido como el enemigo principal tanto por los soldados rebeldes en España como por los fascistas brasileños y los representantes del Estado Novo. Brasil, en este sentido, se configuraba como otro pueblo “fiel a su destino”.

A partir de las informaciones publicadas es posible plantear varias interpretaciones. En primer lugar, cabe la posibilidad de que la realidad brasileña y las relaciones entre el Gobierno de Vargas y los integralistas no ofrecieran suficientes elementos para que Falange desarrollara una mirada crítica del papel de la AIB -y su posterior destino- en la construcción del Estado Novo. Otra opción es que el discurso de unidad, la subordinación a Franco y con las condenas impuestas a algunos líderes falangistas tras la unificación de 1937 pesaran demasiado en el sector fascista del partido único. En ese contexto, abrir un conflicto político dentro de la dictadura naciente mientras aún duraba la guerra habría supuesto un riesgo difícilmente aceptable.

Sin embargo, creo se puede ir más allá: en sus propios diarios, los integralistas, tras la unificación forzada de Falange, no realizaron prácticamente ninguna crítica al liderazgo y a las decisiones tomadas por Franco18, pero tampoco atacaron mediante la prensa, tras el golpe de noviembre de 1937, a Vargas. Paralelamente, la prensa falangista no criticó a Franco -de nuevo, hay que tener en cuenta la censura-, pero tampoco criticaron a un jefe del Estado extranjero que, de hecho, había disuelto la organización de sus compañeros fascistas. ¿Qué quiero decir con esto?

Entiendo que esta doble ausencia de críticas -los integralistas hacia Franco y los falangistas hacia Vargas, a pesar de la disolución de la AIB- trasciende las explicaciones basadas en la censura o la falta de información. Revela, más bien, un pragmatismo estratégico compartido. Ambos movimientos priorizaron la construcción de regímenes antiliberales por encima de la supuesta camaradería fascista transnacional mostrada previamente. Las loas falangistas al Estado Novo de Vargas funcionaron como un espejo que reflejaba y legitimaba su propio proyecto para España, celebrando así el triunfo de un modelo corporativo y autoritario similar. De nuevo, los enemigos comunes -el liberalismo y el comunismo- y la utilidad geopolítica de un aliado transatlántico en la lucha contra el bolchevismo resultaron más decisivos que la solidaridad fascista.

En definitiva, estos silencios mutuos no fueron, en mi opinión, una omisión, sino un cálculo político consciente. Tanto en la España franquista como en el Brasil de Vargas, falangistas e integralistas subordinaron sus afinidades ideológicas a una realidad incuestionable: la conveniencia de mantener relaciones cordiales con regímenes que, aunque hubieran suprimido -o subordinado- a sus camaradas, se ajustaban, con la debida elasticidad ideológica, al tipo de orden político que ambas organizaciones anhelaban y, por otra parte, garantizaban una futura cooperación internacional en esta “era del fascismo” que estaba construyéndose.

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  • Fuente de financiamiento:
    La recopilación de datos se llevó a cabo durante una estancia de investigación en Madrid, con el apoyo específico de un contracto predoctoral (referencia ), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades/AEI/10.13039/501100011033 y por el FSE - Invierte en tu futuro, asociado al proyecto PGC2018-099956-B-I00.
  • 1
    F.E. (Madrid), nº 2, 11/1/1934, p. 8.
  • 2
    “Nuestro movimiento y la opinión en el Brasil” (Falange, 1937a: 2 y 6).
  • 3
    “La guerra al comunismo en Brasil” (Hierro, 1937a: 3).
  • 4
    “Cartas azules desde Río” (Libertad, 1937a: 7).
  • 5
    “Con el Brasil todo nos une” (Unidad, 1937a: 8).
  • 6
    Fidel: “La marcha ascendente del FASCISMO en Brasil” (FE. Falange Española, 1937d: 8).
  • 7
    Falange (1937b: 5). Es paradójico como, a pesar de que al inicio del texto se habla de los integralistas como los “fascistas brasileños” -de cuya actitud hacia el golpe nada se sabe-, posteriormente hablan del Gobierno Vargas como un ejemplo de “fascismo”, pero ya no vuel ven a hacer referencia a los propios integralistas.
  • 8
    “Saludo, brazo en alto, al Estado Totalitario brasileño” (Falange, 1937c: 1).
  • 9
    “El verdadero sentido del movimiento brasileño” (Falange, 1937d: 1). En la página 4 de la misma edición se pueden leer las informaciones sobre algunas manifestaciones de simpatía a Vargas y la presencia de los integralistas en estas.
  • 10
    Se puede consultar, por ejemplo, en Hierro (1937e: 3) o en Falange (1937f: 3). En el artí culo sobre la Guerra Civil Española en la prensa integralista escrito por João Fábio Bertonha y Murilo Antônio Paschoaleto, estos hacen referencia a este mismo artículo, ya que, al parecer, lo encontraron en una de las cajas de documentación conservada en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. (Bertonha y Paschoaleto, 2012: 201.) En él, se indica que el artículo también se publicó en el diario Trinidad, de San Sebastián, el 22 de noviembre de 1937.
  • 11
    La crónica del acto se puede consultar en A Offensiva (1936a: 1); Madeira de Freitas: “Arriba Hespanha!” (A Offensiva, 1936b: 2).
  • 12
    Jesús Huarte: “Dictadura en Brasil” (Hierro, 1937e: 3).
  • 13
    FE. Falange Española, por ejemplo, no informó del decreto del 3 de diciembre de 1937 ni de las consecuencias de este.
  • 14
    ‘Crónica del Brasil’ (Falange, 1937g: 3).
  • 15
    Véase, por ejemplo, la crónica que Hierro (1937g: 1) realizó sobre el acto de la Queima das Bandeiras; o la insistencia en los apoyos a Vargas, sin citar a los integralistas, que FE. Falange Española mostraba en su número (1938a: 5).
  • 16
    Véase: ‘La idea fascista en el mundo’, específicamente la parte titulada: “El movimiento del Brasil” (Libertad, 1938: 2).
  • 17
    Véase Hierro (1938: 3). Solo en la edición del día 17 se habla de que el intento había sido protagonizado por los fascistas. No obstante, el día 18 se volvió a culpar a los comunistas (Falange, 1938: 2).
  • 18
    Una de las pocas críticas que pude encontrar en: Custodio de Viveiros: “O erro de Franco” (A Offensiva, 1937: 2).

Declaración de Disponibilidad de Datos

Datos disponibles públicamente: Los datos que respaldan los resultados de este estudio están disponibles públicamente en repositorios institucionales de acceso público, concretamente en la Hemeroteca Municipal de Madrid y en la Biblioteca Nacional de España. El acceso a estos materiales se realiza de forma presencial, mediante consulta in loco de los ejemplares físicos y microfilmados de las publicaciones periódicas citadas en el artículo.

  • Editor responsável:
    Marcio Grijó Vilarouca.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    27 Mar 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    01 Set 2025
  • Acepto
    06 Ene 2026
  • Corregido
    11 Mayo 2026
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