Considerar el racismo como objeto de conocimiento y reflexión, por lo general parte de la necesidad de esgrimir argumentos a favor o en contra de este fenómeno; pero abordarlo desde el movimiento de Filosofía para Niños implica asumir una herencia intelectual, que exige tratar este tema desde un punto de partida más alto y exigente. Investigadores como Jonathan Wurtz, Darren Chetty, Melissa Fitzpatrick y Amy Reed-Sandoval han creado un espacio de estudio y reflexión que traslada la atención a problemas de otro nivel, retando a los estudiosos y practicantes de una enseñanza temprana de la filosofía, a elevar su mirada más allá del rechazo fundamentado a toda idea o acción de naturaleza racista. Este ámbito de discusión genera un punto de partida distinto y apasionante, que impele a trabajar en el entramado de cuestiones epistemológicas, éticas y pedagógicas involucradas en los problemas y desafíos que suponen hacer Filosofía para/con Niños en un mundo de racismo institucionalizado. Es por ello que en este artículo se diserta en torno a lo vulnerable que puede ser la Comunidad de Indagación Filosófica ante el poder epistemológico que ha logrado alcanzar el racismo, y de qué manera los recursos filosóficos y pedagógicos proporcionados por el diálogo socrático, pueden contribuir a exacerbar el problema del racismo. Finalmente, se resalta la importancia filosófico-pedagógica de la aporía, como herramienta capaz de socavar la fuerza paradigmática de la White Ignorance. Todo ello en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible, relacionados con la necesidad de lograr la reducción de las desigualdades y la construcción de sociedades más justas e inclusivas.
palabras clave:
racismo; filosofía para/con niños; diálogo socrático; reducción de las desigualdades; aporía