Resumen
La novela El polvo y el oro cubre, temáticamente, etapas decisivas de la historia cubana, entre fines del siglo XVIII, con el alza de la economía azucarera esclavista, hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Para ello el autor, Julio Travieso, realiza una historia ficcionalizada, pero no por esto menos realista, de una de las más representativas familias de esa oligarquía esclavista, la de los Valle Iznaga, combinándola con otras historias, las de las y los esclavos de origen africano al servicio de dicha familia, la otra parte esencial de la nación cubana. La novela presenta los avatares de ese periodo, así como el desenlace final en 1959, construyéndose a partir de un miembro de la familia que organiza las distintas fuentes de que dispone y que comparte con sus contertulios. Dicha visión es contrastada y complementada con la voz y acciones de una mujer esclava.
Palabras clave:
novela; historia; nación; familia; esclavitud; Julio Travieso
Abstract
The novel Dust and Gold covers decisive periods in Cuban history, from the late 18th-century, with the rise of the slave-owning sugar economy, to the triumph of the Cuban Revolution in 1959. To this end, the author, Julio Travieso, creates a fictionalized, but no less realistic, story on one of the most representative families of that slave-owning oligarchy, the Valle Iznaga family, while combining it with other stories, those of the slaves of African descent at the service of this family; the other essential part of the Cuban nation. The novel depicts the vicissitudes of that period, as well as the final outcome in 1959, based upon a family member who organizes the various sources available to him as he shares them with his companions. This vision is countered and complemented by the voice and actions of an enslaved woman.
Keywords:
Novel; History; Nation; Family; Slavery; Julio Travieso
Resumo
O romance El polvo y el oro abrange tematicamente etapas decisivas da história cubana, desde o final do século XVIII, com a ascensão da economia açucareira escravista, até o triunfo da Revolução Cubana em 1959. Para tanto, o autor, Julio Travieso, cria uma história ficcional, mas não menos realista, de uma das famílias mais representativas daquela oligarquia escravista, a família Valle Iznaga, combinando-a com outras histórias, as dos escravizados afro-americanos a serviço dessa família, a outra parte essencial da nação cubana. O romance apresenta as vicissitudes daquele período, bem como o desfecho final em 1959, construído a partir de um membro da família que organiza as diversas fontes disponíveis e as compartilha com seus companheiros. Essa visão é contrastada e complementada pela voz e pelas ações de uma mulher escravizada.
Palavras-chave:
romance; história; nação; familia; escravidão; Julio Travieso
Desde la década del setenta del pasado siglo, la novela histórica se impuso como una de las tendencias fundamentales de la narrativa latinoamericana. Agotada la vertiente mágico-fantástica de universos totalizadores, el camino narrativo se orientó hacia el pasado, para ser releído y reescrito, ahora, con la certeza de que las nuevas visiones, tampoco llegarían a explicar, totalmente, el tiempo ido, y mucho menos, el presente. Dicho auge se produjo tanto en Europa y en Estados Unidos, como en América Latina, que vio crecer dicha producción con el impulso provocado con la preparación y celebración del medio milenio del mal llamado descubrimiento de América.
Esta orientación en la narrativa latinoamericana, en especial, la novelística, arrastró consigo a muchos escritores; desde los más noveles hasta los más consagrados exponentes del otrora “boom” literario. No se trató de una moda efímera de fugaces centelleos y experimentaciones, sino de una presencia robusta de marcada fuerza hasta la actualidad, renovándose en su decurso.
Como lógica consecuencia, la crítica y la teoría literarias, acompañaron, con similar vitalidad, el proceso narrativo, al que le fueron dedicados eventos y variadas publicaciones para dar fe e indagar este acontecimiento literario. Las pesquisas salieron de los márgenes de la literatura para adentrarse en la historia, y no tan solo para indagar en esta última disciplina, que entra con fuerza en la novelística de esta estirpe, sino para penetrar en su esencialidad y pretensiones cognitivas, comparándola y enfrentándola, muchas veces, con la literatura, especialmente, con el saber literario.
Cuba contaba desde la década del sesenta del siglo XX con dos emblemáticas novelas que servirían de modelo para producciones posteriores, sobre todo la primera de ellas. Nos referimos a El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier y El mundo alucinante (1969) de Reinaldo Arenas, ambas contentivas de una historicidad que implicaba también una manifiesta concepción de la historia, diferente en cada caso, que les añadía calidad y sentido a ambas novelas. Sin embargo, en el país no se generó un movimiento crítico en torno al género como ocurriría en otras naciones. Tampoco proliferó entonces la novela histórica, quizás motivado por aquello de que este género literario, en su crítica, fue motivo de interpretaciones erróneas.
