El artículo retoma el concepto de régimen estético de las artes de Jacques Rancière y trata de discutir sus poderes y limitaciones en relación con el debate, cada vez más presente en el arte contemporáneo, sobre la afirmación política de las identidades y la autoría. Si bien la experiencia estética emancipa redistribuyendo lo sensible, su promesa de universalidad encuentra límites históricos, especialmente para las mujeres y los sujetos marginados. Cuerpos que han sido más personajes que autores buscan ahora insertarse en el canon o, mejor dicho, desplazarlo y multiplicarlo. Pretendemos repensar el vínculo entre estética y política incorporando dilemas éticos contemporáneos sin por ello reducir el arte a su función representativa.
PALABRAS CLAVE
Jacques Rancière; Estética; Política; Feminismo