No fue hasta fines de la década del setenta e inicios de los años ochenta, que aparecen de nuevo en Cuba, muestras de esta novelística, representadas por obras como Por el rastro de los libertadores (1974) de Alfredo Reyes Trejo, De Peña Pobre (1979) de Cintio Vitier (1980) y Brillo de sol sobre el acero (1981) de Noel Navarro. Pero no es hasta 1998 que se publica en Cuba El polvo y el oro, la que se acompaña por otras novelas de este género como Lances de amor de vida y de muerte del caballero Narciso (1994) de Alfredo Antonio Fernández, Otro golpe de dados (1993) de Pablo Armando Fernández, así como Árbol de la vida (1990) de Lisandro Otero. Esta última novela adicionaba a sus elementos históricos, la biografía construida de Luis Dascal, tal como lo hiciera el autor con las dos anteriores obras de su trilogía, compuesta además por La situación (1963) y En Ciudad Semejante (1970). Todas las novelas históricas, anteriormente referidas, de meritoria calidad en nuestro juicio, no llegaron a alcanzar los valores estéticos literarios de la novela de Julio Travieso.
El polvo y el oro de Julio Travieso,1 condecorada en México en 1992 con el premio Mazatlán y finalista del Premio Rómulo Gallegos (1995) en Venezuela, así como merecedora de otros premios y múltiples ediciones en diferentes países e idiomas, se integra a la novelística histórica cubana y latinoamericana con merecidas propiedades. A su vez, esta obra se vincula al historicismo de sus novelas anteriores Para matar al lobo (1971) y Cuando la noche muera (1983), exponentes de obligada mención y atención en la narrativa cubana posterior a 1959.
El polvo y el oro del destacado escritor cubano acude en su novela a captar el proceso histórico nacional cubano por medio de la historia de la familia Valle, de reconocida autenticidad en el país, junto con las múltiples respuestas, de todo tipo, de los esclavos y sirvientes de dicha familia, en particular dentro de su casona familiar en La Habana. O sea, apela a un formato recurrente de la novelística en la literatura mundial e hispanoamericana en particular, donde se juntan estos dos componentes, con la peculiaridad de que, en esta obra, los Valle son de historicidad marcada, y no una familia de la que la ficción se vale como ocurrió generalmente en la novela hispanoamericana desde el siglo XIX.
¿Quiénes fueron los Valle?,2 se preguntará un lector histórico acucioso que en sus propósitos analíticos le gusta verificar cualquier referente de la obra, como ocurre cuando los receptores se encuentran con modelos novelísticos de esta naturaleza, que aparte de evaluar sus valores literarios, acude a una confrontación de los contextos con lo que ellos confirman como la verdadera historia. Los Valle constituyeron, indiscutiblemente, un buen exponente de estas familias acaudaladas cubanas que unieron al español peninsular llegado a Cuba, por unos u otros medios, con aquellas familias criollas que ya tenían cierto o mucho arraigo en Cuba, muchas de estas vinculadas bien a los plantadores azucareros esclavistas o al comercio -y también de esclavos-, cuando no ambas proyecciones a la vez.
Esta familia, asentada tanto en la capital colonial, La Habana, como en el centro de Cuba, entretejieron sus intereses económicos y proyecciones con los grupos de poder político españoles o hispano criollos, sellando así un destino cierto, al menos durante la colonia tardía -como es el caso de los Valle-, que por lo general les permitió sortear las impredecibles variaciones del mercado internacional azucarero e incluso mantenerse alejados o al menos cubiertos de los no menores avatares que trajo para el siglo XIX el independentismo cubano en sus diversas manifestaciones a lo largo de esa centuria y, a continuación, las periódicas amenazas anexionistas por parte de los Estados Unidos en Cuba.
Desde luego, El polvo y el oro es una novela histórica, que aparte de constituirse atendiendo a la ficción, está muy bien asentada en la realidad histórica lo que puede constatarse si sometiésemos a verificación muchos de sus referentes literarios. Estos guardan similar identidad con la documentación registrada en torno a la misma familia en el denominado como Fondo Valle, que se encuentra en el Archivo Nacional de Cuba, y que, Julio Travieso debió consultar en su indagación bibliográfica para acometer su destacada novela, en su compensada armonía entre realidad y ficción, como ocurre en las grandes novelas históricas.
Esta muy seria y sustancial combinación realizada por Julio Travieso entre historia y ficción literaria, consiguió en el autor la construcción de un entramado diegético que cuenta la historia familiar, vinculada a fondo con la vida colonial esclavista de forma integral, inteligente, coherente y sabia, incluso dentro de la propia mansión familiar, consiguiendo un relato de profunda originalidad, a pesar de que acude a referentes conocidos, a la vez que insoslayables. Y es que la historia de la familia y de la nación cubana en construcción entonces, en medio de los albures coloniales, recorre en la obra, un periplo que trasciende al de la colonia, para proyectarse en el transcurso del siglo XX y hasta el triunfo de la Revolución Cubana de 1959.
Esta obra, si bien no se ajusta en pormenores y detalles específicos a la historia de los Valle, se nutre de esta para devolvernos un producto creativo de manifiesta imaginación en la que se reconocen los referentes de base en una relación indirecta y metafórica. Precisamente por ello las novelas históricas acrecientan su valor por esta relación entre historicidad y ficción que, apartándolas de la representatividad del realismo histórico al que aspira la historiografía, les confiere cualidades artísticas y documentales. Y en este sentido, Travieso es un maestro.
No cabe duda alguna de que, a pesar de las necesarias transgresiones que el novelista ejecuta en su obra, la misma ha estado precedida de amplia y profunda consulta documental, que le permitió las reelaboraciones artísticas referidas, sin alejarse en demasía de los rasgos que le dan identidad a la familia.
Al respecto, sería conveniente señalar los criterios de Umberto Eco sobre las diversas formas en que la historia entra en la novela histórica, para referirnos al modus operandi con que Travieso ejecuta esa relación entre historia y ficción. Eco, cultivador y crítico reconocido de la novela histórica, alude a tres formas diferentes en que el pasado puede presentarse en la novela: una como pretexto escenográfico donde el autor erige su construcción fabulosa3, otra en la que reconocemos el pasado por los personajes registrados por la enciclopedia, a quienes el novelista hace realizar otras acciones no identificadas con anterioridad y, la tercera forma, de contar el pasado es la que une los personajes históricos con los de ficción, lo que ayuda a una mejor comprensión de la historia (Eco, 1985, p. 31).
En El polvo y el oro aparece un pasado real poblado por acontecimientos y personajes históricos de fácil reconocimiento para el lector. Junto a estos personajes representativos de la nación entonces en construcción, aparecen los también históricos miembros de la familia Valle, a quienes Travieso hace realizar acciones que no guardan una simetría perfecta con las que ejecutaron los miembros de esta e, incluso, intercambia nombres y acontecimientos entre los mismos, en un juego creativo que incluye, también, a los personajes de ficción, los que conviven con los históricos.
Con gusto recorremos la lectura de un texto cuya diégesis se inicia con la llegada del gaditano Francisco Valle (personaje histórico) a La Habana, cuando esta ciudad ya se estaba convirtiendo en un promisorio escenario de crecimiento económico para quienes, como él, aspiraban a amasar una rápida y fácil fortuna, lograda en su caso gracias al interesado matrimonio con una rica y poco agraciada heredera de la cada vez más consolidada especie de patriciado hispano criollo esclavista. Con esta entrada triunfal, el inmigrante español se establece en la Isla como tronco de una familia que vería crecer su capital, de forma inusitada y poco escrupulosa, diríamos, hasta convertirse en una de las más respetables de La Habana -a la usanza del decir de la época-, pues si bien el comercio negrero, actividad inicial de Francisco Valle y su hijo Fernando, opacó su prestigio dentro de algunos círculos de criollos, aunque solo en una etapa inicial, muy pronto el oro, léase el capital alcanzado, se encargaría de borrar esta despreciable página, insignificante para la soberbia y jactancia de sus miembros, expresada en su lema "El que más vale no vale tanto, como Valle vale” (Travieso, 1998, p. 281).
La biografía construida de la familia se expande por el entramado de la descendencia y sus signos trágicos, así como por el desarrollo económico y social logrado gracias al comercio y trata negrera, en una primera etapa, al cultivo y producción de azúcar esclavista, casi que al unísono y, por último, a sus actividades financieras en concurrencia con el capital norteamericano. Un acelerado ascenso económico que conquista en virtud de su deliberado pragmatismo, limitados escrúpulos morales e inteligencia política, tanto del lado de los gobernantes coloniales como, a continuación de los republicanos e interventores americanos.
Es interesante constatar cómo el autor selecciona a una familia de la élite insular cubana, de origen español y no a una de origen “patricio”, como suele suceder con otras novelas de esta estirpe, cuya actuación en la trama permitía tanto su colaboración como su enfrentamiento con las autoridades coloniales de la Isla. Los Valle que Travieso asume, y así fue en la realidad histórica, son de una estirpe en que el sentimiento nacionalista naciente en la Cuba colonial decimonónica, apenas tiene cabida, aunque también hubo algunos de sus miembros catalogados como francmasones, independentistas y luchadores en las guerras y movimientos de liberación nacional, considerados estos por varios de sus congéneres y pater familias sucesivos como ilusos y perdedores empedernidos.
Si esta cualidad diferenciadora sumada a la presentación del “tema negro”, léase el de la esclavitud, viene a constituirse en otro sello distintivo de El polvo y el oro, no ocurre lo mismo con la presentación de la historia nacional entonces en construcción, en la que el autor procede con la misma lógica expositiva de las novelas históricas contemporáneas a él, aunque potenciando el siglo XIX y los inicios del XX, sin congestionar al lector con la suma informativa del repertorio republicano causante de la visión panorámica extensiva y poco creativa de otros productos artísticos.
Así, en ese lapsus temporal, constituido por diversos periodos históricos, de aproximadamente un siglo y medio, Travieso los desarrolla en espacios que habitan los binomios de vida y muerte, lujo y decadencia, tolerancia y odio, en fin, oro y polvo, los que se revelan dentro de la misma familia, por la diferentes ideologías (independentismo, abolicionismo y monarquismo), entre españoles y criollos, así como entre amos y esclavos, aspecto este último para nada soslayado o minimizado, sino todo lo contrario, potenciado en la novela El polvo y el oro y, por tanto, siempre presente, una y otra vez, en sus páginas. Estos esclavos, ya libres -a la vez que marginados- sus descendientes en la Cuba de la primera mitad del siglo XX, seguirán apareciendo una y otra vez, en otras figuras, mayormente relacionados con la fuerte presencia de las religiones afrocubanas en sus interacciones con miembros de la familia y sus amistades.
La relativamente larga, pero también complicada y rica historia de los Valle, a pesar de sus momentos de esplendor, se tiñe de tintes trágicos, como ocurre también en la historia nacional, por lo que más que un tono épico del acontecer cubano, prima la decepción y la muerte y esta tesitura aleja la narración del discurso oficial cubano, al que el autor trata muy seriamente de deconstruir, uniéndose así a una relectura y reescritura de la historia propia de las visiones crítica y dialógica de la postmodernidad. De aquí que la hondura emocional del amplio relato, nos introduce en un fresco múltiple y profundo de trascendencia histórica, que cobra vida en el presente narrativo de la novela y en el presente del lector acucioso, sin eludir la objetividad característica del género.
Los variados y necesarios contextos de una obra de tal naturaleza, como esta, tributan al propósito de exponer los múltiples y disímiles momentos de relevante historicidad del texto. Es necesario aquí anotar que, para Travieso, como para Alejo Carpentier (1981) , no debe de construirse un relato novelesco sin que el mismo se apoye en dichas realidades contextuales, y mucho menos, añadimos nosotros, una novela histórica.
Algunos de dichos contextos priman sobre otros, es el caso de los económicos, los que se manifiestan en las actividades de los diversos protagonistas, desde el comercio negrero, la llamada trata negrera, narrada en sus facetas más abusivas y naturalistas, hasta llegar a la producción esclavista, preferentemente la del azúcar, así como los conexos que la apoyaban, entre los que se hallan la construcción del ferrocarril en su primer tramo en la región habanera, la de los almacenes que servían para alquilar a los propietarios que ingresaban mercancías a La Habana, el comercio y la banca, todos los cuales constituyeron diversos aspectos de la explanación de la riqueza de los Valle, al tiempo que son exponentes del desarrollo económico del país.
Los pormenores, ambientación y enciclopedismo de estas narraciones, hechas a partir de la historia subjetiva protagonizada por agentes de carne y hueso ficcionalizados, hacen de esta parte un fresco sin igual, opuesto a los canonizados relatos históricos, fríos y faltos de vida y emoción. No cabe dudas que la novela histórica expone el mundo histórico individual de una forma verosímil que se acerca con acierto a la vida real. Así, podemos vibrar de emoción al leer, cuando el negrero cobra individualidad y lo evaluamos como Francisco del Valle, los Monteros u otros representantes de ese comercio inhumano y despreciable, todo correlacionados entre sí, con sus alianzas y sus odios y rencores mutuos. Entre estos, por supuesto y como ejemplo paradigmático, diríamos, de una época, las contradicciones entre los Valle y esos Montalvo..., entre “alcurnia” y dinero, en las que la trata de esclavos señalaba directamente a los Valle, pero, ¿por qué no, quizás? a los susodichos Montalvos y sus ancestros que, en ambos casos, se verán identificados con similares orígenes, en diferentes periodos, con la sangre y el sudor de los esclavos y las esclavas, de una u otra manera, como raíz de un patrón económico ineludible, de cualquier manera y expresiones.
Los contextos políticos a su vez, se inician con la pléyade de gobernadores del país, desde el marqués de Someruelos hasta Leopoldo O’Donnell, caracterizados desde los rasgos esenciales de sus respectivas personalidades, formas de gobernar la colonia y vínculos con el ascendente grupo social de poder económico e impacto social, constituyéndose así en una fuente histórica veraz y grata. Del marqués de Someruelos nos refiere el autor, la implantación de la relativamente libre expresión e imprenta; del Conde de Apodaca nos habla de su responsabilidad para firmar las últimas sentencias contra los esclavos sublevados en el período; de Francisco Dionisio Vives, comenta su tino para gobernar, contrario, según su afirmación, a la férrea y dura política de Fernando VII a su regreso al poder; de Miguel Tacón Rosique, enjuicia su escasa simpatía entre los criollos. También incluye en esta relación de gobernantes, a Leopoldo O’Donnell, al que el novelista califica de “hombre recto y de gran valor” (Travieso, 1998, p. 179).
Las referencias a dichos gobernadores y capitanes generales de la Isla, las ejecuta por medio de la narración discursiva, aunque ciertas ejecutorias de los mismos se revelan en su relación con los miembros de la familia Valle. Trátase, en momento ejemplar, cuando Francisco y Fernando Valle fueron a pedir perdón por Clemente, enrolado en la conspiración independentista de la década de 1820, perdón que es otorgado, no sin antes recibir el gobernante ciertas dádivas de su gusto. También aquí se percibe la forma en que lo objetivo histórico entra en la intrahistoria, de la que la literatura hace un manejo ejemplar ilustrativo.
Pertenecen a este contexto político las referencias que a nivel discursivo también ocupan los temas de la invasión francesa a España en 1808, el débil o nulo papel de la Corte española para contrarrestarlo -que no del pueblo peninsular-, y como derivado del tema, la discusión en torno a las distintas ideologías políticas de la época (independentismo, anexionismo y reformismo), y que en la novela se refuerza con el personaje de Clemente, quien acaba afiliándose al independentismo temprano cubano. Ya en el siglo XX este tema se hace trascendente en el tiempo, cuando los contertulios del círculo de Javier Valle, en el presente de la novela, lo retoman para referirse a la pertinencia del esclavismo, a la adhesión o no a España, así como las supuestas ventajas que pudo haber traído el anexionismo para el futuro de la Isla.
Las sublevaciones abolicionistas son plasmadas en la obra con el relato del ingenio Peñas Altas y otras acciones rebeldes y “criminales” de los esclavos que, hartos de la explotación a que estaban sometidos, reaccionan violentamente. Ello ocasionó la expansión del denominado “miedo al negro” o más bien el terror de la población blanca adinerada a que Cuba se convirtiera en otro Haití, así como las medidas dictadas al respecto por el capitán general Someruelos, entre las que se encontraban la ejecución de los principales sublevados y de su líder, José Antonio Aponte, cuya cabeza cercenada después del ahorcamiento, fue exhibida para escarmiento de los “revoltosos”. De toda esta historia quedó ese extendido y exacerbado miedo al negro, realidad histórica que la novela describe y, particularmente como todo esto en su conjunto deja una huella en la locura de Modesto Valle, como parte del argumento y cuya presencia de la ejecución de Aponte, profundiza su debilitada salud mental.
Si con gran detalle Travieso asume el abolicionismo en Cuba, el independentismo cubano no corre la misma suerte; de él conocemos por la participación de Clemente en este proceso revolucionario y este asunto se despliega unido a la historia de la masonería en Cuba, sus vínculos con el independentismo cubano y sus principales exponentes, algunos de los cuales, como Santa Rosa, personaje de raigal historicidad, contribuyó al desarrollo de la independencia, e influyó, a nivel fabular, en la masonería y el liberalismo de Modesto Valle.
Los contextos culturales, especialmente, los relativos a los mitos y creencias religiosas sincréticas de los africanos y mestizos, son otros de los escenarios con primacía, en la obra de Julio Travieso; ellos no solo aluden a un rasgo específico de las etnias en cuestión, sino que sirven de apoyo para enfatizar en uno de los elementos esenciales de la idiosincrasia e identidad nacional cubana, el del mestizaje cultural. Dichas creencias, aparte de contribuir a la aprehensión de la ideología de los esclavos africanos y mestizos de Cuba, asume un componente básico de las relaciones sociales y económicas del sistema esclavista.
Travieso con ello profundiza en la bien llamada transculturación, ampliamente estudiada por el maestro cubano Fernando Ortiz en la medianía del siglo XX, a quien se le debe la consolidación internacional de dicho concepto y su aplicación para el estudio del mestizaje donde quiera que se produce. Al tiempo, Travieso comparte el difundido multiculturalismo contemporáneo de la posmodernidad, que aúna la literatura culta, a la cultura popular y de masas.
Travieso, con el segmento donde se anuncia en la revista cubana Bohemia el golpe de estado de Fulgencio Batista de 1952, que le sirve además para marcar otro momento político de relevancia en el país, junta una imagen del racionalista René Descartes, para contextualizar la situación contradictoria que emana de tales situaciones, en este caso con la visita, a nivel argumental, de Javier Valle y otros de sus contertulios, a casa de un santero famoso de La Habana. Parece decirnos el novelista aquel dicho popular cubano que afirma que “en Cuba el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, haciendo alusión a nuestra rica mezcla étnica y pluricultural, y que eso no solamente está en la condición genética, sino en la asimilación por las clases de poder de las propias concepciones ideológicas y culturales como aquí se expone en este episodio. No se trata tan solo de la plasmación multiculturalista de moda en la etapa de la postmodernidad, sino de un rasgo definitorio de las esencias cubanas, que Travieso regodea introduciéndonos en las especificidades de la cultura afrodescendiente, con énfasis en sus mitos, prácticas deidades y creencias en general.
A este contexto cultural también pertenece el regodeo que la novela El polvo y el oro exhibe sobre la masonería, particularizando en la ceremonia oculta de la iniciación de uno de sus aspirantes, vinculado con las ideas independentistas, como otros de los masones del periodo colonial tardío de la Isla. Es sorprendente el realismo logrado en esta escena cuya esencia real parece conocer bien el novelista.
Por otra parte, los contextos urbanos y arquitectónicos los hallamos también en la descripción de La Habana, sobre todo, la de inicio de siglo XIX. Es así que Travieso, describiendo las diferentes casas habitadas y construidas por los Valle, nos recuerda el movimiento urbanístico de la ciudad que viaja desde los barrios de La Habana Vieja, hacia el siglo XX, pasando por los más modernos de El Cerro y El Vedado, hasta llegar al lujoso reparto de Miramar, lugar este donde habita el protagonista de la novela, Javier Valle, ahora en el presente de la medianía de esa centuria, encargado dentro de la diégesis de ir conformando la historia de su afamada familia, por medio de la investigación histórica y familiar, que devela un mundo, entre el pasado pre revolucionario y el presente de los inicios de la Revolución Cubana triunfante en 1959, complejo, rico, complicado en verdad, en todas sus dimensiones.
Se trata de una valoración, desde la perspectiva de la novelística histórica, de la historia cubana a través de media docena de generaciones al menos de la familia Valle, lo que le brinda además validez historiográfica, desde la Literatura, por supuesto, a una historia familiar nada desdeñable para conocer más a fondo nuestro rico pasado histórico y cultural, de etnias diversas, y no solo de la “africana” y la “española”, sino de todas, en sus múltiples expresiones.
Un ejemplo referido al contexto urbanístico que ahora tratamos, lo hallamos en la novela en boca del Capitán General de la Isla de Cuba, Juan Ruiz de Apodaca, quien manifiesta su decepción cuando se encuentra, por vez primera, con la realidad de La Habana. Así lo transmite el narrador en tercera persona:
[...] pero lo visto al entrar en la ciudad fue mucho más allá de lo esperado y se sintió decepcionado. Casas de una planta, a lo sumo dos, ninguna edificación comparable a la catedral de Ciudad México o a la Universidad de San Marcos (Travieso, 1998, p. 65).
Este pasaje en el que Apodaca manifiesta su decepción con las construcciones arquitectónicas de La Habana, se complementa con el comentario que el mismo hace en torno a la cultura habanera de ese momento, y todo ello le sirve a Travieso para profundizar en los referentes culturales de la novela. Veamos:
En cuanto a cultura, La Habana era una aldea. Exceptuando al señor obispo Espada, a quien, desde la primera conversación, tuvo por hombre de luces, al doctor Romay, introductor en el país de la vacuna contra la viruela, y al hacendado Arango y Parreño, ameno conversador y muy al tanto de los problemas cubanos y europeos, las demás personas conocidas por él solo hablaban de azúcar y esclavos y le parecieron tontas y aburridas. Cierto que vivía alguna que otra gente culta como el presbítero Varela, pero Apodaca prefirió no tratarle cuando le informaron de su actitud revoltosa e independentista (Travieso, 1998, p. 65).
Por otra parte, si la influencia del cubano Alejo Carpentier y la del francés Jean Paul Sartre la encontramos en los diversos contextos que apoyan la trama, la de Gabriel García Márquez se anuncia con la saga familiar y la conformación hiperbólica de algunos de sus personajes protagonistas, como el de Caridad, esposa de Fernando, que más parecen tomados del “boom” por su adulteración, excepcionalidad y desmesura, más afiliados a la dimensión mágico realista, que a la propiamente realista. La propensión excesiva de este personaje, su manía por el orden, la limpieza y el ornato de la casa, así como su rol director en la organización de la familia Valle, desde su pertenencia a este clan, son muestras fehacientes de la presencia del afamado escritor colombiano. Bastan estas dos influencias de la novela cubana e hispanoamericana de la década del sesenta para constatar que El polvo y el oro, de Julio Travieso, enriquece la llamada nueva novela histórica con lo mejor de la tradición literaria de Nuestra América.
A su vez, se inscribe El polvo y el oro en el contexto de la novela postmoderna, sobre todo de aquella vertiente de contenido histórico que hizo hablar, y todavía lo hace, a muchos críticos y teóricos de sus peculiaridades que la alejan de la clásica novela histórica moderna, la que, entre otros atributos, se apoyaba en una concepción de la historia que entendía el pasado como antecedente del presente.
La nueva novela histórica, llamada también por Linda Hutcheon (1999) como metaficción historiográfica, pone en crisis este postulado de la modernidad que alimentaba a la clásica novela histórica, y lo hace releyendo el pasado, al que considera un discurso oficial, canónico y positivista y le opone un dialogismo discursivo que no solamente deconstruye el pasado, sino que lo relativiza a través de multifacéticas voces polifónicas, encontradas y complementarias que tampoco se definen como verdaderas.
La metadiscursividad, una de las técnicas de la novela postmoderna en general, se acoge en la metaficción historiográfica para hablar de la hechura de la novela, así como de los componentes que la integran: historia y ficción, problematizando las esencias de cada una de estas áreas del saber, y en muchas ocasiones, valorizando a la ficción por encima del relato histórico de pretensiones veristas. Así, la polémica levantada por los aportes de teóricos de distintos campos del saber, como fueron los casos de Linda Hutcheon, Hayden White, Michel de Certeau, Paul Ricœur y otros, de renombrado prestigio, fueron llevados a las novelas históricas modernas, como parte de su contenido autorreflexivo.
Julio Travieso se ubica en esta modalidad metadiscursiva cuando recurre al trabajo con las fuentes, generadoras de posibles historias y/o novelas. Se trata en este caso de incluir en su texto la manera en que la historia es narrada que se va entretejiendo por la labor reconstructora de un grupo de contertulios que acompañan a Javier Valle en el presente y que tienen la misión de ir discutiendo, comentando y dialogando sobre diferentes episodios de la familia Valle a partir de las diversas fuentes que se analizan. Con ello el novelista relativiza la veracidad de la trama, así como pondera la visión que el presente le otorga al pasado, tal como ocurre en la historia escrita en su análisis de un tiempo anterior a la hechura del texto en cuestión.
Otro de los rasgos privativos de la novela del cubano que la hace acreedora de su sello posmoderno, lo constituye la deconstrucción de supuestas verdades históricas protagonizadas por el discurso de diversos personajes y variadas voces narrativas. El relato de Javier que comparte con sus amigos y contertulios, y que va armando la historia de la familia y la nación, es el centro de la narración que tan pronto cobra fuerza, es polemizado, comentado y contrastado antes por la voz de la mujer negra esclava Milagros, la que aporta otro relato desde la orilla opuesta, la de los explotados esclavos, traídos salvajemente desde el África por los hacendados cubanos a través de los llamados negreros, para sostener el vil sistema esclavista, base económica de su riqueza. Esta mujer negra es la que cuenta otra verdad, la de las voces históricamente marginadas, de la explotación a que fue sometida ella y otras personas de su misma etnia y los mestizos, insertados en el oprobioso sistema, así como las prácticas mágico-religiosas con las que creían defenderse de sus amos, todas las cuales aportan una mirada más convincente de la realidad tratada.
La fuerza de la primera persona gramatical de la cual se auxilia la esclava para contar su verdad, contrasta con la segunda persona utilizada para narrar la historia oficial de la familia Valle. Se conoce que, en el discurso histórico oficial, otras historias permanecían en silencio por motivos de sexo, etnia o estrato social, y son recuperadas con énfasis ahora en la postmodernidad, gracias a la revalorización del concepto de verdad, así como a la posibilidad dialógica de la novela la que, con sus diversas voces, contribuye a plasmar un contexto más amplio y polifónico.
La interpretación que este personaje da de la familia Valle y su suerte, está matizada y teñida por sus concepciones mágico-religiosas que emanan fundamentalmente de la santería y el ñañiguismo. Con fuerza y especial realismo y belleza literaria, aparecen los conjuros y daños que ella aplica a la familia, sobre todo al amo Francisco, principal responsable de su tragedia y de los demás esclavos y esclavas bajo su posesión.
Es la voz esclava otra fuente de información que la obra muestra para ofrecer la visión de los llamados “hombres sin historia”; de los oprimidos negros y mestizos sin voces a los que se les negó la palabra para narrar su verdadera y trágica suerte.
También el personaje de Antonio, hermano mestizo de Javier, aporta otras miradas críticas de su misma familia, en la que ocupa un lugar secundario gracias a su condición mestiza. Su tono hiriente, burlón, e irónico también actúa como una fuente deconstructiva del relato principal de Javier.
En resumen, en la novela El polvo y el oro, de Julio Travieso Serrano, de merecidos elogios críticos, su autor supo combinar magistralmente la historicidad y la ficción, recuperando una historia familiar que sabe colocarla justamente en el contexto histórico nacional del siglo XIX y hasta el triunfo de la Revolución Cubana de 1959, apelando, creadoramente, a los más contemporáneos recursos de la novela postmoderna.
Referencias
- ARENAS, Reinaldo. El mundo alucinante México: Editorial Diógenes S.A., 1969.
- CARPENTIER, Alejo. El siglo de las luces Ciudad de México: Editorial Compañía General de Ediciones S. A. de México, 1962.
- CARPENTIER, Alejo. La novela latinoamericana en víspera de un nuevo siglo. In: CARPENTIER, Alejo, Tientos y diferencias Ciudad de México: Editorial Siglo XXI, 1981.
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- VITIER, Cintio. De Peña Pobre La Habana: Letras Cubanas, 1980.
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1
Varios de los criterios expuestos en este artículo se relacionan directamente con el capítulo de Carmen Marcelo Pérez (2006) “El polvo y el oro, de Julio Travieso”, así también como en su precedente general, de la misma autora, titulado “Notas para la determinación y el estudio de la novela histórica” (Marcelo Pérez, 1993).
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2
Sobre la familia Valle véase el libro encomiástico de la misma, pero no por ello menos necesaria su lectura, sin autor expresado, titulado Notas y Datos. Don Fernando Alfonso del Valle y Lorente (Notas [...], 1957).
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3
Las cursivas son nuestras.
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Todo o conjunto de dados que dá suporte aos resultados deste estudo foi publicado no próprio artigo.
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